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El
Ajedrez en CubA
Sitio oficial de la Federación Cubana de Ajedrez, el Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez (ISLA) y la Comisión Nacional de Ajedrez |
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Distinguidos amigos: EL
ELO NO ES LO UNICO QUE IMPORTA Francisco
Acosta Ruiz No
es que tenga algo personal o esté en desacuerdo con la aplicación del
sistema ELO, pero no es menos cierto que tengo que vérmelas con él
constantemente en mi camino; no será una expresión muy periodística,
pero sirve para decir en pocas palabras algo de lo que seguramente se habrán
percatado los lectores que han leído algunos de mis trabajos de los últimos
tiempos, o incluso en los de mucho tiempo atrás, desde los años 70: no
me convence, porque puede convertirse — y en mi opinión ya se ha
convertido— en un freno para el desarrollo del ajedrez. El
tema me motiva de nuevo luego de tener que dedicar algunas horas al
trabajo de búsqueda bibliográfica, asociado a la selección de trabajos
incluidos en el presente número, inmerso en revistas y materiales que
reflejan el quehacer ajedrecístico de los años anteriores a la aplicación
universal del Sistema Elo, período en el que los organizadores de los
grandes torneos podían darse el lujo de conformar una nómina más
variada y hasta atractiva, acorde a los intereses nacionales. Qué
es, en definitiva, el Sistema ELO Pero
antes de entrar en comparaciones y hacer algunas proposiciones, es
necesario comenzar por recordar qué significa conceptualmente el sistema
propuesto por el profesor ELO. Obviando
las formulaciones matemáticas que lo fundamentan, el "ELO" no
es otra cosa que un parámetro que mide o representa "la
fuerza de juego relativa entre "ajedrecistas contemporáneos". La
expresión anterior se ha destacado de todas las formas posibles con el
propósito de resaltar algo que no puede ser obviado, aunque en muchas
oportunidades este "número" ha sido empleado hasta para
realizar comparaciones entre ajedrecistas que vivieron en épocas bien
diferentes. Podemos
hacer, incluso, una simple valoración para demostrar por qué este
sistema no debe ser extrapolado en el tiempo: si vamos a las
primeras listas ELO, publicadas a comienzos de los años 70, nos
encontraremos con el hecho significativo de que de la mayoría de los
grandes maestros de entonces (que no eran tantos pero si muy buenos), eran
realmente pocos los que tenían más de 2550 puntos. Esto nos conduce a la
siguiente interrogante inevitable: ¿son
comparables, por su fuerza real, aquellos grandes maestros, que tenían
entonces entre 2500 y 2550 puntos, con los grandes maestros actuales
incluidos en igual rango de rating? Naturalmente
que no; basta con tomar la nómina de cualquier torneo de entonces y hasta
nos parecerá sorprendente que en esa época aquellas grandes figuras —y
otras bien distinguidas—, estuvieran incluso por debajo de los 2500
puntos ELO. Y es que, sencillamente, no podemos aceptar como cierto que el
desarrollo de la técnica ajedrecística ha sido tal, que ha llevado a que
nuestros ajedrecistas actuales con 2700 puntos o más tengan una fuerza de
juego superior ¡en 200 puntos! a nuestras grandes figuras de entonces. Las
consecuencias Esto
viene a demostrar además que, aunque las bases del sistema no han sido
esencialmente modificadas desde su comienzo hasta nuestros días, el parámetro
matemático que representa si se ha ido modificando numéricamente en
orden ascendente. Y no aceptar esta realidad fuerza entonces a tener que
reconocer que muchos grandes maestros de antaño —de los cuales no pocos
se mantienen aún activos— pudieran ser vencidos fácilmente por sus homólogos
actuales de igual ELO, y hasta por cualquiera de los Maestros
Internacionales que hoy ronda bien cercano a los 2500 puntos. Por
tanto, resulta claro que el incremento hacia los 2700 puntos o más que ha
tenido el top de la lista ELO es consecuencia clara de la aplicación del
propio sistema, que tiende a hacer cada vez más selectiva la conformación
de las nóminas en los principales torneos (categoría 14 o superior)
haciendo prácticamente imposible el enfrentamiento entre grandes maestros
entre los que medie una diferencia superior a los 100 o 150 puntos, y esto
es extensivo al resto de las categorías y de los jugadores de la lista. Por
tanto, si el propio sistema se hace cada vez más selectivo, convirtiéndose
en un mecanismo de selección natural que limita todo contacto entre
ajedrecistas de diferentes categorías, estamos propiciando la generación
de élites que impiden o evitan el intercambio con ajedrecistas de categoría
inferior (algo que no ocurrió jamás en la historia del ajedrez) frenando
o dificultando el desarrollo de estos ajedrecistas en formación,
de los cuales sólo aquellos de condiciones muy superiores podrán alzarse
sobre sus congéneres, para entonces abrirse paso hacia la cúspide del
ajedrez mundial. Obviamente,
tal sistema a quien único beneficia es precisamente a los super grandes
maestros, que rara vez se ven en la necesidad de enfrentarse y tener que
prepararse para jugar contra un ajedrecista "X", y por tanto,
tienen todo el tiempo del mundo para hacerlo solo con sus adversarios
habituales de todos los torneos y de todos los días... ¿Qué
podemos hacer ? Pudiéramos
hacer mucho para equilibrar o perfeccionar el sistema actual de cosas,
pero al mismo tiempo las propias circunstancias nos obligan a ser bien
pesimistas, y concluir en que nada o poco podremos hacer hasta tanto el
gran público se aburra de ver una y otra vez la misma película con el
nombre cambiado, y los organizadores de torneos se vean obligados a buscar
otras variantes que hagan más atractivas las competencias del Siglo XXI,
sin descontar las modalidades de Ajedrez Avanzado que pudieran surgir a
partir de las experiencias actuales, en un mundo en que todo va a ser
dominado por tecnologías aún impensadas, pero que seguramente ya están
en la mesa de los diseñadores. No
obstante, podemos "soñar" y someter a debate algunas
sugerencias que pudieran ser motivo de análisis, pues en el fondo existen
razones para pensar que la introducción de algunas regulaciones pudiéran
resultar de interés o beneficio a la mayoría de las naciones miembros de
la FIDE. Y
es que una cosa sí es cierta: sólo dentro del marco de la FIDE es
posible analizar y proponer modificaciones de beneficio común, y sólo la
FIDE puede establecer regulaciones que necesiten ser tenidas en cuenta por
los organizadores de torneos para que estos eventos sean reconocidos
oficialmente y los resultados finales puedan ser incluidos en las listas
ELO del máximo organismo del
ajedrez mundial. La
organización de torneos por cuotas Si
retornamos a la etapa anterior a la aplicación del Sistema ELO, los más
viejos recordaremos que, por entonces, los torneos se organizaban
atendiendo a ciertas cuotas porcentuales, de manera que en todos los
torneos era posible contar —por reglamento— con la participación de
grandes maestros, maestros internacionales y hasta maestros nacionales, y
en dependencia a esa relación se otorgaba la categoría del evento y los
puntajes para la obtención de normas y títulos internacionales. La
pregunta que cabe hacerse es entonces evidente: ¿qué impide aplicar
un sistema similar, compatible con el sistema de categorías por ELO? Dicho
en otras palabras: si la FIDE establece regulaciones reglamentarias que
obliguen a que en todo torneo oficial la nómina quede integrada dejando
un mínimo de cuotas para que sean ocupadas por ajedrecistas de un ELO
relativamente inferior (respecto a la categoría del torneo), sin que esta
sea afectada, (por ejemplo, incluir ajedrecistas con -100 ó -150 puntos
respecto a la media del evento, maestros internacionales con una norma de
gran maestro, etc.) los países con ajedrecistas en desarrollo verían de
inmediato incrementadas sus posibilidades de incluir a estos en
importantes eventos internacionales a los que hoy no tienen acceso ni
hasta grandes maestros consagrados. Por
otra parte, no se trata de una idea descabellada, sino de un hecho que
puede convenir a los propios organizadores. Pongamos un sólo ejemplo,
tomado de nuestra propia realidad. Cuba
cuenta hoy con varios juveniles en franco desarrollo, que no sólo serán
grandes maestros, sino que tienen sobradas condiciones para alcanzar los
2600 puntos en un plazo razonable (algo que no ha logrado aún ningún
gran maestro cubano hasta la fecha) si recibe las oportunidades
necesarias, pero estas no sobran, más bien faltan... Supongamos
ahora que la mencionada regulación existe; en tal caso, ¿cuántos
organizadores de grandes torneos se disputarían la inclusión del GM Lázaro
Bruzón o del MI Leinier Domínguez?; y hay más: ¿quienes saldrían más
beneficiados que los propios organizadores y la prensa en general, con la
presencia de jóvenes como estos, que pueden ganarle una partida a
cualquiera, dando nueva vida y no poca espectacularidad a los grandes
supertorneos? Sencillamente
gana todo el mundo: los organizadores, los medios de difusión, los
ajedrecistas en desarrollo —aunque pierdan ELO en la contienda— y
hasta la misma FIDE, amén de que no las tenga todas muy buenas con los
ajedrecistas de la Elite mundial, que son obviamente los únicos que no
parecen beneficiarse con estas modificaciones, si bien no puede
descartarse que todo aquello que de vida al ajedrez beneficia de alguna
manera a todos los ajedrecistas, con más razón a los profesionales. Para
los que vivimos de cerca aquellos grandes torneos de los años 60, resulta
inevitable mirar atrás y recordar los días inolvidables en que las páginas
de la prensa internacional anunciaba, con grandes titulares, el
enfrentamiento de un Maestro Nacional, cubano o latinoamericano, con un
gran maestro de renombre y hasta con un ex-campeón mundial; y es
lamentable que todo haya tomado por el camino equivocado, porque si las
condiciones actuales se mantienen, ya nunca más será posible ver como un
pueblo entero salta de alegría con la victoria inesperada de un Carlos
Calero contra un Miguel Tal. -------------
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