V

ida de  José Artigas
 

Alumnos de 4to C año 2003

Maestro Oscar Cabrera

En el primer padrón de los pobladores de Montevideo, realizado en 1726, aparece el nombre del abuelo de Artigas, Don Juan Antonio , de treinta años de edad,natural de Zaragoza,España, con su esposa Ignacia Javiera Carrasco de 25 años y sus cuatro pequeñas hijas.

El abuelo de Artigas recibió los beneficios que se les dio a los primeros pobladores. En 1730, Zabala lo pone al frente de las milicias de la plaza como capitán. También integra el primer cabildo de Montevideo. La familia se amplió luego de instalada en esta ciudad,naciendo el l padre de Artigas, Martín José.

Martín José Artigas, capitán de milicias y miembro del cabildo de Montevideo, se casó con Francisca Antonia Pascual Rodriguez. José Artigas fue el tercer hijo de los seis que tuvieron sus padres, nace el 19 de junio de 1764.

Su abuela materna era descendiente de una princesa inca llamada Beatríz Tupac Yipanqui.

A los tres días fue bautizado en la Iglesia Matríz como consta en la partida de bautismo, del libro 1.

_________PARTIDA DE BAUTISMO_________
Día 19 de junio de 1764, nació José Gervasio, hijo legítimo de D. Martín José Artigas y de Doña Francisca Antoña Arnal, vecinos de esta ciudad de Montevideo; y yo el Dr. Pedro García lo bauticé en la iglesia parroquial de dicha ciudad el 21 del expresado mes y año.

Fue su padrino D. Nicolás Zamora.

Firma: Dr. Pedro García.

___Trabajo realizado por 4to año B durante el año 2002 con sellos de Artigas: Maestra Olga Martinez de Castro_

Los primeros años del pequeño José transcurrieron en el hogar de sus padres y de sus abuelos maternos que, aunque sobrio y austero,como eran los de aquellos antiguos vecinos fundadores de Montevideo, contaba con el concurso doméstico de varios negros que si bien juridicamente eran esclavos, tenían la consideración y el trato de criados de la familia y cumplían un importante papel en la vida cotidiana del hogar. Con el tío Antonio,negro baguela de su abuelo, ya de casi blancas sienes y con otros negros más jóvenes debió vivir una experiencia humana singular,oyendo de sus labios relatos y recuerdos de sus tierras africanas aprendiendo cánticos y danzas, en los paseos por resinto amurallado o por la ribera del puerto.

En 1774 inicia sus estudios primarios en la escuela existente en el Convento de San Bernardino de los Padres Franciscanos ubicada en las actuales Piedras y Zabala.

Cursó dos años en ella, allí aprendió el arte de la lectura y escritura aunque ésta última prácticamente no la ejerció (no existe un solo documento escrito de su puño y letra, siempre utilizaba secretarios).

A la edad de 14 años fue enviado por sus padres a uno de sus establecimiento de campo.

Esta fue la verdadera escuela del jóven Artigas.

En ella aprendió a conocer al hombre tipo de su país, y desde entonces sólo halló placer en las ocupaciones tumultuosas de la estancia. Enlazar, bolear, correr en el rodeo y en el campo,domar potros, tirar el cuchillo, atravesar a nado los arroyos, presentando cada día un nuevo combate a la naturaleza, tales fueron los ejercicios que le ocuparon por algunos años, ejercicio que más tarde le han conquistado nombre en la historia de su país. Su agilidad y destreza en el manejo de las armas y el caballo, su actividad en los trabajos de campo unidas a su fuerza corporal, le dieron un gran ascendiente sobre sus peones y compañeros.

1780 - Artigas a los 16 años se interna en las praderas y serranías, en plena campaña oriental,inicia una relación con los charrúas que se incrementará durante las siguientes cuatro décadas.

1785 - Cuando Artigas tenía 21 años nace Manuel Artigas “El Caciquillo”, uno de sus hijos según el escritor Carlos Maggi. También asegura "que Artigas integró la tribu Charrúa durante muchos años...". Por otro lado, agrega que según Acosta y Lara, el trato de Artigas con los indios viene de muy atrás, se remota a la época de sus rebeldías juveniles..."

Artigas al abandonar los campos familiares se estableciló en la villa de Soriano y desde allí desplazándose a las zonas corambreras norteñas. Artigas como hijo de su tiempo participó en faenas clandestinas y en el trajín del contrabando en la zona norte de la Banda Oriental.

Durante l9 años no figura en los censos, al igual que la mayoría de los habitantes de la campaña (gauchos, e indios).

1795 - Desde las barras de los ríos Arapey Grande y Chico “Pepe” Artigas y sus charrúas juntan miles de cabezas que con unos 200 charrúas lleva en dirección al Brasil, Santa Tecla, a través del Lunaejo. Fueron sorprendidos al desplazarse por Cerro Largo a comienzos de 1796.

1797 - Artigas deja la tribu Charrúa y entra en el cuerpo de Blandengues como soldado,posteriormente es nombrado capitán de milicias, Se acogió a los beneficios de un indulto,donde estaba previsto especialmente el delito del contrabando. El indulto pretendía atraer a hombres diestros, buenos jinetes, y que hubieran “andado en el trajin clandestino” para formar aquel cuerpo.

Artigas era un criollo que conocía muy bien la campaña y sus habitantes por ser él uno más. Tenía muchos amigos en las tolderías y, por lo menos, un hijo. Hablaba el guaraní en forma fluida y se sentía más a gusto al aire libre o en una humilde toldería o enramada. Conocía de plantas y curaciones, tocaba la guitarra y cantaba.

Su sencillez no era pobreza, era una expresión de su cultura adquirida en su juventud entre los gauchos, los charrúas y los minuanes.

1800 - Acompaña al sabio español Félix de Azara. Interviene en el reparto de tierras para la fundación del pueblo de Batoví.

1804 - Es designado nuevamente para proteger vidas y haciendas como lo habían solicitado los hacendados al cabildo de Montevideo; por oficio que entre otras cosas afirmaban ,hablando de nuestra campaña: “que a pesar de los beneficios que de ella se siguen ha de venir a la mayor decadencia pues los excesos , atrocidades y robos que experimentamos en la compaña precisamente nos obligarán , porque los hombres criminosos se aumentaron considerablemente.

Cuando el coronel Rocamora efectúa una operación para aplastar a los charrúas, Artigas, aún oficial de Blandengues, actúa para que fracase en los campos de Areunguá. Javier de Viana conduce entonces una nueva expedición que tiene poco éxito por las maniobras de Artigas para proteger a los charrúas.

1805 - Artigas solicitó y logró en el territorio de Areunguá 105 mil hectáreas donde los charrúas tienen su territorio y mueven sus tolderías. Pacificada la campaña retorna a Montevideo y se casa el 23 de diciembre con su prima Rosalia Villagran.

1807 - Segunda invasión inglesa. Artigas que ha combatido en la primera,lucha en ésta desde el Buceo. Luego de la rendición de Montevideo acosa a los ingleses en una lucha de guerrillas, teniendo su centro de operaciones en el Cerro.

1811 - Febrero: ofrece sus servicios a la Junta de Buenos Aires Abril: Cruza el Río Uruguay y desembarca en la costa de Paysandú. En seguida asume el mando de la revolución oriental, y desde su cuartel general de Mercedes dirige una proclama, a los revolucionarios que termina así:

“A la emprese caros compatriotas,que el triunfo es nuestro: vencer o morir sea nuestra cifra; y tíemblen los tíranos de haber exitado vuestro enojo, sin advertir que los americanos del sur están dispuestos a defender su patria; y a morir antes con honor, que a vivir con ignominia en afrontuoso cautiverio.

18 de mayo Libra la batalla de Las Piedras donde desplliega sus dotes de estratega, venciendo al ejercito español màs numeroso y mejor pertrechado que el oriental. Al terminar el parte de dicha batalla desde su campamento del Cerrito nos dice: “Son los momentos en que me considero elevado por la fortuna al grado de felicidad más alta, si las armas de mi mando han podido contribuir a perfeccionar la gran obra de libertad de mi amada patria”

21 de mayo - Pone sitio a Montevideo.

23 de octubre - El pueblo oriental, con su jefe a la cabeza inicia el camino “de la Redota” (derrota), llamado después EXODO DEL PUEBLO ORIENTAL, el héroe lo dignifica con este pensamiento: “no quiero que persona alguna venga forzada. Todos,voluntariamente deben empeñarse en su libertad. Quien no lo quiera permanecerá esclavo”.

Durante once meses (desde el 11 de octubre de 1811 al 21 de setiembre de 1812) se completó la emigración de 700 familias de la campaña de Montevideo y sus vecinos en armas que cruzaron el Río Uruguay y se instalaron en el Ayuí.

Los Charrúas protegen cual escudo al éxodo que acompañan con 400 Guerreros

1812 - A fines de 1812 Artigas con su ejército de indios, negros y gauchos domina la campaña del Territorio de Montevideo. Se enfrenta al centralismo de Buenos Aires. Porteños y portugueses unifican esfuerzos para combatir a los charrúas y debilitar a Artigas. El gobernador de Montevideo rompe el armisticio con Buenos Aires. Los porteños hacen un convenio con los portugueses para la evacuación de la Banda Oriental. En enero Artigas acampa en el Ayuí , Provincia de Entre Ríos. En octubre se produce el segundo sitio de Montevideo.

1813 - Artigas se incorpora a él el 21 de febrero de 1813. Sumándose los Charrúas en el mes de agosto.

Abril - Artigas propone en el CONGRESO de TRES CRUCES el reconocimiento de la Asamblea de las Provincias del Río de la Plata. Dicta las famosas INSTRUCCIONES DEL AÑO XIII para los diputados orientales donde plantea:

a) independencia absoluta
b) un gobierno republicano y federal y una confederación de provincias
c) libertad civil y religiosa en toda su extención imaginable
d) igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y pueblos
e) instauración de los tres poderes del Estado con independencia entre sí
f) trabas constitucionales para prevenir y combatir el despotismo militar

1815 - Enero - Se levanta la bandera de Artigas en Arerunguá.

26 de febrero - Las fuerzas de Artigas entran en Montevideo.

Abril - Las Provincias de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fé, Córdoba, Misiones y la Banda Oriental forman la LIGA FEDERAL y Artigas recibe el título de “Protector de los Pueblos Libres”

10 de setiembre - Artigas promulga EL REGLAMENTO PROVISORIO PARA EL FOMENTO DE LA CAMPAÑA. Al hacer la entrega de tierras a aquellos que la trabajan aclara “con prevención que los más infelices sean los más privilegiados”.

1816 - Durante su gobierno, desde la Capital de la Liga Federal, a la que llaman Purificación, entre otras medidas, fomenta la colonización con indios Guaycuruses y Abipones venidos de Corrientes.

La compañera de Artigas en Purificación fue la paraguaya Melchora Cuenca.

Del mismo modo que protegió a los indios y contaba con su apoyo, tuvo una actitud similar con los de raza negra. En el ejército artiguista había una división de pardos. El estado mayor negro de Artigas estaba compuesto por Joaquín Lencina, más conocido por Ansina, líder de la comunidad afro-oriental, y un líder militar llamado Manuel Antonio Ledesma, quién siguió liderando a la comunidad negra que acompañó a Artigas al Paraguay. Que fueron conocidos comos los negros de Kamba-Kuá y que se denominaban los Artigas Cué (el pueblo de Artigas).

"Es Artigas... de conversación afable y decente. (...) Jugaba mucho a los naipes, bebía poco y comía parcamente. Tocaba la guitarra, cantaba y bailaba con bastante gracia. Era muy aficionado a las lindas muchachas y se dice que enamoraba a varias a un tiempo. Escribía con mucha naturalidad y era capaz de grandes concepciones...." Historiador Bartolomé Mitre/1876

26 de mayo - Apoya la formación de la BIBLIOTECA en Montevideo diciendo: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”

Agosto - Comienza la segunda invasión portuguesa. Al producirse la invasión de los portugueses coligados con los reaccionarios de Buenos Aires, Artigas asignó a Misiones y a su Comandante, la misión de mayor riesgo. "Debía convertirse en el filo del arma acerada que destruyera al enemigo. Andrés Artigas invadió los territorios de Portugal invitando a los misioneros orientales a destruir la tiranía. Heraldos veloces y capitanes audaces llegaron a los Pueblos. Empezó así para Misiones la epopeya más gloriosamente vivida por pueblo alguno. Jamás un pueblo pagó más caro el precio de su libertad. Saqueos, incendios, destrucción y esclavitud fueron jalonando las etapas de la lucha." A.B. (Agustín Beraza) - El Grillo, revista escolar del Consejo de Educación Primaria y Normal, setiembre de 1950.

Setiembre - Con las acciones de Rincón, de la Cruz y Yapeyú Artigas comienza la lucha contra los portugueses.

1817 - Artigas le recrimina a Pueyrredón que apoye a los portugueses invasores mientras en la Banda Oriental se los combate.

1818 - 9 de abril - Los portugueses ocupan Purificación (la capital-campamento artiguista).

1819 - San Martín escribe al director chileno O·Higgins para mediar en el conflicto entre Artigas y Buenos Aires.

1820 - 22 de enero - los portugueses derrotan definitivamente a las tropas artiguistas en la batalla de Tacuarembó.

23 de febrero - PACTO DEL PILAR Ramirez y López aliados de Artigas llegan a un acuerdo con el nuevo gobernador de Buenos Aires, Manuel de Sarratea, por el que hacen la paz con los porteños, desconociendo la autoridad de Artigas

Setiembre - Artigas cruza el río Paraná, junto con Ansina y un grupo de familias y lanceras y lanceros negros, internándose en el Paraguay.

El artiguismo fue derrotado por un Portugal militarista y cruel. Al darle la espalda los centralistas de Buenos Aires, las tropas gauchas fueron masacradas, y los portugueses se quedan en la Banda Oriental.
Solo con lo puesto se fue al Paraguay.

El repliegue no significó que el caudillo abandonaba voluntariamente la lucha. Muy por el contrario, se dirigió hacia el norte para concretar una alianza política y recomponer así su proyecto americanista y multi-étnico. Ansina, su gran compañero y amigo,lo expresa en uno de sus poemas: "Pronto nos verán regresar... Volverá a enrojecer... Nuestro ceibo notable... ¡Será la hora de volver!

1821 - Artigas es enviado al pueblo más alejado, San Isidro del labrador de Curuguati evitando todo contacto con el exterior del Paraguay, lo que impide su alianza con Yegros y volver a la Banda Oriental. Recibe un rancho, tierras y una pensión de 32 pesos mensuales que reparte entre los pobres.

Cuando en 1841 Rivera invitó a Artigas a volver, éste ni siquiera abrió el rollo del mensaje,tal vez influido por viejas amarguras de la traición de su antiguo lugarteniente.

1845 - López nuevo gobernante del Paraguay hace trasladar al prócer hasta las cercanias de Asunción en la quinta de Ibiray. Allí recibe la visita de uno de sus hijos , José María, quien en vano intentó traerlo a la patria. Era en plena Guerra Grande y Artigas fue nuevamente invitado a volver por el Gobierno de Montevideo. Con los orientales divididos y en guerra, con su territorio prácticamente ocupado por las grandes potencias europeas y el ejército porteño,como era de esperar, se negó a volver.

Al final de su vida tenía un perro querido de nombre Charrúa.

23 de setiembre de 1850 - Artigas muere a los 86 años

Consideraciones sobre el Héroe Artigas

Artigas fue un solitario entre multitudes.
No por cierto, por orgullo, y menos por vanidad, y sí por abundancia de condiciones positivas extremas y coincidentes en él: inteligencia, voluntad, honradez, sensibilidad, independencia de criterio y de juicio; todas las cuales contribuyen a formar el estadista que fue, ya que sus principios, o triunfaron definitivamente, o constituyen hoy el anhelo de los pueblos que los perdieron o que no han podido conquistarlos todavía:
Libertad, independencia, organización republicana, democrática y representativa, separación de poderes, igualdad y justicia social, respeto de las autonomías...
Pero no sólo a ellos debió sus aciertos políticos sino además a la madurez de su edad:
La Revolución sorprendió a Artigas cuando tenía 46 años, y él se plegó a ella cuando contaba 47, sublevando a la Provincia Oriental.
De modo que en la mitad del camino de la vida Artigas se encontró con la selva oscura de la Revolución que desconcertó a la mayoría, mientras él era un hombre íntegro en medio de una sociedad que se desintegraba.
Si fuésemos creyentes lo consideraríamos un predestinado ya que es muy mayor respecto a contemporáneos eminentes.

JOSE ARTIGAS HEROE NACIONAL DEL URUGUAY

José Gervasio Artigas había nacido en Montevideo en 1764.

Al comenzar el año 1811, se desempeñaba en la Guardia española de Colonia de Sacramento, como capitán de Blandengues (policía de frontera).

Para entonces, el general español Francisco Javier de Elío, designado Virrey del Río de la Plata por el Consejo de Regencia de Cádiz, ya había tomado posesión del cargo con sede en Montevideo.

En tales circunstancias, Artigas abandonó Colonia y se trasladó a Buenos Aires para ofrecer sus servicios militares a la Junta Grande.

Su actitud encendió el levantamiento de los orientales (uruguayos) contra las autoridades españolas, que se materializó en el Grito de Asencio.

Artigas, cuando retornó a la Banda Oriental, fue aclamado por sus paisanos como "Primer Jefe de los Orientales", instalando su cuartel general en Mercedes.

Derrotó a los españoles en Las Piedras el 18 de mayo de 1811 e inició el sitio de Montevideo el día 21 de Mayo.

Este primer sitio de Montevideo se levantó por un armisticio que negoció el embajador británico en Brasil, Lord Strangford, con el propósito de evitar que un ejército portugués que había invadido la Banda Oriental auxiliara a los españoles.

Artigas, que se había opuesto al armisticio, intentó contener a los portugueses, que saqueaban la campaña oriental.

Proclamado primer Jefe de los Orientales, guió a su pueblo en la memorable jornada del Éxodo, hasta el Ayui.

A fines de 1812, José Rondeau, al frente del ejército del Segundo Triunvirato (gobierno que se acababa de instalar en Buenos Aires) inició el Segundo Sitio de Montevideo, desplazando a Artigas y sus fuerzas, en el mando de las operaciones.

En el campamento de Artigas fueron electos los diputados orientales que debían concurrir a la Asamblea Nacional General Constituyente (Asamblea del Año XIII), cuyas instrucciones dictadas el 13 de abril de 1813 reclamaban básicamente lo siguiente.

  • Declaración de la Independencia.
  • Libertad civil y religiosa.
  • Organización política federativa.
  • Estados autónomos.
  • que Buenos Aires no fuese la sede del gobierno central.
Los diplomas de los diputados orientales fueron rechazados, usando como argumento legal la nulidad de su elección porque se realizó en un campamento militar y además porque traían instrucciones; a pesar de que la Asamblea se había declarado soberana.

En realidad, el motivo era el contenido de las instrucciones, que afectaban al centralismo de Buenos Aires.

El 20 de enero de 1814, Artigas abandonó el sitio de Montevideo, cuyo mando, de todos modos, monopolizaba Rondeau.

Su propósito era apoyar los pronunciamientos de los paisanos de Entre Ríos y Corrientes, como así también, destruir al comandante porteño de las Misiones.

Según el historiador uruguayo Washington Reyes Abadie: "Las Misiones, era, por lo demás, la clave de bóveda del sistema federal. Por ellas se ganaba el Paraguay para la unidad del Plata, liberándolo de la absorción portuaria de Buenos Aires; y se conjugaban las rutas orientales con el Río Grande, otorgando a su economía ganadera y saladeril la salida de sus productos por los puertos platenses de Maldonado, Montevideo y Colonia, abriendo para el comercio legal, las históricas rutas de los changadores. Desde las Misiones, Corrientes y el Entre Ríos, coordinaban su destino mesopotámico con las tierras del Uruguay; y Santa Fe recobraba su función histórica de enlace con el tráfico de la yerba mate, los cueros, las maderas, el tabaco y la caña, mientras su condición de centro ineludible en la carrera del Tucumán, ofrecía a los pueblos del norte - incluido el Alto Perú - y del Cuyo, pero en particular a Córdoba, el desahogo de su artesanía, de sus productos minerales y de su agricultura frente al impacto ruinoso de la manufactura inglesa introducida desde Buenos Aires.

Este ámbito de la visión integradora de Artigas abarcaba, pues, dos regiones de rasgos propios y definidos: la mediterránea, de economía minera, agrícola y artesanal, articulada en el Paraná, por el puerto fluvial de Santa Fe; y la del litoral, agrícola - ganadera, desde los yerbatales y estancias paraguayas y misioneras hasta la mesopotamia y la campaña oriental; y un puerto transatlántico: Montevideo".

Lo cierto es que de las provincias que bajo la influencia de Artigas, que estuvieron bajo la influencia del Protectorado de los Pueblos Libres, sólo Córdoba mandó diputados al Congreso de Tucumán. Las otras cuatro (Provincia Oriental, - actual República Oriental del Uruguay - Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe), en cambio, no estuvieron representadas en el Congreso.

Para entonces, los españoles ya se habían rendido en Montevideo.

El ejercito del Directorio se retiró. Quedó la Provincia Oriental en manos de Artigas.

En agosto de 1816 un ejército portugués, invadió la Provincia Oriental en conocimiento del Congreso de Tucumán.

Finalmente, al iniciarse la década de 1820, derrotado definitivamente Artigas en Tacuarembó por los portugueses, se refugió en Entre Ríos, en donde también lo venció el caudillo federal entrerriano Francisco Ramírez.

Artigas se trasladó a Paraguay, en donde vivió el resto de vida.

Allí murió en 1850.

 

Uno de los más interesantes retratos directos de José Artigas, 
por John P. Robertson


Tal era Artigas en la época que lo visité: y en cuanto a la manera de vivir del poderoso Protector y modo de expedir sus órdenes, en seguida veréis. Provisto de cartas del capitán Percy, que requería en términos comedidos la devolución de los bienes retenidos por los satélites del caudillo de la Bajada, o su equivalente en dinero, me hice a la vela atravesando el Río de la Plata y remontando el bello Uruguay, hasta llegar al Cuartel general del Protector en el mencionado pueblo de la Purificación. 

Y allí (les ruego no hacerse escépticos en mis manos), ¿qué creen que vi? ¡Pues, al Excelentísimo Protector de la mitad del Nuevo Mundo sentado en un cráneo de novillo, junto al fogón encendido en el piso del rancho, comiendo carne de un asador y bebiendo ginebra en guampa! Lo rodeaban una docena de oficiales mal vestidos, en posturas semejantes, y ocupados lo mismo que su jefe. Todos estaban fumando y charlando. El Protector dictaba a dos secretarios que ocupaban junto a una mesa de pino las dos únicas desvencijadas sillas con asiento de paja que había en la choza. Era una reproducción acabada de la cárcel de la Bajada, exceptuando que los actores no estaban encadenados, ni exactamente sin chaquetas.

Para completar la singular incongruencia del espectáculo, el piso de la única habitación de la choza (que era bastante grande) en que el general, su estado mayor y secretarios se congregaban, estaba sembrado con pomposos sobes de todas las provincias (algunas distantes 1.500 millas de aquel centro de operaciones), dirigidos a “S. E. el Protector”. A la puerta estaban los caballos humeantes de los correos que llegaban cada media hora y los frescos de los que partían con igual frecuencia. Soldados, ayudantes, escuchas, llegaban a galope de todas partes. Todos se dirigían a “Su Excelencia el Protector”, y su Excelencia el Protector, sentado en su cráneo de toro, fumando, comiendo, bebiendo, dictando, hablando, despachaba sucesivamente los varios asuntos de que se le noticiaba, con tranquila o deliberada, pero imperturbable indiferencia que me reveló muy prácticamente la exactitud del axioma, “espera un poco que estoy de prisa”. Creo que si los asuntos del mundo hubieran estado a su cargo, no hubiera procedido de otro modo. Parecía un hombre incapaz de atropellamiento y era, bajo este único aspecto (permítaseme la alusión), semejante al jefe más grande de la época.

Además de la carta del capitán Percy, tenía otra de recomendación de un amigo particular de Artigas; y entregué primero ésta considerándola mejor modo de iniciar la parte de mi asunto que, por envolver una reclamación, naturalmente creía fuera menos agradable. Cuando leyó mi carta de presentación su Excelencia se levantó del asiento y me recibió no solamente con cordialidad, sino, lo que me sorprendió más, con maneras relativamente caballerosas y realmente de buena crianza. Habló alegremente acerca de la Casa de Gobierno; y me rogó, como que mis muslos y piernas no estarían tan habituadas como los suyos a la postura de cuclillas, me sentase en la orilla de un catre de guasquilla que se veía en un rincón del cuarto y pidió fuera arrastrado cerca del fogón. Sin más preludio o disculpa, puso en mi mano su cuchillo, y un asador con un trozo de carne muy bien asada. Me rogó que comiese y luego me hizo beber, e inmediatamente me ofreció un cigarro. Participé de la conversación; sin apercibirme me convertí en gaucho; y antes que yo hubiese estado cinco minutos en el cuarto, el general Artigas estaba de nuevo dictando a sus secretarios y despachando un mundo de asuntos, al mismo tiempo que se condolía conmigo por mi tratamiento en la Bajada, condenando a sus autores, y diciéndome que en el acto de recibir la justa reclamación del capitán Percy, había dado órdenes para que se me pusiese en libertad.

Hubo mucha conversación y escritura, y comida y bebida; pues así como no había cuartos separados para desempeñar estas variadas operaciones, tampoco parecía se les señalase tiempo especial. Los negocios del Protector duraban de la mañana a la noche y lo mismo eran sus comidas; porque cuando un correo llegaba se despachaba otro; y cuando un oficial se levantaba del fogón en que se asaba la carne, otro lo reemplazaba.

Por la tarde su Excelencia me dijo que iba a recorrer a caballo el campamento e inspeccionar sus hombres, y me invitó a hacerle compañía. En un momento él y su estado mayor estuvieron montados. Todos los caballos que utilizaban estaban enfrenados, y ensillados día y noche alrededor de la choza del Protector, lo mismo eran los caballos de las tropas respectivas en el sitio de su vivac; y con aviso de cinco minutos, toda la fuerza podía ponerse en movimiento avanzando sobre el enemigo o retirándose con velocidad de doce millas por hora. Una marcha forzada de veinticinco leguas (setenta y cinco millas) en una noche, nada era para Artigas; y de ahí muchas de las sorpresas, los casi increíbles hechos que realizaba y las victorias que ganaba.

Heme ahora cabalgando a su derecha por el campamento. Como extraño y extranjero me dio precedencia sobre todos los oficiales que componían su séquito en número más o menos de veinte. No se suponga, sin embargo, cuando digo “su séquito” que había ninguna afectación de superioridad por su parte o señales de subordinación diferencial en quienes le seguían. Reían, estallaban en recíprocas bromas, gritaban, y se mezclaban con un sentimiento de perfecta familiaridad. Todos se llamaban por su nombre de pila sin el Capitán o Don, excepto que todos, al dirigirse a Artigas, lo hacían con la evidentemente cariñosa y a la vez familiar expresión de “mi general”.

Tenía alrededor de 1.500 seguidores andrajosos en su campamento que actuaban en la doble capacidad de infantes y jinetes. Eran indios principalmente sacados de los decaídos establecimientos jesuíticos, admirables jinetes y endurecidos en toda clase de privaciones y fatigas. Las lomas y fértiles llanuras de la Banda Oriental y Entre Ríos suministraban abundante pasto para sus caballos, y numerosos ganados para alimentarse. Poco más necesitaban. Chaquetilla y un poncho ceñido en la cintura a modo de “kilt” escocés, mientras otro colgaba de sus hombros, completaban con el gorro de fajina y un par de botas de potro, grandes espuelas, sable, trabuco y cuchillo, el atavío artigueño. Su campamento lo formaban filas de toldos de cuero y ranchos de barro; y éstos, con una media docena de casuchas de mejor aspecto, constituían lo que se llamaba Villa de la Purificación.

De qué manera Artigas, sin haber pasado a la Banda Occidental del Paraná, obtuvo jurisdicción sobre casi todo el territorio situado entre aquel río y la vertiente oriental de los Andes, requiere una explicación. Muy poco tiempo después de estallar la Revolución, los habitantes de Buenos Aires se mostraron inclinados a enseñorarse de las ciudades y provincias del interior. Todos los gobernadores y la mayor parte de los funcionarios superiores eran nativos de aquel lugar; las ciudades eran guarnecidas con tropas de allí; el aire de superioridad y, a menudo, arrogante de los porteños disgustaba a muchos de los principales habitantes del interior, y los hacía ver en sus altaneros compatriotas solamente otros tantos delegados substitutos de las antiguas autoridades españolas. Por consiguiente, tan pronto como las armas de Buenos Aires sufrieron reveses en el Perú, Paraguay y Banda Oriental, las ciudades del interior se negaron a obedecer, nombraron gobernadores de su elección, y para fortificar sus manos, pidieron la ayuda de Artigas, el más poderoso y popular de los jefes alzados. Así quedaron habilitados para hacer causa común contra Buenos Aires. Cada pequeña ciudad conquistó su propia independencia, pero a expensas de todo orden y ley. Los recursos del país se hacían cada día menos valederos para el propósito de fijar la base de una prosperidad permanente y sólida; y, mientras, en este momento, las riñas rencorosas y los odios de partido están diariamente ensanchando la brecha entre la familia sudamericana, su caudal está padeciendo aquel proceso de agotamiento inseparable siempre de la guerra civil. Su comercio está casi paralizado por la inseguridad que nace así para las persona y la propiedad.

Pasadas algunas horas con el general Artigas, le entregué la carta del capitán Percy; y en términos tan medidos como eran necesarios para exponer claramente mi causa, inicié mi reclamo de compensación.

“Vea”, dijo el general con gran candor e indiferencia, “cómo vivimos aquí; y es todo lo que podemos hacer en estos tiempos duros, manejarnos con carne, aguardiente y cigarros. Pagarle seis mil pesos, me sería tan imposible como pagarle sesenta o seiscientos mil. Mire, prosiguió; y, así diciendo, levantó la tapa de un viejo baúl militar y señalando una bolsa de lona en el fondo. “Ahí” añadió, “está todo mi efectivo, llega a 300 pesos; y de dónde vendrá el próximo ingreso, sé tanto como usted”.

Es bueno conocer el momento de abandonar con buena gracia una reclamación infructuosa; y pronto me convencí de que en la presente circunstancia la mía lo era. Haciendo de la necesidad virtud, le cedí, por tanto, voluntariamente, lo que ninguna compulsión me habría habilitado para recobrar; y apoyado así en mi generosidad, obtuve del Excelentísimo Protector, como demostración de su gratitud y buena voluntad, algunos importantes privilegios mercantiles relativos al establecimiento que yo había formado en Corrientes. Me produjeron poco más que la pérdida sufrida. Con mutuas expresiones de consideración nos despedimos. El general insistió en darme uno o dos de sus guardias como escolta, extendiéndome pasaporte hasta la frontera paraguaya. Esto me valió todo lo que necesitaba: caballos, hospedajes, alojamiento, en todo el camino de Purificación a Corrientes. La jornada me tomó cuatro días; y ansioso ahora, después de todo lo que había sufrido por causa de Francia, de entrevistarme con él, determiné sin dilación seguir al Paraguay.