Fuentes del
pensamiento de E. M. CIORAN
Alberto Pinzón León
¨No son, sin embargo,
mis lecturas las que me han
formado, sino los
accidente y los encuentros: todo
lo que he descrito es
el fruto de las circunstancias,
de azares, de
conversaciones, de rumias nocturnas,
de crisis de
abatimiento más o menos cotidianas, de
obsesiones
intolerables. Mi estado de salud, afortu-
nadamente malo, es
gran parte responsable de la di-
rección, del color, de
mis pensamientos¨.[1]
Aunque Cioran haya acogido el estatuto de apátrida,
nació en Rumania, vivió y murió en París -¨Único lugar donde la desesperación
es agradable¨-. Afirmo que una de las fuentes del original pensamiento
cioraniano es su patria, Rumania; aunque él, haya tomado un texto tibetano que
reza: ¨La patria no es más que un campamento en el desierto¨, reconoce cuánto nos marca nuestros orígenes: ¨A todos nos persiguen nuestros orígenes; el
sentimiento que me inspiran los míos se traduce necesariamente en términos
negativos, en el lenguaje de la autopunición, de la humillación asumida y
proclamada, del consentimiento al desastre".[2]
Nace en
Rasinari el 8 de abril de 1911, en los Cárpatos de Transilvania, Rumania. De
ese país y de su relación, de su distanciamiento a partir del odio, se va
perfilando aquello que denominaría, la filosofía cioraniana como filosofía de
la desesperanza, más que una filosofía entendida en términos tradicionales,
correspondería a un estado de ánimo, a una ¨ontología del declinar¨ de nuestros
tiempos.
1
Cioran nos
habla de su patria:
¨…Pero él (Rumania) era pequeño, modesto, y carente de los rasgos que
conforman un destino. Cuando me
inclinaba sobre su historia, no veía más que servidumbre, resignación y
vejación… Entendí que mi país no resiste ante mi orgullo, que, confrontado con
mis exigencias, luce insignificante…
Nos comenta de su actitud frente a su país:
En vez de dirigir mis pensamientos hacia una apariencia más consistente,
la até al país, como presintiendo que él podría ofrecerme el pretexto de una
inmolación perpetua, que mientras soñara con él, dispondría de un prolífico
manantial de despechos… Nos gustaba charlar largo y tendido sobre la suerte de
un pueblo sin suerte; y me volví un profeta en el desierto, en el sentido
propio de la palabra…
Nos habla de su generación:
Éramos un gentío de desesperados en el corazón de los Balcanes.
Predestinados al fracaso; -nuestra única excusa. Que nuestro país no existía, era
para nosotros una certidumbre; que él no tenía fuerza más que para nuestro
desconsuelo, lo sabíamos muy bien…
Frente a la situación de su país y de sus
compatriotas busca contra quien estrellar ese odio que va surgiendo en él, de
este pueblo - ¨Los pueblos más que lo individuos
nos inspiran sentimientos contradictorios¨- busca su pasado: De repente mi odio en busca de
objeto creyó haber encontrado uno: los cementerios… borracho de ira contra mis
antepasado, no sabía como matarlos, una vez más, y para siempre… Mi idea era
que las tumbas, con sus osamentas y todo, tenían que ser voladas; que se tenía
que profanar la paz de los difuntos, que nos teníamos que vengar de ellos, de
sus quiebras, desbaratar todo ese ¨antaño¨ colectivo, esa eterna nada nuestra…
En su proceso filosófico descubre un odio cósmico:
Después me dio asco odiar en vano y me deje invadir por un rencor más
vasto, que abarcaba a todo el mundo, desde el simple desprecio hacia un vecino
hasta la anarquía cósmica… Y comprendí entonces por qué la maldad del hombre
supera la del animal: por que la nuestra, en su imposibilidad de pasar
enseguida al acto, y apaciguarse, se acumula se intensifica y nos abruma…
En medio de la imposibilidad de la destrucción total
de ese universo, Cioran se encuentra consigo mismo:
Nuestro odio alcanza, por tanto, tales proporciones, que, al no saber ya
a quién destruir, ¨se fija¨ sobre nosotros mismos. Como sucedió conmigo: me
volví el centro de mi propio odio. Había odiado a mi país, había odiado a todo
el mundo y el universo entero. Tan sólo me quedaba odiarme a mí mismo: y fue lo
que hice, por el desvío de la desesperación¨. [3]
2
Otra fuente de este pensar cáustico lo encontramos en
la infancia misma de Cioran. En el terror infantil que sentía el niño Cioran
por los gendarmes húngaros:
" ... [ el] gendarme húngaro,
terror de mi infancia en Transilvania. Cuando de lejos veía yo a alguno, me
entraba un pánico que me hacía huir: él era el extranjero, el enemigo; odiar
era odiarlo... fue gracias a ellos que sentí la peor de las humillaciones: la
de nacer siervo y sufrir los «dolores de la vergüenza», los más insoportables
de todos según un moralista. ".[4]
Y escribirá
sobre su pequeño vecino del oeste:
¨Envidio, lo confieso, la
arrogancia de nuestros vecinos, envidio incluso su lengua, feroz, de una
belleza que nada tiene de humana, sonoridades de otro mundo, poderosa y
corrosiva, apropiada para la plegaria, para los rugidos y los lloros, salida
del infierno para perpetuar su acento y su brillo… bajo todas esas palabras de
néctar y de cianuro, tan adaptadas a las exigencias de una agonía. Es en
húngaro como se debería expirar, o renunciar a la muerte…
Si los odiaba era
porque le interesaban, según confiesa Cioran, hay una especie de voluptuosidad
por aquellos con los que comparte sus vicios y sus miserias, la de nacer siervo
y sufrir los dolores de la vergüenza. Es una proximidad inquietante:
Hay entre esos hunos refinados una
melancolía hecha de crueldad revertida cuyo equivalente no se encuentra en
ninguna parte: se diría que es la sangre la que se pone a pensar en sí misma, y
que, al final se convierte en melodía¨.[5]
Podríamos pensar que esa experiencia de la niñez y su
concepción acerca del pueblo húngaro, le llevan a afirmar a Cioran:
¨Aferrado a ideas a medias y a simulacros de sueños, reflexiono por
accidente o por histeria y no por prurito de rigor, y me veo, en medio de los
civilizados, como un intruso, un troglodita enamorado de caducidad, sumergido
en plegarias subversivas, presa de un pánico que no emana de una visión del
mundo, sino de las crispaciones de la carne y de las tinieblas de la sangre¨.[6]
Los años de la niñez, nos confiesa Cioran, fueron
felices pero marcados por la melancolía. Para él, la melancolía es una disposición absolutamente refractaria a
todo lo que se asemeje a la esperanza o a la espera; no podemos hablar de
Cioran sino desde la melancolía, desde esa nostalgia de nada. Tiene ya una
experiencia temprana del hastío, vivencia en la cual se cae en cuenta de que el
mundo carece de sentido y no hay nada esencial por lo que valga la pena luchar,
quien cree en algo y lo defiende, está creando sin saberlo su propio infierno.
Lo único que merece la pena es la lucha por la vacuidad, por la voluptuosidad
de la nada; la vida es la progresiva conciencia del hastío. "Durante toda mi vida he sido víctima del hastío; la primera
experiencia consciente que tuve de él se remonta a una tarde de mi infancia en
que sentí con una intensidad insuperable una presencia a la vez interior y
exterior: la presencia del tiempo que se hallaba en mí y fuera de mí, y en los
dos casos como un desgarramiento, como una fulgurante exclusión del paraíso y
sobre todo como una impresión de vacuidad propiamente inagotable... que más
tarde habría de experimentar tan a menudo".[7]
Hay otra
experiencia infantil,[8]
es la partida de Rasinari al liceo de Sibiu. En la partida de Rasinari hay
toda una metáfora de la filosofía cioraniana: una nostalgia por un pasado al
cual no se puede volver y una vida por vivir al estilo del infierno de Dante,
serie de acciones sin esperanza y por tanto repetidas y estériles. Es posible
que ese desprendimiento de su ciudad natal nos muestre que hay en el
pensamiento de Cioran el reconocimiento de un paraíso en los inicios, pero la
caída en el tiempo, el nacimiento, nos hace imposible volver atrás. Cuenta que
su padre alquiló un carruaje tirado por caballos para llevarlo a Sibiu y él
lloraba todo el tiempo, por que presentía que el paraíso había terminado.
Tres son las
ciudades amadas por Cioran Rasinari, París y Sibiu a la que más amó. Nos dice
que si la palabra nostalgia tiene algún sentido es cuando sentimos el pesar por
haber abandonado nuestro pueblo, en el fondo el único mundo verdadero es el
mundo primitivo en donde todo es posible.
No hay en Cioran una nostalgia ni por su patria ni
por su ciudad; no hay en él algún tipo de nacionalismo, o de aferramiento a un
trozo de tierra situado en unas coordenadas geográficas o políticas; lo que hay
es una nostalgia por su infancia: ¨Yo no voy tan lejos: daría todos
los paisajes del mundo por el de mi infancia".
¨H. PERZ: ¿Y nunca ha recuperado la armonía de su infancia? CIORAN:
No, pero la recuerdo como algo totalmente perdido, como algo sucedido en un
mundo anterior. Me parece tan lejana en el pasado y al tiempo tan presente… Si
hubiese tenido una infancia triste, habría sido mucho más optimista en mis
ideas, pero siempre he sentido, inconscientemente incluso, ese contraste, esa
contradicción, entre mi infancia y todo lo que vino a continuación. Eso me
destruyó interiormente en cierto modo¨.[9]
3
Quisiera
hablar aquí de una tercera fuente –muy descuidada en la filosofía académica- de
toda filosofía: el cuerpo. Spinoza dice: ¨Nadie ha determinado hasta el presente lo que puede
el cuerpo… el cuerpo puede únicamente por las leyes de su naturaleza ejecutar
muchas cosas que causan asombro a su alma¨.[10] Nietzsche
afirma en el Zarathustra: ¨Hay más razón en tu cuerpo que en
la mejor sabiduría¨. En la Gaya Ciencia: ¨Lo que es despierto y consciente dice: soy un cuerpo entero y nada
más; el alma no es sino una palabra que designa una parcela del cuerpo... el
gran dolor solo es el último en emanciparse del espíritu¨.
La filosofía
cioraniana nace del cuerpo de Cioran. ¨ALMIRA: El cuerpo, lo que usted ha llamado la
conciencia de los órganos, es una constante en su obra. ¿Por qué? CIORAN: Si me
remonto a mi infancia y adolescencia, compruebo que sentido un malestar que los
años han delimitado y acentuado… en el fondo toso se reduce a una cuestión de
fisiología… Dependemos del cuerpo; es como un destino, un hado mezquino y
penoso al que estamos sometidos. El cuerpo es todo y no es nada: un misterio
casi degradante. Pero el cuerpo es asimismo una potencia fabulosa… Mis ideas
siempre han sido dictadas por mis órganos, los cuales a su vez, están sometidos
a la dictadura del clima. El cuerpo ha representado un papel muy importante en
mi vida… Mi propio malestar, de orden climatológico, está ligado al malestar de
tipo metafísico. No digo que la meteorología condicione la metafísica, pero
constato cierta simultaneidad entre la
interrogación metafísica y el malestar físico. Desde muy joven fui consciente
de esta evidencia y, avergonzado, he tratado siempre de ocultarla¨.[11]
De esta
relación estrecha entre climatología y producción filosófica nos da fe el
periplo nietzscheano; sobre ello, no se hace hincapié en la academia de
filosofía, porque habría que reconocer la humillación a la que es sometido el
pensamiento; nuestro tan ponderado intelecto sometido a un fenómeno externo no
es cosa que le venga bien a la soberbia filosófica, que ha entendido su
reflexión por encima de cualquier fenómeno externo al sujeto.
Cioran funda su metafísica sobre el cuerpo carnal
como prueba filosófica: toda
experiencia metafísica se inicia con una angustia del cuerpo; a la
superficialidad del lenguaje se opone la experiencia física del cuerpo: Toda
experiencia profunda se formula en términos de fisiología, afirma Cioran. Para
él, la enfermedad es iniciadora, mediadora entre cuerpo e inteligencia, levanta
la ceguera propia de la buena salud y obliga a la profundidad. Nunca una idea
refutará un dolor, la sensación física es el desafío a la razón que no es capaz
de señalarnos tal experiencia. ¨El
sufrimiento es la única causa de la conciencia «Dostoievski». Los hombres se
dividen en dos categorías: los que han comprendido eso y los demás¨.[12]
Es la vivencia física la que garantiza el
pensamiento auténtico, el estado de enfermedad acrecienta el despertar de la
conciencia, al punto de que quien no siente su cuerpo no estará nunca en
condiciones de concebir un pensamiento viviente. Al hombre que no ha sufrido le
falta una dimensión esencial, pues ¨sufrir es producir conocimiento¨. Sufrir es adquirir la dignidad de ser, es ser
totalmente uno mismo, es no coincidir con el mundo de los objetos. Estas
palabras nos llevan a Nietzsche en Ecce
Homo: ¨La enfermedad puede ser un estimulante enérgico de
la vida, más aún que vivir... cuando el cuerpo está entusiasmado no hay que
preocuparse por el alma¨. En La genealogía de la moral: ¨...sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria¨.
Cioran entiende el sufrimiento como productor de
conocimiento, y la constitución de la conciencia a partir de nuestros arrebatos
corporales: ¨La conciencia, en sus principios, es conciencia de
los órganos. Sanos, los ignoramos; es la enfermedad quien los revela, nos hace
comprender su importancia y su fragilidad y nuestra dependencia... A medida que
nuestros achaques se acumulan, caemos en manos de nuestro cuerpo cuyos
arrebatos equivalen a otras tantas treguas¨.[13] El dolor es el que nos gobierna, el que crea
nuestros estados de ánimo; somos siervos de nuestros dolores, ellos nos vigilan
y nos hacen conscientes de nuestro cuerpo; en medio del dolor la idea de
fatalidad nos parece saludable, los sanos no contemplan la enfermedad como una
posibilidad de ver la aflicción; no como una excepción, sino como la norma. ¨La palidez es el color que toma el pensamiento sobre el rostro
humano¨, nos dice Cioran.
El cuerpo tiene que ver con el tedio, la nostalgia,
la melancolía, el hastío, el sexo, el insomnio…
¨El tedio ha sido y continúa siendo la plaga de mi vida, inconcebible
sin una base fisiológica. Lo que ocurre es que el sentimiento de vacío que
precede, o que es el tedio mismo, se transforma en un sentimiento universal que
lo engloba todo, haciendo desaparecer así la base orgánica. Peor minimizar esta
base es hacer trampa… Hablo del tedio esencial, que es una toma de conciencia
extraordinaria de la soledad del individuo. Me resulta un sentimiento tan
ligado a mi vida, que estoy seguro de que podría sentirlo hasta en el paraíso…
El fondo metafísico de la nostalgia es comparable a algo interior de
la caída, de la perdida del paraíso¨.[14] ¿No es esa
la fórmula que podría servir para denominar la filosofía de Cioran? Ella es una
filosofía de la nostalgia, de la pérdida del Edén, del ¨inconveniente de haber
nacido¨; el cataclismo nos es morir sino haber nacido. Aquí encontramos un
punto de contacto entre Cioran y el budismo: el horror frente al hecho de
existir y esa tortura que es el hecho mismo de vivir, impone una inmutabilidad
frente a los fenómenos y una impasibilidad ante las ganas de vivir; todo ello
está en el centro de la obra del filósofo, como en las enseñanzas de Buda: ¨Lo que a Cristo se le escapó, Buda
lo ha comprendido: Si tres cosas no existieran en el mundo, oh discípulos, lo
Perfecto no aparecería en el mundo... Y
antes que la vejez y que la muerte, sitúa el nacimiento, fuente de todas las
desgracias y de todos los desastres ¨.[15]
¨La melancolía es una especie de tedio refinado, el sentimiento de que
no se pertenece a este mundo. Para un melancólico, la expresión «nuestros
semejantes» no tiene ningún sentido. Es una sensación de exilio irremediable, que
carece de causas inmediatas. La melancolía es un sentimiento profundamente
autónomo, tan independiente del fracaso como de los mayores éxitos personales.
La nostalgia, por el contrario, siempre se aferra a algo, aunque sólo sea al
pasado¨.[16]
¨S. JAUDEAU: Esa nostalgia precisamente es el fundamento de su visión
del mundo. ¿Cómo la define usted? CIORAN: Ese sentimiento está vinculado en
parte con mis orígenes rumanos. Allí impregna toda la poesía popular. Es un
desgarramiento indefinible, que se llama en rumano dor, cercano a la sehnsucht de
los alemanes, pero sobre todo a la saudade de los portugueses. S: JAUDEAU: Usted ha escrito: «Hay tres clases de melancolía: la
rusa, la portuguesa y la húngara»… La nostalgia encuentra su modo de expresión
favorito en la música, pero también en la poesía. Por lo demás, dice usted: «la
poesía expresa la esencia de lo que no podemos poseer: su significación última:
la imposibilidad de toda ¨actualidad¨. La alegría no es un sentimiento poético…
Entre la poesía y la esperanza hay una incompatibilidad completa» (Breviario de
podredumbre).[17]
¨El hastío es un vértigo, pero un vértigo tranquilo, monótono; es la revelación de la insignificancia
universal, es la certidumbre llevada hasta el estupor o hasta la suprema
clarividencia de que no se puede, de que no se debe hacer nada en este mundo ni en el otro, que no existe ningún mundo que
pueda convenirnos y satisfacernos. A causa de esta experiencia –no constante,
sino recurrente, pues el hastío viene por acceso, pero dura mucho más que una fiebre- no he podido hacer nada serio en
la vida. A decir verdad, he vivido intensamente, sin poder integrarme en la
existencia. Mi marginalidad no es accidental, sino esencial¨.[18]
Quisiera que observaran, finalmente, aquello que
dice sobre el sexo y lo más asombroso sobre el insomnio:
¨J. L. ALMIRA: Usted ha escrito muy poco sobre el sexo. CIORAN: Céline
dijo que el amor era el infinito puesto al alcance de un caniche…En pleno
delirio sexual, cualquiera tiene derecho a compararse con Dios. Lo curioso es
que la inevitable decepción posterior no afecte al resto de la vida, que sea
momentánea. A veces he pensado que se puede tener una visión postsexual del
mundo, visión que sería la más desesperada posible: el sentimiento de haberlo
invertido todo en algo que no vale la pena… La sexualidad es una inmensa
impostura, una gigantesca mentira que invariablemente se renueva¨.[19]
Como una forma de combate y no de salvación contra
las acciones del espíritu, Cioran hace una reivindicación formidable del
insomnio, que es el campo donde él gesta y ejecuta su ejercicio filosófico; el
insomnio es el gimnasio de la filosofía; el insomnio se contrapone al espíritu,
a la conciencia y al saber; ¨El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en
un lugar de tortura. Todo es preferible a ese despertar permanente, a esa
ausencia criminal del olvido. Fue durante esas noches infernales, cuando
comprendí la inanidad de la filosofía¨.[20]
El insomnio nos hunde en nuestras propias
obsesiones; el sueño nos hace olvidar el drama de nuestra vigilia; cada
despertar es una nueva esperanza. Gracias a esa discontinuidad la vida se
conserva; el insomnio es el verdadero sentimiento de la agonía; es una tristeza
incurable. Por eso hay un vínculo indisoluble entre el insomnio y la
desesperanza: ¨pienso incluso que la pérdida
total de la esperanza es inconcebible sin la colaboración del insomnio... los
insomnes, esos malditos castigados por crimen de lucidez. Velar es ser consciente
más allá de lo soportable, es no poder olvidar, es experimentar la continuidad
de lo intolerable. Mientras los que duermen comienzan cada mañana un nuevo día,
para el insomne apenas es posible el olvido, puesto que noche y día arrostra
sin interrupción el mismo infierno¨.[21]
Cioran nos relata su propia experiencia, afirmando
que la dicha de no poder dormir lo llevó a reflexiones que de otra forma no lo
hubiera logrado: ¨Tenía yo diecisiete años y creía
en la filosofía. Lo que no se refería a ella me parecía pecado o basura... Sólo
la abstracción me parecía palpitar... Me repetía: sólo el burdel es compatible
con la metafísica... Hasta que viniste tú, Insomnio... hubiera constituido un
clan, a quien excusarlo todo, darlo todo, sacrificarlo todo: el clan de
insomnes... Y fue entonces que apelé a la filosofía: pero no hay idea que
consuele en la obscuridad, no hay sistema que resista las vigilias. Los
análisis del insomnio deshacen las certezas. Cansado de tal destrucción,
llegaba a decirme: no más dudas: dormir o morir... reconquistar el sueño o
desaparecer... Pero tal conquista no es fácil: cuando uno se acerca a ella, se
da cuenta de hasta qué punto está marcado por las noches. Si amáis, vuestro
ímpetu estará corrompido para siempre... hay ojos que jamás podrán ya aprender
nada del sol, y almas enfermas de noches de las que nunca curarán...".[22]
¨L. GILLET: …Algo que desempeña un papel muy importante en lo que
usted ha escrito, desde su juventud, es el insomnio… CIORAN: …no está del todo
tan mal haber padecido insomnio en la juventud, porque te abre los ojos. Es una
experiencia extraordinariamente dolorosa, una catástrofe. Pero te hace
comprender cosas que los otros no pueden comprender: el insomnio te coloca
fuera de a esfera de los vivos, de la humanidad. Estás excluido… ¿Qué es el insomnio? ¡A las ocho de la mañana estás exactamente igual
que a las ocho de la noche! No hay progreso alguno. No hay sino una inmensa
noche que está ahí… El tiempo apenas corre, minuto tras minuto y cada minuto es
una realidad: el tiempo corre pero no avanza… en el tedio el tiempo se te
vuelve exterior. Pero en el insomnio el tiempo es tu enemigo, porque es un
tiempo en el que no puedes insertarte… el insomnio es la mayor experiencia que se puede tener en la vida.
Es la más terrible, todas las demás no son nada en comparación¨:[23]
Nuestra
filosofía que nació con el acto más soberbio de la humanidad ejecutado por Sócrates
y enseguida la filosofía se hizo griega
y habitó entre nosotros: ¨En
algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerable
sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes
inventaron el conocimiento: Fue el minuto más altanero y falaz de la ^Historia
Universal¨,… El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla
sus fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio, merced a la
cual sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes
les han sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de
la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto
culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el
fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el
enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los
demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la
llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan
inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación
sincera y pura hacia la verdad¨.(NIETZSCHE, F. Verdad y
mentira en sentido extramoral)
Frente a esta
concepción se erige el pensamiento de Cioran nacido de tres fuentes – que he
planteado aquí- que niegan los orígenes de la filosofía como meramente fruto de
la razón, el espíritu, el alma; y nos dan unas fuentes meramente terrenales: la
región donde se nace, la experiencia de la niñez y el cuerpo: el clima, el
sufrimiento, el tedio, la nostalgia, la melancolía, el hastío, lo postsexual,
el insomnio… surge así una auténtica filosofía de la desesperanza.
FIN
[1] SAVATER, Fernando. Ensayo sobre Cioran. Carta Prefacio
de E. M. Cioran. Madrid, Taurus, 1980, pp. 11.
[2] CIORAN, E.
M. Historia y utopía. Barcelona,
Tusquets, 1988, pp. 18
[3] ¨Mon pays¨, texto encontrado por la compañera de
Cioran, Simona Boué, en la primavera de 1994. Traducción efectuada por VASILICA
COTOFLEAC, sobre el texto publicado en rumano y en francés en Cioran, Tara mea
/ Mon pays, Gallimard, Paris / Humanitas, Bucaresti, 1996, pp. 1-3. Tomado de http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/mipais.pdf
[4] CIORAN, E. M. Historia y Utopía. Op. cit., pp. 24 y
26.
[5] Ibid., pp. 25-26
[6] Ibid., pp. 38-39
[7]CIORAN, E
.M. Ensayo sobre el pensamiento
reaccionario y otros textos. Barcelona, Montesinos, 1985., pp. 219.
[8]Esta experiencia nos recuerda la vivida por Nietzsche
en 1850 cuando abandona Röcken para ir a Naumburg. Que él mismo relata así: ¨Se
acercaba el tiempo de separarnos de nuestro querido Röcken. Todavía me acuerdo
del último día y la última noche que pasamos allí… ¡Qué doloroso era separarse
del pueblo en donde habíamos sentido tanta alegría y tanto dolor… ¡Adiós, adiós
querida casa paterna!¨. De mi vida I: Los
años de la niñez 1844-1858.
[9]CIORAN, E. M. Conversaciones. Conversación con H. PERZ.
Barcelona, Tusquets, 1997, pp. 28-29.
[10] SPINOZA, B. Ética. III, 2, escolio, pp. 73. México,
Porrúa, 1977.
[11] CIORAN, E. M. Conversaciones. Conversación con J. l.
ALMIRA. Op. cit., pp. 91-92.
[12]________. De
lágrimas y de santos. Barcelona, Tusquets, 1988, p. 97.
[14]________. Conversaciones. Conversación con J. l.
ALMIRA. Op. cit. pp. 93 y 94.
[16] ________. Conversaciones. Conversación con J. l.
ALMIRA. Op. cit. pp. 94.
[17] ________. Conversaciones. Conversación con S. JAUDEAU.
Op. cit. pp. 176-177.
[18]________. Conversaciones. Conversación con F. SAVATER.
Op. cit. pp. 26.
[23]________. Conversaciones. Conversación con L. GILLET.
Op. cit. pp. 67-68.