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Tribuna de Oradores

FMI: el error de imponer recetas

por Hugo Gobbi   /   publicado en Clarín

Nacido para proponer criterios económicos y no para exigir autoritariamente su aplicación, el FMI es responsable de muchas de las crisis que estallan.

El Fondo Monetario Internacional fue consecuencia del pensamiento de Keynes y se estructuró con el fin de orientar más que dirigir. Nació en 1944 y tuvo un protagonismo limitado en sus dos primeras décadas de existencia. Perseguía estimular la capacidad de algunos Estados, para lo cual intentaba estabilizar presupuestos y favorecer una facultad del acreedor: obtener el reembolso de los créditos.

Muchas de las preocupaciones iniciales cambiaron. En primer término, la inquietud del Fondo fue más la de promover enfoques económicos que simplemente la de asistir. En segundo término, se otorgó al Fondo la posibilidad de alterar las tasas de interés, como consecuencia de la Segunda Enmienda de su estatuto, en 1978. Esta circunstancia pesó con dureza en los países financieramente más frágiles.

En tercer término, su finalidad de orientar procesos económicos se ha transformado en la función autoritaria de dirigir. El Fondo busca imponer criterios más que sugerir itinerarios financieramente ventajosos.

El economista del Fondo Kenneth Rogoff acaba de profetizar que la situación económica de la Argentina es peor que la de los Estados Unidos en el año 1930. Se une con este agorero pronóstico a lo esbozado por sus jefes. En la segunda parte de su análisis, Rogoff señala acertadamente que la Argentina carece de un Roosevelt para imponer un cambio. Si bien es cierta su apreciación sobre que el liderazgo argentino pudiera no tener similar talento, hay que considerar que es provisorio y por ello carece de la solidez del americano citado. Lo curioso es que Rogoff omite cuidadosa y conscientemente decir que muchas de las directivas de ese eminente presidente Roosevelt serían hoy condenadas por el propio Fondo Monetario.

Además debiera mostrar más prudencia o humildad porque la infalibilidad de los vaticinios del Fondo está hoy plenamente en crisis. Baste mencionar el tremendo error del análisis del Fondo sobre el desarrollo económico del sudeste asiático que lo obligó a presentar excusas públicas.

Pero el aspecto más importante es que el Fondo debiera reconocer que sus directivas no han logrado estabilizar ningún presupuesto de los países emergentes. En los períodos de liquidez han estimulado créditos exagerados que hoy se ven obligados a frenar. Esa ligereza crediticia es la causa de muchos quebrantos presentes.

Lo que parece realmente sorprendente es que uno de sus más prestigiosos dirigentes expresó que una guerra breve con Irak podía ser económicamente beneficiosa para los Estados Unidos. No cabe duda de que el aspecto económico está siempre presente en los procesos militares. Lo que se debe cuestionar es si ese debe ser el ámbito de reflexión de un estratega del Pentágono que maneja costos y beneficios de la aventura militar o el análisis de un dirigente de un organismo internacional. Una simple estimación económica deja al margen otras consecuencias del proceso bélico. Hay que considerar su riesgo y sus efectos inhumanos.

La señora Krueger y el señor Köhler deben comprender que hay coincidencia de intereses. Cobrar la deuda es beneficioso para el acreedor como aspiración del deudor. La situación argentina actual es también responsabilidad del Fondo; no es más dramática que la de otros países, algunos más contestarios, a los cuales han prontamente asistido. La Argentina tiene interés en cumplir con sus obligaciones, pero ello sólo será posible en la medida que los centros de crédito faciliten ese cumplimiento.

Hugo Gobbi. Ex Eembajador en España, Ex Secretario Adjunto de las Naciones Unidas.

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