TRANSFORMACIONES SOCIOECONÓMICAS

Conceptualmente, la Arqueología tardoclásica y medieval se asocia a la decadencia de Roma, mientras que en lo formal se asocia a la definición de Winckelman del fin de la arquitectura monumental asociada al poder. Tradicionalmente se la ha definido como un concepto negativo. Se asocia también a las invasiones bárbaras que provocan una interrupción de las fuentes históricas y le confiere un concepto de “época oscura”, predispuesto a enjuiciarlo frente a lo clásico, que es lo alto imperial. El término “transición”, acuñado por los marxistas, siendo un momento interesante para conocer el modo de producción feudal, supone hoy referirse al periodo de los siglos III al V: el Bajo Imperio. Pero la antigüedad Tardía llegaría desde el siglo III hasta el VIII, momento de la invasión musulmana en España. La cronología de la “transición” no es muy concreta, pues comienza con el fin del esclavismo de la República, pasando por el periodo de los colonos del Bajo Imperio y llegando a momentos medievales con el Feudalismo ya impuesto.

La arqueología de esta época se liga al cambio de estructuras y formas más allá de lo estético. Existe una labor paleográfica de recuperación de documentos cuyo fin principal no es su lectura. En principio deben asumirse su calidad y su cualidad, asumiendo que refleja su organización social y la “no inocencia”, la subjetividad de quien lee esos documentos.

Se avanza en cierta provincialización en Hispania. La Península Ibérica contó con una etapa que se mantuvo en el Imperio Occidental, pero a partir del siglo V aparecen los germanos con su influencia socio-política, con mayores desigualdades regionales, con una constante tensión entre los mismos y la supervivencia romana, que generará problemas como la indefinición de lo Suevo en la huella arqueológica y su integración en la aristocracia local. Tampoco hay elementos materiales ni siquiera en la moneda. Pese a que intentaron verse restos en los sarcófagos, la arqueología desbarata esta teoría. Puede hablarse de una arqueología que intenta dar una interpretación social.

 

 

 

Durante el Bajo Imperio, los siglos III al V, aún se inscriben en el mundo romano.

En el siglo III se perciben dos momentos:

Uno primero en el que se ven dos subperiodos:

1.a; Severiano (192-235).

1.b; Anarquía Militar (239-53). Caracterizado por el desequilibrio entre el poder imperial y el ejército, con capacidad para la recaudación, que no traduce otra cosa que la crisis del sistema esclavista. Se abandona la forma helenística con el cese de grandes obras públicas. Plástica no racionalista con expresionismo a corrientes regionales. Permeabilización a tendencias orientales. Ruptura entre campo y ciudad.

2; de Galerio a la Tetrarquía (253-300). Con un momento intermedio de Diocleciano. Se caracteriza por las nuevas reformas del senado y el cambio de relación entre este y el emperador. Reformas militares motivadas por la inestabilidad debida a la presión germánica. Se pasa de un sistema de ataque y extensión de fronteras, a otro de vigilancia y defensa del limes.

Las reformas fiscales estabilizan la moneda, mientras las haciendísticas tienden a la inversión y estabilización del impuesto sobre la tierra y la producción. Es una aristocracia terrateniente por el peso que tiene la tierra, que genera un gusto aristocrático particular, con desplazamiento de la ciudad al campo. Influencia en la iconografia y una nueva corriente filosófica con la triple penetración de ideas como el “mitraismo”, el “cristianismo” y el “neopaganismo”.

 

El siglo IV cuenta con un tercio constantiniano, donde culminan las reformas de Galerio y Dioclaciano, tendiendo hacia la monarquía militar con reforzamiento del poder personal ligado al cristianismo con las grandes basílicas, el arte funerario romano, las catacumbas... Constantino culmina estas reformas haciendísticas, reforzando la moneda de oro y regulando el impuesto de la tierra. El impuesto se redistribuye en el ejército; se potencia el colonato con el patronazgo, confiriendo el problema y la importancia al señor. Es una raíz del feudalismo.

El segundo momento se extiende hasta el 379, al que sigue la Epoca Teodosiana, con el comienzo del cristianismo oficial y caracterizado por la presión germana en el limes.

5-3-98

El siglo V, en la Península Ibérica, posee dos perspectivas: la etapa final del Imperio Romano, con presencia y poder del Imperio en España por un lado y por el otro el traspaso del poder imperial al poder germánico. En el siglo V, entre el 455 y el 476, el poder imperial va desapareciendo, siendo el desmembramiento político final con la influencia germánica en la provincia occidental. La Península Ibérica va a ser escenario de particularismos regionales motivados por estos asentamientos.

 

 

El siglo V posee doble periodización:

Primera mitad, en la que se produce la penetración y primer asentamiento germánico en el norte y noroeste peninsular. Doble influencia de la política romana interior y exterior. Contexto de Guerra Civil en el Imperio, que aprovechan los bárbaros, situados en el limes, que lo rebasan y en el 409 ya han atravesado toda la Galia, y en el 411 en los Pirineos y se asientan en la Meseta.

Tomando las fuentes de Idacio, ante la duda de saber con qué sectores de la sociedad romana contaron a su favor estos germanos (clases populares y la aristocracia), en lo que respecta a los Visigodos, estos se encontraban asentados en la zona Narbonense, establecen un pacto (foedus) con el emperador por el cual se comprometen a expulsar de la Península a aquellos pueblos germánicos. Llevan a cabo dicha acción militar y expulsan a Vándalos y Alanos y reducen al cuadrante noroccidental a los Suevos.

A mediados de siglo tiene lugar la segunda intervención militar visigoda, con Teodorico II, intervienen para tratar de mantener en el cuadrante noroccidental a los Suevos. Se producen los primeros asentamientos estables de los visigodos, ya no militares y desaparece el poder imperial de forma efectiva. A partir de estas fechas se puede dar por terminado el poder en España del Reino Suevo, mientras que la zona central queda bajo protectorado Visigodo, dependiente del Reino de Tolosa.

Comienza así un nuevo periodo de progresiva estabilización de lo Románico-germánico en la Península Ibérica (470-570). La mayoría de la población sigue siendo hispano- romana. El protectorado visigodo se mantiene en la Meseta (los Campos Góticos) y se van conociendo un mayor número de asentamientos visigodos, conocidos casi únicamente por sus necrópolis. Se percibe a través de ellos la evolución de la composición étnica e ideológica de estos, y se observa cómo se pasa de las joyas y armas típicamente visigodas (objetos que conforman el ajuar funerario), a, a partir del siglo VI, adoptar costumbres romanas, produciéndose una síntesis entre la estética goda y la romana.

Toda la periferia está fuera de esta dominación visigoda. Asturias se encuentra en manos de aristócratas locales; en el SE, bajo protectorado bizantino; la zona subbética, como en el Norte, se encuentra en situación de autonomía política, al igual que las montañas galaicas.

Entre el 570 y el 640, se define el Reino Hispánico de los Visigodos. El reino de Toledo va tomando fuerza, se lleva a cabo movimiento de expansión para hacerse con la periferia. Integran todo el Noroeste, si bien en la zona cantábrica nunca integraron del todo a la población. Establece “ducados”, zonas de frontera donde un gobernador trata de someter a esos pueblos no sometidos de Asturica Augusta y el Oriente Cantábrico. Hacia el Sureste, donde estaban penetrando influencias orientales de todo tipo, asimilan también la tradición tardorromana, si bien se produce una introducción de elementos orientales en la corte toledana (es decir, se produce una asimilación por ambas partes). Elementos orientales como el ceremonial áulico, las coronas votivas, la liturgia religiosa, el tipo de edificaciones religiosas, como las de planta central, que responden a una fusión étnica que hasta entonces no se había producido por la prohibición de matrimonios mixtos.

También en este último periodo se produce una progresiva feudalización de la sociedad, que se advierte en la construcción de dominios monásticos, así como la situación cada vez más servil del campesinado.

 

 

ARQUITECTURA Y URBANISMO.

Cabe hablar de la época Republicana y los precedentes indígenas presentes en la urbanización de la Península Ibérica. Desde que se produce un proceso de conquista va ligado a unos asentamientos costeros sobre los núcleos indígenas, donde hay una tradición mediterránea de origen helenístico de trama ortogonal y fortificadas, en el que destacan los asentamientos militares de tipo indígena, de raíz helénica como Ampurias. Son estos, los núcleos u Oppida. En la Bética, se produce un fenómeno similar, con asentamientos estratégicos, militares (Itálica, Corduba). En el interior de la Península se encuentra una mayor resistencia. Los pueblos Ibéricos están menos Helenizados, por lo que se encuentran campamentos militares que se convertirán posteriormente en núcleos más o menos estables (Numancia), que en época de Augusto, dentro de su programa propagandístico e imperial se convierten en núcleos urbanos. La planificación previa del urbanismo augusteo, recoge las teorías vitrubianas e hipodámicas y las circunstancias hispánicas (Se fundan Emérita Augusta, Caesar Augusta, Asturica Augusta...). Su construcción es proyectada por ingenieros militares, que planifican estos asentamientos según el sistema campamental (láminas 3 y 4). Este programa urbanístico se continúa en el Alto Imperio, con un incremento de fundaciones (Legio o Rosinos (lámina 8)). En estas ciudades se introduce la dotación de infraestructuras que se conocen con foros, termas, teatro, etc. Este programa urbanístico del AltoImperio, con Trajano se produce una continuación del Imperio, como medio de implantación urbana: el militar romano y el clásico romano.

 

 

 

 

 

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