José Germán Espejo Moreno


Huamachuco

José Faustino Sánchez Carrión
 Su Legado de Valores
 Por Ernesto Zierer: Entre Valores y antivalores.  

Extraído del Boletín a proposito de la celebración del 180 aniversario de fundación de la Universidad Nacional de Trujillo, La cultura de un pueblo presenta dos modalidades. Así podemos distinguir la cultura constituida por un conjunto de bienes y valores, ligados al espacio y tiempo históricos, y que son propios de un pueblo, por ejemplo, las diferentes manifestaciones artísticas de las culturas precolombinas. Esta cultura, conjuntamente con las culturas de otros pueblos, conforma el gran mosaico de la cultura universal, en el que la cultura de cada pueblo es discernible como una unidad, y objeto de estudio y admiración de manera independiente. La segunda modalidad de la cultura de un pueblo la representa el conjunto de valores (ideas, bienes culturales no materiales) que trascienden el espacio y tiempo históricos de su origen, acrecentando y robusteciendo el acervo universal de valores, que conceptuamos como la base sobre la cual se desenvuelve la humanidad. Estos valores universales ya no son propios, es decir, exclusivos de la cultura de un pueblo sino que son vividos como suyos por todos los pueblos en su desarrollo y en su convivencia. Los aportes a esta segunda modalidad de cultura universal tienen un origne muy variado. Provienen de personajes que con su “pedagogía del buen ejemplo”, sus ideas, su producción literaria, artística o científica, sus sacrificios, etc. Destacan en la sociedad. Muchos personajes de la historia universal fueron vehículos de estas dos modalidades de la cultura de su país. José Faustino Sánchez Carrión (1787-1825) fue uno de ellos. Por un lado, como prócer de la independencia del Perú, ocupa un sitial singular en la Historia del Perú y de América Latina. Ha sido valorado en esta dimensión gracias a la magnífica obra de sus biógrafos. Allí destaca, entre otras, la biografía “José Faustino Sánchez Carrión Ministro del Libertador”, con que su autor, Héctor Centurión Vallejo, historiador de la Universidad Nacional de Trujillo, ganó en 1975 el “Premio Archivo General de la Nación” de Venezuela (Centurión 1975). Es oportuno citar también la apreciación que el célebre historiador peruano Jorge Basadre hace del prócer: “Fue el hombre más eminente de la emancipación peruana”. (Basadre 2000:48).

Por otro lado, Sánchez Carrión trascendión los límites de su país y del momento histórico en que le tocó actuar, fortaleciendo la humanidad mediante la defensa y práctica de valores, en sus diferentes roles como pedagogo, jurista estadista, escritor, político y como amigo.

La madurez ética que Sánchez Carrión había alcanzado a la edad de apenas 30 años, se manifiesta en esta célebre frase que apareció en su carta del 23 de diciembre de 1817, dirigida a su amigo José Joaquín Urdapileta (Centurión 1975:32):

"¡Cuánto puede la verdadera sabiduría, la humildad y el desinterés!".

Con respecto a esta mácima, haremos el siguiente comentario: la "verdadera" sabiduria no se encasilla en la lógica aristotélica. Acepta el sentido común, la contemplación y la intuición en los procesos cognoscitivos y en la adopción de actitudes. Implica madurez; es decir, una ética orientada hacia el futuro, que se manifiesta en la práctica de los valores de la responsabilidad y mesura. En este sentido, la verdadera sabiduría se diferencia de la inteligencia cuando ésta última se concibe como un mero instrumento, éticamente neutro.

El énfasis que Sánchez Carrión pone en el valor de la verdadera sabiduría, es de mucha actualidad en la educación contemoráne, en la que se da hoy una importancia excesiva al supuesto desarrollo de la inteligencia mendiante la llamada "estimulación temprana", mientras que se descuida la formación de valores en el dominio afectivo del educando.

Otro aspecto interesante es que la insistencia de Sánchez Carrión en la verdadera sabiduría, coincide con el cuestionamiento de la lógica aristotélica que ya desde hace algunas décadas se está llevando a cabo por una variedad de nuevos sistemas de lógica no clásica como, por ejemplo, la lógica difusa (Zadeh 1965; Kosko 1993), la lógica intuicionista, la lógica cuántica, etc. (Cryan, Shatil & Mayblin, 2001, 89-106). La sabiduría, tan típica del discurrir oriental, se distingue precisamente por el rechazo de las limitaciones que imponen las reglas de la lógica clásica.

Aqui nos interesa discernir y reconocer, con mayor claridad, el aporte de Sánchez Carrión al fortalecimiento del acervo universal de valores, y la vigencia de su pensamiento en nuestro siglo. Para este fin, ofreceremos algunos ejemplos que ilustran la importancia de los valores para Sánchez Carrión.

La humildad, el segundo valor en que Sánchez Carrión insiste en su máxima, se ha desplazado por la "cultura de la imagen", hoy predominante en todo los niveles y sectores de la sociedad, hasta el extremo de que en muchas instituciones funcionan "departamentos de imagen", trabajan "asesores de imagen", y se publican revistas en cuyo título aparece la palabra "imagen", cuyo fin es promover una buena imagen institucional.

Un hermoso ejemplo de la práctica de la humildad se desprende de las palabras de Sánchez Carrión, Ministro del Libertador, que figuran en la última parte de su memoria, leída al Congreso Constituyente del Perú en la sesión pública del día 12 de febrero de 1825, en su calidad de Ministro de Estado en el Departamento de Gobierno y Relaciones Exteriores, y que recogemos a continuación:

"... Yo no tengo otro mérito que el de haber servido de buena fe y de órgano al genio que ha mandado la República. Pero sí, no me olvidaré jamás de que él hubiese depositado en mí su confianza, cuando por todas partes se veían horribles intrigas, defecciones inefandas. Este es el honor que, como a Ministro, pudiera corresponderme, ya que no he cumplido como debiera, por falta de talentos, de luces, de experiencias." (Benvenuttto 1930, 200-217; Alva & Ayllon 2001, 237).

Por el contrario, la falta de humildad, Sánchez Carrión la fustiga en su artículo "Apuntamientos sobre la libertad civil":

"... Alterado el orden, todos se creen con talentos y fuerzas para reformar abusos; cada uno se considera enviado para este importante negocio y sin examinar sus propios defectos." (La Abeja Republicana, 27-10-1822; Alva & Ayllón 2001, 64)

El tercer valor en que Sánchez Carrión insiste en su mácima en su carta a su amigo José Joaquín Urdapileta, es el desinterés. Este es otro de los valores en extinción en nuestra sociedad en crisis, donde    se ha generalizado el afán de lucro, de trepar hasta lo más alto y a como dé lugar. La vida de Sánchez Carrión, en cambio, nos ofrece muchos ejemplos de la práctica de la virtud del desinterés. Basta citar el siguiente párrafo extraído de la obra de su ya citado biógrafo Centurión Vallejo:

"Sánchez Carrión interrumpió sus estudios de jurisprudencia para dedicarse, a pesar de sus escasos recursos económicos, a enseñar gratuitamente Filosofía, Matemáticas y Derecho Canónico, en el Convictorio, en desusada expresión de amor a la juventud, altruismo intelectual y sano patriotismo." (Centurión 1975, 33).

Otro testimonio del desinterés de Sánchez Carrión nos da Hipólito Unanue en su carta del 19-06-1825 dirigida a Bolívar:

"Carrión ha muerto en mucha pobreza, y por el honor del gobierno, pienso se costeen por los fondos de éste sus exequias." (Centurión 1975, 211.)

Sánchez Carrión tenía el sentido de la responsabilidad altamente desarrollado, y siempre trataba de transmitirlo a los demás, particularmente desde los cargos públicos que ostentaba, pues sabía que la falta de la vigencia del sentido de la responsabilidad era la causa principal de la corrupción en la administración pública. Un ejemplo ilustrativo de esta inquietud de Sánchez Carrión lo tenemos en su discurso en el Acto de Instalación de la Corte de Justicia de Trujillo.

"Vosotros sabéis... que vuestra conducta es el modelo permanente de los funcionarios que les suceden. Sabéis también que los ministros de la ley son venerados por su integridad y por su sabiduría, cuyas dotes demanda imperiosamente la moral de los pueblos, en la que está librada su verdadera salud. Vosotros los sabéis, entonces, yo sólo debo haceros presente que, siendo escogidos por un genio que no reconoce otras bases de la felicidad pública que la verdad, la libertad y la justicia, os cumple, como a nadie, no comprometer jamás el acierto de su elección" (La Gaceta del Gobierno, 8-5-1824; Alva & Ayllón 2001, 179).

Otro ejemplo de la insistencia de Sánchez Carrión en la importancia del sentido de la responsabilidad en la administración lo encontramos en su artículo "La inquisición política o el método de castigar por medio de informes secretos es detestable y sólo puede ser conocido en un país despótico":

La veracidad y autenticidad son valores imprescindibles no solamente para sostener el orden social sino también para el desarrollo de la sociedad por cauces éticos. Sánchez Carrión esra consciente de ello. De ahí que insistiera en la importancia de este binomio de valores, comenzando por una advertencia hecha precisamente a si mismo, contenida en una carta dirigida al editor de "El Correo Mercantil, Político y Literario", sobre el "Gobierno Monárquico en el Perú":

"Mas, sí tendré mucho cuidado en omitir todo lo que huela a erudición insípida e impertienete, respecto de que no se trata de ostentar lo que se ha leído ni cubrir con apóstrofes y exclamaciones lo que se ha dejado de leer... Así, pues, desde este instante: fuera pasiones viles de adulación o de interés; lejos de mi afecciones particulares, esperanzas y temores; y cuanto pueda empañar el esplendor de la verdad." (La Abeja Republicana, 15-8-1822; Alva & Ayllón 24 y 25)

El debilitamiento de la autenticidad y veracidad es hoy una de las múltiples consecuencias negativas de la creciente informalidad en todos los sectores de la vida.

La humildad y la gratitud son dos valores que se complementan, que se condicionan recíprocamente. La verdadera humildad implica gratitud, y la verdadera gratitud implica humildad. Vemos esta concepción ejemplificada en la conducta de Sánchez Carrión, quien no sólo expresaba su gratitud en muchos momentos de su vida sino que, como pedagogo nato, también sabía desarrollar este valor en su medio ambiente social. Encontramos una bella prueba de ello en el Decreto de la Fundación de la Universidad Nacional de Trujillo, firmado por el Libertador Simón Bolívar y redactado y refrendado por su Ministro Sánchez Carrión en Huamachuco, pueblo natal de éste, el 10 de mayo de 1824 (Centurión 1981, 14).

En efecto, como escribe Centurión (1981) "en el tercer considerando del Decreto se afirma que por el aporte patriótico del antiguo Departamento de Trujillo, "en las circunstancias más apuradas de la República y por la fidelidad a la causa" merecenmucho de la patria las provincias y el Departamento de Trujillo, y por ello, como premio y honra a los pueblos norteños Bolívar los dotaba con la primera Universidad republicana del Perú".

La Universidad de Trujillo nació, pues, como un noble acto de gratitud nacional en un momento histórico del Perú, lo que debe significar para todos los que estudian, enseñan y trabajan en ella un compromiso moral de mantener en alto el prestigio de la institución.

Otro testimonio histórico del sentido de gratitud de Sánchez Carrión se refleja en el siguiente pasaje de su memoria al Congreso Constituyente anteriormente citada, pasaje en el cual reconoce la ayuda brindada por Colombia al Perú durante la guerra de Independencia en momentos muy críticos:

"Once mil colombianos se han trasladado al Perú y una masa semejante ocasiona grandes gastos. Colombia, señor, nos ha auxiliado con una generosidad sin límites; su hacienda ha sido la nuestra; y sus pueblos, nuestros contribuyentes, además de darnos sus soldados." (Benvenutto 1930, 200-217; Alva & Ayllón 2001, 233).

Sánchez Carrión, como decíamos, fue un pedagogo nato. Con su pedagogía del buen ejemplo y su permanente defensa de los valores morales, así como con la incondicional veracidad en este afán, ha alcanzado un alto nivel ético en su relativamente corta vida. Ha llegado a ser uno de los representantes más brillantes de aquella cultura peruana de la cual se extraen los valores que han de incrementar y fortalecer el acervo universal de valores de la humanidad, al que nos referíamos al inicio del presente estudio.

Aqui es oportuno hacer incapié en el factor afectivo, que se da en toda práctica de valores, y que el historiador Alfredo Valdivieso Garcia resalta en su apreciación de Sánchez Carrión:

"Sánchez Carrión no sólo poseyó una mentalidad poderosa, sino y por sobre todo una subyugante gallardía espiritual." (Valdivieso 1987, 7; Alva & Ayllón 2001, 7).

Sin desconocer el valor de las importantes obras que sobre la vida de Sánchez Carrión y su rol en la Historia han dejado sus ilustres biógrafos, creemos que queda todavía por hacer un estudio exhaustivo de Sánchez Carrión como defensor de los valores morales.

No quisieramos terminar este breve ensayo sobre el legado de valores de Sánchez Carrión para nuestra época, sin transcribir aquellas palabras del Libertador en su carta de condolencia a doña Mercedes Dueñas, viuda del Prócer de fecha 4 de julio de 1925:

"... Mas yo me consuelo al considerar que él fue un virtuoso, como nadie, que se ha sacrificado por su País. El premio, pues, de tanta virtud, no esta en la tierra, sino en el cielo, allá donde tienen su mansión las almas justas." (Centurión 1975, 211).


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