Novela realizada por mayores de 18 años para la web de ciberanika.com
KRUELA DEVIL
 
ARGUMENTO

Laura se enfrenta al Innombrable. Tiene un poder que no sabe utilizar y en su camino se encuentra personas que le descubrirán detalles que ella desconoce. 

Está predestinada para esa lucha pero es joven, insegura, y tiene miedo, mucho miedo. 

Varios asesinatos relacionados con el santoral se suceden en la ciudad...
 

Título: CIRCULO DE MARTIRES (Laura)

Capítulo 13. (Autora: Yolicris)
 

Vamos a estar muy cerca Laura, muy cerca. Mucho más de lo que tú quisieras”. El ceño sombrío dejó pasó a una sonrisa maligna que poco a poco se fue transformando en  sonora carcajada. Escalofriante carcajada.

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La llegada de las primeras luces de la mañana no sorprendieron a Laura. Había  pasado toda la noche en vela ante el temor de oscuros encuentros en sus sueños. El hecho de permanecer despierta no era especialmente tranquilizador, pero al menos se sentía más alerta.

Se levantó del sofá donde había vegetado al menos las dos últimas horas. Su cuerpo estaba anquilosado y notaba la cabeza abotargada. El cúmulo de acontecimientos acaecidos en tan poco tiempo la sobrepasaban.

“Esto es demasiado para mí”. ¿De dónde voy a sacar fuerzas? ¿Dónde voy a encontrar respuestas?”

Se miró en el espejo del baño. Su rostro era fiel reflejo de todo lo que estaba viviendo. Las ojeras eran cada vez más pronunciadas. Los ojos, muy irritados, le picaban. Se lavó la cara para así intentar despejarse un poco, auque el resultado fue más bien nulo.

Con paso cansino se dirigió a su dormitorio, abrió la puerta del armario y extrajo una sudadera hecha un ovillo. “¡Qué desorden!” pensó. “¿Quién puede ocuparse de esto ahora?”. Se ató la sudadera a la cintura, se calzó unos deportivos y con el chándal ajado que llevaba puesto, se dispuso a salir para correr un rato y accionar ese cuerpo en estado de letargo. Ya se ducharía a la vuelta.

En el mismo instante en el que abría la puerta, un fuerte golpe  sacudió el piso de arriba.
-¡Dios, qué susto!- casi gritó. “Ya sólo me faltaba que los vecinos nuevos me dieran la vara”
Un escalofrío recorrió su espalda.

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La niña caminaba con paso ligero y forzado, casi a saltitos, al lado de la joven. Parecían tener prisa. Su mochila-carrito avanzaba a trompicones arrastrada por ella. Estaban dejando el colegio atrás. Sus tirabuzones rubios saltaban incansables alrededor de su carita.
- ¿Y dónde vive Laura? – preguntó con curiosidad.
- Aquí cerca, no te preocupes – le contestó la joven forzando una sonrisa.
- ¿Y no te ha dicho para qué quiere que la visite? – siguió indagando.
- ¡Oh! Es una sorpresa, ya verás.
- ¿Y seguro que mamá no me va a reñir por no ir hoy al cole? – ahora su rostro reflejaba un poco de preocupación.
- Todo está arreglado, ya te lo he dicho. Laura ha hablado personalmente con ella y me pidió a mí que te viniera a recoger.
Los ojos negros de la joven se clavaron en los de la niña. Todavía sonreía. La pequeña parecía convencida. Después de todo, aquella chica bajita, de piel morena y sonrisa perfecta, inspiraba confianza...... a veces.
 


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Laura regresaba a su casa agotada y sudorosa. Estaba deseando llegar para darse una reconfortante ducha y tomarse otro café más. Ya había perdido la cuenta de cuántos llevaba en las horas recientes. Incluso la leche condensada se había terminado.

Hizo una parada en el kiosco para comprar el periódico.
- Aquí tienes – le dijo Jaime, el kiosquero – dejándole la prensa sobre el mostrador. Laura echó un vistazo a la portada mientras entregaba las monedas al hombre. Estas no llegaron a alcanzar su mano. Rodaron todas por el suelo en varias direcciones, al tiempo que Laura ahogaba un chillido llevándose su mano a la boca.
- No te preocupes. Yo las recojo – se ofreció  Jaime agachándose.
Laura seguía con la mirada clavada en la portada del periódico, en la foto de Adrián, en el titular:
 

EL ULTIMO CRUCIFICADO NO ERA UN VAGABUNDO
“Se ha conocido la identidad del último cuerpo encontrado brutalmente asesinado.....”


Salió del kiosco sin despedirse y en estado de shock . Se apoyó en la pared, respirando con dificultad. En su cabeza se mezclaban muchas imágenes dolorosas: la foto del “supuesto vagabundo” masacrado, que alguien se había encargado de que viera;  “¡Pobre Adrián!” El primer encuentro que tuvieron en la playa....  Aquel otro Adrián desconocido, monstruoso, inhumano, que le visitó en su casa...
No podía comprender nada.  “¿Quién?  ¿Por qué?”

Ese día volvió a utilizar el ascensor para subir a su casa. La única vez que esto había ocurrido anteriormente fue el día  en que murieron sus padres.
 


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Si se hubiera dejado llevar por su estado de ánimo se habría metido en la cama, o mejor aún, bajo tierra, hasta que su cabeza explotase  y pudiera descansar definitivamente. O quizá desintegrarse y desaparecer, sin más. Pero no, sacó fuerzas de flaqueza, no se sabe de dónde y después de la anhelada ducha, donde se mezclaron lágrimas y agua, se dirigió precipitadamente al “10 pesos”, auque sin tener muy claras las ideas de para qué.

“Tengo que ponerme en contacto con Joan y Rebeca. Puede que ellos me descifren algo. Hablaré con Juan, el camarero. Es probable que sepa dónde encontrarlos. ¡Dios mío qué caos! No puedo con esto, no puedo.  No estoy preparada.”

Ya divisaba el local y apretó el paso nerviosa, con un nudo en el estómago. Cuando alcanzó la puerta buscó con la mirada a Juan entre las mesas. El camarero se encontraba detrás de la barra. Al advertir la presencia de Laura, su gesto cambió y adquirió un rictus serio.
- ¡Juan!- le llamó, demostrando toda su ansia en la voz. El restaurante estaba semivacío. Era demasiado pronto para comer aunque de la cocina ya empezaban a salir aromas que en otras circunstancias hubieran abierto instantáneamente el apetito de Laura. Ahora ni siquiera era consciente de que sus tripas se retorcían provocándole un vacío sordo.
- ¿Me recuerdas?- le preguntó al llegar a su lado – Soy Laura, la amiga....
No concluyó la frase. Lo que advertía a través de los ojos de Juan la dejó paralizada y provocó que poco a poco fuera retrocediendo lentamente hasta la puerta donde comenzó a correr.

¿QUIÉN OS PROTEGE?, ¿QUIÉN OS PROTEGE?”  La pregunta se coreaba una y otra vez en sus oídos. Las imágenes tampoco parecían querer abandonarla y se deslizaban sin pausa ante sus pupilas:  Un violento manotazo a un vaso de agua, un sonoro estallido contra la pared, Joan y Rebeca en el 10 Pesos con el semblante desencajado y finalmente el hombre de negro mirándoles, desafiante.

“¡Ese hombre! ¿Qué hacían Joan y Rebeca con él? ¿Quiénes son?  ¿Me puedo realmente fiar de ellos? No entiendo nada, nada.”

Laura, completamente desfallecida, irrumpió en una bulliciosa cafetería y se instaló en una mesa un poco apartada. Tomaría una tila. Era incapaz de llevarse algo sólido a la boca. Mientras esperaba por su consumición con la cabeza entre las manos y la mirada perdida, algo llamó su atención en el televisor e hizo que sus pensamientos regresasen al lugar en el que se encontraba.

Era el canal local y un periodista entrevistaba a una mujer llorosa que denotaba una gran ansiedad en su rostro. Aquella mujer... le resultaba vagamente familiar, sin embargo no acertaba a identificarla. Aguzó el oído intentando enterarse de lo que le ocurría.
- “....mi hija.....se la llevó.....”
Sus dudas rápidamente obtuvieron respuesta cuando en un recuadro en la parte superior de la pantalla apareció la foto de una niña rubia de cabello rizado.
- ¡Es Irene, la niña del cementerio! Y esa debe de ser su madre, a juzgar por el parecido. Con razón su cara me era conocida. ¿Qué le habrá ocurrido? ¿Es que no he tenido suficiente por hoy?
- Su tila, joven – a su lado el camarero le entregaba la infusión.
Laura revolvía y revolvía con una cucharilla, en espera de que enfriase, mientras permanecía absorta en su cavilaciones.
- ¡Laura! – el sonido de su nombre pronunciado por una voz conocida interrumpió su ensimismamiento.  “¡Oh, no!” pensó cuando vio de quién se trataba. “No me veo capaz de aguantar en estos momentos a Marisa”
- ¡Hola Laura! ¿Qué haces por aquí? Yo...- la mujer se sentó en frente de Laura y comenzó una cháchara que no parecía tener fin. Marisa era su vecina y así como su hija Lucía era una niña encantadora, su madre a veces resultaba insufrible.
- ¿No te has enterado?- preguntó sin esperar respuesta- ha desaparecido una niña esta mañana. Ni siquiera llegó a entrar al colegio. Yo estoy preocupadísima, por Lucía, claro. Es que yo no sé donde vamos a parar, la ciudad se ha vuelto loca, todos esos asesinatos, de verdad, de verdad, se le ponen a una los pelos de punta, ¿no te parece?
Laura sólo consiguió mover la cabeza en señal de asentimiento, antes de que Marisa reanudara su parloteo.
- ¿Y tú qué tal? Ya me contó la niña que el otro día te desmayaste en el portal. ¿Ya estás bien? Será problema de la tensión, hay que vigilarla, claro. Porque ¿embarazada no estarás, eh?- y comenzó a reírse ante su supuesta picardía. Laura esbozó una triste sonrisa.
- No, Marisa, embarazada no estoy- contestó pacientemente.
- Por cierto, ¿ya has visto a nuestro nuevo vecino?- Marisa se acercó a Laura en tono confidente- ¡No veas que hombre tan interesante! Eso sí, lo veo muy serio sí, demasiado serio. Pero tiene una mirada tan...penetrante. ¡Uf, que te estremece!
Marisa se interrumpió de nuevo con otra sonora carcajada. Laura la observaba entre divertida y cansada.
- Tienes suerte chica, vive justo en el piso encima de ti...
Laura recordó el fuerte golpe escuchado esa misma mañana y se puso tensa.
- ....y las dos veces que me lo he encontrado iba vestido de negro.
 
 

... continuará

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