::. HELENA ORTIZ .::. LAS MENTIRAS DE LA INQUISICION .::

La Brujería puede ayudarte. Compruébalo    |    Teléfonos: 94 499 01 04 (Consulta en Bilbao) y 652 75 22 79 (Móvil)    |    E-mail: helenaortiz@bilbao.com    |    Todas las mañanas en COPE-Bilbao (FM 97.8)    |    También puedes leerme en La Ría del Ocio.
helenaortiz@bilbao.com
Tel. 94 499 01 04
Móvil 652 75 22 79

Las mentiras de la Inquisición
w ver animación

DURANTE LA EDAD MEDIA, el deseo de los poderosos de terminar con cualquier vestigio de culto a las fuerzas de la Madre Naturaleza –eso es, al fin y al cabo, la Brujería– generó un sinfín de concepciones intencionadamente equívocas sobre la labor que desarrollaban las sorginas de los montes vascos y los demás practicantes de la Antigua Religión.

A causa de los falsos testimonios levantados por parte de algunos prestigiosos “doctores” de las distintas iglesias oficiales, los brujos y brujas llegaron a convertirse en la mente del pueblo en personas siniestras y extrañas que alimentaban todo tipo de alimañas repugnantes, como sapos y ratas…

Según algunos manuales inquisitoriales, como el “Malleus Maleficarum”, los akelarres eran grandes orgías, en las que los desenfrenos sexuales se mezclaban con sacrificios humanos.

Hé aquí algunas estupideces que la Inquisición hizo creer sobre la Brujería:

* Que las brujas utilizaban extraños ungüentos con los que llegaban volando al akelarre… “sasi guztien gainetik eta hodei guztien azpitik” (por encima de todas las zarzas y por debajo de todas las nubes).
* Que sacrificaban y cocinaban en la hoguera a niños de corta edad para elaborar sus brebajes.
* Que los practicantes de la Antigua Religión renunciaban al cristianismo para entregarse al demonio en forma de horrible macho cabrío.
* Que el demonio bautizaba a los practicantes de Brujería y los presuntos seguidores del maligno le adoraban dándole un beso obsceno en el culo.

Sin embargo, la única verdad irrefutable en medio de todas estas estupideces son los terribles tormentos y torturas a los que fueron sometidos los brujos y brujas por practicar su religión.

* Les introducían agua por la boca a través de un embudo hasta que, al borde de las asfixia, se prestaban a firmar cualquier declaración.
* También les colgaban de una cuerda hasta que, cuando ya no podían soportar más el dolor, admitían todas las barbaridades de las que les acusaban.
* O les oprimían la garganta con cuerdas hasta dejarlos medio ahogados.
* En ocasiones, antes de que resultaran muertas a causa de los tormentos, las brujas y sorginas eran atadas a bestias de carga, que las conducían desnudas hasta que quedaban despedazadas.
* A veces, les cortaban las piernas delante del propio tribunal.
* Y, ¿qué decir de aquella sutil tortura consistente en romper las piernas al acusado hasta que se decidiese a firmar?

Por tanto, al final, la hoguera no era tan terrible para los condenados a muerte, sino que se convertía casi en una liberación.

Casi cinco siglos después de falsedades y mentiras interesadas, la Iglesia de Roma y las demás iglesias de la Cristiandad siguen sin pedir perdón por su participación en uno de los genocidios religiosos más crueles de cuantos ha conocido el mundo desde el comienzo de los tiempos.

w ver animación
(Texto escrito por Xabier G. Argüello)