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¡JESUS Y NICODEMO ! (nueva)
 
 
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La mañana está muy fría. La brisa acaricia mi rostro suavemente. Mi cuerpo se niega a regresar a mi cama, el dios sueño parece imponerse,, pero camino y tomo un rico baño con agua caliente. Voy a la cocina y veo que mi anciana madre está colando un poco de café, no hay quien la obligue a no hacerlo. Tiene 87 años y su memoria es mejor que la mía, que a veces tengo que preguntarle:¿Qué día es hoy?. Paso tanto tiempo sentado en este ordenador que no me doy cuenta cuando pasa el tiempo.
Tomo mi taza de cafó caliente y parece que el sueó coge miedo y se espanta. Entonces tomo mi vieja Biblia y leo el salmo 23. Doy gracias a Dios porque me ha permitido ver una vez a mi madre y ver la belleza del día, sentir su presencia en todo mi ser. Soy un privilegiado, pues Dios se deja sentir cerca de mí.

Camino a la ventana y veo a dos pájaritos volando alegremente, siento envidia de su poder de volar, de no trabajar, de no hacer cosas espectaculares, sin embargo, son felices disfrutando la verdadera libertad del planeta.

Regreso a mi viejo sillón y cierro mis ojos. Entonces incio mi viaje de costumbre a la vieja Jerusalén, me fascina caminar por sus calles polvorientes, me encanta ver al pueblo afanado y que no llegue el sábado que es sagrado para ellos. Camino, saludo a algunos que me miran extrañadamente. Llevo mi Bib;ia Negra y algunos se quedan espantados que pueda saber tanto sobre ellos.

Me acerco a la orilla del mar de Galilea, es hermoso, persivo el olor marino, percibo el olor a sal, a arena. Allí están algunos de los discípulos de Jesús, puedo notar la figura corpulenta de Pedro y su mirada dura y dominante.

Busco al Maestro, pero no se encuentra con ellos. Así que me acerco a la barca y ellos me invitan a entrar. No saben cuánto disfruto cuando estoy cerca de gente tan humilde, pero que están llenos de tanta sabiduría. Conocen a perfección el arte de pescar. Son hombres muy valientes que todos los días ponen en peligros sus vidas por ir detrás de los peces, quizás por eso Jesús los escogióo, si ellos se entregaban de esa manera a pescar, que no haría si eran convertidos en pescadores de hombres. Y así fue, pues de la misma manera que ocurrió la pesca milagrosa, así iba a suceder con el primer mensaje de Pedro. Miles aceptaron a Jesús como el Mesías que había de venir.

Escucho a Pedro platicar con Juan, esté molesto, pues ha escuchado entre la gente religiosa de Jerusalén decir que Cristo es un falsante, un profeta que hace milagros en nombre de los demonios. Pedro sabe quién es Jesús y sabe que viene de Dios y que hace milagros en nombre de su Padre.

Me despido y sigo rumbo al templo, a ese maravilloso templo reconstruido por Herodes para ganarse el favor de los judíos. El templo es el lugar en el cual se adora a Dios, pero también es el lugar en el cual se reúnen los hombres más inteligentes e ilustrados de Jerusalén. Son hombres apegado a la Ley de Moisés. Están que arden con Jesús. Buscan la manera de agarrarlo en la mentira para acusarlo. No pueden permitir que aquel carpintero siga diciendo que su Padre es Dios, cuando todo el mundo sabe que es hijo de José y Maria y que sus hermanos continuamente están entre ellos.

Les molesta la actitud de Jesús, violenta el sábado haciendo milagros y sus discípulos van al campo a recoger el trigo. Están angustiados y hasta algunos se rompen la ropa encima por lo que afirma aquel profeta nazareno.
_¡Ha escandalizado a Jerusalén!-grita uno de los doctores de la Ley.¡Blasfema, dice otro!...¡Está loco, pues dice que es antes que nuestro Padre Abram!- exclamó uno que estaba sentadoo cerca de la puerta de entrada..Loco y endemoniado, pues afirma que puede derribar este templo y levantarlo en tres días, cuando nos hemos tardado ya 46 años y no hemos terminado.

El ambiente era tenso, los mercaderes se habían apoderado del atio y hacían ventas de toda clase...

El sol seguía muriendo, la tarde se comía los minutos, devoraba las horas. El sol mostraba su cansancio, ya no podía más, sus rayos comenzaron a enfriarse. El viento soplaba suavemente. Ya las nubes se cumbrían con una alfombra negra y yo seguía caminando rumbo al monte de los Olivos, quería hablar con Dios, quería saber muchas cosas. Me fascina hablar con Dios, con Jesus, con su Espíritu Santo. A veces cuando estoy en la montaña veo el cielo abierto y subo por la escalera que vio Jacob, veo la puerta abierta que vio Juan y escucho la voz que me dice:¡anda, sube!

Abro mis ojos, pues creo que me estoy volviendo un poco loco. Pero no es locura, es una realidad que podemos vivir cuando buscamos a Dios en espíritu y en verdad.

Me subo a una roca, la misma roca en la cual Jesús oró aquella noche en que Judas lo entregó. Podí ver las manchas de sangre del Cordero. Aquella noche de angustia mi Señor sudó gotas de sangre.

Mientras oro, veo muy claramente que un hombre camina oculto por una de las calles de la ciudad. No sé por quée se oculta, por qué camina mirando hacia todas parte. Mi mirada cruza los aires y se estrella contra sus ojos. Es Nicodemo, ¡sí es Nicodemo!, Nico, como le llaman sus amigos. La curiosidad se apodera de mí. Me despido de Dios y bajo. Camino rápidamente y lo veo tocando una puerta. Nadie responde, así que lo sigo...


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La noche iba quemando sus cartuchos, era densa, muy oscura. Arriba la luna era testifo de aquella estraña escena, observaba con curiosidad a aquel ser que caminaba lleno de espanto, pero que un deseo muy grande de hablar con aquel nazareno que había revueltto a toda Jerusalén y que había despertado tanta curiosidad y enojo en medio del pueblo religioso de la Santa Ciudad.

Lejos, se podía escuchar los pasos de unaos caballos tirando un carruaje, y desde allí se podía notar a varias mujeres que subían hacia Nicodemo, eran las mismas que iban a identificar a Pedro como uno de los seguidores de Jesús, Nicodemo las conocía, eran las murmuradoras de la ciudad, las que llevaban y traían los chismes. No podía dejarse ver por ella porque estaba frito. Así que se inclinó formando un bulto . El corazón le palpitaba más rápido, parecía que iba a estallar en mil pesazos, percibió cuando ellas habían pasado. Escuchó a una decir:" cuándo los romanos acbarAn con esta gebtuza que merodea en las noches".

Mientras tanto me detuve al ver a dos guardianes romanos. Era un extrañ en la noche en una callejuela de Jerusalén, era posible que me tomaran preso y me llevará a prisión y luego me harían esclavos de sus canteras de piedra.

Volví a distinguir la figura de Nicodemo. Ahora avanzaba, se veía más seguro, más tranquilo. El podía percibir que Jesús estaba cerca. Lo había estado buscando por mucho tiempo. Había estado en el monte de los Olivos antes que yo fuera, pero su búsqueda no había dado fruto.

Llegó frente al templo. Había mucho movimiento, algunos entraban y otos salían. Nicodemo se detuvo, vio a Caifés y a los otros, también vio a Judas, el que iba a vender a Cristo. Su mirada se perdió en el vacío, sabía que aquellos planificaban una canallada.

Pero pronto se olvidó de todo, se movió más rápido y vio a un hombre sentado serenamente bajo un érbol pequeño. Su corazón volvió a palpitar rápidamente, se acercó y a medida que se acerca sentía que su cuerpo ardía, vibbraba, sentía una brisa diferente, algo que purificaba, algo extraño que lo arropaba, que lo atrapaba y que lo llevaba hacia aquel ser que seguía serenamente sentado mirándolo mientras se acercaba.

Allí estaba el Señor, allí estaba con su sonrisa dulce, con su mirada divina, con su gesto amable. Entonces Nicodemo se sentó al lado de Jesús. Sus piernas le temblaban, sentía sus labios trásidos, sentía que todos sus órganos estaban congelado, su lengua estaba inmóvil. Tantas preguntas que tenía para hacer a Jesús y ahora no podía pronunciar ni una palabra.

Me fui disimulamente y muy cerca me eché al suelo. Recliné mi cabeza bajo otro arbolito cernano, podía escuchar la conversación.
Por fin Nico pudo pronunciar una palabra, por fin pudo preguntar.

Entonces escuché el diálogo más importante que había escuchado en mi vida. Jamás hombre alguno había habldo como Cristo, jamás había podido apreciar tanta sabiduría.
Ni Platón, ni Aristételes ni Socrátes, ni ninguno de los grandes filósofos de la historia había hecho una exposición como aquella que escuché de los labios de Cristo.
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Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, principal entre los judíos.Este vino a Jesús de noche, y le dijo:Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer esas señales, que tu haces, sino no está Dios con él. S.Juan 3:1-2

Aquí vemos a Jesús frente a un hombre considerado maestro entre los judíos, un príncipe, un honre muy inteligente, dotado de gran sabiduría y muy respetado. Nicodemo no es un simple pescador, no es un tonto ni tampoco un ignorante, Nicodemos conoce muy bien la Ley y la tradición de su pueblo, es profesor de teología. Pero Nicodemo sabe que Jesús tieine algo especial, reconoce que nadie puede hacer los milagros que Jesús hacía sino venía de Dios.

Mientras el resto de los líderes religiosos rechazaban a Cristo, lo acusaban de hacer milagros en nombre del demonio, este hombre sabía que Jesús tenía la protección divina.

Pero Nicodemo tenía miedo de reconocer en público que Jesús hacía los milagros en nombre de Dios, no se acercó a Jesús en este momento para reconocerlo com el Mesías que había de venir, sino como un maestro que tenía la bendeción de Dios. Así que él estaba allí pensando que el Señor era un maestro más como él, pero un maestro que tenían gran poder para realizar todos aquellos prodigios y señales que Jesús hacía.

Podían rechazar a Cristo, pero no podían recharzar sus milagros. Ahí estaban los ciegos, los mancos, los endemoniados, los muertos resucitados, allí estaban los testigos que le habían visto detener los vientos, que le habían visto en medio del mar caminando sobre las aguas, haciendo milagros con los peces, allí estaban los miles que él había alimentado en el monte, así que era imposible negar que aquel nazareno podía realizar grandes señales,

El problema consistía en que Jesús no decía que era un profeta más, ni un maestro más, ni un mago o hechicero, Jesús afirmaba que él era Hijo de Dios, que había vivido antes que Abram y peor aún, decía que el Padre y él eran la misma persona. Dijo una vez: "el que me ha visto a mí, ha visto al Padre, porque el Padre y yo somos la mismas persona".él había afirmado que él podía destruir el templo y levantarlo de nuevo en tres días.Pero a los judíos le robaba el sueño que Jesés realizaba milagros en sábado y que sus discípulos cogieran trigo en el día de descanso.

Así que Nicodemo estaba confundido con respeto a la verdadera identidad de Cristo. Un maestros de maestros estaba allí con humildad para buscar respuesta que él mismo no podía responder. Curioso que los humanos no supieran quién era Cristo, sin embargo, los demonios sabían quien era, y se escandalizaban cuando lo veían, pues sabían que Jesús los iba a destruir muy pronto.

Pero no era sólo Nicodemo quien pensaba que Jesús era un Maestro enviado por Dios. Nicodemos afirmí; "sabemos" que viene de Dios. Así que muchos aceptaban a Cristo como un poderoso Maestros pero no lo podían aceptar como él afirma que era: El Hijo de Dios.



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Mientras ellos platicaban pensaba profundamente en la hipocresía religiosa de muchos seres que dicen creer en Dios, pero lo niegan con sus actitudes y sus acciones. Jesús hablaba de su Padre, Jesús los había asombrado a los 12 años. Las autoridades judías sabían cada detalle de Jesús, lo espiaban, lo vigilaban, lo seguían, enviaban a sus alcahuetes a preguntar, ellos mismos le preguntaban, todos el tiempo estuvieron buscando una causa para acusarle, intentaron varias veces apedrearle y matarlo como habían hecho con los profetas, pero nada podían hacer contra Jesús, pues debía cumplir el tiempo de su ministerio que eran 1260 días, o tres años y medio.

Jesús sabe que aquel es un buen hombre, que está sometido a presiones intensas, que no le es fácil tomar una decisión y que no tiene la menor idea de que está hablando con el Hijo de Dios y no con un maestro. Lo que ignora Nicodemo lo comprendió la Samaritana, lo sabía Pedro y lo supo el ladrón en la cruz, ellos sabían que Cristo era el "Ungido de Dios", el Mesías que había sido prometido a Israel.

Así que Jesús con gran amor, con un gran sentido de respeto por este hombre que viene a él en forma secreta. Jesús sabía que la sabiduría de los seres humanos está corrompida, que es imposible saber la verdad si esa verdad no es revelada por Dios. Nicodemo iba a recibir la respuesta a sus preguntas, preguntas que nadie le podía responder.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no podrá ver el reino de los cielos.
S. Juan 3:3

La respuesta de Jesús nada tiene que ver con lo que Nicodemo le acababa de decir a Cristo. Nicodemo está hablando que él y otros reconocen que Jesús es un Maestro venido de Dios, porque era imposible que un hombre pudiera hacer tantas señales sino venía de Dios. Pero Jesús realmente leía la mente y el corazónn de Nicodemo. Jesús sabía cuáles eran las inquietudes de este príncipe, de este maestro de la Ley, Jesús sabía que Nicodemo estaba en busca de saber quée era necesario hacer para ser salvo. Nicodemo conocía la Ley de Moisés, los judíos ceían que si guardaban la Ley serían salvos, pero nunca ninguno de ellos la cumplió a cabalidad porque les faltaba el amor, la misericordia, la piedad. El joven rico guardaba la Ley desde niño, pero cuando Jesús le dijo que repartiera sus riquezas se llenó de tristeza y no siguió a Jesús.


Jesús fue directamentte al grano, al asunto, a la preocupación de este maestro que había ido en pos de él en medio de la noche.

Escuchaba fascidado la plática, nunca había saboreado tanto una conversación como esa. Jesús, no solamente le dijo a Nicodemo esta gran verdad, sino que su respuesta era para todos los seres humanos en todos los tiempos. Quien desee entrar al reino de los cielo tendrá que nacer de nuevo, tendrá que abandonar su viejo hombre, su antigua personalidad y comenzar de nuevo.

Las religiones han engañado a la humanidad, han condenado a billones de almas al infierno. Han enseñado la mentira como si fuera la verdad de Dios. Jesús no le dijo a este maestro, tienes que observar tales o cuales ritos, tienes que obedecer tales dognmas, tienes que dar tanto dinero a tu iglesia, tienes que azotar tu cuerpo, hacer penitencias, rezar tantos rosarios, prender velas, pedir a los muertos,¡no, no!, Jesús le dijo a Nicodemos el que desee entrar a mi reino debe nacer de nuevo. Jesús nos pide un cambio radical, Jesús nos pide una transformación radical, nacer de nuevo es volver a la inocencia de los niños.

Por eso dijo: "Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el reino de los cielos". Así que sin nacimiento de nuevo no hay salvación, no hay redención, el que no nazca de nuevo se perderá y será culpable en el Juicio Final, y será lanzado al lago de azufre y fuego por toda la eternidad.

Nadie se salva formando parte de una iglesia y practicando una religión hueca y vacía. No, no se trata de religión, no se trata de sectas, no se trata de ritos y ceremonias, ni de ocupar puestos de importancias ni de poseer muchas riquezas. Todos estamos bajo las mismas condiciones, todos tenemos el mismo requisito, si deseamos entrar a morar al reino de los cielos. En el reino de Cristo sólo él establece las condiciones. Así que Jesús comprendiendo la verdadera causa para que aquel hombre lo visitara, le dijo esta gran verdad. Para que puedas gozar de la vida eterna debes nacer de nuevo.

Me quedaba mirando a aquellos dos seres extraordinarios. Jesús miraba a Nicodemo y Nicodemo miraba a Jesús. Nicodemo al escuchar la respuesta de Cristo le preguntó:

¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?¿Puede acaso entrar por segunda vez al vientre de su madre, y nacer? S. Juan 3:4

Aquí entra la duda. ¿Será posible nacer de nuevo?¿Volver al vientre de la madre y volver a nacer?. Ciertamente Nicodemo no entendía, los conocimientos humanos que había adquirido de nada le servían, Jamás en sus estudios se le había planteado algo como lo dicho por Cristo. Era imposible volver a nacer desde el punto de vista carnal. Aquí está la gran mentira de los que afirman la reencarnación. Millones creen en esta gran falsa que los condena al valle de las tinieblas. Nadie vuelve a nacer carnalmente de nuevo. Está establecido que todo hombre viva y muera una vez. El cuerpo con el cual fuimos dotado ha de morir y jamás volveremos a vivir en esta tierra con otro cuerpo. No existe tal cosa como la reencarnación, las llamadas regresiones son mentiras de Satanás que usa a estos ignorante que se han apartado de la verdad de Dios. Nacemos y morimos una vez. Si la reencarnación fuera cierta, entonces:¿Para qué vino Jesús a la tierra?¿Por qué Jesús nunca habló de ella? Satanás es astuto, muy sabio, tiene sus servidores que se prestan para sus fechorías. Cada vez que un ser humano no tiene control de su mente, un demonio puede adueñarse de ella.

Nicodemo estaba más confundido, fue a buscar una respuesta de Jesús y éste le plantea algo que a su parecer es imposible de lograr. Esto demustra que será cosa vana tratar de entender los asuntos de Dios confiando en nuestra capacidad intelectual, en nuestra inteligencia, en nuestros métodos de razonamiento lógiico, aquí no se aplica la lógica, pues todo nos ha de parecer ilógico, incomprensible.

No podemos ver a los astros con un microscopio ni a los microbios con un telescopio. No podemos medir la temperatura con un pluviómetro ni la cantidad de agua con un termámetro. Las cosas de Dios son espirituales y ciertamente nosotros jamás vamos a entener las mismas si no son reveladas.

El instrumento para entender las cosas espirituales son recibidas por la fe y no por el uso de la razón.

Respondió Jesús:De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y de Espíritu no podrá entrar en el reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije:Os es necesario nacer de nuevo.

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que nace del Espíritu.

Respondiendo Nicodemo y le dijo:¿Cómo puede hacerse esto?`
S. Juan 3:5-9

Nicodemo estaba sorprendido de la respuesta de Jesús. No comprendía todavía el alcance de las palabras del Señor. Ahora resultaba que el nacimiento debía ser noble, nacer del agua y del Espíritu. Algo un poco confuso paea Nicodemo.

Escughaba atentamente. Trataba de entender las palabras de Cristo, trataba de ver claro lo que Jesús quería decir. Nicodemo se rascaba la cabeza, se sentía ignorante, falto de conocimientos, un ser tan educado como él, que había dedicado su vida al estudio de la Ley no podía comprender las palabras de Jesús.

Ciertamente Jesús estab claro. Se refería al nacimiento del agua, al bautismo de Juan. Debemos ir a las aguas luego de creer en Jesús como Salavador. El bautismo en las aguas es para enterrar al "muerto", para enterrar al viejo hombre, al cuerpo leproso lleno de pecados. El bautismo en las aguas nos une a la Iglesia Universal de Cristo, a la iglesia verdadera fundada por Cristo el día de Pentecostés. Nacer del agua es ir a las aguas cubierto de la lepra de pecado y salir limpio de toda culpa. Jesús fue a las aguas, no para enterrar su viejo hombre, pues él nunca conoció el pecado, fue a las agusa para recoger todos los pecados de la humanidad y llevarlos a la cruz. Jesús entró limpo a las aguas del Jordán y salió cubierto de llagas, de lepra, de pecado.

El que nunca pecó se hizo pecado. Es vital que el creyente sea bautizado en las aguas. No es la falsa de la iglesia Católica que bautiza a los niños para borrar el pecado orifginal, eso es un disparate, los niños son inocentes mientras sean niños, de hecho así lo hizo saber Jesús. "El que no fuera como un niño no entrará en los reinos de los cielos". "Dejad vemir a mí a los niños, porque de ellos es el reino de los cielos"El bautismo es un acto consciente. El ser humano debe reconocer que es pecador, que es un reo de muerte, que fue echado de la presencia de Dios, que no está bajo la voluntad de Dios, que está en las tinieblas y no en la luz, el ser humano debe ir a las aguas sabiendo que de esa manera ha de comenzar una nueva vida, con otro hombre, uno santificado, justificado y limpiado por la sangre de Cristo. Bautizar a un nño no tiene sentido, pues ellos ignoran el significado de ese acto.
Así que Jesús le está diciendo a Nicodemo, primero debes creer en mí y luego ir a las aguas del bautismo para que puedas formar parte de mi rebaño. Ese es el primer paso de ese doble nacimiento. Una vez el cuerpo sea limpiado, purificado, entoces viene el bautismo en el Espíritu, entonce Dios envía su Espiritu Santo a morar en su nuevo templo, que es el cuerpo del creyente limpio. Entonces ya no vivimos bajo el dominio de la carne sino bajo la dirección del Espíritu Santo.

Mientras permanezcamos viviendo en santidad, en obediencia, dando frutos del Espíritus y apartándonos del mundo y de los furtos de la carne estaremos protegidos de Satanás que buscará en todo momento destruirnos, pues no dejará de luchar para que nadie se salve.

Así que Jesús le dice a Nicodemos y nos dice a todos nostros, si quieres entrar a mi reino, si quieres disfrutar de vida eterna debes nacer de nuevo, debes ser bautizados en el agua y en el Espíritu. Cuando estés bautizado en agua y en fuego ya no te ciñes tú, ahora el control de tu vida no está en tus manos, ahora quien dirige tu vida es el Espiritu Santo.

Escuchaba atentamente a Jesús, miraba a Nicodemo que ceñia su frente, se rascaba la cabeza y a veces hasta lo escuchaba respirar. Eran palabras muy profundas las que le estaba dicienfdo Jesús. Aquello que Cristo pedía no era fácil, era dejar de ser uno para ser otro, dejar de ser canal, para ser espiritual.

Las religiones del mundo parece que nunca han entendido esto. No es ser religioso, es cambiar totalmente nuestra personalidad. Debemos dejar los frutos de la carne y comenzar a producir los frutos del espíritu. Si vivimos en la carne jamás amaremos a nuestros enmigos, jamás compatiríamos las riquezas, jamás perdonaremos a los que procuran nuestro mal, jamás pondremos nuestra mejilla. Eso no lo haremos si estamos en la carne, si todavía arrastramos al "muerto", al viejo hombre.

Todo eso lo haríamos si vivimos en el Espíritu. Si vivimos en el espíritu cultivamos el amor, el perdén, la piedad, la justicia, el respeto, la solidaridad, la hospitalidad. Cuando vivimos en el espíritu el dolor ajeno es nuestro dolor, la tristeza del prójimos es nuestra tristeza, nuestras riquezas son las riquezas del necesitado. Cuando vivamos en el espíritu jamás levantaremos la mano contra un hermano porque sabemos que todos fuimos hecho a imagen y semenjanza de Dios, alzar la manos contra nuestros hermanos es alzar la mano contra Dios.Cuando vivamos en el espíritu buscaremos la paz y no la guerra, el perdón y no la venganza, la caridad y nola avaricia.

Nicodemo estaba fascinado escuchando a Jesús. Nunca había tenido una oportunidad como esa. Sus reuniones en el templo simepre giraban sobre lo mismo: La ley, ley que nunca han entendido los judíos ni la van a entender, inclusive muchos creyentes que todavía pretenden vivir bajo ella.


Lo que Jesús plantea aquí es un cambio radical de la personalidad, es arrancar de raíz al viejo hombre contaminado con el pecado de Adán. Esa es la magia del evangelio, el evangelio no es una cadena de dogmas y prácticas sin sentido. El evangelio es una fuerza de cambio, de trasformación radical que nos hace volver a la inocencia del niño.

Cuando nacemos de agua y del Espíritu somos dotados de un nuevo niño, un niño que debe crecer bajo la dirección del Espíritu Santo, hasta llegar a la cruz y ser salvo. Nada debemos hacer para ser salvo, ni rezos, ni plegaria a los muertos, ni santos ni rosarios, ni purgatorio... simplemete permanecer como un niño y hacer la voluntad de Dios.



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El tiempo parecía que se había detenido. Las estrellas estaban atentas, parecían escuchar la conversación, allá en los confines del Universo, muy lejos de éste, en el Tercer Cielo, Dios miraba por la ventana, observaba a su Hijo hablando con autoridad, enseñando su verdad eterna. A veces una sonrisa cubría sus labios. Millones de ángeles guardaban silencio. Cada palabra que pronunciaba Jesús era como una hermosa nota musical. Las nubes se abrían paso para que los rayos de la luna iluminaran el lugar. Entonces percibí que me miraban, medio oculto, acostado sobre la hierba, mirê y descubrí la mirada de Dios y su sonrisas.

Nicodemo se encontraba en un remolino de ideas, su cabeza daba vueltas y vueltas. Aquellas palabras del Maestro habín calado en su corazón. Comprendió la falsedad de la religión, de las enseñanzas de los fariseos, de los sacerdotes, comprendio que todo era vano, que ciertamente si no hay un cambio en ser humano, entonces la religión de nada sirve, si vamos a ser como son los que no creen, entonces para que nos sirve ser religiosos.

Sentía que iba siendo libertado de los paradigmas que durante muchos años había guardado con mucho celo. El que creía saberlo todo, ahora descubre que ciertamente todo su conocimiento era vanidad,comprendió que la inteligencia sin el temor a Dios es vana, insignificante.

Estaba profundamente sumergido en aquel mar de ideas que se movían de un lado para otro en su edificio hecho ruina, pues ciertamente todo lo que había concebido como una verdad irrefutable, ahora se derrumbaba. Todo el tiempo había sido un buen religioso, pero nunca había experimentado aquel nacimiento del cual le hablaba Jesús.

Respondió Jesús y le dijo:¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testitificamos, y no recibís nuestro testimonio.

Si he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere cosas las celestiales?

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cierlo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.

Para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

S. Juan 3:10-17

Ahora Jesús enfrenta a Nicodemo. Es un pregunta dura, una pregunta que estremece a Nicodemo. Una pregunta que muchos creyentes y religiosos deben contestar. Jesús enfrenta a Nicodemo al preguntarle, ¿Acaso no eres maestros y no sabes estas cosas?. Cuóntos no hay que llevan títulos de doctores en teología y no saben ni enseñan estas cosas que Jesús le dijo a Nicodemo. ¿Cómo es posible que uno llamado maestro desconozca esta verdad fundamental?

Jesús sabe que Nicodemo es principal de los judíos, un príncipe, sabe que no ha querido seguirlo abiertamente, que viene bajo la sombra de la noche, pero Jesús sabe que este hombre es sincero, busca la verdad, busca la forma de encontrarse con él, de creer en él. Muchos hay que se levantan en los púlpitos y lo único que saben es pedir y pedir. Apenas entienden lo que predican, Así que Jesús cambia bruscamente su diálogo con Nicodemo.

Le dice que si no entienden las cosas terrenales, menos van a entender las cosas espirituales. Esa es la verdad, los sabios de la tierra, los intelectuales, los que tienen altos niveles de inteligencia apenas pueden entender las cosas del mundo y pretenden ser autoridades en las cosas de Dios.

Jesús aprovecha el momento para repetir a Nicodemo lo que tanto les molesta. Le dice que él viene del cielo. Que él sabe de lo que está predicando en toda Jerusalén porque el es el Hijo de Dios. Jesús siempre sostuvo este principio. Siempre lo afirmó.
Su Padre no era José el carpintero, su Padre estaba en el trono de los cielos. Pero en vano le explicaría a Nicodemo, pues todavía no había creído totalmente.

Así que Jesús le predica, le enseña que es necesario crrer en el Hijo para poder ser salvo. Le habló del amor de Dios por la humanidad y le profetizó que sería levantado al cielo. Le habló de su muerte y de su resurrección. Nicodemo estaba impresionado, sentía que Jesús hablaba con verdad, estaba convencido que venía de Dios.

Es triste hermanos cuando una persona sabiendo la verdad no la sigue porque tiene miedo de perder una posición o el respeto de los que están en su círculo social. Es triste que miles de sacerdotes y obispos se mantegan en la mentira cuando ellos saben la verdad, no puedo entender cómo un hombre de Dios se complace con enseñar la mentira por no perder un título que poco vale.

Nicodemo estaba convencido que Jesés venía de Dios, pero ocupaba un puesto en la sociedad judía, tenía un título de maestro, pensó igual que pensó el joven rico, no dejaría sus riquezas para seguir a Cristo. Nicodemo no iba a abandonar su puesto en la sociedad judía por aceptar públicamente a Jesús.

Sin embargo, aquella conversación iba a cambiar su vida. Jesús le habló con dulzura. Le habló del amor de Dios por la humanidad, le habló sobre la diferencia entre lo terrenal y lo espiritual, entre la sabiduría y el conocimiento humano y la sabiduría que proviene del cielo.

Yo no podía salir de mi asombro, Mi fe se aumentó, una vez más sentí cuan grande es Dios, cuan grande y maravillosa es su Palabra. Ya era tarde en la noche. Todavía seguía el movimiento en el templo, todavía había gente caminando por las calles. Pude notar a un hombre contando algunas monedas. Cuando se acercó me di cuenta que era Judas. Pasó frente a Jesús y a Nicodemo con una sonrisa maléfica

Jesús fijó su vista en él. No dijo nada y el traidor se perdión en la oscuridad de la noche.

Entonces nuevamente escuché la voz del Señor y vi que Nicodemo fijó su vista en él y escuchaba con atención.

Porque no envié Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a laluz, para que sus obras no sean reprendidas.

Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

S. Juan 3:17-21

Si Nicodemo estaba asombrado, más asombrado estaba yo. Era magistral la explicación que Jesús le daba a este maestro, quien aceptaba con humildad que no sabía mucho sobre la vida espiritual y sobre el conocimiento que se obtiene por la fe.

Jesús dejó claramente establecido los requisitos para entrar en su reino. A veces me río de los necios, de los ateos, de los ingenuos. Ellos quieren establecer las pautas a Dios. Ellos quieren que las cosas sean como ellos piensan que deben ser, y se olvidan que el reino de Dios es su reino y es él quien decide quien entra y quin no entra.
Aquí en nuestro planeta si tenngo una casa yo decido quién entra y quién no entra, decido como deben ser las cosas, el vecino ni nadie pueden decirme como es que debo tener mi hogar.

Pero cuando los seres humanos miran a Dios, entonces quieren que las cosas sean conmo ellos creen y no como Dios ha determinado.

Así que Jesús le dice a Nicodemos lo primero es creer en mí, creer que soy el Redentor, el Salvador del mundo. Yo fui enviado a la tierra para salvar a la raza humana y no para condenarla. Ese fue el más noble acto de amor de Dios hacia su creación.

Una vez crea de todo corazón que yo soy el que digo que soy, entonces debes ir a las aguas para recibir el bautismo. Así nace de nuevo, nace de las aguas, resurge con un cuerpo libre de pecado, esto te permite entrar a la Iglesia Universal, al rebaño. Con el bautismo en las aguas sepulta al viejo hombre. Una vez el cuerpo sea limpio, se ha de convertir en un templo viviente en el cual el el Espírit Santo pueda habitar. Es necesario este bautismo ya que es nuetra única defensa contra Satanés. Es el cerco que nos libra de los demonios. El Espíritu Santo nos protege, y ademés nos recuerda las palabras de Cristo y nos guía a toda verdad. El Espíritu Santo nos permite hablar en lenguas, sanar enfermos, echar fuera demonios y nos permite adquirir los dones espirituales.

Así que ahora realmente hemos nacido de nuevo, nos convertimos en un nuevo ser bajo la protección y dirección de Dios. Cuando nacemos de nuevo vivimos en la luz, caminamos siempre con la verdad, cuando estamos en la carne, cuando somos religiosos y no verdaderos creyentes andamos en las tinieblas, nos apartamos de Dios, vivimos en la carne haciendo lo mismo que el mundo hace.


El que renace de nuevo camina en la luz y aborrece las tinieblas. Jesús vino al mundo pero el mundo no le conoció, El hombre rechazó la luz porque sus obras son malas, por eso abrazó las tinieblas, por eso aceptaron a Borrabás y rechazaron a Jesús.

Vi a un nuevo Nicodemo, había una sonrisa en sus llabios, sus ojos reflejaban la luz. Jesús se levantó y colocó sus manos sobre los hombros de Nicodemo, le dio una palmada y siguió su camino al monte de los Olivos. Nicodemo se dirigió al templo. Había mucho movimiento en las calles de Jerusalén, algo estaba pasando.

Me levanté, estaba impresionado con todo lo que escuché esa noche. Entonces seguí mi camino. Al doblar cerca del templo un grupo de hombres y soldados se dirigíal al monte de los Olivos, pude ver a varios sacerdotes, y la figura de Judas se distinguía en medio de aquella pandilla de delincuentes. No hice mucho caso y seguí mi camino.

Pensé en Nicodemo, sabía que ya no sería el mismo, sabía que las palabras de Cristo lo iban a cambiar, perdería el miedo. Ahora no le importaba si lo señalaban o no.

Luego me enteré que había estado presente cuando llevaron a Jesús ante las autoridades romanas. Allí salió en defensa de Jesús.

Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos:

¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre sii primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?

Respondieron y le dijeron:¿Eres tú también galileo?Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.

Así que vemos ahora a un Nicodemo que se enfrenta y defiende a Jesús. El sabe que si lo escuchan se darán cuenta de la inocencia de Jesús, pero estos religiosos están ciegos y no descansarán hasta matar al Señor.

Las palabras de Jesús habían calado hondo en este hombre. Nicodemo tenía una posición, tenía dinero, conocía la Lay, sabía que Jesús hacía milagros el día de descanso, sabía que sus discípulos cosechaban el trigo en el día sábado, sabía que con sus enseñansas retaba a las autoridades religiosas de Israel, sabía que Jesús podría causar que los romanos tomaran represalias contra la ciudad, pero Nicodemo sabía que había algo especial en aquel nazareno, en aquel carpintero. Nicodemo lo llamó Rabí, aunque Jesús no tenía estudios alguno universitario, ni en teología ni formaba parte de los religiosos de su tiempo. Nicodemo lo llamó Rabí, pues sabía que Jesús estaba lleno de sabiduría, de una sabiduría especial, de una inteligencia mayor, sabía que en Jesús tenía la respuesta a sus dudad, respuesta que ninguno de aquellos falsos religiosos le podían ofrecer.

Por eso fue de noche para hablar con él y por eso ahora estaba intercedienco por el Señor. El era uno de ellos y sabía de las intenciones de matarlo. Pero Nicodemo ciertamente comenzó a nacer del nuevo.

Cuando el Señor murió en la cruz allí se acercaron dos hombres muy importantes de Jerusalén, dos hombres ricos, dos hombres que apesar de poseer riquezas, títulos, posiciones no les importó lo que pensara el pueblo, estaban allí y bajaron el cuerpo de Cristo. Uno de ellos era José de Arimatea. El otro llevando consigo un perfume , se afanaba por cubrir el cuerpo del Mesías y por darle una sepultura digna. Allí estaba haciendo un gran esfuerzo hasta que pudieron llevar a Jesús al sepucro. Ell permanecía en silencio. Ayudaba a José de Arimatea a rodar la gran piedra para tapar el sepulcro. Se notaba su tristeza, su angustia. Antes de partir del sepulcro se acercó a dos mujeres que lloraban frente a la tumba, puso sus manos sobre sus cabezas y una lágrima brotó de sus ojos cansados. Por última vez miró la enorme piedra, no podía olvidar lo que había escuchado, aquel nazareno había dicho que se levantarí de entre los muertos al tercer día... Miró al cielo, y por un isntante le pareció ver a Jesés. Sacudió la cabeza, entonces escuchó la voz de José de Arimatea: _ ¡anda, Nicodemo, vamos, ya comienza el día de reposo...

Allá iban aquellos dos hombres que Dios había escogido enter los ricoas de Jerusalén para que la profecía se cumpliera, aquélla que decía que el Mesías iba a ser enterrado como un rico.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús: y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.

También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra de áloes, como cien libras.

Tomaron,pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, segú es costumbre sepultar entre los judíos. S. Juan 19: 38-40
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