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Visiones Alternativas

No se puede ser demócrata y no ser antifranquista

por Núria Navarro   /   publicado en El Periódico

Vicenç Navarro partió hacia el exilio un lluvioso día de septiembre de 1962. Ganó prestigio académico en Inglaterra y EEUU. Asesoró a Allende, a Castro, a Hillary Clinton. Y al regresar en 1997 vio que la transición no fue lo modélica que decían. Lo argumenta en Bienestar insuficiente, democracia incompleta, ganador del Premio Anagrama de Ensayo.

¿Por qué tuvo que irse?
Fui uno de los fundadores del Servicio Universitario del Trabajo, a través del cual los estudiantes prestábamos servicios en zonas obreras durante las vacaciones. En mi caso, ejercí de médico en el Somorrostro, donde atendía yo solo a 20.000 inmigrantes del sur de España.

¿Qué tenía eso de malo?
Nada. Pero los que tomamos contacto con aquellas realidades nos radicalizamos. Fue una cantera de la resistencia. Recuerdo que Martín Villa, entonces jefe del SEU, me dijo: "En este país nunca tendrás trabajo".

Pues lo tiene.
Sí. Pero al regresar del largo exilio vi aspectos que me irritaron mucho. Me indigna esa imagen de que España va bien y Catalunya mejor. Fui discípulo del Nobel de Economía Gunnar Myrdal y él decía que, por mucha ideología que exista, los datos son testarudos. Cuando analizo los datos, veo que la gente no goza del bienestar social que merece en función del desarrollo económico.

Explíquese.
Las pensiones son bajas, el gasto en educación, pobre; la precariedad laboral es elevada, la falta de ayuda familiar es alarmante. Y los medios de comunicación sostienen que, como estamos globalizados, el gasto público es una carga que nos hace menos competitivos. ¡Eso no es verdad!

A ver esos datos.
El grado de integración de un país en la economía global se mide a través de las exportaciones y las importaciones. Y en los países cuyas exportaciones e importaciones son altas vemos que a mayor globalización, mayor estado de bienestar.

Entonces, ¿qué pasa aquí?
La transición se hizo en términos favorables a la derecha. Quizá no había alternativa. Pero al menos no la definamos como modélica. Modélica habría sido si, al acabar el proceso, hubiera una derecha y una izquierda en igualdad de condiciones. Y eso no ocurrió. Por eso tenemos una democracia incompleta.

La izquierda gobernó.
La izquierda de este país está muy dividida. Sólo si es realmente fuerte, el bienestar experimenta desarrollo.

Más indicadores de esta incompleta democracia.
Nuestro jefe de Estado tiene un blindaje mediático. ¿Cómo es posible que el Rey reciba un yate de manos de unos empresarios y no se abra un debate? ¡Es preocupante! Lo democrático sería oír voces a favor y otras que calificaran el acto de corrupción. Pero en esta transición, la derecha estableció en el código criminal que el insulto al jefe de Estado puede ser penalizado... ¿Sigo?

No sé yo...
Es intolerable el olvido de una de las dictaduras más represivas de toda Europa (por cada asesinato político de Mussolini, Franco eliminó a 10.000). ¡Nadie puede creer que la democracia es el fruto del esfuerzo de Suárez y de otros miembros de la nomenclatura franquista! Al volver, quedé pasmado al ver que no sólo se ha olvidado a quienes lucharon por la democracia, sino que aún hay monumentos a Franco. ¿Sabe cuál fue el día más triste tras mi regreso?

¿Cuál fue?
Fue el día en que un obrero de la UGT exiliado en América Latina y afectado de un cáncer pidió morir en su pueblo. ¡Iberia le negó el billete! En un país democrático, el jefe de Estado le habría enviado su avión particular. Algún día escribiré unas cuantas biografías de fascistas que ahora aparecen como demócratas...

¿Los hay en el Gobierno actual?
Los hay. Aquí, hasta 1990, un 50% de votantes del PP decían que la dictadura era mejor que la democracia. O sea, si denuncian el franquismo pierden votos. Pero no se puede ser demócrata y no ser antifranquista.

Proponga medidas para sanear la democracia.
Primero: una condena del franquismo por parte de todos los partidos, la Iglesia y el Ejército. Segundo: un cambio de las reglas electorales, de modo que derecha e izquierda tengan idénticas posibilidades. Tercero: eliminar toda duda legal para que todos, desde el jefe de Estado al último funcionario, sean susceptibles de crítica. Cuarto: un reequilibrio de voces en los medios de información.

Pare. ¿Y si funda un partido?
¡No! Yo sólo soy un científico con sensibilidad social.

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