uno
| Romina acaba lamiendo ambas nalgas por igual. Empiezan a tener
el brillo y olor de la deliciosa saliva de Romina. Los ojos cerrados. Ana no la va a dejar escapar. Sujeta su cabeza con una mano mientras sus nalgas comienzan a moverse con vida propia. - Ahora pon la lengua dura -ordena Lidia. La lengua de Romina da puntadas aquí y allá, hasta que atina
a introducirse en la brecha entre las nalgas. Ahí los movimientos de
Ana toman más conciencia, más profunidad. - ¿Alguna vez te has comido un culo? -pregunta Lidia. Primer plano de las manos morenas separando las nalgas,
descubriendo el estriado orificio. Mirada de lava de Romina a la cámara.
La lengua que comienza a lamer, a humedecer, los delgados dedos que
ayudan a abrir paso, la punta de la lengua que cada vez se introduce un
poco más, en una progresión casi imperceptible. Hasta que el ano de
Ana acoge ya en su interior más de media lengua, serpenteando y
chapoteando. Ana gimotea. - ¿Qué tal va la película? -pregunta Ana. Sois unas actrices estupendas. - Yo no estoy actuando -dice Romina. Ana y Romina son ahora madre e hija en el sofá. Romina la mira
mientras se quita la camiseta. Los enormes pechos caen libres. Son
mayores pero, secretamente, Lidia prefiere los de Romina. Ana acoge a su hija en su regazo. Se miran con ternura. Le
acaricia el pelo. Le besa la frente. La acuna entre sus brazos. Se coge
un pecho y le pone el pezón en la boca. La hija lo coge entero dentro
de su boca y comienza a mamar. Succiona con calma. De vez en cuando el
pezón sale de su boca y la mamá tiene que volver a metérselo para que
pueda seguir chupando. Miran a la cámara. Ana con su niña en brazos. Romina con el
pecho en la boca. La cámara de Lidia se calienta en sus manos. - ¡Ay! ¡No muerdas, niña mala...! ... - Allá voy, mamita... La idea de llamarla mamá ha sido de Lidia. Lo convierte en un
incesto en toda regla. Su mamá la espera sumisa, con el vientre apoyado en uno de los
taburetes altos, ofreciendo su trasero desnudo, con sus ojazos
expectantes. - Así... -dice Lidia, tras su cámara- Despacio, sin prisa,
cada vez más rápido, poco a poco, cada vez más rápido... Romina es obediente. Aprieta los dientes mientras se folla a su
madre, mientras empuja alante y atrás las caderas. El ritmo de las
acometidas se acelera. La hace levantarse del taburete para cojerla de
los pechos. Los agarra fuerte, estrujándose, se ancla en ellos para
penetrarla aun más profundo y rápido. - Oooh, sí mi vida... Síiii... cariño mío, así... Son las últimas palabras de Ana. ... Vistas desde atrás, Ana y Romina salen juntas del salón, se
dirijen al cuarto del fondo. Caminan tomadas de la mano. Romina no se ha
quitado el pene. Parece hacerla sentir bien. En la cama blanca, sobre montañas de cojines igualmente
blancos, se miran, se abrazan y al fin se besan con ternura. La cámara
capta el sonido débil de los besos. Ana atrapa los labios de Romina
entre los suyos, los estira sin apretar ni hacer el más mínimo
esfuerzo, estira hasta que escapan y vuelven a su lugar. Salen a la luz
las lenguas, que se acarician bien para que la cámara las vea, humedeciéndose
mútuamente, lamiéndose, girando una en torno a otra. Lidia oye también el chapoteo de las dos lenguas, y arde en
deseos de hacer algo, de intervenir de una vez, de meter su lengua entre
esas dos bocas, besarlas hasta saciarse, satisfacerse ya de algún modo,
pero sigue dudando y se mantiene en su papel. - Volved a besaros... Quiero que os beséis lo más
profundamente que podáis, que intentéis meter la lengua más profundo
que la habéis metido nunca... Lo hacen, se comprimen una contra otra, esforzándose por
llegar más profundo de lo que nunca han llegado en otra mujer. Se oyen
gorgoteos salir de sus gargantas. Y Lidia no puede más, comienza a acariciarse la entrepierna.
Le molesta la tela de los pantalones, se abre la cremallera y se toca
sobre las bragas. Ahí es cuando el encuadre de la película empieza a
tambalearse. - ¿Y ahora? ¿Qué más se te ocurre? -dice Ana, mientras
vuelve a pajear a Romina. ... Ana debe resistir la humillación. Romina le reparte suaves besos por toda la superficie de los
pechos, hasta tenerla retorciéndose de anhelo. Se detiene, la abandona
y la mira. Acaricia los pechos con el dorso de sus dedos, describiendo
amplias curvas que de vez en cuando cruzan sus pezones, amplios y suaves
círculos oscuros. Romina coge bien los pezones, entre pulgar y corazón, y tira.
La piel se estira hasta límites imposibles. Ana se muerde el labio. Los
suelta y vuelven de golpe a su lugar. Repite la operación, los aprieta,
estira y estira, los retuerce hasta arrancarle un gemido de dolor. Los
suelta y se repliegan de un bote. Romina se pone en pie. El falo vuelve a surgir ante la cara de
Ana. Romina se masturba. Se agarra el pene y la golpea en la boca. Ana
sigue sin resistirse. En lugar de eso, la mira desde abajo, con admiración.
Romina se masturba y, en sus idas y venidas, de vez en cuando golpea la
cara de Ana. Sus labios, que rebotan breve, deliciosamente, con el
golpe. Sus mejillas, su barbilla. Restriega su polla desde la frente
hasta debajo de la barbilla, humillándola. - Bueno... ¿Y tú no vas a participar? ... Primer plano de Lidia. Mira fijamente a cámara. Sus ojos azul
claro son perturbadores. Por fin está ante la cámara, y no tras ella. - ¿Estás preparada? -pregunta una voz. Romina lleva ahora la cámara. - Hacedlo antes de que me arrepienta. Vuelven a estar en la cama. Lidia, de rodillas, agarrada a los
barrotes de la cabecera. Ana le baja la cremallera y le quita los
pantalones. Consigue sacárselos sin quitarle los zapatos de tacón.
Lidia ha insistido en ello. Queda a la vista un precioso culito, blanco,
como el resto de su piel. Ana toquetea un momento las bragas y luego se
las quita. Se va y vuelve en un momento. Quita el tapón de un tubo de
vaselina. Aprieta el contenido sobre su mano. Lo esparce a base de
caricias por la vulva de Lidia. La cámara se acerca. La vagina de Lidia
está bien brillante y lubricada. Lo poco que quedaba en el tubo se ha
gastado. Ana abre otro nuevo y lo vacía un buen chorro sobre el
trasero. Extrae prácticamente todo el contenido. Se recrea embarrando
las nalgas, los pliegues vaginales, los muslos y, más arriba, los
alrededores del ano. Finalmente, el ano mismo queda totalmente lubricado
con una enorme cantidad de vaselina. - ¿Empezamos?- pregunta Ana. La fantasía de la directora comienza. - ¿Otro? Le mete otro dedo. Entran y salen. Lidia gime. - ¿Otro más? Ya son tres dedos los que follan lentamente a Lidia. - ¿Te duele? La cámara se acerca aun más a la escena de la vagina de Lidia
penetrada por tres dedos. Aparece la mano de Romina, que acaricia su clítoris. - ¿Quieres? -le pregunta. Lidia gime por respuesta. - Otro... Lo intenta pero es difícil, cuatro dedos entrando y saliendo
ya son muchos dedos. Se empeña hasta conseguir que el dedo se deslice
entre los pliegues viscosos. La vaselina es una gran ayuda. El coño
aparece enormemente dilatado. - ¿Pasamos a...? Un dedo de Ana masajea el ano. Comienza a introducirse poco a
poco, barrenando. Ana lo hace con delicadeza, hasta ensartárselo
entero. Lo mete y lo saca. - ¿Otro dedo? Masajea el esfínter hasta hacer sitio al segundo. Exploran el
entorno, palpando la carne. - Métele otro... -susurra Romina. El tercero cuesta más, pero acaba por penetrar en sus entrañas.
La penetración se hace más rápida y dura. La cabecera de la cama
golpea la pared con cada sacudida. ... La última escena es puro experimento. Lidia está agotada.
Romina la obliga a levantar de nuevo el trasero, así que Ana debe estar
grabando. - No, por favor... No puedo más, dejadme descansar un poco...
-gimotea Lidia contra los almohadones. Romina por fin está sonriendo: le ensarta el consolador en el
culo. Un primer plano demuestra lo dilatado que ha quedado. Se lo mete
hasta el fondo y allí lo deja. Coge un segundo consolador, bastante más
grueso, y lo embadurna de vaselina. - ¡Ya vale! ¡Ya vale! ¡Está bien! ¡Corten! |