Estudios de Platón

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Filosofía y diálogo. Las doctrinas no escritas de Platón desde un punto de vista hermenéutico
© Pablo Rodríguez-Grandjean
Universidad de Santiago de Compostela


 

Con esta comunicación pretendo mostrar las profundas raíces que tiene el diálogo en el pensamiento platónico. Toda esta exposición será especialmente válida para examinar el llamado ‘Platón esotérico’. Esa confrontación entre dialogicidad y doctrinas no escritas es uno de los motivos fundamentales de este artículo. Estas dos corrientes —hermenéutica y Escuela de Tubinga— no están muy alejadas quizá en cuanto a la dilucidación de los contenidos concretos, con sus mayores o menores variaciones. Ahora bien, las visiones que ambos grupos tienen de la globalidad del pensamiento son contradictorias entre sí y comprometen por entero el proyecto platónico.

Por tanto, no se trato de confrontar punto por punto las afirmaciones que sostiene cada una de las dos posiciones, sino de explicitar por qué resulta insuficiente —a mi parecer— la posición que mantiene la Escuela de Tubinga [1] . Estas insuficiencias no tienen nada que ver en cuanto al fino análisis de la tradición oral platónica, sino en cuanto a su interpretación [2] . La cuestión es netamente hermenéutica y refiere a la pretensión, alcance y valoración que esta doctrina oral pueda tener en la filosofía platónica.

Dejando a un lado todas las cuestiones de contenido, que están fuera del alcance de estas páginas, la pregunta implícita en los dos planteamientos es la siguiente: ¿puede ser la filosofía platónica reducida a un sistema? [3] La respuesta afirmativa a esta cuestión sustenta toda la explicación de la Escuela de Tubinga. Considero que esa suposición no es correcta, y supone la proyección de elementos ajenos a la filosofía platónica. Y la tarea es mostrar ahora el porqué.

El pensamiento de Platón tiene dos ejes; temáticamente, gira alrededor del Bien y formalmente alrededor de la dialéctica. Ambos temas recorren toda su obra, y las ideas no son más que un intento de relación entre ambos. El acceso que se plantea —dialéctico— es perfectamente congruente para la cuestión del Bien, en todos sus niveles. Esto lo expone de modo claro en el comienzo de Philebus [4] , donde expone que es necesario llegar a la verdad sobre el bien, cueste lo que cueste, por medio del diálogo. Pero el diálogo no es un combate entre contrarios para ganar la posición, sino una lucha entre aliados por la verdad.

De este modo, la dialéctica no es otra cosa que la capacidad de saber llevar la conversación, esto es, de dialogar [5] . Por este motivo, el lenguaje —exactamente, el logos [6] — no es algo secundario en el pensamiento de Platón. Incluso le dedica una de sus obras —Cratylus—, dejando entrever que el lenguaje no es ni pura naturaleza, ni puro artificio; sino el constituyente de todo discurso. El discurso acerca de la globalidad, es el propio del dialéctico —del filósofo, en definitiva—, y en él es dónde se encuentran verdad y falsedad [7] . El dialéctico sabe, no por una metafísica más o menos implícita [8] , sino porque es capaz de responder y de distinguir las auténticas respuestas de aquellas sólo aparentes [9] . La filosofía no es un saber previo a la pregunta, sino la articulación de una respuesta.

La dialéctica, de esta manera, no es un algo ya dado y anterior al propio interrogarse. Porque de otro modo, el preguntar mismo carecería de sentido. El dar razón —logon didonai— propio de la dialéctica [10] , no es saber construir un sistema. La pretensión de universal de la filosofía —usando una expresión totalmente ajena a Platón— es que es global, como discurso parcial no tiene sentido. Que la misma dialéctica verse sobre la realidad, que la realidad sea primaria respecto al logos, es lo que impide que la filosofía sea un sistema [11] . Esa visión global —sinopsis— es la propia del dialéctico [12] , es la articulación de una pregunta cuyos elementos están previamente dispersos [13] .

Hay también otro motivo por el que la dialéctica platónica no persigue constituir un sistema. Como ya he dicho, y Platón expone en numerosos sitios, el diálogo es esencial para el aprendizaje de la filosofía. Esto no es sólo por un motivo más o menos pedagógico —tal y como lo entendemos hoy [14] —, sino por la auténtica paideia que la filosofía supone. El camino de la filosofía es personal, y eso implica que nadie puede recorrer otra senda que la suya. Pero, es necesaria una cierta orientación para poder empezar a andar. La filosofía no es una actividad solitaria, precisamente por eso, porque siempre requiere diálogo. Si este no se diese, sería por haber alcanzado ya perfectamente la sabiduría, cosa que en vida es imposible. La conversación es el modo de superar las limitaciones que el propio lenguaje nos impone [15] .

Aquí también se esconde una crítica velada a la sofística que a Platón le toca vivir. La impresión que él nos transmite de este movimiento es que son los únicos maestros en Atenas que se dedican a enseñar retórica profesionalmente [16] . Por obvias razones pecuniarias, sus enseñanzas buscaban el más rápido y más efectivo éxito en sus alumnos. Por lo tanto, todo se subordinaba a ello, con lo que se producía un claro uso instrumental de la retórica [17] . Lo importante es convencer y la verdad es secundaria [18] . Los sofistas son grandes figuras de la cultura griega, y Platón —a pesar del abismo que les separa— siente una sincera admiración por ellos [19] .

La filosofía consiste también en la adquisición de un cierto conocimiento [20] y no de tretas lógicas que aseguran el éxito, como es el caso de la sofística. La filosofía no puede vivir del engaño [21] . De él se sigue una consecuencia que Platón considera absolutamente nefasta: el escepticismo [22] . Esto impide a radice el diálogo, y de esta forma, toda la filosofía. La retórica usada instrumentalmente alcanza el éxito, pero hace absurda cualquier conversación [23] . Es un uso calculado de razón, pero no como capacidad de verdad [24] , en que los auténticos argumentos son sustituidos por argucias [25] .

Todo lo que acabo de afirmar, es la búsqueda de la virtud por parte de Sócrates [26] . Su preocupación fundamental es encontrar el bien, tema absolutamente esencial, dado que allí reside el fin [27] . Pero esto no es algo fácil y sencillo, sino que por su dificultad exceda la capacidad propia de un sólo hombre [28] . Por eso se requiere una alianza, que haga más provechosa la búsqueda. En definitiva, esto es el diálogo[29] . El diálogo consiste sencillamente en hacer común el logos. Por este motivo, los grandes dialécticos son grandes filólogos [30] .

Esto se plantea de modo claro en Euthyphro, en el que se plantea la discusión acerca de si es piedad denunciar ante los tribunales al propio padre. Eutifrón, que es quien ha hecho esto, porque cree saber qué es la piedad. Después de dialogar con Sócrates, lo que se saca en claro es que la cuestión es mucho más compleja de lo que a primera vista podría parecer, y que su solución no es indiferente.

Creo que estas constantes se mantienen en toda la obra platónica. De un lado, las cuestiones que se plantea la filosofía no son triviales y por tanto requieren tiempo. De otra parte, toda pregunta exige una respuesta, que no puede estar ni dada de antemano ni zanjar definitivamente esa pregunta [31] . En lo que podemos considerar su testamento intelectual —Epistula VII—, Platón dice que la filosofía es convivir con el problema, intimar con él, hasta que surge de repente la verdad en el alma [32] . Esto también es diálogo, porque el pensamiento es eso, el diálogo interior del alma consigo misma [33] . Esto es la sinopsis, ver que la multiplicidad de elementos en nuestro pensamiento corresponde a una unidad en la realidad. La sinopsis es también lo que Platón llama también nous, que por su propia naturaleza no es discursiva [34] . Por eso, en sentido estricto, el nous es inefable, esto es, no tiene el modo de ser del lenguaje, aunque eso no impide que se pueda hablar sobre él.

Desde la dialogicidad, sin necesidad de suponer una filosofía esotérica, se pueden entender muchas de las referencias que Platón hace respecto a discusiones anteriores o posteriores sobre el mismo tema. Parece claro que él no pretende —ni siquiera desea— agotar ningún tema, sencillamente porque es imposible [35] . En concreto, cogeré dos afirmaciones de este tipo, para mostrar que quizá la interpretación esoterista esté un poco viciada.

La primera se encuentra cuando Sócrates está hablando del Bien en Respublica, dice que no es sólo esta la ocasión para hablar de ello, sino que quedan otras muchas [36] . Evidentemente aquí puede hacer referencia clara Platón a la actividad de la Academia. Porque el tema es complicado, es el tema fundamental, es la cuestión metafísica por excelencia, y no se puede dejar rematada en dos palabras. Pero suponer que el tratamiento de este asunto en los diálogos y en la actividad académica de Platón, no deja de ser algo gratuito [37] . Es claro que aquí aborda Sócrates un problema metafísico de primera categoría, y el diálogo no es algo accidental, como algunos podrían pensar, sino que es el modo en el que podemos superar la complejidad de cuestiones no triviales.

Como término a esta comunicación, me gustaría comentar la frase —que podría considerarse un lema de la Escuela de Tubinga— en la que Platón dice que el filósofo sabe mostrar lo pobre que queda el escrito [38] . Esto claramente alude a la capacidad de diálogo. Quizá, más que a un sistema oculto o de escuela, lo que Platón pretende aquí es reconocer la gran figura de Sócrates y continuar el camino por él abierto: la dialéctica.


Notas:

[1] Me parece, sin minusvalorar en absoluto las decisivas aportaciones de Gaiser y Krämer al estudio de esta cuestión, que Reale es el alma mater de la divulgación de esta corriente. Considero que su libro Per una nuova interpretazione di Platone. Rilettura della metafisica dei grandi dialoghi alla luce delle “Dottrine non scritte”, Vita e Pensiero, Milano 199114, constituye una excelente exposición de los puntos fundamentales de la llamada ‘Escuela de Tubinga’.

[2] Me parece deficiente el recurso de Reale a los ‘paradigmas científicos’ de Kuhn. Lo que éstos pretenden explicar es el valor hermenéutico de las mismas teorías científicas. Pero el modelo no sirve cuando se quiere aplicar a las ciencias humanas, o a un asunto mucho menos objetivizado como es la historia de la recepción platónica. Ahí cabe mejor el concepto hermenéutico de ‘prejuicio’, que requiere una articulación conceptual distinta.

[3] No es casualidad que esta pretensión no se plantee, al menos explícitamente, hasta Leibniz.

[4] Philebus, 11C-14B.

[5] De hecho, dialektike es aquello referido al dialogos.

[6] Soy consciente de que la palabra logos tiene un campo semántico bastante amplio, que se pierde ya en latín. Por lo tanto, cualquier traducción será parcial, pero es inevitable tener que usar alguna.

[7] Cratylus, 408C.

[8] Me refiero aquí a lo que Reale llama la protología. Afirmar que los diálogos responden a una temática que no se contiene en ellos, es posible —y su interpretación es coherente—, pero en definitiva, es trasladar el problema de lugar. Que la obra platónica no sea un todo cerrado, no implica necesariamente que haya que buscar una clave en otro lugar.

[9] Por eso, la filosofía es vana, si el error o la falsedad no son posibles; Euthydemus, 287A.

[10] Respublica, VII, 531E.

[11] En otro sentido puede verse se ve el parentesco cercano que para Platón tienen filosofía y literatura, porque la poesía es también un cierto todo; Io, 532C.

[12] Respublica, VII, 537C.

[13] Que el conocimiento sea sinóptico es algo propio de éste. Sabe más el que ve más con ayuda de menos. Esto es lo que de otra manera se formula como profundidad del conocimiento

[14] En líneas generales podemos decir que la educación, tal y como nosotros la entendemos, no constituye un auténtico diálogo, porque el niño no es una alteridad paralela a la propia, aunque eso no significa propiamente que no pueda ser un interlocutor válido en muchos casos.

[15] De este modo se advierte que para Platón la mediación del lenguaje está siempre presente, pero no es un condicionante insuperable. El lenguaje no es autorreferencial, Cratylus, 388B-D. Por lo tanto el logos puede mostrar realidades que no poseen su misma forma de ser, mediante el diálogo.

[16] Lo cual para un griego, era algo servil. Lo propio es que los ciudadanos libres tuviesen sus necesidades resueltas, de las cuales se ocupaban sus esclavos, y se dedicasen a lo que realmente les interesaba.

[17] Gorgias, 503A.

[18] De ahí que la filosofía se distinga a radice de la sofística; Euthydemus, 287A.

[19] Que dedique diálogos a los grandes sofistas, es un homenaje velado a sus figuras, lo que no impide un rechazo explícito de su obra.

[20] Euthydemus, 287A.

[21] Gorgias, 495A.

[22] Y una de sus formas es la aversión a los razonamientos; Phaedo, 90D.

[23] Euthydemus, 305A.

[24] Menexenus, 247A.

[25] Respublica, V, 454A.

[26] Apologia Socratis, 38A; Menexenus, 80D. Considero que, teniendo como referencia únicamente los diálogos, es difícil distinguir el Sócrates histórico que la visión que Platón nos da de él. Lo que sí es claro es que Platón asume la enseñanza de su maestro como parte de su pensamiento. Por lo tanto, tomo a Sócrates como lo que es, un ejemplo que usa su discípulo para exponer una postura propia.

[27] Gorgias, 456A.

[28] Porque es imposible que un sólo hombre conozca todo; Sophista, 233A.

[29] Esto da un sentido muy interesante a lo que algunos en nuestros días proponen como una “comunidad de investigadores”.

[30] Esto es, son grandes amantes del logos; Phaedrus, 236E.

[31] Por estos dos motivos, Platón no puede ser un dogmático. Eso sería si Platón plantease una verdad previa a todo, que propiamente nunca llega a entrar en diálogo.

[32] Epistula VII, 341C. Este es el motivo por el que rehusa escribir un libro sobre estos temas. Pero esto no alude a una presunta doctrina oral, sino que lo que implica es que la verdad ha de descubirla uno mismo, nadie ser sustituido en esa tarea; Epistula VII, 341E.

[33] Sophista, 263E.

[34] Epistula VII, 342A-E; Respublica, VI, 511D.

[35] Esto no significa que no se pueda llegar a ninguna verdad y que cualquier discurso es provisorio. Sencillamente, es que no cabe la última palabra sobre ningún tema.

[36] Respublica, VII, 532D.

[37] Los testimonios directos que tenemos de esto son de origen aristotélico, y no dicen nada de eso.

[38] Phaedrus, 278C-D.