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El
Ajedrez en CubA
Sitio oficial de la Federación Cubana de Ajedrez, el Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez (ISLA) y la Comisión Nacional de Ajedrez |
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Acontecimientos
ajedrecísticos (Breve síntesis cronológica) Año
1836.
Llega a La Habana el autómata, conocido por "El Turco jugador de
Ajedrez", inventado en 1769 por el sabio Wolfgang Kempelen,
austriaco. En la capital ofreció pocas exhibiciones por haber contraído
la fiebre amarilla el jugador que se ocultaba en su interior por entonces,
el francés Schlumberger. Entre
los asiduos concurrentes a ese club figuraba el sabio cubano Carlos J.
Finlay, descubridor de la fiebre amarilla. El sabio Finlay se destacó
como ajedrecista de buen criterio analítico. El
campeón recibió los pasajes de ida y vuelta de New York - La Habana; 250
pesos para gastos especiales; 20 pesos por cada victoria, 10 pesos por
cada tablas o derrotas. Además, el 10 % de las apuestas (?).
Según ellos La Habana era un paraíso, y no era necesario luchar
por independizarla de la colonia.
Una crónica del encuentro, publicada en La Habana en Enero de
1892, refleja el sentir de aquella sociedad, felizmente desaparecida. Dice
así:
"Por las amplias y engalanadas escaleras subían y bajaban
militares de alta graduación, abogados, médicos, banqueros, reporteros
de los más celebres periódicos extranjeros...
Algunas damas aristocráticas obligaban a la circunspección, con
la suavidad de sus perfumes y el crujido de las sedas... aquello parecía
un sueño de las Mil y Una Noches digno sólo del pincel de Rembrandt.
(El pueblo humilde estaba ausente, no podía disfrutar de aquel
campeonato).
¿Quién ganaría la batalla, el maestro de Bohemia (Steinitz), hoy
ciudadano norteamericano, o el fascinador (Tchigorin) enviado de San
Peterburgo?. Esto se lo preguntaban todos...
En larga y rica mesa, cubierta de flores y de transparente
cristalería, los dulces, los vinos ofrecidos por el Club de Ajedrez de La
Habana y la caballerosa junta directiva del Centro Asturiano...
Al fondo de la anchurosa sala, bajo dosel de banderas y cuadros de
gasa, destacábase el tablero riquísimo, obra de un admirable artista de
La Habana, en el que se batieron por primera vez en esta ciudad, en el año
1889, Steinitz y Tchigorin..." Olvido
imperdonable
Sobre este particular consideramos oportuno transcribir aquí, del libro
"Salvador García Agüero", editado por ciencias
Sociales, La Habana, 1985, los siguientes esclarecedores párrafos de su
biógrafo Juan Jiménez Pastrana (pág.40-41) que dicen los siguiente:
Pero en aquellos tiempos, a causa de la odiosa discriminación
racial, a los negros en Cuba les era vedado disfrutar de los círculos de
ajedrez más exclusivos.
Esto ocurría, por ejemplo, con el Club de Ajedrez de La Habana, la
institución ajedrecística nacional de mayor categoría. Nacida
legalmente en 1885, por sus salones pasaron campeones mundiales, pero sólo
elementos de la burguesía y de la clase media de tez blanca, podían
concurrir al centro y participar en los torneos que allí se efectuaban.
Ante aquella infamante realidad nacional, los amantes del juego
ciencia de las capas sociales más modestas, constituían peñas ajedrecísticas
en la ciudad de La Habana donde se desarrollaban eventos populares de
ajedrez. Una de las peñas más conocidas era la del Café
Alegre, situado en Empedrado y Tacón.
Esta peña la frecuentaba
Salvador García Agüero y otros ajedrecistas notables, como
aficionados: Herminio
Montero, Carlos A. Palacios, Boris Jaskovich... por citar algunos.
Francisco
Planas y Carlos A. Palacios jugaron algunas partidas sueltas con García
Agüero en el Café
Alegre. "El propio Capablanca,
cuando acudía a la Secretaría de Estado, frente al Café Alegre, solía
detenerse allí y hacer breves comentarios de alguna que otra
partida". (Hasta aquí la excelente cita del biógrafo Juan Jiménez Pastrana).
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