Sandra Bullock y Julia Roberts

por Hypnoman


Las personalidades de Hollywood disfrutan las fiestas de Planet Hollywood más que cualquier otra fiesta. Por ejemplo, a una fiesta de Planet Hollywood se puede usar ropa "casual", descansando de los vestidos de gala y los esmoquins. Por supuesto, si eres una estrella de cine de primer nivel aún vistiéndote con ropa informal debes conservar la elegancia.

Sandra Bullock adhería a esos códigos. Bajo su chaqueta de Planet Hollywood tenía una camisa negra y un par de jeans. Su pelo negro, con algunos reflejos, caía en forma salvaje sobre sus hombros y calzaba zapatillas. Abriéndose paso entre la multitud de celebridades, entró al baño de damas y tomó una bocanada de aire cuando se vió libre de todo ese gentío.

Sandra buscó con la mirada hasta encontrar a Julia Roberts sentada en un sillón, con la cabeza apoyada contra la pared y los ojos cerrados. Sus manos se entremezclaban con su pelirojo cabello y sacudía la cabeza de un lado a otro. Vestía un par de pantalones, una top rojo que dejaba sus hombros al descubierto y una especie de chalina marrón que los cubría sugestivamente. Aparentemente ella y Sandra eran las únicas mujeres en ese baño.

- ¿Cómo sigue todo? -preguntó Julia cuando notó la presencia de Sandra.

- Chiflados, como siempre -dijo Sandra mientras entraba a un reservado- Bruce sigue intentando tocar un blues.

- Entonces definitivamente me quedaré aquí -dijo Julia abriendo sus ojos- ¿Qué has donado?

- La campera que usé en "Máxima velocidad 2", ¿y tú?

- El vestido turquesa que usé en "La boda de mi mejor amigo". Quiero que sepas algo, yo no creo que "Máxima Velocidad 2" haya sido tan mala como dicen.

- ¿Lo estás diciendo por cortesía o sinceramente? -dijo Sandra mientras salía del reservado y se terminaba de acomodar los pantalones.

- Sinceramente, creeme. Yo se lo que es pasar por algo como eso.

- Yo sabía que no iba a ser el boom del verano, pero tampoco esperaba que fuese un fracaso.

- Al menos los críticos te salvaron del incendio. Después que "Mary Reilly" salió de cartel, tuve que guardar cama por una semana.

Sandra se dirigió al lavabo y comenzó a lavar sus manos mientras Julia se incorporaba y se acercaba hacia ella.

- ¿Cómo está la prensa? -preguntó.

- Mantienen la distancia -contestó Sandra. Lo cual era verdad. Los días que siguieron a la tragedia de la princesa Diana, los generalmente molestos paparazzis habían suavizado sus tácticas. Nadie quería repetir la misma pesadilla.

En ese momento la puerta se abrió y otra mujer entró. Era de baja estatura, con pelo rubio y corto y ojos verdes. Usaba un par de pantalones negros y una remera de Planet Hollywood con un delantal. Definitivamente era una empleada del lugar. No era especialmente atractiva, es decir la clase de persona que pasa por la calle y nadie se da vuelta a observarla. Una vez adentro, cerró la puerta y buscó algo en el bolsillo de su delantal.

- Disculpen señoras -dijo suavemente. Ambas mujeres se dieron vuelta.

- Lamento interrumpirlas pero mi supervisor me mandó a preguntar si este objeto pertenece a alguna de ustedes o es algo que van a donar a la colección.

Abrió su mano y mostró un disco atado a una cadena.

- No es mío -dijo Sandra.

- Mío tampoco -respondió Julia.

- ¿Están seguras? ¿Por qué no lo miran más detenidamente?

Ambas mujeres fijaron su mirada en el disco de color verde. Parecía destellar en la luz, resaltando el espiral que se encontraba en su centro. Era algo atractivo de mirar, especialmente cuando comenzó a balancearse en el aire.

Sandra y Julia se quedaron mirándolo fijamente, mientras la mujer hablaba con voz muy suave ............

Sandra parpadeó. Por un momento ella hubiese jurado que había visto a alguien. Pero no, solo Julia y ella se encontraban, desde hace rato, solas en el baño de damas. No recordaba haber visto ingresar a nadie desde el momento en que ella se encontró con Julia...., pero le había parecido.

Miró detenidamente a Julia, quien tenía un gesto como de absoluta calma y tranquilidad en su atractiva cara. No, más que atractiva era una cara bellísima. Sandra nunca antes se había detenido a pensarlo, pero ahora ella veía que Julia tenía una atractiva combinación de belleza. El pelo rojizo, la sonrisa, esas hermosas piernas....ehhh, un minuto, ¿que demonios estaba pensando?

- Ehhhh, te... te veo ....luego -tartamudeó Sandra y se marchó apresuradamente del baño.

Julia rápidamente la siguió. Ya se encontraba afuera y ahora se preguntaba porque había sentido la necesidad de salir tras de Sandra cuando hasta hace unos instantes no tenía la más mínima intención de dejar ese pequeño paraíso que había conseguido, lejos de la muchedumbre y de la música que aturdía los oídos. Mientras caminaba sumida en esos pensamientos observaba el caminar de Sandra, que iba delante de ella, admirando como agitaba ese hermoso culo... ¿de dónde apareció esa idea?... hasta hace unos minutos ella estaba pensando acerca de besar a Mel Gibson y, de repente, lo había reemplazado con Sandra Bullock. Sacudiendo su cabeza, Julia se acercó a la barra.

- Piensa en un trago que no le desearías ni a tu peor enemigo, y dámelo doble -le dijo al barman. Definitivamente necesitaba algo de alcohol.

Desafortunadamente, no estaba de suerte. El barman tenía órdenes de servir solo cantidades moderadas de cerveza. Julia tuvo que conformarse con un vaso. Siguió caminando y al pasar por la cabina telefónica escuchó una voz familiar gritando en el teléfono:

- ¿Qué me está diciendo? ¿No estoy en la lista?. Le repito que le habla Sandra Bullock, ¿me recuerda? Yo hice la reservación esta misma tarde. No, yo no quiero mi equipaje. Quiero mi bendita habitación. No, ni se le ocurra ponerme en lista de espera.

Julia observó como Sandra colgaba el auricular con tanta furia que hizo temblar el aparato entero. Lanzó un insulto y pateó la pared.

- ¿Problemas? -preguntó Julia.

- El estúpido hotel no me reservó mi habitación. Ahora estoy a la deriva.

- ¿No puedes tomar otra habitación?

- Hay que reservarlas con anticipación. Y aunque me ponga a llamar a todos lados no hay ninguna garantía de poder conseguir una mísera habitación.

- Mira, ¿por qué no pasas la noche en mi habitación? Quiero decir, es demasiado amplia para mí sola. Mañana con todo el tiempo por delante puedes encargarte de conseguir algo.

Sandra puso la mano sobre su boca y lo pensó. Aparte de tener un lugar seguro donde pasar la noche, había algo más que la motivaba a pasarla con ella. Sandra no podía explicarlo pero algo la impulsaba a aceptar la invitación.

La suite de Julia era bonita y espaciosa. Una cama matrimonial, un living con sofá, un gran televisor con laser-disc y VCR y un gran jacuzzi. Sandra se metió en el jacuzzi, suspirando mientras sentía como las tensiones del día iban desapareciendo. Tenía una bikini verde. Estaba feliz de haber podido recuperar su equipaje. Se hubiese sentido muy fuera de lugar si tenía que dormir desnuda en la habitación de Julia.... bueno, quizá no demasiado fuera de lugar.

Escuchó que golpeaban la puerta.

- Pase -dijo. La puerta se abrió y Julia entró. Llevaba una malla azul de una sola pieza. Sandra tuvo que luchar para poder apartar la mirada de esas terribles piernas.

- Pensé que podía venir a hacerte compañía ¿Puedo? -preguntó Julia. En silencio, Sandra asintió. Julia pareció vacilar antes de decidirse a entrar lentamente al jacuzzi y sentarse sobre el agua cálida.

Un silencio momentáneo cubrió la habitación.

- Ah, gracias por dejarme quedar aquí -dijo Sandra frotándose un hombro.

- No hay problema. ¿Te pasa algo?

- Una pequeña contractura en el cuello. Es un poco molesta.

- Okey, déjame a mi. -Julia nadó y se deslizó al lado de Sandra. Puso sus manos sobre el cuello de su compañera y suavemente comenzó a masajearlo. Sandra cerró sus ojos mientras Julia la masajeaba. A medida que iba sintiendo esos fuertes dedos sobre su cuello, Sandra sintió que comenzaba a excitarse. Ella no era homosexual pero se daba cuenta que sentía una atracción hacia Julia. Una fuerte atracción. Y apostaba a que a Julia le pasaba lo mismo.

Hubiese ganado la apuesta. Julia tenía un nudo en el estómago mientras masajeaba a Sandra, tratando de comprender los sentimientos que se apoderaban de ella. Lentamente se colocó delante de Sandra hasta que sus cuerpos se tocaron. Colocó sus manos sobre la base del cuello y siguió su rutina de masajes, cada vez más suaves, cada vez más eróticos. Sandra había quedado como magnetizada, con los ojos perdidos en los ojos de Julia y al instante suavemente suspiró y echó su cabeza hacia atrás. Impulsada por una extraña fuerza, Julia se acercó más y besó los labios de Sandra. Las dos permanecieron inmóviles por un momento, sorprendidas por lo que estaba pasando. Entonces, lentamente, Sandra pasó su lengua alrededor de la boca de Julia.

Se miraron una a la otra, esperando y pensando que iba a suceder. Julia llevó sus manos hacia los pechos de Sandra y los apretó, sintiéndolos duros debajo de la bikini. Las manos de Sandra fueron hacia los hombros de Julia y se dedicaron a bajar su traje de baño mientras Julia le quitaba la parte de arriba de la bikini. Las dos quedaron con los pechos expuestos. Los senos de Julia eran más grandes pero los de Sandra presentaban unos pezones más grandes. Los cuatro montes estaban casi flotando en las cálidas aguas. Sandra atrajo a su amiga hacia ella y la besó nuevamente y esta vez rozaron sus pechos piel contra piel.

Julia bajó sus manos y alcanzó las nalgas de Sandra, apretándolas, por lo que su pareja dejó escapar un gemido de excitación. La Bullock despegó sus labios de la boca de Julia y colocó su cabeza sobre los hombros de su amiga. Gemía mientras Julia masajeaba su culo. Dejó que Julia terminara de sacar la parte posterior de la bikini y se sentó en el borde del jacuzzi exponiendo su oscura concha. Miró a Julia a los ojos deseando que entendiera la invitación. Julia lo hizo y colocó su cabeza entre las piernas de Sandra. Después de dudar brevemente, sacó su lengua y comenzó a lamer, alcanzando el clítoris de Sandra con suma facilidad. Por ser la primera vez que le practicaba sexo oral a otra mujer, era asombrosa la velocidad con la que aprendía. Su lengua se desenvolvía con suma facilidad mientras sus manos trabajaban sobre los pezones de Sandra. Mientras tanto, Sandra no paraba de gemir y sentía que Julia comenzaba a chupar sus jugos. No aguantó más y acabó sobre la cara de Julia.

Julia levantó la cabeza y la miró, su cara tenía rastros de la acabada de Sandra.

- Pienso que estaríamos más cómodas en otra parte -le dijo.

Sandra asintió vigorosamente. Julia se puso de pie y se quitó el resto de su traje de baño. Tomó la mano de Sandra y la condujo hacia el dormitorio principal. Las dos mujeres se tiraron sobre la cama, Sandra arriba. Se revolcaron, besándose y tocándose las humedecidas carnes. Sandra colocó su cabeza sobre los pechos de Julia y los besó. Luego bajó su cabeza hasta la entrepierna de su amiga. Pasó un dedo por la humedecida concha de Julia y recibió como respuesta un gemido de excitación. No esperó más y comenzó a lamer su clítoris. Jugó con su lengua tratando de abarcar todos los lugares escondidos de esa entrepierna. Julia tomó con sus manos la cabeza de Sandra y la atrajo aún más hacia su concha, instándola a continuar. Finalmente Sandra logró que se habia propuesto. El orgasmo de Julia se derramó sobre su lengua y las sábanas. Tragó el dulce sabor y decidió que ahora era el turno de Julia.

En una habitación dos pisos más abajo, un pequeño control remoto apuntaba hacia el conducto de ventilación y alguien oprimía el botón de "Stop". Era nada más y nada menos que la empleada de Planet Hollywood. La mujer sonrió y quitó la pequeña cinta de video de la grabadora mientras tomaba el disco verde espiralado que se encontraba sobre la mesa. No había periódico en el país que no pagaría tres millones de dólares por las fotos de las dos más glamorosas estrellas de Hollywood haciendo el amor. Su empleo en Planet Hollywood le permitió tener esa posibilidad. Guardó la unidad y su ropa y dejó la habitación. No quiso molestar a los dormidos compañeros de habitación, aunque gracias a su disco ellos dormirían por lo menos durante una hora más. Agradecía a Dios por lo que había heredado de su abuela y por los cuatro años de clases de sicología.

Había dejado ya la recepción del hotel y estaba buscando un taxi cuando algo la golpeó. El golpe fue tan fuerte y sorpresivo que le hizo perder el equilibrio. Cuando cayó al piso la cámara con la cinta y el disco volaron de sus manos. Cuando levantó la vista vió horrorizada que un para de ladronzuelos se reían de ella mientras sostenían en sus manos el disco, la cinta y los millones que esto representaba. Corrieron, cruzaron la calle y se subieron a un autobús que pasaba por allí.

- ¿Qué fue eso? -preguntó Julia.

- Un orgasmo, tonta -respondió Sandra mientras ensortijaba el cabello de su pareja. Julia suavemente la besó mientras intercambiaban posiciones. Lo iban a hacer otra vez sin darle importancia al chillido salvaje que venía desde afuera.

El destino ama las bromas.

FIN