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JULIO CARRERAS (h) |
¿Quo
Vadis, Argentina?
Por Julio Carreras
(h)
[Artículo de 2004]
Estamos ante una
representación que
resulta convincente
porque los actores
creen sus papeles.
Como no se la representa
en un "escenario"
ni hay posibilidades
de huir de la sala,
su resultado es
incierto.
¿Nuevo paradigma
imperial?
Kirchner ha logrado convencer a gran parte de los argentinos de que es un buen tipo, tratando de hacer, en lo posible, lo más conveniente para el país. Seguramente él mismo lo cree: por eso resulta, a su vez, creíble. Pero la verdad parece ser que, luego del traumático devenir de América Latina para el FMI durante los últimos tres años, se juntaron todos para fraguar otro plan del imperialismo. Más que fijar roles, fueron pactados entre los actores que habían logrado posicionarse mejor -Lula, Kirchner, Lino Gutiérrez, Lagos, Tabaré Vázquez- mostrando aptitud para pilotear las nuevas crisis. Una vieja guardia de cancerberos capitalistas -Anne Krueger, Ter Minassian, Anouph Singh- gruñe junto a los tobillos, como para no dejar que se olvide nuestra condición de subordinados. Otra ala de aggiornados -John Dosworth, Iglesias, el mismo Köhler- parece apostar -aún sin jugarse demasiado-, por el "nuevo paradigma".
¿Y qué cosa vendría a ser esto? En palabras de Lavagna -ministro de Economía
argentino- los organismos financieros internacionales deben entender que "no se
le puede cobrar a un cadáver". Se trata, pues, de aflojar la presión que
vinieron aplicando sobre los países agobiados por la deuda, para permitirles
aunque más no fuera una leve recuperación. De esa forma, aunque a más largo
plazo, ellos podrán obtener lo que esperaban cuando vinieron aquí para hacer sus
negocios. De lo contrario, podrían quedarse sin el pan y sin la torta.
Veamos lo que dice Lavagna: "Dos hechos han ocurrido generando el inicio del
cambio en el cual hoy estamos inmersos:
"Por un lado, en Estados Unidos el cambio de administración y la asunción de la
administración Bush determinó que se quitara legitimidad [...] al esquema de
salvatajes. La nueva visión es que el riesgo debe correr por parte de los
privados. [...]
En buen romance esto significa que el país únicamente se hará cargo de la deuda
contraída con organismos institucionales (FMI, Banco Mundial). Aquellos que
seducidos por los bancos vinieron a tomar bonos de la deuda, cobrarán sólo el 25
% de lo que acumularon.
"Por otro lado, Argentina, un país de tamaño económico intermedio y con una
deuda externa de magnitud y peso en los mercados emergentes y, por ende, en los
portafolios de inversores, entró en default. Después de largos, costosos y
finalmente inútiles años de operaciones destinadas a financiar desequilibrios
estructurales, el peso de la deuda se impuso con la obviedad misma de la ley de
gravedad". Ahora bien, ¿qué propone Lavagna ante este escenario?
"[...] el gobierno y la sociedad argentina pusieron un límite al repago externo.
El esfuerzo comprometido -superávit fiscal primario- es importante pero debe ser
compatible con el crecimiento, la creación del empleo y la reducción de la
pobreza". (1)
¿Qué cosa es la Argentina?
Kirchner se parece al gringo bueno cuyo padre vino de Europa a fines del XIX y
de la nada creó una industria. En ese rol se acerca a los obreros -muchos de los
cuales lo han visto crecer- y les dice, palmeándoles el lomo y señalando a los
galpones vacíos y a las máquinas muertas: "tenemos que recuperar la fábrica,
muchachos". Él y ellos se lo creen. No es un mal panorama, luego de los
perversos engendros que gobernaron este país en los últimos treinta años. Pero
deberíamos hacernos dos preguntas: ¿Será posible un desarrollo nacional, aunque
más no fuera semi-independiente, en el actual contexto de la globalización
capitalista? Y aún si la respuesta fuese positiva, ¿esto es lo que conviene
verdaderamente a la Argentina hoy?
Tal vez antes de ello, debamos hacernos otra pregunta previa: ¿Qué cosa es la
Argentina?
A grandes rasgos este país está compuesto por un 60 % de población pobre, un 30
% de población con ingresos medios, otro 20 % con ingresos altos, y un 5 % que
acapara la mayor parte de la riqueza nacional. Tradicionalmente el sector pobre
estuvo constituido por personas con ciertas características etno-culturales, que
se podrían sintetizar en la denominación de "hispanoaborígenes". Las clases
medias, en cambio, contienen un elevado porcentaje de inmigración centro-europea
y han conservado gran parte de su tradición cultural. Los sectores poderosos, en
tanto, se constituyeron con los restos de una burguesía comercial portuaria,
mixturándose a la pequeña franja más rapaz de la inmigración mencionada (casi
toda de entre fines del siglo XIX y principios del XX). Para completar esta
simplificación hay que señalar la ubicación geográfica de los sectores
mencionados: mientras la mayor parte de las clases pudientes y medias se
concentraron en Buenos Aires, los "cabecitas negras" (2) permanecieron dispersos
en el interior. Hasta que a mediados del siglo XX "invadieron" la gran ciudad,
aunque conservando en gran medida sus características culturales.
La crisis económica -cuyos orígenes hay que rastrear hacia fines de los 50- fue
modificando la composición de estas franjas. Y si bien básicamente permanecen
semejantes, hacia los setenta se produjo un corrimiento de grandes sectores
medios, provenientes de la inmigración, hacia el más ancho de los "cabecitas
negras". Esto precipitados por la creciente exclusión que caracterizó al modelo
neoliberal, cuya aplicación sin atenuantes en los 80 y 90 aceleró tal
desplazamiento.
La primera acumulación de capital efectuada por la burguesía comercial
portuaria, permite el proyecto de nación "europea", aislada etno-culturalmente
de su interior, que se establece hacia fines del siglo XIX. De hecho, esta
Argentina sólo existe en la provincia de Buenos Aires y su Capital. Allí florece
una prosperidad hueca, cuyo origen se basa en exportación de productos
agropecuarios. Este período hace famosos a los porteños (confundidos desde
entonces con los argentinos). También acuña la palabra "rastacueros", para
denominar a estos impertinentes ricachones, que dilapidaban su dinero en París,
viviendo en permanente juerga, mientras amplias regiones de Europa se debatían
en condiciones económicas precarias.
La crisis de este sistema permite la incorporación de las clases medias a la
estructura de poder, pero sin lograr modificaciones, en lo esencial, de un
sistema que se niega a aceptar al resto de su inmenso territorio -y quienes lo
habitan- a su concepto de Nación. Esto ocurre durante el gobierno nacionalista
de Irigoyen (1916-1922, 1928-1930). La dictadura militar de 1930 se encarga de
volver las cosas exactamente al lugar donde estaban en 1880: un país dependiente
del imperialismo inglés, en lo económico, políticamente establecido en la
división internacional del trabajo como productor de materias primas
alimentarias.
Las dos guerras mundiales provocan el aflojamiento de estos vínculos, así como
dos posibilidades ventajosas: la acumulación de capital por abundancia de
exportaciones, y una incipiente industrialización debido a la sustitución de
importaciones. Perón aprovecha esta circunstancia para convocar a los
trabajadores y al empresariado nacional a un intento por crear una poderosa
nación independiente.
Fracasa finalmente, socavado por la acción disolvente del nuevo imperialismo
norteamericano, pero fundamentalmente por la falta de comprensión de sus
objetivos por parte de la burguesía nacional. Pesa más el miedo a los cabecitas
negras y su "aluvión zoológico" (3) que las indudables ventajas que el proyecto
ofrecía, en esta clase parasitaria y extranjerizada. Eligen ser empleados de los
blancos y cultos europeos, que conductores de una población "oscura y
primitiva".
Los enterradores de la nación
Las condiciones internacionales de los 60 y 70 -cuando aún subsiste la "sociedad
de bienestar"- determinan que el desbaratamiento y la enajenación del patrimonio
argentino se efectúe en cámara lenta. La existencia del peronismo original, al
cual se han sumado poderosos movimientos revolucionarios y una estructura
sindical altamente organizada, impide el establecimiento de un sistema de
depredación masiva. Como sería posible recién más tarde, al establecerse la
dictadura militar. 30.000 desaparecidos, más de 20.000 presos políticos, otros
10.000 exiliados, es el precio que debe pagar el pueblo argentino por su
resistencia al proyecto del imperialismo capitalista internacional. Durante el
genocidio comandado por Videla, Massera y Agosti se elimina a toda la dirigencia
sindical combativa, a las organizaciones revolucionarias, partidos de izquierda,
sociedades intermedias progresistas, asociaciones vecinales, obreras,
estudiantiles, barriendo en cinco años lo construido en este sentido desde los
años 40.(4)
Con las garras libres, la burguesía gerencial portuaria se dedica, entonces, a
disecar su burbuja de confort y aculturación dependientes. Sistemáticamente se
desmonta la estructura productiva nacional, volviendo al modelo agroexportador
que impusiera a fuego el imperialismo británico a la Argentina durante el siglo
XIX. Martínez de Hoz -un representante típico de este segmento morboso de la
sociedad portuaria- llevó la deuda externa de 7.800 millones de dólares a 43.500
millones. * Pero lo más trágico -si existe algo más trágico que la dictadura
militar padecida- fue que instituyó una impronta económica que se llevaría
adelante, apenas con leves modificaciones, hasta el colapso político del 20 de
diciembre de 2001.
Este proceso de endeudamiento tuvo periodos de alza y baja, pero no ha cesado de
crecer desde 1976. Con la proliferación de los "petrodólares", el imperialismo
coloca sus excedentes en los países subdesarrollados, cuyas clases parasitarias
los toman como un maná del cielo. El Banco Mundial hizo un estudio de la manera
en que se usaron esos fondos y determina que el 44 % se usó para financiar la
evasión de capitales, el 23 % para pagar los intereses generados por esa misma
deuda, y el 33 % para importaciones no registradas. En 1979, cuando los bancos
cambian las tasas de interés, disparándola del 6 % anual hasta ¡el 16 %!...
Argentina ya no puede pagar. Desde entonces, no se ha hecho otra cosa que
aumentar la deuda... ¡para pagar la deuda!... En la actualidad esta alcanza los
164.000.000.000 (ciento sesenta y cuatro mil millones de dólares), habiéndose
contraído la mayor parte del acrecentamiento de las obligaciones durante los
gobiernos de Menem y De La Rúa. Ninguna de esas partidas de dinero sirvieron
para crear o fortalecer el sistema productivo. (5) A trazos gruesos, pueden
señalarse tres grandes destinos para el gigantesco endeudamiento nacional:
1) Pago de los intereses de la misma deuda.
2) Evasión de capitales, a través del subsidio a empresarios "nacionales" o
extranjeros que llevan afuera sus ganancias.
3) Sostenimiento de un sistema político corrupto, creando una casta de
adinerados "administradores" del sistema, que devoran una parte sustanciosa del
presupuesto nacional, sin contar las innumerables coimas, que reciben para
mantener este estado de cosas favorable al lucro empresarial pro imperialista.
El bufón mayor y su hijo tonto
En el ínterin las condiciones internacionales se han modificado. Debido a la
ofensiva del capitalismo en todos los frentes, se arriba a mediados de los 80 a
lo que Fukuyama denominaría "el Fin de la Historia". Es decir, el supuesto
triunfo absoluto del capitalismo, estableciendo una "paz" definitiva,
consistente en que los explotadores poseen el control de todos los resortes
decisivos y los explotados se resignan a su condición de esperar que sus hijos y
nietos vayan mejorando, gota a gota, su standard de vida, en relación directa
con la mayor prosperidad y generosidad de sus explotadores (la teoría del
"derrame").
Dueño absoluto del escenario, el capitalismo salvaje -Plutón desencadenado-
recorre los horizontes mundiales provocando desfalcos, estafas, latrocinios de
todo tipo, proporcionando grados de lujuria pomposa a niveles nunca vistos a sus
directos beneficiarios, una clase de jóvenes administradores, decrépitos
chupasangres tradicionales, prostitutas de refinamiento vertiginoso, junto a
legiones de funcionarios y dirigentes corruptos, encharcados en el mismo lodo
sanguinolento a lo ancho de todo el planeta.
Dentro de ese panorama grangatsbyano emerge Menem. Llega sobre un camino
sembrado de cadáveres: poco antes de su ocupación anticipada del gobierno, ha
ocurrido un sangriento suceso, que da un golpe decisivo a la sociedad argentina,
desplomándola en un knock out técnico del cual tardaría once años en salir. Se
trata del copamiento del cuartel militar de La Tablada, a manos de un grupo de
guerrilleros conducidos por Enrique Gorriarán Merlo. Víctimas de un perverso
operativo de manipulación psicológica por parte de los Servicios de Inteligencia
del Estado -probablemente con conocimiento de Menem y su aliado de entonces, el
coronel golpista Mohamed Alí Seineldín- este pequeño grupo de izquierda
embriagado por desinformación deliberada, inusitada disponibilidad de medios
(tenían el apoyo de un sector del gobierno y de la SIDE), además de sed
desmedida de poder, caen en la trampa. Y sirven al proyecto del imperialismo,
que a través de una astuta combinación por olas de presiones económicas,
levantamientos militares, golpes de timón que agravaban la situación argentina,
había venido llevando contra las cuerdas a los pocos sectores del gobierno
interesados en actuar con cierta soberanía, así como a las organizaciones
populares, que aniquiladas por el genocidio dictatorial de 1976-1982, no
acertaban aún en hacer pie sobre las movedizas arenas que establecía el
andamiaje proimperialista como campo de juego ineludible en nuestro país.
Menem entra entonces con plenos poderes, a gobernar un pueblo agobiado por el
recuerdo de las masacres, la hiperinflación, la inestabilidad laboral, la
consecuente inseguridad social, creada como producto natural del descenso
pavoroso en las condiciones de vida que se ha verificado durante todos estos
años.
Si se tiene en cuenta que "el salario real en 2002 es el 30 % del salario de
1974, según recientes publicaciones de la OIT" y que el 60 % de la población
está hoy bajo la línea de la pobreza, además de "un desempleo del 20 % [...]
...un 50 % de los chicos menores de 2 años con anemia por falta de hierro o
chicos de 14 que no comprenden ni retienen un texto" (6), se tendrá una idea del
deterioro terrible que debió padecer nuestra sociedad en el periodo mencionado
(1976-2002).
La Argentina de Menem sobresalió por ser el único caso de un país que "hizo
todos los deberes" "tal cual lo manda la ortodoxia del Consenso de Washington
-privatizando casi todo lo que podía privatizarse; desregulando y liberalizando
hasta llegar a constituir "mercados salvajes"; destruyendo al estado; achicando
el gasto público; abriendo irresponsablemente la economía; facilitando la
especulación financiera; favoreciendo la concentración del ingreso, etcétera- y
además todo ésto lo hizo en democracia. Esta combinación entre un desorbitado
celo neoliberal e
instituciones democráticas -que lamentablemente avalaron con su voto un ensayo
de este tipo- es lo que se encuentra en la base de los incesantes elogios que el
experimento menemista recibe de los voceros del FMI, el BM y la prensa y grupos
de interés asociados a la comunidad financiera internacional".(7)
Tal celebración se reproduce aún hoy, cuando "gurúes" argentinos de mediopelo
como Rosendo Fraga escriben, siguiendo las líneas fijadas por Anne Krueger "La
realidad es que los noventa fue un periodo de crecimiento económico positivo
para América Latina, aunque en el terreno social los logros fueron menores
(¡sic!) y en algunos casos se registraron retrocesos". Esos "logros menores"
arrojaron a un 30 % ciento más de la población bajo la línea de la pobreza, y
los retrocesos se verificaron "apenas" en algunos miles de niños más por año que
mueren de desnutrición en nuestra oprimida América. Para Fraga esas vidas no
interesan mucho: son sólo meros indicadores económicos, que tal vez revisa con
aburrimiento desde su laptop bajo la sombrilla de una frívola playa de veraneo
en Punta del Este.
Desde esa ubicación, Fraga hace suyos los conceptos de otro aculturado,
parasitario del imperialismo, el mexicano Enrique Krauze, quien dice que la
"insatisfacción" con los 90 es que "las políticas liberales no han sido
instrumentadas con la suficiente amplitud y profundidad ni han tenido tiempo
suficiente para mostrar sus beneficios". (8)
Algo de razón le cabe, si analizamos los hechos desde una perspectiva neonazi:
la aplicación por mayor período de tales políticas tendrían como resultado un
mundo donde los pobres desaparecerían por inanición, dejando el terreno
despejado para que lo habiten únicamente estos tecnócratas desalmados, sus
sostenedores capitalistas y los silenciosos esclavos que ponen a rodar el
sistema pergeñados por ellos.
Pero un economista judeo-norteamericano achaca la culpa de los males
latinoamericanos a nuestros caracteres etno-culturales. "Bolivia es un caso
extremo que ilustra esta horrible combinación de conflicto social, economía
mediocre y asquerosa política", escribe (9) "Un presidente reformista
democráticamente electo (se refiere a "Goni") fue derrocado por manifestaciones
callejeras encabezadas por grupos indígenas históricamente sin derecho a voto y
productores de coca [...] Estos grupos -se alarma- adquirieron un poder político
sin precedentes gracias a la generalizada frustración popular con las reformas
de los noventa, el desprestigio de los partidos políticos tradicionales y la
globalización que los conecta fácilmente con aliados de otros lugares. En toda
América Latina se encuentran diferentes elementos del predicamento de Bolivia.
Los Sin Tierra de Brasil, los zapatistas de México, los bolivarianos en
Venezuela y otros grupos similares están rápidamente acercando a América Latina
a un movimiento político multinacional". Perdón por la cita tan larga, pero ¡es
que no tiene desperdicio!
Dentro de este panorama, apocalíptico para tales observadores, se inscribió
también la caída de De La Rúa y la posterior calesita loca en que se
convirtieron los estamentos gubernamentales argentinos, luego de las gloriosas
jornadas del 19 y 20 de diciembre, días en los cuales "por un momento se superó
la trampa mortal de la así llamada "democracia representativa" que, en un orden
político carcomido por el cáncer del neoliberalismo ya no es democracia ni
representa a nadie, y el pueblo, en cuyo nombre existe el régimen democrático,
se hizo por una vez dueño de su propio destino". (10)
Llegan los bomberos
Considerando el ominoso panorama latinoamericano que ven los administradores del
capitalismo salvaje, reflejado en los pequeños párrafos del Financial Times
citados más arriba, se comprende por qué muchos de ellos, con Bush a la cabeza,
están dispuestos a pactar un programa con menos nubes de tormenta, como el que
prometen Lula en Brasil y Kircher en la Argentina. Las capuchas de los
zapatistas, los coloridos gorros de los Sin Tierra, los palos piqueteros,
desplegándose en los peores panoramas contemplados en sus pantallas por los
piratas globales, les ha hecho, efectivamente, variar un poco su paradigma
(aunque seguramente no tanto como alardea Lavagna en su proclamación para
consumo interno). En tal contexto, encaja perfectamente la tolerancia imperial
hacia chiquilinadas como el "knock out" anunciado por Kirchner a Bush, en
combinación con genuinas presiones mutuas, como las demoras en aprobar pautas
desde el FMI, las "reconvenciones" del presidente argentino a los organismos
internacionales -en simetría perfecta con la inútil pantomima brasileña de tomar
las huellas digitales de los turistas estadounidenses.
Pero lo que parece quedar claro es que tanto Lula como Kirchner se han ganado la
confianza del imperialismo, obteniendo un cierto aval de sus dirigentes menos
trogloditas. Lula ejerció su simpatía sobre los magnates en Davos, apenas
llegado al poder; Kirchner efectuó un viaje a Suiza, "para visitar la tierra de
sus ancestros", lo cual fue también un mensaje a los imperialistas: "en el
fondo, soy como ustedes, un blanco europeo, de la más pura prosapia germánica,
no un árabe provinciano como Menem, ni un hispano decadente como De La Rúa. Creo
en el capitalismo y sus normas, tanto como ustedes, pues pertenezco a la raza
que lo ha establecido en todo el mundo. Pero déjenme hacer". La reciente
recomendación del gobierno estadounidense al juez Griesa, de Nueva York, en el
sentido de no hacer lugar a los reclamos de los ahorristas contra el Estado
Argentino, sugiere que le hicieron caso.
Pero el capitalismo tiene intereses, no amigos, aunque puedan exhibirse
fotografías como las que ilustran los diarios del 16 de enero de 2004, con
Kirchner y Bush testa a testa, chanceando en la cumbre de Monterrey. Al lado de
esta información sobre la "gauchada" de Bush a Kirchner parando la pelota
judicial en Nueva York, se publica otra, con la foto de Prat Gay -si se
recuerda, el carilindo funcionario, heredado de Cavallo, que se atrevió a
despreciar y contradecir un anuncio del presidente y aún sigue muy campante en
su cargo. El título dice: "Pese al default, los entes siguen pagando". Y en su
cuerpo principal informa: "El gobierno pagó a los organismos internacionales
intereses por U$S 2.065 millones, según el informe sobre Operaciones en el
Mercado Único y Libre de Cambios y balance cambiario del Banco Central [...] A
la vez, los giros al exterior por utilidades y dividendos sumaron más de $ 950
millones y estuvieron liderados por el sector petrolero" (11).
Cuatro días antes de Monterrey, mientras Kirchner protagonizaba un alarde
antiimperialista ante las cámaras el "Fondo Monetario Internacional (FMI) logró
el visto bueno para incorporar un anexo a la Carta de Intención" (los acuerdos
que tanto Lavagna como Kirchner habían anunciado que NO se iban a modificar). En
esta modificación se incluye "la necesidad de contar en marzo con una ley marco
de regulación pública y clarificar la tarifa social para privatizadas". Según la
fuente se busca evitar posibles demoras "en el pago que la Argentina debe hacer
al organismo en marzo, por 3.000 millones de dólares". Como se ve, pueden
permitirle a Kirchner que se ponga los guantes de boxeo para la foto, pero no
que deje de meter la mano en el bolsillo para pagarle al Fondo, sin dilación
posible. (12)
El capitalismo es caníbal
Vayamos ahora a una de las preguntas del principio: ¿es posible restaurar en la
Argentina un capitalismo sustentable? Consideramos que no. Es que durante los
cincuenta años en que la Argentina estuvo retrocediendo, Estados Unidos y los
países de Europa aumentaron su poder de un modo inmenso, consolidando su
dominación por todo el mundo. El capitalismo es un sistema basado en la
destrucción de toda competencia: por ello es que la fábrica de vaqueros Levi´s,
por ejemplo, abandona el territorio estadounidense para ir a producir sus jeans
en Indonesia o China. Para abaratar tanto su oferta en el mercado, gracias a la
apelación a mano de obra esclava, que aniquilará a cualquier empresa con menos
capital que se atreva a competir con ella. Entonces, no hay razón para pensar
que los grandes monopolios capitalistas internacionales permitirán alegremente
que los argentinos retomemos la producción de automóviles y aviones, comenzados
a fabricar durante la 2ª Guerra, recobremos nuestros programas nucleares o
intentemos liderar el mercado de fibra óptica -que aquí se había comenzado a
producir en 1971.
Ni siquiera Brasil, nuestro "socio" hará otra cosa que echarnos sobre las
espaldas todo peso que pueda para retrasar cualquier desarrollo que pudiera
poner en riesgo su manifiesto liderazgo en el Mercosur. "...ellos defienden lo
suyo [...] tiene menos de 700 puntos de Riesgo-País y reciben inversión de
capitales. [...] Negocian con China para construir satélites, con India y
Sudáfrica para armar un eje, fijan su posición de reserva en la industria
farmacéutica, protegen a su industria informática. [...]Chile, sin ir más lejos,
compensa sus fracasos con el bilateralismo[...]Brasil, por ejemplo, en su
alianza con la India y con Sudáfrica, está demostrando una presencia
internacional en un "mundito" que ya suma, entre los tres países, más de mil
millones de habitantes". (13)
Pero aún suponiendo que nuestros vecinos no compitieran con nosotros, sino que
nos ayudaran: no hay en la Argentina una burguesía con clara vocación nacional.
En este momento se contabilizan en bancos suizos más de 150.000 millones de
dólares en depósitos pertenecientes a capitalistas argentinos. Sólo con esos
depósitos alcanzaría para cancelar nuestra deuda externa. Y "...en los últimos
tres años, incluyendo la etapa final del gobierno de la Alianza, se fugaron ni
más ni menos que 50.000 millones de dólares al exterior. El equivalente a tres
presupuestos nacionales como el que se acaba de aprobar y al valor producido por
los trabajadores de toda la industria argentina durante más de dos años
aproximadamente. La fuga de capitales ha sido, en realidad, mayor, porque las
transferencias "netas" son el resultado contable de lo que entra y lo que sale y
no disponemos de los datos de la denominada transferencia "bruta" de fondos al
exterior." (14)
Teniendo en cuenta que durante la dictadura militar fue completamente absorbida
por el Estado la deuda de los capitalistas privados (es decir, el Estado obligó
a toda la sociedad a pagar la deuda de un puñado de ciudadanos que se habían
endeudado con el aval del gobierno) y más o menos se ha continuado con esta
práctica encubierta durante todos los últimos años, se vuelve más notoria la
perversidad crónica que anima a los burgueses argentinos, a quienes importa un
bledo que el país donde viven se vaya pique, con tal de conservar sus
desmesurados privilegios.
Perón ya intentó entusiasmar a esta raza de víboras durante su primer gobierno.
El argumento de entonces era: "Tenemos que aprender a resignar una parte de
nuestras inmensas ganancias como capitalistas, para mantener a los obreros
contentos. Si no, vendrá el comunismo y nos lo quitará todo". Esta consigna,
sumamente lógica desde un punto de vista capitalista, era repetida una y otra
vez ante los rostros impertérritos de los grandes empresarios argentinos. No le
hicieron caso. Prefirieron apostar a la sumisión hacia el imperialismo
norteamericano y socavaron al gobierno peronista, que cayó sin pena ni gloria
bajo un golpe militar. No vino el comunismo, sino Pedro Eugenio Aramburu e Isaac
Francisco Rojas, dos feroces militares pro-yanquis, ultracatólicos
preconciliares, que fusilaron, bombardearon civiles inadvertidos a pleno día en
Plaza de Mayo (15), y dieron la señal de lanzamiento para el saqueo de nuestro
país y el desmantelamiento de toda la pujante industria nacional que se había
desarrollado en los últimos treinta años, hasta 1955.
Kirchner dice ahora (a los descendientes o sustitutos de estos mismos
empresarios antinacionales): "Aprendamos a renunciar a una parte de nuestras
inmensas ganancias, o vendrán los piqueteros con los hambrientos y nos lo
quitarán todo". Los empresarios -más preciso sería llamarlos "atorrantes"-
argentinos, contestan con protestas por las retenciones sobre sus inmensas
ganancias agropecuarias, o defendiendo la teoría del derrame:
"El habitante de una villa miseria próxima a un country vive mejor que si el
country no existiera [...] La versión utópica de la teoría del derrame supone
que el jardinero compraría una casa similar a la que tiene quien le encargó
cortar el pasto, y que el obrero que trabaja en la Mercedez Benz compraría una
de las unidades que ayuda a fabricar. [...] Afirmar que la teoría del derrame
fracasó implica mostrar que no se realizó introspección [...] y se rechazan las
implicancias sobre la conducta que tiene la naturaleza humana".(16)
Ergo, los desocupados argentinos, los niños que se mueren de inanición, los
ancianos sin cobertura médica deben tener paciencia... esperar, ¡esperar!... El
gobierno no debe aplicar políticas impacientes ("Civilizadamente, cuando aplica
mayores impuestos a los countries, para subsidiar la educación de los hijos de
los pobres, o la salud de quienes menos ganan; incivilizadamente, cuando
ignorando el funcionamiento del derrame, permiten -cuando no incentivan- que
algunos habitantes de la villa se apoderen de algunas pertenencias de quienes
viven en los countries." Idem anterior.)
Si Perón en la década de 1950, con una industria nacional floreciente, con los
recursos energéticos en manos argentinas, con un mercado internacional ávido de
la inmensa producción agropecuaria argentina, con un impecable desarrollo de las
tecnologías de punta, no logró persuadir a esta clase abyecta para comprometerse
con su país... ¿cómo lo habría de conseguir Kirchner con sus continuadores
idiotizados, totalmente aculturados, cebados en la improductividad, tras cinco
décadas de existencia parasitaria transcurridas de espaldas al país?...
Hora de respuestas
Algunas metáforas podrían ayudarnos a comprender la situación de Argentina hoy.
Imaginemos a un pueblo entre las montañas, que a lo largo de una accidentada
historia ha logrado sin embargo construir una cierta prosperidad. Imaginemos que
es invadido y sojuzgado de repente por una banda de asesinos, timberos,
esquilmadores, chantajistas, estafadores, que imponen su voluntad a este pueblo
durante largos años, llevándolo hasta el límite mismo de la absoluta ruina. En
ese ínterin los habitantes de este pueblo han perdido sus manufacturas, donde
producían muebles y útiles artesanales de singular calidad, sus escuelas, donde
se enseñaba el amor al terruño, sus fuentes de trabajo, de las cuales obtenían
ingresos como para sostener una existencia digna. Todo para poder pagar los
tributos exigidos por sus "protectores", los hampones. Hasta que un día dicen
"basta", y levantándose contra ellos logran ponerlos en fuga, temporariamente.
Pero he aquí que de pronto sale de entre los hampones un "chico bueno", y
plantándose ante sus compinches, dice: "¡Un momentito! ¡No acogotemos tanto a
nuestros súbditos pues terminarán atacándonos con resultados imprevisibles! ¡O
si no, los aniquilaremos, con lo cual también nos perjudicaríamos nosotros, pues
no tendríamos a quién explotar!". Una vez contenidos sus cómplices, aunque a
regañadientes, se vuelve entonces hacia los pobladores insurrectos y les dice:
"No nos suicidemos... lanzarnos contra los maleantes que disponen de armas
poderosas es perder el futuro. Yo les ofrezco un pacto de no agresión mutua. Les
permitiremos volver a trabajar en sus talleres, pero bajo la supervisión de los
hampones; podrán comerciar otra vez libremente, pero dejando un impuesto para su
sostenimiento..." Etcétera.
Este pueblo deberá optar, entonces, por aceptar la propuesta de los hampones y
gozar de un cierto "orden", aunque menos que mediocre, o rechazarlo y lanzarse a
un destino que se presenta como caótico, incierto.
En el primero de los casos, este pueblo podrá disfrutar de ingresos más o menos
regulares... ¡pero inferiores en un 80 % al que disponían antes de la llegada de
los hampones... Podrá comprar muebles nuevos para su casa... ¡pero ya no de
algarrobo sino de plástico importado!... Y sin ninguna garantía de que en el
futuro, una vez abandonada la beligerancia popular que promoviera estos
programas, los opresores no vuelvan a descargar sobre sus espaldas otras
exigencias, cada vez más salvajes. Nada en el pasado autoriza a suponer que esta
vez los maleantes, los asesinos crónicos, vayan a volverse pacíficos, vayan a
cumplir con la palabra empeñada. "Todo el arte de la guerra está basado en el
engaño", dijo Sun Tzu hace 2.600 años (17). Bien podría ser la consigna
emblemática del capitalismo.
Ante un panorama semejante, a la Argentina se le presenta, pues, una disyuntiva
importante hoy, en aras de decidir su destino. Hay una voz que nos inquiere, a
todos y cada uno de los habitantes en este inmenso país: "¿Quo vadis?" ¿Adónde
vais?... Para nuestro modesto entender quedan, en grandes líneas, las siguientes
respuestas: o aceptamos tomar el camino de Roma... para ser crucificados allí,
cabeza abajo. O tomamos el camino de Espartaco, regresando con nuestro pueblo
para morir con dignidad. O el de Fidel Castro, que ha resistido por más de 40
años al imperialismo, sin concesiones...
Por nuestra parte nos gusta el de Fidel y toda Cuba: la lucha y el optimismo.
Pues mientras sigan latiendo nuestros corazones... ¡aún tenemos grandes
posibilidades de volcar la batalla, definitivamente, a nuestro favor!
Autonomía, Santiago del Estero, Argentina, 20 de enero de 2004.
(1) Roberto Lavagna. "Deuda externa: el fin de un paradigma". El Cronista
Comercial. Buenos Aires, jueves 15 de enero de 2004, página 4.
(2) "Cabecitas negras". Esta denominación se dio a los millares de provincianos
que hacia 1940 acudían como obreros a los cordones industriales, formados
alrededor de las grandes ciudades, principalmente Buenos Aires. De tez oscura,
por su trabajo al sol o por naturaleza, de cabellos normalmente oscuros,
contrastaban con "la Buenos Aires rubia" construida -e imaginada- por la
"generación de 1880", una generación de gobernantes que consideraban a la
Argentina "una apreciada gema en la corona inglesa".
(3) La frase "aluvión zoológico" fue acuñada por los diarios capitalinos, La
Prensa y La Nación, para referirse a las mareas humanas de humildes trabajadores
que apoyaban, en grandes manifestaciones, la candidatura de Perón a la
presidencia. El impacto estético fue tan poderoso en esta sociedad, que hasta
los partidos de izquierda se unieron entonces a la Unión Democrática, una
coalición promovida por el embajador de los Estados Unidos en la Argentina.
* A la luz de lo ocurrido luego en nuestro país, Martínez de Hoz -quien nunca
fue molestado por su coordinación ideológica de la masacre en Argentina durante
la dictadura militar-, reputa esto como un gran mérito. En declaraciones a la
agencia NA, publicadas el domingo 11 de enero de 2004 en todo el país, declara
que: "la gestión que llevó a cabo durante la última dictadura militar... «se
trató de un proceso de enseñanza de lo que era la orientación moderna de una
economía productiva» y que posteriormente, Menem y Cavallo siguieron «los mismos
lineamientos». Martínez de Hoz dijo que la hiperinflación de la década del 80
«llegó a ser como una vacuna para la gente, cuya mentalidad fue madurando».
[...] «Ése es el espíritu que capta el presidente Menem cuando asume con el
ministro Cavallo. Ellos dieron las orientaciones correctas en las grandes
líneas, que eran prácticamente las mismas que las nuestras». Mencionó como
logros de Menem y Cavallo «la reforma del Estado con las grandes
privatizaciones, establecer la función únicamente subsidiaria del Estado,
sacarlo de las actividades productivas, la apertura de la economía, con su
modernización y la estabilización...»[...]«Eso no fue un invento, para mí eso
fue un proceso de maduración de la población argentina, que vio que había
fracasado la estatización y coincidió con el crack de los gobiernos socialistas
y comunistas del mundo [...] estábamos un poco solos, pero hoy en el mundo se ve
que esta tendencia es universal, porque es la tendencia de la economía
moderna»".
(4) El miércoles 14 de enero de 2004 "El grupo automotor Daimler Chrysler
[...]fue demandado en Estados Unidos por su presunta responsabilidad en la
desaparición, tortura y exilio forzado de sindicalistas y trabajadores durante
los años de la dictadura militar argentina. [...] ...varios ejecutivos de la
planta de González Catán de Mercedez Benz Argentina, en la provincia de Buenos
Aires, habrían colaborado entre 1976 y 1977" en las desapariciones de
trabajadores. (El Cronista Comercial, Buenos Aires, 15 de enero de 2004. Esta
información muestra sólo un indicio de la profunda complicidad de las
multinacionales y sus gerentes locales en el genocidio aplicado en la Argentina
durante la dictadura militar, desde 1976 a 1982 (aunque el proceso había
comenzado efectivamente mucho antes, desde las dictaduras militares de Aramburu
y Rojas, en 1955, pasando por diferentes matices durante todos los otros
gobiernos instalados en el país).
(5) "En el período militar la finalidad de la deuda fue financiar la evasión de
capitales y comprar importaciones no registradas. [...] Entonces se hizo que las
empresas públicas contrajeran deudas en dólares y esas deudas iban al Banco
Central, que las distribuía a los bancos y uno podía pedir que le dieran dólares
que finalmente eran enviados al exterior. Así llegamos a la bicicleta
financiera: una vez que los dólares eran colocados en un banco de Estados
Unidos, con la garantía de sus propios fondos, le daban otro préstamo y entraba
al país como deuda externa. La pasaba a pesos, era colocada a interés con la
tablita de Martínez de Hoz, ganaba tasas muchísimo más altas de las que se
pagaban afuera. Las pasaba a dólares, las depositaba en Nueva York y con ese
depósito le daban otro préstamo. Lo ingresaba como deuda externa, lo pasaba a
pesos, ganaba intereses gruesos, los pasaba a dólares y otra vez se enviaba a
Nueva York, para reiniciar el mismo círculo. [...]Todo esto sucedió hasta 1982.
Desde entonces y hasta 1990, prestan solamente para que se les paguen los
intereses de la deuda..." (Alfredo Eric Calcagno. "El régimen financiero está
basado en la estafa y la especulación". Revista Marcha. Año IV, Nº 21, La Plata,
Argentina, agosto de 2001. )
(6) Carlos Leyba. Ex Subsecretario de Programación y Coordinación del Ministerio
de Economía durante el gobierno peronista, entre mayo de 1973 y octubre de 1974.
"La Argentina martilló y devastó sus capacidades". Entrevista por Irene Nasselli.
Revista Informe Industrial. Año XXVI, Nº 192, Buenos Aires, octubre/noviembre de
2003. En el mismo diálogo, Leyba afirma que a la inversa "en 30 años, entre 1945
y 1975, desde el Estado y mediante políticas de protección y de regulación, la
Argentina creció por habitante más que los Estados Unidos".
(7) Atilio A. Boron. Las "reformas del estado" en América Latina: sus negativas
consecuencias sobre la inclusión social y la participación democrática. Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales, Diciembre de 2003.
(8) Rosendo Fraga. “El debate en América Latina sobre los noventa”. Diario El
Cronista Comercial. Buenos Aires, 15 de enero de 2004.
(9) Moises Naim. "Sus maldades son el bajo crecimiento, la elevada
inestabilidad, pobreza generalizada y sucia política: Latinoamérica debe
terminar su trágica normalidad". Financial Times. New York. 15/01/04.
Traducción: Graciela Rey y Mariana I. Oriolo.
(10) Atilio A. Boron. Obra citada.
(11) El Cronista Comercial. "Las relaciones financieras internacionales". Página
2. Buenos Aires, viernes 16 de enero de 2004.
(12) "Desde que venimos 'resistiendo' al FMI, Argentina ha pagado a los
organismos financieros internacionales 6.533 millones de dólares más de los que
recibió (Clarín, 12/1). O sea 20.000 millones de pesos, casi un tercio del
'recuperado' presupuesto nacional. A los bancos se les ha dado bonos de
compensación por 40.000 millones de dólares y a los organismos oficiales del
exterior se les ha reconocido en forma integral una deuda de 35.000 millones.
Los capitalistas privados, por su lado, han aprovechado los bajísimos salarios y
los altísimos precios que dejó la devaluación, para refinanciar una deuda de
otros 60.000 millones de dólares. Los capitalistas privados, por su lado, han
aprovechado los bajísimos salarios y los altísimos precios que dejó la
devaluación, para refinanciar una deuda de otros 60.000 millones de
dólares.(Plan Marshall: 'go home'. Editorial de Prensa Obrera, Buenos Aires, 16
de enero de 2004)
(13) Marcelo R. Lascano. "El gobierno debería inaugurar otra etapa". Reportaje
de Luis Sznaiberg. Revista Informe Industrial. Año XXVI, Nº 192. Buenos Aires,
octubre/noviembre de 2003.
(14) ¿"DEFAULT"? Una fuga de capitales de 50.000 millones de dólares. Pablo
Rieznik, Prensa Obrera, Buenos Aires, 27 de noviembre de 2003
(15) Plaza de Mayo, en Buenos Aires, es el principal paseo argentino. Cuando
ocurrió este crimen injustificable, el 6 de junio de 1955, era mediodía. El
espacio público estaba repleto de millares de transeúntes que salían de
trabajar. Fue una masacre nunca debidamente investigada, pero se estimó que
murieron unas 400 víctimas, sin ningún compromiso político comprobable. Desde la
Armada se alegó después que el objetivo había sido bombardear la casa de
gobierno, y se había producido un error de puntería. Uno de sus instigadores
principales, el general Pedro Eugenio Aramburu fue capturado y ejecutado por la
organización guerrillera Montoneros, en 1970. Su verdadero jefe, el Almirante
Isaac Francisco Rojas, luego vicepresidente de Aramburu, fue "reivindicado", sin
embargo, por el presidente Menem, en su segundo gobierno (1996-2000).
(16) Juan Carlos de Pablo. "Cuál fracaso de la teoría del derrame?" El Cronista
Comercial. Página 10. Buenos Aires, lunes 19 de enero de 2004.
(17) Sun Tzu. El arte de la guerra. Capítulo I, versículo 17. Traducción y notas
de Ilda Sosa, en base a antiguas versiones anónimas. Editorial Fraterna, Buenos
Aires, 1989.
José
Núñez del Prado: el primer desaparecido
Por: Julio Carreras (h)
El 7 de junio de 1555 Juan Núñez del Prado se disponía a partir desde Santiago
de Chile hacia Santiago del Estero. Vendría a tomar posesión de nuestro
gobierno, pues el máximo tribunal de Lima lo había restituido en su cargo,
desestimando las acciones en su contra de Aguirre y Villagra.
Confiado en la legalidad de sus actos, hizo anunciar por bando público el
dictamen y su partida del día siguiente. Pero cuando fueron a buscarlo para
iniciar el viaje... Núñez no estaba. De ese 8 de junio, jamás fue encontrado y
su familia no recibiría tampoco, nunca, el menor indicio acerca de su paradero.
Núñez del Prado se convertiría, de tal manera, en el primer desaparecido
político, de una región que después iba a nombrarse como "América Latina". (1)
Buscando el oro de Santiago
Ya hemos dicho que las primeras expediciones españolas se precipitaron hacia lo
que es hoy Santiago del Estero en busca de un mitológico imperio: el del Rey
Blanco. Los europeos creían que en algún lugar de entre estas selvas, salinas o
grandes mesetas y montañas, encontrarían toneladas de oro y plata, para librarse
de trabajar durante todo el resto de su vida.
Así, antes de la definitiva, que consolidaría nuestra primer población, se
efectuaron tres incursiones:
La de Francisco César, capitán de Gaboto, quien con 6 acompañantes salió desde
el hoy Litoral argentino explorando el sur de nuestra provincia hacia el mes de
diciembre de 1528.
Diego de Almagro, con un inmensa expedición compuesta por 500 españoles, 150
negros esclavos y 20.000 siervos indios, recorrería el norte de nuestra
provincia en 1535.
Finalmente Diego de Rojas, con 200 españoles y un número no precisado de negros
e indios peruanos –aunque muchísimos menos que los traídos por Almagro–, armó su
expedición hacia Santiago del Estero en 1542, para morir aquí, a manos de los
tonocotés, en 1543.
Ingresa Núñez del Prado
Luego de la dura guerra civil desencadenada por Pizarro, el sacerdote católico
Pedro de La Gasca quedó al frente del gobierno en Lima. Entre quienes lo habían
ayudado a desembarazarse de los pizarristas estaba Dn. Juan Núñez del Prado.
Este era oriundo de Badajoz, habiendo nacido de un matrimonio formado por Dn.
Bernardino del Prado y Dña. Francisca de Guevara.
Dentro de la política real de esparcir hacia todos los rumbos a hombres con
mando de tropa, el Pbro. La Gasca persuadió entonces a Núñez de que el futuro
inmediato podría brindarle riquezas incalculables si se lanzaba hacia el sur.
Núñez contaba también en su favor la cualidad de ser un hombre de confianza para
la corona.
Así, por medio de una Provisión Real, el gobierno de Lima encomienda a este
conquistador la misión de ampliar las fronteras del Imperio Alemán. (2)
Con 100 voluntarios, tres sacerdotes católicos – Hernando de Gomar, Alonso
Trueno y Gaspar de Carvajal–, además de un número no determinado de negros e
indios peruanos, Juan Núñez del Prado partió de Lima cuando despuntaba la
primavera de 1549.
El viaje resultó sacrificado por algunas lluvias y el ataque de los indios
Humahuacas, de Jujuy, pero finalmente la expedición llegó bastante íntegra a su
objetivo: lo que se consideraba El Tucma, o Tucumán.
A poco de armado el campamento, el 24 de junio de 1550 Núñez del Prado,
escogiendo un sitio a orillas del Río Dulce, fundó la Ciudad del Barco. Este
nombre había sido pensado para homenajear al Presidente de la Audiencia de Lima,
el sacerdote Pedro de La Gasca, quien había nacido en El Barco de Ávila
(España).
Villagra y Aguirre
Los indios calchaquíes, que habían observado durante todo el trayecto a los
invasores, comenzaron a atacarlos pronto. Pero los europeos no sólo deberían
soportar las guerrillas aborígenes: el conquistador Villagra, quien había
partido desde el Perú hacia Chile para auxiliar a Valdivia, también los atacó.
De paso por Santiago, creyó que con un golpe de mano podría adueñarse de la
novísima Ciudad del Barco, a la cual veía un futuro de prosperidad.
Para peor, Núñez del Prado había encontrado pepitas de oro en las inmediaciones
de donde fundara su ciudad, lo que pronto llegó a oídos de todos los europeos.
Los soldados de Núñez pudieron resistir, pero ante la insistencia de los ataques
de sus propios paisanos y de los indios, decidieron trasladar un poco más lejos
a la ciudad.
Poco después Prado caería bajo los acosos de su contrincante Villagra, quien
pidió ayuda a Valdivia el cual, desde Chile, envió a Francisco de Aguirre y sus
hombres.
Aquirre, con 60 guerreros frescos y bien entrenados desbarató finalmente al ya
deteriorado ejército defensivo del hombre de Carlos V.
Esto abrió un proceso bélico que iba a traer muy pronto la derrota definitiva de
Núñez del Prado, su encarcelamiento, y una nueva “fundación” de la Ciudad del
Barco, rebautizándola como “Santiago del Estero”.
Con un método que se impondría como acción política hasta los tiempos de Ibarra
y Taboada, Aguirre urdió un Cabildo Abierto, bajo presión de sus armas. Por
medio de este hizo destituir a Núñez del Prado y legitimar su condición de nuevo
gobernador. Núñez del Prado fue encarcelado, como reo de insubordinación y
"resistencia a la autoridad".
Desaparición de Prado
La suerte pareció favorecer nuevamente a Núñez del Prado cuando murió Valdivia,
aniquilado por las huestes mapuches de Lautaro. La codicia y ansia de poder de
los caudillos europeos desató otra vez una caótica guerra por la sucesión.
Dentro de esta volátil situación política, los amigos de Prado consiguen
presionar a las autoridades para obtener la liberación de su amigo. Esto ocurre
poco después de las "fiestas" de Fin de Año, en 1553.
Inmediatamente Juan Núñez del Prado se traslada a Lima, y ante la Audiencia del
Imperio presenta una demanda judicial contra Francisco de Villagra, por "actos
de fuerza" contra la corona, y contra Francisco de Aguirre por el "golpe de mano
para apoderarse de la Ciudad del Barco".
El más alto tribunal de justicia de América falla finalmente a favor de Prado,
restituyéndole un año después, el 13 de febrero de 1555, su gobierno legítimo de
la Ciudad del Barco. Este dictamen desconoce también el nombre de "Santiago del
Estero", que Francisco de Aguirre había asignado a la población, luego de
trasladarla por tercera vez.
Pero con toda ingenuidad, Núñez pregona a todos los vientos su alegría e invita
a quienes deseen sumarse, para desarrollar lo que soñaba como una próspera
metrópoli. Y como ya vimos, esto lo iba a convertir en nuestro primer
desaparecido, cuando apuntaba ya el gélido invierno chileno de 1555.
(1) De un modo tristemente singular, Núñez del Prado estaba destinado a sufrir
dos desapariciones: la primera física, la segunda –virtual– de casi todos los
textos históricos posteriores, que asignaron la fundación europea de Santiago
del Estero a su presunto desaparecedor.
(2) Transcribimos fragmentos de la Provisión Real:
"Don Carlos V, por la divina clemencia Emperador semper augusto, Rey de
Alemania, doña Juana su madre y el mismo don Carlos por la misma gracia Reyes de
Castilla, de León, de Aragón, de las dos Cilicias, de Jerusalem, de Navarra, de
Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de
Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algares, de
Algeciras, de Gibraltar, de las islas de Canaria, de las Indias, islas y tierra
firme del mar Océano, Condes de Flander y de Tirol, Etc.
[...] Visto y consultado con el licenciado Pedro de La Gasca, del nuestro
consejo, de la Santa Inquisición y Presidente de la nuestra Audiencia y
Cancillería en la ciudad de los Reyes de los dichos nuestros reinos del Perú
[...] acatando que vos Juan Núñez del Prado nos habéis servido y esperamos que
nos serviréis de aquí en adelante [...] os cometemos y mandamos que vais con la
gente que para ello fuere necesaria, a la dicha provincia de Tucumán y en la
parte y sitio que os pareciere más conveniente para poblar pobléis un
pueblo[...].
"Y así poblado el dicho pueblo, nombraréis regidores y otros oficiales de
cabildo [...] y repartiréis los indios de dicha comarca que conquistareis y
trajeres de paz, tasando los tributos y servicio que dichos indios han de dar
primero y antes que a las personas a quien los encomendareis y pusieres en la
posesión de los dichos repartimientos de ellos". (Archivo General de Indias.
48–5–11/18.)
Publicado en la edición impresa de La Columna, revista semanal, Santiago del
Estero, Año XIV, Nº 764
Guerra nuclear
Por Julio Carreras (h)
"Irán será destruido, si se atreve a lanzar un ataque contra Israel", advirtió
el ministro israelí de Infraestructura, Binyamin Ben-Eliezer, en una entrevista
que publicó hoy miércoles 25 de junio de 2008 el diario moscovita Kommersant.
Pero esta no fue la peor amenaza:
"Atacar a Irán, con el fin de detener sus planes nucleares, será inevitable"
había dicho, el 6 de junio de este mismo año, un ex jefe del ejército israelí,
que también se desempeñó como ministro de Defensa.
"Las sanciones no son efectivas," aseguró el hoy ministro de Transporte, Shaul
Mofaz, al periódico israelí Yedioth Ahronoth.
Los iraníes, por su lado, no se han quedado cortos. Desde "dolorosas
respuestas" a un presunto ataque hasta "borrar a Israel del mapa" fueron
casi una constante en declaraciones de gobernantes iraníes de los más altos
rangos en estos últimos meses.
El prestigioso intelectual estadounidense James Petras indica por su parte que "un ataque israelí por tierra y aire sobre Irán tendría consecuencias militares catastróficas para las fuerzas estadounidenses y graves pérdidas de vidas humanas en Irak, pudiéndose asimismo prever estallidos de violencia militar y política contra los regímenes árabe-musulmanes que siguen a EE.UU., como Arabia Saudí y Egipto, que quizá acaben derrocados".
En su artículo Petras sostiene que
"sin duda alguna, los preparativos israelíes para la guerra constituyen la mayor
amenaza inmediata para la paz y la estabilidad política mundiales".Como si el monstruo destructivo se hubiese puesto en marcha por una fuerza ahora
imposible de detener, los israelíes no se quedan en palabras y realizaron,
recientemente, un ejercicio preciso de ataque integral sobre Irán.
"Israel ensayó durante una maniobra un ataque contra las instalaciones nucleares
iraníes durante la primera semana de junio", informó el viernes 20 de junio de
2008 The New York Times, citando a funcionarios del gobierno estadounidense.
Según el rotativo, más de 100 cazas F-16 y F-15, helicópteros de rescate y
aviones de reportaje realizaron las maniobras, sobrevolando Grecia y el este del
Mediterráneo. Durante los ejercicios, las fuerzas aéreas se alejaron unos mil
500 kilómetros, la distancia entre Israel y las instalaciones iraníes de Nataz,
añadía el periódico.
The New York Times señalaba que las maniobras tenían dos objetivos: por un lado,
poner en práctica los detalles técnicos para un eventual ataque, como repostar
combustible, y por otro, lanzar un mensaje tanto a Estados Unidos como a la UE,
Irán y otros países, de que Israel reaccionará "con mano de hierro" si los
esfuerzos diplomáticos sobre la disputa nuclear "no dan fruto".
Reacción en cadena
Con un ataque así podría estallar un conflicto que muy pronto se transformaría en
la primera Guerra Nuclear de la historia. Y también la que -en caso de
sobrevivir alguien- sería consignada en los textos como la "3ª Guerra Mundial".
Inmediatamente después de atacar a Irán, Israel recibiría no sólo duras
respuestas de este país, sino también, posiblemente, ataques muy fuertes desde
El Líbano y Siria.
Como ya lo anunció, es posible que la respuesta de Irán incluya ataques a
objetivos estadounidenses. Sin descartar atentados suicidas o de otro tipo, como
la contaminación bacteriológica ambiental en sus grandes ciudades. Rusia, un
fuerte aliado de Irán, ingresaría pronto en la guerra, no directamente al
principio, sino paulatinamente a través de apoyo logístico y provisión de
armamento.
En este caso, es muy posible algún ataque "preventivo" a Rusia, desde los
enclaves estadounidenses de Alemania, Polonia, Eslovenia, Turquía y Grecia.
Incluyendo a su favor alguna cuña troyana en el mismo riñón ruso, como lo son
las hoy disidentes Georgia y Ucrania.
Pakistán e India podrían ingresar rápidamente a la guerra incorporando quizá los
primeros ataques nucleares, dado que ambos países poseen bombas atómicas y están
ansiosos por estrenarlos.
China no querría quedar fuera y tampoco -menos- Japón, seguramente la primera en
apoyo de Rusia e Irán y el segundo acompañando a sus aliados naturales, EE.UU. e
Israel.
Como en un macabro dominó, el pavor nuclear se extendería entonces por todo el
Norte de la Tierra, sembrando la muerte y la destrucción. Y en cuestión de
meses, podría desaparecer toda la que fuese la orgullosa Civilización
Tecnológica de Norte Desarrollado.
Julio Carreras (h)
P.D.: (Como siempre) yo soy optimista. Creo que a nosotros no nos alcanzará. O
al menos lo hará de un modo parcial. Entonces deberíamos esforzarnos por
restituir los lazos entre países latinoamericanos, dándonos las manos como
hermanos. Y construir democracias sociales con un alto grado de desarrollo
económico natural. Es decir, con sistemas de producción alimentaria
autosuficiente, industrias que no destruyan la naturaleza ni la contaminen, y un
sistema de distribución de las riquezas que no permita que entre nuestros
hermanos haya ni siquiera un solo carenciado.
Peronismo y Nación
Por Julio Carreras (h)
"El peronismo será revolucionario, o no será nada", había dicho Evita. "El año
2.000 nos encontrará unidos o dominados", diría Perón, algunos años después.
Estas palabras proféticas parecen haberse cumplido ya en su peor sentido. El
peronismo no fue revolucionario y se disolvió en la nada, durante el gobierno de
Carlos Menem. Y el año 2.000... nos encontró dominados.
El golpe
Conocí el miedo político a los cinco años. El 20 de septiembre de 1956 un
militar clericalista y pro yanquis asumió la presidencia de la república. Perón
había abandonado el país iniciando un largo exilio.
Mi abuela y mi padre escondieron los retratos de Evita y de Perón
enmarcados. Yo colaboré subiéndolos a un alto placard. Esa misma tarde el
miedo que percibía en la atmósfera se convertiría en violencia dentro de mi
corazón.
Los Barraza, que vivían al frente calle de por medio, eran radicales. Ante su
vivienda se había detenido un camioncito con bocinas en el techo. Sonaba por
ellas la marcha radical y se lanzaban vivas a la flamante dictadura. Para
mirarlos mejor, subí al techo de mi casa. Llevaba conmigo, como siempre, mi
honda.
Chuni, el único varón en esa casa, también apareció sobre su techo. Era unos dos
o tres años mayor. "Viva Lonardi", gritó, respondiendo a la incitación del
camioncito. "Viva Perón", grité yo, en el acto.
Su desconcierto duró sólo unos segundos. Después levantó un fragmento de baldosa
y con fuerza me la tiró. Sentí su estallido al pulverizarse contra la baranda.
Con frialdad saqué de mi bolsillo una posta metálica, cargué la honda y a mi
vez, tiré. Vi a Chuni tomarse el costado y retorcerse y después escuché su
dolorido llanto.
Bajé corriendo por las paredes como una lagartija, pues podía haber represalias.
Las vueltas de la vida. Unos quince años después, Chuni se haría montonero. Y yo
dejaría el peronismo, por considerar que dentro del peronismo era imposible ya
ser revolucionario.
Los militares
Varios militares habían resistido al golpe pro yanqui con armas, pero sin éxito.
En mi juventud conocí a dos de ellos, el teniente primero Galván Achával y el
capitán Jozami. Sustenté espontámente hacia ambos un afecto entrañable. Por su
valentía y lealtad habían pagado no sólo en heridas de bala que dejaron
secuelas. También con la interrupción abrupta de sus carreras. Jozami era
rosarino, pero vivía en Santiago (en una casa que ahora están demoliendo, creo,
sobre la esquina de San Martín y Entre Ríos).
Mi padre a su vez era amigo de otros dos, los capitanes Phillipeaux y Montiel.
Algunos años más tarde frecuentó también al teniente coronel Cáceres.
Algunos de esos militares peronistas intentarían un contragolpe. Los
gobernantes, general Aramburu y el almirante Rojas -ambos de orígenes
santiagueños-, conociendo sus propósitos a través del espionaje, les tendieron
una trampa. Así, cuando el 9 de junio de 1956 los cófrades intentan iniciar su
asonada, son capturados en el acto.
El día 11 el diario La Nación informa "el fusilamiento del coronel (R)
Alcibíades Eduardo Cortines, coronel (R) Ricardo Salomón Ibazeta, Teniente
coronel (R) Oscar Lorenzo Cogorno, capitán Dardo Néstor Cano, capitán Eloy Luis
Caro, Teniente primero Jorge Leopoldo Noriega, Teniente primero de banda Néstor
Marcelo Videla, suboficial principal Miguel Garecca, sargento Hugo Eladio
Quiroga, cabo primero músico Miguel José Rodríguez, sargento ayudante de
infantería Isauro Costa, sargento ayudante carpintero Luis Bugnetti, sargento
músico Luciano Isaías Rojas, Vicente Rodríguez, Nicolás Carranza, Carlos Alberto
Lizaso, Francisco Garibotto, Reinaldo Benavides, coronel Albino Irigoyen,
capitán (RE) Jorge Miguel Costales, Clemente Braulio Ross, Norberto Ross,
Osvaldo Alberto Albedro y Dante Hipólito Lugo".
El día 12 de junio un comunicado oficial declara: "Fue ejecutado el ex general
Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado". Para dar muerte
al general Valle, que se había entregado ya a las autoridades militares, el
gobierno de Aramburu y Rojas aplicó en forma retroactiva una ley marcial ya
derogada.
La masacre duró exactamente tres días y Lanús, Campo de Mayo, la Escuela de
Mecánica del Ejército y La Plata, se constituyeron en escenarios macabros. En un
basural de José León Suárez, varios escaparon milagrosamente, algunos
fingiéndose muertos.
Los militantes
El 24 de diciembre de 1959 por la madrugada, un grupo de soldados entró
fragorosamente en la Jefatura de Policía de la ciudad de Frías. El "militar" que
lo comandaba se presentó a viva voz ante el jefe de turno:
-¡Soy el teniente coronel Puma! ¡Se ha declarado el Estado de Emergencia en todo
el país!, ¡esta comisaría queda bajo custodia militar!
Lo acompañaban otro "oficial", un "suboficial" y varios "soldados". Los policías
se entregaron sin resistencia. Fueron despojados de sus uniformes, de sus armas
y encerrados en los calabozos. Luego los integrantes del comando se dedicaron a
cargar todas las armas y municiones que encontraron en el Jeep donde habían
venido y una camioneta de la policía. En menos de quince minutos, habían
abandonado el lugar.
Así se efectuó la primera acción guerrillera en la Argentina. Sus protagonistas
se bautizaron a sí mismos Los Uturuncos. Eran santiagueños y tucumanos,
peronistas y creían que con su acción iniciaban un levantamiento general. Los
comandaba el bandeño Félix Francisco Seravalle, un empleado de Vialidad
Provincial, por entonces de unos 34 años.
De acuerdo a lo prometido por el general Iñíguez durante cierta reunión,
mantenida con otros militantes peronistas, la toma de la comisaría iba a actuar
como santo y seña para que de inmediato militares leales al peronismo se
levantaran en las guarniciones de Santa Fe, Entre Ríos, Salta y la provincia de
Buenos Aires.
Por su parte, las organizaciones sindicales llevarían adelante una serie de
acciones concertadas, entre las que se contaban paros parciales de actividad y
actos relámpago en los principales centros industriales.
Los únicos en llevar adelante el plan tal como había sido programado fueron los
jóvenes Uturuncos. Después de la acción de Frías, se internaron en la selva
tucumana. Allí resistirían varios meses. Hasta que finalmente el ejército los
capturó y fueron sometidos a Consejos de Guerra y encarcelados.
La violencia
El 10 de agosto de 1974 las guerrillas del Ejército Revolucionario del Pueblo
coparon simultáneamente el Regimiento y Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos
de Villa María, Córdoba y el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada, en
Catamarca. Entre los jefes secundarios de los atacantes en Villa María estaba
Charlie Moore.
Él y Joe Baxter -paradójicamente ambos descendientes de familias anglosajonas-,
habían militado en Tacuara. Esta era una organización nacionalista de
ultraderecha, que junto a otras como la Alianza Libertadora Nacionalista de
Patricio Kelly, formarían parte de la caótica pléyade que defendería a Perón,
armas en mano, durante los primeros 60.
Varios de ellos, como el capitán Ahumada o el teniente coronel Osinde, se
reconvertirían en represores parapoliciales en la putrefacción del peronismo,
durante el gobierno de Isabel Martínez y López Rega. Otro que había sido
guerrillero y luego represor fue el cordobés Raúl Telleldín.(1) Jefe de
torturadores policiales durante el último período de Isabel Martínez, integró,
junto con el militar Mohamed Seineldín, un grupo paramilitar, responsable de
numerosísimos crímenes, secuestros y desapariciones. Su hijo, Carlos Telleldín,
permaneció varios años preso recientemente, acusado de ser responsable por el
horrendo atentado de la AMIA en Buenos Aires.
El general Alejandro Agustín Lanusse, quien fuera presidente de facto en la
Argentina, consigna lo siguiente en sus memorias:
"El 24 de abril (de 1969) el allanamiento de un departamento ubicado en la calle
Paraguay" permitió la identificación de "una figura joven de extrema derecha -el
dirigente universitario Carlos Caride- quien aparecía formando parte de una
organización considerada subversiva. Otro de los detenidos estaba estrechamente
vinculado a grupos y personas totalmente alejados de las líneas insurreccionales
conocidas. Y, finalmente, alguien acusado de militante fascista, a nivel de
coordinación internacional, era vinculado al mismo problema". [...] Casi todos
los detenidos habían abrevado ideológicamente [...] en el antimarxismo más
extremo". (1)
¿Y a qué vienen estas menciones?
Tienen el propósito de mostrar, brevemente, que las razones de la violencia en
la Argentina no respondieron a "una conspiración del marxismo internacional",
como se las presentó exitosamente desde el gobierno del Proceso. Sino a otras
causas bastante más profundas, muy pocas veces analizadas.
Los huevos del odio
"Cazar a los hombres a tiro de boleadoras, engrillarlos, entramojarlos, vejar a
sus mujeres, establecer casas de perdición con pobres víctimas arrancándolas del
hogar doméstico por derecho de conquista [...] son otras tantas formas de
tortura".
"Degollar despacio y con cuchillos sin filo; lancear de a poco, demorando el
final; fusilar como rito de escarmiento, u otras formas semejantes de quitar la
vida, son primero una tortura y después una ejecución. Así lo entendieron y así
lo practicaron sistemáticamente los Coroneles de Mitre". (2)
Quien escribió el libro de donde fueron tomados estos fragmentos es un abogado.
Fue diputado provincial riojano, entre 1973 y 1973. Insospechable de militancia
guerrillera, el ejército lo capturó sin embargo, en 1976, manteniéndolo durante
varios años preso.
Es que la represión aplicada por los militares durante el gobierno de Mitre se
parece asombrosamente a la que más tarde llevarían a cabo, con otras
tecnologías, los militares del "Proceso" (1976-1983).
Y estamos seguros que responden a una misma concepción. Esta es la de
"aniquilar" por cualquier medio una resistencia social que hubiera hecho
imposible la aplicación de un esquema político y económico antinacional.
En ambos casos -la sanguinaria cacería mitrista del siglo XIX y la represión
procesista-, el propósito es imponer un ordenamiento que beneficie en primer
lugar al imperialismo capitalista extranjero, y en el ámbito local a una pequeña
minoría.
Durante el siglo XIX, el imperialismo dominante tenía como eje principal al
reino de Inglaterra. En el siglo XX, ya había ocupado ese lugar Estados Unidos
de Norteamérica.
Desde los inicios el peronismo fue visto por EE.UU. como un peligrosísimo
"anti-ejemplo" mundial. No porque se lo sospechara cómplice de la Unión
Soviética marxista -opción muy alejada de la ideología de Juan Domingo Perón,
como se sabe educado en las escuelas de Hitler y Mussolini- sino por la pujanza
de su proyecto de desarrollo industrial independiente.
Esas fueron las verdaderas razones que desencadenaron el odio al peronismo, por
parte de las oligarquías argentina. Y el monstruoso derramamiento de sangre que
comenzaría de a gotas con su caída, en 1955, para convertirse en una pavorosa
ciénaga hacia mediados de los 70.
(1) "Nicky" Ceballos, valeroso combatiente santiagueño del ERP, fusilado
alevosamente por el ejército en Córdoba, recordaba a Telleldín como ex
compañero. "Fue con nosotros al Paraguay", contó al autor de estas líneas,
durante una conversación en la cárcel. "En los años 60, dimos entrenamiento a la
guerrillas nacionalistas, que se levantaban contra la dictadura de Stroessner".
(2) Alejandro Agustín Lanusse. Mi testimonio. Lasserrre editores, Buenos Aires,
1977. Carlos Caride, el entonces detenido de quien se narra, era uno de los
jefes de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). Esta organización guerrillera,
una de las primeras en Argentina, se había nutrido también con algunos de los
miembros argentinos de la guerrilla del Ché con actuación en Salta.
(3) Ricardo Mercado Luna. Los Coroneles de Mitre. Editorial Plus Ultra. Buenos
Aires, 1974.
Publicado en El Punto y la Coma. Revista cultural del Sindicato de Docentes
Privados (SADOP). Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán y Salta. Nº 28.
Segunda quincena de junio de 2008.
Fuente: www.elortiba.org
Ibarra o el Espíritu de Santiago:
Un caudillo que representa la identidad más profunda de nuestra sociedad
Por Julio Carreras (h)
A las 9 de la mañana del 1 de enero de 1817 fue fusilado en Santo Domingo el
coronel Juan Francisco Borges.
No se conoce que Juan Felipe Ibarra hubiese levantado siquiera un dedo para
evitarlo.
Ibarra por entonces revistaba también como oficial destacado en el ejército que,
bajo las órdenes de Belgrano, combatía por nuestra Independencia Nacional.
Es que Borges e Ibarra eran, caracterológicamente -y también en su práctica de
la política- sumamente distintos.
Borges tenía todas las virtudes y defectos de los agraciados. Buenmozo,
temperamental, acostumbrado a ser tratado como un Señor, el cálculo no tenía
sitio entre los recursos que consideraba aceptables.
Se sabe que con su amigo Martín Miguel de Güemes eran considerados "el terror y
la miel de las chinitas" de la sociedad norteña.
Ibarra, en cambio, era reservado y racional.
La prematura desaparición del padre había impuesto a su familia una economía
austera. No era alguien considerado atractivo por las mujeres.
Prueba de ello, tal vez, es que su matrimonio con una joven de la aristocracia
salteña duraría... apenas una noche.
Los primeros pasos
Juan Felipe Ibarra nació el 1º de Mayo de 1787 en la localidad de Matará,
Santiago del Estero.
Mientras esto sucedía, en los nacientes Estados Unidos se daban los toques
finales a la nueva Constitución de ese país. Poco después sería presentada en
Viena la considerada Opera Magna de Wolfgang Amadeus Mozart, Don Giovanni. Algo
más tarde -en 1789- comenzaría en el Cuzco la rebelión antiespañola de José
Gabriel Condorcanqui -más conocido como Túpac Amaru.
¿Y qué ocurría en Santiago?
Una enfermedad presuntamente originada en el agua sin filtrar inquietaba a las
autoridades. Esta era llamada "el coto". Consistía en una protuberancia que se
formaba sobre el cuello.
Mucho más frecuente en las clases populares, atacaba también, sin embargo, a los
aristócratas locales. Debido a ello se había determinado, algunos años atrás,
expulsar a todos "los forasteros casados" de la capital.
Dentro de la paranoia propia de toda epidemia, se los consideraba,
aparentemente, culpables del aumento social del "coto". Como estas familias
solían levantar ranchos precarios cerca de las orillas del Río Dulce, hacían
también pozos allí para recoger agua.
La contaminación era adjudicada a que, por indolencia, muchas sirvientas
recogían agua de esos pozos insanos, en vez de hacerlo directamente del río.
El coto martirizaba la imaginación, sobre todo de las niñas agraciadas de
nuestra sociedad. Puede imaginarse lo feo que era ver a una muchacha con esa
pelota desproporcionada que se formaba bajo del mentón.
Santiago era por entonces, como dijimos, mucho menor en importancia económica y
edilicia que Matará. Apenas un pequeño núcleo de casas mayormente levantadas con
adobe, con calles de tierra y grandes arboledas.
Por lo demás, la sociedad provincial estaba rígidamente dividida en castas. La
más alta era de ascendencia española. La servidumbre, en tanto, era reclutada
entre los mestizos e indios.
De estos últimos iban quedando ya muy pocos genuinos, debido al exterminio de
sus varones por superexplotación y la paulatina absorción de sus mujeres a
través de una sexualidad subalterna.
Nuestra provincia dependía entonces de Salta, donde residían las autoridades
civiles y eclesiales. Gobernaba, cuando nació Ibarra, Dn. Ramón García de León y
Pizarro. Nacido en Argelia, África, Dn. Ramón era Marqués de la Casa de Pizarro,
Vizconde de Nueva Orán, Brigadier de Infantería de los Ejércitos Reales y
miembro de las órdenes religiosas y caballerescas de la Gran Cruz de la Orden
Calatrava.
Tanto los gobernantes civiles como eclesiásticos tenían por entonces poco
interés o aprecio por Santiago.
Así, el obispo de entonces, Angel Mariano Moscoso, no oculta su reprobación en
las pocas líneas que nos dedica. La capital santiagueña presenta "un pésimo
estado edilicio", según el informe del obispo Moscoso a sus superiores.
No sólo esto, sino también una muy baja "Cultura en lo moral, pues a más de
notarse estilos" de vida que "desdicen a la civilización, conserva la lengua
quichua casi por idioma dominante de todos su vecinos".
El militar Ibarra
A los dos años de edad, el futuro caudillo de Santiago perdería a su padre. De
inmediato la extendida y linajuda familia extendería sus alas protectoras sobre
este niño.
Ello no quitaría las estrecheces económicas a su hogar, pero le permitiría
educarse con un nivel que se consideraba adecuado a su condición aristocrática.
Así, Juan Felipe cursaría sus estudios secundarios en el prestigiosísimo
instituto religioso cordobés Monserrat.
En 1811 entró a servir en la naciente fuerza militar Argentina como Subteniente
del Ejército Expedicionario al Alto Perú.
Combatió contra las poderosas fuerzas españolas en las victorias patrióticas de
Las Piedras y Tucumán, adquiriendo prestigio de valiente y templado.
Debido a ello y a otras acciones donde se destacaría, el general Manuel Belgrano
lo envió, con el grado de Capitán, a resguardar la frontera norte de Santiago
del Estero. No estábamos seguros de la lealtad Cordobesa contra los españoles:
esa misión, pues, representa un signo de confianza en el santiagueño, por parte
del entonces jefe de nuestras fuerzas nacionales.
En julio de 1817 sobrevino un terremoto espantoso, como ya se narró en el
artículo anterior, que prácticamente destruyó la parte más humilde de nuestra
capital.
También ya se dijo que la templanza y sobrio carisma demostrado por el capitán
Ibarra, así como su capacidad organizativa, afianzaron un prestigio que se había
ido perfilando en episodios anteriores.
1817 fue el año, también, de la promulgación nacional de un Reglamento
Provisorio, cuyo propósito era el de cumplir un rol constitucional.
Aprobado por el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, era centralista y
unitario. Entre sus cláusulas, que sellaban la absoluta subordinación de las
provincias a la autoridad nacional, estaban las razones que habían llevado a
rebelarse al infortunado Borges.
Ibarra no acordaba con ese Reglamento. Pero supo callárselo hasta que llegó el
momento oportuno.
Este se presentó cuando el gobernador de Tucumán -de quien dependía Santiago-
envió una fuerza militar a nuestra provincia para supervisar las elecciones. Los
militares tucumanos, mandados por el capitán Juan Francisco María de Echauri,
cometieron toda clase de excesos en esta ciudad.
No sólo presionaron a los electores para obtener el resultado que buscaba
Tucumán, sino violentaron a la población, abusaron de su hospitalidad y se
comportaron con gran desprecio a sus costumbres e idiosincracia.
Ante esa calamitosa situación fue que un grupo de ciudadanos notables y algunas
autoridades electas, convocaron al comandante de Abipones, Mayor Juan Felipe
Ibarra, para que los librase de quienes actuaban como invasores.
El primer gobernador legítimo
"No puedo ya más ser insensible a los clamores con que me llama ese pueblo en su
auxilio, por la facciosa opresión que sufre indebidamente de Usted", dice Ibarra
en su ultimátum al capitán Echauri, entregado por el Sr. Faustino Silvetti en el
Cabildo a las cuatro de la mañana el 31 de marzo de 1820. "Me encuentro ya a las
inmediaciones de ese pueblo y si Usted en el preciso término de 2 horas del
recibo de esta intimación, que desde luego le hago, no le permite reunir
libremente un Cabildo Abierto para manifestar su voluntad, cargo con toda mi
fuerza al momento."
Echauri intentó una maniobra dilatoria, encargando al Cabildo la redacción de
una respuesta donde se consignaban ambigüedades. Pero cumplido el plazo de las
dos horas, Ibarra atacó y derrotó completamente a las fuerzas opresoras, cuyos
restos debieron huir como pudieron hacia Tucumán.
Al mediodía todo había terminado.
El pueblo, reunido en las calles, recibió con ovaciones al vencedor que llegó
rodeado de su guardia personal, hacia las 11:30, a lo que hoy llamamos Plaza
Libertad.
En ese mismo momento, fueron convocados los vecinos a un Cabildo Abierto, que
presidiría don Pedro Pablo Gorostiaga. Este propuso "nombrar un teniente
gobernador político y militar interino", hasta que por voluntad popular unánime
se designara un gobernador definitivo.
El historiador Vicente Sierra considera que este sería el acto soberano que
determinó, de hecho, la Autonomía santiagueña. Más adelante, vendrían las leyes.
Pero la voluntad popular ya se había manifestado muy claramente.
Para el cargo de teniente gobernador fue elegido, entonces, el comandante de
Abipones, don Juan Felipe Ibarra. Tenía, a la zazón, 33 años de edad.
Desde aquel día, hasta el de su muerte, ocurrida a los 64, el 15 de julio de
1851, iba a gobernar ininterrumpidamente nuestra sociedad.
La Pasión de Ibarra
El día que Ibarra pone en fuga a las fuerzas tucumanas era Viernes Santo.
Refiriéndose a ello, Di Lullo escribió: "mientras Jesús moría en la Cruz,
Santiago del Estero nacía como provincia autónoma".
Pero los tucumanos no se quedarían tranquilos tan fácilmente. Empeñados en
constituir la República Autónoma del Tucumán, era imposible que renunciasen a
una superficie territorial que constituía prácticamente el fragmento mayor de
todo su posible territorio.
Esta idea de la república era alentada por el gobernador Aráoz y sus seguidores
debido a la caótica situación que atravesaba la nación entera.
En efecto, los caudillos federales Artigas, López y Ramírez estaban poniendo en
jaque al autoritario gobierno central de Buenos Aires. Bajo esta circunstancia,
Córdoba procuraba también su propia Constitución independiente.
Así que los tucumanos, con una fuerte guarnición militar que los respaldaba, no
quisieron quedarse atrás.
Menos de 24 horas después de la huída de sus militares de nuestra provincia, el
gobierno de Tucumán ordenó volcar una poderosa fuerza a pocos metros de la
frontera con Santiago. Esta comenzó de inmediato e efectuar ejercicios de
combate, en una clara advertencia a las flamantes autoridades santiagueñas.
Pero Juan Felipe Ibarra y los autonomistas santiagueños tampoco iban a ceder.
Mostrando asimismo el talento político que había adquirido de su tradición
familiar, el gobernador santiagueño envió una delegación de prohombres
destacados a negociar con los tucumanos.
Mientras tanto, se preparaba la magna Asamblea Legislativa y Constituyente que,
con toda la fuerza que otorga el apoyo popular, iba a dictar, el 27 de abril de
ese mismo año, nuestra completa Autonomía Provincial.
Publicado en La Columna, revista de información semanal. Nº 755, 15 de mayo de
2008.
Los
Ibarra: una aristocrática
tradición caudillesca
Un espantoso terremoto
El 4 de julio de 1817 intensos temblores de tierra comenzaron a sacudir la
ciudad de Santiago. No se detendrían hasta el día doce -ocho días después-,
repitiéndose con intervalos de horas. Las casas más precarias cayeron, como si
fuesen de arena y las estuviese abatiendo un temporal.
Cundió el terror. El día 6, la mayor parte de la población humilde se había reunido en la plaza, frente a la Iglesia Catedral, para implorar a Dios. Sacerdotes compungidos celebraban impetratorias, intercalando sermones.
Se repetían los temblores. Más ranchos caían. De pronto se desbocó una yunta de caballos que tiraba un carro y despidiendo a su conductor comenzaron a disparar con ofuscación, derribando lo que encontraban a su paso. La histeria se generalizó. Gritos de mujeres, niños que huían despavoridos, hombres que trataban de apartar a su familia para quitarlos del furibundo paso de las bestias, que se habían convertido en una tromba mortífera.
Entonces, como una visión de un
sueño, de entre la multitud surgió un joven militar, quien poniéndose en el
centro de la calle esperó a los animales, con gesto firme. De un salto, atrapó
las riendas de ambos brutos con cada mano, y en la polvareda que siguió se vería
de pronto emerger una escena increíble: con gritos y forcejeos, había logrado
detener sus ímpetus enloquecidos.
Era Juan Felipe Ibarra. Tenía 30 años, revistaba como capitán de caballería del
Ejército Nacional. Y a partir de entonces tomó el liderazgo de aquella multitud
sin guía.
No sólo organizó en grupos la solidaridad con los damnificados, sino también
estableció pautas para afrontar la emergencia hasta que remitiera.
Poco tiempo después, iba a ser el hombre que determinase la configuración
geográfica de nuestra provincia, y la gobernara ininterrumpidamente, por más de
30 años.
Muchas personas saben que Ibarra fue nuestro caudillo más importante. La mayor
parte de ellas imaginan a un hombre rudo, voluntarioso, temerario, que llegó al
poder únicamente gracias a una mezcla de tenacidad y suerte. Lo suponen además
un emergente aislado, que, como otras individualidades exitosas, supo gestarse a
sí mismo, "de la nada".
Se equivocan.
Ibarra provenía de una de las familias más aristocráticas y tradicionales que
pisó la superficie de Santiago del Estero en toda su larga historia.
Una familia que en realidad, de un modo u otro, no había estado ausente de las
decisiones políticas de nuestra provincia en los últimos dos siglos antes de que
él gobernara.
Un hombre educado
El mismo Ibarra, de quien se ha hecho un retrato histórico distorsionado, no era
un personaje agreste.
Hijo del Oficial Mayor don Felipe Matías Ibarra, al morir este en 1789,
dejándolo bajo la protección de su madre a los dos años, su educación quedaría
en manos sacerdotales.
El padre Mariano Ibarra, hermano de su padre, se encargaría pues de guiar al
niño Juan Felipe por las sendas del conocimiento regular. Dos sacerdotes
jesuitas, Juan José y Domingo de la Paz y Figueroa, también parientes cercanos
de su familia, supervisarían dicha educación.
En la familia Ibarra había además otros dos sacerdotes: el presbítero Manuel
Antonio Ibarra y el cura párroco de Salavina, Don Basilio Ibarra. Este último
fue candidato a ocupar un escaño político, como diputado para el Congreso de
Tucumán, en 1816.
Descendiente de antiguas familias españolas, Juan Felipe Ibarra podía ostentar
sus vínculos con personajes nobles como el barón de Almonáster, Dn. Gonzalo
Martel de la Puente y Guzmán, o el Señor de la Torre de Palencia y Santiago, don
Cabrera Zuñiga de la Zerda. También revistan entre sus antepasados algunos de
los más prestigiosos conquistadores españoles, como don Juan Jacobo de Pimentel
o don Juan Ramírez de Velazco.
Más conocida es su vinculación familiar con María Antonia de Paz y Figueroa,
llamada popularmente "La Beata Antula".
La Villa de Matará
Hacia 1850 Matará no sólo constituía la Cabecera Parroquial de la que dependían
los curatos de Mailín, Guaipe, Lojlo, La Brea, La Guardia y Reducción, sino que
era también la comunidad más poblada de toda la provincia. Con más de 17.000
habitantes, superaba a la capital y todos los otros poblados de nuestro
territorio, que en conjunto apenas sumaban unas 10.000 personas.
Pero su prosperidad e importancia política no era reciente. Ya hacia 1600 Matará
es considerada la zona más rica de esta región, donde se practica todo tipo de
artesanías, sustentando además sus ingresos económicos en una ordenada
producción agrícola y ganadera.
Y ya en 1660 encontramos gobernando esa rica jurisdicción a un Ibarra: se trata
de Don Juan de Ibarra y Argañarás de Murguía, "Maestre de Campo y Señor de las
Encomiendas de Ampata, Ampatilla y Atacama".
Dos de sus descendientes inmediatos ostentarían también cargos públicos y
dignidades militares importantes. Don Simón Gerónimo de Ibarra Argañarás y
Busto, y Don Francisco Xavier de Ibarra y Bravo de Zamora, serían,
respectivamente, "Sargento Mayor de la Plaza de Santiago del Estero" y "Señor de
la Encomienda de Ansigasta".
Los Ibarra no eran los únicos hidalgos, terratenientes y propietarios de
centenares de indígenas que utilizaban para trabajar la tierra como mano de obra
prácticamente esclava. Y por lo tanto, mantener el estatus de familia rectora
constituía una permanente disputa con otros pretendientes a dicho sitial en la
sociedad de Matará, como dijimos por entonces más importante que la mismísima
capital.
Así, década tras década se suceden enfrentamientos políticos, judiciales o
incluso armados, que van forjando una experiencia histórica sin par en esta
familia.
Forcejeos por el poder
Hacia 1720 el hidalgo santiagueño Don Gerónimo de Peñaloza, Alcalde Mayor de la
Santa Hermandad de Santiago del Estero, disputa el dominio también de Matará. Se
sucede una larga puja jurídica, después de la cual Peñaloza obtendría por fin
ser confirmado por la corona de España con el título de "Encomendero de Indios
en Matará".
Pero en 1727, y luego de también trabajosas disputas, es desplazado por Don
Joseph de Aguirre, quien con el apoyo del Cabildo de Santiago del Estero y venia
de la Corona, toma para sí el puesto anteriormente ostentado por Peñaloza.
Los Ibarra se sostienen sobre la producción económica de sus tierras, saben ya
dar un paso al costado cuando resulta conveniente y esperan su oportunidad.
Esta volvería a presentarse 30 años después. Pero sería muy bien aprovechada por
la familia, como se verá.
En efecto, hacia 1765 encontramos a Don Simón Gerónimo de Ibarra y Xeres como
"Alcalde de Santiago del Estero y la Santa Hermandad", con jurisdicción asimismo
en la rica Villa de Matará. Este gobernador mantendría su puesto por veinte
años, hasta 1785.
La Independencia Nacional
Ya a principios del siglo XIX, hallamos nuevamente a un adolescente Juan Felipe
Ibarra cursando sus estudios secundarios en el Colegio de Monserrat, Córdoba.
Como se ve, su historia personal dista mucho de ser la de "un gaucho iletrado".
La oportunidad de su primera acción militar se presenta con las Invasiones
Inglesas.
Así, en 1810 revista como oficial del Cuerpo de "Patricios Santiagueños", un
batallón de 300 hombres comandado por el joven Coronel Juan Francisco Borges
-tatarabuelo de Jorge Luis-.
Entre los santiagueños que cubrieron de gloria sus primeras armas junto a Ibarra
se contarían también el capitán Pedro Pablo Gorostiaga, el teniente Gregorio
Iramaín y los oficiales Severo Ávila, Lorenzo Lugones, y Pedro José Cumulat.
Poco después del pronunciamiento patriótico de 1810, uno de los primeros lugares
de la futura Argentina de donde saldrían milicias armadas para defender la
Independencia sería Matará.
El joven Juan Felipe Ibarra, ayudado por su tío, el sacerdote católico Juan
Antonio Paz, recauda donaciones de los hacendados para formar un ejército que, a
su mando, se pondría a las órdenes del general Belgrano.
Entre 1810 y 1820 se desarrollarían en Santiago del Estero sórdidas disputas que
entre otras conllevarían la tragedia del fusilamiento de Borges.
Ibarra, si bien simpatizaba con el sector encabezado por Borges, se mantiene al
margen disciplinadamente y acata la autoridad militar. Demuestra en esto,
evidentemente, la extensa tradición de su familia en el ejercicio y consecución
del poder.
Recién con motivo de las inaceptables condiciones en que Buenos Aires pretendía
sujetar nuestra provincia a la jurisdicción de Tucumán, exhibe clara y
abiertamente sus dotes de caudillo.
Pero esta ya es otra historia, que esperamos desarrollar, Dios mediante, en
próximas entregas.
Publicado en La Columna, revista de información semanal. Nº 754, 8 de mayo de
2008
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