Maratón de Madrid
Fecha: 29 de abril de 2.001
Participantes del equipo: Fernando, Jaume, Yolanda, Juanfran.
Distancia: 42194 m.
Localidad: Madrid
Madrid, Madrid, Madrid. Ciudad de caminos subterráneos llenos de agua circulando sin parar. Yendo de acá para allá con un rumbo fijo: el mar.
Pues así íbamos en la carretera, en la carrera. Como gotas de agua, junto a alguien, separados de todos, pero todos haciendo un todo movedizo con dirección única.
El día comenzó nublado, pero desde la ventana del hotel teníamos una esperanza de que se quedara así, quieto como en un cuadro. Nubes encima de la ciudad pero sin que lloviera.
No hacía viento, era el día perfecto.
Llegamos a la salida y nos unimos con cientos de corredores con la misma ilusión que nosotros. Ganar tiempo de nuestra vida en correr esa distancia que cada vez se nos hace más usual y que nunca nos acostumbramos es indescriptible, como el beso de dos enamorados.
Siempre con la misma ilusión, experimentando la novedad de tener a alguien delante que nos acepta tal como somos y que nos quiere, tanto en las cuestas como en las bajadas del recorrido de nuestras vidas.
Salimos disparados entre la multitud y experimentamos una fina lluvia desde el inicio de la carrera. Pero creíamos que iban a ser gotas perdidas de una lluvia pasajera.
Nada más real que una lluvia intermitente desde el inicio hasta el final.
Sólo se librarían unos dos kilómetros del "paseo" que nos dimos.
Nunca sabremos si la lluvia fue mejor que el tener el día soleado, pero sí se que la gente animo lo suyo.
Había gente, mucha gente. Gente que se mojó hasta en el carnet de identidad para animar a los suyos, cuyos ánimos los robaba para mi sólo. Pensaba en mi gente, en la gente que quiero y que no pudo ir a animarme.
Si, lo reconozco, soy un ladrón. No podía correr sin el grito de los míos. Yo les maldigo a aquellos que tenían una sonrisa que les ayudaba a seguir corriendo; yo y mi soledad les maldecimos.
Y mientras los metros se hacían adultos. Cada paso crecía y crecía hasta convertirse en largos kilómetros.
Y mientras la lluvia dejaba en los huecos del camino malditos charcos que se colaban en las zapatillas, abusando de nuestros lejanos pies.
Y la carrera llegaba a su final dejando tras de si gritos, emoción, rabia y agua, húmedas gotas celestiales que perdieron su vida para caer a este mundo tan fugaz como el mismo Maratón.Quiero dar las gracias a Jaume, con el que compartí sábado, domingo, al que vi en sus ojos una mirada inocente hacia esta carrera que me hizo recordar cuando la disfruté el año pasado.
Todo lo que he escrito se lo quiero dedicar a Elena. Ella sabe porqué lo hago. Vuelve pronto.
Fernando, abril de 2.001