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Esta primavera no estaba
siendo especialmente calurosa, y era la primera vez en el año que los Tendos
y los Saotomes cenaban con las puertas abiertas. De algún modo semejaba una
ocasión festiva. Kasumi lo había hecho parecer así, no porque hubiera algún
plato especial en la mesa, sino porque cada uno de ellos estaba perfectamente
presentado. La mesa se veía como la portada de un imaginario libro de cocina.
Akane, sentada en sus
talones al lado de Ranma, ocasionalmente le echaba una mirada furtiva cuando
él no estaba mirando. Atendió su voz por unos instantes, diciendo algo sobre
una nueva técnica de entrenamiento, mientras su padre respondía con su
murmullo profundo. Ranma a veces hablaba de la misma manera, apenas moviendo
sus labios. Usualmente reservaba ese tono de voz cuando trataba de rehuir una
respuesta. Ya había oído ese tono de voz antes. "Soy feliz",
pensó. Sólo feliz. Ranma últimamente había estado bastante soportable. No
tenían una discusión seria desde hacía meses, y realmente disfrutaba las
pequeñas chanzas entre ambos. Sospechaba que Ranma también, puesto que se
plegaba a ellas con entusiasmo. La introspección de Akane
se rompió con la pregunta de Kasumi. --Akane, ¿me ayudas a
lavar los platos? --Sí --respondió,
levantándose y empezando a recogerlos. Uno por uno los demás se excusaron,
los padres por otro juego de shogi, Nabiki a su habitación. Ranma agradeció a
Kasumi y salió al patio. Al llegar a la cocina,
Kasumi exclamó sorpresivamente. --¡Olvidé el postre! Akane siguió su mirada
hacia una pila de pequeñas cajas púrpuras. --Las compré
especialmente para hoy. Supongo que aún podemos llevárselas cuando terminemos
con los platos -- Kasumi llenó el fregadero mientras Akane guardaba las
salsas y especias. Akane observó mientras su
hermana enjuagaba cuidadosamente los platos, absorbida por su trabajo, con el
toque preciso, tal como Ranma cuando hacia sus precalentamientos. Rápidamente
la cocina estuvo limpia, con todo de regreso en su sitio. Akane siempre había
amado la cocina así, oliendo a limpio y pareciendo pulcra y acogedora. --¡Tenemos mucha suerte
por tener una cocina grande! --dijo Kasumi--. Algunas de mis amigas tienen
departamentos muy pequeños y cocinas incluso más chicas. --¿Qué tan grande es la
cocina de la clínica del doctor Tofú? --preguntó Akane. --También es grande. En
la época en que tenía muchos pacientes internados, construyó una cocina
grande para atenderlos. Pero en estos días es difícil que alguien necesite
quedarse por una noche. Kasumi llenó una tetera
grande y la puso en el quemador, sacando una gran bandeja, y colocando
pequeños platillos en ella, y cuatro de las cajas. --Con esto será
suficiente para todos --dijo--. Yo iré por Nabiki, mientras tú buscas a
Ranma. --Sí. Akane dejó la cocina por
la puerta trasera, buscando a Ranma en el dojo. No estaba allí, tampoco
encima de la pajarera, ni peleando con su padre. Encontró a los demás
alrededor de la mesa. Kasumi servía el té y abría las cajas. --¿Han visto a Ranma?
--preguntó. --El no está arriba
--respondió Nabiki. --No lo he visto desde la
cena --respondió Soun--. No es usual para él perderse un regalo como este...
¿Cierto, Saotome? --Claro que no, Tendo. Si
no aparece pronto sería una lástima desperdiciar su porción --respondió Genma
mientras intentaba alcanzar la última caja sin abrir. --¡Mi parte está allí
también! --protestó Akane, rescatando la caja con rapidez. --Miren --dijo Kasumi
observando hacia algún sitio de afuera --. ¡Que hermoso atardecer! Akane miró hacia fuera
por un momento, mientras recordaba. Saltó fuera de la mesa con su caja aún en
la mano, y salió hacia la cocina. --Akane ¿no vas a comer
con nosotros? --preguntó Kasumi. --Um... Creo que ya sé
donde está Ranma. Una vez en la cocina,
Akane tomó una bandeja de cama pequeña, una tetera del armario y lenta y
cuidadosamente preparó té. Estaba bastante orgullosa de su habilidad de hacer
el té y ahora los demás no podían distinguirlo del que preparaba Kasumi.
Colocó la caja, un par de tazas y una pequeña tetera en la bandeja y subió al
segundo piso. Pasó por enfrente del cuarto de Ranma, los de sus hermanas y el
suyo propio, y salió hacia el tendedero. Cuidadosamente subió al tejado, sin
poder evitar rasparse la muñeca. Además casi dejó caer dos veces la bandeja
completa. Ranma estaba tendido en
su sitio habitual, con la cabeza acunada en sus manos. --Hermoso atardecer
--dijo Akane, poniendo la bandeja en el techo y sentándose a su lado. --Mmmm --dijo Ranma,
mirándola-- ¿Qué es eso? --¡Sakura mochi! ¡Fresco
de hoy! Ranma echó una mirada
cautelosa, mientras cada músculo de su cuerpo pareció tensarse. --Kasumi los compró... Ranma se relajó. --De ese viejo chino... Ranma se congeló. --¡Es broma! ¡Es broma! Ranma se relajó
nuevamente. --¡No me asustes así! Akane vertió el té, abrió
la caja y sacó dos de los bultos envueltos. Le dio uno a Ranma. El, en lugar
de abrirlo inmediatamente, lo contempló un momento e inhaló su fragancia. El
complejo aroma asaltó sus sentidos, desatando una ola de recuerdos. Levantó la
vista hacia Akane que lo observaba atentamente. Ya había visto antes esa
mirada. --Pensé que dijiste que
Kasumi los compró --dijo. --Si, lo hizo. --¿Entonces por qué me
miras como si estuvieras buscando una "X" en mi cara? --¿Una "X"? --
Akane pareció sorprendida --. ¡Ah! No. No es eso. Lo único que veo en tu cara
es una mirada feliz. ¿Por qué? --Las hojas de cereza.
¡Me encanta ese aroma! Akane olfateó su hoja
cuidadosamente, olía como otras hojas de sakura, y algo más, muy familiar,
pero no podía identificarlo. --Sí, es bueno --dijo
ella--. Pero me recuerda algo más. --A mi también. Creo que
es algo así como tabaco de pipa. --Sí, algo así, pero no
de la que fuma Ji-san. --Y también me recuerda
esos viajes a la montaña que papá y yo hacíamos durante el entrenamiento. En
primavera algunas plantas huelen así. Akane enrolló la hoja
superior, pero dejó la hoja de abajo para evitar tocar el pegajoso relleno de
arroz. Se preguntó por un momentos por la existencia de la segunda hoja. Los
hechos en casa no tenían una hoja en la parte superior. Debe ser para evitar
que se peguen a la caja, pensó. Mordió el suave y pegajoso arroz y la dulce
pasta de frijoles en su interior. Percibió un suave sabor a cerezas en el
pastel, o quizá solo fuera la esencia de las hojas. --Son mejores que los que
hice --dijo. --Debes haber usado malos
ingredientes... --replicó Ranma, sin querer discutir realmente el asunto. Se sentaron juntos y
observaron el sol que caía detrás de los edificios. El cielo se puso muy
rojo, mientras unas pocas nubes altas permanecían al sol. Terminaron sus
pasteles y el té en silencio, mientras el cielo se oscurecía. Ranma se deslizó hacia
abajo en el tejado unos centímetros y se recostó nuevamente en sus manos. --Este es mi momento
favorito del día --dijo. --¿Mmm? Akane miró a Ranma que
yacía abajo. --Cuando papá y yo
estábamos en los viajes de primavera, me gustaba salir a escondidas para ver
el atardecer y tener un poco de tiempo para mí. Adoro cuando se levantan las
primeras brisas frescas de la tarde. Akane cerró sus ojos.
Había una brisa ligera, el aire frío mezclado con el calor que salía del
tejado. Bess ladraba a nadie en particular, y otros perros respondían cerca.
Podía oír los trenes y el lejano murmullo del tráfico. Un cambio en la
dirección del viento trajo el dulce aroma de algunas flores que se abrían en
la noche. Estiró sus brazos sobre de su cabeza y se sumergió en la fragancia
del aire. --Ah. ¡Es tan bueno estar
aquí! --dijo. Mientras bajaba sus
brazos tropezó con el borde de la bandeja. La tetera resbaló peligrosamente
al lado de ella, haciendo que la bandeja empezara a deslizarse hacia abajo,
alejándose de ella. Ranma extendió la mano derecha con indolencia y detuvo su
movimiento. Akane se levantó para atrapar la bandeja, pero perdió su asidero
y empezó a deslizarse rápidamente hacia el borde del tejado. --¡Epaaaaaa! --gritó. --¡Akane! Ranma rodó hacía su lado
mientras mantenía su mano derecha en la bandeja y envolvió su brazo izquierdo
alrededor de la cintura de Akane mientras resbalaba. Ella se detuvo, con su
cabeza confortablemente acunada en su brazo derecho, que aún sostenía el
brazo de la bandeja. --¿Estás bien? --preguntó
Ranma. --Mmmm. Sí. Gracias
Ranma. Disculpa que sea tan torpe. Ella se quedó algunos
momentos, gozando del abrazo accidental que recibía. Miró a Ranma. El aún
respiraba nervioso mientras su corazón latía con fuerza. Cerró sus ojos e
inhaló fuerte, para luego exhalar lentamente. Cuando se volvió a ella notó de
repente que tenía su brazo alrededor de ella. Rápidamente lo quitó y lo dejó
en el tejado. --¡Lo siento! --dijo. No había necesidad de
soltarme tan pronto, pensó ella. Oh bien. Yacieron silenciosamente
juntos en el tejado. Ella pensó en lo nervioso que se había puesto Ranma al
resbalarse. ¿Su corazón realmente estaba corriendo, podría él estar realmente
tan asustado de que ella resbalara fuera del tejado? ¿O era algo más? El
siempre se veía tan atemorizado cada vez que se tocaban, aún cuando sólo
estuvieran entrenando. Ella ni siquiera se había asustado. Ranma siempre la
salvaba de algún modo. Sonrió a sí misma pensando cuantas veces ya la había
salvado. El realmente era muy protector de ella, y le gustaba eso, aunque
pudiera ponerse un poco celoso a veces. La mente de Akane recordó
algo. Su amiga Sayuri había empezado a salir con un chico del 1C, y contaba
todos los detalles a la hora del almuerzo. Akane raramente hablaba sobre
Ranma a esa hora. Sus amigas habían oído ya muchas historias acerca de sus
luchas, y no tenía muchos momentos jugosos de chismografía que compartir. La brisa levantó el olor
de una barbacoa que le recordó el campamento. Pensó sobre Ranma en sus viajes
de entrenamiento con su padre. Los viajes en que ella lo acompañara nunca
resultaron muy divertidos. De hecho fueron desastrosos, pero por lo menos
ahora había aprendido ya a preparar un curry bastante normal, que Ranma sí
podía comer. Tomó un profundo respiro
y observó a los pájaros que pasaban encima. Casi se sobresaltó por la vista,
porque había olvidado completamente que estaba encima del tejado. Algo en el
día la había llevado a perderse en sus pensamientos. Miró a Ranma. Tenía sus
piernas cruzadas, con un tobillo descansando en la rodilla contraría, su pie
moviéndose de cuando en cuando como la cola de un gato. Sus ojos enfocados en
el infinito. Es por eso que él viene acá. --Oye Ranma... ¿En qué
piensas? --Oh, en nada. --De verdad... ¿Qué estás
pensando justo ahora? --Estaba pensando en
algunos de mis amigos que están buscando trabajo de verano. Pensaba que podría
intentar traer algunos estudiantes al dojo este verano. --Um. Akane advirtió la luna
que se levantaba sobre el pueblo. --Vamos a necesitar un
cartel para anunciar la Escuela Saotome de Artes Marciales Estilo Libre. --¿Un cartel? Ranma se volvió para
mirar a Akane. --Bien. Si estás
enseñando, necesitaremos tener un cartel para que la gente lo sepa. ¿Qué tal
te suena "Escuela Saotome del dojo Tendo, Musbettsu Koktou"? Suena
parecido al que tenía papá cuando empezó a enseñar aquí. --¿Eh? Pensé que este
lugar siempre había sido el dojo Tendo. ¿No se llaman así tus abuelos? --Y mis bisabuelos, pero
del lado de mi madre. Cuando papá empezó a enseñar aquí era el dojo
Takahashi. Ellos no cambiaron el nombre hasta que papá se casó con mamá y
asumió la enseñanza. --Siempre me pregunté
cómo era que tu padre había podido conseguir un sitio tan grande y criar una
familia, y aún así ocupar todo ese tiempo entrenando con mi padre. ¿Cómo fue
que tu padre conoció a tu mamá? --Fue un matrimonio
arreglado --rió Akane--. Creo que viene de familia. Ambos suspiraron. Ranma
habló un poco acerca de sus planes para el dojo y Akane regresó a su estado
de ensoñación, sin escuchar las palabras, sino concentrada en su voz,
percibiendo el entusiasmo sobre el hecho de tomar estudiantes, su
preocupación sobre el orden en el que debía enseñar las lecciones, cuándo
hacer las clases, donde encontrar los alumnos. A veces parecía preocupado,
pero hablaba sobre sus problemas hasta que recobraba su confianza. Ella
asintió mostrando su complacencia cuando pidió su opinión, pero lo que más le
había gustado era estar sola con él y oírlo hablar acerca de algo que
realmente amaba. Pronto las primeras
estrellas se hicieron visibles en el oscuro cielo. Las oleadas de calor del
tejado se habían detenido y ya se sentía un poco de frío en el aire. Ranma
había terminado de hablar acerca de sus planes, y continuaron hablando de
otros temas. Entonces ambos quedaron en silencio. Akane miró el cielo
buscando estrellas fugaces, pero no encontró ninguna. --Es hora de entrar
--dijo Ranma rompiendo el silencio. --Pero es tan bonito
estar aquí --protestó Akane. --Ha sido como un montón
de atardeceres y, sin embargo... ¿Podrías alcanzar la bandeja? Mi brazo está
dormido. Akane se volvió a su
izquierda y, por primera vez, advirtió que Ranma seguía sosteniendo la
bandeja, y que ella había estado usando su brazo como almohada.
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