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--¿Todos los años?
--llamó Ranma hacia el otro lado del patio. --Todos los años
--contestó Akane haciendo una pausa para quitarse algunas hojas que se habían
atascado en su rastrillo. Ranma volvió al principio
de la fila de hojas en la estaba trabajando. Su pila, ahora casi hasta la
altura de sus rodillas y dos veces más ancha, se extendía desde la pared trasera
hasta el costado del dojo. Empezó a empujar la fila hacia la parte trasera
del dojo, tres golpes con el rastrillo y luego un paso a la derecha. Hizo una pausa y volvió a
llamar a través del patio. --¿Siempre hay tantas
hojas? --Parece que este año hay
muchas más que lo normal --replicó ella. --Oh --dijo él, abatido. Las hojas estaban secas y
crujientes puesto que no llovía desde que la escarcha de la mañana las había
cambiado de verde a rojo, dorado y amarillo. Empujó las hojas con golpes
suaves, tratando de convertir el mundano trabajo de patio en alguna especie
de ejercicio de artes marciales. Se concentró en cada golpe, sintiendo
trabajar sus músculos. Pero su corazón no estaba en ello. --Así que... ¿dónde están
todos? --llamó. --Nabiki dijo que tenía
un montón de tarea, Kasumi salió a comprar víveres, y nuestros padres
salieron temprano en la mañana a un viaje de entrenamiento. --¡Viaje de
entrenamiento! --ironizó Ranma, empujando vigorosamente su rastrillo--.
¡Ellos... escogieron... HOY... para... irse... a... un viaje... de
ENTRENAMIENTO...! Retrocedió para atacar el
inicio de la pila. Agitó su rastrillo al cielo. --¡Y sin mi! --¿No habías rastrillado
hojas antes? --No, nunca. En esta
época del año papá siempre me estaba entrenando... Ranma interrumpió el
rastrillado. --Ji, ji... suena como si
a tu papá no le gustara rastrillar hojas. --Es de familia... Ranma regresó a sus hojas
con nuevo vigor. --Yo soy del tipo a la
que sí le gusta --dijo Akane. Ranma se detuvo y observó
a Akane. Ella apilaba calmadamente sus hojas, sosteniendo su rastrillo muy
derecho, barriéndolas más que rastrillándolas. De alguna forma parecía más
crecida. Tuvo la extraña sensación de que la veía de la misma forma que
luciría en algunos años más. --¿Qué estás viendo?
--preguntó ella. --Oh... ah... nada... No mencionó su falda o
sus calzas, o el suéter que le acomodaba tan perfectamente. --...sólo descansaba. --Te estás quedando
atrás. --Sí. Terminó su fila y, echando
otra mirada furtiva, regresó al extremo. --Ya estamos cerca de la
pared... ¿Qué vamos a hacer con las hojas una vez que lleguemos allí? --Sólo apilarlas debajo
de ese árbol, detrás del dojo. Vamos a hacer abono con ellas. --¿Y por que no simplemente
las quemamos? --¿Te imaginas que
pasaría si todos hicieran eso? ¡Nadie podría respirar en Tokyo durante
semanas! Ranma olfateó rápidamente
el aire. --Bueno, alguien está
haciendo eso cerca de aquí. --Ummm. Un poco de humo
huele tan bien, ¿cierto? --Akane hizo una pausa y tomó una bocanada de aire. El humo hizo recordar a
Ranma de sus viajes de entrenamiento a través del país, caminando con su
padre en senderos a través de las montañas, y en los caminos entre los campos
de arroz. En el otoño siempre estaba el aroma de las hojas ardiendo y cintas
de humo azul-grisáceo en el aire. Amontonaron las hojas
bajo el árbol, trabajando en la pila hasta que casi fue tan alta como Akane. --Son muchas como para
que quepan en la caja del abono --dijo Ranma comparando la pila con el cajón
en la esquina del patio. --Tenemos que prepararlas
antes, tu sabes. --¿Prepararlas? --Mmmmm... ¡Así! Akane sonrió dulcemente a
Ranma y, tomando su brazo, dio un paso hacia atrás, tomó impulso y lo lanzó
hacia la pila de hojas. --¡Waaaah! Ranma voló de cabeza a
través del aire, tratando de planear con sus brazos, pero sin efecto. Cayó
suavemente sobre las hojas que crepitaron. --¿Qué... --preguntó--
...fue eso? Ella estaba de pie en su
cabeza, viéndolo de revés. --Hay que quebrar las
hojas, sabes... Se agachó para agregar --Es la mejor forma que
se me ocurrió. El sol brilló a través de
su pelo, lanzando destellos castaños. Las hojas anaranjadas y amarillentas del
árbol creaban un fondo perfecto. "Desearía tener una
fotografía de ella así", pensó él. "Hay veces en que ella se ve muy
bonita." --Akane, yo... yo...
--dijo suavemente. --¿Mmmm? --ella se agachó
para acercarse. El extendió sus brazos
sobre su cabeza y, deslizando sus dedos bajo sus pies, la levantó por el
aire. Ella chilló sorprendida y con sus piernas y brazos extendidos, aterrizó
en la pila al lado de Ranma. --Es... ¡Eso no fue
justo! --tartamudeó. --Fue la mejor manera que
se me ocurrió de aplastar las hojas --respondió él, poniendo sus manos detrás
de su cabeza y empezando a silbar desafinadamente. Yacieron juntos sobre las
hojas, mientras la brisa ocasionalmente soltaba una hoja del árbol sobre
ellos. Akane rompió el silencio.
--Cuando éramos pequeñas,
mamá y papá hacían estas pilas grandes de hojas, y Kasumi, Nabiki y yo
saltábamos sobre ellas. Cuando era un poco mayor, papá nos enseñó nuestras
primeras lecciones de judo lanzándonos sobre las hojas. --¿"Nos"?
¿Quieres decir que a Nabiki y a Kasumi también? --Sip, y, durante un
tiempo, papá pensó que Kasumi se convertiría en la verdadera artista marcial
de la familia. --¿Kasumi? ¿Nuestra dulce
e inocente Kasumi? --preguntó Ranma con incredulidad. --Ella era realmente
buena, claro que ahora está fuera de práctica. Pero apuesto que te
sorprendería si lo intentara. --Kasumi, una artista
marcial. Aún no puedo creerlo. Ranma agitó su cabeza,
sacudiendo las hojas. --Mmmm. Nabiki también
tenía algunos movimientos bastante buenos. --Nabiki... Ranma hizo una pausa
dramática. --¡Todavía tiene sus
movimientos! Principalmente de mi bolsillo a su cartera. Hizo la pantomima de
levantar dinero de su bolsillo trasero y ponerlo en una cartera aparentemente
llena, concluyendo con un ostentoso cierre. Akane rió y suspiró. --Esta es la parte que
más me gusta de rastrillar hojas... Juntó algunas hojas y las
lanzó al aire. --...y realmente has
tenido suerte. Algunos años llueve y las hojas se humedecen y, en otros, los
fines de semana son demasiado fríos como para realmente disfrutar de las
hojas. --Parece que habrá que
rastrillar hojas nuevamente el próximo fin de semana --dijo Ranma apuntando a
las hojas de árbol encima de su cabeza. --A veces desearía que
todas cayeran de una vez... Ranma sonrió y,
lentamente, alzó sus manos, con las palmas apuntando al árbol sobre ellos. --¡Mouko Takabishiya! En el último segundo
abrió sus manos para liberar la energía. La esfera de ki se levantó
hacía el árbol y liberó las hojas restantes. --Kiyaaaa --gritó Akane,
y enterró su rostro en el hombro de Ranma. Las hojas empezaron a
caer suavemente alrededor de ellos. Akane abrió sus ojos, observando la
tormenta de hojas que se arremolinaban gentilmente sobre sus cabezas. El sol
brilló a través de ellas, revelando sus vibrantes colores, matizados por sus
tallos y venas más oscuras, contra el azul del cielo de la mañana. Los
colores eran tan brillantes, tan surreales... ella nunca había visto nada así
antes. Las hojas daban volteretas y flotaban alrededor de ellos, algunas
caían a tierra, otras se mecían de allí para allá, como si lucharan por
mantenerse un poco de tiempo más en el aire. Contuvo el aliento mientras se
sentía liberada, la vista era tan improbablemente hermosa. Observó extasiada
hasta que la última de las hojas cayó alrededor de ellos, sin querer que
terminara, pero sin saber si no podría seguir viendo una más sin desmayarse. Akane suspiró y recostó
de nuevo su cabeza sobre el hombro de él. Ranma gentilmente recogió un par de
hojas de su pelo. Ella volvió su rostro hacía él, sus ojos se encontraron y
sostuvieron la mirada. Empezaron entonces a reír
juntos, disfrutando la alegría del momento. Akane
observó a Ranma. Este
era un lado de él que ella raramente veía. Siempre parecía tan, tan
indolente. Difícilmente bajaba sus defensas y se permitía reír así. Después
de un momento se tranquilizaron y tomaron aliento juntos, suspirando
satisfechos al unísono, lo que los hizo empezar una nueva ronda de risas. Ella colocó de nuevo su
cabeza sobre su hombro, él envolvió su brazo alrededor de ella y la sostuvo
suavemente. Ella escuchó los latidos de su corazón y sintió la ascensión de
su pecho con cada inspiración. El olor a polvo de las hojas se mezclaba con
el aroma de su camisa y la suya. --Ha sido un buen año...
--dijo él. Ella enterró su cabeza en
su hombro y asintió. --...yo nunca había
sentido como... como si tuviera un hogar --agregó. --No me sorprende, con tu
padre arrastrándote por todo Japón. --A veces era divertido,
sabes. Vimos un montón del país, conocimos un montón de gente. Pero esto es
diferente, el tener un lugar al cual llamar hogar. Hizo una pausa, recogió
algunas hojas y las enrolló entre sus manos. Los trozos aplastados de hojas
cayeron de sus manos sobre su camisa, y los sacudió hacia la pila. --Ranma... ¿qué ocurre? --Oh... sólo estaba
pensando... --¿En qué? --En mamá. --¿Qué pasa con ella? --Bueno... Sí al final
puedo resolver este asunto con ella, y conservar la cabeza, seguramente
querrá que papá y yo nos mudemos a su casa. El corazón de Akane se
encogió --Yo... yo no había
pensado en eso --dijo ella. Su mente empezó a
elucubrar. No podía siquiera imaginar la vida sin él alrededor, más que
aburrida y... vacía. Vacía era la palabra que estaba buscando, pero una vez
que la encontró, fue como una puñalada de recuerdos. Ella pensaba con
frecuencia en su madre, las más pequeñas cosas en la casa le traían recuerdos
de ella, el sabor de ciertas comidas, o a veces sólo sentarse en el mismo
lugar del patio donde ella se había sentado cuando niña, y disfrutar un
diluvio de felices recuerdos. Más tarde, después de que
la herida había sanado, había otros recuerdos buenos. Su padre quedándose en
casa para cuidarlos, tratando obstinadamente de estar a cargo, aunque fueran
las chicas las que realmente llevaban la casa. Entre esas épocas había
una piscina oculta de oscuridad que ella evitaba, pero en la cual ahora
estaba ahogándose. --Akane... Ranma tocó su hombro. --Akane... ¿estás bien? --Ranma... Ella volvió su rostro y
lo enfrentó. --Nunca me dejes. Su barbilla tembló y
lágrimas acudieron a sus ojos. Enterró su rostro en su brazo y empezó a
sollozar suavemente. --¿Eh...? Ranma estaba superado por
la confusión. ¿Qué había hecho? ¿Qué debía hacer ahora? Su primera opción, iniciar
una pelea, no parecía tener mucho mérito dadas las circunstancias. Su segunda
opción... Bueno, nunca antes había necesitado una segunda opción con Akane..
Necesitaba tiempo para pensarlo. Puso sus brazos alrededor de ella y trató de
pensar en algo que decir. Akane sólo empezó a llorar más fuerte. --III... ¡m-m-mala
estrategia! --dijo audiblemente, sorprendiéndose a sí mismo... ...así que la soltó con
rapidez. --¡Baka! --sollozó Akane. Ella agarró su muñeca y
empujó su brazo de regreso alrededor de ella. Ranma la abrazó de nuevo.
Podía sentir el calor de su cuerpo presionando contra el suyo, podía sentir
la esencia de su pelo, una mezcla de shampoo, hojas y chica. Empezó a mecerla
suavemente, mientras las hojas crujían bajo ellos. Todavía era un misterio
para él lo que estaba pasando. Un momento antes estaban riendo juntos y ahora
Akane estaba llorando en sus brazos. Se sentía desvalido. Algo estaba
hiriendo a Akane y no había nada que él pudiera hacer sobre eso. Deseaba
irracionalmente que apareciera un oponente visible, alguien con quien luchar
por ella. Ella lloró por un tiempo,
mientras su respiración se tranquilizaba. Tomó una entrecortada inspiración y
se tranquilizó. --Está bien, está bien
--repetía Ranma una y otra vez, acariciando su pelo. --Lo siento --dijo ella
finalmente, con suavidad. --Realmente está bien. Ranma continuaba
acariciando su pelo, alternando sus dedos alrededor de él. Akane sollozó un poco --Lo siento, es sólo que
a veces recuerdo que cuando mamá... Tomó aliento, tratando de
contener las lágrimas. Estudió a Ranma por un momento, entonces asumió una
mirada resuelta. Tomó una profunda inspiración y empezó a soltar las palabras
que contenía. --Cuando mamá murió,
tuvimos parientes yendo y viniendo durante semanas. Luego uno a uno nos
dejaron, hasta que una mañana me levanté y sólo estaban papá y mis hermanas
en la mesa del desayuno. Seguía esperando que mamá llegara en cualquier
momento. Durante semanas pensé que ella llegaría a la mesa del desayuno como siempre
lo hacía. Por mucho tiempo apenas hablé con alguien. Sólo me encerraba en mi
habitación y lloraba porque me sentía tan vacía y pensaba que era tan injusto
que mamá se hubiera ido. Recordándolo ahora, debe haber sido igual de duro
para ellos. --Entonces una noche soñé
con ella. Fue tan real. Estábamos en el dojo, practicando juntas, lo que era
chistoso porque nunca antes me habían interesado mucho las artes marciales.
No es que ella haya dicho algo que pueda recordar, era sólo el sentimiento de
que debía dejarla ir, y de que ella me amaba y que se sentía orgullosa de
mí... Akane dejó salir un
suspiro y se recostó sobre las hojas. --Antes de que
amaneciera, me puse un gi y fui al dojo. Me senté y observe el tablero del
dojo hasta que el sol salió, y empecé a hacer todos los ejercicios que
siempre veía hacer a papá. Todos mal hechos, por supuesto. El llegó un poco
después y me vio practicando. Entonces me mostró la forma correcta de hacer
esos ejercicios. Creo que fue la primera vez que lo veía sonreír de nuevo. --Más tarde Kasumi llegó
corriendo llamando a papá y diciendo que yo estaba perdida. ¡Debería haber
visto que cara puso!" Akane rió un momento. Ranma no sabía que decir.
Arrastrado a una casa extraña, comprometido con una chica desconocida... todo
eso parecía haberle ocurrido a alguien más, hacía mucho tiempo. Lentamente,
día a día, Akane se había convertido en una parte estable y cómoda de su
demasiado frecuentemente movida existencia pero, hasta ahora, él no había
pensado en eso. Pensó entonces en la vida
lejos de Akane. No verla más a la hora del desayuno, ir caminando solo a la
escuela. No poder ni siquiera estar en la misma escuela con ella. Akane observó la
preocupación que surgió en su rostro. --Siento haber vertido
todo eso sobre ti, Ranma. Es extraño, pero ya no hiere tanto pensar en ello
ahora que finalmente se lo he contado a alguien. Extraños sentimientos
atraparon a Ranma. Se sentía comprometido por la confianza que Akane había
puesto al abrirse a él, pero los mismos pensamientos de estar lejos de ella
estaban royéndole. Se sentía como su protector, pero al mismo tiempo le
gustaba lo fuerte e independiente que era ella. Quería decirle que él nunca
se iría, pero de algún modo sabía que su deber hacia su madre no le permitiría
cumplir esa promesa. Aunque ellos estuvieran comprometidos, aún no era tiempo
de hacer saber a sus padres que sus deseos eran los mismos, al menos no
oficialmente. Había una palabra para lo que él estaba sintiendo, pero aún no
estaba listo para ella. Extendió su mano y tocó
su mejilla. Su piel se sentía cálida y suave. Ella pareció un poco
sorprendida, pero sonrió. Su corazón saltó en su pecho y repentinamente supo
que ellos estaban a punto de besarse, y que la sensación de pánico que
siempre había sentido antes había desaparecido. En su lugar había un
sentimiento mucho más fuerte que cualquier que hubiera conocido antes. Ella sintió su toque en
la mejilla, sus dedos y la palma endurecidas por años de entrenamiento. Había
sido cogida por sorpresa. Ranma no era muy afectuoso, y había estado muy
callado durante los últimos minutos. Había algo en su mirada, una confianza
tranquila que con frecuencia desaparecía cuando los dos estaban a solas. "Finalmente vamos a
besarnos", pensó ella, a medias aliviada, a medias tratando de implantar
psiquicamente la sugestión en su cabeza. El hizo una pausa para
mirarla, para realmente mirarla. Ella tenía ojos realmente hermosos, pensó.
Con el brillo del sol podía ver que eran castaños y con rayas negras en sus
pupilas. Ella tenía pestañas largas y espesas, como una modelo, peso su
frente era delgada y elegante. Su nariz, hermosa. Finalmente se detuvo en el
detalle más pequeño. Casi como la de un niño. Su labio inferior se extendió
un poco, dando a su sonrisa un toque de dulzura. Realmente se está tomando
su tiempo, pensó ella. Y probablemente debo verme horrorosa, con los ojos
hinchados y el pelo revuelto. El se acercó, podía
sentir su dulce aliento y sentir su calidez en su rostro. Contuvo el aliento
y, cerrando sus ojos, dejó que sus labios tocaran los de ella. Quería
recordar este momento, grabarlo en su mente. Sintió el calor de sus labios en
los suyos, el perfume de su esencia mezclado con el de las hojas
polvorientas. Escuchó las hojas crujiendo bajo ellos, y en los árboles sobre
ellos. Se besaron por un instante... y otro... y otro... Lentamente se separó, y
abrió sus ojos. Ella abrió los suyos y revolotearon de un lado al otro,
deteniéndose un instante en cada uno de los suyos. Ella lo abrazó con
fuerza, y sonrió secretamente contra su pecho. "Gracias a
Dios", pensó ella. Finalmente nos besamos y nad... Sus pensamientos fueron
interrumpidos por el sonido de hojas crujiendo, mientras Kasumi y Nabiki
aterrizaban junto a ellos. --¡Guau, Akane! ¡No está
mal para ser la primera vez! --dijo Nabiki. Una gran sonrisa brilló en su
rostro. --Y justo a tiempo,
además. No puedo seguir atrasando el almuerzo eternamente, saben --agregó
Kasumi. Entonces sonrió y lanzó puñados de hojas al aire. Ellas cayeron como
confetti sobre ellos. --Yo le daría, hummm...
un ocho -- entonó Nabiki. --Que tacaña --replicó
Kasumi. Un cartel de madera con
el número "10" apareció entre las hojas. Ranma lo alcanzó y extrajo
un panda sonriente. --¡Ja, ja, ja, Tendo-kun!
--Soun emergió de las hojas con ríos de lágrimas desde sus ojos-- ¡Finalmente
hemos tenido éxito! Soun y Genma-panda
lanzaron hojas al aire. Luego fueron acompañados por Nabiki y Kasumi. En
segundos el aire estaba lleno de hojas y de las risas de padres y hermanas.
Cuando las hojas finalmente cayeron, Ranma y Akane no estaban a la vista. En el corredor entre el
dojo y la casa, Akane se volvió a un todavía ruborizado Ranma. --Ranma, espera un
segundo. --¿Qué? --Esto. Akane se levantó en la punta
de sus pies y besó firmemente a Ranma. Ella se separó, le pestañeó, y saltó
fuera de la casa. Ranma la observó irse
agitando su cabeza. Realmente ha sido un muy buen año, pensó... Sus dedos tocaron sus
labios...
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