HABLAS DE EXTREMADURA EN LA RED
Antología
de Antonio Viudas Camarasa
Extremadura y la cultura hispánica
Por Antonio Viudas Camarasa
Publicado en el diario HOY, Lunes, 1 de abril de 2002
![]() |
|
|
Extremadura y la cultura hispánica
Antonio Viudas Camarasa
La ciencia filológica y la política
lingüística siempre han tenido sus divergencias. Vivimos tal vez
un proceso aletargado en Extremadura en relación con la conservación
del patrimonio. El poder ha querido, con buena intención y
firmeza, defender los derechos de la minoría de los hablantes de A
fala, declarándola Bien de Interés
Cultural.
Algunos miembros temerosos de la
comunidad se encuentran ante un conflicto abierto y
espinoso para ellos. Piensan y así lo manifiestan que hasta que ellos
no han aparecido en la escena oficial, España culturalmente
no ha existido. Ignorantes de siglos de Historia, son incapaces de
comprender estampas como Las siete sillas de
Laborde y el estreno de Medea en la voz
de Margarita Xirgu, hiriendo las piedras del teatro romano y
deleitando los oídos de Unamuno, Azaña y Elías Tormo. Sería
mucho pedir que analizaran con objetividad la presencia
de poemas de Gabriel y Galán, alternando en los extraordinarios de
ABC (1933), con inéditos de Rafael Alberti y Antonio Machado. Se
sienten incapaces de releer y situar en su significado histórico la
monografía dialectal El habla de Mérida y sus cercanías
(1943) de Alonso Zamora Vicente.
Se observa atrofia hipercrítica y excluyente en la
pluma de algunos escritores y estudiosos, apegados a cierto
triunfalismo, que no soportan un avance liberal de la sociedad civil
ante el fenómeno ya evidente del 11 de septiembre, que
demanda una nueva confrontación de ideas basada en la solidez de los
argumentos y en la elegancia de las formas. Como esto no se enseña en
las aulas, menos se practica en el ágora.
¿Estamos, salvando las distancias --el
fenómeno del botellón y su movida tiene en vez de liberada,
aletargada a cierta juventud-- en el mismo debate
intelectual de la España de 1932? Tal vez, pero con una gran
diferencia. La Universidad Española del 2002 ofrece un debate intelectual
muchísimo más pobre que la de La Segunda República. Algo
extraño observo en el paisaje de las ideas y en la ética de las
conductas: no encuentro Unamunos, Ortegas
y Zubiris donde asirme, ni Gómez Morenos, Pedro
Salinas y Menéndez Pidales que emular.
Se aprecia que todo chirría y necesita ser engrasado, mientras oigo
el susurro de pájaros madrugadores que me recuerdan que
la naturaleza sigue viva.
|
|