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EL LADRON DE LA CRUZ ( nueva)
 
 
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La alfombra de la noche había cubierto el monte Calvario desde las doce de la tarde. Grupos de nubes vestidas de luto se movían lentamente, apenas se escapaban pequeñas lágrimas que se desvanecían antes de llegar a la tierra. El silencio se adueñó de la tarde y los hombres enmudecieron y se llenaron de pavor.

El sol se había escpado gritando de dolor y allá en el valle las aves comezaban a picotear las entrañas de Judas quien se había reventado en el barranco al ceder la rama en la cual se había echado a colgar.

En el monte Calvario se levantaban tres cruces erguidas desafiando los cielos. Bajo la cruz varias mujeres lloraban a su Maaestro. Allé escondidos, asustados, con sus ojos llenos de lágrimas se escondían sus discípulo. El silencio seguia comiéndose al día que estaba debilidao por el manto de oscuridad que se había tendido apaciblemente.

En el Tercer Cielo todo era expectación. Asomado por una hermosa ventada de diamante transparente la mira de Dios proyectaba una pequeña luz que iluminaba el rostro de Jesús. A su lado dos ladrones, dos hombres que habían violentado las leyes del estado.

Satanás se movía de un lado a otro nervioso, inquieto, sin saber qué hacer, sabía que había sido derrotado, que la mayor victoria de Jesús era estar en aquella cruz, pues así terminaría de completar el plan de salvación. Satanás comprendía que la cruz significaba su fin, su destrucción, era cuestión de tiempo.

Los demonio huían de un lado hacia otro. Su destrucción estaba sellada. Así que sólo les quedaba el aleteo. La sentencia había sido sellada, su expulsión del Tercer Cielo esra cuestión de minutos. Sabían que Miguel estaba preparado para echar s u jefe del cielo a la tierra.

Todo era agitacián en todos los escenarios, los escenarios viibles y los escenarios invisible. Jesús apenas tenía fuerza, había estado sobre el madero tres horas y ya se acercaba la hora final, el minuto final, el segundo final. Se acercaba el momento de entregar su Espíritu a Dios.

Jamás en la historia de la humanidad había ocurrido algo igual. El Hijo del Hombre crucificado en medio de dos ladrones como había sido profetizado cientos de años antes por el profeta. La hora se acercaba.

El viento se detuvo, la tierra respiró profundamente, pues pronto sentiría el dolor y temblaría, los sepulcros esperaban impacientes, el velo del templo se movía asustado,pues en breve tiempo sería rasgado de arriba hacia abajo dejando descubiero el Lugar Santísimo, las nubes se preparaban para ser golpeadas por los rayos y el silencio sabía que sería interrumpido por aquella cadena de truenos. Todo era cuestión de que Jesús pronunciara las palabras finales.

Entonces Satanás no aguantó más, su desesperación llegó al climax y se apoderó de la mente de uno de los ladrones y comenzó a injuriar a Jesús. No respetó ese momento sublime, no respetó que Jesús estaba en su agonía final, no respetó la sangre inocente de Cristo. Allí estaba como había estado en el desierto. Allí estaba buscando nuevamente tentar y retar a Jesús, allí estab con su pregunta retórica. Allí estaba esperando una respuesta de Cristo que nunca recibió.

Entonces las tinieblas fueron mós densa, el silencio más profundo, cesaron los quejidos, las lágrimas. Hubo un silencio en toda Jerusalún, en el tercer Cielo. Y entonces se escuchó la voz de uno de los ladrones.
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Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo u a nosotro. S. Lucas 23:39

Aquellas palabras le eran conocidas a Jesús. Aquella expresión estaba registrada en su memoria, recordaba claramente la tentación, recordaba al ángel engañoso que se había presentado con las piedras en su mano, recordaba cuando lo llevó a lo alto del templo y cuando le mostró todos los reinos de la tierra, Aquella expresié era conocida: "Si eres el Hijo de Dios".

Jesús sabía que ahora era el mismo Satanás quien desesperadamnte buscaba que él se levantara de aquella cruz y no completara el plan de redención de la raza humana.

Anteriormente había escuchado a los demonios que estaban regados por todas partes, demonios que se habían alojado en la mente y en los cuerpos de sus enemigo, los saduceos, los fariseos, los principales líderes regiososos y los ancianos..

Y los que pasaban le injuriaban, meneando su cabeza,

y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz.

De esta misma manera también los principales sacerdotes con los escribas y fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, así mismo no se puede salvar; si eres Rey de Israel desciende ahora de la cruz, y creeremos en él.
S. Mateo 27:39-43

Eran las voces de los demonios que estaban desesperados, sabían que su jefe había metido la pata cuando indujo a los judíos a crucificar a Cristo. Allí estaba representada esa parte de la humanidad que no tiene fe, que no cree si no ve. Allí estaba representada la actitud de Tomás: si no veo a Jesús y meto mis dedos en sus heridas, no creeré. Allí estaba representada la raza humana que sólo creerá si ve al Hijo de Dios aparecer en una nube. "Ver para creer, dicen algunos".

Jesús escuchaba con pena, sabía que no eran los hombrees quienes le gritaban esas cosas, sino que eran los demonios.

Pero como los demonios no pudieron persuadir a Jesús a salvarse, entonces el diablo se apoderó de uno de los ladrones.

Volvió el silencio. No hubo respuestas de parte de Cristo. Jesús movió su cabeza mientras sentía el fluir de la sangre. Jesús sentía cada vez més profunda la corona de espinas. Su rostro no se podía distinguir, estaba hinchado, deformado. Apenas podía abrir sus ojos, sus labios estaban resecos y la gente seguía murmurando.

Y sintió en su costado la lanza asesina que le atravezaba el costado, y sintió que todo acababa, que sangre y agua brotaban de sus cuerpo como las aguas de un manantial, y allá en el cementerio las tumbas se movían, algunos muertos abrieron s sus ojos mientras que las aves seguían disfrutando su banquete allá en el valle, algunas permanecían paradas sobre el cuerpo de Judas.

Mientras la sangre caída, mientras el agua brotaba allá dos hombres ricos conversaban, se ponían de acuerdo para darle una sepultura digna a Jesús, Nicodemo y José de Arimatea amaban a Jesús, ellos creían en él, la Magdalena ya no tenía lágrimas que derramar y Juan y María permanecían cerca de la cruz.

Las tinieblas se mantenía sobre Jerusalén, era una cortina oscura que no lograba ocultarr el brillo del rostro del Maestro. El silencio se comió los gritos, las murmuraciones. El diablo estaba enfadado, pues no hubo respuesta a su último aleteo en la cruz.

Y el día moría lentamente, y las horas caían como caen las pétalos marchitos de una flor, y los minutos se marchaban entristecidos y los segundos apenas podían suspirar y allá sobre el monte Calvario aquella escena lucía como un gran lienzo pintado por el mejor de los artistas. Allá estaban aquellos tres hombres, agonizando, la muerte subía lentamente por las tres cruces... y hubo silencio, silencio sepulcral, silencio de muerte, silencio, silencio, silencio.

Respondiendo el otro, le respondió diciendo:¿Ni aún temes tu a Dios, estando en la misma condenación?

Nosotros, a la verdad, justamente padecemos,porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningén mal hizo.
S. Lucas 23:40-41

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Entonces el otro ladrón que había mantenido su cabeza baja mientras escuchaba las injurias de su compañero miró a la multitud, vio aquellos rostros llenos de maldad, de hipocresía. Su mirada recorrió desde lo alto de la cruz el panorama. Apenas podía ver con claridad los rostros, pero seguía buscando entre la multitud, entonces descubrió aquel rostro indigno que a veces gritaba. Allí estaba el homicida que el pueblo había preferido, allí estaba el ladrón, allí estab Barrabás. El ladrón silencioso ahora recordaba la escena cuando Pilato ofreció libertar a Jesús y su pueblo escogió al malo, al pervertido.

Entonces percibió la muerte que se arrstraba por la cruz, entonces sintió que su corazón ardía al escuchar las palabras de Cristo, aquella frase: "perdódalos porque no saben lo que hacen", aquella frase caló muy hondo. Entonces el silencio salió huyendo, y sus palabras resonaron con autoridad, y su mirada se clavó en el otro ladrón que tenía una sonrisa burlna en sus labios, entonces miró con compasión a Jesús y exclamóo:

Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso.
S. Lucas 23:42-43

Allí estaba aquel pecador reconociendo su culpabilidad y reafirmando una vez más la inocencia de Jesús. Lo dijo Judas antes de ahorcarse, lo dijo Pilato antees de entregar a Jesús y ahora vuelve este ladrón a declarar que Jesús no tenía culpa de nada.

El silencio selló los labios del otro ladrón y Jesús con dificultad movió su cabeza y su vista se encontró con la mirada del ladrón que arrepentido le pedía que se acordara de él en su reino.

La respuesta del Señor no se hizo esperar. Apenas podía hablar, una palabra que saliera de sus labios, una fina hilera de sangre salía lentamente. Jesús no le dijo:¡Está bien!¡Me acordaré luego!¡No!, Jesús exclamó:"desde hoy mismo". La respuesta fue en la afirmativa. "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". Jesús no le dijo: "Hoy estarás en el Purgatorio", no, no... desde aquel momento el ladrón ya tenía una morada en el Paraíso.

Fue un instante de gozo, de alegría... un estruendoso:¡Fua! se escuchó en el Tercer Cielo, millones de ángeles chocaron sus manos y millones hacían la señal de la victoria. Millones se abrzaban, pues había fiesta y gozo en el cielo por un pecador que se arrepentía. Ya Jesús lo había expresado en la parábola del hijo pródigo.

Este ladrón fue el primer cristiano convertido al evangelio y el primero que pisaría el Paraíso que había sido lavado con la sangre de Cristo. No fue sobre Pedro que Jesús fundó su iglesia, no fue sobre ningún otro apóstol; el primer creyente que reconoció a Jesús como su Redentor fue este ladrón.

De hecho los apóstoles habían flaqueado en su fe, ellos estaban escondidos, dudando si Jesús realmente era el Mesías. Pero la reafirmación de este ladrón fue una con firmeza, ni le preguntó a Jesús si era el Cristo o no. Este hombre creyó, simplemente creyó por fe que Jesús era inocente y que era el Hijo de Dios.


Fue este ladrón el primero en ser salvo por la gracia. El primero que tuvo la oportunidad de ser salvo por la fe. Este ladrón no hizo nada, simplemente creer en el Hijo de Dios.

Jesús al perdonarlo demostró que su sacrificio fue perfecto. Demostró que nada podemos añadir a ese sacrificio. No hay corredentores, no hay nada que hacer para salvarse, sólo creer. La carga de Cristo es livianas, los que ponen cargas pesadas son los hombres con sus religiones llenas de dogmas, de tradicioines, de ritos, de mentiras.

La salvación es por la fe y la gracia. El ladrón jamás fue a una iglesia, ni se bautizó, ni pagó diezmos, ni oró, ni visitó enfermos, ni fue a las cárceles, ni guardó días de reposo, ni guardó la Ley, ni guardó los mandamientos, ni ayunó... este hombre nada hizo para ganar una morada en el Paraíso... Simplemente creyó en Jesús.

El ladrón había nacido de nuevo en aquel instante y eso era suficiente para Dios darle la salvación. Aunque parezca increíble ya nada podemos hacer por nosotros para salvarnos. Tenemos la misma opción que este ladrón:¡Creer en Jesucristo por fe de que él es el Savador del mundo!
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Las ave de rapiña seguían volando sobre el cuerpo inerte del traidor que yacía con el rostro desfigurado por las picadas de las aves. Pilato estaba pensativo allá en su palacio recordando las palabras de advertencia de su mujer. Caifás, el perro mayor, todavía sostenía las treinta monedas de plata, los ancianos se miraban, los sacerdotes temblaban, pero todavía no sentían remordimiento por haber condenado a un inocente a la muerte.

La fiesta en el Tercer Cielo subía de tono. Ya había un fruto de la muerte de Cristo, ya había sido rescatada una oveja perniquebrada, ya el hijo pródigo había regresado a su Padre. Miguel pasó lista, ya estaban preparados para la gran batalla, llegaba la hora de hacer justicia, de echar a patadas al Querubin protector, de expulsar a Satanás delante de la presencia de Dios. Sólo quedaba la señal de Jesús, sólo quedaba un segundo para que el Señor expirara y entregara su espíritu a Dios.

Mientras en el Tercer Cielo era todo alegría, pues Jesús había logrado su victoria sobre las fuerzas del mal, en la tierra todo era expectativas, temores, dudas, angustia, lágrimas.

Allí estaba la madre de Jesús sumida en la más profunda de las penas, estaba María Magdalena llena de tristeza, pero confíada en que Jesús alcanzaría la victoria y resucitaría como había dicho. Está el Discípulo Amado a quien Jesús le había entregado su madre para que la cuidara, en el aposento, Pedro y el resto de los seguidores lloraban, esperaban impacientes el desenlace final, Nicodemo y José de Arimatea había hablado con Pilato, para que esté les permitiera enterrar a Jesús.

Allá en el cementerio varios muerto estaban listo para salir de sus sepulcros, la tierra se preparaba parara temblar, el monte Calvario presentía que sería movido con gran fuerza, el soldado romano todavía estaba sorprendido mirando la lanza con la que hirió en el costado a Jesús...

La tarde moría lentamente, el templo estaba en silencio, todo era misteriso. Eran las 2:59 de de la tarde... allá en su nido estaba el gallo que había cantado confundido, pues el día había sido muy corto y las tinieblas cubrían la tierra..

Entonces Jesús miró a su Padre y expiró...
Entonce la tierra tembló, la oscuridad desapareció, se abrieron los sepulcro, el gallo confundido volvió a cantar, las aves volvieron sobre el cuerpo de Judas, Pilato y su gente corrió a la ventana, Caifás y sus traidores alijeraban el paso...

El paníco se apoderó de los que estaban en el templo, pues el velo se había rasgado. Entonces hubo silencio, silencio, silencio.
¡Ha muerto el Rey de reyes en manos de su pueblo que tanto amó!
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El arrepentimiento del ladrón selló la victoria de Cristo sobre las fuerzas del mal. El reconocimiento por parte de este ladrón confirmaron las palbras de Jesús de que él vino a salvar al mundo y no a condenarlo. El reconocimiento que Jesús le hizo a este ladrón es indicativo que todos tenemos la oportunidad de ser salvos, que todos podemos aspirar a una morada en el Paraíso de Dios. Nos confirma que sólo hay un camino a la vida eterna, que sólo hay una vereda que conduce al Paraíso, y esa vereda, ese camino, ese sendero es nuestro Señor.

Nadie llegará al Paríso de Dios sino es a través de Cristo, nadie llegará al Paraíso, asesinando a gente inocente, nadie llegará al Paraíso explotando como una bomba. Nadie puede otorgar la salvación en esta tierra. Sólo Jesús tiene los derechos de propiedad de ese hermoso lugar, sólo él puede darnos la oportunidad de ir allí.

El ladrón reconoció por fe que Jesús era el único que podía ofrecerle una esperanza, una oportunidad de una nueva vida, éste hombre no perdió la oportunidad, no preguntó nada, no hizo mada, sólo vio en Jesús su única alternativa de salvarse.

La victoria de la cruz fue algo impresionante. Fue una victoria doble. Jesús logró restaurar el camino de regreso de la raza humana a su Creador y las fuerzas del mal fueron echadas del Tercer Cielo para siempre. Satanás y su reino fueron condenados y pronto serán destruidos para siempre.

Esa es nuestra victoria, saber que Jesús murió para darnos vida eterna. Saber que Jesús vino a este planeta a buscar a millones de ovejas descarriadas que desean regresar de nuevo al hogar, que desean adorar y servir a Dios.

El mundo está plagado de falsas religiones, de sectas de demonios que enseñan muchas formas de alcanzar la salvación, de alcanzar la victoria sobre las fuerzas del demonio. Hay miles de creencias contradictorias con lo que nos enseñan las Sagradas Escrituras.

Hay religiones que piensan que matando a sus enemigos llegarán al Paraíso, con pena les digo, que cuando abran sus ojos se encontrarán ante el Juez de jueces, el Día del Juicio Final. No crean que van al Paraíso, es una mentira del diablo. Al Paraíso irán todos aquéllos que crean por fe que Jesús es el Salvador y permanezcan en su Palabra, viviendo en el espíritu como nuevas criaturas.

Hay otros que enseñan que ellos tienen el poder para regarlar las moradas del Paraíso, que declaran santos y herejes, estos han equivocado el camino recto que un día conocieron. Nadie, ni en este mundo ni en el otro puede ofrecer lo que no tienen, lo que no les pertenece, nadie puede declar santo a otro ser humano, pues la Biblia dice, a todo los creyenttes: "Sé santo porque yo soy Santo".

Después de la muerte no hay oportunidad de salvación alguna, la salvación se obtiene cuando aceptamos a Jesús. Nadie puede hacer nada por los muertos. Jesús afirmó: "Dios no es Dios de los muertos sino de los vivos".

Así que la única opción que todo tenemos es hacer lo mismo que hizo el ladrón: Aceptar con humildad y por fe que Jesús es el Redentor y Salvadorr del mundo. El ladrón no investigó nada, no preguntó quién era aquel hombre inocente que fue crucificado, el ladrón no puso su mirada en los muertos, sino en el que vive para siempre. El ladrón simplemente dijo con fe y esperanza:"Acuérdate de mí cuando venga tu reino".

Eso esperamos de nuestro Señor. Si Dios perdonó a este ladrón al final de su vida, también nos perdonará a nosotros. Si hubo fiesta y gozo en el Tercer Cielo cuando este hombre se arrepintió, también será motivo de fiesta, si tú regresas al Señor, si te arrepiente, si busca su presencia, si cree por fe, si confiesas a Jesús.

No hay otro requisito: rico o pobre, famoso o desconocido, santo o pecador, adicto o sobrio, joven o viejo, hombre o mujer, corrupto u honrado, justo o injusto, laborioso o vago, intelectual o ignorante, sabio o necio, alto o bajo, blla o fea como una cabra, no importa, Dios te ha de recibir sin preguntar nada. Dios hará como el padre de la parábola del hijo pródigo, simplemente corrió y abrazó a su hijo e hizo una gran fiesta porque el hijo muerto había revivido, porque el hijo perdido había regresado.

Esa es la promesa de Jesús y él siemplre ha cumplido lo que ha prometido. Hoy es tu oportunidad de tener un encuentro con Jesús, no tienes que ir a un templo para hacerlo, actúa ahora no importa en la condición que te encuentes. Recuerda al ladrón, encontró a su Salvador ya próximo a morir. Cristo dijo: "Venid a mi los cargados y cansados que yo os haré descansar".

¡Qué Dios te endiga grandemente!
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