EL TRABAJO EN LAS SOCIEDADES CONTEMPORÁNEAS

RENATA MORENO.

Desde la revolución industrial en Inglaterra que se caracterizó por la sustitución de capacidades y esfuerzos humanos por máquinas, sustitución de fuentes de energía animal por energía mecánica, incorporación de nuevas materias primas como los minerales, pero también por la separación del trabajo del hombre en trabajo manual e intelectual, en donde el obrero tuvo que adaptarse a los tiempos de la fábrica impuestos por el ritmo de las máquinas, perdiendo así el control de lo que fabricaba; la producción económica ha ido en constante avance hacia formas que permitan un mayor control sobre la producción y una mayor productividad para poder competir en el mercado.

Pero estas formas lejos de hacer que el hombre se realice en su trabajo y despliegue su creatividad y personalidad, según Braverman este “progreso del capitalismo parece ahondar solamente la brecha entre obrero y máquina y subordinar al obrero cada vez más decisivamente al imperio de la máquina”[1].

 Además que al ser este sistema social capitalista quien dicta las formas de utilización de la maquinaria y de organizar el trabajo no según las necesidades humanas y objetivos generales sino según los objetivos de aquellos que controlan los procesos de trabajo, la aplicación de los métodos más avanzados de la ciencia y la tecnología producen más bien irracionalidad, paradójicamente por la racionalización, mecanización y renovación veloz de la industria y el comercio que por mantenerse en la competencia solo buscan eficiencia y mayor productividad llevando estas metas al absurdo.

 Así, por ejemplo La Filosofía de la Excelencia[2] nos muestra como en las empresas más modernas triunfa el fenómeno de lo irracional, en el empleo de prácticas de quiromancia, numerología , exaltación del pensamiento positivo, etc, como estrategias para hacerle frente al caos que reina y a la competencia feroz que pone en el éxito económico la meta suprema de la sociedad a la cual se deben subordinar todas las demás necesidades y deseos de los individuos que se ven así identificados con la suerte de su empresa y envueltos en una carrera loca donde la angustia es el signo de sus vidas.

 Así, en la búsqueda del control sobre la producción y el aumento de productividad aparece el taylorismo y el fordismo, que logran la producción de mercancías estandarizadas en grandes series, la reducción de los costos de fabricación y un aumento del ritmo de trabajo, pero consigue esto despojando al obrero del control sobre los modos operatorios al despojarlo de su saber profesional y fragmentar este en las fases de que se compone confinándolo a una máquina especializada y al regular mecánicamente el ritmo de trabajo de manera exterior al obrero por medio de la línea de montaje y el cronómetro, prolongando la duración efectiva de la jornada de trabajo. Consigue también un control sobre la mano de obra por medio de estos procesos mecánicos y de los supervisores que ahora vigilan a los obreros, que socava las bases de la organización obrera la cual no puede tampoco luchar contra los estímulos y ventajas salariales que ofrecen estas nuevas empresas al trabajador, pero que sin embargo no compensan su desgaste.

Pero, pese a la gran capacidad de las técnicas tayloristas para aumentar la productividad, nuevos paradigmas basados en principios diferentes  se mostraron superiores a este en la búsqueda de mayor control y productividad aunque partiendo del taylorismo o gracias a sus logros. 

 En la década de 1990, la tecnología de la información (telecomunicaciones, computadores en red,etc) ha permitido desarrollar nuevas formas de organización del trabajo al hacer posible la flexibilización de los tipos de contrato, de la localización del trabajo y el horario de trabajo con lo que se ejercen nuevas formas de control dentro de la producción y un incremento de la productividad ahora independiente de la expansión de las horas de aportación de trabajo y centrado ya, no como el taylorismo en la producción masiva de objetos estandarizados mediante la extrema división del trabajo en tareas especializadas, sino en la calidad y la innovación tecnológica por medio de reunificación de funciones en los niveles superiores .

  Este modelo de trabajo en la nueva economía basada en la información es el de una mano de obra nuclear, formada por profesionales que se basan en la información, que aunque mejor pagada y más estable, está sometida a la movilidad por la reducción del período de vida laboral en el que los profesionales son reclutados para formar parte del núcleo de la empresa, y por otra parte una mano de obra que trabaja a tiempo parcial, que puede ser contratada, despedida o externalizada según la demanda del mercado y los costes laborales y que no goza de seguridad laboral, prestaciones de jubilación o recompensas por buen desempeño.

En Japón por ejemplo las mujeres suponen dos tercios de los trabajadores de tiempo parcial y el resto lo componen los jóvenes mal preparados y los trabajadores de edad de las empresas medianas y pequeñas[3].

 Así, este sistema de subempleo permitido por la tecnología informacional, aumenta la productividad también a costa de los trabajadores ya que las ventajas están en que la empresa se ahorra los riesgos de producir más de lo que la demanda exige al comprar a los contratistas sólo lo necesario, sustituye  puestos de trabajo de manera más fácil para cumplir con las nuevas exigencias tecnológicas, y las instalaciones productivas son usadas de un modo más compacto, intensivo y prolongado lo que ahorra costos de mantenimiento[4].

En cuanto a los trabajadores, podemos decir que el tipo de puestos laborales cambia en cantidad, en calidad y en cuanto a la naturaleza del trabajo que se realiza.

  Así, correspondiendo a la afirmación de Braverman de que “cada adelanto en la productividad reduce el número de obreros verdaderamente productivos”[5] Beck[6] nos dice que la gran cantidad de trabajadores poco cualificados o sin cualificación es sustituida por una reducida cantidad de trabajadores de automatización profesionalizados (ejecutivos, profesionales y técnicos), que según Castells[7] son los que toman las decisiones en virtud de la información que han almacenado en sus computadores y de los cuales se exige según él que sean autónomos, preparados y capaces para programar y decidir secuencias enteras del trabajo a mayor difusión de esa tecnología de la información.

Mientras las tareas repetitivas de rutina tenderían a desaparecer al ser precodificadas y programadas para su ejecución por máquinas. El trabajo de los operadores consistiría entonces en alimentación de material a la máquina, patrullaje e inspección y según Braverman[8] en una mayor reducción de la actividad de atención, juicio, decisión, acción, a niveles más altos de mecanización.

Lo que significa que están desapareciendo muchos puestos de trabajo por la automatización tanto en la fabricación como en los servicios. Mientras el trabajo degradado que se concentra en actividades poco cualificadas y mal remuneradas, así como en el trabajo temporal o los servicios diversos está siendo ocupado por mujeres, minorías étnicas, inmigrantes y jóvenes en los países más desarrollados, o como en Estados Unidos por ejemplo se pueden ubicar trabajadores muy cualificados y ejecutivos informatizados en las fábricas de ese país mientras en el exterior mantienen en talleres explotadores a trabajadores poco cualificados y mal pagados.

Este sistema en donde la información es un componente fundamental para el funcionamiento de la economía, se orienta entonces hacia una estructura de empleo que se caracteriza por el aumento de la industria y los servicios en detrimento de la agricultura, que no implica que la mayoría de los trabajos estén orientados al procesamiento de información, aunque si se pueden ver tasas muy altas como en Estados Unidos.

 A este respecto Castells[9] se muestra optimista y dice que los trabajos tradicionales que desaparecen al igual que los agrícolas pueden ser sustituidos por los nuevos trabajos que se crean en la industria de alta tecnología y los servicios, pero lo que Beck[10] observa es que en este sistema el subempleo es integrado como síntesis entre la plena ocupación y el paro en el sistema ocupacional, con lo que el problema del desempleo no se resuelve sino que se presenta de forma diferente, afectando también a las instituciones educativas que ya no pueden asegurar completamente el paso a la vida laboral.

 Por otra parte las compañías multinacionales, el comercio y la tecnología de la información posibilitan los vínculos entre  la mano de obra de distintos países que según Castells[11] aunque tienen salarios y protecciones diferentes son cada vez más parecidas en cuanto a cualificación y tecnología, sufriendo así las economías de los países subdesarrollados las cargas y recibiendo ayudas determinadas por las economías dominantes.

 La anterior caracterización de la mano obrera en este nuevo tipo de sociedad nos ayuda a entender la afirmación de Touraine[12] de que la clase obrera ya no es un actor histórico privilegiado y que las luchas de los sindicatos se hallan más a un nivel institucional resolviendo problemas que se refieren a la organización de la producción que poniendo en cuestión el poder social aunque los nuevos conflictos sociales se sitúen en el centro del sistema de producción. Además, como afirma Castells[13] los nuevos trabajadores flexibles son muy vulnerables ya que además de no tener garantías sobre su estabilidad laboral y vivir en continua angustia por la competencia y por resultar los más rentables, se han convertido en individuos aislados subcontratados en una red flexible y los sindicatos no han sido capaces de representar a los nuevos trabajadores ni de actuar en los nuevos lugares de trabajo.

 Por esto la desaparición de estas formas de oposición no son el resultado de la resolución de los problemas entre el capital y el trabajo, sino que más bien es el grado tan alto de dominación del aparato tecnológico lo que vela las contradicciones y la explotación manipulando a los individuos en tres frentes según Touraine[14]:

-La integración social, se acabaron las alternativas de vida, o se integra al mercado laboral mediante el estudio de una profesión, con más posibilidades en las científicas y tecnológicas, o el individuo es excluido socialmente y sin posibilidades de subsistencia material;

-Manipulación cultural, a través de la educación y los medios de comunicación se moldean las necesidades y las actitudes de acuerdo a la oferta de productos de las grandes empresas, para hacer que los individuos se sientan satisfechos con las posibilidades siempre limitadas del mercado y siempre quieran más de lo mismo, lo que es necesario debido a la gran productividad ofrecida por los modernos sistemas de trabajo;

-El dominio de las grandes organizaciones políticas y económicas sobre esta sociedad, que hacen aparecer las formas de organizar el trabajo como producto de la tecnología y los avances científicos, mientras como afirma Piore y Sabel[15] las posibilidades tecnológicas que se llevan a la práctica dependen de la distribución de poder y riqueza, los que controlan los recursos y los rendimientos de la inversión eligen la más favorable a sus intereses, así la sociedad se orienta hacia el control político de su funcionamiento interno y de su entorno.

Características que se encuentran tanto en sociedades capitalistas como socialistas, al convertirse ambas en sociedades donde la información y la tecnología están en el centro de la organización de  los sistemas productivos.

 Así, en esta sociedad el hombre sigue alienado, que es la nueva forma de llamar a la explotación porque persiste la apropiación privada por la clase dominante y los cambios que suceden en esta sociedad no son controlados por la colectividad. A la vez que se seduce a los individuos con los avances tecnológicos  y la ilusión de ser la meta a la que siempre quiso llegar la sociedad al alcanzar el máximo control sobre la producción, ya que desde un pequeño computador puedo saber todo lo que necesito y a la vez manejar datos y ejecutar procesos . Se los seduce también con estrategias como la de hacerle creer a los trabajadores que ellos participan de la organización de la empresa o al hacer coincidir los intereses de los individuos con los intereses de la empresa, por lo tanto esta sociedad también manipula, y al manipular integra.

 El paradigma de la producción artesanal como contrapuesto al de producción en serie que cristalizó con el modelo japonés ohno[16] de especialización flexible, consistente en la producción a partir del pedido de series cortas de productos diversificados, sin desperdicios, sin inventarios, con una innovación permanente a través del trabajo cualificado de obreros que trabajan en equipos, aunque con una vigilancia muy grande, aparece como una alternativa, que aunque no socava las bases del sistema capitalista, ni promete romper con la alienación del hombre, hace posible imaginar formas distintas de producción a las predominantes en Estados Unidos y Europa  y ofrece resultados muy buenos por lo que sería importante investigar más para ver si en realidad sí se separa de los modelos occidentales o por el contrario implica mayores controles sobre la mano de obra y mayor separación de las habilidades entre los trabajadores, así como para ver sus potencialidades, ya que más alternativas a las que nos ofrece la sociedad del riesgo no se ven claras en las lecturas de estos importantes autores a no ser la oposición desde los jóvenes y la universidad que plantea Touraine[17], que en sociedades como la nuestra se ve como una opción ingenua al estar estos dos actores tan integrados al sistema productivo como los otros.

 RENATA MORENO.


[1] BRAVERMAN,Harry. Trabajo y capital monopolista:la degradación del trabajo en el sigloXX. México: Editorial Nuestro Tiempo. 1983.

[2] AUBERT, Nicole, DE GAULEJAC Vincent. Cap.III y IV. El coste de la Excelencia ¿del caos a la lógica o de la lógica al caos?. Barcelona. Editorial Paidos. 1992.

[3] CASTELLS,Manuel.La era de la información:economía, sociedad y cultura. La sociedad red. México:sigloXXI editores. 1996

[4] BECK, Ulrich. La sociedad del riesgo:hacia una nueva modernidad. Barcelona:Editorial Paidós. 1986.

[5] BRAVERMAN, Harry. op cit.

[6] op.cit.

[7] op.cit.

[8] op.cit.

[9] op.cit.

[10] op.cit.

[11] op.cit

[12] TOURAINE, Alain. La sociedad post-industrial. Barcelona: editorial Ariel. 1973.

[13] op.cit.

[14] op.cit.

[15] SABEL; Charles. PIORE; Michael. Cap.I y II. La segunda ruptura industrial. Madrid: Alianza Universidad. 1994.

[16] CORIAT. Benjamín. Pensar al revés: trabajo y organización en la empresa japonesa. México: Siglo XXI Editores. 1991.

[17] op.cit.