BREVE HISTORIA DE PIURA

CAPITULO I

 

COMIENZA EL PROBLEMA DE LA BREA Y PARIÑAS

 

 

Ø      Construcción del Edificio Duncan Fox

Ø      Se reglamentan las huelgas

Ø      Acta de Deslinde de Chulucanas

Ø      Construcción del mercado de abastos

Ø      La  Plaza Pizarro en Piura

Ø      El ingeniero Déustua y la Brea-Pariñas

Ø      Ferias dominicales en Catacaos

Ø      Leguía deportado, pasa por Paita

Ø      Sullana en 1913

Ø      Chulucanas en 1913

Ø      El Cine Edén

Ø      Diversos sucesos de 1914

Ø      La crisis económico financiera

Ø      El crimen de Ñómala

Ø      Piura con faroles

Ø      Construcción del Local del Banco Perú y Londres

Ø      Senadores y  diputados en 1915

Ø      Elecciones de 1915

Ø      El problema de la Brea y Pariñas en el Congreso

Ø      Libertad de Cultos

Ø      La IPC  moderniza la Refinería de Talara

 

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Construcción del Edificio Duncan Fox

INICIO

Cuando el capitalismo británico principió a extender su influencia en América del Sur y por lo tanto en el Perú, una de las primeras empresas que se estableció en Lima fue la Casa Duncan Fox, por esos tiempos una de las más importantes transnacionales del mundo.

 

            La Casa Duncan Fox, se instaló en Lima en 1872 y al año siguiente abrió una sucursal en Piura para dedicarse a las actividades de exportación de algodón, café, cueros de chivo y de res, tabaco cascarilla y cacao.  Posteriormente amplió sus actividades comercializando con Ecuador la exportación de tejidos y luego incursionó en la industria instalando desmotadoras y prensas en las localidades de Piura, Catacaos y Sullana.

            Los cargos gerenciales y de funcionarios siempre estuvieron reservados a los súbditos de  Su Majestad, los mismos que en buen número se afincaron definitivamente en Piura, contrajeron matrimonio, y fueron el tronco de muy conocidas familias piuranas.

 

En 1891 era Gerente el súbdito inglés Robert Sinclair Dunbar Temple, cuando se produjo uno de los Fenómenos del Niño, más devastadores que haya sufrido Piura en ese siglo y que dejó como parte de su saldo negativo, la pérdida del puente que hacía muy poco tiempo que había sido inaugurado.  El señor Temple con el agricultor piurano Miguel Checa y Checa fueron los principales gestores para la inmediata construcción de un nuevo y bonito puente que duró hasta 1998, cuando un nuevo Fenómeno del Niño lo arrastró. Temple se enrizó en Piura y contrajo matrimonio con la hacendada Micaela María Seminario Cortés, hia de don Toribio Seminario y Váscones  y de Dolores Cortés Romero. Asi miso nieta de Miguel Jerónimo Seminario y Jaime.. Temple y Micaela tuvieron  a Ana Dolores, Roberto, Alberto y Sinclair. Al quedar viudo se casó con su cuñada Concepción  en la que tuvo a Miguel María..

Robert Sinclair Temple falleció en Lina y dejó una cuantiosa fortuna en Inglaterra y en Piura,

 

            Después del terremoto de 1912, Piura quiso aprovechar la destrucción, para reconstruir la ciudad en forma más moderna y con mejores edificios.  La Duncan Fox, funcionaba en un edificio antiguo en la calle del Cuzco en donde tenía una desmotadora.  Como había logrado cimentarse en Piura, decidió construir un moderno edificio, para lo cual contrato al ingeniero francés Henry Drouard Vavasseur, que antes había sido el constructor del nuevo Colegio Salesiano, ubicado en la calle Libertad considerado en su tiempo uno de los edificios más bellos de Piura.

El Colegio Salesiano construido después del terremoto, era un edificio de dos pisos muy amplio, y allí estuvieron los alumnos hasta la década del 60 en que se construyó en Castilla el Colegio San Juan Bosco. En cuando al Ingeniero Drouard, se afincó en Piura y uno de sus hijos fue profesor del Colegio San Miguel

 

            La Casa Duncan Fox, había adquirido a costado de la Iglesia Matriz un terreno que hacía esquina con las calles Libertad y Huancavelica, frente a la plaza de armas y al Mascarón de Belén.  El terreno en mención había sido un antiguo cementerio colonial y después estuvo el local del Club Mercantil.

 

            El ingeniero Drouard utilizó adobe para las paredes y calamina para los techos resultando un muy bonito y espacioso edificio en donde la Casa Duncan funcionó hasta la década del 50 en que la firma se retiró del Perú.

            En 1960 cuando se celebró en Piura el VI Congreso  Eucarístico Nacional como Legado Papal, el arzobispo de Boston, el cardenal Richard James Cushing, compró el edificio para obsequiarlo al Obispado de Piura y Tumbes, en ese tiempo a cargo de monseñor Carlos Alberto Arce Masías.  El edificio que se conocía hasta entonces como Casa Duncan Fox, pasó a ser llamado Edificio Cushing.

              Entre 1960 y 1968, el edificio estuvo en alquiler a la Mutual Piura cuando inició su funcionamiento, después funcionó allí la Junta Nacional de Vivienda y después el Supermercado Alfredo Chunga cuando se quemó su establecimiento de la calle Arequipa.

 

            En 1968, el  Arzobispo de Piura, monseñor Erasmo Hinojosa, que era uno de los gestores de la creación de la Universidad Privada para Piura, lo regaló al Patronato que para el efecto se había creado, pero la intención de que en forma inicial funcionase en ese lugar la nueva Universidad no se llegó a cumplir, porque ésta logró edificar en muy poco tiempo un amplio edificio y más bien el Edificio Cushin8 fue vendido al Banco de Reserva del Perú, para disponer de fondos, para seguir construyendo el nuevo local universitario.

 

            En el año 2000, seguía el Banco Central de Reserva funcionando en ese edificio y había cedido en uso, parte del inmueble con frente a la plaza de armas, al Instituto Nacional de Cultura, filial Piura.

 

 

Se reglamentan las huelgas

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            A fines de 1912 y cuando se iniciaba el año 1913, se produjeron un buen número de huelgas en Lima y Callao, que parecían tener efecto contagiante y amenazaban propagarse al país entero.

 

            El elemento trabajador, reaccionaba así a injustos sistemas que habían venido existiendo en el campo laboral.

 

            El 24 de enero de 1913, el Gobierno expide el primer Decreto Supremo que regulaba ese derecho del trabajador.  Hasta el momento, las huelgas en el Perú no estaban reconocidas como un derecho laboral.  Así lo puntualizaba el Decreto, al mismo tiempo se buscaba evitar las nocivas paralizaciones de las actividades comerciales e industriales.

 

            Se disponía que en  caso de conflicto, los trabajadores debían nombrar mediante voto secreto a tres trabajadores para que los representasen ante el patrono.  Con ellos se discutirían las demandas y en caso de no lograrse ningún avance las paralizaciones sólo podrían acordarse por mayoría de votos secretos con la concurrencia no menor de las tres cuartas partes de los trabajadores en servicio activo.  Cada cuatro días, debía de confirmarse la votación.  Se prohibían las marchas laborales no autorizadas.  Los que se declarasen en huelga sin cumplir las normas del decreto serían considerados como delincuentes comunes.

 

            El Decreto sólo se refería a los trabajadores obreros.

 

 

Acta de Deslinde de Chulucanas

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            El censo de 1876 consideraba el distrito de Yapatera, que tenía como Capital a la Aldea de Chulucanas con 1 336 habitantes, rodeada por las haciendas de Yapatera, Chapica, San Martín, Trampa-Solubre, Huápalas, Sancor, Monte de los Padres, Ñómala, Sol-Sol y Campanas.

 

            Hasta ese momento Chulucanas había experimentado un rápido crecimiento poblacional el mismo que se fue intensificando a fines del siglo, con el aporte de los trabajadores de las haciendas circundantes, de donde nació la necesidad de darle categoría de pueblo.  Es así como el 16 de enero de 1913 se reúnen los pobladores y con los hacendados firman un Acta de Deslinde, de acuerdo a lo cual se conforma el Centro Poblado de Chulucanas con un área de 49 cuadras cuadradas.

 

 

Construcción del mercado de abastos

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            Piura colonial y republicana no había tenido un verdadero mercado de abastos.  Cuando los españoles fundaban ciudades y hacían el trazo de las calles ubicaban a la plaza mayor y en torno a ella a la iglesia, el cabildo, la cárcel y el hospital.

 

Todo esto se cumplió en forma muy rigurosa en Piura y tras de repartir solares entre los vecinos principales, no se designó mercado de abastos, por esto, primero los servicios de venta de comestibles se dieron en la plaza mayor hasta 1870, luego en plaza San Sebastián donde duró poco, pues los fieles se quejaron alcalde don Fernando Reusche, que era irreverente que cerca al templo, las placeras a gritos profiriesen palabras subidas de tono y soeces.  Entonces se le trasladó a un lugar llamado “El algarrobal”  por existir allí un bosquecillo de algarrobos.

 

            La mayor parte de los víveres se expendían en el suelo, pues eran pocas las mesas. Para la venta de carne se utilizaban mesas de algarrobo o también horcones con vigas transversales de donde colgaban las carnes en ganchos.  Había por lo tanto una antihigiene tremenda y como los residuos se echaban sobre el piso de arena, había un gran mosquerío.

 

            En 1910, el prefecto Juan Ignacio Seminario, se puso en acuerdo con el prefecto Manuel Helguero, para contemplar el proyecto del regidor Hugo Sommerkap, para construir un mercado con todas las reglas que la  higiene y la técnica de la época demandaban.

 

            Con recursos de la Municipalidad de Piura y de la Junta Departamental, se dio inicio a la obra cuyo diseño arquitectónico y ejecución de la obra estuvo a cargo del ingeniero Julio Ginocchio, paiteño con estudios en Italia.

 

            El lugar escogido, fue un pampón existente entre el río y un pampón llamado parque Pizarro, nombre que seguramente le caía muy ancho, a una cuadra de la plaza mayor.  El edificio tuvo en su fachada un bello diseño Toscano y se le colocó una torre con el reloj que había estado en la municipalidad y se arregló.

 

            Recién el 4 de agosto de 1913 fue inaugurado el local que disponía de mesas para el expendio de los víveres, se le clasificó y sectorizó, se le dotó de agua y desagüe y se le asignaron celadores.

 

            En los años que siguieron, el mercado de abastos sufrió modificaciones, se puso vereda perimétrica al parque Pizarro y hasta en 1932, se construyó frente al mercado el parque infantil “Sánchez Cerro” que con el tiempo desapareció.

 

            El local del mercado resultó con el tiempo estrecho y anticuado, frente a la población que enormemente había aumentado en Piura y a la mayores necesidades en cuanto a la demanda, por lo cual en 1956 el alcalde Guillermo Artaza planteó la necesidad de construir un nuevo mercado, idea que empezó  a convertir en realidad en 1958  con el alcalde Antonio Leigh Rodríguez.  El nuevo mercado se ubicó  al oeste de la ciudad a un costado de la avenida Sánchez Cerro.

 

La  Plaza Pizarro en Piura

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            En 1913 se había terminado de construir el mercado de abastos y al frente había una pampa a la que se le llamaba Parque Pizarro porque estaba destinado a tal fin... pero tuvieron que pasar varios años para que tal objetivo se cumpliera.

 

            Por fin, el año 1923 cuando era alcalde de Piura don Eduardo Reusche Castro, se decidió a ampliar la plaza del mercado e iniciar la  construcción del parque Pizarro, con una vereda perimétrica, en la que  colocaron bancas de madera y se plantaron árboles.  Ya cuando menos había tomado la forma de un parque aunque modesto. Eso contribuyó para que la colonia española residente  en  Piura, que estaba constituida por empresarios adinerados, decidiera hacer fundir en España una estatua de fierro de cuerpo entero del Conquistador del Perú y fundador de San Miguel de Tangarará, don Francisco Pizarro.

 

            El 12 de octubre de 1925, fecha en que se conmemoraba el Día de la Raza, fue la inauguración del monumento, cuando era alcalde don Nicolás González.  A las 10 de la mañana como narra el escritor Juan Alvarado Cuyes, se celebró una Misa de Campaña al pie del monumento, que fue oficiada por el sacerdote español y profesor del San Miguel, José Santos García que era también presidente de la Colonia Española y al que tocó hacer entrega oficial del monumento.  Hicieron uso de la palabra el alcalde, y el prefecto coronel Enrique Ruiz Buenaño en representación del presidente Leguía y por su hija, concurrió la señora Matilde S. Seminario.  También estuvieron presentes el coronel Carlos Lluncor y el presidente del Tribunal Correccional doctor Manuel Escudero.  En representación del Rey de España concurrió el vice cónsul de España en Paita, Ricardo Artadi que apadrinó la ceremonia y la dama española Ananiana Santolaya de Romero, cuyo  esposo había contribuido en forma muy generosa para construir la estatua.    

 

            A partir de 1925, el Parque Pizarro fue objeto  de muchas mejoras, sobre todo las que realizó en 1964 el alcalde Oscar Boluarte, que lo remodeló totalmente y convirtió en un atractivo paseo público.

 

            En 1992 se cumplía el 450º aniversario de la fundación de San Miguel por Pizarro y era alcalde el ingeniero Francisco Hilbick, que lo amplió, lo volvió a remodelar, le colocó tres astas y le cambió el nombre por el de “Parque de las tres culturas”.  Sin embargo lo piuranos siguen llamando Parque Pizarro, el que mientras estuvo el mercado fue una especie de paradita en donde se ubicaron comerciantes ambulantes y luego cuando se construyó el edificio de la Corte Superior, es como un sitio de espera de los litigantes y como oficina al aire libre de personas que con sus máquinas de escribir, elaboraban diversos escritos para los trámites judiciales. y donde ambulantes venden libros de leyes.

 

El ingeniero Déustua y la Brea-Pariñas

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            Como ya lo hemos dicho antes, en 1888 era don Genaro Helguero, propietario de los extensos campos petrolíferos de la Brea y Pariñas.  Don Genaro había logrado esa propiedad, por diversas acciones legales con sus parientes, que a su vez habían tenido esos derechos por cesión que les hiciera su anterior propietaria doña  Josefa Lama Farfán de los Godos.

 

            Helguero vendió los campos de la Brea y Pariñas al ciudadano inglés Hebert Twedle por 18 000 libras esterlinas.

 

            En 1889 Tweddle, organizó en Londres una empresa titulada “London Pacific Petroleum y Co.” con un capital de 250 000 libras esterlinas de las que tomó para sí, acciones por 200 000 libras esterlinas que garantizaba con los yacimientos y dejaba para colocar entre el público L.E. 50 000 que era lo que requería como capital de trabajo.  Tweddle conservaba la propiedad de los yacimientos.  Es decir que Tweddle hizo un fantástico negocio, multiplicando su capital 14 veces en sólo un año.

 

            William Keswick, es el otro socio de la London Pacific Petroleum y  Co. y entre ambos se resuelve el arrendamiento de la Brea y Pariñas, por 99 años a la antes citada empresa.   El contrato suscrito el 24 de enero de 1890 estipulaba que la empresa explotadora, asumiría el pago de todos los impuestos creados y por crearse.

 

            Antes de terminar el año 1890, Tweddle vende todos sus derechos de propiedad sobre la Brea y Pariñas a Keswick.  De esa forma la London Pacific Petroleum Co. queda como empresa explotadora y Keswick  como propietario de los yacimientos.  Por su parte Tweddle había redondeado el negocio.

 

            Durante 20 años la firma inglesa vivió explotando en forma creciente nuestra riqueza petrolífera sin nada ni nadie los molestase.

            Sin embargo, en 1905 el Ministerio de Fomento había nombrado una Comisión para estudiase los yacimientos petrolíferos de las  provincias de Tumbes, Paita y Piura.

 

            Miembro de esa Comisión era el ingeniero de minas Ricardo Déustua, hijo del filósofo Alejandro Déustua, de sólo 23   años de edad y que recién se había titulado en 1904.

 

            Como resultado de esa gran experiencia de trabajo, el ingeniero Déustua logró un amplio conocimiento sobre los asuntos del petróleo y a lo largo de su vida profesional publicó numerosos libros sobre el asunto.

 

            En 1911, Déustua es invitado por la Sociedad Geográfica de Lima para una conferencia haciendo revelaciones de que la empresa explotadora del petróleo estaba pagando solamente una ínfima tributación, porque las unidades de medida llamadas “pertenencias” eran grandemente superiores a las que se consignaban oficialmente en los Padrones de Minería.

 

            La conferencia de Déustua y su accionar dentro del Ministerio de Fomento en donde trabajaba, dio origen a que en el mismo año se diera una Resolución Suprema el 31  de marzo de 1911, disponiendo que los campos de la Brea y Pariñas fueran  remesurados.

 

            Ese Decreto dado por el presidente Leguía, disponía determinar en el término de 90 días las pertenencias contenidas en la propiedad de la mina La Brea, siendo los gastos por cuenta del propietario.

 

            El mapa sobre concesiones petrolíferas que en 1912 se hizo público, causó sensación.

 

            William Keswick decidió designar como representante para sus asuntos en el Perú a la firma inglesa Duncan Fox, que tenía una sucursal en la ciudad de Piura.

 

            La Duncan Fox, presentó un recurso de oposición, manifestando que en 1888 el gobierno peruano había emitido una Resolución Suprema aprobando en forma definitiva e irrevocable la extensión de los yacimientos de La Brea.

 

            Visto el reclamo en las instancias administrativas del Ministerio de Fomento, el pronunciamiento fue en contra de los reclamantes.   En el Poder Judicial sucedió otro tanto con el Fiscal de la Nación, doctor José Antonio de Lavalle y Pardo.  Su dictamen de fecha 3 de julio de 1912 rebatía ampliamente los alegatos de la Duncan Fox.

 

            El 13 de abril de 1913 presenta la empresa un recurso de apelación, el que va directamente a las instancias superiores del Gobierno el que fue finalmente visto por la misma Junta de Gobierno que presidía el coronel Oscar R. Benavides, la que con Resolución Suprema del 25 de abril de 1914 desechó el reclamo de la Duncan Fox y ordenó se llevara a cabo la nueva medición, y se nombraba a los ingenieros Héctor Boza y Alberto Jochamovitz para llevarla a cabo.

 

            El ingeniero Boza era un joven y competente profesional que más tarde llegaría a ser ministro y presidente de la Cámara de Senadores.   Por su parte Jochamovitz tenía 32 años, se había titulado como ingeniero de minas en 1902, como también amaba el arte, entre 1900 y 1912 estudió en la Escuela de Bellas Artes de París y apenas hubo llegado al Perú fue encomendado para hacer la  nueva medición de los asientos petroleros.  Más tarde llegaría a ministro de Fomento  y triunfaría como pintor en Francia.

 

            Los dos ingenieros se trasladaron al departamento de Piura para cumplir con la misión y desde el principio, la empresa los hostilizó y ordenó que nadie en la zona los asistiera ni socorriese en forma tal que en medio del desierto y bajo el ardiente sol, hasta tenían que llevar consigo el agua para beber, los alimentos y los medicamentos.

 

            Sobre la base de 40 000 m2  por cada pertenencia, encontraron que había 41 614 (cuarenta y un mil seiscientos catorce) que cubrían 1 664,5 km2 y sólo habían estado pagando por ¡¡diez pertenencias!!

 

            Los empresarios no se quedaron quietos.  Ahora ya no era la Duncan Fox los que los representaban sino otra firma inglesa, la Milne y Co. que también tenía sucursal en la ciudad de Piura.

 

            La Milne reclamó contra el mismo Decreto Supremo, dado por la Junta de Gobierno el 25  de abril de 1914.  Alegaban que el primer dueño de la mina había sido el señor Antonio Quintana por compra en 1826, que se encontraba fuera del régimen legal de la minería y por lo tanto ¡¡exento de toda contribución!!

 

            Keswick había muerto en 1914 y fueron sus herederos los que llevaron adelante el reclamo.

 

            Lo que la empresa petrolera debía de pagar anualmente por canon de superficie era 1 248 420 soles y lo que había estado cancelando era solamente 300 soles.

 

            Es de imaginar el escándalo que se armó.  Mucho se habló de los que desde el siglo pasado habían propiciado esa situación.

 

            El 15 de marzo de 1915 con Resolución Suprema se aprueba la remesura hecha por 41 614 pertenencias regulares y se dispone el cobro del impuesto.

 

            Los herederos de Keswick ante la situación que se les venía encima, apelaron a su gobierno, por entonces todopoderoso.  El ministro que Su Majestad la Reina de Inglaterra, tenía en Lima como diplomático era Ernest A. Rennie, presentó reclamación amparando a su súbdito.  Esto fue el 24 de abril de 1915.

 

            Pero la London Pacific Petroleum y Co. había transferido en 1914 sus derechos de arrendamiento a la International Petroleum Co.  que era subsidiaria de la Standard Oil Co. la más importante empresa petrolera del mundo, integrada por capitales norteamericanos, pero que tenía su sede en la ciudad canadiense de Montreal, porque en los Estados Unidos se lo impedía la ley antitrust.  Así y todo, también el Embajador de EE.UU. presentó reclamo amparando a la IPC:

 

            Ese modo se inicia de lleno a ese ingrato y oscuro proceso que se llamó litigio de la Brea y Pariñas.

 

            Con todo, el presidente provisorio coronel Benavides, el 18 de agosto de 1915 emite una Resolución Suprema oficializando la remesura de 41 614 pertenencias.

 

Ferias dominicales en Catacaos

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            Desde tiempo inmemorial, se hacían ferias dominicales en la calle principal de Catacaos, llamada El Comercio. 

Se ocupaban las veredas de cuatro cuadras y llegaban gentes del Bajo Piura, para exponer su mercadería, como bisutería, collares, peines, aretes, pulseras, cadenas de oro y de plata primorosamente trabajadas en filigrana, pero sobre todo sombreros de paja de muy diversa calidad.  También se vendía la llamada paja toquilla en haces.

Había sombreros a bajo precio, alones que servían a los campesinos para protegerse del sol y de la lluvia y otros muy finos del alto precio que compraban preferentemente los turistas y que se habían hecho mundialmente famosos bajo el nombre de Panamá Hats, por que salían a Europa por el Canal de Panamá.

  La calle El Comercio se atestaba de gente que iba a comprar y vender o simplemente a curiosear.  Los establecimientos comerciales ubicados en esa calle o en la plaza principal abrían sus puertas el domingo.  Estaba la tienda   de los Hermanos Mendoza en la esquina del parque, los que en sus puertas exhibían camisas y pantalones para los campesinos.  También estaban los de Medardo Calle, Rómulo Franco, Aurora Talledo, Francisco Mendoza, botica de la Beneficencia, la casa de Correos, tiendas de Rafael Fiol, Miguel Feijoo, de Alcas, de Luis Felipe Castro, de Juan Seminario, botica de Noé Ramírez, prensa Romero, Casa Martínez, Miguel Silva, Juan Ubillús y la tienda y casa de préstamos Céspedes.

 

            Frente a la plaza estaba la municipalidad y a un costado el Casino de Catacaos y a otro lado el Cine Catacaos.  La iglesia aún con las torres destruidas ocupaba todo el frente norte.  Por el otro frente el pozo y el tanque de agua y el restaurante de Girón Ramírez.  Por otros lugares había tiendas importantes como la de Luis Guzmán, Juan León, de la familia Zapata y otros.   También las prensas Cabredo, la Duncan Fox y Compañía Irrigadora.

 

            La misa de los domingos era muy concurrida tanto por personas conocidas como por los indígenas.  La oficiaba el padre Sabogal y con frecuencia hacía el acompañamiento con flauta el joven Juan Requena.  Al salir de la misa muchos se quedaban en el parque.  Eran frecuentes las señoritas Padrós, Feijoo, Ubillús, Ramírez, Requena, Talledo, Meneses, Zapata, etc.  También estaban allí los hermanos Carlos, Emilio, Rafael y Augusto Feijó, Juan y Artemio Requena, Manuel y Alipio Ramírez, Medardo y José María Calle, Juan y Leopoldo Talledo, los Martínez, los Mendoza, los Meneses y también muchos piuranos, los que después de la 1 de la tarde se iban a las picanterías y los piuranos regresaban a la 5 pm en el lento ferrocarril.

 

  Leguía deportado, pasa por Paita

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            En 1913 gobernaba al Perú, don Guillermo Billinghurst, que sucedía a don Augusto Leguía.  Como prefecto en Lima, se encontraba el ex –montonero chiclayano Orestes Ferro, que dos años antes había estado incursionando con una guerrilla en el departamento de Piura.

 

            La situación política era de mucha tensión.  Turbas descontroladas asaltaron el 13 de julio de 1913 el domicilio del presidente del Senado que era contrario a Billinghurst, y luego hicieron lo mismo con la residencia del ex –presidente Leguía, en momentos en que se encontraba con varios de sus hijos, los que se defendieron a balazos.

 

            Se produjo entonces un hecho insólito, Leguía fue detenido por el prefecto Orestes Ferro y llevado al Panóptico.  La versión oficial que dio el Gobierno de los hechos fue que por las calles circulaba una manifestación pacífica de apoyo al Gobierno, que al pasar frente a la casa de Leguía fue atacada a tiros.

 

            Se decretó la deportación de Leguía, aunque se dijo que él había optado voluntariamente por salir al exterior.  En el pequeño vapor “Penguín” de la Peruvian Corporation fue enviado a Panamá, el que hizo escala en Paita.

 

En Piura  el leguiismo era fuerte, y una comisión muy nutrida tomó el tren a Paita y saludó al desterrado a bordo.  La comisión era presidida por José Vicente Rázuri, el cual poco más tarde sufrió arresto.  Era prefecto por entonces don Jorge Robinson.

 

Sullana en 1913

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            Desde 1912 Sullana como provincia tenía su primer alcalde elegido por votación popular. Fue don Jorge Eduardo Leigh Cortés.

 

            Don Eduardo era un hombre muy dinámico, habiéndole correspondido iniciar la reconstrucción de la ciudad asolada por el sismo de 1912.

 

            Prosigue la construcción del mercado de abastos frente al parque principal, y proyecta la construcción del camal en el sitio llamado “Alto de la Paloma”.

 

            El municipio dio apoyo para que el regimiento de zapatadores acantonado en Sullana construyera un puente de madera para el pase de peatones.  El 30 de noviembre de 1913  se inauguró solemnemente el puente, que fue arrastrado el año 1932 por una intensa creciente del río Chira.

 

            Empieza a funcionar la primera compañía de bomberos que tuvo Sullana, la que con el apoyo de la municipalidad, fue dotada de un pequeño equipo de bombas.

 

            El concejal Salomón Maldonado, propone un empréstito de 22 000 soles para terminar el mercado y empezar el camal.  Las obras de éste último se inician en 1914.

 

            También en 1913 aparecen casos de peste bubónica en Sullana, que es eficazmente combatida por el médico titular doctor Juan V. Requejo.

 

Chulucanas en 1913

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            En las primeras décadas del siglo XIX, las tierras de la extensa hacienda Yapatera, habían pertenecido a los Távara.  Primero a don Santiago Távara, que fue un eminente hombre público y más tarde don Francisco, ofrecieron obsequiar tierras de la hacienda Yapatera al pueblo que ya tenía unos 3 000 habitantes, y luego pasaron a ser  propiedad de don Vicente Eguiguren Riofrío, natural de Loja, casado con la acaudalada piurana Antonia Escudero Valdivieso, y tronco de notables familias piuranas.  Este llegó a hacer la oferta por escrito al cura del lugar José Mercedes Espinosa.  El 18 de noviembre de 1919, el Congreso de Huancayo dio una ley por la cual se facultaba a los moradores de Sullana, a comprar al hacendado José Lama las tierras donde tenían sus viviendas.  Eso creó un precedente, pero don Francisco Távara se enemistó con el cura y todo se paralizó.

 

            En 1870 tras insistentes gestiones del vecindario se dio el 24 de diciembre una Ley que disponía que Chulucanas, Yapatera, Suyo, Querecotillo y Tambogrande, quedaban bajo los efectos de la Ley del 18 de noviembre de 1839 de Huancayo que favorecía a los pobladores de Sullana.

 

            Edmundo Arámbulo Palacios, escritor chulucanense en Diccionario de Piuranismos dice que Yapatera es en la actualidad un caserío a 5 kilómetros de Chulucanas y que todas las denominaciones que se hicieron antiguamente de Yapatera, corresponden al actual distrito de Chulucanas, y la denominación que ahora se da a Yapatera, corresponde al caserío en donde antes estuvo la hacienda del mismo nombre.

 

            En 1873 el ingeniero Vicente Eguiguren Escudero, hacendado del Medio Piura, donó al pueblo de Chulucanas 49 cuadras en donde los vecinos de ese lugar habían levantado viviendas.  La “cuadra” es una unidad agraria usada en Piura, que equivale a un cuadrado de 100 varas por lado.  En 1889 don Víctor Eguiguren  y don Baltasar León Seminario, que eran los nuevos dueños regalaron 9 cuadras más porque la población había crecido.

 

            Todas las haciendas del Alto Piura, donde estaban Chulucanas y Morropón, pertenecieron a conocidas familias piuranas.

 

            El censo de 1876 daba a la aldea de  Chulucanas,  capital del distrito  de   Yapatera 1 336 habitantes y al pueblo de Yapatera 1 017 habitantes.

 

            En las última década del siglo XIX y las primeras del siglo XX, el Alto Piura, fue lugar en donde sentaron sus reales el bandolerismo rural y las montoneras, como con tanta minuciosidad lo relata  en “Caballeros del delito” el escritor Enrique López  Albújar tan vinculado a esas tierras.

 

            Dice la escritora doña Elena Orozco de Rubio, que desde 1884, Chulucanas tenía ya el rango de distrito y que recién en 1905 inauguraba su parque principal, cercándolo con estacas.  En 1907 el pueblo se alumbraba con 48 faroles de kerosene hasta el año 1924 en que la firma Eguiguren lo dota de alumbrado eléctrico.

 

            El terremoto de 1912 causó en Chulucanas y también en Morropón grandes daños materiales, pero no se reportaron víctimas fatales.

 

            En 1913, los hacendados de Yapatera, Alejandro y Luis León Manzanares, hicieron según doña Elena, la última donación a Chulucanas, tras haber elaborado un plano de la población.  En ese año, por disposición de la Municipalidad de Piura, se cambiaron los antiguos nombres de calles por el de departamentos o ciudades y fue así como la calle Nevado pasó a llamarse Arequipa, la calle Tomás Cherre se llamó  Ica, la José Baca tomó el nombre de Lima y la calle Yungano tomó el nombre de Libertad.

 

El Cine Edén

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            En 1914 don Edmundo Seminario Aramburú  construyó el llamado Cine Edén frente a la plaza de armas, habiendo utilizado para la iluminación del local y el funcionamiento del proyector un pequeño grupo electrógeno.  Eran los tiempos del cine mudo y para animarlos entre actos, así como para hacer música de fondo se instaló un piano y se contrató al pianista Artemio Vera.  Por esa época, el cine se estaba recién desarrollando y los movimientos de los personajes eran muy bruscos.  En la parte inferior del ecran aparecían los parlamentos que siempre eran muy breves.  El Edén subsistió hasta la década del cuarenta.  Ya antes habían aparecido los cines Fénix y Variedades. En 1911 había funcionado un pequeño proyector en un local de la plaza Merino. Luego aparecería otro cine Variedades.

El cine Edén era pequeño pero  confortable y contaba con una platea baja con butacas para 300 personas y una galería alta..

 

 

Diversos sucesos de 1914

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·              En ese año se produjo un incidente entre la Corte de Piura que presidía el doctor Leoncio Elías y el prefecto don Jorge García  Irigoyen, cuando éste pretendió dictar normas a la Corte Superior.  Las opiniones estuvieron divididas en Piura, pero en su mayoría apoyaban a los magistrados contra lo que llamaban un abuso de la primera autoridad.  Destacó en la defensa de los fueros de la Corte Superior, el periódico “El Deber” de tendencia liberal cuyo propietario era el prominente hombre público Ricardo César Espinosa.

 

·              El 18 de julio, se produjo un voraz incendio en el pequeño pueblo de Colán, al que prácticamente arrasó.  Las construcciones de carrizo, el fuerte viento y la falta de medios para combatir el fuego, determinaron la catástrofe.  Se produjo un movimiento general de solidaridad para acudir en socorro de los damnificados, los que fueron transitoriamente alojados en carpas, pues hacía un intenso frío.

 

·              En 1914 se acantona en Sullana, el Escuadrón del Regimiento de Caballería Nº 5 y se alojan en un caserón frente a la plaza principal, en donde años más tarde fuera la comisaría y luego un teatro popular, después un coliseo y por fin un moderno edificio de la Caja Municipal de Sullana.  Jefe del RC 5e era el teniente coronel Carlos Flores.

 

·              En el mismo año, comienza a funcionar en Piura, la curtiembre “Casa América” a cargo de don Sixto Castro, que estuvo produciendo cueros y suelas hasta 1930 en que quedó clausurada.  En 1940 reanuda la producción por algunos años.

 

·              Jorge Moscol Urbina, en “100 años Conquistando el Desierto”, expresa que al declararse la Guerra Mundial, era Presidente de la Cámara de Comercio de Piura el ciudadano alemán Carlos Schaefer Sohm, el que creyó prudente entregar el cargo a don Juan Palma.  También informa que  Emilio  Hilbick cerró su negocio.

 

·              En 1914 el Banco del Perú y Londres, construye un bello edificio de una sola planta en la esquina de la avenida Grau con Arequipa.

 

 

La crisis económico financiera

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En Decreto dado por el presidente Nicolás de Piérola el 10 de enero de 1898 se estableció como unidad monetaria del Perú, la Libra Peruana de Oro, con el mismo peso y ley que la Libra Esterlina  de Inglaterra que también circulaba en nuestro país.

 

            La Guerra Mundial, creó en el Perú un verdadero pánico financiero y agravó la crisis económica, efectos  que se sintieron           muy intensamente en el departamento de Piura.

 

            Desde años anteriores, se había venido presentando una notoria carestía de artículos de primera necesidad, tan es así, que Billinghurst, basó su campaña política y triunfó en base a la oferta de dar pan grande y barato.  En la mente popular se recordaba que en un nutrido mitin desarrollado en Lima se exhibió un gigantesco cartel en donde aparecía un descomunal  pan  que al precio de 5 centavos ofrecía Billinghurst, mientras al lado se ponía otro pan pequeñito al precio de dos reales (20 centavos), como oferta del opositor político.  Por eso, a Billinghurst se le puso el apodo de “Pan Grande”.  La promesa no pudo ser cumplida.

 

            El comercio con el exterior, bajó en forma brusca, porque era con Inglaterra con quien lo hacíamos en gran volumen y en segundo término con Alemania.  Bajó la exportación de muchas materias primas y también su cotización por la poca demanda.  Esto trajo la consiguiente merma en las exportaciones, lo que resintió grandemente el comercio y la vida misma nacional, pues por ese entonces el Perú casi nada producía, dependiendo en gran forma del extranjero.  Todo lo que una familia podía necesitar,  desde vestidos, muebles, vajilla y útiles de toda clase, llegaban de afuera, sobre todo del extranjero. En el Perú casi no se fabricaba nada. De la noche a la mañana, los precios de esos artículos subieron grandemente con relación a las existencias que tenían los comerciantes.  Los ahorristas y correntistas de los bancos y sobre todo del Banco Alemán Trasatlántico, acudieron en masa a retirar sus depósitos en monedas,  generando un pánico contagiante tal como se repitió también en 1990-1991 que hizo quebrar a las Mutuales y a muchas Cooperativas de Ahorro y Crédito.  El gobierno tuvo entonces que decretar una moratoria bancaria el 6 de agosto de 1914, por un plazo de 30 días, de acuerdo a lo cual no se podían hacer retiros y los Bancos  suspendían los pagos por las letras o acreencias vencidas.  Más tarde los plazos se ampliaron.

 

            Uno de los mayores  accionistas  del Banco Alemán Trasatlántico, era don Federico Hilbick que vivía en Piura.

 

            Por esa época circulaban al sol de plata de 9 decimos y las Libras Peruanas de Oro.  La gente entonces ocultó las monedas de oro porque eso les daba mayor garantía y sólo circularon las de plata y las de cobre.  Eso contrajo las transacciones comerciales.

 

            El Fisco que en gran parte dependía de los ingresos aduaneros, vio mermado sus ingresos y falto de efectivo, principió a pagar a los empleados públicos con atraso.  Luego se vio obligado a imponer una drástica austeridad fiscal, lo cual también repercutió en la economía nacional.

 

            Ante la escasez de moneda de oro, y la casi paralización de la actividad bancaria , el Gobierno decidió una medida extrema:  la implantación de los cheques circulares o billetes, emitidos y respaldados por el Estado, con una garantía en oro del 100 por cien.

 

            El 22 de agosto de 1914 se autorizó la emisión de cheques circulares al portador, a los bancos, con los valores de una, cinco y diez libras peruanas, esto se dio con Ley Nº 1968 y el 15 de setiembre se daba la Ley 1975 establecía que el 35% garantía que debían ofrecer los bancos, no sólo se haría en base a los activos de esos bancos, y sobre créditos hipotecarios a favor de los bancos, sino también se podía considerar el oro metálico que tuvieran los bancos

En realidad no solo los bancos emitían cheques sino también ciertas empresas y haciendas, como la de Casa Grande en Trujillo.

 

            Los cheques tenían el mismo poder cancelatorio que las anteriores Libras Peruanas de oro.  La emisión total, no podría pasar de Libras 1 100 000 de los cuales 100 000 libras serían dados en préstamo al Gobierno.

 

            El 10 de agosto de 1914, se había dado la ley 1967 que autorizaba al Poder Ejecutivo a dictar las medidas extremas que considerase indispensables, para impedir el alza indebida de los artículos de primera necesidad o su acaparamiento injustificado.

 

            La  Ley 1968 hacía conocer que los billetes circularían sólo hasta seis meses después que terminara la guerra mundial. También autorizaba  al Poder Ejecutivo acuñar moneda de plata de diversos tipos, hasta un monto  total de dos millones de soles.

 

            No obstante la desconfianza del público ante los billetes, no le quedó más remedio que aceptarlos porque era lo único que estaba en circulación, pues las monedas de plata no eran suficientes y a su vez principiaron a ser ocultadas.

 

            El 1º de octubre de 1914 el Congreso dio la ley 1982 por la cual se autorizaba a los Bancos a emitir otro 1 100 000 libras, de las que 400 000 irían a parar  al Gobierno como préstamo, que estaba falto de efectivo.

 

            Para remediar la falta de moneda fiduciaria, se autorizó por el Estado, la acuñación de monedas de cobre de un centavo por un total de 2 500 000 unidades.  En diciembre se autorizó una nueva acuñación de monedas de plata hasta por un monto de cuatro millones de soles.

 

            Se prohibió la exportación de moneda de oro.  Esto contribuyó a desmejorar más el comercio externo, porque como cabe suponer ningún país, aceptaba los billetes y las monedas de plata tenían muy bajo poder cancelatorio.  Hay que hacer notar que desde 1913 la Balanza Comercial en el Perú estaba en déficit.

 

            Moscol Urbina (Jemu), dice en “100 años Conquistando el Desierto” que en Piura habían estado circulando las Libras Peruanas y los quintos, pero que estos eran acaparados por los joyeros de Catacaos para hacer aretes y pulseras.  Los bancos piuranos cerraron por tres días y agrega que en Piura las casas alemanas cerraron sus puertas.  El retiro de don Carlos Schaefer de la presencia de la  Cámara de Comercio de Piura, en momentos en que se le hubiera necesitado, dejó un tremendo vacío.   La Cámara trató de crear un clima de confianza con respecto a los billetes.

 

 

El crimen de Ñómala

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            Cuando Piura celebraba la fiesta de Navidad en 1914, año que para el mundo entero era trágico por cuanto la Guerra desplegaba todo su furor en Europa y afectaba a todo el orbe, en el Alto Piura se cometía un alevoso crimen que conmovió a la opinión pública piurana.

 

            En el Alto Piura, se encontraban en estado florecientes las haciendas de Ñómala, Pedregal y otros que eran propiedad de don Juan Hilarión Helguero, hombre opulento, generoso y filántropo, que había permanecido soltero y la falta de hijos la suplió, adoptando a una niña a la que lo unía cierto parentesco.

 

            Con el correr de los años, la niña se casó con un joven honrado y trabajador llamado Alberto Cabrera, a la que Helguero protegió dándole en administración la Hacienda Ñómala.

 

            Como cabía suponer, la inmensa fortuna de Helguero, pasaría a la muerte de éste a su hija adoptiva.  Esto, al decir de muchos fue como su condena a muerte.

 

            Don Juan Hilarión falleció en febrero de 1914, cuando su hija adoptiva iniciaba su embarazo.  Se principiaron los trámites relacionados con la herencia.

 

            El día 24 por la noche, se encontraba en Ñómala el administrador Alberto Cabrera, su esposa y un hermano de Cabrera.

 

            Cuando el grupo familiar se encontraba celebrando la Navidad, penetraron en forma sorpresiva un numeroso grupo de enmascarados y asesinaron a los tres personajes.

 

            Las investigaciones logró establecer que el grupo asesino era de 28 individuos, pero no se llegó a precisar en forma fehaciente la causa del crimen.  López Albújar en la sección “Palos al Viento” del periódico en donde escribía se ocupó mucho de este trágico suceso.

 

            Demás está decir que la conmovida Piura, tuvo para rato como tema de conversación, comentario y suposición, todo lo relacionado a estos luctuosos hechos.  La fecha de ejecución, la ferocidad en la ejecución, la notoriedad de las víctimas y las implicancias, crearon un clima muy especial en el ambiente piurano.  Todos se preguntaban ¿a quién beneficia el crimen?.   Las respuestas que se daban eran variadas y algunas francamente absurdas.  En lo que sí estaban todos de acuerdo, fue que los sicarios actuaban por encargo.  Hasta se llegaron a señalar y mencionar algunos nombres de los que actuaron como capitanes, sobre los que no cayó ninguna sanción, y años más tarde aparecían como honrados y conocidos personajes.  También se dijo, que el móvil tenía que estar necesariamente en torno a la herencia.

 

Piura con faroles

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            En 1914, la ciudad del Cuzco inauguraba su servicio público de alumbrado eléctrico.

 

En el mismo año la municipalidad de Piura, sacaba a remate el alumbrado público con faroles y no obstante que se hicieron dos concursos no se presentaron postores por lo cual se nombró farolero municipal a don Ernesto Coronel.

            Su obligación era la de  dar mantenimiento a 200 faroles distribuidos en toda la ciudad.  El alumbrado se daba con lámparas de kerosene.  Las marcas del combustible también se daban para asegurar la buena iluminación.  Las lámparas debían ser prendidas  al anochecer y apagadas al amanecer.  Los días de luna no se daba servicio.  Para poder cumplir con su contrato, Coronel se veía obligado a tener dos o tres faroleros que con una escalera y un tarro con kerosene, se dedicaban a la tarea de prender faroles entre las 6 p.m. a 7 p.m. y luego apagarlos a partir de la 5 a.m.   En la plaza principal había hasta 30 faroles.  El mismo sistema de alumbrado tenía Paita, Sullana, Catacaos, Chulucanas, Ayabaca y Huancabamba. En la plaza Grau solo se pusieron dos faroles.

Recién en 1919 gozaría de servicio de electricidad la ciudad de Piura.

 

 

Construcción del Local del Banco Perú y Londres

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            Después de la Guerra con Chile, los bancos más importantes del Perú  fueron el de Londres, el Italiano, el del Callao, el Sud América y el de México.. En 1897 se fusionaron los bancos de Londres, del Callao y otros y se formó el Banco Perú y Londres.  Al año siguiente funcionaban once sucursales en el resto del Perú, una de ellas en Piura.  El terremoto de 1912 dejó muy maltrecho el local donde funcionaba el banco, por lo cual se decidió construir un local propio.  Dice el escritor Juan Alvarado Cuyes, que para tal fin, adquirieron las fincas ruinosas de don Julio Rodríguez, Antonio Fossa, Clodoveo Plata, Juan José Vilela y otros, ubicados entre la avenida Grau y la transversal Huancavelica, haciendo frente con la calle del Cuzco.  El local fue de un hermoso estilo neoclásico, con puertas y ventanas forjadas en hierro y con lunas con los monogramas BPL.  La crisis financiera que azotó al mundo en 1932 cuando caía Leguía, hizo quebrar al banco no obstante que era uno de los más poderosos de la época

El local del banco fue entonces adquirido el 2 de marzo  de 1933 por el ciudadano español Pedro Martínez de la Escalera y Gadea que vivía en Sullana, el cual lo dejó al fallecer a su hija Andrea Martínez de Kolmeyer;  hasta el 11 de agosto de 1973 en que fue adquirido judicialmente por el Banco de Crédito. Mientras tanto el local fue utilizado para el funcionamiento inicial del Banco Popular.

 

            En 1987 mediante Resolución Ministerial No 778-87 ED fue declarado Monumento Arquitectónico, y por lo tanto  sus estructuras se constituyeron en intangibles.

 

            En 1992 funcionaba en el local la Dirección Departamental de Transportes que posteriormente se trasladó en lo que fue Hospital de Belén.

 

            En 1992, el Banco de Crédito vendió el local a don  Julio Castagnino Lema, época en que se encontraba el local bastante deteriorado, por lo cual los propietarios iniciaron su demolición  interior, derribando techos y paredes y su hermoso tragaluz.  Fue entonces cuando intervino el  Instituto Nacional de Cultura (INC) filial Piura, paralizando los trabajos y oponiéndose a su demolición total.  Se llegó al fin a un acuerdo con los nuevos propietarios para reparar la fachada conservando su estilo arquitectónico.  En el interior se proyectó construir varias tiendas comerciales y, además, levantar un segundo piso un tanto alejado de la fachada, para que no se afecte la parte histórica de ésta.

 

Senadores y  diputados en 1915

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            En 1915 continuaba el sistema de elegir senadores y diputados, no sólo propietarios, sino también  suplentes.  Además las Cámaras se renovaban por tercios cada dos años.    Algunos personajes que  ejercían y tenían un poder político dominante, lograban ser reelegidos por varios períodos.

 

            Los senadores por el período de 1915-1916 fueron: el coronel Fernando Seminario  y Echandía, el ingeniero Enrique Coronel Zegarra que reemplazaba al general Pedro E. Muñiz que se lanzaba como candidato a la presidencia de la República y el doctor Víctor Eguiguren.  Como suplentes, don Enrique Forero, don Manuel Guzmán  Rodríguez y don José Lama.

 

            El coronel Fernando Seminario E. venía desempeñando  la senaduría desde 1907.poco después murió.

 

            Como diputados propietarios por la provincia de Piura, fueron elegidos don Francisco García León y don Julio Rodríguez.  El último era diputado desde 1911. Por Paita seguía don Humberto Artadi, por Ayabaca don José Francisco García Rosío, por Huancabamba seguía desde 1911 don Benjamín Huamán de los Heros y Sullana, creada provincia el 4 de noviembre de 1911, tenía su primer diputados en la persona del doctor Augusto Arrese y Vegas.  Como diputados suplentes fueron elegidos Celso Garrido Lecca, el doctor Matías Prieto, don Carlos Seminario, don Eduardo Merino, don Manuel Carrera y don Carlos  Leigh.

 

Elecciones de 1915

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El gobierno provisorio del coronel Oscar Benavides, cumplió con las condiciones que el Congreso le había impuesto cuando lo ungió como presidente, convocando a elecciones para presidente de la República.

 

            Por ese entonces en el panorama político figuraban el Partido Constitucional cuyo jefe era el general Andrés Avelino Cáceres, que propiciaba la candidatura del general Pedro Muñiz.  Este militar había sido prefecto de Piura y hasta 1914, senador por el departamento.  Era pues muy apreciado por los piuranos, porque no sólo había sido un valiente militar que acompañó a Cáceres durante todas las heroicas jornadas de la Breña, sino que posteriormente había alcanzado altos cargos en su carrera y también había sido ministro de Estado varias veces.

 

            Otro partido que se mostraba muy activo era el Liberal que jefaturaba ese empedernido y pugnaz montonero que era don Augusto Durand.

 

            El Partido Civil, estaba dividido en tres facciones.  La principal y oficial, tenía al frente a don Javier Prado.  Había otra rama pardista, que tenía como candidato a don José Pardo para un segundo periodo y la tercera rama era la leguiista.

 

            El Partido Demócrata, se encontraba en receso desde la muerte en 1913 de su jefe nato don Nicolás  de Piérola.  Su hermano Carlos hacía esfuerzos por reorganizarlo.

 

            Para evitar las luchas partidarias, se buscó un candidato de consenso.  Para eso se reunió una Convención el 28 de marzo de 1915 en la Cámara de Diputados.  Eran miembros de la Convención, 100 delegados por cada uno de los siguientes partidos:  Constitucional, Civil de Javier Prado y de los grupos pardistas y el liberal.  Además todos los miembros del Congreso y ex –diputados de Congresos anteriores a partir de 1885.  El acuerdo debía tener la aceptación del 85%.  El total de delegados y congresistas reunidos, fue de 418 personas.

La primera intención fue elegir al general Muñiz, pero súbitamente se vio aquejado de grave dolencia, por cuyo motivo aún cuando no ocasionó el retiro de su postulación, la mermó abriendo el paso a don José Pardo.  Se hicieron dos votaciones  en las   que ganó Pardo, seguido por Muñiz, pero sin alcanzar el 85%.  Cuando se iba a una tercera votación, un grupo del Partido Constitucional, pidió la postergación del acto y de inmediato se retiraron 70 de ellos.  Sin embargo la tercera votación se hizo con 335  asistentes y Pardo ganó 265 votos, Muñiz tuvo 63 votos y en blanco 7.  Al día siguiente, los partidarios de Muñiz trataron de impugnar el acto, pero el propio general Muñiz se apresuró a reconocer el triunfo de don José Pardo.

 

            Cuando un poco más tarde se celebraron las elecciones generales, se presentaron dos candidatos:  José Pardo apoyado por la coalición de partidos y don Carlos Piérola llevado por lo que quedaba del Partido Demócrata.  Ganó el primero por 131 289 votos contra 13 151.

 

            El 19 de agosto de 1915, don José Pardo iniciaba su segundo gobierno.

 

 

El problema de la Brea y Pariñas en el Congreso

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Don José Pardo se encontró con el problema de la Brea y Pariñas, que había rebasado el ámbito nacional, para convertirse en un problema diplomático en el que se involucraban las dos más grandes potencias del mundo como  la Gran Bretaña y Estados Unidos, y si bien es cierto que la primera tenía toda su atención puesta en la guerra, de todos modos era un tremendo dolor de cabeza para el Perú.

 

            Si el número de pertenencias  de los yacimientos  de la Brea y  Pariñas   llegaba  a 41 614 como lo habían detectado los ingenieros Boza y Jochamowitz, y el canon era de 30 soles por pertenencia, la tributación entonces llegaba a S/.1 248 420.

 

            En 1915 la producción de los yacimientos petrolíferos llegaba a 180 000 toneladas que tenían un precio de 20 soles por tonelada lo que significaba un valor total de tres millones seiscientos mil  por toda la producción del año.

 

            Ante esta situación, el representante inglés en Lima propuso una fórmula de transacción para dar fin al problema.  Fue así como el Gobierno del Perú y la parte contraria llegaron a un acuerdo en base al cual, por 50 años y a partir del 1º de enero de 1915, la compañía extranjera pagaría 30 soles por cada pertenencia en explotación y 75 centavos por cada una de las no explotadas.  Se reconocía también la existencia de 41 614 pertenencias.  Sobre esa base, el Poder Ejecutivo presentó al Congreso un proyecto de Resolución Legislativa que motivó largos y ardorosos debates, sobre todo en el Senado, que fue en donde en primer término se vio el asunto.

El influyente diario “El Comercio”  combatió ardorosamente  el proyecto del Ejecutivo al mismo tiempo que respaldaba y destacaban las intervenciones del senador Antonio Miró Quesada uno de los propietarios de ese diario                                       

 

            Como siempre ocurría en estos casos, el Gobierno buscó de lograr un provecho inmediato para el Fisco, y en caso de aprobarse el anteproyecto, la empresa petrolera otorgaría un préstamo de S/. 3 000 000 al Ejecutivo.

 

            El ministro de Fomento Belisario Souza había remitido a la Cámara de Senadores el anteproyecto el 7 de diciembre de 1915.  Las discusiones en esa Cámara duraron hasta fines de noviembre de 1916, cuando se aprobó el proyecto del Ejecutivo, pero reduciendo el período de 50 años a 30, y considerando durante esos años una aplicación creciente del canon.  En contra votaron 15 senadores, algunos de ellos muy connotados como Antonio Miró Quesada, Carlos Paz Soldán, Mariano H. Cornejo y el piurano Alberto Franco Echandía.  El otro senador Ricardo César Espinosa no figura entre éstos últimos.  Luego pasó el proyecto a la Cámara de Diputados en donde las deliberaciones duraron hasta octubre de 1918.

           

Libertad de Cultos

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            El año 1915, la población del Perú era masivamente católica.  Eso llevó a consagrar en la Constitución de 1860 en su Artículo 4º que la religión del Estado era la Católica, Apostólica y Romana, no permitiéndose el ejercicio público de ninguna otra.

 

            En el Perú por entonces, había un pequeño grupo de evangélicos, que ejercía su culto en forma muy privada.

 

            Desde 1913 en el Senado se había presentado una iniciativa para declarar la libertad de cultos, aunque expresando que la Religión del Estado era la Católica, Apostólica y Romana.  El proyecto se detuvo porque se levantó una ola general de protestas de la feligresía y de los círculos religiosos, pero en 1915 se volvió a actualizar y no obstante que las protestas se renovaron, de todos modos fue aprobado y pasado al Poder Ejecutivo.  El presidente José Pardo no la promulgó, por lo cual la hizo el Congreso el 11 de noviembre de 1915 como Ley 2193.

 

            En Piura, antes y después de su promulgación, las congregaciones religiosas organizaron mítines  y toda clase de protestas, sin que se produjeran desórdenes públicos por cuyo motivo el prefecto Ramón Valle Riestra, se mostró tolerante.

 

La IPC  moderniza la Refinería de Talara

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            Desde 1914, la International Petroleum y Co. filial de la poderosa Standard Oil Co. había adquirido de la London Pacific Petroleum, los derechos sobre los campos petrolíferos de Talara.

            Poseedora de cuantiosos recursos económicos, desde 1915   principió a instalar una batería de alambiques con una capacidad para procesar 10 000 barriles de petróleo diarios.  En 1917 quedó terminada la modernización y la producción llega a 20 400 barriles diarios.  Todo eso fue desarrollando en medio de la pugna que la IPC sostuvo con el Estado Peruano por los problemas que se crearon por la llamada Cuestión de la Brea y Pariñas.

 

            En 1926 se agregan a las ya existentes cuatro unidades más de craqueo térmico que era lo más moderno por entonces.  La capacidad creció en 16 000 barriles adicionales diarios.  De esa forma, el producto residual de los alambiques se transformaba en gasolina y diesel.

 

            En 1929, la IPC pone en servicio la Planta de Destilación de Lubricantes, con los cuales se obtuvieron los aceites que en el mercado peruano se conocieron como Petrolube.

 

            En 1938 entra en servicio la Planta de Asfaltos que operó hasta el año 2001.  En 1954, la batería de alambiques de 1915 es reemplazada por la llamada Columna Tubular Nº 2 con capacidad para operar 45 000 barriles diarios, que luego en 1965 se amplió a 57 000 barriles y en 1967 llegaron  a 62 000 barriles diarios.

 

            En 1968, las tensiones entre el Estado Peruano y la International Petroleum Company durante el Gobierno de Belaúnde, parecían que habían llegado a su fin con la firma a mediados de año de la llamada Acta de Talara, pero precisamente eso fue el pretexto que tuvo el Jefe del Comando Conjunto, general Juan Velasco Alvarado, natural de Castilla (Piura), para deponer el 3 de octubre del mismo año al presidente Belaúnde.  El 9 del mismo mes se tomó por acción del Ejército, la Refinería y todas las instalaciones petroleras de Talara, en medio del general beneplácito no sólo de los piuranos, sino de los peruanos en general.