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Los 7 altares de la Fantasía
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1. Aquellas horrendas criaturas que habitan en las sombras
En los bosques de la noche, ningún ser dormía, la noche era eterna y envolvía a sus criaturas en un halo de sobrenatural misterio.
Miles de noches saciaban la eterna soledad de los árboles, miles de cantos de aves nocturnas aclamando a la luna, resonaban en oscuros ecos de inmortalidad, ecos que invocaban todo lo que era eterno.
En los bosques de la noche, la locura era la reina y su corte una infernal procesión de almas inmortales que danzaban tétricas bajo la pálida luz de la luna.
Zaure había oído hablar de los misterios que se ocultaban tras el umbral de la senda que conducía a las profundidades del bosque de Faunor. Mil relatos de hazañas y muertes habían sido narrados de boca en boca, miles de muertes a cada cual más horribles habían acontecido en la penumbra de aquellos desolados parajes, parajes endemoniados, parajes llenos de secretos.
Maldito sea por siempre aquel que ose adentrarse en los bosques de la noche, porque su castigo, serán mil veces cien mil muertes, y todas horribles…
Era una noche oscura, una noche de auténtica soledad más allá de las colinas embrujadas, un anciano enmugrecido avanzaba con pasos lentos por un sendero tan antiguo como los mismísimos robles, en sus ojos brillaba la tenue luz del odio, su rostro, era el rostro de la ira.
Con pasos entrecortados, el anciano avanzaba rumbo a la antigua aldea, más allá de los confines de Faunor.
- Abuelo ¿qué es lo que se oculta en el interior del bosque?
El viejo Tibor no hallaba respuestas a las preguntas de su nieto, ni él mismo podía adivinar cuales eran los secretos escondidos en las sombras, sus únicos pensamientos le hacían recordar un lugar donde habitaban criaturas envueltas en llamas, criaturas que aullaban a la noche una vez cada cien años, y de cuyos demoníacos aullidos no se podía escapar.
Grises eran los firmes muros que se extendían alrededor de los bosques, algo nacía en su interior con oscura maldad, algo que se alimentaba de sombras y de almas.
Pétreas eran las paredes de roca, el humo del infierno brotaba a raudales, el olor del azufre era intenso y eternas fogatas se vislumbraban al anochecer. Nadie escapaba de Faunor con vida.
- Ni aún sabiendo con certeza que nadie ha osado jamás desafiar los dominios de la magia, mis razonamientos no alcanzan a comprender como la oscuridad es siempre constante, ¿qué extraña maldición asola nuestras tierras?
Tibor no encontraba explicación a toda aquella locura, lo único que sabía es que su aldea había sido besada por la boca de los malditos, azotes de mil furias, seres semi deformes que deambulaban en la noche a la espera de saciar su voraz apetito.
Su aldea había sido sitiada por las razas superiores y era imposible la huida, su pueblo esclavizado era el divertimento de esencias muy superiores a ellos, tan antiguas como el propio mundo donde muchos años atrás asentaron su hogar.
- Eternas son sus vidas miserables, para ellos siempre estaremos aquí sin posibilidad de escapar, prisioneros en nuestras casas de piedra y dolor, ellos son el espíritu de los bosques, ¡ellos son nosotros!
- ¿Por qué los lobos ya no aúllan? Preguntó Zaure a su abuelo.
- La noche es sabia, y a cada criatura le encomienda un destino. Los lobos ya no pertenecen a nuestro mundo, son ahora parte del ejército de la ilusión, su sabiduría ha sido mancillada, ahora caminan en las sombras, por tierras oscuras junto a los malditos…
La noche avanzaba lentamente, el viento soplaba con fiereza y la luz de las velas iluminaba el rostro horrorizado de Zaure, que escuchaba con atención todas las historias que su abuelo le tenía preparadas.
- ¿Estás preparado pequeño?, pues dispónte a temblar, porque mi boca narrará las historias más increíbles que jamás hayas podido imaginar…
2. Un viaje por el sendero de la hechicería
Aún sabiendo que mi destino está escrito en las estrellas, los arcanos me han encomendado una terrible misión, adentrarme en los confines de los bosques de la noche y adueñarme de la roca de los vientos, aquella que establecerá el equilibrio entre nuestras razas, no más guerra, no más dolor…
Mi nombre es Morkai y desde hace mucho tiempo camino entre las sombras, soy un archi-hechicero de la corte de Mordel y viajo por dimensiones olvidadas y perdidas en el tiempo, soy un caminante de sueños y esta es mi historia…
Mi mundo no pertenece a ningún mapa, a ningún país a ninguna región, yo camino por diversos planos de la consciencia humana, aunque mi destino final se oculta en las profundidades del océano junto a mi raza verdadera.
A través de mis sueños, velado por los que siempre duermen, he llegado a los dominios de los bosques de la noche, y por primera vez en mi vida, siento auténtico terror.
Mi único acompañante es mi cetro de poder y mi propia sabiduría, aunque los espíritus de las Banshees me han acompañado durante mi largo peregrinaje.
Siento como el frío viento invernal cubre mi alma y se apodera de mis sentidos, pero aún así, mi misión es bien clara… he de entrar…
A mi alrededor los árboles aúllan con el viento, son todo oscuridad, se inclinan hacia mí, me tocan con sus esqueléticas ramas, incluso rasgan mi sagrada túnica ceremonial, espero que todos aquellos años encerrado en la torre de la alta hechicería, estudiando manuscritos olvidados, lenguajes rúnicos y demás hechizos arcanos den todos sus frutos en esta peligrosa misión que me ha sido encomendada.
El sendero por el que camino es bastante oscuro, apenas contemplo mis pasos envueltos en bruma. Escucho una y otra vez murmullos que desaparecen cuando agudizo mis sentidos, carcajadas endiabladas que se burlan de mí, que me tienen en sus manos, pero aún así no me rendiré a pesar del terror que me paraliza.
He venido para llevar a cabo esta misión… y voy a cumplirla.
Mis ojos ciegos ante la magnificencia de la noche me guían por un camino olvidado rumbo a un reino perdido vedado por completo a todas las criaturas mortales.
Repentinamente, llego a un claro, algo que adivino será el centro mismo del bosque, el corazón de la floresta negra. Un lugar donde extrañas energías flotan en la atmósfera, donde los susurros de los difuntos se hacen cada vez más audibles.
Ante mí se haya el verdadero secreto de los bosques, un agujero negro en medio de la nada, una puerta cósmica a universos paralelos abierta ante mí, con todo su esplendor.
Me atrevo a cruzarla, siento como mi cuerpo se funde con el macrocosmos, como todo lo que creía aprendido desaparece ante mis ojos, como mi espíritu inmortal se eleva en un mundo de ensueño y violentamente cae como un fuerte azote huracanado.
Lentamente mis ojos se cierran, siento cómo "ellos" se acercan hacia mí, cómo me susurran al oído palabras olvidadas mientras se regocijan con mi nupcial visita.
Su mundo es totalmente desconocido, no forman parte de nuestro plano, habitan entre mundos, y es entonces cuando pude comprender los secretos de la existencia, nuestro mundo está dentro del suyo, nuestro mundo es su submundo, somos sus lacayos. Ellos pueden visitarnos cuantas veces quieran, pero la entrada a su reino nosotros la tenemos vedada, sólo hay una puerta, y ésta se encuentra en el centro de los bosques de la noche, pero la única salida posible es la muerte, rara alternativa algo desalentadora…
3. En los dominios de Molock, el rey-brujo
La negrura que se ha adueñado de mi débil alma, me ha poseído por completo.
Siento un frío interior que cubre todo mi ser y me susurra antiguos poemas medievales ocultos para el hombre, la hechicería guía mis pasos, controlo los elementos, y la lengua de los antiguos ya no es desconocida para mí.
¿Cuánto tormento tendrá que soportar mi pobre alma, antes de alcanzar la sabiduría?
Sólo un ser lo sabe, una criatura arcaica que habita en los confines más aterradores de aquel submundo, un lugar donde el propio infierno no es más que una apacible pradera floreciente al amanecer. Tiemblan mis labios con sólo pronunciar aquella palabra maldita: "Gameria" la región más sombría de todo el bosque de Faunor, hacía allí me dirijo, en busca de mi terrible anfitrión… aquel cuyo nombre es impronunciable, aquel cuya lengua es la lengua de la serpiente, aquel cuyo destino guía las almas de los antiguos… rey de reyes, hechicero de hechiceros, señor de los demonios y del abismo, forjador de las llaves del Monte de la hechicería, Lord de todas las aberraciones infernales, archiduque del país de las lágrimas: Molock, príncipe de los malditos… mi padre…
Cabalgo raudo en un demoniaco y alado corcel negro rumbo al castillo de Gameria, escarbado en la roca de las calaveras, es un paisaje sombrío habitado por toda clase de demonios y otros seres aún más temibles, los ojos de mi corcel son rojos, brillan en la noche, iluminan mi sendero, mi espada es rúnica al igual que mi bastón, la sabiduría ha impregnado cada rincón de su ser.
Mis ojos contemplan el soberano castillo envuelto en niebla y lleno de melancolía.
Lúgubres son sus puertas, negras son sus simbologías, tiemblo sólo de pensar lo que esconden esas oscuras puertas llenas de misterio, pero por fin, están ante mí, majestuosas, hipnóticas, cercanas, porque son las puertas de mi mundo, el reino del que escapé una vez, y al que ahora retorno, para visitar a mi padre, mi oscuro progenitor, soy su heraldo, mía es la victoria, mío es el poder, mío es el reino de la magia.
Atravieso las puertas y una legión de Scarets salé a recibirme… son seres despreciables, una vez fueron elfos, ahora habitan entre mundos y caminan por las regiones del anochecer, sus patéticas vidas son fruto de sus propias ilusiones, sus rostros son ojerosos, sus pieles pálidas sus cabellos largos y lacios, llevan los labios negros al igual que el contorno de sus ojos carentes de pupilas, de sus bocas emana la nada, son tan sólo sombrías cuencas que dejan entrever el espacio-tiempo, un remolino de esperanzas perdidas ya para siempre, sus siluetas son alargadas, anoréxicas, son esqueletos en vida, tienen alas, de sus manos surgen llamas y hablan en lenguajes amorfos de su propia inventiva, pero que comprenden perfectamente… son la escoria de Gameria…
Miles de Scarets me contemplan amenazadores, aún no me reconocen, ignoran de mi existencia, sus rostros me contemplan con fiereza…mis pasos son cada vez más lentos…temo un ataque… cada vez son más las miradas que me observan, parecen hambrientos, y cuando un Scaret se alimenta, lo hace, si… pero de tu propia alma…
Inclino mi cetro hacia ellos en señal de amenaza, estoy listo para defenderme en caso de ataque, esas viles criaturas no serán impedimento a mis propósitos.
Finalmente todo acaba, mis tensiones desaparecen… he alcanzado la gran puerta, he burlado a los Scarets ¿por qué no me han atacado? Esa noche habría estado dispuesto a derramar sangre… cuanta más mejor, la sangre negra de los Scarets, aunque hubiera sido una gran ofensa para la hoja de mi espada, acostumbrada a luchar con criaturas mucho más poderosas y demonios de planos superiores.
Ante mi se alza la gran puerta, oscuras gárgolas la cubren por completo, guardando los acertijos que ella oculta, los Scarets aún acechan en la distancia, algunos incluso se acercan a mí, pero su temor ante la gran puerta es superior a su primitivo y voraz apetito diabólico.
Acertijos en las tinieblas me invitan a desvelarlos, adivinanzas arcaicas que mucho tienen que ver con la nigromancia.
" En los vastos confines del mundo antiguo duerme un ser que sueña ser mil seres, sus ojos son el espejo de la conciencia, su mente es la voz del pueblo, su cuerpo, es un castillo en llamas… si cruzas la puerta sin desvelar el secreto, tu alma será exterminada de la existencia, y las Nornas no hilvanarán más tus nuevas vidas, la creación se encargará de destruirte"
-Difícil es el acertijo que se me propone, aunque fácil la respuesta en mi mente.
El ser es Molock, los mil seres son su séquito, el espejo es el portal al mundo paralelo y su cuerpo es el mismísimo infierno en el cual arderá ahora mismo con el dolor de las mil condenas, porque el enigma ha sido resuelto y el mal destruido y vencido… aunque se trate de mi propio padre…
La puerta se abre, -¡Adivinó el enigma! Se escucha…
Todo es negro, pero el mal no es tan fácil de derrotar… tras la puerta de la muerte se esconde el mayor de mis enemigos… el recuerdo materializado de mi padre Molock, transformado en un demonio del mundo antiguo, gigantesco, atronador, con dos cabezas de hercúleos guerreros, una espada de fuego flamígera y un látigo de nueve colas, sus piernas son ahora pezuñas, sus cabellos son serpientes, sus alas son de dragón, sus ojos de esfinge en una cabeza y de basilisco en la otra, su cola la de un cerbero, su cántico el de una Banshee, es un híbrido demoníaco y ogresco de todas las criaturas mitológicas existentes, es un ser prácticamente invulnerable, al cual debo enfrertarme… o morir en el intento…
Mi mente se concentra en todo lo aprendido durante años, pero el ser que me contempla es mucho más poderoso y lee todos y cada uno de mis débiles pensamientos, el miedo se apodera poco a poco de mi alma, me siento solo, nadie está de mi lado en esta peligrosa misión.
Repentinamente, un halo de luz ilumina la oscura estancia, mi cetro desprende un poder que desconocía, capaz de cegar a la criatura más aterradora.
El ogresco ser que una vez fue mi padre, se aproxima hacia mi, su fétido aliento roza mi rostro y de el surge una llamarada de fuego, tan poderosa que me siento desvanecer… desenfundo mi espada dispuesto a asentar un certero tajo en el cuello de la demoníaca criatura, pero mi fuerza no es suficiente para decapitarlo. Sin embargo, la herida de mi afilada hoja resulta crítica. Con un estruendoso alarido, el ser me mira directamente a los ojos con odio ilimitado, y se desvanece…
La estancia vuelve a tornarse negra, fría, silenciosa y a la vez hostil, el ser ha desaparecido, pero… ¿por cuánto tiempo? Se que sólo es una desaparición momentánea, y que el repugnante ogro volverá a mí, esta vez para vencerme. Pero…¿por qué extraña razón no me ha matado, cuando ha tenido oportunidad? Sólo el lo sabe, lo que tengo claro en estos momentos, es que he de huir del castillo, aún no estoy preparado y mi fracasada misión ha sido , sin duda, una empresa de locos, debo huir, y regresar solo cuando esté preparado, esta vez para vencer.
Giro las manos en muecas arcanas y abro el portal de teletransportación, un hechizo desesperado que en ocasiones funciona, el problema es el lugar donde te lleva, sabes donde empiezas, pero nunca donde acabas, aún así, acepto el riesgo, lo único importante es escapar del castillo antes de sufrir un ataque por parte de las huestes de las tinieblas.
El portal se abre y ante mí vislumbro un bosque, no me es familiar, en absoluto, pero hacia allí es a donde me dirijo, sin posibilidad de regreso.
4. Espada Y Brujería
El cielo se oscurece mientras la aldea de Kariavel duerme al abrigo de las nevadas montañas del confín de Grelia.
Grelia es un paraje inhóspito pero en cierto modo acojedor. Los suspiros de los árboles y los susurros de los animales del bosque más próximo son los únicos que perturban la apacible paz.
Beatrix duerme en su cama de heno, sueña que es una guerrera de increíble valor, un miembro más de la “Fragua de los Héroes”, el grupo que abandonó el “Peñasco de Graal” hace apenas dos semanas, dispuestos a recorrer las tierras meridionales en busca de aventuras y valerosas gestas, aquellas que les permitan volver a su vieja aldea convertidos en auténticos héroes.
La fragua de los héroes era una pequeña compañía formada por cuatro jóvenes: Dairion el Falconero, Druxila la Arquera, Caleddon, el Bárbaro y Elenia, la sacerdotisa de Misakaria, suma diosa de la balanza del equilibrio y hermana mayor de Beatrix.
Era esa misma noche cuando los cuatro héroes reunidos en torno a la hoguera contaban viejas historias de dragones y hechiceros y cantaban antiguas baladas de tiempos pasados, cuando un estruendoso rugido les interrumpió por completo.
Los cuatro se pusieron rápidamente en pie, enfundando hachas, espadas y arcos.
- No os separeis, exclamó Caleddon. –Algo ruge en la penumbra y debemos permanecer todos juntos.
- ¿Qué puede ser? No parecen Orcos, esos rugidos provienene de algo mayor, susurró Druxila atemorizada.
Lentamente los pasos de un ser, se acercaban hacia la hoguera donde la Fragua reposaba y con un siniestro y feroz rugido, se abalanzó hacia ellos, dispuesto a derramar sangre aquella noche.
- ¡¡¡Es un Ogrillón!!! Exclamó Dairion. Y todos ellos se dipusieron para el ataque.
El sonido del acero resonó en las profundides del bosque. Caleddon se irguió, y con un gesto de valentía y decisión, asentó un fuerte golpe de hacha sobre su oponente en mitad del pecho. El ogrillón aulló con fiereza, intentando zafarse de tan mortecino filo. Todos sus intentos fueron en vano, ya que la espada de Dairion cercenó uno de sus brazos, impidiendo al ogrillón asentar un golpe letal sobre la cabeza de Elenia, que retrocedió agilmente ante su terrible adversario.
Desde lo alto de un árbol el sonido de las flechas cortó el aire. Era Druxila que disparaba con fiereza, ante los atónitos ojos del ogrillón que se sentía acorralado y moribundo. Una flecha se clavó en su pecho, otra en su pierna derecha y una tercera hizo diana en el centro mismo de su frente, que aún así no logró tumbarlo. Con su única mano, el ogrillón armado con un gigantesco garrote, intentó golpear a su más directo rival, Caleddon, que seguía asentando golpes de hacha sobre la robusta piel del ogro.
De repente una última flecha se clavó directamente en el ojo derecho del ogrillón, causándole una muerte instantánea.
Como el peso de una gigantesca montaña que se desmorona, el ogrillón cayó al suelo, desplomado e inerte, frente a los atónitos ojos de los cuatro que permanecieron en silencio durante un largo rato.
Toda gesta de honor y valentía conlleva muertes de por medio, y los cuatro lo sabían, sabían que en sus aventuras por lejanas tierras, encontrarían infinidad de seres con los que combatir, era el precio que habían decidido pagar, para convertiste en leyenda.
Abandonaron el cuerpo inerte del ogrillón y lejanamente se adentraron en lo más profundo del bosque, estaban cansados e incluso heridos, necesitaban reposo, pero esa noche no consiguieron pegar ojo. Sus corazones latían con fuerza y en algunos momentos, hubieran deseado estar en su aldea, con sus familiares y amigos, al abrigo del fuego y la comida caliente, pero esos pensamientos pronto se desvanecieron, la luz del sol empezaba a surgir y por el día las cosas se veían con mayor claridad.
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