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¡LA OVEJA PERDIDA! (nueva)
 
 
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Las Sagradas Escrituras nos hablan de la relación de Jesús con la humanidad. Para Dios los seres humanos constituimos un enorme rebaño de ovejas descarriadas, perdidas por montes, llanuras y valles, perdidas por los laberintos del mundo, descarriadas, sin rumbos fijos, llevadas por las olas del mal, secuestradas por las fuerzas de las tinieblas.

Desde el mismo instante en que el ser humano desobedeció al Creador y decidió escuchar una voz extraña, una voz engañadora, una voz falsante fuimos lanzados por un camino espacioso que al final es muerte, destrucción, agonía y condenación.

Nuestros ojos fueron abiertos al bien y al mal, pero la ceguera nos hace ir siempre por la senda equivocada, Adán y Eva prefirieron el conocimiento obtenido por sus propios razonamientos que la verdad que le era revelada por Dios.

Así que erramos el camino de la verdad y caímos en la senda de la mentira, del pecado y de la desobediencia. Nos descarriamos como ovejas sin pastor. La humanidad se convirtió en un enorme rebaño que busca el camino de retorno, que buscaba al pastor que lo llevara de regreso al redil. Esa ha sido la lucha de Dios con la humanidad, Dios durante todos estos seis mil años ha querido que regresemos al redil, a su sombra, bajo sus alas, Dios nos ama tanto que nos envió un Pastor que nos ama y quiere que todos retornemos al Creador. Muchas ovejas han encontrado el camino de retorno,pero falta una descarriada, una que representa millones.

Hay una queja de Dios vertida en su palabra, una queja contra los pastores que se han olvidado de la descarriada, que sólo se preocupan por las noventa y nueve que están seguras en el redil. Ya no hay amor para perniquebrada, para la que ha caído en el hoyo, para que que está enferma y coja, para la que ha sido acorralada por los lobos y los leones.

Hay una queja contra los pastores que sólo piensa en velar a las que están seguras en el redil y nada hacen por las ovejas que se apartaron del rebaño, piensan que ellas podrán encontrar el camino de regreso, piensan que esa oveja perdida no es importante para Dios, piensan que el Señor se agradará más si cuidan las noventa y nueve que si van en busca de la perdida.

Dios admiraba y respetaba al joven David. David estaba a cargo de las ovejas de su padre. Dios lo vio muchas veces ir tras las ovejas descarridas, acosadas por los leones. Dios lo io enfrentarse a aquellas bestias salvajes y salvar a la pequeña e indefensa oveja. Ese joven pastor poso en peligro su vida por salvar a la oveja que se había extraviado.

David era símbolo del Pastor que había de venir a salvar a las ovejas descarriadas. Ese Pastor daría su vida por su rebaño y ese Buen Pastor era Jesucristo.

Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén. 1Samuel 17:15

Dijo Saúl a David: No podrá tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho; y él un hombre de guerra desde su juventud.
David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de ovejas de su padre; y cuando venía un león o un oso, y tomaba algún cordero de la manada,

salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca, y si se levantaba contra mí, yo echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba.

Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba, y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.

Añadió David: Jehová que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, el también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo. 1Samuel 17:33-37

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La historia de David recoge muy bien la historia de lo que debe ser un buen pastor, uno que cuida a las ovejas del rebaño pero está atento a la que fue secuestrada por el león para devorarla. David sabía que las ovejas que estaban en el redil no corrían peligro, pero el cordero que llevaba el oso o el león en su boca sería devorado. Así que iba tras él y luchaba hasta la muerte para librarlo de las garras de aquellos intrrusos.

Ahora David estaba frente un enorme oso, a un león rugiente que durante cuarenta días estuvo atemorizando al pueblo de Dios. Era un león rugiente que daba vueltas y vueltas alrededor del rebaño para devorarlo. Ningunos de los guerreros de Saúl, de sus soldados experimentados se atrevía enfrentarse l lobo rapaz. Pero el muchacho recordaba las veces que Dios lo había librado en el campo cuando iba tras los corderos y las ovejas robadas por los osos y los leonés. David sabía que había un Pastor Mayor que velaba por él y que salvaría a todo el rebaño.

¿Quién era aquel incircunciso que se atrevía retar a Dios?. Goliat representaba las fuerzas del mal, representaba el poder del enemigo, representaba a la serpiente antigua, al dragón, al príncipe de este mundo que desea demorar a la humaidad, representaba al león rugiente que anda en busca de la oveja descarriada para devorarla. Goliat representaba al mundo que quiere devorar a la iglesia, al rebaño de Dios.

David sabía que su Dios no le fallaría, sabía que Dios estaba con él, sabía que él que estaba con él era más fuerte que Goliat. Sin temor, seguro de la victoria, se enfrentó al gigante y lo venció.

David simboliza a Jesús, un día el Buen Pastor vendría a la tierra para salvar a las ovejas que estaban siendo devoradas por Satanás. No había ningún hombre que pudiera vencerlo.Nadie en la tierra tenía el poder para batallar contra las fuerzas de Satanás, nadie podría vencerlo. Goliat había estado 40 días alrededor de los ejércitos de Saúl, era enorme y cada vez que dejaba caer sus pies sobre el suelo temblaba el lugar, lucía imponente, caminaba como caminaba el Querubín Protector en el monte de Dios, erguido, seguro de sí mismo, imbatible, poderoso, pero Goliat no sabía que había una fuerza más poderosa en aquel muchacho que en él.

El diablo llevaba cien veces más que Goliat (100) dando vueltas alrededor del rebaño de la humanidad (40 x 100 = 4000). Sí, cuatro mil años la humanidad estuvo sin un pastor, estuvo a merced del diablo y sus pandilleros, sus demonios y ángeles caídos. El Goltiat se paseaba por toda la tierra, subía y bajaba del tercer cielo, se deleitaba en acusar a ser humano, devoraba y devoraba, la humanidad estaba acorralada por las fuerzas del mal.

Pero Dios mandó al Buen Pastor quien venció al segundo Goliat. David lo venció en la llanura en presencia de grandes guerreros, en presencia de sus hermanos incrédulos, Cristo lo venció en el monte Calvario, allí, sin piedra, sin honda, si armas, sin armaduras, allí venció al segundo Goliat con su amor hacia la humanidad.

David venció al filisteo, a su soberbia, a su maldad, Cristo venció al dragón devorador de ovejas. Cristo venció al que quería vencernos. El mismo espírirtu que daba fuerzas a David era el mismo espíritu que estaba en Jesús.

David se enfrentó a la muerte con valor, Cristo entregó su vida por toda la humanidad. David cortó la cabeza del gigante y Dios venció a la cabeza del mal.

Dos hermosos pastores, el muchacho que confió en Dios, que sabía que él no pelearía contra aquel gigante sino que había uno más poderoso que él alcanzó la victoria y mi Cristo, quien confiaba en su Padre y en la victoria de su sacrificio.
En ambos casos se manifestó la gloria del Dios de los cielos. Hoy Jesús mismo ha tenido que salir a buscar a las ovejas, pues muchos pastores se han olvidado de la misión para cual fueron llamados.
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El Buen Pastor fue enviado a la casa de Israel. El pueblo judío había sido escogido por Dios para que fuera ejemplo a las demás naciones del mundo. Era el único pueblo que Dios dirigía personalmente. Este lazo con el pueblo de Israel fue establecido con Abram. Abram fue un ser muy especial para Dios. Sumergido en una nación de idolatría, con una familia idólatra que vivía en Ur de los Caldeos (Babilonia) pudo comprender que debería de existir un Dios distinto a todos aquellos muñecos y figuras que su pueblo y sus parientes adoraban.

Cada nación tenía dioses distintos, dioses mudos, sordos, mancos, tullidos, dioses hecho de mano de hombre, dioses de piedra, de bronce, plata y oro. Eran dioses ciegos que nada podían hacer por la humanidad.

Abram sabía que este mundo no podía haber sido creado por aquellos dioses inútiles. Así que una vez caminando por el campo escuchó una voz del cielo que le ordenaba que saliera de la tierra de sus padres, que para ese momento se habían mudado a tierras de Harán. Abram obedeció, simplemente escuchó la voz y obedeció, Dios lo tocó en su corazón y desde ese mimso momento se entregó a un Dios que no conocía, pero que hablaba, escuchaba y tenía poder.

Por este hombre Dios amó de nuevo a toda la humanidad. Dios quiso fundar una nación de hombres y mujeres santos para repoblar el planeta. Abram vivió en santidad todo el tiempo y Dios le bendijo y cumplió su promesa de que de él saldría una gran nación.

Abram tuvo dos hijos, Ismael, hijo de Agar, la sierva e Isaac, hijo de Sara, la esposa de Abram. De esos dos hijos Dios iba a levantar a dos grandes naciones, pero la descendencia de Ismael siguió un rumbo distinto, se mezcló con naciones idólatras que servían a otros dioses. Isaac siguió el camino recto de su padre y tuvo a dos hijos gemelos: Jacob y Esaú. Esaú buscó esposa fuera de las hijas de Israel. Esto llenó de mucha tristeza a sus padres.

Y Dios bendijo a Jacob y sobre Jacob fue levantada la nación judía. Dios cambio el nombre de Jacob por el nombre de Israel y de esta manera nacía el pueblo escogido por Dios.

Aunque usted ni yo entiendan esta elección de privilegio, les diré que Dios no tenía alternativa. No podía escoger a una nación que lo ignoraba, que prefería sus muñecos, que creer en un Dios vivo y de poder. Yo hubiera hecho lo mismo, hubiese escogido al quien me reconcía y me servía. Así es que Dios fue justo en seleccionar a ese pueblo.

Jacob entró a Egipto con setenta personas y luego de 400 años de cautiverio, a la media noche salió aquella nación que Dios le había prometido a Abram, a Isaac y a Jacob.

Desde entonces Dios había seleccionado a su rebaño, una rebaño que vio como su Dios lo libraba del mal, de los enemigos, de los lobos rapaces, de las fuerzas destructoras del diablo. Dios sacó a más de un millón de ovejas y puso como pastor a Moisés y a su hermano, Aarón, y los judíos conocieron que su Dios era uno Todopoderoso, uno vivo, uno que hablaba y escuchaba, uno que hacía temblar al monte Sinaí, uno que lo acompañaba de día y de noche.

Y aquel rebaño se movía pr las tierras del desierto, victorioso, mientras Moisés estuvo en medio del rebaño, Dios le hablaba a Moisés y lo dirigía. Entonces Dios hizo un pacto con Israel, si le sirven y obedecen sus leyes y mandamientos, Dios sería su Dios e Israel sería su pueblo. Y aquel pacto fue confirmado con una Constitución moral, los Diez Mandamientos.

Ahí, en medio del desierto aparecía la más perfecta constitución del mundo, diez leyes, sólo,simplemente diez estatutos que permitirían a aquel pueblo vivir en obediencia con Dios y con sus semejantes. No se necesitaban varios tomos, ni cientos de páginas, simplemente dos tablas de piedra eran suficiente para dejar para siempre grabadas aquellas diez leyes que garantizaban una nación santa y obediente.

Pero los judíos se olvidaron de las maravillas hechas en su medio, se olvidaron de escuchar al pastor que Dios había puesto en medio del rebaño, varias veces se rebelaron e intentaron matarlo, se olvidaron del Dios que los sacó de Egipto e hicieron como el resto de las naciones del mundo, se fueron tras los baales, se fueron tras dioses ajenos y le rindieron culto.

Y Dios le envían un pastor y ellos lo ataban, yes enviaba uno tras otros y el pueblo claudicaba, se apartaba de Dios y seguía a los baales. Y al final de los 4000 mil años Dios les envió al Pastor de los Pastores, y en vez de recibirlo, también lo mataron.

Y aquel Pastor que fue rechazado por los suyos, entonces comenzó a tocar las puertas de otros rebaños llevando el mensaje de su Padre, aquel mensaje de Salvación. Y luego de 2000 mil años sigue tocando las puertas de millones, y toca y toca y vuelve a tocar, pero la humanidad no le abre, le da la espalda, se va tras otros dioses y se olvidan que es la última oportunidad que tienen para entrar al rebaño de Dios.
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Vino palabra de Jehová diciendo:

Hijo del hombre, profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor:¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan así mismos!¿No apacientan los pastores a los rebaños?

Coméis la grosura, y os vestís de la lana, la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas.

No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas, con dureza y violencia.

Y andan errantes por falta de pastor, y son presas de todas las fieras del campo, y se han dispersado.

Anduvieron perdidas mis ovejas por la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntara por ellas.

Por tanto, pastores, oid palabra de Jehová:

Vivo yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presas de todas las fieras del campo, sin pastor, ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se, apacentaron a sí mismo, y no apacentaron mis ovejas,

por tanto, oh pastores, oid palabra de Jehová.

Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra los pastores, y demandaré mis ovejas de su mano, y les hará dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores apacentará más a si mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no le serán más por comida.

Porque he aquí ha dicho Jehová el Señoe: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas y las reconoceré.

Como conoce su rebaño el pastor el día en que en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oecuridad.

Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de la tierra, las traeré a sus propias tierras, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país.


En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco, allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.

Yo apacentaré mis ovejas, y no les daré aprisco dice Jehová el Señor.

Yo buscaré a la perdida y haré volver al redil a la descarriada, vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré, las apacentaré con justicia.

Mas en cuanto a vosotras, ovejas mías, asi ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carnero y machos cabríos. Ezequiel 34:1-17

Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja.

Y levantaré sobre ellas a un pastor; y él las apacentará; a mi siervo David, el las apacentará, y él le será por pastor.


Ezequiel 34:22-23

Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor.

Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice Jehová el Señor. Ezequiel 34:30-32
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Si algún pastor ha amado a sus ovejas con un inmenso y profundo amor ha sido Dios con Israel. Desde el mismo momento de su fundación Dios ha bendecido al pueblo judío. Lo hizo una nación poderosa en Egipto, le puso excelentes pastores como Moisés, Josué, les estuvo enviando profetas para que los guiarán por el buen camino, le puso reyes como David y Salomón, pero siempre fue lo mismo. Se dejaron ir por los falsos profetas, conducidos por falsos pastores, por hombres ineptos que sólo pensaban en ellos.

Dios hizo todo lo posible para que Israel volviera al camino de salvación, pero ellos no obedecieron. El Hijo de Dios fue enviado a la casa de Israel para salvarle,, para establecercela como una nación santa y temerosa. Y Jesús caminó por sus calles, estuvo tres años y medio predicando las buenas de salvación, les encomedó a sus discípulos que fueran primero a las ovejas perdidas de la nación judía, pero no escucharon, se hicieron los sordos, fueron incrédulos, siguieron a sus falsos pastores, a sus falsos religiosos que sólo pensaban en sus puestos, sus títulos, sus posesiones, hablaban de Dios, de obedecer los mandamientos pero eran soberbios, hipócritas, sólo deseaban agradar a las autoridades romanas. Jesús veía con pena como aquel pueblo de dura cerviz se apartaba más y más de Dios.

¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, y apedreas a los quete son enviados!¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!

He aquí vuestra casa os es dejada desierta.

Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

S.Mateo 23: 37-39
Todos los intentos de Dios por recoger a su pueblo fue en vano, Ahora llegarían al colmo de los colmos. Escogerían a un criminal y despreciaría al Santo de los santos, al Ungido que habí de venir. Israel cometió graves errores, violentaron los mandamientos de Dios, sacrificaron al Pastor que iba a reunirlos en el rebaño, una vez mós escucharon a sus sacerdotes mentirosos, a sus religiosos falsantes, una vez más Iarael estaba sin pastores que se preocuparan por las ovejas descarriadas. Su templo se había convertido en una plaza de ventas u de negocios y no en una casa de oración.

Pero aun con tanta maldad, con tanta desobediencia el Señor ordenó a los apéstoles fueran primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

A estos doces envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,

sino antes a las ovejas perdida de la casa de Israel.

Y yendo, predicad, diciendo; El reino de los cielos se ha acercado.

Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibiteis, dad de gracia.

No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos,

Ni alforjas para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.

S.Mateo 10:5-10
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Israel al rechazar a Jesús invalidó el pacto que se había establecido en tiempos de Moisés. Ellos rechazaron a la única persona que había logrado cumplir la ley sin violentarla nunca. Jesús era la consumación del pacto antiguo. Vino a sellar el pacto con sangre, pero Israel rechazó a Jesús. Ahí terminaba el pacto con la nación judía. Ahora Dios iba a establecer un nuevo pacto, no con un país en exclusivo, sino con toda la humanidad. El rechazo de Israel de Cristo iba a permitir que toda la humanidad tuviera el derecho a ser salvo, a ser nación escogida de Dios. Ahora el pacto no sería escrito en dos tablas de piedra sino en el corazón de cada creyente. Ahora la salvación sería por fe, por gracia y no por observar la ley, que nadie podía guardar realmente.

Esta verdad está simbolizada en la conversación que Jesús tuvo con la mujer cananea.

Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.

Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole:¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercádose sus discípulos, le regaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.

El respondió, dijo: No soy enviado, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo:¡Señor, socórreme!

Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlos a los perrillos.

Y ella le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen migajas que caen de la mesa de sus amos.

Entonces respondiendo Jesús, dijo:
Oh mujer, grande es tu fe, hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.
S.Mateo 15:21-28

Una vez más Jesús dice que él vino a buscar a las ovejas descarriadas de Israel. Todavía Israel no ha rechazado a Cristo, así que la promesa sigue en pie. Pero esta mujer, que en cierta forma somboliza a la iglesia gentil, al pueblo gentil dejó maravillado a Jesús, su fe era grande, una fe que no la había encontrado en otros. Así, que aunque el pan era para Israel, las migajas serían suficiente para que otros pudiéramos entrar. Debemos recordar que el apóstol Pablo nos dice que Dios endureció el corazón de los judíos para que los gentiles pudieran entrar a formar parte de su cuerpo y tener derecho a la salvación. Dice Pablo que ua vez termine la plenitud de los gentiles, entonces Dios tratará de nuevo con el remanente de Israel. Todo esto será luego de que le iglesia sea levantada, entonces Israel tendrá que pasar por la Gran Tribulación, todos aquellos que logren la salvación durante este periodo reinarán con Cristo mil años y finalmente serán unidos a la iglesia para ir a la Boda del Cordero y estar preparados para vivir por la eternidad en una tierra nueva bajo un cielo nuevo. Ya no habrán judíos ni gentiles, sino un sólo rebaño y un Buen Pastor.

Por lo tanto los gentiles tienen este tiempo para aceptar a Jesús como el Salvador. Algunos, ignorando las Sagradas Escrituras y escuchando las mentiiras de Satanás, predican que el pueblo gentil tendrá una segunda oportunidad durante el reinado de la bestia, y que pagarán con sus vidas la salvación. Esto es una mentira y una blasfemia. Si decimos tal cosa, estamos diciendo que el sacrificio de Cristo estuvo de más, pues todo aquel que desea ser salvo puede pagar el precio de su salvación con su sangre.La Biblia dice que durante el periodo de la Gran Tribulación los gentiles que se quedaron en la tierra serán endurecidos como lo fue Israel, y lo que harán es blasfemar el nombre de Dios, maldecir, y no se arrepentirán de sus pecados. Así que ningún gentil tiene otra oportunidad, ahora es el tiempo de salvación.

Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aún así se arrpintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oir, ni andar.

Y no se arrpintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos. Apocalipsis 9:20-21

Así que predicar salvación para los gentiles en este tiempo es predicar una mentira y una falsa esperanza.

Dios fue claro con Israel. Les dijo que haría un nuevo pacto, que los hijos no pagarían por los pecados de los padres ni los padres pagarían por el pecado de los hijos. Cada persona iba a responder ante de Dios de sus pecados.

En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen dentera.

Sino que cada cual morirá por su propia maldad: los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera.

He aquí que vienen días dice, Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
Ezequiel 31:29-32

Dios le dijo a través del profeta Ezequiel que este pacto sería diferente al que hizo cuando los sacó de Egipto. Israel invalidó dicho pacto con su pecado y su desobediencia. Así que ahora el pacto sería diferente.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo,

Ezequiel 31:31-33

Es trite ver a grupos religiosos imponiendo la carga del antiguo pacto, un pacto que fue exclusivo para Israel, ya que era su constitución moral, los gentiles forman parte de este segundo pacto, uno por fe, por gracia. Todo creyente en Cristo se salva por fe y no por observar los diez mandamientos. Un creyente que le sirve a Dios en espíritu y en verdad tiene que ser obedienete a Dios, pues es una nueva criatura. Ni los judíos ni los gentiles están bajo la ley, sino bajo la gracia. Decir que uno se salva por guardar los mandamientos es decir que en vano Cristo murió. Cristo cumplió con el antiguo pacto basado en la ley, pero al morir invalidó el mismo y comenzó uno pacto nuevo. Es lo que afirma la palabra de Dios, es lo que debemos enseñar.

Hace poco escuché a un evangelista internacional decir que podíamos parar la maldición que pasaba de generación a generación, le pedía a los feligreses que sembraran la semilla, claro la semilla del dinero, de la buena ofrenda, de esa manera esa maldición era detenida. Parece que nunca ha leído los versículos de Ezequiel, ya no estamos bajo la maldición de nuestros padres, pues Cristo nos libró de ella.
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No cabe duda que el pueblo gentil pudo entrar a formar parte de este rebaño de Jesucristo por la negativa de Israel de aceptarlo como el Buen Pastor, como el Mesías, el Ungido de Dios.

Jesús lloró amargamente cuando entró a Jerusalén, cuando vio aquel hermoso templo construido por Herodes en el cual él se había presentado a los doce años. Pasarían casi 40 años cuando Jerusalén y aquel hermoso templo se iban a convertir en ruinas, en escombro, no "quedaría piedra sobre piedra" que no fuera destruida. Aquella nación que Jesús vino a visitar pronto conocería el horror, la muerte, la persecución, la destrucción repentina. Si el rebaño pequeño de Jesús se había dispersado cuando lo tomaron preso, pronto toda aquella nación de casi dos millones de judíos conocería el precio del rechazo del pastor el cual había sido enviado por última vez. No más profetas para ser asesinados, no más pastores para ser apedreado, no más religiosos falsantes, no más templo para ser profanado.

Cuarenta años después, el emperador Tito destruiría a la ciudad, mataría a más de un millón de judíos y se llevaría el resto a Roma para esclavizarlo. El rebaño fue espacido durante 1878 años.Pues en el año 1948 Dios los recogería de todo el planeta y establecería la nación de Israel nuevamente. Un hecho profético que nos indica que estamos al final de los tiempos. Hacía exactamente 4000 años que Abram, el fundador de esta nación, había nacido. Es curioso además, pues el padre de abram, Taré, nació en el año 1878 después de Adán. También pasaron 4000 años. ¿Casualidad o profecía cumplida?

Así que en el año 70, este emperador arrazó con Israel. Unos años más tarde Roma sintió la mano de Dios, cuando dos se sus ciudades fueron sepultadas por el volcán, "Vesubio".

Hoy Dios está acomodando a su pueblo, hay problemas, pero todo será organizado por Dios. Las autoridades judías no comprenden que ellos no han de determinar el curso de la historia de Israel, no deben ignorar las amenazas, hay suficientes árabes que les gustaría verlos desaparecer del mapa, claro eso no lo podrán hacer, pues no es contra Israel que pelean sino contra un Dios poderoso.

Pero Israel ha de pagar el precio del desprecio de Cristo. Pagarán caro ese rechazo. Jamás en la historia un pueblo ha sufrido lo que ha sufrido esta nación, la experiencia de Hitler fue horrible, Dios los libró de ese infierno, pero ellos siguen igual que cuando Dios los sacó de Egipto, su dios es el poderío militar, sus misiles atómicos, sus fuerzas armadas, pero de nada le servirán durante el reinado de la bestia.

Ellos rechazaron a Cristo, pero vendrá uno en su nombre y a ese aceptarán como su Mesías, levantarán un enorme templo, el tercer templo en poco tiempo, si Salomón construyó el primero en siete años sin tecnolagía, hoy lo podrán levantarlo en los primeros tres años y medios del periodo de la Gran Tribulación, ya que la bestia no ha entrado a reinar. Pero verán con lágrimas en sus ojos como ese falsante ha de profanar el mismo. Ellos construirán el templo para su Mesías, lo que no saben es que van a recibir al anticristo quien tratará de destruirlos en la guerra del Armagedón.

Pero Jesús dijo algo muy importante,dijo que había otras ovejas que él tenía que buscar, unas ovejas que no formaban parte del rebaño de Israel, pero eran unas ovejas que escucharían su voz, esas ovejas eran las ovejas del pueblo gentil. " A los suyo vino y los suyos no le recibieron". A ese pueblo, a esas ovejas es que pronto regresará a buscar. Cada día miles y miles de ovejas corren al rebaño, pues pronto la puerta se cerrará.

También tengo otras ovejas que no son de este redil, aquéllas también debo traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor.

S.Juan 10:16

Esas ovejas son los creyentes gentiles que por amor Dios nos ha permitido comer del pan de la vida, de ser lavados con la sangre de Jesucristo y de disfrutar las promesas del Señor y ser participantes de la vida eterna.
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La misión de la iglesia de Jesucristo es ir en pos de las ovejas descarriadas, no hay tiempo para estar construyendo enormes templos, universidades, centros de estudios, eso es secundario. Dios no nos preguntará por las iglesias que construimos, por los seminarios que ofrecimos, por los sermones que damos, por los conciertos que celebramos, eso no es la misión de la iglesia, fuimos llamados a trabajar en el campo, fuimos llamados a formar parte del ejército de Cristo, fuimos llamados a buscar a las ovejs descarridas, esa fue la misión que Jesús impuso sobre los apóstoles.

Somos obreros de una viña, pastores de un rebaño, somos enviados a rescatar a las ovejas, no es hora para sentarnos a escuchar las pamplinas de los diezmos, ni ofrendas, ni a perdir ni orar por prosperidad y todas esa basura que ha entrado al templo de Dios, debemos ser preparados para ir al campo, para subir la montañan, para escalar el risco donde está atorada una oveja.

La misión no consiste a sentarnos a escuchar joyas literarias, sermones persuasivos, fuimos llamado a ser pescadores de hombres, fuimos llamado a ir a la llanura y pelear contra el león rugiente como lo hacía David para librar a una oveja de la muerte segura.

Hermanos millones de seres humanos van camino del infierno mientras las iglesias se dedican a estar dando conferencias, seminarios, charlas y todo tipo de actividad que se ofrece en el mundo, no es que eso sea malo, es que mientras pasamos el tiempo escondidos, afuera se pierden las almas.

Oraba y mientras oraba vino a mi mente lo que significaban las palabras escritas en las Sagradas Escrituras: "El diablo anda suelto como león rugiente buscando a quien devorar", entonces escuché en mi mente las palabras de advertencia, ¿qué harías si mira por la ventana y ves un león rugiente y a un pequeño tratando de escapar de él?, y dije: trataría de rescatarlo, de librarlo de las guerras segura de la muerte, y si en vez de un león, hay dos, tres, cuatro, diez, cien, mil, diez mil sueltos por la ciudad,¿qué harías? Entonces comprendí el mensaje de Dios, no es un león rugiente son millones de demonios, de ángeles caídos que devoran a miles y miles mientras las iglesias permanecen la mayor parte del tiempo cerradas y los hermanos no le hablan ni a la persona que duerme a su lado.

Mientras perdemos el tiempo en actividades de las iglesias las almas se pierden. Nos preocupamos por las ovejas gordas, las que pagan los diezmos, las que dan ofrendas, las que van al templo, pero nos olvidamos de las que están enfermas, hambrientas, sedientas, desnudas, nos olvidamos de la perniquebrada, de la que no volvió más al templo.

Seremos responsable, no de las noventa y nueve que no necesitan pastor porque pueden cuidarse sola, seremos responsable de la que se fue y se enredó en medio de la montaña, la que se volvió atrás, la que no resistió al diablo. Seremos responsables de la perniquebrada.

Dios será exigente con nosotros, con los que decimos que hemos creído en Jesús. La mujer Samaritana corrió y anunció lo que le había sucedido y muchos creyeron por ella en Jesús, rescató a muchas ovejas que estaban descarriadas como ella.

Estaremos en el campo cuidando a las ovejas que Dios puso en nuestras manos, no habrá excusa si una de ellas es devorada por el diablo y no hicimos nada por salvarla.

Estamos al final de los tiempos, debemos salir a buscarlas y no esperar que ellas vengan. Jesús salió a buscar a las ovejas perdidas, no esperó que éstas vinieran a él.


En vez de estar organizando hermosos coros, grupos juveniles, orquetas, y todo tipo de grupo y de fraternidad en los templos, lo que debemos hacer es organizar escuadrones de fe e ir en pos de las ovejas perdidas, no las que están en otras naciones, sino alrededor del templo, en la comunidad, en las familias. No hay que esperar que Dios nos diga, ve tal o a cual lugar, ya fuimos ordenados en el momento que creímos.

Dios no nos pide que le hablemos a multitudes sino al que está en nuestro lado, a nuestros hermanos, hijos, tíos, abuelos, amigos, enemigos, a nuestros compañeros de estudios, a nuestros compañeros de trabajo, es terrible lo que le espera al ser humano que muera sin Jesús.

Es importante predicar el evangelio por todas partes, es importante ir tras las ovejas perdidas, habrá gozo y fiesta en el cielo cada vez que logramso rescatar a una de ella de las redes de Satanás.
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Dios nos dio a cada ser humano un redil pequeño, un rebaño. Nuestras primeras ovejas están en nuestras familias. Debemos velar por nuestra familia, por nuestra esposa, por nuestros hijos, nuestras hijas. Si somos incapaces de cuidar la familia primeramente, es posible que no podamos cuidar un rebaño más grande, no quiere decir que somos responsables si nuestros hijos se pierden, si nuestra esposa no conoce a Dios o el esposo, no, seremos responsables si no les hablamos, si no le advertismos, si no sembramos la semilla.

Los miembros de la familia son las primeras ovejas que debemos amar y cuidar y luchar. A veces hacemos lo imposible por salvar nuestro auto, pero no hacemos lo imposible por salvar el matrimonio, se lo digo porque hace muchos años Satanás destruyó mi hogar, mi niño de cinco días de nacido murió, mi hija adoptiva y su madre no conocían a Dios, la idolatría se apoderó de ellas, y yo estaba alejado del Señor, así que mi rebaño fue devorado.

Así pasa con muchos hogares, con millares de hogares. Nuestro rebaño más importante es la familia, Jesús se lo dijo a la cananea, no es bueno dar el pan de los hijos a los perrillos. Debemos hacer lo impoble para que todos le sirvan al Señor, sino se puede, Dios no echará la culpa de los hijos sobre los padres ni la culpa de los padre sobre los hijos.

Así que el primer rebaño que debemos cuidar es a nuestra familia, y si un hijo está descarriado, sumido en el vicio de la droga o anda en malos caminos debemos hacer todo lo posible por ir tras él para recatarlo de las redes de Satanás. Jesús envió a sus discípulos a buscar a las ovejas perdidas de Israel primeramente, no le dijo que se sentran a esperar a esas ovejas.

Es nuestra responsabilidad, los que "necesitan al médico son los que están enfermos", los que necesitan ayuda son las ovejas que se han apartados, las ovejas que están perdidas en las montañas, al borde de un barranco, las que necesitan ayuda son las ovejas que dejaron de asistir a la iglesia, no las noventa y nueve que permanecen en el rebaño.

Hoy muchas almas se pierden, almas que una vez conocieron a Cristo, hoy volvieron al mundo, están de nuevo en el camino de las tinieblas, y ¿qué ha hecho la iglesia, el pastor? Esperar que regrese, ¿la han ido a buscar, la han ido a visitar? Esa es la misión del pastor, el pastor no está para organizar competicioines deportivas, ni grandes campañas evangelística, ni seminarios, ni asambleas, es pastor y el pastor tienen que atender a su rebaño, tiene que cuidar a sus ovejas, tiene que velar por ella, no por las noventia y nueve, sino por las cien.

Es la misión primordial del pastor, de la iglesia. Hay que amar a las descarriadas, ellas necesitan más amor que las que están reunidas, ellas necesitan la medicina, la ayuda, la comprensión.

Dios bendijo a David grandemente. Lo escogió para enfrentarse al terrible gigante Goliat, lo escogió porque Dios veía al muchacho luchar contra los osos, contra los leones para salvar al cordero, a la oveja débil que había sido tomada como presa. David dejaba las noventa y nueve y corría tras el oso y peleaba con él poniendo su vida en peligro. David amaba a sus ovejas y estaba dispuesto a dar su vida por ellas.

Jesús es el Buen Pastor y el buen pastor da su vida por las ovejas.
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El amor de Dios es tan grande que el dijo que iría en persona a buscar a sus ovejas descarriadas. Si los pastores no cumplen con la misión para la cual fueron llamados entonces nuestro Señor le quitará las ovejas para que un pastor que las ame las cuide y las protejas se haga cargo de ellas.

Muchos han sido llamados a pastorear un rebaño, pero a mitad de camino se han apartado de la misión sagrada de cuidar por las descarriadas. Dios se preocupa por las noventa y nueve, pero más se preocupa por aquélla que un día salió del rebaño y no regresó.

Hoy hay millones de ovejas perdidas por el mundo, acorraladas por la droga, el vicio, el adulterio, los deseos de la carne, la locura tras las riquezas, la pornografía, el adulterio, la fornicación, el homosexualismo, el lesbianismo, pero parece que a nadie les interesa llevarle el mensaje de liberación y salvación.

En muchas puertas de una iglesia he visto muchas de esas ovejas descarriadas, a la gente le interesa darle una moneda y no hablarle de las bondades del Señor, de la necesidad de buscar el reino de los cielos, el amor por las almas se ha enfriado. Fuimos llamados a buscar a las ovejas perdidas, Dios nos hizo pescadores de hombres. Cuando estemo ante su presencia no podremos ir con las manos vacías, es menester decirle: "He aquí el rebaño de las ovejas perdidas que encontré en mi camino y les invité a venir conmigo hacia a ti".

No necesitamos estudios teológicos, ni posiciones en la iglesia, ni títulos, ni altos niveles académicos, sólo necesitamos un poco de amor por todoas aquéllas que no han conocido a Cristo. Esa es la misión de todo creyente, creímos y debemos compartir esa salvación con otros.

De nada sirven nuestros estudios y posiciones si no buscamos por todos los lugares a las ovejas perdidas. "La miel es mucha", dijo el Señor, hacen falta obreros que sienta en sus almas amor por los esclavizados por el diablo.

Hoy más que nunca las iglesias deben preocuparse por la ovejas que se fueron, que por las noventa y nueve que no necesitan protección. Es misión de todo creyente hablarles a los demás del mensaje de Jesucristo.

Estamos en el tiempo del fin, es la hora de llevar las ovejas al rebaño, como Noé aseguró a los animales en el arca, ya todo está listo y el Pastor está a punto de cerrar la puerta como Dio cerró la puerta del arca. Es nuestra responsabilidad ante el Señor de salir al cmpo a trabajar, de salir al campo a sembrar la buena semilla, de salir al caampo en busca de la oveja perdida.
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