EL VALOR DEL EJEMPLO
A poco que nos paremos a
reflexionar por qué somos, nos comportamos y sentimos de una forma determinada
y no de otra distinta, empezaremos a darnos cuenta de la huella que nuestras
familias han dejado en nosotros: posiblemente
caeremos en la cuenta de que nuestro incombustible sentido del humor presenta un
gran parecido con el que destilan nuestros recuerdos familiares; o bien que la
tendencia que tenemos a ver “la botella medio vacía” se asemeja,
sospechosamente, a la apreciación que nuestros padres solían manifestar ante
la misma “botella”; es posible también que si nuestra relación con el
trabajo se puede resumir en los términos de “vivir para trabajar”, nuestros
recuerdos familiares a este respecto se sitúen en los mismos términos.
¿Qué
se puede decir además de los incondicionales afectos y fidelidades que muchos
de nosotros profesamos hacia una determinada formación festera? ¿No estaremos
de acuerdo, acaso, en que en el origen de esos sentimientos se encuentra la
decisiva intervención de nuestra familia, que nos indujo a identificarnos con
unos colores, a emocionarnos con los compases de una determinada música...?
alguna
pista para poder interpretar esta serie de...¿casualidades?:
Savater
dice que ...”la educación
familiar funciona, principalmente, por la vía del ejemplo; está apoyada en
gestos, humores compartidos. chantajes afectivos, hábitos del corazón,
caricias...”. También apunta que “lo que se aprende de la familia tiene una
indeleble fuerza persuasiva”. Dicho de otro modo, que aquello que aprendimos
en el seno de nuestras familias, para bien o para mal, nos acompañará a lo
largo de toda nuestra existencia.
Y llegado a este punto me planteo: ¿qué ocurriría si ejemplificáramos,
con el mismo entusiasmo y afecto a nuestros hijos e hijas, el afán por
colaborar en la limpieza de nuestro pueblo utilizando las papeleras; así como
el gusto por utilizar de forma habitual en sus relaciones con familiares,
amigos, compañeros y maestros las fórmulas de cortesía( GRACIAS, PERDÓN, POR
FAVOR, ADIÓS, BUENOS DÍAS...) que, por experiencia como adultos, sabemos que
tienden puentes a la comunicación?
Quedamos invitados a imaginar.
Mª Virtudes Gil