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EL HIJO PRODIGO (nueva)
 
 
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Son muchas las historias, las parábolas que Jesús nos relata en la Sagradas Escrituras. Su habilidad para contar y narrar era extraordinaria. Jesús decía grandes cosas en una forma muy sencilla. Fue un Maestro muy especial, Jesús buscaba siempre la forma más efectiva para transmitir su mensaje.

Mientras Satanás siempre hacía uso de la pregunta retórica para engañar, para sembrar la duda, para sembrar la ambigüedad, Jesús sembraba el conocimiento y la verdad mediante el uso de formas lingüísticas muy sencillas.

Jesús conocía a sus seguidores, conocía sus capacidades intelectuales, conocía sus limitaciones. Así que siempre trataba de ilustrar sus mensajes con hermosas parábolas.

El gran Maestro de Galilea habí "perturbado" el método de enseñanza de Israel. Había "turbado" el pensamiento judío. Había "atentado" contra los métodos religiosos de los judío. Jesús puso en jaque a los sabios y maestros de la nación.

Nuuestro Señor "provocó" a celos a los fariseos, a los saduceos, a los escribas y a los sacerdotes de su tiempo.

Jesús provocó cambios sustanciales en los hábitos y costumbre de aquel pueblo religioso, un pueblo que se creía agradar a Dios, pero estaba muy lejos de él a causa de su hipocresía, su maldad, su arrogancia, su soberbia, sus injusticias.

Los sacerdotes y el sumo sacerdote hablaban de Dios, hablaban de la Ley de Moisés, pero deshonraban a Dios y violentaban la Ley todo el teimpo. Eran nubes sin agua, flores marchitadas, hojas llevadas por el viento.

Este pueblo rebelde, duro de cerviz buscaba por todos los medios de sacar del escenario a aquel carpintero, aquel pescador, aquel hombre que había cuestionado la moral de los que decían servir a Dios y con sus actuaciones servían al mismo diablo.

La nación judía, especialmente los religiosos buscaban la ocasión de coger a Jesús en una falla para codenarle. Así que tenían espías, soplones entre la multitud que seguía al Señor.

Condenaban a Jesús por compartir con el pueblo, por estar entre pecadores, por sanar en sábado, por permitir a sus discípulos ir al campo y coger trigo. Jesús simepre fue perseguido, los fariseos y todosa aquella pandilla de hipócritas tenían sus miradas acusadoras sobre nuestro Señor.

¿Por qué Jesús bebía y comía con pecadores y seres de no muy buena conducta?¿Por qué el Señor se rodeaba del sector marginado de Istael?¿Por qué prefería estar entre los pobres y no entre los ricos?¿Por qué hacía milagros en el día de reposo?¿Por qué enseñaba de aquella manera?

Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oirle,

y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. S. Lucas 151-2
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Los fariseos y los saduceos eran grandes enemigos, sin embargo el odio que sentían hacia Jesús ahora los unía. Estos seres hipócritas que decían ser guardianes de la adoración y culto a Dios no podían aceptar la conducta de Cristo.

¿Cómo era posible que Jesús se sentara con los pecadores, con la gentuza, con los enfermos, con los pobres, con los marginados? Para ellos era humillante lo que Jesús hacía.

Jesús sabía que aquellos seres que le seguían estaban murmurando, estaban comentando, criticando. Jesús conocía sus pensamientos, sus corazones, Jesús sabía que lo despreciaban, que lo odiaban, que deseabann su muerte.

Entonces decide narrarles tres parábolas muy interesantes, tres narraciones maravillosas, tres parábolas que encerraban su gran amor por las almas, por aquéllos que andaban en el camino de la oscuridad, por aquélllos que vivían lejos de Dios.

Jesús hizo uso de tres parábolas que recogían sus ideas sobre el amor a los pecadores, tres enseñanzas que plasmaban sus principios de misericordia, de compasión, de caridad.

Los sanos no necesitan médicos, sino los que están enfermos, los justos no necesitan arrepentimiento sino los que está sumidos en el pecado. Jesús les habló de la oveja perdida, la dracma que perdió la mujer y del hijo pródigo. Tres ejemplos muy claros que demuestran el amor de Dios por los pecadores.

Jesús les habló con dulzura, con simplicidad. Jesús les estaba enseñando que los que tienen a Dios en sus pensamientos no necesitan, sino los que estánn apartados.

Esa actitud religiosa es un veneno que enferma y mata nuestra relación con Dios. Aquellos religiosos creían que sólo ellos eran amados por Dios, que sólo ellos estaban bien delante del Creador, que sólo ellos tenían el derecho de estar y escuchar a Jesús. Aquéllos falsantes que se engañaban así mismos creían que los pecadores no tenían derecho a formar parte del pueblo de Dios. Ahora, en una forma genial, Jesús se plantea la gran verdad, el gran problema. Las noventa y nueve ovejas están seguras, la que necesita es la descarriada.

Hoy hay muchos que murmuran cuando ven a un drogadicto, a un homicida, a una ramera, a un ladrón con una Biblia y predicando las maravillas de Dios. No creen que han cambiado, que Dios los ha transformado, que son nuevas criaturas. Todavía hay ministros y sacerdotes que piensan que sólo ellos sirven y adoran a Dios. Todavía hay seres humanos llenos de religiosidad que creen pueden expulsar a otro de la presencia de Dios, que pueden declarar hereje a un hermano. Todavía hay quienes piensan que sólo ellos alcanzarán el perdón y la misericordia de Dios.

Todavía hay seres humanos que piensan que tienen el poder para declar santos o herejes a otros. Esa maldad no ha cambiado. La historia de la humanidad está llena de historias de esos seres que condenaron a sus hermanos al fuego de la hoguera.

Jesús dijo:"He venido a salvar al mundo, no a condenar al mundo". Jesús vino a morir por los pecadores, por los hombres y mujeres que viven como si Dios no existiera. Todos tenemos las mismas oportunidades de ser perdonados, de ser salvados, de ser levantados, de ser justificados. Sólo Dios tiene el poder para expulsarnos de su presencia, de condenarnos, de excluirnos del libro de la vida.

Para Dios todos somos iguales y todos podemos disfrutar de sus grandes bendiciones. Jesús decía que el gozo era mayor cuando un pecador se arrepentía. Había fiesta en el cielo cuando una oveja perdida encontraba el camino de regreso. Ese es el gran amor de Dios, él mismo vino a buscar a la descarriada para salvarla de las garras del leónn que procuraba devorarla.

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La multitud era enorme. Miles seguían al nazareno, miles querían escuhar las enseñanzas de aquel hombre de mirada profunda, que habla con autoridad, aquel ser a quien los demonios le temían. La multitud se apiñaba, había hambre en Jerusalén de escuhar palabras de vida. El pueblo estaba harto de escuchar a sus religiosos, de escuchar tonterías, de escuchar dogmas, leyes, mitos. El pueblo estaba cansado de aquéllos religiosos que guardaban la Ley, pero no actuabann conforme a la Ley, seres religiosos vacíos de amor, de piedad, de compasión.

El pueblo estaba cansado de escuchar a aquellos religiosos que destilaban odio, que despreciaban a los pobres, a los enfermos, alos leprosos, a los endemoniados, a los débiles. El pueblo deseaba escuchar la voz de aquel humilde Maestro lleno de inteligencia y de sabiduría.

Ellos habían escuchado a muchos profetas y falsos profetas, pero nunca un hombre les había hablado como Jesús lo hacía. Allí estaba el Mesías desconocido, el Hijo de Dios, el mismo a quien Juan identificó como el Cordero de Dios.

¡Ay!, ¿Cuánto deseo montarme en el pollino y que me conduzca a aquella montaña para ver y escuchar a mi Maestro preferido? Es algo que no puedo evitar, de lo que no puedo escapar. Siento un gozo tremendo, algo maravilloso, siento la brisa que trae las palabrs de Jesús. Siento la multitud cerca de mi, percibo el coraje y el odio de los fariceos y de los saduceo. Veo sus rostros contristados, enojados. Murmuran entre dientes y hasta maldicen. Están como perros rabisosos.

Ahí la multitud hambrienta de la palabra sana, de la palabra dulce, de la palabra que no condena, de la palabra que proviene del cielo. Ahí está el Maestro, sentado sobre una piedra, con su mirada puesta en la multitud, con su pensamiento puesto en su Padre. Al lado están sus discípulo, Juan está muy al lado, Pedro se entretiene con las piedras y Judas sonriente cuenta las monedas que hay en su bolsa. Está contento por la multitud, es posible que pueda recolectar algunas ofrendas. Mira a la Magdalena y sonríe.

Allá en el templo los enemigos de Cristo conspiran, Caifás ora a Dios para que lo ilumine. Todo es silencio en el monnte.

Jesús contemplaba a aquellos rostros habrientos de conocer la verdad de Dios, hambrientos de escuchar la palabra de vida, la palabra que cambia, la palabra que transforma, que germina en los corazones y en las mentes de aquéllos que buscan a Dios en espíritu y en verdad. Jesús los mira con pena, puede leer sus pensamientos.

Jesús levanta su mirada al horizonte y puede ver a diez hombres cuyos cuerpos están cubiertos de lepra que luchan por llegar hacía él, aquellos cuerpos cubiertos de lepra le recuerdan a Lamán cuando fue sanado en el Jordán, y alguien mayor que el Jordán estaba allí al frente de la multitud. Jesús sonreía silenciosamente, pues sabía de la fe de aquellos leprosos.

Los fariseos murmuraban, no podían comprender a Jesús, no podían entender por qué se reunía con los pecadores. Jesús los miró, comprendió su maldad, sus pecados, sus cuerpos reflejaban la lepra de sus corazones. Ellos comprenieron que Jesúas sabía de lo que murmuraban, sintieron aquella mirada como una flecha que los atravezaba, sintieron vergüenza y bajaron sus cabezas.

La brisa soplaba, era un silencio silencioso, un silencio agradable, un silencio que atrapaba. La figura de Cristo proyectaba paz, tranquilidad, armonía.

Jesús permanecía en silencio. Veía a los niños acercarse, veía a sus discílos pensando en quién sería el mayor, Jesús veía al joven rico acercarse y luego alejarse entristecido, apegado a sus riquezas, Jesús levantaba su mirada y veía a un hombrecito pequeñ corriendo por la ciudad y luego subirse a un árbol, Cristo sonreí al ver a Zaqueo en el árbol.

La mente del Señr divagaba por el tiempo del futuro. Allí estaba la multitud gritando:¡Hosanna! Allí estaba la multitud recibiéndolo como rey.

Su mirada se dejaba caer sobre la multitud y entonces comenzó a decirles varias parábolas. Entre ellas le habló de una muy conmovedora, de una muy profunda, de una que simboliza nuestra relación con Dios y la relación del pueblo Israel con su Creador. Es una joya de enseñanza la parábola del hijo pródigo. Hace dos mil años Jesrs contó esta hermosa hiistoria y hoy su verdad sigue vigente. El hombre que se aparta de Dios cae en las manos del enemigo y lo devola sin misericordia, sin peidad, sin caridad alguna, sin compasión, estar alejado de Dios es como tener una barca en medio del mar tormentoso. Esta historia ha sido la historia de miles de seres humanos, que han puesto su mirada en las cosas terrenales, en las riquezas, en l poder, en la fama, en los lujos, e la abundancia, en el oro y la plata.
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Jesús utilizó tres símbolos para significar al pecador, al hombre. Habló de la oveja perdida, de la moneda de la mujer y habló del hijo pródigo. Oveja, moneda e hijo pródigo era la misma cosa, que tenían el mismo significado, era una ilustración del mismo tema en tres situaciones diferentes.

Jesús hablaba del ser humano que está perdido en el pecado, que camina por el mundo ciego, sin metas, sin puerto a dónde llegar, sin camino que lo conduzca de regreso. Jesús hablaba del hombre que se aparta de Dios, que se pierde. Jesús habló del amor de su Padre. En las tres historias Dios es el que busca, el que busca a la oveja perdida, el que busca la moneda y el que espera que su hijo regrese ante su presencia.

Es la historia de Israel, pero también es la historia de la raza humana. Israel anda perdido y la humanidad sigue sus pasos. Dios quiere recoger a su pueblo y Dios quiere recoger a la humanidad, pero ambos no regresean, ambos adan por veredas que lo alejan de su presencia.

Por miles de años Israel estuvo bajo la dirección divina, pero luego se corrompió, se apartó de su Señor y se convirtió en una nación desobediente, en una "ramera" fornicaria que dejó a su Amado Esposo para ir en pos de dioses ajenos. Ignoraron a Jehová y permitieron la idolatría, la maldad, se corrompieron hasta el punto de matar al Hijo de Dios.

La humaninada ha seguido el mismo sendero de Barrabás. Jesús con su muerte nos dio la oportunidad de ser injertado en la nación judía y de extender su salvación a toda la humanidad. El pueblo gentil aceptó a Jesús como el Mesías, como el Salvador y Redentor de la humanidad, Jesús nos enseñó el camino del amor, del perdón, de la fe y la esperanza. Jesús nos enseñó que debíamos ser buenos samaritanos y ayudar a nuestros hermanos, incluyendo a nuestros enemigos. Jesús nos dejó su Palabra Verdadera y nosotros nos hemos corrompido como los judíos, y nos hemos apartado poniendo nuestra mirada en el mundo y no en la cruz.

Jesús le contó la historia del hijo pródigo luego de haberles contado la historia de la oveja perdida y la historia de la mujer que había perdido su moneda.
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Entonces Jesús mirando a la multitud y a los murmuradores volvió a decir:

Un hombre tenía dos hijos;

y él menor de ellos dijo a su padre, dame la parte de los bienes que me corresponden; y le repartió los bienes.

No muchos días después, juntándolos todo el hijo menor, se fue lejos a una provinvia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provinvia y comenzó a faltarle,

Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.

Y deseaba llenar su viente de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.

Y volvienso en sí, dijo:¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre. Lucas 15:11-17

El joven rico puede simbolizar varias cosas, esta historia puede ser tu historia, mi historia, la histora de la raza humana o la historia de Israel. Pero en todas hay una verdad muy grande. Esa verdad que muchos no queremos reconocer. Cuando decidimos escoger el camino espacioso y no el camino señado por Dios; hicimos lo mismo que este joven, hijo menor.

Nos hemos apartado de Dios. No fuimos inconformes con lo que teníamos al lado de Dios y nos fuimos al mundo a buscar lo que no teníamos en el camino recto y estrecho de la puerta angosta.

El joven tenía mucho cuando estaba con su padre. No valoriizó lo que su padre le daba, quería lo suyo, quería su herencia, quería disfrutarla, gastarla en los placeres de la vida. Sólo pensó en disfrutar la vida y los placeres del mundo. Así que tomó lo suyo y abandonó a su hogar, a su padre, a su hermano mayor. Vivió alegremente por un tiempo, brincó y saltó, disfrutó de los manjares y de los placeres de la carne hasta que lo malgastó todo, hasta que se encontró en la ruina, hasta que la sombra de la desgracia se apoderó de su vida.

Así nos pasa muchas veces. Estamos en el camino de Dios, un camino estrecho, un camino a veces de dificultad y de escasez, un camino que no nos brinda placeres de la carne, pero vivimos con humildad delante de Dios.

Todo lo que tenemos es lo suficiente para sobrevivir, pero tenemos paz, tranquilidad, amor, vivimos en obediencia con Dios, Pero un día Satanás siembra la cizaña, nos hace mirar al mundo, sus placeres, sus riquezas, su mundo de placeres y deleites. Entonces decimos:¡Bueno Dios!, debo cambiar mi vida, debo buscar nuevos horizontes, otro trabajo, el que tengo no es suficiente, debo involucrarme con el mundo. Todo nos parece genial. Decimos, si Dios nos dio la capacidad es para utilizarla a fovor de nuestro bien. Nos olvidamos de nuestro Dios, de nuestros hermanos, de la iglesia, del ayuno y la oración, ya no hay tiempo para adorar a Dios, sino que nuestro tiempo es para hacer dinero.

Entonces poco a poco caemos en el hechizo de este muundo de deleites, entonces aspiramos a un puesto, un título, a nuesvas responsabilidades, entonces nos involucramos con el mundo, queremos ser políticos, queremos mejores beneficios, un auto nuevo, una casa nueva, ropa nueva, joyas, queremos tener al mundo en nuestras manos y nos olvidamos como se olvidó el joven , que todo eso es temporal, que todo es como la espuma que se desvanece, que todo es como el humo que se pierde en el espacio. Entonces volvemos como vuelve el perro al vómito, entonces caemos en el lodo, el fango, el cieno. Y volvemos a lo que hacíamos antes.
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Este joven lo tenía todo en su casa, alimentos, dinero, trabajo, seguridad. Su padre lo amaba y le tenía en mucha estima. Pero al joven no le bastó lo que poseía y quiso cambiar su vida. Decidió asumir toda la responsabilidad con su vida y abandonó su hogar.

De igual modo aconteció con la nación judía. Los judíos eran dirigidos por Dios. Dios los amaba, los cuidadaba, los había librado de sus enemigos, siempre Dios estaba cerca de sus reyes. Israel tenía la mejor protección que nacián alguna podía ambicionar, pero el pueblo judíos un día decidió rechazar a Dios y pidió a un rey como las demás naciones. Ellos rechazaron al Dios que los había guardado de todos sus enemigos.

La nación judía creía que iban a estar en mejor posición, en mejores condiciones si un hombre reinaba entre ellos. Y pagaron el precio del desprecio a Dios.

Así sucedió con el hijo pródigo. Abandonó a su padre, su padree no rehusó otorgarle lo que pedía y se fue pensando que todo sería mejor.

Ahora se encuentra rodeado de cerdos, deseo so de comer el alimento destinado a ellos, ahora comprennde su gran error y decide regresar a la casa de su padre.

En el caso de Israel nunca lo han hecho, no solamente rechazaron a Jehováa sino que mataron a todos los profetas que le fueron enviados y crucificaron al Mesías, al Ungido de Dios. Hoy todavía están pensando como el hijo pródigo cuando abandonó su hogar.

Ahora el muchacho comprende cuan equivocado estaba. Sabía que su situación era producto de sus malas decisiones. Pero, sabía que su padre era amoroso, sabía que su padre lo iba a recibir tal como estaba. No iba a importar si lo había perdido todo, sabía que su padre era un buen padre, uno misericordioso, uno que comprendería su error y le daría otra oportunida. El joven sabía que sálo su padre lo iba a recibir con gozo y con alegría.

Así es Dios también con sus hijos que viven fuera de su presencia, que han equivocado sus caminos. Diso ama al pecador, Dios nos recibirá tales como somos, Dios no mirará nuestra condición, Dios se llenará de gozo cuando uno de sus hijos regresa ante su presencia.

Así que el joven decide regresaar.


Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado conttra el cielo y contra ti.

Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

Y levevantándose, vino a su padre, y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello y lo besó.

Y el hijo le dijo: Padre he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy dino de ser llamado tu hijo. S. Lucas 15:18-21

Es maravillosa la actitud del hijo. Reconoce sus faltas, reconoce su pecada contra Dios y contra el padre. Así que se humilla, comprende que fue él el culpable de su desgracia. Ese acto de reconocer que estamos en ppecado, que estamos mal delante de Dios, es lo que Dios espera de cada pecador. Que acepte su condición, que acepte que lo que está haciendo o lo que hizo faltaba al cielo.

El joven sabe que debe pagar un precio por lo que hizo. Si su padre lo rechaza lo aceptaría, si el padre no quiere saber más de él está bien, si tieien que ser un jornalero más al servicio de su padre está bien, él sabe que no puede poner condicioines y no lo hará.

Es triste ver a algunos que se pasan poniento condiciones a Dios. Si me sanas le daré tantas ofrendas a la iglesia, si me consigue un trabajo te acepto, te sirvo, si me das un auto nuevo, una cassa nueva y un trabajo nuevo te serviré. Es increíble ver a miles que pretenden que Dios realize un milagro a cambio de algo.

El joven regresaba al hogar sin condiciones, que fuera la voluntad del padre.

Pero el padre al verlo desde la lejanía y reconocer que era su hijo menor, aquel que se había ido hacía tiempo, no esperó a que él llegara para darle excusas, no asumió una actitud soberbia, no esperó que su hijo le diera explicaciones, el padre fue movido a misericordia y corrió y lo abrazó y lo besó, y se llenó de gran alegrí.

¡Qué distinto ocurre en muchos hogares! A veces un hijo o una hija abandona el hogar, escapa de él, se pierde en los vicios, su vida fue una tragedia como la de este joven, pero contrario a la actitud de misericordia de este padre, se llenan de revanchismo, de altivez, de soberbia y hasta, en muchas ocasiones ,sus hijos regresan esperando el perdón y son rechazados, expulsados de nuevo al mundo.

Este padre era temeroso de Dios y puso en juego lo que Dios había tenido con él: misericordia, perdón, caridad.

No solamente este padre se alegró por el regreso de su hijo, sino que hizo una gran fiesta, mató a su mejor becerro, el más gordo. Además ordenó a sus siervos que buscaran el mejor vestido, que le pusieran calzado y le dieran un anillo. Lo recibió como a un príncipe.

Pero el padre dijo a sus siervos:Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.

Y traed el becerro gordoo, y matadlo, y comamos y hagamos fiesta:

porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

Marcos 15:22-24

Así sucede con los hijos de Dios. Cuando un pecador se aparta de su mal camino hay fiesta en el cielo, gozo, alegría. Un pecador que se aparta del mal camino, que regresa a Dios es motivo de fiesta, es motivo de gozo, es motivo de regocijo.

Y de la misma manera que el padre vistió a su hijo y le dio un anillo y calzado, de esa misma manera Jesús nos promete que si le aceptamos, si nos volvemos del camino del pecado y de las sombras el nos dará: una morada en su reino, vestiduras blancas, una corona de oro y una piedrecita con un nuevo nombre.

Pero estas palabras no calleron muy bien en los fariseos y en los saduceseos. Fue la misma actitud que asumió el hijo mayor. Este no compartió la alegría de su padre, se negó a entrar a la casa, se negó a entrar a la fiesta, se molestó, se llenó de coraje, de envidia.

Es lo mismo que ocurre en nuestros días. A veces escuchamos a la gente murmurar cuando un pecador acepta a Jesús. Si el hombre dejó las drogas, siguen diciendo que las usa a escondida, si el hombre era adúltero, todavía siguen murmurando, si lo ven con una Biblia, se ríen, se burlan. No aceptan que la persona realmente ha sido cambiada. No perdonan y si perdonan, no olvidan.

Pero este padre no escuchó, sólo sabía que el hijo que daba por muerto estaba vivo, que el hijo que creía perdido había regresado. E hizo lo que tenía que hacer. Aceptarlo tal como estaba, como Dios nos acepta a todos.

Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas,

y llamando a uno de los criados, le preguntó que era aquello.

El le dijo: Tu hermano ha venido, y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sanoo.


Entonces se enojó, y no queria estar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrara.

Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.

Pero cuando vino este tu hijo que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.

El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

S. Lucas 15:25-32

La historia del joven es la historia de Israel, es la historia de cada ser humano que se aparta de Dios, que se aleja, que se va en busca de los placeres y deleites del mundo. La Biblia dice que el que se constituye amigo del mundo se constituye enemigo de Dios. Hoy hay una actitud revisionista de la palabra de Dios, queremos interpretar las Sagradas Escrituras de una forma errónea para justificar nuestras acciones, para justificar la participación en los deleites del mundo.

Muho hoy se han apartado de Dios en busca de algo mejor, pero al igual que el hijo pródigo se darán cuenta que no hay mejor cosa que estar al lado de Dios, bajo la sombre, cubierto con su abrigo. Fuera de Dios hay condenacián, perdición. El joven tuvo tiempo para reflexionar, para volverse de su mal camino. Tuvo suerte de tener un padre lleno de misericordia, un padre que lo amaba.

Así ha pasado con Israel. Estaban bajo la sombra de Dios, pero prefirieron dejarlo, apartarse, buscar en otras partes lo que Dios le había ofrecido, lo tenían todo y lo perdieron todo por seguir los pensamientos torcidos de su corazón, sólo un remanente un día retornará y Jesús reinará con ellos.

Pero también es la historia de la raza humana. Adán y Eva lo tenían todo y lo perdieron todo por ir en pos de otro camino, no escucharon la voz de Dios y prefirieron escuchar la voz de la serpiente. Todos fuimos destituidos de la gracia de Dios, todos fuimos expulsados de la presencia de Dios, pero el Señor nos ha dado una oportunidad para regresar y millones no quieren hacer lo que hizo el hijo pródigo.

Dios es un padre de amor, de misericordia, de justicia, de perdón. Dios espera con sus brazos abiertos y nos ha de recibir tal como somos, no importa cuanto pecado haya en nuestras vidas, no importa cuan sucio este nuestro cuerpoo, no importa si tenemos calzado o no, no importa como estemos vestidos, él no nos echará fuera, él nos recibirá como recibió a los diez leprosos pestilentes. Dios tiene un calzado nuevo, una morada nueva, una corona de oro y un una piedrecita con un nombre y una vestidura blanca. Dios nos limpiará y nos permitirá abrazarnos como el padre abrazó a su hijo que se había ido.

No hay amor como el amor de nuestro Señor.

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La parábola del hijo pródigo fue utilizada por Jesús para ilustrar el amor de Dios por los pecadores. Si el pecador se torna de nuevo a Dios será recibido con gozo, con alegría, habrá fiesta en el cielo, pues un pecador que se encontraba en el abismo de tinieblas salió a la luz. Hay una promesa para todo aquel que se aparte del mal camino, una promesa de perdón.

Es cierto que habrá una parte que no se alegrará, Sataná pondrá la semilla de la incomprensión en aquellos que ciertamente no tienen el amor de Dios en sus corazones. Una parte reaccionará com reaccionó el hermano mayor, pero l o importe es que el padre tenía palabras de aliento, palabras de consuelo, palabras de misericordia.

Así es nuestro Dios. Dios no quiere la "muerte del impío" sino que se aparte del mal camino. Todos tenemos una hermosa oportunidad de salir del corrar de los cerdos, de volver a poner un calzado nuevo en nuestros pies, de vestir una nueva vestidura. Dios es dueño del mundo y él hará misericordia con el que quiera tener misericordia. Volver al abrigo del Altísimo es nuestra decisión personal. El joven cuando se vio rodeado de cerdos, cuando se vio sin alimentos, cuando se vio que sus ropas estanab destrozadas, cuando se vio arruinado por ir en pos de los placers del mundo, por haber gastado su dinero en rameras, se detuvo, reflexionó, se arrepintió, no fue soberbio, no fue orgulloso, sino que aceptó con humildad que había pecado contra Dios y contra su padre. Entonces dijo: "iré a mi padre" y así lo hizo.

Jesús también aquel día le habló a la multitud de la oveja perdida y de la moneda que la mujer había perdido. Ambas parábolas tienen el mismo significado. Habrá gozo y alegría en el cielo cuando un pecador regrese ante la presencia de Dios.

Jesús le hablaba a la multitud del amor de Dios por los hombres, no importa la condición social, su religiosidad, su nivel intelectual, su nivel de inteligencia, su nacionalidad, su lengua, Dios nos ama a todos por igual, judíos o gentiles, griegos o árabes, rusos o norteamericanos, chinos o japoneses.

La iglesia tiene una responsabilidad ir en pos de las ovejas perdidas, No podemos esperar que ellas regresen cuando están siendo asediadas por el león rugiente, cuando Satanás las tiene acorralada, por eso la iglesia debe salir a buscar al hermano que no asiste a la iglesia, que no ha vuelto al templo. No importa si paga diezmos o no, si da buenas ofrendas o no da nada. Todas las almas para Dios tienen el mismo valor.

Dios no nos preguntará cuánto logramos economizar en el templo, cuántos templos construimos, cuántas conferencias ofrecimos, cuántos libros escribimos, nada de eso. No preguntará por las ovejas rescatdas, alimentadas, vestidas. La misión de todo creyente es ir en pos de la descarriada, no importa si son cien o mil o una. Esa es nuestra tarea primordial. Pelear contra Satanás para arrebatarle la oveja que quiere devorar.

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;

y al llegar a su casa, reúnes a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.

Os digo que así habráa más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necescitan de arrepentimiento.
S.Lucas 15:4-8

¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. S. Lucas 15:9-10
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Jesús mediante el uso de estas tres parábolas les habló, no solamente a la multitud, no solamente a los fariseos y a los saduceos, sino que nos habló a nostros también. Muy hábilmente el Señor logró establcer un hilo de conexión entre estas tres historias. Historias breves, historias llenas de significado. El mensaje del Señor estaba claro, preciso, coherente, era un mensaje duro pero sutil, agresivo pero dulce.

La respuesta a las murmuraciones de los fariseos y de los saduceso que se creían estaban muy bien con Dios, que se creeían que la salvación era exclusiva, que se creían que los pobres, los enfermos, los desamparados, los marginados, los pordioseros, los borrachos, las rameras, los ladrones, los homicidas no tenían la mínima posibilidad de entrar al reino de Dios fue precisa, contundente, efectiva.

Jesús puso de manifiesto la hipocresía de estos religiosos, que se vestían de piedad, que defendían los preceptos de la Ley de Moisés, qur todos los días de reposo se reunían en el templo. Eran hipócristas que se creían que podían engañar a Dios con sus tradiciones y dogmas.

Allí estaban entre la multitud que seguía a Jesús, allí estaban murmurando, criticando a Jesús por comer, beber y hablar con los pecadores.

Esa actitud, la misma actitud que manifestó la mujer de David, cuando éste danzaba y cantaba con el pueblo, mientras ella lo miraba desde el palacio, es la misma actitud de todos aquéllos que se creen más santos que nadie, que piensan que Dios tiene los mismos prejuicios que los hombres, que piensan que hay que ser un santurrón para que Dios tenga piedad y misericordia.

Jesús sabía lo que aquellos religiosos murmuraban y por esa razón utilizó estras tres parábolas.

Jesús le decía en forma muy elegante hipócritas, ustedes cuando se les pierde una oveja remueven el cielo y la tierra para encontrarla. Ustteses aseguran a las noventa y nueve y dejan el rebañpo solo, pues saben que las noventa y nueve no están en peligro. Así que se van , pues saben que la oveja que falta, la oveja que no regresó es porque está en peligro de muerte, pues saben que los lobos y los leonés están en asecho y es posible que la maten o la devoren, o es posible que está en algún lugar atrapada. Ustedes saben que dicha oveja es valiosa para ustedes y harán todo lo posible para encontrarla y regresarla al rebaño.

Ustede se alegraán cuando encuentren a la descarriada, la echarán sobre el cuello y regresarán saltando de alegría, pues la oveja perdida había sido encontrada.

También Jesús usó la otra parábola para decirles ustedes valorizan más el dinero que la vida de una ser humano. Ustedes harán todo lo posible, como hizo la mujer, para encontrar el dracma perdido, para encontrar la moneda perdida. Ustedes harían todo lo posible por encontrar su valiosa monedad.

Ahora por lo que se tienen que preocupar no se preocupan. Se pasan entre las cuatro paredes del templo discutiendo asuntos que no son relevantes, hablando de dogmas, hablando de tradiciones, de fiestas, de días de reposo, mientras las almas se pierden, mientras los pecadores caminan en tinieblas y a nadie les preocupa.

Ustedes hacen cualquier cosas por rescartar a las ovejas que están en peligro de muerte, hacen cualquier cosa por conseguir unas monedas, en cambio el león rugiente está suelto devorando a los seres humanos y ustedes no hacen nada.

Ese es el mensaje para la iglesia, para los creyentes. No nos podemos preocupar muchos por los bienes materiales, ni por las riquezas, ni por otras cosas irrelevantes. Debemos preocuparnos por las almas, por los seres humanos que no han conocido a Dios. En vez de tener cautivo una audiencia de miles de hermanos entre cuatro paredes,¿por qué no los enviamos a llevar la buena semilla por las calles, los valles, las plazas, los hospitales, las cárceles, los bares? Fuimos llamados para sembrar la ssemilla, no para sentarnos a esperar el fruto. El Señor dijo: "uno es el que siembra y otro el que cosecha".

Jesús les decía a estos fariseos, es a los enfermos que debemos llevar al médico, no a los que están sanos. El mensaje no es para los que han conocido a Dios, sino para los que están atrapados en las tinieblas. El mensaje es ir tras los pecadores y ayudarlos a regresar ante la presencia de Dios.

Cuando nos preocupamos por la salvación de otros, entonces ciertamente el amor de Dios está en nuestros corazones. Cuando tenemos misericordia del perdido, entonces Dios mostrará misericordia por nosotros.

Así que la iglesia no pude poner como prioridad la construcción de un templo, ni la celebración de algún evento, la prioridad es ir al campo a sembrar la buena semilla. Es ir por el mundo, por calles y avenidas, por montes y llanuras, por valles y desiertos en busca de una oveja perdida, para regresarla al redil en cual encontrará seguridad y protección.

Dios quieres que cada uno de nostros le lleve una oveja descarriada, una perniquebrada, una herida para el salvarla y darle la salvación eterna.
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