Piccini versus Gluck 
Durante los años setenta del siglo XVIII, cuando las óperas de Gluck, Alceste e Iphrigenie en Aulide comenzaban a hacer estragos en las taquillas de París, surgió allí una división entre los partidarios del "invasor" alemán y los defensores de la ópera italiana tradicional, temerosa de las reformas propuestas por Gluck.
Los defensores de la ópera italiana, que eran muchos y contaban con el apoyo de los enciclopedistas. Según éstos, la única "actitud progresista" en materia de música era la aceptación de la superioridad de la ópera italiana, según Rosseau era un hecho doloroso pero innegable que la lengua francesa era inadecuada para la ópera. Resulta curioso, visto desde nuestros tiempos, que eran los entonces conservadores en política los innovadores en el arte, ¿papeles cambiados?.
El bando italianista envió una delegación a Roma para reclutar a Nicolò Piccini
(1728-1800), un compositor de cualidades limitadas pero de un gran carisma. Piccini escribió unas cien óperas, muchas de ellas dentro del estilo bufo napolitano al que pertenecían
también Cimarosa y Paisiello. Presidiendo el partido italianista se
encontraba el crítico Jean François Marmontel, director del teatro, un infame agitador que llevó el conflicto a una guerra total cuando publicó un ensayo difamatorio ensalzando a Piccini y tratando de incompetente a
Gluck.
Mientras Gluck y Piccini se respetaban mutuamente,
sus partidarios pasaron del conflicto puramente artístico al enfrentamiento físico,
casi al estilo de los actuales "hooligans". Basta leer las crónicas
de la época para afirmar que asistir a una representación de ópera en París
podía a ser algo incluso peligroso. Algo similar ocurrirá cien años después
en Italia con los seguidores de Wagner y de Verdi, especialmente en Bolonia.
Marmontel, buscando mayor crispación si cabe, encargó
a ambos poner música a Roland de Quinault, Gluck descubrió que Piccini había
sido favorecido, llevaba trabajando durante varias semanas en el proyecto,
así decidió abandonar y poner música a su Armide. El siguiente duelo operístico
fue Iphigénie en Tauride. El trabajo presentado por Gluck fue un gran éxito,
la ópera está considerada por muchos como su obra maestra, como su testamento
musical, sin embargo la versión Piccini, estrenada con mucho retraso no ha
pasado precisamente a la historia, aunque tuvo un moderado éxito. Como anécdota,
los parisinos denominaron jocosamente a la Ifigenia de Piccini como "Ifigenie
en champange" debido al escandaloso estado etílico de la heroína griega
el día del estreno. Del duelo de las Ifigenias, Piccini quedó muy tocado
decidiendo regresar a Nápoles donde murió a consecuencia de otro duelo, esta
vez no artístico.
En 1942, el compositor alemán Richard Strauss ambientó su ópera Capriccio en el París de aquella época en los tiempos de la guerra
Gluck-Piccini.