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Causas de la deforestación - 1ª Parte

por A.C.D.I.   /   publicado en Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional

La deforestación es el producto de la interacción de numerosas fuerzas ecológicas, sociales, económicas, culturales y políticas en una región dada. La combinación de estas fuerzas varía según las décadas y los países, por lo que las generalizaciones son peligrosas. En la mayoría de los casos, la deforestación es un proceso que involucra la competencia entre diferentes usuarios de la tierra por los escasos recursos disponibles, un proceso exacerbado por políticas contraproducentes e instituciones débiles.

En esta sección se examinan cuatro aspectos de las causas de la deforestación: las condiciones facilitadoras, las causas directas, las causas indirectas y el papel de la explotación forestal y del desarrollo de las plantaciones en la pérdida de los bosques naturales. Las condiciones facilitadoras crean un ambiente en el que la deforestación puede ocurrir. Las causas directas son las más visibles, las más fácilmente identificables y las que se asocian más rápidamente con los agentes de la deforestación. Las mismas están motivadas por otras fuerzas socioeconómicas menos visibles, las causas indirectas.

Condiciones facilitadoras
Las condiciones facilitadoras son aquellas condiciones que se combinan para crear un ambiente en el cual la deforestación puede ocurrir. Son creadas por la sociedad, algunas veces de manera intencional y otras como consecuencia de la naturaleza humana, que domina todos los aspectos de la sociedad y no se relaciona solamente con el uso de la tierra. Estas condiciones se cuentan entre los problemas más sistémicos y difíciles que frustran el progreso humano y el desarrollo sostenible.

Sin duda, una de las condiciones facilitadoras fundamentales en el problema de la deforestación tropical y en muchos de los otros problemas mundiales relacionados con el logro del desarrollo sostenible es nuestro crecimiento demográfico. La cantidad de habitantes aumenta a un ritmo de 1.000 millones de nuevos individuos por década. En la última mitad del siglo veinte, la cantidad de habitantes del planeta se habrá más que duplicado, pasando de 2.500 millones a 6.000 millones de personas (WRI, 1994). La mayor parte del aumento demográfico se produce en los países en vías de desarrollo, que son las naciones menos preparadas para absorberlo. Casi todo el aumento proyectado para el año 2050 de 3.400 millones en nuestra población mundial provendrá de los países en vías de desarrollo (Simons, 1998); 3.400 millones más de personas que requerirán alimento, energía, abrigo, agua, madera, papel y todos los demás bienes y servicios que provienen de los bosques.

Alrededor de 4.500 millones de personas, o el 75 por ciento de la población mundial vive en los países en vías de desarrollo y 1.000 millones de ellos viven en la mayor miseria. La mayor parte de estos países están situados en los trópicos, donde la deforestación constituye un serio problema (FAO, 1998). Más aún, se calcula que 2.800 millones viven en las áreas rurales y dependen de la agricultura para satisfacer sus necesidades básicas. No se conoce la cantidad exacta de personas que vive de talar los bosques para plantar cultivos de subsistencia, pero la cifra aceptada es de por lo menos 500 millones de personas, o alrededor de una de cada doce personas en el planeta.

Otra condición favorable para la deforestación es la pobreza, especialmente en las áreas rurales. Aunque la pobreza no es la “causa” de la deforestación, es una condición de vida que la mayoría de los habitantes del mundo debe sufrir. Si bien es cierto que la codicia y el poder pueden ser la motivación de algunos grupos en la sociedad que ocasionan la deforestación, la supervivencia y el deseo de escapar de la pobreza es lo que impulsa a la mayor parte de la gente. La pobreza es el medio socioeconómico que limita las opciones económicas de los pueblos, daña su salud, restringe la formación de capital rural, reduce las oportunidades que generan ingresos y limita el desarrollo institucional y de infraestructura. Es un estado subyacente que facilita la deforestación.

Los habitantes de las áreas rurales de bajos recursos económicos tienen muy pocas opciones. Escasas son las posibilidades de empleo no agrícola, tanto en los centros urbanos como en las áreas rurales. Hay una intensa competencia por los pocos trabajos disponibles en las oportunidades existentes. El analfabetismo limita aún más las opciones de muchos porque carecen de la educación básica necesaria para llevar a cabo otras alternativas económicas a la agricultura de subsistencia. En algunos casos, la gente emigra de las regiones excesivamente pobladas y en depresión económica a la frontera forestal, en busca de una vida más próspera y segura. La inseguridad alimentaria y la malnutrición crónica vienen mano a mano con la pobreza. Con pocas alternativas disponibles, los pobres de las zonas rurales considera los bosques como la solución a corto plazo de sus problemas económicos.

Se han llevado a cabo estudios sobre la relación entre la pobreza rural y la deforestación y entre el crecimiento de la población y la deforestación. En algunas ocasiones la correlación no ha sido concluyente debido a que las dinámicas del uso de la tierra en áreas rurales son muy complejas y la deforestación es raramente consecuencia de una causa única, sino más bien el producto de la interacción de numerosas fuerzas. Por ejemplo, en la isla de Java, en Indonesia, la gran densidad de la población no ha tenido como consecuencia la eliminación de la cubierta forestal. Por otra parte, las elevadas densidades demográficas en la zona montañosa de los Andes condujeron a los proyectos de asentamientos en las tierras bajas del Amazonas, lo que tuvo como consecuencia la deforestación. El efecto de las presiones demográficas como condición facilitadora para la deforestación depende de la influencia que estas ejercen en la capacidad de carga del suelo, de las prácticas de uso de la tierra prevalecientes, de la importancia de los productos y servicios derivados de los bosques para la población local y de los puntos fuertes y débiles del marco institucional establecido. En la mayoría de los casos, la creciente presión demográfica y las condiciones de pobreza rural prevalentes son factores importantes que facilitan la deforestación.

La codicia y la búsqueda de poder económico y político son importantes fuerzas subyacentes. Puede observarse la codicia individual y corporativa en las acciones de muchos de los agentes de la deforestación, que buscan obtener ganancias excesivas al costo del sufrimiento humano y de la degradación del medio ambiente. La falta de reglamentación en cuanto al uso de la tierra y los mercados nacionales monopolísticos favorecen a quienes tienen influencia política en detrimento de la mayoría. Ello puede manifestarse en otros usos de la tierra que están en competencia entre sí y que favorece los cultivos agrícolas de exportación o el aprovechamiento forestal. Los agricultores que practican la roza y quema se cuentan entre los más pobres y los menos privilegiados del mundo. Viven en las áreas más lejanas del país, áreas que reciben escasa o ninguna atención por parte de los que toman las decisiones políticas y económicas. No tienen acceso a la tecnología más moderna, que podría aumentar su productividad y su seguridad económica.

Causas indirectas

5.1 Políticas fiscales y de desarrollo
Las políticas gubernamentales fuera del sector forestal tienen impactos profundos en los recursos forestales, al igual que las políticas internacionales sobre el pago de la deuda, el ajuste estructural y el comercio. Los programas de ajuste estructural han fomentado la expansión de cultivos de exportación para la obtención de divisas extranjeras, que a su vez han incitado la liquidación del capital forestal, ya sea acelerando la tala de árboles maderables o convirtiendo áreas forestales a uso agrícola. La expansión de los cultivos agrícolas comerciales significa que los bosques se talan directamente para dar lugar a dichos cultivos o que se desplaza para ello a los agricultores de subsistencia, forzándolos a relocalizarse en los bosques, donde practican la agricultura de roza y quema. Los incentivos (como tasas de interés bajo o exención de pago de impuestos) otorgados a las industrias, que de otra manera serían menos rentables o incluso antieconómicas, les han permitido prosperar al costo de los bosques cuando no podían hacerlo de otra manera. Entre las políticas gubernamentales adoptadas para facilitar el desarrollo económico en otros sectores y que resultaron en la deforestación se incluyen las siguientes:

  • Créditos subvencionados para la expansión agrícola y ganadera, como ser tasas de interés más bajos que la comercial para préstamos destinados al desarrollo agrícola,
  • tasas reducidas de impuestos sobre la renta e impuestos corporativos para usos de la tierra que están en competencia con el uso forestal,
  • Importación libre de impuestos de equipo destinado a nuevas industrias que tienen un impacto negativo sobre los bosques,
  • Altos impuestos de importación a productos derivados del petróleo, lo que obstaculiza el uso de otras fuentes de combustible que ofrecen una alternativa a la leña,
  • Proyectos de infraestructura y desarrollo energético que no toman en cuenta el valor del capital forestal perdido,
  • Dependencia de los agricultores comerciales en cultivos de exportación,desplazando a los pequeños agricultores a tierras forestales inadecuados para cultivos agrícolas.

Los programas de colonización patrocinados por los gobiernos, tales como el programa de transmigración en Indonesia o los planes de colonización del Amazonas, en Perú, han sido utilizados como proyectos de “desarrollo” por numerosos gobiernos. En algunas ocasiones fueron sancionados oficialmente por los gobiernos y en otras ocurrieron de manera más espontánea. Estos planes fueron atractivos para los gobiernos porque les permitieron evitar problemas políticos sensibles en relación al control demográfico y a la reforma agraria, aliviar la presión en las áreas urbanas superpobladas y con escasez de servicios, diferir inversiones en infraestructura urbana que de otro modo hubieran sido necesarias y evitar inversiones en programas de investigación y extensión agrícola para aumentar la productividad agraria en las tierras labrantías existentes. Muchos países han usado programas de colonización para afirmar su soberanía nacional en áreas fronterizas. Se motivó a los campesinos a establecerse en los bosques de las áreas fronterizas para crear una presencia física en el lugar. En la cuenca del río Putumayo convergen las fronteras de Ecuador, Perú y Colombia. Los tres gobiernos promovieron programas de asentamiento durante las dos últimas décadas con el propósito específico de ejercer su soberanía. Los bosques fueron talados y reemplazados por una agricultura de subsistencia marginalmente productiva.

Los programas de ajuste estructural y de reformas macroeconómicas que han sido implementados en varios países tienen el potencial de ser una seria amenaza a los bosques tropicales. El Banco Mundial y algunos organismos de cooperación bilateral han promovido la privatización de los recursos públicos. La privatización de los recursos forestales estatales favorece las alternativas de menejo que pueden ofrecer una ganancia económica a corto plazo a los nuevos propietarios, ya se trate de gobiernos locales, comunidades o el sector privado. Los bosques de protección o los que son “ricos” en valores no monetarios como la conservación del suelo son muy poco estimados en un contexto semejante, orientado al mercado.

En 1996, el total de la deuda externa de los países en vías de desarrollo era de 2.1 billones de dólares estadounidenses y sigue aumentando (Banco Mundial, 1998). Brasil y México, dos de los principales países deforestadores, tienen la deuda externa más grandes de todos los países en vías de desarrollo. La deuda externa afecta a todos los países y drena los recursos financieros disponibles que podrían utilizarse en las operaciones de rutina de los gobiernos, incluyendo la conservación y el manejo inteligente de los recursos forestales del país. No se dispone de fondos para la contratación de personal, para cubrir los costos operativos, para desarrollar la infraestructura o para sufragar la educación y la capacitación. El porcentaje promedio deuda/PIB de los 10 principales países deforestadores se elevó del 26por ciento en 1975 al 60porciento en 1996 (Banco Mundial, 1998). Los países ricos en recursos forestales pueden sentirse tentados a pagar en parte su deuda liquidando el capital en pie de sus bosques naturales a través de un programa acelerado de explotación.

La debilidad de las instituciones y de las políticas de los gobiernos ha contribuido enormemente a la deforestación. ¿Por qué razón las políticas gubernamentales fracasaron tan a menudo en el pasado?En algunas ocasiones se concibieron políticas sin que hubiera una comprensión cabal de todos los factores involucrados y de todos los impactos posibles. Éste es a menudo el caso cuando se adoptan decisiones que tienen como consecuencia la deforestación, porque los responsables de las decisiones políticas no aprecian el valor real de los bienes y servicios proporcionados por los bosques comparados con otros usos de la tierra. Los problemas pueden reflejar también la debilidad general de las instituciones forestales nacionales y su incapacidad para formular y poner en práctica políticas sanas. En otros casos, se toman decisiones deliberadas para favorecer a un pequeño grupo de personas con poder político o económico en perjuicio de la sociedad.

En general, las políticas gubernamentales reflejan la voluntad política, las estructuras de poder, los procesos democráticos y el nivel de conciencia pública del país. Aun cuando las políticas se adopten con la mejor de las intenciones, pueden tener impactos negativos imprevisibles como consecuencia de la complejidad de los asuntos en juego y de sus múltiples repercusiones. Muchos países, sin embargo, han hecho avances importantes en la tarea de reformar las políticas y leyes que contribuyeron a la deforestación en los años pasados. Brasil, por ejemplo, ha revocado los subsidios destinados a promover la ganadería en el Amazonas y Costa Rica está comenzando a dar cuentas de la destrucción del capital forestal al hacer la contabilidad de la economía nacional.

5.2 Acceso a la tierra y tenencia de la tierra
En la mayoría de los países en vías de desarrollo, la tierra arable disponible no puede soportar la creciente población. En primer lugar, el total de tierra adecuada para la agricultura es limitado. La tierra de verdadera vocación agrícola que puede soportar cultivos a largo plazo ya está siendo cultivada en su mayoría. Se puede aumentar la productividad agrícola con el uso de tecnología mejorada, pero no debe hacerce con la extensión de la agricultura a las áreas forestales porque no hay grandes “reservas” de tierra forestal no utilizada que sean adecuadas para la agricultura. En segundo lugar, a medida que la población rural aumenta y que la tierra pasa de generación en generación a través de la herencia, las parcelas agrícolas individuales se hacen demasiado pequeñas para ser rentables. En tercer lugar, una gran parte de la tierra mas fértil está en poder de grandes terratenientes o corporaciones y no es por lo tanto accesible a la mayoría de la población agrícola que realmente la necesita.

Ante estas circunstancias, la única solución para la mayoría de las familias es ya sea trasladarse a los pueblos y las ciudades para buscar trabajo o desplazarse a la frontera forestal para talar árboles y establecer una nueva finca. Las tierras forestales, tanto fértiles como infértiles, han constituido siempre una válvula de seguridad social para la presión sobre la tierra. Ha sido políticamente menos doloroso para los gobiernos dar vuelta la cara e ignorar la deforestación que enfrentar las difíciles cuestiones de la reforma agraria, la creación de empleo y el control demográfico. Obviamente, el problema de la falta de acceso a la tierra arable es uno de los más imperiosos para los pobres de las zonas rurales, que disponen de muy pocas alternativas.

La tenencia de la tierra ejerce una influencia importante sobre la actitud de las personas hacia el uso de ésta. A nivel mundial, la mayor parte de los agricultores de roza y quema no tienen títulos legales sobre la tierra, en el mejor de los casos tienen derechos tradicionales, y en el peor no tienen nada. Sin una garantía de que la tierra continuará perteneciéndoles, los agricultores no tienen ningún incentivo para invertir en hacerla más productiva. Bajo estas circunstancias, la estrategia agrícola lógica consiste en talar los bosques y plantar cultivos anuales durante una cuantas temporadas, antes de mudarse para descombrar más tierra. Los gobiernos no tienen la voluntad de otorgar títulos de tierras estatales a los pequeños agricultores o sus procedimientos para la emisión de dichos títulos son tan complicados y costosos que los interesados encuentran imposible la obtención de un título legal. La falta de título de propiedad los excluye de la obtención de créditos para insumos agrícolas muy necesitados y desalienta toda inversión a largo plazo que podría conducir a aumentar la productividad, a la prosperidad y al mejoramiento del bienestar. La alternativa a corto plazo es la de talar y quemar el bosque.

En muchos países, los colonos deben descombrar la tierra para ejercitar sus derechos de tenencia. En este caso, la deforestación se considera como una “mejora” del suelo y una expresión de la buena fe que tienen los ocupantes de “mejorar” su propiedad.

En algunos países, el sistema de propiedad de los árboles también puede desalentar la plantación y el cuidado de cultivos forestales como una alternativa económica de la agricultura. La República Dominicana y Guinea tienen leyes que incluyen como patrimonio estatal todos los árboles y bosques en tierras privadas o estatales. Cuando la tierra pertenece al estado, la población rural no tiene ningún incentivo para invertir su trabajo en el manejo forestal ya que el gobierno, y no ellos, disfrutarán de los beneficios que se derivan. En realidad, esta situación ha fomentado la deforestación ya que algunos agricultores cortan ilegalmente los árboles de su propiedad para evitar interferencia por parte del gobierno en el uso de su tierra.

5.3 Presiones del mercado
La demanda de productos forestales y de otros bienes, principalmente alimentos, que se producen en las tierras deforestadas se mencionan a menudo como causas de deforestación. Es claro que sin demanda no habría razones económicas para cortar árboles. A medida que la población humana continúa aumentando, lo mismo ocurre con la demanda de bienes derivados de los bosques. Del mismo modo, a medida que somos más ricos, nuestro consumo per cápita aumenta. Ello es evidente en la discrepancia que existe entre el consumo per cápita que hacen los americanos del Norte de prácticamente todas las mercaderías en comparación con el de los pueblos menos prósperos de los países en vías de desarrollo. El consumo de papel per cápita, por ejemplo, aumenta a medida que el nivel de ingresos de las personas aumenta. El consumo de productos de papel y cartón en América del Norte promediaba las 339 toneladas métricas por cada 1.000 habitantes en 1995, comparadas con las 3 toneladas métricas por cada 1.000 habitantes en África y 31 toneladas métricas por cada 1.000 habitantes en América Latina.

No puede negarse la importancia de nuestros patrones de consumo en la explotación de las áreas forestales. Lo que es discutible es la importancia del mercado de exportación en la deforestación. Como se menciona en la sección 2.2 de este documento, los países en vías de desarrollo producen alrededor del 25 por ciento de los productos industriales de madera del mundo: madera aserrada, tableros, pulpa de papel, papel, y prácticamente el 90 por ciento de la madera para leña. En el caso de los productos forestales industriales, es difícil generalizar la importancia de la demanda del mercado internacional. Se presenta un gráfico donde se ilustran las exportaciones de madera aserrada y de madera contrachapada como un porcentaje de la producción total de los 10 principales países deforestadores (FAO, 1998). La madera aserrada y contrachapada son buenos indicadores de la perturbación de los bosques naturales, así como de su susceptibilidad a la deforestación posterior, y las exportaciones indican claramente la importancia relativa de los mercados internacionales. En el caso de Indonesia, Malasia y Myanmar, las exportaciones constituyen más del 50 por ciento del total de la producción y son obviamente una causa importante de la explotación de los árboles maderables en dichos países y de la contribución de los mismos al proceso de deforestación.

La pulpa y el papel son productos importantes en el mercado mundial y representaron más de 80,000 millones de dólares estadounidenses en exportaciones globales en 1996 (FAO, 1998). La industria ha tenido un crecimiento dramático en muchos países en los que la deforestación es un problema, especialmente en Asia. Desde 1980, la producción de papel y de cartón ha aumentado seis veces en Tailandia, once veces en Malasia y la impresionante cifra de diecisiete veces en Indonesia. La mayor parte de la producción proviene de plantaciones de especies de crecimiento rápido establecidas en tierras no forestales, en bosques en barbecho o en bosques talados que no estaban sometidos a una explotación sostenible. En algunos casos se talaron bosques naturales para establecer las plantaciones. De manera muy limitada, se cortaron bosques naturales para abastecer de maderas duras tropicales mixtas como materia prima para la producción de pulpa y papel.

La mayor parte de la producción de pulpa y papel de los países en vías de desarrollo se utilizó para satisfacer la demanda de las poblaciones locales crecientes, que en muchos casos tienen más ingresos económicos. En lo que respecta a productos de papel y cartón, sólo Indonesia y Brasil han tenido exportaciones importantes (FAO, 1998b). En 1996, las exportaciones de Indonesia de 1,2 millones de toneladas métricas de productos de papel y cartón representaban el 28 por ciento de la producción total de 4,4 millones de toneladas métricas. En el mismo año, las exportaciones de Brasil de 1,2 millones de toneladas métricas representaban el 21 por ciento de su producción total de 5,9 millones de toneladas métricas. En contraste con ello, los demás productores de papel y cartón satisfacían principalmente su producción local, exportando menos del 10 por ciento de su producción total. La situación en el mercado de pulpa de madera es muy similar, consumiéndose en el país de origen la mayor parte del aumento de la producción. En resumen, la demanda de productos forestales continúa aumentando a medida que la población y la riqueza se incrementan. La demanda nacional de productos forestales dentro de los países en los que ocurre la deforestación es una causa de deforestación mucho más importante que la demanda de estos mismos productos en los mercados internacionales. Esta generalización varía según las regiones y según los países dentro de cada región. Debe tenerse en cuenta que esta conclusión es contraria a la opinión sostenida por muchas organizaciones no gubernamentales del Norte, que afirman que lo que está provocando la deforestación son las insaciables demandas de árboles maderables tropicales de los países industrializados.

Es también difícil generalizar la importancia de los cultivos de exportación como motor de la deforestación en el sector agrícola. El arroz es el alimento básico en Asia, pero no es una materia prima de exportación en la mayoría de los países asiáticos que están perdiendo sus bosques tropicales. Indonesia y Malasia, por ejemplo, son importadores netos de arroz y de los importantes países deforestadores sólo Tailandia es un exportador significativo de alrededor del 40 por ciento de su producción de 1996 (FAO, 1998). En América Central, el cultivo más importante de los agricultores que practican la roza y quema es el maíz. Todos los países de la región son importadores netos de maíz, lo que indica que la tierra forestal convertida a la producción de maíz sirve al consumo interno solamente, no a la exportación. En 1966, la producción de 2,87 millones de toneladas métricas debió completarse importando 1,07 millones de toneladas métricas de maíz y productos de maíz para alimentar a su población. En Indonesia, las exportaciones de aceite de palma se han mantenido más o menos constantes a 6 a 8 por ciento de la producción total durante la última década, aun cuando el área de las plantaciones de palma ha aumentado de manera constante durante el mismo período. La conclusión que debe extraerse de ello es que la mayor parte de la demanda de aceite de palma viene del interior Indonesia y está motivada por su gran población, todavía en aumento.

La situación en el sector ganadero es muy semejante. Durante las dos últimas décadas, la producción de carne de res en Brasil aumentó bruscamente de 2,85 millones de toneladas métricas en 1980 a 4,96 millones de toneladas métricas en 1996 (FAO, 1998). Este aumento en la producción corresponde al dramático aumento de la deforestación producidos porque los ganaderos, agricultores y especuladores de tierra ocuparon áreas forestales de la cuenca del Amazonas. Las exportaciones de carne de res, en lo que respecta al volumen total exportado y como un porcentaje de la producción total, subieron a mediados de la década del ochenta a aproximadamente 500.000 toneladas métricas o alrededor del 15 por ciento de la producción total. En tanto que la producción seguía aumentando en 1996, las exportaciones disminuyeron a menos de 270.000 toneladas métricas, o sea alrededor del 5 por ciento de la producción total. Queda claro que el aumento en la producción de carne de res y su impacto devastador en el bosque tropical brasilero se debe al consumo interno y no a la demanda de Europa, América del Norte o Japón. Las exportaciones de carne de res de América Central representaron el 20 por ciento de la producción total en 1995. A pesar de la importancia que el mercado estadounidense tuvo a comienzos como fuerza que impulsó el desarrollo de la industria ganadera, la mayor parte de la producción sirvió para satisfacer la demanda local, no para la exportación. Las exportaciones como porcentaje de la producción total aumentaron a principios de la década del setenta, alcanzando aproximadamente el 45 por ciento, pero disminuyeron luego para situarse entre el 20 y el 30 por ciento de la producción total en las dos décadas siguientes (FAO, 1998; Leonard, 1987). Es una creencia errónea el que los bosques de América Central fueron sacrificados para satisfacer el apetito de los Norteamericanos por hamburguesas de bajo precio servidas en las cadenas de restaurantes con comida de consumo rápido, pero en realidad, ésta es sólo una explicación parcial.

Al igual que el aumento de los productos forestales, el de la producción agrícola y su impacto subsiguiente sobre la deforestación ha sido más una consecuencia del crecimiento de los mercados internos que del intento por satisfacer la demanda internacional. Si bien las presiones del mercado internacional son factores importantes en la comprensión de las causas de la deforestación, su importancia nunca debe sobreestimarse. Las causas de la deforestación, al igual que las soluciones para controlarla, deben encontrarse dentro de las fronteras de cada uno de los países afectados. El comercio internacional tiene cierto poder para detener o revertir la deforestación en algunos países, pero está lejos de constituir la panacea.

5.4 Subvaloración de los bosques
En términos económicos, los usuarios del recurso tienen una comprensión incompleta del valor de los bienes y servicios proporcionados por los bosques tropicales o del costo real del manejo forestal sostenido. Como consecuencia de ello, los bosques están subvalorados y por lo tanto tienen un papel menos importante en las decisiones que afectan la asignación del recurso, las prioridades de desarrollo y la utilización de la tierra. Son por lo tanto más susceptibles de sufrir la conversión a otros usos que se consideran como más beneficiosos. Los bosques tropicales están subvalorados por las siguientes razones:

  • Producen muchos productos diferentes que se consumen en numerosos mercados no relacionados, a menudo fuera de la economía de efectivo, creando por lo tanto la idea de que son menos importantes;
  • Producen muchos bienes no comercializables (por ejemplo, productos alimenticios, animales de caza, resinas, fibras) y servicios ambientales (por ejemplo, control climático, regulación del agua, conservación del suelo) que no entran en la contabilidad económica nacional;
  • Muchos disfrutan, pero no pagan, por los beneficios que obtienen de los trabajos de conservación realizados en las cuencas;
  • El ciclo de la explotación (rotación) de los bosques en los trópicos es muy largo comparado con los cultivos agrícolas y está incluso fuera del campo del comercio convencional;
  • El establecimiento de los bosques naturales no implica un costo directo para quien lo explota, por lo tanto, se los considera como materias primas “gratuitas”;
  • Como consecuencia de la falta de investigación sistemática todavía se desconoce en gran medida el valor potencial de los bosques,
  • El conocimiento del mercado es impreciso, excepto en lo que respecta a los productos maderables tradicionales,
  • Los bosques son importantes para los habitantes con pocos recursos de las áreas rurales, un grupo social que tiene escasa influencia política y por lo tanto poca influencia económica.

Si los bosques son percibidos de tener poco valor económico, estos serán talados y reemplazados por otros usos más rentables de la tierra. Es importante que la percepción que se tenga de ellos esté basada, en lo posible, en una completa comprensión del verdadero valor de todos los bienes y servicios que proporcionan.

En los últimos años se ha dicho y escrito mucho sobre las posibilidades tanto del ecoturismo como de la investigación farmacéutica como salvadores de los bosques tropicales. Si bien éstas pueden ser alternativas importantes a la agricultura de roza y quema en un nivel muy local, su posibilidad de producir un impacto positivo en el uso de la tierra a nivel global es muy limitada. La magnitud del desafío y la necesidad de llevar a cabo una distribución significativa de los beneficios con los cientos de millones de personas involucradas eclipsan sus limitadas posibilidades de generar beneficios rurales. Por otra parte, el potencial económico del secuestro de carbono y de la capacidad de almacenamiento de los bosques podría ser enorme en virtud de los acuerdos de implementación conjunta que están surgiendo de la convención sobre el cambio climático.

5.5 Instituciones gubernamentales débiles
Se han identificado muchos fracasos institucionales como factores que han contribuido a la deforestación. En la mayoría de los países, el departamento de recursos forestales ha sido considerado de menor importancia dentro del gobierno en relación a otros usos de la tierra en competencia con los bosques, reflejando la base económica de dichos países. En general, los departamentos forestales se ven incapacitados por un personal mal pagado, presupuestos inadecuados, carencia de personal y falta de capacitación del personal. Como consecuencia de ello, no han sido capaces de presentar con éxito argumentos en favor de los bosques ante los responsables de la toma de decisiones y el público en general. Aun cuando existan políticas y legislación adecuadas, la debilidad de los departamentos forestales para aplicar la ley, resistir las presiones políticas y mantener una presencia en el campo ha generado el desprecio y la indiferencia hacia la ley.

La corrupción gubernamental tuvo un impacto desastroso en la conservación de los bosques. La misma ha sido evidente en todos los niveles del gobierno e incluye acciones tales como ejercer influencias sobre el otorgamiento de concesiones y permisos de tala de árboles maderables, aprobar el descombro de los bosques para la ganadería o la agricultura, subestimar el valor de las exportaciones de madera, permitiendo la tala ilegal e incluso la tala de especies de árboles en peligro de extinción. Los funcionarios gubernamentales han permitido la destrucción de los bosques a cambio de sobornos o apoyo político. El resultado final ha sido la falta de respeto por los departamentos forestales como administradores de la ley, lo que tuvo un impacto directo sobre la actitud de la población hacia los esfuerzos de dichos departamentos para detener la deforestación.

Aunque se reconoce universalmente que constituye un problema, la falta de coordinación de las políticas de varias entidades gubernamentales sigue frustrando los esfuerzos que se realizan para el desarrollo sostenible. Análisis sectoriales y procesos de planificación estrechos condujeron a estos organismos a adoptar objetivos conflictivos, llevándolos a cabo sin la debida consulta y consideración de sus impactos sobre los sectores vecinos. El liderazgo del gobierno en los planes de uso de la tierra ha sido muy débil en el mundo en general, debido en parte a los procesos de planificación de naturaleza no participatoria. Si los grupos con intereses creados no perciben beneficios directos en los planes de uso de la tierra, el plan pierde su funcionalidad. Debido a ello, los organismos internacionales de cooperación están eligiendo cada vez más trabajar con organismos no gubernamentales con fuertes vínculos con la población local.

Muchos organismos gubernamentales, y no sólo los departamentos forestales, prepararon planes ambiciosos que superaron su capacidad de aplicarlos. Los fracasos resultantes contribuyeron a la creciente desconfianza y falta de respeto hacia el gobierno y a la desilusión actual con respecto a este último y a su papel en la sociedad.

En el ámbito internacional, el sector forestal ha sufrido la falta de un liderazgo fuerte. Este hecho se ha manifestado innumerables veces en los foros internacionales en los que los problemas forestales y las preocupaciones relacionadas con los bosques recibieron menor prioridad que otros sectores por parte de los responsables de la toma de decisiones en el momento de asignar los recursos disponibles.

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