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Un momento después se
sentó e inspeccionó su colchón con sus manos... Una gran mancha de humedad
cubría la mitad izquierda y, al lado de ella, yacía un balde metálico
volcado. Ranma-chan observó a su padre, que en ese mismo momento era un gran
panda ligeramente húmedo. Meditó por algunos momentos y, teniendo en cuenta
las pistas que estaban a mano, formuló una hipótesis que encajaba con la
evidencia. Se levantó y sostuvo el
balde con la idea de golpear a su padre con él. El asa crujió levemente, pero
su sonido pareció un disparo. Se detuvo, escuchando disiparse el eco del
sonido. La casa estaba en silencio. El murmullo constante de Tokyo se había
detenido, a excepción del silbato de un lejano tren. Ranma-chan dejó el balde
en el suelo. Esperaría hasta mañana para ajustar cuentas. Quizás habría hasta
una capa de hielo en el estanque. Se deslizó hacia la
puerta y salió. El vestíbulo estaba bañado por una luz suave. Su atención se
dirigió a la ventana. Afuera, los copos de nieve parecían deslizarse hacía el
suelo, a regañadientes, haciendo varias pausas, como si cada uno de ellos
siguiera una compleja coreografía. Escogió uno de los copos y lo siguió con la
mirada hasta que alcanzó la blanca manta que cubría el patio. Magnetizada,
miró fijamente a la luz de la calle mientras la nieve la cubría. Algunos momentos después
se estremeció, contuvo un estornudo y consideró la posibilidad de cambiarse
sus ropas húmedas. "¿Cuánto tiempo he estado de pie aquí?", pensó.
"Debe ser este cuerpo de chica que me hace actuar así." Silenciosamente bajó las
escaleras y entró a la cocina. Llenó una tetera y la puso en el quemador,
activando el control para encender la llama, pero no escuchó ningún siseo de
gas, sólo el manso zumbido del refrigerador y el tic-tac del reloj. Probó el
termo, pero todo lo que obtuvo fue un goteo de agua fría. "Quizás el
baño aún esté lo suficientemente caliente", pensó. El cuarto del lavado
parecía un poco más cálido, y el reflejo de la luz nocturna era todo lo que
necesitaba. Ranma se sacó el pijama húmedo y lo echó en el cesto del lavado,
recogió una toalla grande y deslizó la puerta del baño. Un ola cálida de aire
ligeramente perfumado pasó sobre ella, mientras una ola fría a su espalda la
impulsó a cerrar la puerta con rapidez. Estaba buscando las luces cuando una
voz que surgió de la bañera detuvo su mano. --Ranma... por favor deja
las luces apagadas --dijo Akane. Ranma se volvió y vio a Akane en la bañera,
observando por la ventana hacia fuera. --Akane. Oh, ah, lo
siento. Regresaré más tarde --dijo Ranma encaminándose a la puerta. --Espera...--dijo
Akane--. Está bien. No te vayas. --Pero tú estás...
--murmuró Ranma-- ... en la bañera. --Ven y caliéntate antes
de que pesques un resfrío. Después de todo, ¿no querrás desperdiciar la
oportunidad de fisgonear a una marimacho? Ah... no respondas. Ranma suspiró y caminó
cautelosamente hacia el otro extremo de la tina, evitando mirar a Akane, y
agradeciendo que ella le hubiera dado una oportunidad de quedarse callada. Al
menos, por ahora. --¿Y que te ha hecho
venir acá, Ranma? --Por lo que puedo decir,
papá sintió frío en medio de la noche y decidió que estaría más caliente como
un panda húmedo. Derramó medio balde de agua en mi cama durante el proceso.
Bajé a buscar un poco de agua caliente para poder cambiar de nuevo. --¿Por qué quieres
cambiar? ¿No habría bastado con que te secaras y te cambiaras de ropa? --Sí, pero este cuerpo de
chica es un poco más difícil de temperar --Ranma hizo una pausa--. Nunca le
había dicho eso a nadie. --Será nuestro secreto. --¿Y que estás haciendo
tú, a estas horas, en el baño? --¿Y con mi prometido?
--concluyó Akane. Ella miró a través de la ventana--. Adoro mirar la nieve.
Una vez, cuando era pequeña, mi mamá me trajo a la bañera durante una
tormenta de nieve y nos quedamos sentadas aquí mirando. Desde entonces me
gusta salir a escondidas en la noche cuando nieva, especialmente en la primera
nevada del año, como hoy. Pienso sobre muchas cosas. A veces pienso en mamá.
Nadie lo sabe... --. Hizo una pausa y miró a Ranma --... excepto tú. Ranma miró a Akane
tímidamente. Akane sonrió. --¿No deberías haber
cambiado ya? --Toma un poco más de tiempo
cuando el agua está tibia. --Me gusta así de tibia.
Puedo quedarme más tiempo que si estuviera caliente --dijo Akane. --Siento molestar tanto.
Intente ir antes a la cocina. No pude encender el quemador. Sonaba como si se
hubiera acabado el gas, y el termo estaba vacío. --Eso es gracioso --dijo
Akane--. Kasumi calentó mucha agua para el té de esta noche. Nabiki salió con
sus amigas, y nuestros padres decidieron tomar sake durante toda la tarde.
Debería haber quedado agua en el termo y el quemador debería estar
funcionando. Ranma sintió que el
cambio ya venía, una sensación extraña en las partes más afectadas, seguida
por algo que se sentía como si estuviera flexionando sus músculos, pero que
ocurría involuntariamente. Había intentando algunas veces que el proceso
fuera más lento, sin resultado. Era como intentar reducir la velocidad de un
hipo o un estornudo. Su incremento de tamaño causó una pequeña ola que cruzó
la tina y salpicó la barbilla de Akane, lanzando un par de salpicaduras fuera
de la bañera. Akane se rió. --¡Por fin! ¡Estaba
empezando a creer que te habías quedado atascado de nuevo! Ranma repentinamente fue
consciente de la presencia de Akane. El sonido de su voz hacía que su corazón
retumbara, y, de pronto, reconoció que la esencia en el aire era de su
shampoo o lo que fuera que ella usaba. Casi con pánico, advirtió que ella
estaba en la tina junto a él, y que la luz de afuera hacía que pareciera
tan... tan... bonita. --Será mejor que me vaya
antes de que nos pillen juntos --dijo. --No te preocupes. Con
todo el sake que nuestros padres tomaron, no hay muchas posibilidades de que
se levante alguno de ellos hasta tarde, Nabiki regresó tarde y Kasumi...
--Akane se detuvo y pareció perpleja. Ranma había recobrado la
mayor parte de sus sentido, y por una vez no inició una discusión. --¿Qué hay con Kasumi?
--preguntó. --Ella estaba actuando
rara. Cuando llegué, ella apagó la televisión, me dio una excusa extraña y se
fue rápidamente a la cocina. Cuando la encendí, todavía estaba el informe del
tiempo. Y cuando me fui a acostar, pude verla entrar a su cuarto con un
balde... --¿No estarás insinuando
que fue ella quién empapó mi cama y plantó la evidencia en papá, o sí? Y yo
que estaba planeando lanzarlo al estanque mañana en la mañana. --¿Por qué tienes que
estar siempre peleando con tu padre? --Yo no... --protestó
Ranma, y se detuvo, pensando que no era bueno empezar ahora una discusión--.
No lo sé, la mayor parte de las veces es sólo entrenamiento. A veces me hace
enojar a propósito. A veces yo soy el que me enfado cuando pienso en algunas
de las locuras en las que me ha metido. --Como... --sugirió
Akane. --Como el viaje a China,
el acuerdo con mi madre, y todo lo que tenga que ver con Happosai. --¿Qué hay acerca del
acuerdo con mi padre? Ranma se detuvo. --Eso es... --se
ruborizó--. Eso está bien --. Se quedó sentado en silencio por un largo
tiempo. El viento disminuyó un poco, y la nieve cedió un poco, pero el
resultado era un blanco cercano afuera. En alguna parte de la casa, una tabla
crujió con un sonido repentino que sobresalto a los dos. --Yo sólo estaba
pensando... --Akane rompió el silencio-- sobre compartir algún día esto con
mi propia hija. --O hijo --agregó Ranma,
como si estuviera en trance. Ellos se habían estado mirando por largo tiempo.
Finalmente Akane dijo. --Deberíamos ir...
arriba. --Bien. Probablemente
deba ir yo primero. --Ranma se levantó, colocando una toalla alrededor de su
cintura. Salió de la tina y se dirigió a la puerta. --Ranma... --Akane se
había dedo vuelta en la tina y le estaba observando con su barbilla encima de
sus brazos cruzados en el borde de la tina -- ... buenas noches. --Buenas noches Akane
--Ranma cerró la puerta, se secó y se vistió con una sudadera que había
dejado para lavar antes. Subió los escalones e
hizo una pausa en la cima para mirar al patio. La nieve había dejado de caer,
dejando un manto brillante sobre el patio y la azotea, hasta donde alcanzaba
su vista. Era como un paquete de regalo, y en sólo unas horas más el pueblo despertaría
y todos los niños impacientes saldrían a abrirlo sin detenerse a mirar. --Bonito, ¿verdad?
--susurró Akane. Ranma casi saltó fuera de
su sudadera. --¿Cuánto... cuánto rato
has estado ahí? --murmuró. --Sólo un minuto, o dos
--ella apretó la mano de Ranma, y acercándose a él suspiró en su oído --.
Buenas noches, de nuevo. Mientras ella se acercaba
a él, nuevamente se sintió consciente de su cercanía, de su perfume, de la
calidez de su respiración en su mejilla. Ranma miró como Akane caminaba hasta
el final del vestíbulo y, con un movimiento largamente practicado, abrió su
puerta silenciosamente. Se volvió y le ofreció una sonrisa y una ligera
inclinación mientras entraba. La puerta se cerró sin ruido detrás de ella.
"¿Cuando tiempo estuvo allí?", se preguntó. Quizás era más que sólo
su cuerpo de chica, después de todo. Ranma entró en su cuarto
y cuidadosamente extendió su cama. El techo se veía igual que siempre, los
mismos patrones distintivos de luz y sombras. Al menos algo volvió a la
normalidad, pensó. Puso su cabeza en sus manos mientras sus pensamientos
sopesaban los acontecimientos de esa noche. Rodó sobre su estómago y su pecho
empezó a sentirse frío, y una sensación extraña empezó...
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