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SISTEMA INQUISITIVO
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SISTEMA INQUISITIVO
   
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“Siendo malos, comenzaron a hablar de fraternidad y de humanidad y comprendieron esas ideas. Siendo criminales, inventaron la justicia y dictaron códigos voluminosos para defenderla; finalmente, para asegurar el respeto a los códigos, inventaron la guillotina.”
(Fedor Dostoievski, Un hombre ridículo)



I. Contexto Histórico
El sistema inquisitivo de enjuiciamiento aparece en la historia con posterioridad, (o a continuación) del sistema acusatorio de enjuiciamiento penal, dentro de un contexto muy especial y como producto –como sucede en casi todas las cosas-, de un cambio político:
“…un procedimiento de persecución oficial con inquisición reemplazó cada vez más el procedimiento acusatorio”
“Como siempre su desarrollo [del sistema inquisitivo de enjuiciamiento] fue producto de un cambio político profundo y se acomodó perfectamente a él. Durante la última parte de la edad media entraron en conflicto los señoríos locales poder feudal) con el poder del monarca, quien pretendía aglutinar las diferentes comarcas que reconocía o ambicionaba, bajo su dominio, sobre la base de una única forma de organización política central. La lucha se decidió a favor del Rey y el triunfo abrió paso –ya de manera genérica en la edad moderna- a la creación de los Estados nacionales, que aún perdura como idea cultural, y al sistema de organización política que ha dado en llamarse absolutismo o monarquía Absoluta” producido por el surgimiento de los Estados nacionales en el, hasta entonces, mundo feudal.”
El desarrollo y decadencia de este sistema, al menos en su forma más pura, se dio entre los XIII y XVIII, momento en el que el poder, además de las monarquías absolutas, de la Iglesia Católica se encontraba en su máximo apogeo.
Efectivamente, en el período señalado la iglesia tendrá gran influencia en todos los niveles y en todas las áreas de la sociedad, pero fundamentalmente -y respecto al tema en estudio- en el enjuiciamiento penal, comenzando por el castigo de sus miembros y posteriormente extendiendo poco a poco su ámbito de aplicación (así como también en cuanto a su propagación al nuevo mundo –cuestión que será desarrollada a posteriori-):
“…a partir de su expansión [de la iglesia] en Europa continental y de su lucha por la catequización y por la universalización, que incluso tornó necesario el combate armado con otras religiones no cristianas, la razón de fe avaló el nacimiento de la inquisitio. Fue Inocencio III quien, fundado en la herencia del derecho romano imperial de la última época, modificó totalmente las formas del derecho romano canónico, al introducir la inquisición (siglo XII): la necesidad de investigar la mala conducta de los clérigos fue su razón inicial.”
“…el derecho canónico estableció el sistema inquisitivo que más tarde ingresó al derecho laico y que sustentó una concepción unilateral del proceso {…} La jurisdicción eclesiástica aparece primero como un instrumento para defender los intereses de la iglesia y sustraer a los clérigos de la jurisdicción secular…”
“Pero el sistema inquisitivo tiene en la iglesia su cuna, su desarrollo y aún cuando excepcionalmente, también sus monstruosas aberraciones…”

II. Procedimiento
Son rasgos característicos del presente sistema los siguientes:
-Organización Jerárquica de la Justicia: El rey, soberano supremo, será quien detente el poder de administra la justicia. Razón por la cual, y ante la imposibilidad material de poder revisar todas las cuestiones que ante él se ventilen, delegó dicha administración en órganos inferiores conformados por Tribunales y funcionarios permanentes.
Por tal motivo, todo aquel que no se sintiera conformidad del proceder de los tribunales inferiores, tenía la posibilidad de quejarse ante la alzada y de esta forma era posible llegar incluso al rey, “en una suerte de devolución del poder delegado” (que no es más que el llamado efecto devolutivo).
-Fin del proceso: “Búsqueda de la verdad Histórica”, para conseguir tal fin será posible la utilización de todos los medios que los magistrados tuvieran a su alcance, incuso la tortura :
“Es claro que con la introducción de la tortura, de la aplicación del tormento como método ordinario para averiguar la verdad, la situación del imputado varió por completo. Éste meta absoluta de la persecución penal –averiguar la verdad- no reparó en razones humanitarias o atinentes a la dignidad humana ni las entendió, por lo que el papel del imputado se transformó: de sujeto procesal se convirtió en objeto de investigación y órgano de prueba”
-Denuncia: Será el acto idóneo para iniciar una causa, la cual se realizará mayoritariamente en forma anónima. En realidad “Más que una denuncia es una delación pues el nombre del informante [así como también el hecho que se le imputa] queda siempre en secreto {…} desaparece la garantía que ofrece una acusación formal” y al imputado no se lo entera ni del hecho que se le imputa ni quién ha sido el denunciante. El presente sistema se iniciará por medio de una denuncia, la mayoría de las veces anónima, tendrá como rasgos característicos de este sistema.
-Oficialidad: Lo anterior, hará que la investigación se inicie por una delación (denuncia anónima) o la mera sospecha, sustentada aun en un rumor público, de que se cometió o se cometerá un hecho ilícito. Todo lo cual afirmará la persecución de oficio.
-El proceso Actuado: Se cambia la oralidad que sustentaba el sistema anterior, por un sistema en el cual todos sus actos quedarán formalmente documentados, principalmente la decisión del Juez. El sistema de actas es consecuencia directa del llamado “efecto devolutivo”: toda vez que los órganos de alzada, incluso, y en su caso también el Rey, revisarán las decisiones recurridas sobre la base dichas de actas.
-Secreto: El secreto que, termina con la publicidad impuesta por el sistema acusatorio, aparece juntamente con el procedimiento de actas (que todo debía quedar por escrito) y tenía como fin inmediato –supuestamente- asegurar el éxito de la investigación. Dicho secreto se extendía durante todo el proceso y a partir de la recepción de la denuncia. A pesar de lo increíble que no es pueda parecer, el proceso se llevaba a cabo en secreto incluso para le imputado, “…la mayoría de las veces prisionero durante el procedimiento sin posibilidad de influir la decisión con su defensa.”
-Prueba: Primeramente encontramos las declaraciones testimoniales que constaban en actas, por otro lado tenemos al imputado en sí, que como mencionáramos anteriormente, a la hora de referirnos al fin del proceso “búsqueda de la Verdad Histórica”, constituía “un objeto de investigación y órgano de prueba”, lo cual se daba a través de la Confesión, prueba fundamental en el proceso.
“…Fue algo normal que la insuficiencia natural de las actas escritas para provocar una convicción real necesitara de la confesión del acusado como confirmación de la sospecha y reina de las pruebas”
Para una mayor comprensión, veamos lo tratado anteriormente en forma resumida por otros autores:
“...lo común era que el proceso se iniciara de oficio o mediando una delación; se procedía en forma escrita y secreta para la reunión de las pruebas del hecho, cuando no era flagrante; conseguida la demostración de este o encontrado un hecho por así decirlo, se procedía a averiguar la culpabilidad de su autor, o la vinculación que el sindicado tenía con él. Al imputado se lo introducía al proceso como un objeto de éste; considerado penalmente responsable desde el primer momento, era necesario obtener su confesión que espiritualmente tenía valor de arrepentimiento y jurídicamente valor de plena y superior prueba. Ello condujo a considerar legítimos para obtenerla, medios atroces como la tortura e indignos como la capciosidad y el espionaje. Estos medios se aplicaron también a los testigos”
“Una misma persona, el Juez, se convirtió a la vez en acusador y juzgador; el ofendido se convirtió en testigo y el sospechoso en objeto de la investigación (inquisitivo). En el procedimiento probatorio se aspiró a la verdad material: los conjuradores (Eiedeshelfer) desaparecieron; en su lugar aparecieron personas que declaraban según sus propias observaciones; así comenzó la prueba testimonial. En el centro del procedimiento probatorio se hallaba la confesión. Para obtenerla se hacía uso de la tortura (Peinliche frage) que ya era admisible en virtud de la ley de Suabia (1270). Paulatinamente el proceso se volvió secreto y escrito. Las multas y los rescates de la sangre (Wergelder) fueron remplazados cada vez más por las sanciones penales (Peinliche Strafen: zu Hals und Hand) que fueron previstas en las numerosas leyes para la paz de los territorios contra las personas dañinas para el lugar”
“Abolida la acusación y la publicidad del proceso, el Juez actúa de oficio y en secreto, asentando por escrito las declaraciones testificales. Aunque estas eran notificadas posteriormente al reo, aún se le ocultaba el nombre de los testigos.
Desde entonces (inquisitio significa pesquisa que se cumple por escrito y secretamente, y al termino de la cual se dicta la sentencia), el proceso cambia fundamentalmente de fisonomía: lo que era un duelo leal y franco entre acusador y acusado, armados de iguales poderes, se torna en lucha desigual entre Juez y acusado. El primero abandona su posición de árbitro y asume la activa de inquisidor, actuando desde el primer momento también como acusador, es decir se confunde las actividades del juez y del acusador; por su parte, el acusador pierde la condición de verdadero sujeto procesal y se convierte en objeto de una dura persecución…”
“El interés individual sólo contaba para salvar al reo del pecado, y como la sospecha lo ponía ya en situación de culpa, rara vez quedaba en libertad durante el proceso. Normalmente esa prisión era más rigurosa y duradera que la misma pena”

III. Garantías: ¿la tortura y la confesión?
“Conozco que la confesión que te he arrancado entre la violencia de los tormentos no tendría fuerza alguna; pero yo te atormentaré de nuevo si no confirmas lo que has confesado…”
Cesare Beccaría

A pesar de lo duro del sistema, éste contaba con garantías, claro, que durante el tiempo en que el sistema inquisitivo puro funcionó, no se tenía la concepción hoy reinante, sino que por el contrario la tortura y la confesión que se lograba a través de ella eran vistas como garantías del imputado, entre otras prueba. Pero veamos primeramente las antes mencionadas:
Tortura y Confesión: Como señaláramos anteriormente, tanto la tortura como la confesión eran consideradas garantías del imputado. Esto es así, toda vez que si bien la confesión era el camino más seguro hacia la averiguación de la verdad, esta se encontraba reglamentada. La tortura no era aplicada por cualquiera y bajo cualquier circunstancia sino que debía fundarse su utilización. La historia enseña, que la institución más famosa, que aplicó en forma desmedida este tormento fue la Iglesia:
“La iglesia pone el primer jalón para un concepto técnico de los procedimientos penales, fundado en la idea de salvar el alma mediante la confesión del pecado sus primero pasos fueron humanizadores mediante el apoderamiento de la crueldad que caracterizó a las costumbres germanas introduciendo la composición y el juramento para reemplazar al venganza y las ordalías…….”
“…La tortura no fue creación de la iglesia, pero la aplicó desmedida y celosamente…”

Reglamentación de los tormentos: Como toda garantía su fin principal era evitar las injerencias del Estado en la vida de los ciudadanos de una forma descontrolada. Esto es, poner límites al poder del Estado, es por ese motivo que la tortura debía estar reglamentada, porque era una garantía más que protegía al imputado contra los abusos:
“En realidad, la reglamentación de los tormentos por la ley tendía a limitar los abusos de su utilización como medio de prueba. Y las limitaciones legales se refirieron a tres aspectos principales: a quienes tuvo autorizado aplicar el tormento, a cuándo pudo ser aplicado y a la forma de aplicarlo; más allá, a su documentación y a los efectos de su resultado.
La limitación comenzó como un privilegio hacia ciertas personas (honesta y de buena fama, nobles), que luego perdieron su prerrogativa, para convertirse después en exigencias acerca de su procedencia: la necesidad de que fuera ordenada por una decisión concreta de un tribunal, cuya integración se preveía, fundada en presunciones vehementes en el testimonio de un testigo de visu o en indicios graves y demostrados por dos testigos.
Por otro lado, se exigieron formas rígidas en el momento de llevar a cabo el acto. Por de pronto, fue necesaria la presencia del juez y de otras personas que eran designadas para constatar la legitimidad del acto. Normas prohibitivas eliminaron la utilización de cierta clase de tormentos –el fuego, por ejemplo- y prescribieron rígidamente la preservación de la vida e integridad física del imputado, que no debían correr riesgo. Un actuario labraba un acta con las preguntas que eran dirigidas al interrogado y en la cual constaban, también, las respuestas que él daba. Al día siguiente el atormentado era interrogado en libertad (sin tormento) para conocer si persistía en la confesión o en la negación del hecho atribuido. Podía repetirse la tortura incluso varias veces, por consejo del juez, pero él no decidía su renovación, sino que era autorizado por otros consejeros. Existían también, previsiones a la debilidad del atormentado, incluso provocada por su edad o enfermedad, tales que, en esos casos, el suplicio era remplazado por su simulacro, la preparación del tormento y la colocación de la persona a interrogar frente a los instrumentos de tortura.
Curioso es que, el triunfo frente a la tortura, la resistencia total a confesar bajo tormento, acordaba derechos frente a la decisión: en caso de condena, si los demás elementos de prueba conducían a ella, procedía aplicar una pena meno (multa o corporal de escasa gravedad)”

Defensa: El hoy conocido derecho de defensa, también existía en aquel tiempo, con el sólo inconveniente que el defensor de la persona imputada actuaba solamente cuando le fuera permitido por la autoridad judicial del momento, y además el momento de su intervención era por lo general demasiado tarde, todo estaba ya resuelto.
“La defensa técnica estaba autorizada, pero su intervención se limitaba tanto, que resultaba totalmente ineficaz. Cuando al final del proceso, en un simulacro de juicio, podía interceder por el reo todo estaba preparado para dictar la sentencia.”

Derecho Inquisitivo Español.
- Las Partidas
Este libro, sancionado aproximadamente en el siglo XIII por Adolfo X, “El Sabio”, introdujo en España el método inquisitivo en la persecución penal.
En 1348 el Ordenamiento de Alcalá estableció a Las Partidas como derecho común y supletorio debido a que contrariaba al derecho común y al poder feudal. Lo cierto es que su práctica introdujo el sistema inquisitivo y arrasó con el acusatorio.
En Las Partidas se permitió la defensa del inculpado y se respetaron dos principios que llegaron hasta nuestros días: “el in dubio pro reo, que prescribía la absolución en caso de duda, y el ne bis in idem, que prohibía para el absuelto ser acusado otra vez por el mismo yerro, salvo acusación fraudulenta”.
- El Tribunal del Santo Oficio y la Santa Hermandad
Por medio de estas dos organizaciones judiciales – el primero de carácter religioso y el segundo de carácter laico- el sistema inquisitivo adquiere un inusitado vigor en España.
El Tribunal del Santo Oficio fue creado en 1480 y se extendió a casi toda España y a América Hispana. Estaba formado por un Consejo Supremo de Apelación, presidido por el Inquisidor General e integrado por tres monjes y Tribunales inferiores. Fue abolido en 1820 definitivamente.
Fue creado para conocer solamente artículos de Fe, especialmente las Herejías, pero en realidad su finalidad era mantener el poder y absolutismo real.
“Por fuera de las características esenciales del proceso inquisitivo, que seguía y conducía al extremo del procedimiento ante estos tribunales merece remarcarse: El secreto absoluto de las actuaciones, que comprendía, incluso, el nombre de los denunciantes y de los testigos de cargo, y hasta a la misma sentencia, razón por la cual el imputado absuelto seguía preso si no pedía su libertad –y de oficio no se disponía- y acababa su vida en la prisión, porque el secreto comprendía al público que, prácticamente sólo constataba la desaparición de un vecino.
La obligatoriedad de la denuncia o de la delación, aún entre parientes próximos, con el fin de adquirir información a todo trance y tornar punible hasta el silencio;
El interrogatorio del imputado bajo juramento y tortura, sin que existieran privilegios personales que eximieran de la aplicación del tormento”.
La Santa Hermandad se constituyó en 1498. Tenía competencia para juzgar los “caso de hermandad” que comprendían los delitos contra la propiedad y las personas cometidos con violencia o en despoblado.
- La Nueva y la Novísima Recopilación
De 1567 y 1805 respectivamente, fueron aplicadas en América y acordaron vigencia supletoria, como derecho común, a Las Partidas.

Derecho Inquisitivo Alemán
- La Carolina
Alemania recepta dos veces consecutivas al derecho extranjero. La primera se dio con la Recepción del Derecho romano-canónico, por medio de la cual se implementó el sistema inquisitivo y se cerró toda una época de ideas y elaboración propias del derecho germano.
El primer eslabón orgánico-sistemático de la Recepción fue el Wormser Reformation de 1498 al que siguió la Barmberger Halsgerichtsordnung de 1507.
En 1532 aparece el primer Código Penal Alemán, La Carolina, que constituyó la primer ley penal imperial del Sacro Imperio romano-germánico. Contenía tanto las reglas del derecho penal material, procesal y de organización judicial.
Con La Carolina ingresa a Alemania la inquisición.
“La Carolina no conoció la absolutio ab instancia del procedimiento posterior. Tampoco reconoció recursos contra la sentencia.”
Los primeros tiempos, luego de que se realizara toda la investigación de rasgos netamente inquisitivos, “último día, recobraban su vigor, especialmente en el procedimiento por acusación, todas las formas exteriores del proceso germano antiguo, aunque sólo se procedía de esta manera a requerimiento del acusador o del acusado y luego de deliberada y aún redactada la sentencia. El tribunal era convocado replicando campanas y todos los que intervenían en el antiguo procedimiento de partes (juez, sentenciantes, acusado, acusador y relatores en su caso)participaban de una audiencia oral y pública que comenzaba con el relato de la causa, seguía con el interrogatorio del imputado, reproduciéndose su confesión inquisitiva por los dos escabinos presentes en caso de negación, y terminaba con la pregunta del juez al colegio sentenciador acerca de la decisión, contestando ellos por remisión a la sentencia ya deliberada y escrita, que se leía a continuación. Según se observa, el renacimiento de las formas acusatorias, a más de tardío constituye, una solemnidad sin contenido.
De allí en más, hasta comienzos del siglo XIX, la idea inquisitiva de la jurisdicción y del procedimiento penal sigue desarrollándose para alcanzar sus últimas consecuencias. Tal idea responde a la concepción absolutista del estado en la teoría política y a la progresiva publicidad del derecho penal en la teoría jurídica, concibiendo al delito como un ataque al orden social y a la organización estatal, por lo que la persecución y el juzgamiento penal se transforman de cuestión popular en tarea autoritaria”.

Derecho Inquisitivo Francés
- La Ordenanza Criminal Francesa de 1670
La Ordenanza de 1954 introduce el derecho romano-canónico a Francia. Fue el primer texto escrito, en latín y en francés, y sistemático. Estableció la encuesta de oficio, “apresio- aprise”. El sistema de enjuiciamiento acusatorio antiguo subsistió a su lado y pugnó por su supervivencia. Esta reforma representó el comienzo del triunfo de la jurisdicción real.
El procedimiento inquisitivo se encaminó lentamente hacia su codificación definitiva, por medio de la Ordenanza de 1498 (Reinado de Luis XII) y la Ordenanza de 1539 que reguló la organización judicial, fijó definitivamente el procedimiento inquisitivo en Francia sellando de esta forma el triunfo de la jurisdicción real.
La Ordenanza criminal de 1670 fue la obra cumbre del sistema inquisitivo, la organizó, pulió sus detalles y técnicas; lo que dio como resultado un agravamiento de su rigor.

Sistema Inquisitivo en Italia
El derecho canónico, cuna del sistema inquisitivo, nació, se desarrolló y se transformó en Italia. Sus principales expositores salieron de este país. El sistema inquisitivo nació en Italia y se expandió a todo el continente Europeo.
Cabe destacar que este país conoció y aplicó el derecho germano, como consecuencia de la invasión bárbara que sufrió, pero lo que hicieron fue interpretar el derecho extranjero con un esquema más desarrollado. “... [La] inquisición constituye,..., la reacción de un derecho más culto y civilizado y un verdadero triunfo cultural de los vencidos por las armas sobre sus vencedores, a los que, ..., terminó imponiéndoles sus propias instituciones jurídicas” .
Sin embargo, y quizá debido a su diferente desarrollo político, la inquisición italiana no alcanzó nunca el rigor que la caracterizó en España, Alemania y Francia.

IV. Aplicación fáctica de las reglas del sistema inquisitivo:
En este punto veremos dos casos verdaderos, en los cuales se aplicó el sistema de enjuiciamiento inquisitivo puro. Uno de los casos es rescatado por Michel Foucault en su libro “Vigilar y Castigar”, y utilizado a modo de introducción para luego tratar, todas las cuestiones relativas al encierro y el castigo y cómo ello influye en la vida de los hombres. Se trata de un proceso llevado a cabo en París, Francia contra una persona de nombre Damiens en el año 1757.
El otro caso, más cercano a nosotros se produce en Madrid, España, contra tres mujeres acusadas de haber cometido un hurto en el año 1646.

Caso 1:
Pièces originales et procédures du procès fait à Robert-François Damiens, 1757, t. III, pp. 372-374 :
“Damiens fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a ´pública retractación ante la puerta principal de la iglesia de París´, a donde debía ser ´llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano´; después ´en dicha carreta, a la plaza de Gréve, y sobre un cadalso que allí habrá sido levantado [deberán serle] atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que cometió dicho parricidio, quemada con fuego de azufre, y sobre las partes a tenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas a arrojadas al viento …
Finalmente, se le descuartizó, refiere la Gasette d`Ámsterdam. Esta última operación fue muy larga, porque los caballos que se utilizaban no estaban acostumbrados a tirar; de suerte que en lugar de cuatro, hubo que poner seis, y no bastando aun esto, fue forzoso para desmembrar los muslos del desdichado, cortarle los nervios y romperle a hachazos las coyunturas…
Aseguran que aunque siempre fue un gran maldiciente, no dejó escapar blasfemia alguna; tan sólo los extremados dolores le hacían proferir horribles gritos y a menudo repetía: Dio mío, tened piedad de mi; Jesús, socorredme. Todos los espectadores quedaron edificados de la solicitud del párroco de Saint Paul, que a pesar de su avanzada edad, no dejaba pasar momento alguno sin consolar al paciente.
Y el exento [oficial de ciertos cuerpos, inferior al alférez y superior al brigadier] se encendió el azufre, pero el fuego era tan pobre que sólo la piel de la parte superior de la mano, quedo no más que un poco dañado. A continuación, un ayudante, arremangado por encima de los codos, tomó unas tenazas de acero hechas para el caso, largas de un pie y medio aproximadamente, y le atenaceó primero la pantorrilla de la pierna derecha, después el muslo, de ahí paso a los dos mollas del brazo derecho, y a continuación a las tetillas. A este oficial, aunque fuerte y robusto, le costó mucho trabajo arrancar los trozos de carne que tomaba con las tenazas dos y tres veces del mismo lado, retorciendo, y lo que sacaba en cada porción dejaba una llaga del tamaño de un escudo de seis libras.
Después de estos acontecimientos, Damiens, que gritaba mucho aunque sin maldecir, levantaba la cabeza y se miraba. El mismo atenaceador tomó con una cuchara de hierro del caldero mezcla hirviendo, la cual vertió en abundancia sobre cada llaga. A continuación, ataron con soguillas las cuerdas destinadas al tiro de los caballos, y después de amarraron aquellas a cada miembro a lo largo de los muslos, piernas y brazos.
El señor Le Breton, escribano, se acercó repetidas veces al reo para preguntarle sino tenía algo que decir. Dijo que no; gritaba como representan a los condenados, que no hay cómo se diga a cada tormento: ¡Perdón, Dios mío! Perdón, Señor. A pesar de todos los sufrimientos dichos, levantaba de cuando en cuando la cabeza y se miraba valientemente. Las sogas tan apretadas por los hombres que tiraban de los cabos, le hacían sufrir dolores indecibles. El Señor Le Breton se le volvió a acercar y le preguntó sino quería decir nada; dijo que no. Unos cuantos confesores se acercaron y le hablaron buen rato. Besaba de buena voluntad el crucifijo que le presentaban; tendía los labios y decía siempre: perdón señor.
Los caballos dieron una arremetida, tirando cada uno de sus miembros en derechura, sujeto cada caballo por un oficial. Un cuarto de hora después, vuelta a empezar, y en fin, tras de varios intentos hubo que hacer tirar a los caballos de esta suerte: los del brazo derecho a la cabeza y los de los muslos volviéndose del lado de los brazos, con lo que se rompieron los brazos por las coyunturas. Estos tirones se repitieron varias veces sin resultado. El reo levantaba la cabeza y se contemplaba. Fue preciso poner otros dos caballos delante de los amarrados a los muslos, lo cual hacía seis caballos. Sin resultado.
En fin, el verdugo Samson marchó a decir al señor Le Breton que no había medio ni esperanza de lograr nada, y le pidió que preguntara a los Señores si no querían que lo hiciera cortar en pedazos. El señor Le Breton acudió de la ciudad y dio orden de hacer nuevos esfuerzos, lo que se cumplió; pero los caballos se impacientaron, y uno de los que tiraban de los muslos del supliciado cayó al suelo. Los confesores volvieron y le hablaron de nuevo. Él les decía (yo lo oí); ´Bésenme, señores.´Y como el señor cura de Saint Paulno se decidiera, el señor de Marsilly pasó por debajo de la soga del brazo izquierdo y fue a besarlo en la frente. Los verdugos se juntaron y Damiens les decía que no juraran, que desempeñaran su cometido, que él no los recriminaba; les pedía que rogaran a Dios por él, y recomendaba al párroco de Saint Paul que rezara por él en la primera misa.
Después de dos o tres tentativas, el verdugo Samson y el que lo había atenaceado sacaron cada uno un cuchillo de la bolsa y cortaron los muslos por su unión con el tronco del cuerpo. Los cuatro caballos, tirando con todas sus fuerzas, se llevaron tras ellos los muslos, a saber: primero el del lado derecho, el otro después; luego se hizo lo mismo con los brazos y en el sitio de los hombros y axilas y en las cuatro partes. Fue preciso cortar las carnes hasta casi el hueso; los caballos, tirando con todas sus fuerzas, se llevaron el brazo derecho primero, y el otro después.
Una vez retiradas estas cuatro partes, los confesores bajaron para hablarle; pero su verdugo les dijo que había muerto, aunque la verdad era que yo veía al hombre agitarse, y la mandíbula inferior subir y bajar como si hablara. Uno de los oficiales dijo incluso poco después que cuando levantaron el tronco del cuerpo para arrojarlo a la hoguera, estaba aún vivo. Los cuatro miembros, desatados de las sogas de los caballos, fueron arrojados a una hoguera dispuesta en el recinto en línea recta del cadalso; luego el tronco y la totalidad fueron en seguida cubiertos de leños y de fajina, y prendido el fuego a la paja mezclada con esta madera.
…En cumplimiento de la sentencia, todo quedó reducido a cenizas. El último trozo hallado en las brasas no acabó de consumirse hasta las diez y media y más de la noche. Los pedazos de carne y el tronco tardaron unas cuatro horas en quemarse. Los oficiales, en cuyo número me contaba yo, así como mi hijo, con unos arqueros a modo de destacamento, permanecimos en la plaza hasta cerca de las once”

Caso 2:
“Proceso por hurto iniciado por –denunciación- de los alguaciles de Madrid, a 20 de julio de 1648. Contine auto y actas de tormento (archivo historico nacional, consejos, leg.5576)”
Cabeza de proceso: < Siguen a continuación las primeras diligencias de la <>, con la primera declaración de los acusados; las tres mujeres niegan los delitos que se les imputan. Por lo cual el Teniente de Corregidor manda dar el siguiente auto:
Auto de tormento. En la villa de Mdrid a veynte y nueve de jullio de mill y seiscientos y cuarenta y ocho años, el Licenciado don Mathías de la Caveza y Belasco abiendo bisto la causa original contra María Delgada, alias María Rodríguez, y Domingo López, platero, dijo, que dejando como deja de su fuerza y bigor las diligencias del sumario de la dicha caussa para proseguirlas quando conbenga: Condena a los dichos María Rodríguez y Domingo López a quistión de tormento, y les sea dado en la forma ordinaria, cuya cantidad y calidad su merced en sí reserva; y manda se execute consultándolo primero con los Señores Alcaldes de la Casa y Corte de Su Majestad. Y así lo mandó y firmó. El Licenciado Mathías de la Caveza ante mí, Diego Pérez, escriban.
A continuación viene la siguiente diligencia:
Haviendo hecho relación desta causa y de las acomuladas contra María Rodríguez, y del auto de tormento desta otra parte, a los Señores Alcaldes de la Casa y Corte de su Majestad, dijeron que lo devolvían y lo devolvieron al Theniente que esta causa conoze en Madrid a 29 de jullio de 1648.
E inmediatamente comienzan las actas, fidelísimas por cierto, de la aplicación del tormento, que reproduzco con toda exactitud:
En la villa de Madrid a 30 de jullio año de 1648, su merzed el Licenciado Mathías de la Caveza y Belasco Theniente de Corregidor desta dicha villa de Madrid y su tierra por el Rey Nuestro Señor, en presencia de mi el escribano, estando presente Isidro Ortiz, ejecutor de la justicia, potro y cordeles con que se da tormento, en la Sala donde se haze la bisita y se dan los tormentos, hizo pareçer ante sí a María Delgada, alias Rodríguez, acusada en esta causa y presa en la carzel de esta villa, y de ella su merzed recivió juramento en forma de derecho; y lo hizo y prometió de deçir la verdad; y debaxo dél siendo la preguntada por su merced declare la verdad en lo que le está preguntada en la confesión y de clarazión que se le tomó en esta causa y en las demás de los hurtos que hizo a D. Carlos Casino y a don García de Herrera, a D. Juan de Yanguas y a otras personas, en compañía de qué personas, quándo le tocó de su parte, adonde lo tiene o quando lo bendió, quánto le dieron por ello, todo con distinción y de claridad, de suerte que se aclare la verdad, con aperçibimien que está condenada y consultado con la Sala de los Señores Alcaldes.
“E luego la dicha María Rodríguez dijo: que no savía más de lo que tenía dicho, y su merzed la apercivió y requirió por primero término declare la verdad de lo que en razón desto pasa, con apercibimiento que si en el tormento que le a de dar pierna o brazo se le quemebrare, o ojo se le saltare, o muriere, será por su quenta y no por la de su merced, que no dese mas de aclarar la verdad. A lo qual dijo que lo que dicho tiene. E luego su merced mandó al dicho executor la desnude y ponga amarrada en el potro, pendiente en las aldabillas, y estándolo su (aquí una abreviatura ilegible), la bolvió a requerir por segundo termino declare la verdad, en lo que está preguntada, y la hizo el mismo apercibimiento. Y dijo que no save más de lo que dicho tiene. Y su merced mandó a dicho executor le dé las amarraduras ordinarias, y la ajuste el potro y afianze los cordeles con que se le an de dar las manquerdas; y por tercero término declare la verdad en lo que la está preguntada en la dicha causa con toda distinçion y claridad, con apercibimiento que se executará en ella el dicho tormento a que está condenada; y si en él brazo o pierna se le quebrare, o ojo se le saltare, o muriere, será por su quenta y no por la de su merced; la qual dijo que dize lo que dicho tiene. Y visto por el dicho Señor Teniente que no quiere deçir berdad, mandó al dicho executor tire la primera buelta de la manquerda; el qual empezó a dar tormento y tirar la primera buelta a las tres y media de la mañana por más o menos. Y estando afinazado y tirándosela, dijo: ‘Santísimo Sacramento, Santísimo Sacramento, que me matan sin culpa, Santísimo Sacramento, ay, ay, ay, ay, no sé nada, que no e tenido reales de a ocho que por eso me tienen aquí, no sé nada, ay, ay, ay, ay, que me muero, que mienten como cornudos, ay, ay, ay, ay, que mienten, que mienten, que mienten, repitiendolo muchas bezes, Justicia de Dios’. Y su merced del dicho Señor Teniente dixo: ‘declárese la berdad’. Dixo: ‘nada sé, que me matan, que me matan; agua por Dios, por Dios agua, por el Santísimo Sacramento, no sé nada, sino que por quitar un jubón me tienen aquí; agua por Dios; Señor Teniente que me matan, que me matan, que me matan sin culpa, agua por Dios, Señor Teniente, agua por Christo, que me matan, que me matan’. Y visto por su merced que no quiso decir la berdad, mandó al dicho executor le dé la segunda buelta de manquerda a los brazos, y aviéndola afianzado y tirándola, sixo: ‘Ay, ay, ay, que me matan, mentís, mentís, repitiendo muchas bezes que me matan Santísimo Sacramento, Santísimo Sacramento, que me matan syn culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan, que me matan, que me matan, Santísimo Sacramento, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan, ay, ay, Santísimo Sacramento’. Y por el dicho Señor Teniente dijo: ‘Diga la berdad’. Dixo: ‘que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, que no puedo ablar, que me matan sin culpa, agua por Dios, ay, ay, ay, denme agua, no sé nada, denme agua, no sé nada, denme agua, no sé nada, denme agua, no sé nada, denme agua, no sé nada, denme agua, no sé nada, denme agua, no sé nada, denme agua, no sé nada’. Y su merced de dicho Señor Teniente la dijo: ‘Diga la berdad’. Dixo: ‘No sé nada, no sé nada, birgen que me matan, que me matan, que me matan’. Y bisto por su merced que no quiere decir la berdad, mandó al dicho executor le dé la terçera buelta de manquerda en los brazos, y abiendosela afianzado y estando tirando, dixo: ‘ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, Dios de mi alma, Dios de mi alma, ay, ay, Santísimo Sacramento, Dios de la berdad, Justicia a Dios pido, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, Dios, Dios. Dios que me matan, Dios, que me matan, Christo que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay’. Y el dicho Señor Teniente la dixo muchas veces: ‘Declare la verdad’. Dixo: ‘Ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, Señor; que no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan , ay, ay, ay, que me matan, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, dios, que me matan sin ley y sin razón’. Y bisto por su merced que no quería decir la verdad, mandó al dicho executor le dé la quarta buelta en los brazos de la manquerda y enpezandosela a tirar: ‘Santísimo Sacramento, que me matan, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, Dios que me matan, que no sé nada, que no sé nada, ay; Señores, que les requiero que me sale mucha sangre de los brazos; no sé nada, ay, ay, ay, ay, no sé nada. Birgen, que me muero, no sé nada, sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, que no sé nada, que mi sangre está derramada por los suelos, ay, ay, ay, ay, Birben, que me matan, que no sé nada’. Y bisto por su merced que no dice la berdad, mandó a el dicho executor le dé otra buelta de ballestilla, y abiéndoselas afianzado y enpezando a tirar, dixo: ‘Ay, ay, ay, que me matan, que me matan, que me matan, Santísimo Sacramento, que me matan, Santísimo Sacramento, Santísimo Dios, Santísimo Dios, mienten, mienten, no sé nada, no sé nada, ay, que me matan, ay,, ay, que me matan, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan, que me matan, que me matan, que me matan, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay’. Repitiendo muchas bezes ‘no sé nada, no sé nada, ay, ay, ay, ay, que me matan, que no sé nada, no sé nada’. Y por dicho Señor Teniente dixo: ‘Diga la verda’. Dijo: ‘No sé nada, mátenme que no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, mátenme que no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, repitiendo muchas veces, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que no sé nada, que no sé nada, que no sé nada, que no sé nada, ay, ay, ay, ay, que no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay.’ Y bisto por su merced del dicho Señor Teniente que no quiere decir la berdad de lo que le está preguntando, mandó el dicho executor, le ponga en el potro y la afianze, y abiéndose afianzado y empezando a tirar: ‘Ay, ay, que me matan, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, repitiendo muchas bezes, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan, que me matan, que me matan, Santísimo Sacramento, que me matan, que no sé nada, que no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan, que me matan, que me matan, que me matan, que me matan, que me matan sin culpa’. Y bisto por su merced que dixo no dezía la berdad, le mandó dar otro garrote pr el otro lado, y estándosele dando dixo: ‘Que me matan sin culpa, sin ley, sin razón, que me matan, que me matan, que me matan, que me matan sin culpa’. Y bisto por su merced mandó le diessen el otro garrote, por no decir la berdad, y estándosele dando dixo: ‘Que me matan, ay, ay, que me matan, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan, que me matan’. Y bisto por su merced mandó le dieran el otro garrote por no aver querido dezir la berdad. ‘No sé nada, no sé nada’. Y por su merced, bisto no quiere dezir la verdad en lo que se les preguntado, mandó al dicho executor le dé otro garrote. Y estándole apretando dijo: ‘Ay, ay, ay, que me matan, que me matan, que me matan, que me matan, que me matan, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que no debo nada’. Y bisto por su merced que no quiere dezir la verdad, mandó al dicho executor le de otra buelta a el otro garrote, y estándosele dando, dixo: ‘Que me matan, que me matan, que me matan, Christo, que no debo nada, Christo, que me matan, que no debo nada, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que no debo nada’, y su merced la dixo: ‘diga la verdad de lo que se le pregunta’. Y mandó al dicho executor dé a el otro garrote otra buelta, y estándosela dando, dixo: ‘Que me matan, que me matan, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que no debo nada, ay, perros, que me matays, ay, que no sé nada, ay, que no sé nada, ay qu no sé nada, ay que no sé nada, ay que no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, no sé nada, ay que no sé nada, ay que no sé nada, ay que no sé nada, ay que no sé nada, ay, ay, ay, ay, ay, no sé nada, no sé nada, no sé nada, ay, Jesús mío, ya ba el güeso fuera, ya ba fuera, ya ba fuera, ya ba fuera, no sé nada, no sé nada, ay que me matan sin culpa y sin razón, ay Dios, que me matan, Dios, que no sé nada, ay’. Y visto por el dicho Señor Teniente mandó le apretasen el otro garrote por no deçir la berdad, y estándoselo apretando dixo: ‘Ay ay, ay, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, por amor de Dios una poca de agua, no sé nada, no sé nada, no sé nada’. Y por su merced bisto que no quiere deçir la verdad, mandó al dicho executor de la justiçia, le dé otra buelta en cada garrote, y estándosele dando, dixo: ‘Ay, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay de Dios, que me matan, que me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay ay, ay, ay, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, que me matan, que me matan, me matan, me matan sin culpa, me matan sin culpa, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan sin culpa, sin razón, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, que me matan’. Visto por su merced que no dize la verdad, dijo: ‘no sé nada, no sé nada, no sé nada, ay, ay, ay, ya estás acavado, ya estás acavado, que me matan sin culpa, sin culpa, sin culpa, sin culpa, sin culpa, sin culpa, me matan, me matan sin culpa, me matan sin culpa, justo juez, que me matan, justo juez, que no debo nada, que no debo nada, que no debo nada, que no debo nada, que no debo nada, que o debo nada, que no debo nada, esa pierna, traydor; que me la pones como la otra, que o sé nada, que no sé nada, que no sé nada, que no sé nada, que no sé nada, que me matan, no sé nada, no sé nada, no sé nada, no sé nada, no sé nada, repitiendo muchas veces ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, no sé nada’. Y el dicho Señor Teniente la dixo, diga la berdad y la ará afloxar los garrotes. Dixo: ‘No sé nada, no sé nada, no sé nada, no sé nada, mátenme, no sé nada mátenme que muero sin culpa, que muero sin culpa, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, que me matan sin culpa, acábenme de hazer pedazos, que me me matan sin culpa, que aunque me agan quinientos mil pedazos no tengo de deçir lo que no sé’. y visto por su merced que no quiere dezir la verdad, mandó al dicho executor le dé otro garrote en el muslo, y dándosele, dijo: ‘Mátenme sin culpa, justiçia de Dios, que no sé nada, justiçia de Dios, por Christo crucificado les pido me desaten el brazo, que yo diré todo lo que supiere, y luego dixo, diré la verdad, lo que tengo dicho, no sé nada, no se nada, no sé nada, no sé nada’. Y en este estado se quedó dicho tormento, para proseguir en él cada y quando que conbenga, y lo firmó dicho Señor Teniente el Licenziado Mathías de la Cabeza. Ante mí: Jerónimo de la Flor’.
Seguidamente se dio tormento a Domingo López. Todo comienza exactamente igual que el anterior, pero a la primera vuelta de la ‘manquerda’, el torturado confesó. El día 13 se dio tormento a María Delgada, que confesó algunos puntos a la segunda vuelta de ‘manquerda’; se le siguieron dando más vueltas para obtener de ella otras confesiones, pero ‘antes de acabar de darle dicha quarta vuelta se reconoció que la dicha María Delgada se abía quedado adormecida, y que no quería o no podía ablar; por lo qual su merced la mandó quitar las ligaduras y amarraduras, y dejarlo en este estado el dicho tormento, para reyterarlo quando combenga’. Lo mismo sucede el mismo día 13 con la María Pérez, que también desvanecióse a la tercera vuelta de las cuerdas. Dos días después se reanudó el tormento a las dos mujeres, y las dos confesaron antes de empezar a darles tortura, ratificándose de sus respectivas confesiones el día 18. La mujer que no vuelve a ser mencionda es la primera atormentada, la al parecer llamada María Rodríguez.
Sentencia del Teniente de Corregidor:
‘En la billa de Madrid a beinte y quatro días del mes de otubre, año de mill y seiçientos y quarenta y ocho, el Sr. Liçenciado don Bernardino de Córdova, Teniente de Corregidor desta villa de Madrid y su tierra por Su Magd.. haviendo visto la causa criminal de oficio de justiçia y denunçiación de los alguaçiles Francisco Mançanares, Pedro Abarca, Joseph Gonçálvez, contra María Rodríguez, María Alvarez Delgada, María Pérez alias la byscaína, Doming López, platero, y María Fernández, su mujer, presos. dixo que condenava y condenó a las dichas María Alvarez Delgada y María Pérez en duçientos açotes a cada una, que les sean dados en la forma ordinaria y por las calles acostumbradas desta villa, y que sean selladas por ladronas, y en cada, seis años de destierro desta Corte y beinte leguas, que no los quebranten pena de cumplirlos doblados. Y al dicho Domingo López, platero, le condena en otros duçientos açotes que le sean dados en la misma forma y en ocho años de galeras al remo y sueldo, y no los quebrante pena de la bida, y en beinte mill maravedís para la Cámara de S. Magd. y gastos de justiçia por mitad. Y a la dicha María Fernández la condena en seis años de destierro desta corte y su jurisdiçión, que no los quebrante pena de cumplirlos doblados. Y ansimismo a los dichos Domingo López y María Fernández su muger, se les condena en la restituçión de todas las prendas y bienes hurtados que an comprado de las dicha María Rodríguez y consortes, para lo cual les mancomuna y en las costas procesales justamente fechas. Y esta Sentencia se execute consultándola con los Señores Alcaldes de Casa y Corte de Su Magd. Y así lo pronuncio, mando y firmo. Y que por aora reservó su merçed el determinar par en quanto a la dicha María Rodríguez. Fecha ut supra. El Lizenciado Bernardino de Córdoba. -Ante mí; Diego Pérez Orejón.’
El acuerdo de la Sala de Alcaldes confirma las penas, salvo los 20.000 mrs. de pena pecuniaria contra Domingo López, a 11 de diciembre; otro acuerdo de los mismos Alcaldes en revista, a 15 de enero de 1649, confirma plenamente la sentencia de 11 de diciembre.
Hay petición de indulto de Domingo López; comienza haciendo un resumen de la causa por la que se le condenó, y termina así: ‘A V. Mgd. suplica humildemente se sirba mandar que dichos ocho años de galeras los cumpla sirbiendo en las minas, en que reçibirá merçed de la Real mano de V. Mgd. Y lo suplica por el gozo de la certeza del preñado de la Reyna Nuestra Señora.’ Lleva fecha de 28 de agosto de 1650. Al margen se lee: ‘A 17 de octubre de 1650: la conmutaçión de galeras a las minas, al sacar’.”

Dr. Leonardo D. Balcazas
Análisis de los casos: (proximamente)
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