
CARTA
DE LA IGLESIA A LOS DEVOTOS DE LA VIRGEN DEL POZO
A LOS DEVOTOS DE LA “VIRGEN DEL ROSARIO DEL POZO”
Amados
hijos en el Señor:
“Puestos por el
Espíritu para regir la Iglesia Santa de Dios”, los Obispos de Puerto Rico hemos
seguido desde hace años el proceso de las alegadas apariciones y mensajes de la
Virgen del Rosario del Bo. Rincón Pozo de Sabana Grande. En las Asambleas
Ordinarias y Extraordinarias de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña hemos
prestado vigilante atención pastoral a cuantos acontecimientos se han ido
relacionando con esta materia.
Concluida la Apelación
a la Santa Sede contra el Decreto Episcopal de su disolución como Asociación,
hemos dado varios pasos de diálogos y exposiciones doctrinales que creemos
suficientes para llegar a nuestra presente decisión pastoral. Y con ella queremos
también salir al paso de manifestaciones y actividades públicas que vemos
anunciadas por ustedes a los fieles para próximas fechas.
En el COMUNICADO CONJUNTO del 11 de
diciembre de 1995 creímos que se habían subrayado las funciones de los Obispos
en materia de devoción y dirección pastoral. Pronto nos dimos cuenta de que sus
planteamientos teológico-jurídicos fueron interpretados por los Dirigentes de
Uds. como aceptación de las pretensiones y programas del “grupo”, cosa que está
y estaba fuera de nuestra actitud y de una recta lectura del Comunicado.
Para mejor
clarificación de nuestras enseñanzas y posturas, nombramos una Comisión de
Sacerdotes con sabiduría teológica y pastoral fuera de toda duda. Hemos
examinado las apreciaciones de la Comisión de Sacerdotes y las Actas de sus
Encuentros con Uds., redactadas por Uds. mismos.
A pesar de sus
insistencias de amor y obediencia a la Iglesia, es evidente su marginación de
la enseñanza y reclamos pastorales de los Obispos de Puerto Rico; es
transparente en el “grupo” su autosuficiencia doctrinal y de comunión eclesial
amparados en “teólogos competentes que los asesoran”, mientras menosprecian a
sus inmediatos Pastores; es clara su actitud desafiante e impositiva ante la
Jerarquía de nuestra Iglesia. Es un juicio elemental de discernimiento pastoral
en el que hemos coincidido con los Sacerdotes designados.
Una devoción mariana enmarcada con
estos términos deja de ser devoción, para convertirse en fanatismo y no está en
sintonía con “la Esclava del Señor”.
Los Obispos que
integramos la Provincia Eclesiástica y la Conferencia Episcopal Puertorriqueña,
conscientes del amparo que los fieles católicos de nuestras Diócesis necesitan
en su formación doctrinal y práctica religiosa, y en virtud de la encomienda que
tenemos recibida del Señor para su Iglesia:
1. reiteramos
nuestra negativa a considerar como manifestación sobrenatural las pretendidas
“apariciones y mensajes de la Virgen del Pozo”.
2. recordamos que la disolución de la
“Asociación de la Virgen del Rosario del Pozo” está en plena vigencia, no
importan los distintos nombres o incorporaciones con que de hecho se le está
dando continuidad. El grupo o conjunto de personas que se hallan envueltas bajo
las diversas denominaciones de la Virgen del Pozo, no deben esperar ninguna
aprobación eclesial bajo los objetivos, contenidos doctrinales y medios con que
está funcionando y presentándose actualmente.
3. La así llamada misión y su contenido
doctrinal, particularmente en su referencia a la “nueva redención del mundo por
medio de María”, no corresponde a los parámetros del Evangelio y carece de
fuerza y signo eclesial. Igualmente el llamarse “Nueva Estirpe Elegida, etc.”,
al margen de los demás fieles bautizados, es pretención condenable.
Rogamos, pues, a cuantos dirigen y
fomentan esta devoción y mensajes, se abstengan de dicha actividad, que los
Obispos de Puerto Rico juzgamos inconveniente y, a la larga, dañina para la
pastoral de nuestros fieles. Cuando esta norma haya sido obedecida, el Obispo
de Mayagüez estudiará con generosidad la posibilidad de atender a los fieles y
reponer el culto público en el lugar de las alegadas apariciones, en “El Pozo”
de Sabana Grande.
Les hacemos sabedores
de que estamos pidiendo a los Sacerdotes Diocesanos y Religiosos de nuestras
Diócesis y a los que estén de paso por la Isla, que en obediencia se abstengan
de envolverse en actividades, manifestaciones públicas y celebraciones de culto
con grupos y motivaciones referentes a esta devoción, “misión” y mensajes.
En todo momento y lugar
los Obispos y los Agentes de Pastoral de nuestras Diócesis atenderemos a los
fieles que tengan esta “devoción”, orientando su conciencia en el ámbito
sacramental y en su formación espiritual; se darán a conocer las enseñanzas y
directrices del Magisterio de la Iglesia y, más inmediatamente, las de la
Jerarquía a de la Iglesia en Puerto Rico.
Confiamos en que todos
Uds. aceptarán estas disposiciones nuestras como signos de la voluntad de Dios;
y será una oportunidad para ünitar la humildad y la docilidad de “la Esclava
del Señor”. Es la forma mejor para fomentar la auténtica devoción a María.