DESEMPLEO TECNOLÓGICO EN LA INDUSTRIA DEL VALLE DEL CAUCA

 

Carlos Alberto Mejía S.[1]

El presente artículo llama la atención acerca de como las nuevas formas de organización empresarial y del trabajo, implementadas en la industria de la región y de la introducción de nuevas tecnologías representadas en maquinaria y equipo, han producido modificaciones en las estructuras del empleo y el trabajo, en la forma de desaparición, aparición de puestos de trabajo, o redefinición del contenido de antiguos oficios en empresas del Valle del Cauca.

Esta pregunta surge a partir de los cambios observados a lo largo de los últimos años en diversos sectores de la industria regional, particularmente en el sector azucarero. Existe alguna evidencia en torno al incremento de nuevas formas de organización y desregulación laboral vía subcontratación, que se produjeron en la región mucho tiempo antes de la apertura económica implementada durante el gobierno del presidente Gaviria (Urrea, 1987) y de que la mayoría de las empresas recurrieron a diversas medidas de racionalización con miras a elevar sus productividades, abaratar costos y hacerse más competitivas en los mercados nacionales e internacionales.

Dentro de tales medidas se destacan la introducción de un conjunto de tecnologías blandas destinadas a elevar productividades a través de la modificación de conductas y actitudes laborales, implementando el Control Total de Calidad (CTC), Círculos de Calidad y de Participación, reingenierías, Mantenimiento Productivo Total (MPT), Justo a Tiempo (JAT), etc. Aunque aún se discute si en la industria de la región, se produjo una verdadera reconversión industrial, parece existir suficiente evidencia empírica para afirmar que en efecto, durante los periodos anterior y posterior a la apertura económica, se produjeron importantes cambios tecnológicos y organizacionales en diferentes ramas industriales. 

Tal es el caso de las transformaciones ocurridas en las labores de corte, alce y transporte de caña, desde las plantaciones hasta los ingenios, en donde los nuevos equipos elevaron la capacidad física de transporte y las velocidades de acopio de materia prima, indicadores críticos que en este tipo de actividad, dada la fungibilidad de la caña cortada debido a las altas temperaturas de la región.

Los cambios técnicos y organizacionales han sido inducidos tanto por la competencia interfirmas, en la que se destaca la lucha por el mercado azucarero entre los ingenios del Grupo Ardila Lulle (Providencia e Incauca) y la élite empresaria local (Manuelita, Mayagüez, Riopaila, Central Castilla, etc.), como por la presión ambiental ejercida por las comunidades municipales contra las prácticas de quema de caña que facilita su corte, pero genera contaminación. Por estas razones la cosecha cañera se está mecanizando con relativa rapidez pero con consecuencias serias para el empleo tradicional del cortero que ve amenazado su puesto de trabajo. 

Como se sabe, uno de los problemas más graves de la región es el desempleo y con frecuencia se exhorta a la industria y los empresarios a remediarlo, pero declaraciones del tipo de las emitidas por capitanes de empresa del Valle generan desencanto acerca de la capacidad generadora de empleo de la industria regional, escasa en tanto la mayor parte de las empresas importantes del sector moderno del Valle ha rediseñado sus organizaciones a través de reingenierías con el concurso de reconocidas firmas internacionales expertas en el tema, mientras descubren que pueden elevar productividades reduciendo el empleo o institucionalizando un tipo de trabajo precario, desregulado, a tiempo parcial y sin prestaciones, es decir flexibilizado.

Parece además no existir gran interés en generar empleos a tiempo completo o parcial, como lo muestra la renuencia de los empresarios a promover medidas de reducción de jornadas laborales para dar cabida a grupos de desempleados, justificada a través de la prensa por economistas como Rudolf Hommes, argumentando el aumento en los costes laborales que tales políticas generarían. La nueva forma de acumulación que se insinúa como tendencia parece ser la inversa: reingenierías, despidos masivos, “adelgazamientos”, planes de retiro anticipado, flexibilización laboral, e implementación de técnicas ahorradoras de trabajo vivo, lo que se confirma con las políticas debatidas en 1999 por el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social y las posiciones asumidas por distintos sectores en eventos promovidos por el Banco de la República y Fedesarrollo, respecto de la flexibilización laboral.[2]

Dentro de los cambios organizacionales se destacan, además de la subcontratación de mano de obra para el corte de caña en la casi totalidad de los ingenios azucareros del Valle del Cauca, nuevas formas de gestión de la fuerza de trabajo por ejemplo en Mancol empresa fabricante de libros de cuentos infantiles animados de exportación, que estableció innovaciones en la organización de la fuerza de trabajo utilizando equipos de autogestión. En otros casos fue frecuente el recurrir al outsourcing, para contratar el suministro de servicios que no hacían parte de la vocación productiva de las empresas, particularmente en el campo de las reparaciones eléctricas, mecánicas o en la implementación de sistemas de microelectrónica. El autor observó tendencias ya mencionadas en Urrea (1987) en torno a la amplia difusión de microelectrónica en las plantas de producción de azúcar, unida a la aparición y desaparición de puestos de trabajo.

Aunque el fenómeno del paro o desempleo tecnológico no es nuevo, las actuales formas de gestión de la fuerza de trabajo y las nuevas tecnologías parecen haberlo intensificado, generando situaciones de descalificación y de exclusión de grupos de trabajadores poco calificados e incertidumbre respecto del mercado de trabajo y de la posibilidad de construir sus propias identidades en torno a la actividad laboral.

Estas breves consideraciones podrían resumirse planteando que los cambios técnicos y organizacionales ocurridos en la gran industria de la región, han traído como consecuencia la aparición de sesgos ahorradores de mano de obra, es decir la sustitución de fuerza de trabajo por maquinaria y equipo, mientras por otro lado, la dificultad de acceder al mercado de trabajo o a nuevas formas de recalificación podrán conducir a situaciones de exclusión social e inequidad.

Cambios técnicos y organizacionales  

Al parecer, los cambios organizacionales y técnicos ocurridos en las empresas del Valle del Cauca, generan desaparición y/o presencia de nuevos puestos de trabajo, reducción de empleo a tiempo completo, emergencia de formas laborales precarizadas, nuevas prácticas de calificación de la fuerza de trabajo, desaparición de mercados internos de trabajo y bajas tasas de sindicalización. En síntesis, y en clave parsonsiana, los cambios sociotécnicos dan lugar a procesos de aparición, desaparición y/o precarización de puestos de trabajo.

En una situación caracterizada por elevadas tasas de desempleo que afectan al país y la región, y de las que no se registra un claro precedente histórico en el corredor metropolitano Cali-Yumbo: cerca de 20.6% a fines de 1998 y 21.31% para junio de 1999, de acuerdo con datos del Dane, (Ortiz, et.al.,1999: 30-34, 44); se ha reactivado el debate en torno a las formas de generación de empleos nuevos a partir de la flexibilización de la legislación y la jornada laboral, problema complejo de abordar y que genera gran controversia en la sociedad moderna.[3] La discusión genera diagnósticos diversos, llamamientos dramáticos y presentación de soluciones que contemplan apenas parcialmente la naturaleza de un fenómeno cuya perspectiva global parece ser de agravamiento.

Por vía de ejemplo, los ingenios azucareros que en 1999 anunciaron treguas en sus programas de despido, deberán disminuir costos y hacerse más competitivos, continuando procesos de racionalización iniciados hace tiempo, que les permitirán permanecer en un mercado cada vez más competido. Dichos procesos son similares a los que identifican los analistas para los países desarrollados: nueva tecnología de corte de caña que ya tiene presencia importante en algunos ingenios azucareros y que en el corto y mediano plazo hará desaparecer el tradicional oficio del cortero y reingenierías[4] que rediseñan plantas reduciendo el personal empleado[5]. Ello parece inevitable si las firmas quieren seguir participando en el desarrollo de las fuerzas productivas y de la riqueza regionales. El diseño de zonas especiales de localización de empresas como las cobijadas por la Ley Páez, cumple similar criterio racionalizador en el marco de tendencias a realizar inversión intensiva en capital y tecnología, generadora de pocos empleos, calificados unos y precarios y desregulados otros.

Son pocas las previsiones acerca de la localización de nuevas fuentes de empleo, pues las tendencias de transformación y desaparición parcial del salariado a tiempo completo, presentan solapamientos que esconden la transformación del empleo a tiempo completo en empleo a tiempo parcial de baja remuneración. En esta realidad ya presente unos trabajan en exceso mientras una mayoría de no calificados, pero también calificados y profesionales son expulsados de los puestos de trabajo y situados en un campo de exclusión donde incluso, ya no es posible acceder a los puestos monótonos y empobrecedores del taylorismo y el fordismo. De acuerdo con algunos autores, estaríamos en presencia de una tendencia social y económica inédita de desaparición/ destrucción de empleo, que de fenómeno coyuntural o transitorio, se convertiría en rasgo predominante y permanente del trabajo en nuestro tiempo. Así por ejemplo, de acuerdo con Rifkin el empleo sufriría un proceso de destrucción sistemática en Estados Unidos, como se deduce de sus análisis acerca de la evolución del desempleo (Rifkin, 1996: 31-32).[6] Sin embargo, otros estudios sobre la misma sociedad hablan situaciones de pleno empleo.

Se formulan hipótesis según las cuales, prosperidad y crecimiento económico no se asocian necesariamente al aumento de tasas de empleo, de modo que mientras la economía crece, el desempleo pueden aumentar (Beck, 1998: 182).[1] De hecho, raras veces la historia del trabajo humano, la organización empresarial y la innovación científico-técnica, habían producido niveles tan elevados de producción de riqueza material representada en bienes, servicios o capital acumulado, junto a situaciones de incertidumbre al parecer socialmente construida, respecto del empleo y el ingreso, para las llamadas «clases perdedoras» (Bourdieu, 1998) o negativamente privilegiadas (Weber, 1977: 244).

Al parecer, esta situación de exclusión no obedece a leyes ciegas del mercado envueltas en mitos de “impenetrabilidad”, sino que es elaborada conscientemente por la mano visible de los grupos que ejercen la dominación política, económica y social, conduciendo a los individuos vulnerables a formar parte de un ejército no ya de reserva sino de excluidos, puesto que nada de lo que pueden ofrecer en materia de fuerza física, destrezas o conocimiento de oficios, se considera útil. Se asiste además a la aparición de una forma novedosa de acumulación de capital, al descubrirse que el empleo precario a tiempo parcial, que prescinde de personal fijo, constituye un método efectivo de ahorrar costos y proteger las empresas de los ciclos de recesión e incertidumbre, mediante plantas de personal flexibilizadas y controladas socialmente por el terror del mercado que Weber solía llamar «el látigo del hambre».

Por otra parte, el creciente ingreso de mujeres al mercado laboral desvaloriza el status del empleo, por razones de discriminación y aumento físico de demandantes de empleo, lo que presiona los salarios a la baja (Bourdieu, 1998:132). La industria de la confección en el Valle del Cauca presenta notables experiencias de generación de trabajo femenino precarizado en el ensamble de piezas por medio del sistema de maquila.[1]

Una importante literatura sobre el tema de la desaparición del trabajo, suscrita por figuras reconocidas de las ciencias sociales,[1] unida a evidencias empíricas observables en el país y la región, agravadas por la situación de recesión económica; justifican el desarrollo de investigaciones que, sin abandonar los temas clásicos de la sociología del trabajo, respecto de la observación y examen del proceso de trabajo, se centre en el análisis de fenómenos de desaparición del empleo a tiempo completo esbozado aquí.

Bibliografía

Beck, Ulrich (1998)[1986]: La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad. Barcelona: Editorial Paidós.

Beck, Ulrich (1998)[1997]: ¿Qué es la globalización?. Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Barcelona: Editorial Paidós.

Bourdieu, Pierre (1988): La distinción: criterios y bases sociales del gusto. Madrid: Editorial Taurus.

Castel, Robert (1997)[1995]: Las metamorfosis de la cuestión social: una crónica del salariado. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Castells, Manuel (1998)[1996]: La era de la información: economía, sociedad y cultura. Madrid: Alianza Universidad. 3 Volúmenes.

Gorz, André (1982): Adiós al proletariado. Barcelona: Editorial 2001.

Gorz, André (1998)[1997]: Miserias del presente, riqueza de lo posible. Buenos Aires: Ediciones Paidós.

Hammer, Michael & Champy, James (1995): Reingeniería. Santafé de Bogotá: Editorial Norma.

Offe, Claus (1992)[1984]: La sociedad del trabajo: problemas estructurales y perspectivas de futuro. Madrid: Alianza Editorial.

Ortiz, Carlos; Escobar, Jaime; Guzmán, Alvaro; Hernández, Jorge (1999): Coyuntura socio-económica regional (Fase II). Informe Final Colciencias. CIDSE, Facultad de Ciencias Sociales y Económicas. Universidad del Valle.

Rifkin, Jeremy (1996): El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo, el nacimiento de una nueva era. Barcelona: Ediciones Paidós.

Urrea Giraldo, Fernando, “Competencia y cambio Técnico en el sector azucarero en la década del 80”. En Cuadernos de Agroindustria y Economía Rural, No. 19, 2o Semestre de 1987.

Weber, Max (1977): Economía y Sociedad. México: FCE. 2Vol.


[1]/ Profesor Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales y Económicas Universidad del Valle, investigador del CIDSE.

[2]/ Seminario sobre empleo y políticas laborales. Santafé de Bogotá. Viernes, julio 9 de 1999. Fedesarrollo, Banco de la República. Biblioteca Luis Angel Arango.

[3]/ “La gran industria no puede ser el generador del empleo y de la reactivación que Cali necesita, porque la gran industria está sometida a una hipercompetencia global implacable, que obliga a ser muy eficiente pero que en muchos casos significa reducción de empleo…”. Declaraciones de Carlos Arcesio Paz, expresidente del Comité Intergremial del Valle del Cauca. “Hay que hacer un pacto anticorrupción”, El País, La Entrevista, B-2, Cali, Domingo 31 de Mayo de 1998.

[4]/ De acuerdo con Hammer y Champy, «La reingeniería es la revisión fundamental y el rediseño radical de proceso para alcanzar mejoras espectaculares en medidas críticas y contemporáneas de rendimiento, tales como costos, calidad, servicio y rapidez» y generalmente trae como consecuencia destrucción de puestos de trabajo a través de racionalización de los procesos productivos. Hammer & Champy (1995): Reingeniería. Santafé de Bogotá: Editorial Norma. Pag, 34.

[5]/ «Para decir adiós... ». Título de un sugestivo artículo de la revista Dinero, sobre un  nuevo negocio que en la actual condición ofrece ser rentable en el campo de la consultoría: asesorar a las empresas en el despido de empleados y en acogerse a los llamados planes de retiro anticipados, de modo que no se generen traumatismos, pérdidas, sabotajes, mal ambiente entre los empleados que se quedan o daños materiales a las empresas, indicador clave de la tendencia predominante en las relaciones laborales. Otros subtítulos del artículo: «despedir personal, una tarea que se profesionaliza»...«reducir la nómina no tiene porque ser un proceso traumático»...«curso rápido para despedir sin ganar enemigos». Revista Dinero. Página Web/ www.dinero.com/edición83/.

[6]/ En la década de los 50 el nivel de desempleo medio estuvo sobre el 4,5%, en los años 60 el nivel se situó en una media del 4,8%, en los 70 se elevó de nuevo hasta llegar a un 6,2%, mientras que en los 80 volvió a incrementarse hasta llegar a un 7,3%. En los tres primeros años de los 90 el desempleo se ha situó en 6,6% y continuó aumentando, de modo que en 1993 más de 8,7 millones de personas estaban en paro forzoso, 6,1 millones trabajaban a tiempo parcial, mientras más de un millón de desempleados había renunciado a buscar ocupación, lo que significaba que para ese año, cerca de 16 millones de trabajadores americanos equivalentes a un 13% de la fuerza laboral estaban desempleados o subempleados.