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Dominio de materiales y sus aplicaciones en el Mundo Antiguo Rolando Delgado Castillo Universidad de Cienfuegos.
Al emplear aquí el término de “Mundo Antiguo” estamos considerando ese extenso período histórico que se inicia, según los datos arqueológicos disponibles, en Oriente Próximo y en Egipto hacia finales del IV milenio a.C., y termina con el proceso de disolución del imperio romano hacia la mitad del siglo V, En otras palabras estamos intentando sumariar los logros en el conocimiento prequímico y otros hitos relacionados con este ámbito, durante el colosal intervalo de cuatro mil quinientos años, unas tres cuartas partes de los tiempos históricos.
Lo que reconocemos como egipcios, sumerios, o chinos es un producto cultural, con su repertorio de realizaciones materiales y espirituales, cuya identidad se alcanza en un escenario territorial a partir de un momento determinado. A pesar de lo irrepetible y singular de la construcción de cada cultura del llamado mundo antiguo se torna claro que ciertas regularidades presidieron esa compleja edificación histórica.
El proceso de transformación de la aldea en ciudad se combina con la producción de espectaculares descubrimientos o inventos, que coinciden cronológicamente en cada región porque se dan las condiciones oportunas, pero que al mismo tiempo contribuyen decisivamente a la transformación de la realidad.
El progresivo incremento del excedente agrícola y el correspondiente aumento de la actividad comercial abren la posibilidad de una especialización o división social del trabajo. Resultado de esta división social aparecen diferentes ocupaciones entre las que se encuentran los encargados de desarrollar e imponer una ideología, como paradigma cultural al servicio del grupo dominante. El aparato estatal está entonces en el orden del día histórico para garantizar los intereses de esta clase y supuestamente regular las normas y relaciones en beneficio de la colectividad.
Con los estados surge una mecánica de la violencia en las relaciones intercomunitarias, basada en la solución del litigio mediante la confrontación bélica. La filosofía de la guerra, alentada por el botín como fuente de adquisición de riqueza, que en un momento determinado alcanza al propio hombre esclavizado, conduce al ciclo de vida de los imperios: la expansión, el esplendor, la crisis de las contradicciones internas y, a la larga, la decadencia y desaparición.
Las primeras grandes civilizaciones tenían ante sí diversos problemas de supervivencia que los sabios de la época debieron abordar y contribuir a resolver desde la luz que ofrece la teoría. Investidos generalmente de atributos religiosos, en las primitivas formas que adoptó la división social del trabajo, sus conocimientos eran mantenidos y transmitidos en comunidades cerradas, como un instrumento más de poder.
Los conocimientos en el área de las transformaciones físico - químicas de las sustancias que constituyeron conquistas de las civilizaciones del mundo antiguo no estuvieron acompañadas de una reflexión teórica, sino más bien de una práctica iluminada por el ensayo-error y no pocas veces asistidas por la casualidad. Esto no niega la existencia de una práctica intencional dirigida a aprovechar todos los elementos naturales o sus modificaciones para bien de la comunidad.
Los primeros asentamientos humanos se establecieron en los valles de los grandes ríos. Mesopotamia, una de las cunas de la civilización, debe su nombre a su ubicación geográfica "entre dos ríos". En la llanura que se extiende entre el Tigris y el Eúfrates, región fértil que ofrecía potencial capacidad para el desarrollo de la agricultura, surgió la civilización sumeria hacia el 3250 a.C., y con ella las primeras ciudades. Sumerios, asirios y babilonios fueron tres culturas que se sucedieron a lo largo de tres milenios, teniendo como escenario este territorio, y que sobresalieron por sus logros en el campo de la vida material y espiritual de sus ciudades.
La inauguración hace unos diez mil años de la cultura de la cerámica, supuso el dominio de la arcilla, mineral complejo formado por un silicato de aluminio que posee una cierta naturaleza plástica y que al secar o ser sometido a calentamiento endurece.
Al aprender el hombre a trabajar el barro, se inicia la producción de ladrillos y el desarrollo del arte alfarero, que coincide en ciertas civilizaciones con el desarrollo de la agricultura y la edificación de los primeros asentamientos humanos. La ciudad antigua de Jericó, una de las primeras comunidades agrícolas, muestra en su segundo nivel de ocupación, que data del milenio VIII a.C., un gran número de casas redondas de ladrillo de adobe.
Descubrimientos arqueológicos demuestran que fue la cultura sumeria, con su dominio del torno alfarero, la que produjo entre el año 3500 a.C. y el 3000 a.C uno de los más revolucionarios inventos de la humanidad: la rueda. La rueda hizo aparecer una nueva generación de vehículos de transporte terrestre, modificó así la noción del tiempo y del espacio a recorrer por el hombre, amplificó la escala del intercambio comercial, posibilitó la mejora de la cultura de la tierra y la práctica de la caza, facilitó el progreso de las construcciones y finalmente transfiguró el escenario bélico.
En materia de tecnología y construcciones se atribuye a los sumerios: la invención de la fundición del bronce por el método de la cera perdida; la construcción de carretas y furgones; la fabricación de ladrillos empleados en la elevación de murallas defensivas en ciudades como Uruk (2800 a.C.); la erección de palacios como el de Sargón el Grande (2335-2279 a.C), el primer creador de un gran imperio que conquista toda Mesopotamia, parte de la actual Siria, Asia Menor, y buena parte del territorio que más tarde fuera Persia; el levantamiento de diques y la apertura de canales en evitación de las inundaciones (hacia el 2630 a.C.); la edificación de templos de adobe decorados con fina metalurgia y una ornamentación de ladrillos vidriados como el gran zigurat de Ur erigido en el segundo milenio a.C. y dedicado a la deidad lunar de la religión sumeria; la utilización del alabastro y el trabajo en la escultura con algunos metales como el oro, la plata y el cobre.
Existen las pruebas documentales de que durante la civilización babilónica (siglo XVIII - VI a.C.), que tuvo como herencia el desarrollo técnico alcanzado por los sumerios, se lograron avances en los procesos de blanqueo y tinte, y en la preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y perfumes.
A los pies de otro gran río, el Nilo, creció una de las culturas más brillantes de la Antigüedad. Se distinguen tres imperios en un período histórico que abarca unos 18 siglos desde la primera dinastía fundada hacia el 3 000 a.C. que los historiadores han llamado el Antiguo Egipto, el Imperio Medio y el Nuevo Imperio cada uno con una vida de aproximadamente cinco siglos, y un total de unas treinta dinastías. Egipto se destacó especialmente por su esplendor cultural a partir de la III dinastía, radicada en Menfis.
Tras su conquista y conversión en provincia asiria por el Rey Assurbanipal (669 – 627 a.C.) hacia el 650 a. C. jamás volvería Egipto a recobrar su grandeza. En el año 525 a.C. Dario I (c. 558- 486 a.C.) lo sometió al imperio persa. El macedonio Alejandro Magno ( 356 – 323 a.C.) lo conquistó en el año 332 a.C. y a su muerte, Egipto fue regido por una dinastía de griegos hasta el 30 a.C. en que fue anexionado por Roma.
En su larga existencia, la cultura egipcia legó a la humanidad un sinnúmero de inventos y descubrimientos que trascenderían a su época y al margen de los sorprendentes avances en la Astronomía, Geometría, y Arquitectura, el origen de la Química, incluso etimológicamente según algunas fuentes, se encuentra en la Khemeia egipcia.
Paradójicamente, ciertos ritos y creencias sobrenaturales, reflejos de diversas enajenaciones terrenales y del misterio de la muerte, impulsaron el desarrollo del conocimiento en áreas como la elaboración perfumes y cosméticos, tintes y colorantes. El término perfume tiene su origen en el latín "per fumo" (por el humo) pero se sabe que los egipcios saturaban la atmósfera de tumbas y templos sagrados con fragancias agradables procedentes de preparados perfumados. También se sabe que tanto sus hombres como mujeres se aplicaban ciertos aceites aromatizados sobre la cara para aminorar el efecto deshidratante del clima cálido y seco que debían soportar; y que gustaban decorarse los párpados con un pigmento verde y otro oscuro preparado con antimonio y hollín.
Se ha podido establecer que la antigua sociedad egipcia en su división social del trabajo separó al médico del sacerdote y al hacerlo ponía en manos del médico el desarrollo de las terapias terrenales para la salvación del cuerpo, mediante el análisis empírico-racional de las enfermedades y su tratamiento. Algunos elementos de la farmacopea como el desarrollo de los laxantes y el conocido empleo que le dieron al ácido tánico en el tratamiento de las quemaduras llegan hasta nuestros días.
En la construcción de las colosales pirámides y en el propósito de vida eterna para sus moradores se integrarían los saberes y habilidades egipcios desde la Geometría hasta las prácticas de la Khemeia. Imhotep constructor de la primera pirámide egipcia, de carácter escalonado, unos 2700 años a.C., se considera también el primer médico y un precursor de la khemeia egipcia. En su afán de momificar los cadáveres, los egipcios desarrollaron métodos de conservación que exigió el estudio de las sustancias con propiedades balsamáticas y antisépticas. Sus resultados sorprendieron milenios después al mundo occidental.
Los egipcios no sólo conocieron y trabajaron los metales más importantes de cada época: el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo y otros, sino que aprendieron a preparar pigmentos naturales, jugos e infusiones vegetales, tintes y colorantes. El algodonero egipcio (Gossypium hirsutum), creció en el valle del Nilo, y sus rendimientos propiciaron el inicial desarrollo del telar en el 2 500 a.C. unos 4 400 años antes del telar mecánico de Arkwright. Sus telas teñidas resultaron especialmente apreciadas y ello propició, el desarrollo de tintes y colorantes.
Este cúmulo de conocimientos que se fue acopiando y transmitiendo sobre las propiedades y las transformaciones de las sustancias químicas constituyó el núcleo de lo que llamaron la khemeia egipcia.
Hacia el 3 500 a.C., los egipcios que disponían de minas de cobre en el desierto oriental entre el Nilo y el Mar Rojo, fabricaban el bronce según lo demuestran hallazgos encontrados en la tumba del faraón Itetis. Resulta de interés apuntar que a partir de la IV dinastía egipcia iniciada con el Faraón Snefru, es decir hace unos 4 900 años, la extracción de minerales valiosos y la fabricación de metales fueron operaciones encargadas a los más altos oficiales egipcios y aún a los hijos del Faraón. El monopolio imperial de estas actividades revela la importancia que le concedía el estado al dominio y secreto de las prácticas metalúrgicas. Cabe conjeturar dada la alianza entre la familia real egipcia y la clase sacerdotal que fueran los laboratorios de sacerdotes dónde celosamente se guardaran los secretos de tales prácticas.
Las técnicas involucradas en el reconocimiento de los minerales, el proceso de reducción a metales y su fundición, la forja y el templado de los metales han tenido tal repercusión en el progreso social que los historiadores han periodizado etapas de desarrollo como Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro.
El dominio de los metales se inicia por el cobre, elemento 25 en abundancia relativa en la corteza terrestre, pero que puede encontrarse en estado nativo y se reduce de sus óxidos con relativa facilidad. No obstante el desarrollo desigual que experimentaron las civilizaciones antiguas, erigidas en distintos escenarios naturales, hace que el dominio de un material y el arte o técnica de elaboración de objetos con él aparezca en fechas bien distintas.
Precisamente la génesis de la metalurgia se presenta cuando los hombres aprendieron que un calentamiento enérgico de una mena azulada con fuego de leña, producía un nuevo material rojizo, resistente, y que poseía una propiedad no exhibida por la piedra, su carácter maleable. Este material permitía la fabricación de instrumentos más efectivos y duraderos. Asistimos al inicio de la Edad del Cobre en dos regiones tan distantes como el Medio Oriente y la actual Serbia, unos 4 000 años a.C.
Sorprende que descubrimientos arqueológicos demuestren la entrada en escena de un nuevo material más duro que el cobre, unos 500 años antes del inicio de la Edad del Cobre. En el sudeste asiático, en la tierra de los Thai, debieron practicar la reducción de una mezcla de minerales que diera origen a la primera aleación trabajada por el hombre: el bronce. El bronce, una aleación constituida por cobre y estaño (y en menor proporción otros metales), es más duro y resistente que cualquier otra aleación común, excepto el acero, y presenta un punto de fusión relativamente bajo.
El dominio de un material por una sociedad no sólo se ha traducido en un determinado logro para la fabricación de instrumentos de trabajo y desafortunadamente en el perfeccionamiento de las armas sino también ha encontrado reflejo en las manifestaciones de las artes plásticas.
Una nueva sustancia metálica hacía su estreno en el Asia Menor, allá por el 1 500 a.C. Los territorios del Asia Menor, que se extendían en la península de lo que hoy ocupa la Turquía asiática, sirvió de asentamiento de diversas culturas que conocieron del brillo y del declive.
Hacia el 1900 a.C se extendieron por estos dominios, los hititas. A ellos correspondió el mérito histórico de inaugurar la edad del hierro y al desarrollar la técnica de la fundición de este metal se convirtieron en poderosos guerreros que conquistaron toda la Anatolia central hasta el Mediterráneo creando un gran imperio que rivalizó con Egipto, Babilonia y Asiria. Los hititas debieron vencer las dificultades prácticas que supone aislar el hierro de sus óxidos minerales. Se necesita ahora el fuego del carbón vegetal y una buena ventilación. El dominio del hierro trajo considerables ventajas: se lograban producir herramientas y armas más fuertes y duraderas, y además el hierro aventajaba al cobre en la abundancia de sus yacimientos. De cualquier forma, Europa no implanta la tecnología del hierro hasta el siglo VII a.C., en China se inicia un siglo después, y en el África subsahariana hacia el 500 - 400 a. C.
La arqueología ha demostrado que durante un largo período histórico, desde el 3000 hasta el 1200 a.C., perteneciente a la llamada Edad del Bronce se desarrollaron dos culturas, la minoica, que tuvo como centro la isla de Creta y la micénica que hacia el 1450 a.C. pasó a convertirse en el eje de la civilización del Egeo. La civilización egea nos legó unos 1 500 años a.C. una joya de la cultura del bronce en la obra “La máscara de Agamenón”, según la tradición griega, rey de Micenas y jefe de los griegos en la Guerra de Troya. La maleabilidad del oro es aprovechada acaso de manera insuperable por los orfebres de la civilización minoica. Los vasos de Vafió encontrados en la cercanía de Esparta y fabricados unos 3500 años atrás, con las típicas escenas taurinas de esta cultura son un exponente relevante de esta civilización.
China es uno de los países del mundo con más antiguo desarrollo económico. Hace cinco o seis mil años, la gente que vivía en la cuenca del río Amarillo ya se dedicaba a la agricultura y a la cría de ganado.
Hacia el siglo XXI a.C., aparece la primera dinastía China, la Xia, con su peculiar forma de sociedad esclavista, terminando así el largo período de sociedad primitiva. Las siguientes dinastías Shang (siglo XVII-XI a.C. aprox.) y Zhou del Oeste (siglo XI-770 a.C. aprox.), representan momentos del desarrollo de las relaciones de producción esclavista. Los sucesivos Período de la Primavera y del Otoño (770 - 476 a.C.) y el Período de los Reinos Combatientes (475 - 221 a.C.) son considerados como etapas de transición hacia formas de producción feudales.
Durante el inicio de la dinastía Shang, hace más de 3.500 años, se conoció la técnica de fundir el bronce, utilizaban instrumentos de hierro, y producían utensilios de alfarería blanca y esmaltada. La producción de seda y su tejeduría también estaban bastante desarrolladas en esa época.
En el Período de Primavera y Otoño (770 - 476 a.C.), apareció la técnica de producción artesanal de acero. En el Período de los Reinos Combatientes (475 - 221 a.C.) la famosa obra hidráulica de Dujiangyan fue construida en las cercanías de la actual ciudad suroccidental de Chengdu, y ha venido desempeñando, durante más de dos mil años, un papel importante en el regadío, desviación de inundaciones y la evacuación de arena.
En el año 221 a.C. Qin Shi Huang, primer emperador chino, puso fin a las posesiones de feudos por los dignatarios del Período de los Reinos Combatientes, y fundó un estado feudal, pluriétnico unificado, y de poder centralizado. El primer emperador unificó las letras, la unidad de medida y la moneda.
Qin Shi Guang ordenó construir la Gran Muralla China, la obra más extensa construida por el hombre. El objetivo era defender su país contra las invasiones de los mongoles. Se afirma que casi medio millón de trabajadores participaron en la construcción de esta muralla que empieza en el mar y continúa durante 2 450 kilómetros, atravesando valles y montañas, torrentes y ríos.
La invención del papel es una de las grandes aportaciones de los chinos a la cultura universal. Aunque se registran enormes discrepancias en la fecha en que aparece aplicada esta invención lo cierto es que la técnica de producción del papel a partir de celulosa fue dominada por los chinos casi mil años antes de ser introducida en Europa por los árabes a través de España (1150). Existen fuentes que admiten como restos del papel chino más antiguo el hallazgo arqueológico encontrado en el pueblo de Lou - Lan en el Turquestán chino, de fecha cercana al siglo II, otras lo sitúan tres siglos antes durante la dinastía de los Han de Occidente.
La impresión de dibujos e imágenes en tejidos en la China precedió en más de un siglo a la técnica de impresión de textos. La invención del papel constituyó un importante antecedente para el asalto a esta técnica. El papiro, una verdadera revolución en su época, era demasiado frágil como superficie de impresión y el pergamino, que sustituiría poco a poco al papiro empleado por griegos y romanos hasta el siglo IV d.C. resultaba un material caro y de difícil producción masiva (se obtenía por un tratamiento de la piel de ovejas, terneros o cabras, con cal y posterior largo proceso con polvo de piedra pómez para devastarla convenientemente). El papel por su parte es bastante resistente y económico, se obtenía inicialmente de la corteza del árbol llamado morera. Se ha señalado como otro factor que empujara la invención de la imprenta de tipos móviles por los chinos, la difusión de la religión budista por sus extensos dominios que arribó al Asia Central en el siglo I d.C, siguiendo las rutas del comercio y que a pesar de las persecuciones que sufrieron sus adeptos se fue consolidando y adaptando a las costumbres de este inmenso país. En verdad es práctica de toda religión la reproducción de copias de sus textos sagrados y de sus oraciones. La navegación marina tuvo también en un invento chino, la brújula, importante condicionante para su desarrollo. Dos tipos de sustancias: la resina fósil conocida como ámbar y la magnetita demostraron que las fuerzas de acción a distancia no sólo se observaba en la naturaleza en la caída de los objetos hacia la tierra.
Los griegos apreciaron la atracción que ejercía el ámbar frotado sobre los cuerpos ligeros y le llamaron electrón a esta resina siciliana, de dónde procede el término actual de electricidad. Por su parte, Plinio trasmite la leyenda de que fuera el pastor Magnesos quien descubre las propiedades del imán y de esta tradición deriva el término de magnetita. Parece sin embargo más propio suponer que la magnetita procede del nombre de la ciudad de la antigua Lidia, cerca de la cual se hallaban grandes yacimientos de mineral de hierro imantado.
De una u otra fuente, el pensamiento filosófico griego abordó la naturaleza de las atracciones magnéticas y Tales, el fundador de la Escuela de Mileto, recurrió a un criterio animista al atribuirle “alma”. Aristóteles en el marco de una doctrina general de “las simpatías”y las “antipatías” de las cosas, pretende explicar la atracción específica del imán sobre el hierro. La evolución de estas ideas hasta la visión mecanicista de Empédocles desemboca en las consideraciones atomísticas desarrolladas especialmente por Lucrecio que relaciona la acción del imán sobre el hierro con emanaciones atómicas.
A China debe el mundo en materia de medicina tradicional el desarrollo como terapia alternativa, mucho antes de la fabricación de agujas imantadas, de la técnica conocida como acupuntura, consistente en la penetración de agujas en determinados puntos del cuerpo humano, para el tratamiento de enfermedades reumáticas y otras dolencias; del masaje para la armonía del cuerpo; y el empleo de determinados fármacos entre los que sobresalen los extractos del ruibarbo por sus propiedades vermífugas, y del opio por sus propiedades analgésicas.
En relación con los colorantes orgánicos se conoce de su utilización a través del Talmud, libro religioso de los antiguos judíos, donde se prohíbe el corte del añil de menos de tres años. Hace dos mil años que los judíos extraían de esta planta procedente de la antigua India, un colorante azul: el índigo o añil. Varias especies de este arbusto contienen el glucósido que por oxidación al aire produce el colorante. El índigo ocupa por su belleza y estabilidad, uno de los primeros lugares entre los colorantes. En otro momento de la Historia, Publio Ovidio (47 a.C. – 17), al caracterizar en los Fastos el cortejo de los cónsules romanos describe sus vestidos del exclusivo color púrpura.
En el siglo XI a.C. la civilización fenicia que se había establecido hacia el 2 000 a.C., en el litoral del Mediterráneo al pie de los territorios del actual Líbano, tiene una gran esplendor. Fundaron importantes ciudades estados como Sidón y Tiro. De esta época data el surgimiento del alfabeto fenicio, primera escritura puramente fonética que se propagaría por todos los pueblos del mediterráneo.
El poeta Homero los identifica con el vocablo griego "phoinikes" que significa el púrpura, acusando la importancia que le concedían los antiguos al teñido de las telas. Los fenicios dominaron ya la técnica de extracción del púrpura de los moluscos (múrices) que en grandes colonias poblaban las aguas frente a las costas de Tiro. La extracción del púrpura suponía el tratamiento de miles de estos moluscos pues este colorante se encontraba en pequeñísimas cantidades en una glándula junto al hígado de los múrices. Así la explotación a que fueron sometidas estas colonias determinó su extinción.
Los fenicios también exportaban desde su principal puerto a orillas del Mediterráneo, Biblos, el material vegetal o papiro que servía a los griegos para sus escrituras. De esta fuente histórica derivan los vocablos de biblia, biblioteca, bibliografía, bibliofilia.
A lo largo del valle del Indo, en el territorio que hoy ocupa Pakistán y el occidente de la India, 25 siglos a.C. se desarrolló una cultura que construyó como otras civilizaciones erigidas en las márgenes de grandes ríos un sistema de canales y regadíos que demandó la creación de un sistema de cálculo numérico propio.
De la Medicina india, conocemos a través de Charaka (c100- ?), autor de uno de los primeros tratados de medicina, el empleo extensivo que hicieron los indios de las hierbas para la elaboración de medicamentos. El extracto de la raiz de la planta india Rauwolfia serpentina (a partir del cual se aislara la reserpina, el alcaloide utilizado como el primer tranquilizante moderno); las resinas narcóticas y analgésicas del cáñamo índico y del beleño fueron preparaciones de la Farmacopea india. Charaka y Sushruta (siglo IV d.C.) representan la síntesis de la tradición en el campo de la medicina de la India antigua. La experiencia hindú abrió nuevos caminos en el terreno de la anestesia mediante la utilización del cañamo índico, en la elaboración de potentes antídotos para contrarrestar el envenenamiento por mordeduras de serpientes venenosas, y en ciertas prácticas quirúrgicas que fueron legadas a los musulmanes. La entronización del budismo en la cultura hindú frenó los estudios anatómicos y las necesarias disecciones para los avances en materia de fisiología.
Las culturas precolombinas se desarrollaron según tres períodos históricos: el período formativo o preclásico que presenta sus contornos difusos desde el 1 500 a.C. hasta el 250 d.C., el período clásico entre el 250 – 900 de la era cristiana, y el postclásico desde el 900 – 1500, cuando se produce el encontronazo cultural que significó la conquista europea.
Dos áreas geográficas representaron las civilizaciones de mayor desarrollo: Mesoamérica y el área andina. En las páginas que siguen, apenas rozaremos los logros más significativos de dos culturas del período formativo: la cultura olmeca y maya en Mesoamérica, y la cultura paracas del área andina. Más adelante, cuando abordemos el medioevo y renacimiento, nos detendremos en los avances de las culturas mayas, aztecas y andinas en los períodos clásico y postclásico.
La cultura más antigua de la Mesoamérica precolombina fue la olmeca cuyo período de mayor florecimiento se desarrolla entre el 1200 – 900 a.C. Llama la atención que el propio término olmeca signifique “la gente del país del hule o del caucho”, lo que supone que estos dominaran la técnica de recolección del látex de las plantaciones y su posterior aplicación en diversos fines. Esto ocurría siglos antes de que llegara a la Francia del siglo XVIII, desde las selvas Amazónicas, los rollos del caucho que, casi un siglo después, el inventor y químico escocés Charles Macintosh (1766-1843) lograra emplear en la manufactura de tejidos impermeables.
La civilización maya, uno de los imperios más poderosos de Mesoamérica, llegó a ocupar un territorio equivalente a tres veces la superficie del archipiélago cubano, extendiéndose, desde la península de Yucatán por las tierras bajas de México, Belice y Guatemala, hasta Honduras. El período formativo o preclásico de esta cultura se fija entre 2000 a.C. hasta 250 d.C.
A miles de kilómetros de Mesoamérica, contemporánea con la cultura olmeca, se desarrolla entre 1200 a.C. y el 200 a.C., en una extensa zona de la costa y la Sierra peruana la cultura matriz de la civilización andina: el movimiento unificador Chavín. Es curioso advertir que en la iconografía religiosa de ambas culturas aparece ocupando una posición especial la figura felina.
El centro ceremonial en “U” de Chavín de Huantar es un conjunto de edificios piramidales con galerías en su interior; plazas hundidas flanqueadas por estructuras menores que se proyectan de las construcciones nucleares o templos; terrazas de distintos niveles que van unidas por monumentales graderías líticas; portadas y escalinatas, que fueron hechos como parte de dos grandes proyectos, cada uno con sus modificaciones y ampliaciones respectivas, que se habrían ejecutado entre el 1.200 a.C. y 200 a 300 a.C.
La cultura Chavín trabajó el oro, la plata, el cobre y, posiblemente, algunas aleaciones. Para fundir los metales debieron emplear hornos de arcilla y carbón vegetal; las técnicas empleadas fueron: la cera perdida, el labrado, el repujado y la incisión. Los objetos metálicos hallados actualmente son herramientas, adornos corporales, objetos rituales y armas.
En una inhóspita zona de la costa sur peruana se desarrolló una cultura que recibió el nombre del vendaval de arena que asola esta región desértica como resultado del viento marino que durante varios meses la castiga: el Paracas. En realidad, dos movimientos culturales se sucedieron en la región durante casi un milenio: la cultura Paracas Caverna (700 a.C. - 200 a.C) y la Paracas Necrópolis (200 a.C. – 200 d.C.). Las diferencias encontradas en los hallazgos arqueológicos en la forma y contenido de las sepulturas, fundamentan la clasificación propuesta por los expertos. En común, se advierte la aplicación de técnicas de trepanación y la deformación artificial del cráneo en sus cadáveres momificados. En el capítulo de las diferencias aparecen sus tumbas características, los fardos funerarios presentes en la cultura necrópolis, y las particularidades de sus mantos y objetos artesanales de cerámica.
Gracias a su clima seco, enterrados en tumbas comunitarias del desierto, se han burlado del paso del tiempo excelentes tejidos que tienen una antigüedad de 2.500 años. Las fibras del algodón o de la lana de la llama sirvieron para tejer vestidos que presentaban diseños e imágenes que se incorporaban al tejerlas, o se pintaban o bordaban posteriormente. La cultura de Paracas se destaca también por sus excelentes cerámicas que ponen en evidencia una sociedad compleja, con división en las actividades y en el trabajo.
Durante toda esta época histórica, los conocimientos por lo visto eran recibidos y transmitidos por artesanos y técnicos mediante la tradición, pero ignoramos las reflexiones que acompañaban a sus prácticas de instrucción. Esto significa que si entendemos la ciencia no sólo como el saber hacer (arte y técnica), sino además como el conocer y poder explicar las razones por las cuales se hace así y no de otra manera, debemos admitir que ella comienza cuando ya la técnica en la cual se apoya y a la cual soporta, hace mucho tiempo ha sido establecida.
El momento en que puede considerarse se inicia la evolución de un pensamiento teórico precientifíco data del siglo VI a.C. y tiene como escenario “clásico”, en la historia de la cultura occidental, la sociedad esclavista de la Grecia Antigua. En sus instituciones ¨académicas¨ se inicia una reflexión teórica, metódica y productiva sobre la naturaleza y se alcanza la expresión más completa de la doctrina acerca de la sustancia y sus componentes. De esto trataremos en la sección que sigue...
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