El Cóico
 

 
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Los recuerdos del Coico no deben perderse...
José María Coiduras Martínez era “el Cóico”, así, con acento en la primera o... tal vez fuese José Luis, que a veces nos dejaba en la duda. En su casa era de una forma y en el instituto de otra. Algo pasaba con eso de ser José María o José Luis, y no recuerdo si alguna vez nos lo explicó.

Después de 30 años, José Carlos Varea, uno de aquellos niños que correteaba por las calles de Villa Jovita (Ceuta-España), en la década de los años 60 del siglo pasado, y ahora afincado en Jerez, me dijo que el Coico había fallecido en Tenerife. Un barco y el mar se lo llevaron... y desde entonces no se me va de la cabeza. Más de treinta años sin saber de él y ahora su presencia se hace recurrente y me obliga a recordar detalles de lo que viví con él. De alguna manera necesito que esos recuerdos no se pierdan... aunque sean pequeñas y simples pinceladas.
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25 de Diciembre de 1966. Coico, con chilaba y turbante, disfrazado de pastorcito en el Belén Viviente que el inquieto cura Bejar montaba en el descampado de la parroquia de Villa Jovita. Coico debía tener aquí 14 o 15 años. Estábamos al fondo del descampado, junto a una hoguera... pero el frío se nos quitó a base de anís.
Creo recordar que Cóico y su familia vinieron de Canarias. Puede que fuese cuando estábamos en 4º de bachillerato, es decir, en 1964, y se instalaron en el nº 16 de la calle Padre Feijoo (la calle-carretera costera que iba hasta Benzú, al pasar por Villa Jovita tomaba ese nombre). Que, por cierto, era la misma casa que utilizó la familia de Sol Mosteirín. El padre de Coico se llamaba Babil Coiduras y era policía... igual que lo fueron sus hijos mayores, Celsa y Babil. Babil se parecía mucho al padre y Celsa era guapísima y simpatiquísima; yo creo que fue (es) una de las primeras mujeres-policías de España...

Yo no recuerdo la primera vez que Coico y yo nos vimos... pero él me lo contó al cabo de un tiempo. Dijo que fue un domingo después de asistir a la misa de 12; que le impresioné por lo feo que yo era y por la forma que tenía de liderar al grupo de chicos... Por lo visto, tal y como estábamos, vestidos de domingo, con nuestras mejores galas, nos fuimos a dar un paseo por las huertas que había por el arroyo que desembocaba en la Playa Benítez... aquello estaba lleno de granados cuajados de frutos en su punto, es decir, debía ser octubre. Y uno de los chicos propuso que robáramos unas cuantas granadas, que por allí no había nadie y quien se iba a enterar... pero yo me opuse. Y más me opuse cuando el chico intentó contestar mi liderazgo. Por lo visto les dije que allí nadie robaba una sola granada porque tenían dueño... Y mire usted por donde, el dueño de la huerta estaba escondido escuchando la discusión. Y debo recordar al personal que por entonces (años 60 del siglo XX) nadie tenía en cuenta esas modernidades de los derechos del niño y los cuidados para evitar que se traumaticen... por entonces si el dueño de una huerta pillaba a un chiquillo en su propiedad estaba en su derecho de darle una paliza y todo el mundo se quedaba tan pancho. Pero en este caso, el dueño de la huerta debió quedarse de piedra... salió de su escondite y nos llamó... y en lugar de abroncarnos por entrar sin permiso en la huerta, nos regaló un montón de granadas. ¡Fue su premio al comportamiento que tuvimos! Y con el tiempo he comprendido que esto era lo que el cura Bejar quería de nosotros. Pues, este era el primer recuerdo que Coico tenía de mi... y lo he conservado estos años.
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Coico y servidor, en Madrid, Agosto de 1967. En ese tiempo éramos "arqueros" de la OJE y viajábamos camino de Gerona, a una cosa que se llamaba "Encuentro Nacional de Escuadras".
Coico no fue un buen estudiante de bachillerato. Todas las mañanas mi padre, que tenía un Renault 4-4 (ojo, no confundir con un 4x4), nos llevaba al instituto. A mi me daba tiempo a lavarme y desayunar, y luego salíamos a buscar al Coico... y la mitad de los días teníamos que esperarle porque aún estaba en la cama. Es decir, se levantaba y sin mear siquiera, ni lavarse la cara, ni desayunar salía para el instituto... Aquello me llamaba muchísimo la atención. Para mi que el modelo de la casa de Coico era un desastre, y sólo pasados los años he aprendido a valorar lo que allí se cocía... mientras yo era un completo inútil, que no sabía hacer nada solito, que para eso estaba mi madre, Coico era capaz de hacerse el desayuno, la comida y la cena, y en general, apañarse perfectamente solo. Y eso lo comprobamos más tarde en los campamentos que compartimos en la OJE.
Fue CÓICO el que me metió en la OJE. Cuando hacíamos 6º de bachillerato, en el curso 67/68, CÓICO y BENELBAS me hablaron maravillas de una cosa que hacían por Semana Santa: "La Ruta del Sol". Los puñeteros se iban caminando desde Algeciras hasta Torremolinos, es decir, por toda la Costa del Sol, por donde pululaban extranjeras tremendamente "liberales"... liberales en lo sexual, por supuesto. Y, claro, aquí venían las fanfarronadas... que si las suecas eras así o asao, que habían estado con una danesa que tal y cual. Incluso me enseñaron una foto en la que una caterva de insolentes rodeaban a una rubia nórdica... pero con muchas manos de por medio. ¡Tate!, desde aquello yo quería ser de la OJE. Me compré el uniforme, pasé una pequeña charla con CRISTOBAL AGUILAR, pagué lo que hubiera que pagar y listo. Ya era un joven de la OJE.

El primer contacto fue un campamento en Cortes de la Frontera (Cádiz), en Julio de 1968. Lo mandaba CRISTOBAL AGUILAR, que fue el primer hombre que me habló de un libro llamado “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley, y nunca le he dado las gracias porque con 16 años ese libro me abrió los ojos, y desde entonces empecé a comprender el oscuro país en el que vivía. (Recuerdo que me habló Huxley y del Mundo Felíz a través de un walki).

CÓICO fue el jefe de la escuadra que formamos. Se llamaba “Roger de Flor”, como aquel almogavar catalán que formó un pequeño señorío en Grecia y ese año ganamos la competición. El premio fue asistir a Gerona a defender el pabellón de Ceuta en una competición. Ese año de 1967 estábamos BENELBAS TAPIERO, ESTANISLAO MENA (que era muy dormilón), SOTO, CÓICO, CESAR REY y servidor de ustedes... Los seis dormíamos en la misma tienda. CÓICO era sonámbulo. Recuerdo perfectamente que algunas noches, ya de madrugada, se incorporaba sobre la colchoneta y se ponía a arengarnos completamente dormido: “Bueno, camaradas, hemos cumplido con nuestro deber y gracias al esfuerzo alcanzamos el triunfo... Podemos estar orgullosos de nuestro trabajo...”

Más adelante CESAR y CÓICO se metieron en el CAS (Club de Actividades Subacuaticas y Marítimo Deportivas de Ceuta) y comenzaron a practicar piragüismo. Coincidieron con DÍAZ FLOR, que con el tiempo fue parte del equipo español de K-4 que obtuvo varias medallas olímpicas... pero en los comienzos, CÓICO se llevaba de calle al bueno de Díaz Flor. Tanto él, como CESAR desarrollaron unos cuerpos atléticos que eran la envidia de los que nos quedamos atrás... Pero ambos lo abandonaron.
Lo de Cóico debe venir de una cosa que le decíamos y que sonaba algo así (César me lo recordó últimamente): COICOEKA COICOICO LARALARA. Pero como era muy largo, hubo que simplificar hasta COICO.
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Era un extraordinario nadador... me contó Cóico que una vez llevó a una expedición de "flechas" hasta Covaleda, Soria (la verdad es que no recuerdo exactamente donde me dijo)... los flechas eran los más pequeños de la OJE. Esos viajes eran muy pesados; primero el paso del estrecho en barco. Seguía una noche sin pegar ojo en un tren "Correo" que paraba en todas y cada un de las estaciones posibles. Una vez en Madrid, tocaba transbordo a la estación del Norte, arreando al grupo de niños. Había que tomar otro tren hasta Covaleda... Cuando los dejó en su campamento, y volvía para Ceuta, el pobre Cóico estaba reventado de dos noches de tren sin dormir. Paró en Madrid. Se alojó en el albergue de la Casa de Campo, donde solían parar todos los "mandos de juventudes", y se encontró allí con una competición de natación. Cuenta Cóico que los competidores iban preparadísimos, con sus albornoces personalizados con el Club de procedencia, los preparadores masajeaban a sus pupilos y les daban últimos consejos en la oreja. No faltaban las toallas al cuello para evitar un inoportuno enfriamiento... bañadores hidrodinámicos...

...Cóico preguntó si podía nadar con ellos. Se lo permitieron. Le dejaron un bañador. Nadó y ganó. ¡Con dos cohones! ¡Tanta tontería!
En los años 70, Coico comenzó a estudiar telecomunicaciones en Madrid. Vivía en la calle Tetuán... recuerdo que una vez que lo visité allí. Comimos en el comedor universitario... fue la última vez que nos vimos. Mientras tanto, ELENA estaba en Granada, creo que estudiando filosofía, y COICO la visitaba... hasta que se casaron... y estos días he sabido de su desaparición...

...a pesar de hacer 30 años que no veía a CÓICO... que ni hablaba, ni sabía nada de él. A pesar de nuestras vidas divergentes... ahora me siento un poco más sólo.

Un beso para ti, Elena.
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¡No me puedo creer que esta niña sea abuela! Para mi que el tiempo no ha pasado... hacer esta webi es como regresar de una hibernación y las caras, las voces, los cuerpos y los pensamientos de estos viejos amigos/as no han evolucionado (o involucionado llegado el momento)... ¿Elena, abuela? No puede ser.
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