Fuentes del pensamiento de E

 

Fuentes del pensamiento de E. M. CIORAN

Alberto Pinzón León

 

¨No son, sin embargo, mis lecturas las que me han

formado, sino los accidente  y los encuentros: todo

lo que he descrito es el fruto de las circunstancias,

de azares, de conversaciones, de rumias nocturnas,

de crisis de abatimiento más o menos cotidianas, de

obsesiones intolerables. Mi estado de salud, afortu-

nadamente malo, es gran parte responsable de la di-

rección, del color, de mis pensamientos¨.[1]

 

Aunque Cioran haya acogido el estatuto de apátrida, nació en Rumania, vivió y murió en París -¨Único lugar donde la desesperación es agradable¨-. Afirmo que una de las fuentes del original pensamiento cioraniano es su patria, Rumania; aunque él, haya tomado un texto tibetano que reza: ¨La patria no es más que un campamento en el desierto¨, reconoce cuánto nos marca nuestros orígenes: ¨A todos nos persiguen nuestros orígenes; el sentimiento que me inspiran los míos se traduce necesariamente en términos negativos, en el lenguaje de la autopunición, de la humillación asumida y proclamada, del consentimiento al desastre".[2]

Nace en Rasinari el 8 de abril de 1911, en los Cárpatos de Transilvania, Rumania. De ese país y de su relación, de su distanciamiento a partir del odio, se va perfilando aquello que denominaría, la filosofía cioraniana como filosofía de la desesperanza, más que una filosofía entendida en términos tradicionales, correspondería a un estado de ánimo, a una ¨ontología del declinar¨ de nuestros tiempos.

 

1

 

Cioran nos habla de su patria:

¨…Pero él (Rumania) era pequeño, modesto, y carente de los rasgos que conforman un destino. Cuando me  inclinaba sobre su historia, no veía más que servidumbre, resignación y vejación… Entendí que mi país no resiste ante mi orgullo, que, confrontado con mis exigencias, luce insignificante…

Nos comenta de su actitud frente a su país:

En vez de dirigir mis pensamientos hacia una apariencia más consistente, la até al país, como presintiendo que él podría ofrecerme el pretexto de una inmolación perpetua, que mientras soñara con él, dispondría de un prolífico manantial de despechos… Nos gustaba charlar largo y tendido sobre la suerte de un pueblo sin suerte; y me volví un profeta en el desierto, en el sentido propio de la palabra…

Nos habla de su generación:

Éramos un gentío de desesperados en el corazón de los Balcanes. Predestinados al fracaso; -nuestra única excusa. Que nuestro país no existía, era para nosotros una certidumbre; que él no tenía fuerza más que para nuestro desconsuelo, lo sabíamos muy bien…

Frente a la situación de su país y de sus compatriotas busca contra quien estrellar ese odio que va surgiendo en él, de este pueblo - ¨Los pueblos más que lo individuos nos inspiran sentimientos contradictorios¨- busca su pasado: De repente mi odio en busca de objeto creyó haber encontrado uno: los cementerios… borracho de ira contra mis antepasado, no sabía como matarlos, una vez más, y para siempre… Mi idea era que las tumbas, con sus osamentas y todo, tenían que ser voladas; que se tenía que profanar la paz de los difuntos, que nos teníamos que vengar de ellos, de sus quiebras, desbaratar todo ese ¨antaño¨ colectivo, esa eterna nada nuestra…

En su proceso filosófico descubre un odio cósmico:

Después me dio asco odiar en vano y me deje invadir por un rencor más vasto, que abarcaba a todo el mundo, desde el simple desprecio hacia un vecino hasta la anarquía cósmica… Y comprendí entonces por qué la maldad del hombre supera la del animal: por que la nuestra, en su imposibilidad de pasar enseguida al acto, y apaciguarse, se acumula se intensifica y nos abruma…

En medio de la imposibilidad de la destrucción total de ese universo, Cioran se encuentra consigo mismo:

Nuestro odio alcanza, por tanto, tales proporciones, que, al no saber ya a quién destruir, ¨se fija¨ sobre nosotros mismos. Como sucedió conmigo: me volví el centro de mi propio odio. Había odiado a mi país, había odiado a todo el mundo y el universo entero. Tan sólo me quedaba odiarme a mí mismo: y fue lo que hice, por el desvío de la desesperación¨. [3]

 

2

 

Otra fuente de este pensar cáustico lo encontramos en la infancia misma de Cioran. En el terror infantil que sentía el niño Cioran por los gendarmes húngaros:

" ... [ el] gendarme húngaro, terror de mi infancia en Transilvania. Cuando de lejos veía yo a alguno, me entraba un pánico que me hacía huir: él era el extranjero, el enemigo; odiar era odiarlo... fue gracias a ellos que sentí la peor de las humillaciones: la de nacer siervo y sufrir los «dolores de la vergüenza», los más insoportables de todos según un moralista. ".[4]

Y escribirá sobre su pequeño vecino del oeste:

¨Envidio, lo confieso, la arrogancia de nuestros vecinos, envidio incluso su lengua, feroz, de una belleza que nada tiene de humana, sonoridades de otro mundo, poderosa y corrosiva, apropiada para la plegaria, para los rugidos y los lloros, salida del infierno para perpetuar su acento y su brillo… bajo todas esas palabras de néctar y de cianuro, tan adaptadas a las exigencias de una agonía. Es en húngaro como se debería expirar, o renunciar a la muerte…

Si los odiaba era porque le interesaban, según confiesa Cioran, hay una especie de voluptuosidad por aquellos con los que comparte sus vicios y sus miserias, la de nacer siervo y sufrir los dolores de la vergüenza. Es una proximidad inquietante:

Hay entre esos hunos refinados una melancolía hecha de crueldad revertida cuyo equivalente no se encuentra en ninguna parte: se diría que es la sangre la que se pone a pensar en sí misma, y que, al final se convierte en melodía¨.[5]

Podríamos pensar que esa experiencia de la niñez y su concepción acerca del pueblo húngaro, le llevan a afirmar a Cioran:

¨Aferrado a ideas a medias y a simulacros de sueños, reflexiono por accidente o por histeria y no por prurito de rigor, y me veo, en medio de los civilizados, como un intruso, un troglodita enamorado de caducidad, sumergido en plegarias subversivas, presa de un pánico que no emana de una visión del mundo, sino de las crispaciones de la carne y de las tinieblas de la sangre¨.[6]

Los años de la niñez, nos confiesa Cioran, fueron felices pero marcados por la melancolía. Para él, la melancolía es una disposición absolutamente refractaria a todo lo que se asemeje a la esperanza o a la espera; no podemos hablar de Cioran sino desde la melancolía, desde esa nostalgia de nada. Tiene ya una experiencia temprana del hastío, vivencia en la cual se cae en cuenta de que el mundo carece de sentido y no hay nada esencial por lo que valga la pena luchar, quien cree en algo y lo defiende, está creando sin saberlo su propio infierno. Lo único que merece la pena es la lucha por la vacuidad, por la voluptuosidad de la nada; la vida es la progresiva conciencia del hastío. "Durante toda mi vida he sido víctima del hastío; la primera experiencia consciente que tuve de él se remonta a una tarde de mi infancia en que sentí con una intensidad insuperable una presencia a la vez interior y exterior: la presencia del tiempo que se hallaba en mí y fuera de mí, y en los dos casos como un desgarramiento, como una fulgurante exclusión del paraíso y sobre todo como una impresión de vacuidad propiamente inagotable... que más tarde habría de experimentar tan a menudo".[7]

Hay otra experiencia infantil,[8] es la partida de Rasinari al liceo de Sibiu. En la partida de Rasinari hay toda una metáfora de la filosofía cioraniana: una nostalgia por un pasado al cual no se puede volver y una vida por vivir al estilo del infierno de Dante, serie de acciones sin esperanza y por tanto repetidas y estériles. Es posible que ese desprendimiento de su ciudad natal nos muestre que hay en el pensamiento de Cioran el reconocimiento de un paraíso en los inicios, pero la caída en el tiempo, el nacimiento, nos hace imposible volver atrás. Cuenta que su padre alquiló un carruaje tirado por caballos para llevarlo a Sibiu y él lloraba todo el tiempo, por que presentía que el paraíso había terminado.

Tres son las ciudades amadas por Cioran Rasinari, París y Sibiu a la que más amó. Nos dice que si la palabra nostalgia tiene algún sentido es cuando sentimos el pesar por haber abandonado nuestro pueblo, en el fondo el único mundo verdadero es el mundo primitivo en donde todo es posible.

No hay en Cioran una nostalgia ni por su patria ni por su ciudad; no hay en él algún tipo de nacionalismo, o de aferramiento a un trozo de tierra situado en unas coordenadas geográficas o políticas; lo que hay es una nostalgia por su infancia: ¨Yo no voy tan lejos: daría todos los paisajes del mundo por el de mi infancia".

¨H. PERZ: ¿Y nunca ha recuperado la armonía de su infancia? CIORAN: No, pero la recuerdo como algo totalmente perdido, como algo sucedido en un mundo anterior. Me parece tan lejana en el pasado y al tiempo tan presente… Si hubiese tenido una infancia triste, habría sido mucho más optimista en mis ideas, pero siempre he sentido, inconscientemente incluso, ese contraste, esa contradicción, entre mi infancia y todo lo que vino a continuación. Eso me destruyó interiormente en cierto modo¨.[9]

 

3

 

Quisiera hablar aquí de una tercera fuente –muy descuidada en la filosofía académica- de toda filosofía: el cuerpo. Spinoza dice: ¨Nadie ha determinado hasta el presente lo que puede el cuerpo… el cuerpo puede únicamente por las leyes de su naturaleza ejecutar muchas cosas que causan asombro a su alma¨.[10] Nietzsche afirma en el Zarathustra: ¨Hay más razón en tu cuerpo que en la mejor sabiduría¨. En la Gaya Ciencia: ¨Lo que es despierto y consciente dice: soy un cuerpo entero y nada más; el alma no es sino una palabra que designa una parcela del cuerpo... el gran dolor solo es el último en emanciparse del espíritu¨.

La filosofía cioraniana nace del cuerpo de Cioran. ¨ALMIRA: El cuerpo, lo que usted ha llamado la conciencia de los órganos, es una constante en su obra. ¿Por qué? CIORAN: Si me remonto a mi infancia y adolescencia, compruebo que sentido un malestar que los años han delimitado y acentuado… en el fondo toso se reduce a una cuestión de fisiología… Dependemos del cuerpo; es como un destino, un hado mezquino y penoso al que estamos sometidos. El cuerpo es todo y no es nada: un misterio casi degradante. Pero el cuerpo es asimismo una potencia fabulosa… Mis ideas siempre han sido dictadas por mis órganos, los cuales a su vez, están sometidos a la dictadura del clima. El cuerpo ha representado un papel muy importante en mi vida… Mi propio malestar, de orden climatológico, está ligado al malestar de tipo metafísico. No digo que la meteorología condicione la metafísica, pero constato  cierta simultaneidad entre la interrogación metafísica y el malestar físico. Desde muy joven fui consciente de esta evidencia y, avergonzado, he tratado siempre de ocultarla¨.[11]

De esta relación estrecha entre climatología y producción filosófica nos da fe el periplo nietzscheano; sobre ello, no se hace hincapié en la academia de filosofía, porque habría que reconocer la humillación a la que es sometido el pensamiento; nuestro tan ponderado intelecto sometido a un fenómeno externo no es cosa que le venga bien a la soberbia filosófica, que ha entendido su reflexión por encima de cualquier fenómeno externo al sujeto.

Cioran funda su metafísica sobre el cuerpo carnal como prueba filosófica: toda experiencia metafísica se inicia con una angustia del cuerpo; a la superficialidad del lenguaje se opone la experiencia física del cuerpo: Toda experiencia profunda se formula en términos de fisiología, afirma Cioran. Para él, la enfermedad es iniciadora, mediadora entre cuerpo e inteligencia, levanta la ceguera propia de la buena salud y obliga a la profundidad. Nunca una idea refutará un dolor, la sensación física es el desafío a la razón que no es capaz de señalarnos tal experiencia. ¨El sufrimiento es la única causa de la conciencia «Dostoievski». Los hombres se dividen en dos categorías: los que han comprendido eso y los demás¨.[12]

Es la vivencia física la que garantiza el pensamiento auténtico, el estado de enfermedad acrecienta el despertar de la conciencia, al punto de que quien no siente su cuerpo no estará nunca en condiciones de concebir un pensamiento viviente. Al hombre que no ha sufrido le falta una dimensión esencial, pues ¨sufrir es producir conocimiento¨. Sufrir es adquirir la dignidad de ser, es ser totalmente uno mismo, es no coincidir con el mundo de los objetos. Estas palabras nos llevan a Nietzsche en Ecce Homo: ¨La enfermedad puede ser un estimulante enérgico de la vida, más aún que vivir... cuando el cuerpo está entusiasmado no hay que preocuparse por el alma¨. En La genealogía de la moral: ¨...sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria¨.

Cioran entiende el sufrimiento como productor de conocimiento, y la constitución de la conciencia a partir de nuestros arrebatos corporales: ¨La conciencia, en sus principios, es conciencia de los órganos. Sanos, los ignoramos; es la enfermedad quien los revela, nos hace comprender su importancia y su fragilidad y nuestra dependencia... A medida que nuestros achaques se acumulan, caemos en manos de nuestro cuerpo cuyos arrebatos equivalen  a  otras tantas treguas¨.[13] El dolor es el que nos gobierna, el que crea nuestros estados de ánimo; somos siervos de nuestros dolores, ellos nos vigilan y nos hacen conscientes de nuestro cuerpo; en medio del dolor la idea de fatalidad nos parece saludable, los sanos no contemplan la enfermedad como una posibilidad de ver la aflicción; no como una excepción, sino como la norma. ¨La palidez es el color que toma el pensamiento sobre el rostro humano¨, nos dice Cioran.

El cuerpo tiene que ver con el tedio, la nostalgia, la melancolía, el hastío, el sexo, el insomnio…

¨El tedio ha sido y continúa siendo la plaga de mi vida, inconcebible sin una base fisiológica. Lo que ocurre es que el sentimiento de vacío que precede, o que es el tedio mismo, se transforma en un sentimiento universal que lo engloba todo, haciendo desaparecer así la base orgánica. Peor minimizar esta base es hacer trampa… Hablo del tedio esencial, que es una toma de conciencia extraordinaria de la soledad del individuo. Me resulta un sentimiento tan ligado a mi vida, que estoy seguro de que podría sentirlo hasta en el paraíso…

El fondo metafísico de la nostalgia es comparable a algo interior de la caída, de la perdida del paraíso¨.[14] ¿No es esa la fórmula que podría servir para denominar la filosofía de Cioran? Ella es una filosofía de la nostalgia, de la pérdida del Edén, del ¨inconveniente de haber nacido¨; el cataclismo nos es morir sino haber nacido. Aquí encontramos un punto de contacto entre Cioran y el budismo: el horror frente al hecho de existir y esa tortura que es el hecho mismo de vivir, impone una inmutabilidad frente a los fenómenos y una impasibilidad ante las ganas de vivir; todo ello está en el centro de la obra del filósofo, como en las enseñanzas de Buda: ¨Lo que a Cristo se le escapó, Buda lo ha comprendido: Si tres cosas no existieran en el mundo, oh discípulos, lo Perfecto no aparecería en el mundo...  Y antes que la vejez y que la muerte, sitúa el nacimiento, fuente de todas las desgracias y de todos los desastres ¨.[15] 

¨La melancolía es una especie de tedio refinado, el sentimiento de que no se pertenece a este mundo. Para un melancólico, la expresión «nuestros semejantes» no tiene ningún sentido. Es una sensación de exilio irremediable, que carece de causas inmediatas. La melancolía es un sentimiento profundamente autónomo, tan independiente del fracaso como de los mayores éxitos personales. La nostalgia, por el contrario, siempre se aferra a algo, aunque sólo sea al pasado¨.[16]

¨S. JAUDEAU: Esa nostalgia precisamente es el fundamento de su visión del mundo. ¿Cómo la define usted? CIORAN: Ese sentimiento está vinculado en parte con mis orígenes rumanos. Allí impregna toda la poesía popular. Es un desgarramiento indefinible, que se llama en rumano dor, cercano a la sehnsucht de los alemanes, pero sobre todo a la saudade de los portugueses. S: JAUDEAU: Usted ha escrito: «Hay tres clases de melancolía: la rusa, la portuguesa y la húngara»… La nostalgia encuentra su modo de expresión favorito en la música, pero también en la poesía. Por lo demás, dice usted: «la poesía expresa la esencia de lo que no podemos poseer: su significación última: la imposibilidad de toda ¨actualidad¨. La alegría no es un sentimiento poético… Entre la poesía y la esperanza hay una incompatibilidad completa» (Breviario de podredumbre).[17]

¨El hastío es un vértigo, pero un vértigo tranquilo, monótono; es la revelación de la insignificancia universal, es la certidumbre llevada hasta el estupor o hasta la suprema clarividencia de que no se puede, de que no se debe hacer nada en este mundo ni en el otro, que no existe ningún mundo que pueda convenirnos y satisfacernos. A causa de esta experiencia –no constante, sino recurrente, pues el hastío viene por acceso, pero dura mucho más que una fiebre- no he podido hacer nada serio en la vida. A decir verdad, he vivido intensamente, sin poder integrarme en la existencia. Mi marginalidad no es accidental, sino esencial¨.[18]

Quisiera que observaran, finalmente, aquello que dice sobre el sexo y lo más asombroso sobre el insomnio:

¨J. L. ALMIRA: Usted ha escrito muy poco sobre el sexo. CIORAN: Céline dijo que el amor era el infinito puesto al alcance de un caniche…En pleno delirio sexual, cualquiera tiene derecho a compararse con Dios. Lo curioso es que la inevitable decepción posterior no afecte al resto de la vida, que sea momentánea. A veces he pensado que se puede tener una visión postsexual del mundo, visión que sería la más desesperada posible: el sentimiento de haberlo invertido todo en algo que no vale la pena… La sexualidad es una inmensa impostura, una gigantesca mentira que invariablemente se renueva¨.[19]

Como una forma de combate y no de salvación contra las acciones del espíritu, Cioran hace una reivindicación formidable del insomnio, que es el campo donde él gesta y ejecuta su ejercicio filosófico; el insomnio es el gimnasio de la filosofía; el insomnio se contrapone al espíritu, a la conciencia y al saber;  ¨El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura. Todo es preferible a ese despertar permanente, a esa ausencia criminal del olvido. Fue durante esas noches infernales, cuando comprendí la inanidad de la filosofía¨.[20]

El insomnio nos hunde en nuestras propias obsesiones; el sueño nos hace olvidar el drama de nuestra vigilia; cada despertar es una nueva esperanza. Gracias a esa discontinuidad la vida se conserva; el insomnio es el verdadero sentimiento de la agonía; es una tristeza incurable. Por eso hay un vínculo indisoluble entre el insomnio y la desesperanza: ¨pienso incluso que la pérdida total de la esperanza es inconcebible sin la colaboración del insomnio... los insomnes, esos malditos castigados por crimen de lucidez. Velar es ser consciente más allá de lo soportable, es no poder olvidar, es experimentar la continuidad de lo intolerable. Mientras los que duermen comienzan cada mañana un nuevo día, para el insomne apenas es posible el olvido, puesto que noche y día arrostra sin interrupción el mismo infierno¨.[21]

Cioran nos relata su propia experiencia, afirmando que la dicha de no poder dormir lo llevó a reflexiones que de otra forma no lo hubiera logrado: ¨Tenía yo diecisiete años y creía en la filosofía. Lo que no se refería a ella me parecía pecado o basura... Sólo la abstracción me parecía palpitar... Me repetía: sólo el burdel es compatible con la metafísica... Hasta que viniste tú, Insomnio... hubiera constituido un clan, a quien excusarlo todo, darlo todo, sacrificarlo todo: el clan de insomnes... Y fue entonces que apelé a la filosofía: pero no hay idea que consuele en la obscuridad, no hay sistema que resista las vigilias. Los análisis del insomnio deshacen las certezas. Cansado de tal destrucción, llegaba a decirme: no más dudas: dormir o morir... reconquistar el sueño o desaparecer... Pero tal conquista no es fácil: cuando uno se acerca a ella, se da cuenta de hasta qué punto está marcado por las noches. Si amáis, vuestro ímpetu estará corrompido para siempre... hay ojos que jamás podrán ya aprender nada del sol, y almas enfermas de noches de las que nunca curarán...".[22]

¨L. GILLET: …Algo que desempeña un papel muy importante en lo que usted ha escrito, desde su juventud, es el insomnio… CIORAN: …no está del todo tan mal haber padecido insomnio en la juventud, porque te abre los ojos. Es una experiencia extraordinariamente dolorosa, una catástrofe. Pero te hace comprender cosas que los otros no pueden comprender: el insomnio te coloca fuera de a esfera de los vivos, de la humanidad. Estás excluido… ¿Qué es el insomnio? ¡A las ocho de la mañana estás exactamente igual que a las ocho de la noche! No hay progreso alguno. No hay sino una inmensa noche que está ahí… El tiempo apenas corre, minuto tras minuto y cada minuto es una realidad: el tiempo corre pero no avanza… en el tedio el tiempo se te vuelve exterior. Pero en el insomnio el tiempo es tu enemigo, porque es un tiempo en el que no puedes insertarte… el insomnio es la mayor experiencia que se puede tener en la vida. Es la más terrible, todas las demás no son nada en comparación¨:[23]

Nuestra filosofía que nació con el acto más soberbio de la humanidad ejecutado por Sócrates  y enseguida la filosofía se hizo griega y habitó entre nosotros: ¨En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerable sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento: Fue el minuto más altanero y falaz de la ^Historia Universal¨,… El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio, merced a la cual sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes les han sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad¨.(NIETZSCHE, F. Verdad y mentira en sentido extramoral)

Frente a esta concepción se erige el pensamiento de Cioran nacido de tres fuentes – que he planteado aquí- que niegan los orígenes de la filosofía como meramente fruto de la razón, el espíritu, el alma; y nos dan unas fuentes meramente terrenales: la región donde se nace, la experiencia de la niñez y el cuerpo: el clima, el sufrimiento, el tedio, la nostalgia, la melancolía, el hastío, lo postsexual, el insomnio… surge así una auténtica filosofía de la desesperanza.

 

FIN

 



[1] SAVATER, Fernando. Ensayo sobre Cioran. Carta Prefacio de E. M. Cioran. Madrid, Taurus, 1980, pp. 11.

 

[2] CIORAN, E. M.  Historia y utopía. Barcelona, Tusquets, 1988, pp. 18

[3] ¨Mon pays¨, texto encontrado por la compañera de Cioran, Simona Boué, en la primavera de 1994. Traducción efectuada por VASILICA COTOFLEAC, sobre el texto publicado en rumano y en francés en Cioran, Tara mea / Mon pays, Gallimard, Paris / Humanitas, Bucaresti, 1996, pp. 1-3. Tomado de http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/mipais.pdf

 

[4] CIORAN, E. M. Historia y Utopía. Op. cit., pp. 24 y 26.

 

[5] Ibid., pp. 25-26

 

[6] Ibid., pp. 38-39

 

[7]CIORAN, E .M.  Ensayo sobre el pensamiento reaccionario y otros textos. Barcelona, Montesinos, 1985., pp. 219.

[8]Esta experiencia nos recuerda la vivida por Nietzsche en 1850 cuando abandona Röcken para ir a Naumburg. Que él mismo relata así: ¨Se acercaba el tiempo de separarnos de nuestro querido Röcken. Todavía me acuerdo del último día y la última noche que pasamos allí… ¡Qué doloroso era separarse del pueblo en donde habíamos sentido tanta alegría y tanto dolor… ¡Adiós, adiós querida casa paterna!¨. De mi vida I: Los años de la niñez 1844-1858.

 

[9]CIORAN, E. M. Conversaciones. Conversación con H. PERZ.  Barcelona, Tusquets, 1997, pp. 28-29.

 

[10] SPINOZA, B. Ética. III, 2, escolio, pp. 73. México, Porrúa, 1977.

 

[11] CIORAN, E. M. Conversaciones. Conversación con J. l. ALMIRA. Op. cit., pp. 91-92.

 

[12]________. De lágrimas y de santos. Barcelona, Tusquets, 1988, p. 97.

     [13] ________.  La caída en el tiempo. Caracas, Monte Avila, 1988,  pp. 98.

[14]________. Conversaciones. Conversación con J. l. ALMIRA. Op. cit.  pp. 93 y 94.

 

      [15] ________.   Del inconveniente de haber nacido. Op. cit. pp. 10.

 

[16] ________. Conversaciones. Conversación con J. l. ALMIRA. Op. cit.  pp. 94.

 

[17] ________. Conversaciones. Conversación con S. JAUDEAU. Op. cit.  pp. 176-177.

 

[18]________. Conversaciones. Conversación con F. SAVATER. Op. cit.  pp. 26. 

 

 [19]________. Conversaciones. Conversación con J. l. ALMIRA. Op. cit.  pp. 94.

 

     [20]________.  En las cimas de la desesperación. Op. cit. p. 9.

      [21]________.  Ejercicios de admiración. Op. cit. p. 187.

                                [22]________.  Breviario de podredumbre. Op. cit. p. 182.

[23]________. Conversaciones. Conversación con L. GILLET. Op. cit.  pp. 67-68.