Las ciencias y el desarrollo de la alquimia medieval   

Rolando Delgado Castillo

Universidad de Cienfuegos


 

 

El período histórico que se pretende abarcar a continuación comprende los casi diez siglos de vida del régimen medieval europeo desde que se produce el proceso de disolución del imperio romano en Occidente a fines del siglo V hasta mediados del XV en que viene surgiendo, empujado por importantes transformaciones económicas, el llamado Renacimiento. Se incluirán también en el recorrido por esta época los principales logros de la era de oro de la cultura islámica, los legados fundamentales del mundo oriental y las realizaciones más trascendentes del mundo precolombino.      

 

La influencia del cristianismo sobre el lento desarrollo del conocimiento científico europeo en esta etapa se explica atendiendo a los nuevos esquemas de pensamiento que esta religión portaba y a los intereses que defendía la nueva estructura del poder eclesiástico. Las principales preguntas y cuestionamientos que se hicieron los pensadores anteriores quedarían encadenadas por un dogma: sólo hay conocimiento en Dios y genuina vida en la fe.

 

En torno a la decadencia del imperio romano y al proceso de conversión de Roma al Cristianismo, surge la figura de Agustín de Hipona (354 – 430), oriundo de la colonia romana de Numidia en el norte africano, santificado por la Iglesia Católica, que intenta ofrecer una primera visión filosófica del Cristianismo. Las fuentes que nutren su doctrina son principalmente el escepticismo y el neoplatonismo. En el importante debate entre la razón y la fe, el ideario agustino representa un núcleo del postulado de “la doble verdad” desarrollado unos ocho siglos más tarde por  Alberto Magno (1200 – 1280),  cuando admite que el entendimiento filosófico no niega la fe religiosa sino puede fortalecerla. 

 

Hasta el cierre definitivo de la Academia en el siglo VI por el emperador Justiniano (482- 565), la pálida producción del conocimiento filosófico de la época se asocia a la traducción de clásicos y al replanteamiento de las ideas contenidas en los sistemas de Platón y Aristóteles.

 


Exponente de estos tiempos es la obra de Isidoro de Sevilla (c. 560-636), canonizado por la Iglesia Católica, quien en 623 (poco antes de la invasión árabe a la península ibérica) escribe Etimologías, una extensa compilación del conocimiento de la época, que es ampliamente difundida a lo largo de siglos y tiene por tanto el mérito de al menos conservar, en forma latente, el pensamiento avanzado de la cultura greco-latina.


 

Un momento de progreso cultural en el escenario europeo viene dado a  fines del siglo VIII, por lo que algunos consideran como revolución educativa impulsada por el rey de los francos, coronado como emperador en el 800 por el papa León III, Carlomagno (742 – 814). Este emperador, ordenó en su vasto dominio, la creación de escuelas anexas a las catedrales e iglesias de las poblaciones más importantes destinadas a enseñar rudimentos de lectura, aritmética y gramática. El imperio carolingio representó una etapa en la integración de las culturas germánica, romana y cristiana, que con el tiempo resultó una de las savias fundamentales de la civilización europea.

 

En una ojeada hacia el Oriente, resulta de interés pasar revista primeramente al contexto bizantino que al heredar el legado cultural  romano podría haber representado el escenario donde se conservaran y desarrollaran las tradiciones intelectuales del mundo clásico mediterráneo. Sin embargo, los bizantinos cristianos tampoco se dedicaron al enriquecimiento de las obras de los filósofos y científicos griegos y latinos. 

 

Pero existe una aportación, que mezclada con la leyenda, bien merece un breve comentario. Hacia fines del siglo VII, en medio de la expansión hacia el norte de los musulmanes, la armada bizantina utiliza un arma incendiaria en batallas navales, mucho más potente que las conocidas  hasta entonces, que sembró el pánico entre las naves atacantes. La receta de semejante arma, conocida luego con el término de Fuego Griego, fue tan celosamente guardada que 50 años después de su aparición en el escenario bélico sus propios dueños la habían perdido. Corresponde al terreno de la especulación las suposiciones de que los bizantinos decidieron no difundir el invento ante el temor de que pudiera caer en manos del enemigo.  La invención se asigna a un químico e ingeniero sirio llamado Calínico de Heliópolis que no solo prepara un material que por sus propiedades y poder destructivo recuerda al Napalm moderno sino que diseña el mecanismo propulsor de la mortífera arma. fuego griego era un líquido gelatinoso que se componía entre otras cosas de fracciones livianas de la destilación de petróleo, azufre, brea, aceites vegetales y tal vez salitre o cal viva. Lo cierto es que Bizancio pudo organizar con éxito la defensa de Constantinopla del acecho de los musulmanes pero bien distinta fue la suerte corrida por los pueblos hacia el este y el oeste que fueron conquistados por los árabes.

 


Teófanes el Historiador, narra en su obra  "Cronografía" el decisivo papel jugado por el llamado fuego griego, la primera arma incendiaria de la Historia, en la defensa de Constantinopla durante el asedio en el año 673 de las tropas árabes.  La mezcla incendiaria ideada por un ingeniero sirio cristiano era una especie de napalm que al entrar    en contacto con el aire se inflamaba y era imposible apagarlo con el agua.

 Aquellos que sobredimensionan el valor de la tecnología bélica en el desenvolvimiento de los acontecimientos afirman que sin esta arma los invasores musulmanes hubieran aplastado a Bizancio y extendido sus huestes por toda la Europa  tejiéndose de otra manera la Historia de la civilización occidental.


 

Paralelo al medioevo europeo, comienza rápidamente a expandirse un mundo islámico que gesta una brillante cultura cuyos logros fundamentales, examinaremos a continuación.  Conviene destacar que si la comunidad islámica llega a representar la civilización más fecunda de la época medieval esto se hace posible gracias a la política de integración cultural alentada por las dinastías musulmanas primero de los Omeyas (661- 750) y luego de los Abasis (s.VIIIs.XIII).  Los musulmanes llegaron a dominar ya a mediados del siglo VIII desde las regiones periféricas de China y la India, por el este, hasta el norte de África y casi toda la península Ibérica, por el oeste.

 

Mientras los Omeyas al conducir la expansión del Islam por los vastos territorios conquistados instauraban un clima de tolerancia  religiosa  que favorecía la inmigración de eruditos, procedentes del dominio bizantino, donde sufrían persecución si profesaban creencias cristianas heterodoxas o paganas, tanto los Abasis como la dinastía Fatimí de Egipto se convirtieron en Mecenas de las ciencias, fundando instituciones como la Casa de la Sabiduría de Bagdad (siglo IX) para el estudio de las ciencias y para la traducción de los textos científicos y filosóficos griegos, o el recinto universitario cairota, dedicado a la enseñanza secular, la Universidad al-Azhar (siglo X).

 

A un relevante representante de la Casa de la Sabiduría de Bagdad, el árabe Al-Jwarizmi (780 – 850), corresponde la gloria de haber reportado por primera vez la utilización del sistema de numeración posicional, uno de los más grandes inventos de la humanidad, ya que con sólo diez símbolos permite expresar fácilmente cualquier número y múltiples operaciones entre estos.  La primera referencia escrita del uso de este tipo de numeración en Europa data del año 976. Es considerado fundador del Algebra y su tratado sobre ¨Algebra y Ecuaciones¨ (Kitab-ul-Hisab-wal-jabr-wal-Muqabala) sirvió de texto durante siglos más tarde en las Universidades europeas. 

 

El rescate por los árabes de la Khemeia conservada por la secta de los Nestorianos en Persia, se transforma en un importante florecimiento de la Al-Kimia que potencia la fundación de una Farmacopea en Arabia.


La Casa de la Sabiduría (Dar al-Hikma), fundada en Bagdad en el siglo IX por el califato Abasí, promovió un auge extraordinario de la Matemática, la Astronomía y la Alquimia. Este centro propició la profesionalización del trabajo científico y en él laboraron en armonía, sabios musulmanes, judíos y cristianos. Este  beber de diferentes culturas contribuyó al esplendor árabe en las ciencias.  

A unos tres siglos de su fundación, la Casa de la Sabiduría y su grandiosa  biblioteca, tuvieron un trágico final. Con la toma de Bagdad por el invasor mongol en febrero de 1258, la magnífica colección de libros y manuscritos de Dar al-Hikma fue arrojada a las aguas barrosas del rio Tigris que durante días se transformaron en negras como resultado del teñido con las tintas usadas en la escrituras de las obras. Una suerte similar corrieron los fondos de la Gran Biblioteca de Córdoba si nos atenemos al dato hoy reconocido de que a partir de 1492 y durante la Inquisición Española medio millón de invalorables ejemplares fueron deliberadamente quemados en la pira inquisitoria.

Fatalmente, durante la guerra en Irak en el 2003, la Biblioteca Nacional y los Archivos Nacionales que atesoraban libros y manuscritos de esta época de oro de la cultura islámica conocieron del saqueo y del incendio de sus instalaciones…       


 

A partir del 750 y hasta el siglo XIII la Escuela de Farmacia de Arabia produce notables avances. El primer trabajo de este período, universalmente reconocido como un resumen de los conocimientos alquímicos acopiados en la época, es la obra de Abu Musa ibn Hayyan Jabir al-Sufi, llamado Geber en Occidente (760 – 815). A través de él conocemos que los alquimistas árabes trabajaron fundamentalmente con los metales oro y mercurio, con los elementos no metálicos arsénico y azufre, y con los compuestos formados por sales y ácidos. Ellos concebían los metales y en general la diversidad de la sustancias como el resultado de la combinación de dos principios representados por el azufre (sólido, combustible y amarillo) y el mercurio (líquido, metálico, y volátil). Confiaban en la transmutación de las sustancias y aunque sus hipótesis de partida fueran falsas iban desarrollando procedimientos experimentales para el tratamiento de las sustancias y descubrían nuevos productos, entre los que cabe mencionar el cloruro de amonio y el carbonato de plomo así como la destilación del vinagre para obtener el ácido acético concentrado, el ácido más empleado a partir de entonces en las recetas y digestiones alquimistas.

 

Considerado el primer gran filósofo musulmán, Al-Kindi (801 - ?) representa en el campo de la Alquimia un sucesor de la obra de ibn Hayyan. Nació también en Kufa,  estudió en Bagdad y llegó a ser un traductor, científico y filósofo reconocido en las cortes del célebre mecenas de las ciencias, el califa abasí Abdullah al-Mamun (reinado entre 813-833).  Al Kindi escribió ¨El libro de la Química del Perfume y las Destilaciones¨(Kitab Kimiya' al-'Itr). Esta obra contiene más de 100 recetas de aceites fragantes, ungüentos, aguas aromáticas y sustitutos o imitaciones de drogas costosas. 

 


El padre de Musa, hijo de Hayyan, Jabir Al-Sufi (Abu Musa  Ibn Hayyan Jabir Al-Sufi), Geber para Occidente, resumió los adelantos de la alquimia árabe y su visión de la diversidad como la combinación de los principios presentes en el azufre (sólido, combustible, amarillo) con aquellos contenidos en el mercurio (líquido, metálico y volátil). Sus últimos días  están signados por el arresto ante la caída del visir de la familia de los Barmecíes, gran mecenas de las ciencias, bajo cuyo patronazgo trabajaba en su ciudad natal de Kufa.

 

 

Las mas valiosas traducciones de las obras de Al-Rhazi en particular sobre las operaciones relacionadas con las sales y alumbres fueron compiladas en el siglo XII por el traductor  Gerardo de Cremona (1114-1187) bajo el título De aluminubus et salibus.  Las muchas versiones de este trabajo tuvieron una decisiva influencia sobre el desarrollo de la mineralogía en Occidente.  Otra contribución relevante de Al-Razi al desarrollo de la Química la encontramos en los diseños,  descripciones y usos de más de 20 instrumentos de laboratorio. Se ha llegado a afirmar que en los detalles dados por Al-Razi sobre las piezas integrantes de sus aparatos se ofrece la misma clase de información que se encuentra hoy en los catálogos de equipos de laboratorio.


 

Los más eminentes doctores árabes de la época realizaron aportaciones sobresalientes en el ámbito de la Alquimia. Así, el autor de una colosal enciclopedia médica, Abu Bakr Muhammed Ibn Zakariya Al-Rhazi (Rhazes, 850 – 925) aparece como el primero que inicia las aplicaciones de las sustancias químicas en la medicina despojada de todo sentido místico al emplear el yeso, de acuerdo con sus propiedades, en la inmovilización de los huesos fracturados. Se le atribuye además el descubrimiento de las cualidades expectorantes, eméticas y purgantes de los preparados medicinales del antimonio metálico. Estamos a más de 500 años del redescubrimiento de este elemento por parte del alquimista alemán Basil Valentine (¿1394?-?). En su trabajo ¨Secreto de Secretos¨, divide las sustancias en animales, vegetales y minerales. Una clasificación que perduró en el tiempo y representó el antecedente de la clasificación ulterior de mundo inorgánico y orgánico.

 

Para Al-Rhazi, el mercurio, oro, plata, piritas, vidrio, etc están comprendidos en el campo de las sustancias minerales; por su parte las sustancias vegetales resultan de los extractos y destilados de las plantas fundamentalmente usadas por los médicos; mientras las sustancias animales comprenden la sangre, leche, huevos, bilis, etc.   También consideró un número de sustancias artificiales tales como el óxido de plomo, sosa cáustica, y varias aleaciones. 

 

Maslama ibn Ahmad al-Majriti (? – 1007) es reconocido por sus influyentes escritos químicos. Se le adjudican dos obras sobre  Química, ¨ El paso del sabio ¨ y ¨ El objetivo del erudito ¨.  La segunda es bien conocida por la traducción ordenada por el Rey Alfonso en 1252 con el nombre de Picatrix.  En el libro ¨ El paso del sabio ¨ Maslama desarrolla la primera descripción cuantitativa de la síntesis de una sustancia que jugó en manos de Prietsley y Lavoisier un papel histórico: el óxido de mercurio.  Al introducir la pesada como un indicador de los cambios advierte cierta conservación de la masa (que obtenida en este caso por una compensación casual de los efectos contrarios de cierta  pérdida del mercurio por sublimación con la ganancia del 8% del oxígeno) lo que unido a otros experimentos descritos lo conducen a establecer por primera vez en la historia un principio de conservación: la conservación de la masa.  En su obra ¨ La línea del Sabio ¨  se ofrecen fórmulas e instrucciones para la purificación de metales preciosos.

 


 

Durante el esplendor económico y cultural del califato de Córdoba (961 - 976), se desarrolló un movimiento intelectual que tuvo su más brillante exponente en la figura de Maslama al-Majriti.  Su propio nombre revela su lugar de nacimiento, el Madjrit, pequeño poblado fundado por los musulmanes hacia la mitad del siglo IX, fronterizo entonces con el replegado Reino de León, que más tarde se convertiría en la populosa capital de Madrid.  Maslama es considerado el mejor matemático de su tiempo,  un notable químico experimentador, el primer científico importante hispano-musulmán y el fundador de una escuela de sabios musulmanes-hispánicos.


 

Finalmente, una prueba más de la extraordinaria actividad de Maslama fue la creación en Madrid de una Escuela de Sabios, constituida por sus propios discípulos que establecieron una red para la comunicación científica dispersando el conocimiento por  cada capital importante Taifa (Reinos musulmanes creados en la península ibérica a partir del siglo XI).

 

Otro representante de la ciencia de la España Islámica fue el médico Al-Zahrawi (936 – 1013).  Al-Zahrawi nació en Medinat al-Zahra cerca de  Cordoba  y su contribución más sobresaliente en el campo de la medicina quedó reflejado en su trabajo enciclopédico contentivo de 30 tratados conocido como At Tasrif. Este fue el resultado de casi 50 años de educación médica y práctica quirúrgica.  At-Tasrif contiene las primeras ilustraciones de instrumentos quirúrgicos, alrededor de 200, en la Historia de la Medicina.  Los instrumentos no solo son descritos sino también se muestra el procedimiento que ilustra su uso. Traducido al latín por Gerardo de Cremona tuvo al menos diez ediciones en latín entre 1497  y 1544.  En otro tratado publicado en latín 5 siglos después como  "Liber Thoricae" se clasifican 325 enfermedades y se discuten sus sintomatologías  y tratamientos.

 

La contribución de Al-Zahrawi al campo de la Química se concreta en sus trabajos sobre farmacología recogidos en el libro publicado en latín en 1288 como "Liber Servitoris. En esta obra Al-Zahrawi marca el inicio de la destilación como método para la preparación de drogas. Ofrece un número considerable de recetas para la obtención de los ¨simples¨ a partir de los cuales se formulan las drogas complejas que por entonces se recomendaban.  También ofrece los métodos de preparación del litargirio, plomo blanco, plomo quemado, cobre quemado, cadmio, arsénico amarillo, cal, vitriolos y  sales.

 

Al final del siglo X y comienzo del XI, el mundo islámico oriental y particularmente la zona de Persia controlada por la dinastía samaní que dominó los centros culturales de Samarcanda y Bujara fue sacudida por devastadoras luchas fraticidas.  Estas circunstancias sacudieron la vida de los sabios de esta región y obstaculizaron el desarrollo de la cultura científica árabe. Entre los exponentes más destacados de este período se encuentran Abu Rayhan al-Biruni (973 - 1048) y Abu Ali al-Husain ibn Sina (Avicena) (980 - 1037).

 

Ibn Sena (Avicena), es considerado como el sucesor de Al – Rhazi,  y el médico más importante en el período que media entre el Imperio Romano y los orígenes de la ciencia moderna. En su famosa obra Kitab ash-Shifa (El libro de las Curaciones) proclama como el principal objetivo de la Alquimia la preparación de sustancias para combatir las enfermedades y declara estéril el estudio de la transmutación de los metales en Oro. La vida de Ibn Sina transcurrió en un contexto repleto de adversidades que debió sortear para producir una importante obra científica, que lo sitúa entre los más famosos doctores, alquímicos y astrónomos de su época.   Ibn Sina escribió alrededor de 450 trabajos de los cuales 240 se conservan,  unos 150 se relacionan con la filosofía natural y 40 se dedican a la medicina,  sus dos campos principales de estudio. 


Ibn Sina - Avicena en Occidente- es conocido sobre todo por sus aportaciones en el campo de la medicina.   En Física, reconoce como diferentes formas de energía al calor y la luz, y en sus estudios sobre mecánica  introduce los conceptos de fuerza, vacío e infinito. Su atisbo de interconexión entre tiempo y movimiento adelanta la necesidad de los experimentos cuantitativos.   La percepción de la luz es para Ibn Sina debida a la emisión de un tipo de partículas por la fuente luminosa, y por otra parte dedujo correctamente que la velocidad de la luz es finita. También investigó sobre la gravedad específica  de  los  cuerpos  y  usó un termómetro de aire.


Abu Rayhan al-Biruni (973 - 1048), oriundo de la región de Jwarismi, ideó el método de la triangulación para medir las distancias terrestres y con ello calculó el radio del planeta en 6339.6 km, un valor no obtenido en Occidente hasta el siglo XVI. El libro de  Al-BiruniMasudic canon” contiene una tabla que ofrece las coordenadas de unos 600 lugares, casi todas obtenidas a través de sus propias estimaciones. Como corresponde con la tradición científica árabe, al-Biruni conjugó el pensamiento teórico con las observaciones y la experimentación llegando a la original conclusión de que la velocidad de propagación de la luz es inmensamente mayor que la del sonido, ideando los procedimientos para la extracción de los metales de sus minerales y para la determinación de los pesos específicos del oro, mercurio, plomo, plata, bronce, cobre, latón, hierro y estaño, y formulando una especie de ley de conservación de la masa en las reacciones químicas mucho antes de que se iniciara en el escenario europeo el tratamiento cuantitativo de las reacciones químicas con los trabajos fundacionales de los siglos XVII y XVIII. En otra dirección, Al-Biruni escribió uno de los mas valiosos trabajos islámicos  sobre farmacología titulado  Kitab al-Saydalah (El libro de las drogas), donde ofrece detalladas explicaciones sobre las propiedades de las drogas y las funciones y deberes del farmacéutico. 

Las precisas mediciones de los pesos específicos de los metales preciosos realizadas por al-Biruni fueron superadas casi un siglo después por quien fuera un joven esclavo de la región del oasis de Merv, centro agrícola y comercial de la época (en territorio de la hoy República de Turkmestán). Al-Khazini (primera mitad del siglo XII) merece ser incluido entre los grandes físicos, por sus admirables determinaciones de pesos específicos. 

 

Impulsado por el propósito de comprobar la pureza de los metales, joyas y aleaciones con fines comerciales Al-Khazini llevó a cabo refinamientos en la práctica de las balanzas que hacen de su conocida obra  la "Balanza de la sabiduría", (Mizan al-Hikma) un ejemplo de atención a la precisión científica en los resultados experimentales y uno de los más notables escritos del medioevo.  Este tratado ha sobrevivido en cuatro manuscritos. En estos estudios se describe la balanza hidrostática, su construcción y usos así como la teoría de la estática e hidrostática sobre la cual descansa.  En el primero de sus ocho capítulos pasa revista a los antecedentes encontrados en las obras de al-Biruni, al-Razi y Omar al-Khayam, y  en los errores de los clásicos griegos para luego diferenciar claramente los conceptos de fuerza, peso y masa. También fue consciente del peso del aire y de la disminución de la densidad con la altitud. Varias observaciones de Al-Khazini constituyen algunas de las bases de la física moderna. Fue el primero en proponer la hipótesis de que la gravedad de los cuerpos varía dependiendo de su distancia al centro de la Tierra.  


Las mediciones de los pesos específicos de los metales, joyas y aleaciones para fines comerciales y la teoría en que descansa esta práctica fue objeto de estudio de la ciencia árabe. En este campo brilló quien fuera un joven esclavo. La obra de al-Khazini la "Balanza de la sabiduría" (Mizan al-Hikma) es un ejemplo de atención a la precisión científica en los resultados experimentales y uno de los más notables escritos del medioevo. En teoría al-Khazini distingue los conceptos de fuerza, peso y masa

y reconoce que la densidad del aire disminuye con la altura.  Es el primero en lanzar la hipótesis de que la gravedad de los cuerpos varía dependiendo de su distancia al centro de la Tierra, fenómeno descubierto sólo 6 siglos después con el desarrollo d la teoría de la gravitación. 


 

Conocidos como arabistas, la escuela árabe de Medicina superó a los médicos europeos del Medioevo. Entre los factores históricos de estos progresos se relaciona el encuentro de los árabes en Persia con los clásicos griegos conservados por los nestorianos cristianos. 

 

Entre las obras arabistas se encuentra la del médico cairiota Ibn al-Nafis (1205 –1288) que refleja el profundo dominio de la herencia hipocrática por parte de la medicina árabe. Sus principales aportaciones se refieren a la descripción de las técnicas quirúrgicas en atención a traumatismos y la representación de la circulación pulmonar, es decir del movimiento de la sangre desde el ventrículo derecho del corazón al izquierdo a través de los pulmones. Con este descubrimiento al-Nafis se antecede en casi cuatro siglos a la revolución fisiológica que provocó el  redescubrimiento y el desarrollo de las ideas sobre el sistema circulatorio descrito por el inglés William Harvey (1578 – 1657).

 

Hacia el  siglo XIII sobreviene el ocaso del mundo árabe cuando caen en manos del imperio mongol todas las regiones islámicas del Asia. Primero tuvo lugar la conquista y saqueo de las huestes de Hulagu Kan, nieto del conquistador mongol Gengis Kan, y luego a fines del siglo XIV otro mogol, Tamerlán (1336 -1405) barrió de nuevo las otrora grandes capitales árabes.

 

Un par de siglos antes de la decadencia del dominio musulmán se inicia una etapa de florecimiento del feudalismo en Europa (siglos XI – XIV). Crecen las ciudades y se desarrollan las relaciones monetarias mercantiles.  En particular el siglo XII marca un reencuentro con el saber antiguo. Se advierte una reactivación de los viajes y el auge de relaciones comerciales estrechas entre el occidente y el oriente. La naturaleza de los contactos con el Oriente tiene otra expresión en las Cruzadas que se iniciaran con la proclama lanzada por el papa Urbano II (c1040 – 1099) en 1095 y en la reconquista que llevan a cabo los cristianos españoles de los territorios perdidos ante el Islam.

 

La filosofía escolástica es hija de este período histórico y  está signada por la esterilidad que deriva de fijar como objetivo último de su estudio armonizar la filosofía y la ciencia aristotélica con el contenido sobrenatural de la revelación cristiana, dejando poco espacio al conocimiento y la explicación de nuevos hechos.

 


La obra de Pedro Abelardo trasciende por su avanzado contenido epistemológico, pero su vida, llena de poesía, se filtra por el camino de la inmortalidad, como un ejemplo de amor imposible, en sus Cartas a Eloísa. De otra parte, debió sufrir la condena en 1140 de un concilio católico por  el peligro que representaba para los dogmas de la fe las  enseñanzas racionalistas y el método dialéctico que preconizaban sus obras. Los restos de Abelardo y Eloísa yacen para siempre juntos en un cementerio de París.


 

De cualquier modo, el lado productivo del escolasticismo se advierte en la obra de figuras como Pedro Abelardo (1079 – c. 1142) cuya principal tesis dialéctica, presentada en Sic et Non (c. 1123), consiste en la consideración de la verdad como fruto del análisis riguroso de los diferentes aspectos de una cuestión. Abelardo se aparta de las posiciones extremas en el debate entre nominalismo y realismo, negando por una parte el legado platónico de los universales como categorías que existan antes y fuera de la mente y rechazando por otra la tesis reduccionista de que las abstracciones, conocidas como universales, carecen de una realidad esencial o sustantiva, pues tan sólo los objetos individuales tienen una existencia real.  Su teoría es un paso definitivo hacia el realismo moderado que alcanza su visión más acabada en la posición epistemológica de Tomas de Aquino (1225 – 1274). 

 

Aquino, la figura más importante de la filosofía escolástica, santificado por la Iglesia Católica, discípulo de Alberto Magno y profesor de la Universidad de París en 1252, acepta la verdad contenida en la experiencia sensible cuando se hace inteligible por la acción del intelecto, intenta justificar la aprehensión de las realidades inmateriales por parte del raciocinio, y rebate la existencia por sí misma de los universales con independencia del pensamiento humano. Al defender la teoría aristotélica que considera la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, deja abierta la puerta hacia el conocimiento científico. 

 

En el área de las matemáticas una manifestación importante de transmisión cultural  se da a inicios del siglo SXIII cuando  el pisano Leonardo Fibonacci (1170 -1240) introduce el sistema arábigo en Europa, el cual solo pudo ser difundido con la posterior invención de la imprenta. Hijo de un comerciante se motivó   por los estudios matemáticos en sus viajes comerciales con el Oriente.  Sus constantes intercambios con gente    del Maghreb y de  Constantinopla le relacionaron con el sistema numérico indoarábigo y descubrió sus enormes ventajas prácticas sobre los números romanos que aún se empleaban comúnmente en Europa Occidental. Su libro Liber Abaci, publicado en 1202, fue una especie de manual de álgebra para usos comerciales. La mayoría de sus técnicas de resolución están basadas en los trabajos  algebraicos de al-Khwarizmi.   Fibonacci ha sido considerado un iniciador de los maestros del ábaco, expertos en Álgebra práctica y aritmética, que se difundieron en Italia durante el siglo XIV y precursor del renacimiento en las Matemáticas representado por las obras de Niccolo Fontana (ca. 1500-1557), alias Tartaglia, y Gerolamo Cardano (1501-1576).

 


Las primeras universidades europeas  se fundan en el siglo XII. Su misión, acorde con los aires de la época, fue servir de marco institucional para la expansión de los conocimientos. De cualquier modo el curriculum universitario nace dominado por la subordinación de la filosofía a la teología y    por el Trivium de la Teología, el Derecho y la Medicina. Entre ellas la medicina sería durante siglos la aliada natural   del desarrollo de las ciencias naturales. En particular  representó la cantera de  célebres "doctores" que iniciarían el desarrollo de la alquimia europea.


Es en este contexto histórico que se fundan las primeras universidades europeas con el propósito de servir de instrumento para la expansión de los nuevos conocimientos y transmitir la herencia cultural a las nuevas generaciones.  En el trivium de  Teología, Derecho y Medicina que dominara el currículo universitario, la Medicina se erigía como la disciplina que demandaba el desarrollo de estudios experimentales. Pronto, célebres  "Doctores" serían los impulsores de la alquimia europea.

 

La alquimia propiamente europea también nace como resultado de los contactos con el conocimiento científico árabe. Alberto Magno (1200 – 1280), santificado por la Iglesia Católica y titulado patrón de todos los que estudian ciencias naturales, reconocido como uno de los naturalistas más importantes del siglo XIII es también considerado el primer alquimista europeo. Alberto, estudiante en Padua y profesor de la Universidad de París, recorre toda Europa en sus misiones sacerdotales y así traba  conocimiento de la producción científica árabe y de los clásicos griegos.  A sus trabajos se debe el descubrimiento del arsénico en forma casi pura y algunos le atribuyen, de forma compartida, los estudios sobre la mezcla explosiva de nitrato de potasio, carbón vegetal y azufre (pólvora). Se afirma que es uno de los que inicia en Europa la carrera por la transmutación de los metales nobles en oro.

 

En el terreno filosófico se reconoce a Alberto Magno como uno de los artífices de la doctrina de "la doble verdad". La solución al debate entre la razón y la fe debió pasar por el filtro ideológico que admitiera al hombre la posibilidad y capacidad de estudiar el escenario natural creado por Dios, abriendo un espacio a la "filosofía de la naturaleza". De cualquier manera, no cesaría la censura del poder eclesiástico que obstaculizó el desarrollo y en ocasiones condujo a sanciones de prisión y horrendos crímenes. Alberto se identifica con la decantación en el estudio inicial de la Zoología de los elementos de superstición y prejuicios religiosos que empañaban su conocimiento.

 

Un segundo exponente del desarrollo inicial de la alquimia europea es el monje franciscano Roger Bacon (1212 - 1294). Bacon estudia en el ya importante centro docente de Oxford (la primera Universidad de habla inglesa) y luego en la Universidad de París donde llega a ser profesor.  Se relaciona a Bacon con la reformulación del elíxir de la vida, originalmente propuesto por la farmacopea árabe, pero esta vez asociado a la disolución resultante del oro por la acción del agua regia, y ocupa un lugar en la historia de la medicina cuando se le identifica como el primero en sugerir que la medicina debe basarse en remedios que salieran del laboratorio alquímico.


Roger Bacon no solo representa uno de los primeros alquimistas europeos sino también uno de los primeros científicos que defiende el método experimental como base auténtica del conocimiento. Las ideas revolucionarias contenidas en su obra le hacen correr una suerte bien distinta a la de su contemporáneo Alberto Magno. En 1278, el que fuera más tarde Papa Nicolás IV (1227 – 1292) prohibió la lectura de sus libros y ordenó su encarcelamiento que se extendió durante 10 años. Su obra mayor Opus Malus se editó y publicó sólo en el siglo XVIII.


  

A Bacon se le atribuyó también resultados con mezclas explosivas del tipo de la pólvora. Pero la negra aplicación de la pólvora en la guerra para impulsar un proyectil es obra de otro monje, apenas iniciado el siglo XIV, Berthold Schwarz (¿ -1384). Schwarz construyó los primeros cañones del mundo occidental que usaron la pólvora como carga para la impulsión del proyectil. El proyectil no era otra cosa que una especie de flecha que salía disparada desde un receptáculo en forma de vaso, dentro del cual se colocaba la pólvora.  El disparo se provocaba aplicando un hierro caliente al oído del cañón. El monje alemán ideó el procedimiento que con ligeras mejoras se empleo durante los siguientes cinco siglos.  La dotación de la artillería otorgó una gran superioridad a los ejércitos europeos, que resultó decisiva para que pudieran colonizar e imponer su poder en otras latitudes.

 

Una de las predicciones de Bacon en el campo de la Óptica, el empleo de lentes de aumento para la fabricación de gafas, se materializa hacia la segunda mitad del siglo XIII. Fueron artesanos italianos los primeros en fabricar espejuelos al lograr, trabajando lentes convexas, un correcto ajuste en la visión de los ojos.  La invención se la disputan Salvino D´Armate de Pisa y Alessandro Spina de Florencia. Las lentes cóncavas para el ajuste de ver de cerca (miopía) no fueron inventadas hasta el siglo XV.

 

Otra notable sugerencia de Bacon relacionada con poner la alquimia al servicio de la preparación de medicinas representaba fortalecer la función de las boticas galénicas del Medioevo. En los laboratorios de estas farmacias se intentaban la obtención de polifármacos al mezclar las partes activas de diferentes vegetales en búsqueda de una potenciación y ampliación de su efecto terapéutico. Se aplicaban ya entonces diferentes técnicas como la decocción, la infusión, la maceración, o la extracción acuosa.

A Ramón Llull (1232-1316), figura pionera en la formación de la literatura catalana, y al franciscano francés Johannes Rupescissa (¿ - 1362) le asignan  la producción del Libro de la Quintaesencia que tiene el mérito de aportar una nueva visión en la preparación de los medicamentos.  A partir de ahora la anquilosada farmacia galénica del medioevo que obtenía los principios activos mediante extracción acuosa, se enriquece con el empleo del alcohol para extraer los principios aromáticos de las plantas. Los textos sobre quintaesencias atribuidos a Rupescissa y Llull son importantes en la historia de la alquimia porque suponen un punto de transición en el camino que convirtió la alquimia en farmacia. En Rupescissa advertimos la figura cuya actuación rebasa las inquietudes de la alquimia para convertirse en un acusador violento de los abusos de las autoridades eclesiásticas por lo que resulta condenado a prisión por el papa Clemente VI  (1345).


El al- Andaluz, dominio musulmán en la península ibérica, y en particular el califato de Córdoba, actuó como foco de irradiación del conocimiento científico hacia la Europa del florecimiento del feudalismo en los siglos XII y XIII. En particular el pensamiento europeo descubre a través de las traducciones árabes las grandes obras del mundo greco-latino y el repertorio de realizaciones en diversos campos del conocimiento científico del mundo islamita. 


  

El más importante de los alquimistas europeos que firmaba sus documentos como Geber (el famoso alquimista árabe que viviera dos siglos antes) fue el primero en describir, hacia el año 1300, la forma de preparar dos ácidos fuertes minerales: el ácido sulfúrico y el ácido nítrico.  Poco tiempo después de Geber el estudio de la alquimia, por segunda vez en la historia, sería prohibido. En esta ocasión corresponde al Papa Juan XXII (Papa de 1316 al 1334) declararlo anatema. Sobrevendrían largos años de silencio o acaso de clandestinidad de la Alquimia que impidiera llegar hasta nosotros cualquier conocimiento producido.

 

Un gran vacío en la producción de los conocimientos científicos se advierte en el período de la gran epidemia de la peste (1340) que motivó la muerte de una cuarta parte de la población europea, y de la Guerra de los Cien Años (1337 - 1453) conjunto de episodios bélicos que asoló a Europa.

 

Mientras, en la península ibérica en 1492, las tropas de los reyes católicos de Castilla derrotaban al reino Nazarí de Granada, último reducto del dominio árabe, concluyendo así el proceso llamado “Reconquista” en el cual los reinos cristianos se aprovecharon de las reiteradas divisiones internas de los árabes para empujarlos hacia el sur y finalmente infringirles la derrota. Ocho siglos atrás, la conquista musulmana de la Hispania visigoda había aprovechado la guerra civil que debilitaba al reino de Toledo, y con la Batalla de Guadalete sellaba la derrota y muerte del rey Rodrigo para abrir paso a una política de pactos y capitulaciones con la nobleza y las ciudades que llevo a los árabes a la ocupación de las posesiones visigodas.  

 

Las principales realizaciones del mundo oriental, en el período que nos ocupa, estuvieron centradas en la civilización china. China conoció por entonces tres grandes dinastías: la dinastía Tang (618-907), el reinado de los Song (960-1279),  y el imperio Yuan (1279 – 1368).

 


 

Es preciso reconocer que aún antes de la época histórica que analizamos, durante la dinastía de Han del Este, Wei Boyang (100-170) escribió una de las obras alquímicas más antiguas de que se tenga conocimiento. En su obra Zhou Yi Can Tong Qi, describió el mercurio metálico y su combinación con el azufre, formulando el principio de que es necesario mantener una determinada proporción de los participantes en la reacción para obtener el producto deseado, en particular para la preparación del bermellón rojo, sulfuro de mercurio, que probablemente fuera el primer producto puro obtenido por la humanidad. Los estudios de calcinación comenzados por Boyang serían los antecedentes de la obtención de la pólvora.  


 

La química artesanal china legó a la humanidad un material cerámico muy apreciado para la fabricación de objetos ornamentales que en ocasiones llegaran a alcanzar la condición de obras de arte: la porcelana. Los métodos de preparación de porcelana se dominan hace más de tres mil años. Los objetos de porcelana de esmaltes azules se descubrieron en ruinas arqueológicas de la capital Anyang de la primera dinastía china, la dinastía Shang (1450 -1080 a.C) que se asentó en la región centro- oriental de la nación china de hoy,  territorio actual de la provincia de Henan. Tales porcelanas fueron moldeadas con caolín primero y luego con esmaltes en la superficie, y luego cocidos a una temperatura de 1200oC. La calidad de estas porcelanas casi igualan las producidas unos dos mil años después en la dinastía Song (960 - 1260 d.C.). Fue por entonces, a la altura del siglo X d.C, que la técnica de fabricar porcelana fue difundida a Corea, Vietnam, Japón y otros países vecinos asiáticos; más tarde, en el siglo XI, se extendió hacia Persia, Arabia, Turquía y Egipto; y a fines del siglo XV llegó a Italia y se abrieron los célebres talleres venecianos. Al hornear, a temperaturas entre 1250 – 1300 oC una pasta cerámica constituida por caolín, cuarzo y feldespato se formaba un material blanco, resonante y translúcido que podía ser decorado con incisiones y barnices que iban desde el marfil y los verdes y azules más pálidos hasta los castaños rojizos e incluso el negro. Los objetos más importantes eran los de la cerámica de celadón (barniz con un alto contenido de hierro) en los que se imitaba lo colores del jade.

 

Pero los cuatro grandes inventos de la nación china, la fabricación del papel, la imprenta, la brújula y la pólvora, se registraron, durante la dinastía Song y la dinastía mongol Yuan (1279 -1368). En cada uno de estas invenciones, se advierten enormes discrepancias entre los especialistas a la hora de fijar la fecha en que aparece introducido tal invento. Por lo visto estas diferencias se explican atendiendo al diferente criterio usado para datar su implementación.

 

Se reconoce no obstante que ya en los siglos III y IV d.C., el papel había sustituido en China a las telas, sedas y láminas de bambú como soporte para la escritura. La ruta de transmisión de esta invención hacia otros países fue la misma anteriormente descrita para la cerámica: en el siglo VI paso a sus vecinos, Corea, Viet Nam y Japón, luego hacia las culturas orientales de Persia, Turquía y Arabia. Europa comenzó la producción fabril del papel en el siglo XII y no fue hasta el XVI que se sustituye definitivamente el tradicional pergamino europeo.

 

La impresión de libros mediante la utilización de bloques de madera con caracteres incisos fue empleada por los chinos para la reproducción en el 972 de los escritos sagrados budistas del Tripitaka, la principal colección canónica budista, que constan de más de cien mil páginas. Para cumplir semejantes empresas, décadas más tarde, un inventor chino llamado Bi Sheng ideó la impresión mediante tipos móviles, es decir, caracteres sueltos dispuestos en fila, de manera similar que en las técnicas actuales. Sin embargo, un obstáculo resultó insalvable para la aceptación y posterior difusión de esta notable técnica en el contexto chino: su idioma posee más de cinco mil caracteres diferentes. Más de 4 siglos después, en la Europa del renacimiento, donde se inscribían en la agenda histórica la Reforma y el Protestantismo, surge la imprenta de tipos móviles del germano Johann Gutenberg (1400 -1468) y el primer libro impreso: la Biblia (1450- 1456).

 

Los historiadores han enfatizado las notables diferencias entre las técnicas de impresión desarrolladas en el Oriente y las inventadas en Europa. Una clave en estas diferencias, que no es propósito detallar, se encuentra en el tipo de tintas empleadas. Las tintas chinas contenían como pigmento el negro de humo, que resulta químicamente inerte y no se decolora bajo la acción del sol, una goma hidrófila como agente dispersante del pigmento y el agua como vehículo antes de usarse. La tinta en Europa empleaba el mismo colorante pero mezclado con aceite de linaza hervido. El aceite de linaza no sólo actúa como un medio fluido sino también como agente secante por interacción química con el oxígeno atmosférico durante el secado.


 

Cai Lun (¿? -121) fue el primer fabricante de papel que utilizó materias primas residuales, telas viejas y cáñamo de desecho para producir un papel de excelente calidad. Hacia el s II a.C., según se pudo comprobar en el hallazgo arqueológico de 1957 en Baqia, suburbio de Xi’an, se producía un papel con fibras de cáñamo fermentadas con cal que constituye el más antiguo papel de fibras vegetales que se conserva en el mundo.  Cai Lun no solo se dedicó a la innovación sino también a la difusión de su logro por todo el país.   


La navegación marina tuvo también en un invento chino, la brújula, importante condicionante para su desarrollo. Desde la antigüedad el hombre conocía dos tipos de sustancias, la resina fósil conocida como ámbar y la magnetita, que mostraban la existencia de una fuerza de acción a distancia como la observada en la caída de los cuerpos hacia la tierra.  Pero la utilización de agujas imantadas para orientarse en las expediciones por tierra y para el trazado de planos en los terrenos de construcción fue obra del ingenio de los chinos.  La invención de la brújula magnética para la navegación fue muy posterior y se fija hacia el siglo X, durante la dinastía Song (960 – 1279). Penetrar en la naturaleza del electromagnetismo exigió de todo un complejo desarrollo iniciado justamente con el nacimiento del siglo XVII.

 

La pólvora es otro de los grandes inventos de la química china. Un médico de larga vida, Sun Simiao (581-682) realizó lo que hoy llamaríamos una profunda investigación de campo, al colectar un amplio recetario de tratamiento de hierbas, según la práctica tradicional, con fines medicinales. Sin que existan los registros históricos que develen las razones, lo cierto es que en el laboratorio farmacéutico de Sun  se produjo el polvo explosivo. Siglos más tarde, las crónicas chinas narran el empleo de la pólvora con fines bélicos durante la dinastía Song (960-1279) y destacan la efectividad de sus cohetes de guerra en 1232 durante el asedio de Kaifeng,  y contra los invasores mongoles en 1279. Es precisamente en el siglo XIII que se reporta el empleo de la pólvora en Europa. Ya en el siglo XV se ha extendido la utilización de los cohetes a las batallas navales, casi nueve siglos más tarde del empleo del Fuego Griego por la armada bizantina. Se afirma que los dos primeros alquimistas europeos incluyeron las mezclas explosivas del tipo de la pólvora china entre sus trabajos; la oficina parisina de pólvora y salitre del siglo XVIII fue asiento para el trabajo de Antoine Laurent Lavoiser (1743 – 1794), y rampa de lanzamiento de la primera Escuela de Ingeniería Química, la Escuela de Pólvora. Obligado a tomar el camino de la emigración, el discípulo de Lavoisier,  experto en la producción de pólvora, Eleuthere I. Dupont de Nemours (1771 – 1834) hacia principios del siglo XIX  levanta una fábrica en Wilmington, Delaware, que ya en el siglo XX se convierte en la empresa química mayor del mundo.


 

En ¨Cánones del inmortal Sun¨ del farmacéutico y elaborador de píldoras Sun Simiao  de la dinastía Tang (618-907), se registra una receta para hacer pólvora con salitre (nitrato de potasio), azufre y carbón de leña, que fue la primera fabricada en el mundo. Pronto este ingenio reveló importancia militar y fue empleado en la guerra. La oficina parisina de pólvora y salitre del siglo XVIII fue asiento para el trabajo de Antoine Laurent Lavoiser (1743 – 1794), y rampa de lanzamiento de la primera Escuela de Ingeniería Química, la Escuela de Pólvora.


  

En tanto Europa vivía su largo período medieval, la América precolombina conoció del período clásico de sus culturas mesoamericanas y andinas.

 

La civilización maya, uno de los imperios más poderosos de Mesoamérica, llegó a ocupar un territorio equivalente a tres veces la superficie del archipiélago cubano, extendiéndose desde la península de Yucatán por las tierras bajas de México, Belice y Guatemala hasta Honduras. Las ciudades – estados, centros monumentales que supieron erigir tuvieron su mayor esplendor en el período clásico entre 200 d.C. – 900 d.C.

 

El triángulo geográfico que conformaron sus ciudades insignias en sus primeros tiempos históricos tenía en sus vértices a Palenque en Chiapas, Uaxactún en Guatemala y Copán en Honduras. Sus dominios se extendieron así por un área intrincada y selvática, atravesada por grandes ríos.   

 

La dimensión cultural alcanzada por la civilización maya se evidencia en su elaborado sistema de escritura jeroglífica, su impresionante capacidad arquitectónica y el notable desarrollo científico y artístico que alcanzaron. Los conocimientos mayas en el campo de las matemáticas y la astronomía constituyen ejemplo elocuente del talento creativo de este pueblo.

 

Aunque desde los primeros siglos de nuestra era,  los  territorios mesoamericanos  se fueron poblando de observatorios  astronómicos, fue durante el período clásico del desarrollo de esta cultura que se acumulan las observaciones y  determinaciones  solsticiales y los cálculos solares, lunares y  planetarios,  que hacen alcanzar los triunfos astronómicos de  los  grandes centros como Copán, Palenque y Quiriguá. En  Copán  en el siglo VIII d.C. los sabios  astrónomos  mayas lograron  determinar la duración real del año en  365.2420  días, que sólo difiere en dos diezmilésimas de días del cálculo  actual realizado con medios electrónicos.

 

El enigma de la desaparición del mundo clásico maya ha sido explicado desde diferentes perspectivas. Los expertos piensan que las guerras, la sobrepoblación y el resultante agotamiento de los recursos naturales acabaron por debilitar los centros urbanos del Mundo Maya. Otros han apuntado hacia diferentes catástrofes que pudieron sufrir sus grandes ciudades enclavadas en una región como Yucatán, de alta probabilidad ciclónica, o Quiriguá asentada en zona cercana a una gran falla geológica.

 

La  hipótesis de la combinación de crecimiento demográfico con degradación del medio ambiente parece atestiguarse en la caída que experimenta Copán. El otrora fértil valle en determinado momento no resistió la continua explotación. Los esqueletos correspondientes a los años finales de Copán indican desnutrición, padecimiento de raquitismo y otras enfermedades relacionadas.


La famosa torre "El Caracol" levantada sobre las ruinas de la ciudad maya de Chichén Itzá (México) se supone que fuera usado como observatorio astronómico.  Su datación se hace difícil por las numerosas remodelaciones a que fuera sometido a lo largo del tiempo pero la fecha de su construcción se establece hacia el siglo IX, es decir a fines del período clásico de la civilización maya, que comprende entre el 300 – 900.

En el interior del núcleo cilíndrico principal, el Caracol tiene un pasadizo en forma de caracol, que da nombre a la torre. La astronomía maya, según las estelas del Centro de Copán, reconoció la importancia de los congresos de astrónomos y de estos eventos surgió seguramente, entre otras obras trascendentes, el calendario maya. Aunque complejo, era el más exacto de los conocidos hasta la aparición del calendario gregoriano en el siglo XVI. El día maya era llamado kin, un uinal, período comparable con el mes gregoriano, tenía 20 kines, 18 uinales conformaban el tun (360 días), y así se establecían otros períodos de base 20.


El imperio maya resurgió hacia el siglo XI en la península de Yucatán con la creación de nuevos centros monumentales y la reconstrucción de Chichén Itzá. La ciudad –estado de Mayapán con fuerte influencia tolteca dominó hacia 1221 a Chichén Itza y a partir de entonces la sociedad maya se fue progresivamente militarizando. Así a mediados del siglo XIII, Mayapán se había convertido en la capital política del área de Yucatán. La decadencia de la cultura maya se evidencia por la pobreza de la cerámica y de la arquitectura de esta ciudad que habitada por artesanos, guerreros y sacerdotes no sobrepasó nunca los 15 mil habitantes. 

Finalmente, nuevos conflictos y problemas internos provocaron la disolución del imperio maya, coincidiendo prácticamente con la llegada de los españoles al Yucatán.


 

Al proceso de decadencia del feudalismo en el escenario europeo le acompaña un deterioro general de la producción científica motivada por la gran epidemia de la peste (1340) y el conjunto de episodios bélicos conocido como la Guerra de los Cien Años (1337 – 1453) que asolaron el panorama europeo. Por la época, el imperio bizantino agoniza ante el empuje de los otomanos, la región asiática del imperio árabe ha sucumbido ante el ejército mongol desde el XIII,  China está experimentando el declive del imperio mongol de los Yuan que concluye con el reordenamiento de la dinastía Ming,  y en la Samarcanda de Ulugh Beg (1394 - 1449), nieto del gran conquistador Tamerlan,  se construye un observatorio de dimensiones sin precedentes donde se elaboró un catálogo estelar, el Zij-i Sultani, publicado en 1437, que fue un modelo hasta el siglo XVII en que la astronomía da el salto concedido por el uso del telescopio y se produce la revolución científica.  

 


Dante Alighieri (1265 - 1321) supone la última integración de la cultura medieval con la nueva era renacentista.  Beatriz Portinari, representó el símbolo supremo del amor que inspiró su obra  maestra.  La Divina Comedia  constituye un inventario del pensamiento político, científico y filosófico de su tiempo.  Dante no fue ajeno a los vientos políticos de la Florencia de la época. Combatió para la causa de los güelfos, conoció del destierro de su ciudad, y se convirtió al partido de los guibelinos que deseaban la unificación de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente.


 

 

Los progresos de las ciencias y el ocaso de la alquimia en la época del Renacimiento

 

 

El Renacimiento como proceso de renovación cultural que se extendió por Europa durante los siglos XV y XVI, tuvo paradójicamente como paradigma la Antigüedad Clásica, y como sustento  económico, el florecimiento del capitalismo mercantil que demandaba el cambio de las estructuras rígidas y fragmentarias del sistema feudal caracterizado por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, por nuevas estructuras asentadas en la economía urbana y mercantil que promovía el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música, alentaba un espíritu de confrontación con las viejas ideas y empujaba ciertos desarrollos en el ámbito de la ciencia y la tecnología.

Históricamente, con la aparición y el avance del Renacimiento concurrieron numerosos procesos movilizadores del progreso social en Europa en tanto contradictoriamente las culturas del Nuevo Mundo comenzaron a experimentar el exterminio que les impuso la conquista, el África conoció el desarraigo y la esclavitud de sus hijos y se extendieron los apetitos imperiales de conquista y explotación de los recursos de otros continentes  por las potencias europeas de la época.

Entre los acontecimientos que vive la sociedad del Renacimiento europeo sobresalen:

 

§      El descubrimiento de nuevas rutas marítimas que lograron la expansión de un comercio creciente condicionado por el surgimiento de la economía capitalista,  y la conquista de "un nuevo mundo".

 

Durante el Medioevo, el desierto del Sahara constituía una barrera para el contacto entre las culturas desarrolladas a ambos lados de esta frontera natural. Los musulmanes del norte controlaban entonces el cruce de los ibéricos por su territorio, ejerciendo el monopolio del comercio hacia el África Occidental.  El príncipe portugués Enrique el Navegante (1394-1460) se impuso burlar este obstáculo e iniciar nuevas rutas marítimas. Para cumplir con estos propósitos fundó un observatorio y una escuela náutica en Sagres, en el Cabo de San Vicente, el extremo mas occidental de la península portuguesa. Con el asalto al Atlántico los europeos tropezaron con las Islas Madeira en 1419 y posteriormente con las Islas Azores en 1427, convirtiéndolas en colonias portuguesas.  

 


La Era de las Exploraciones tuvo sus condicionantes en una serie de tecnologías e ideas novedosas surgidas en el Renacimiento, como los avances en cartografía, navegación y construcción naval.  La invención de la carraca y posteriormente de la carabela en Portugal y la incorporación de nuevos instrumentos como  la brújula, el astrolabio y el timón hicieron posible la salida de los barcos a mar abierto. La presión económica que impulsaba tales empresas en lo fundamental  estaba dada por la ampliación del comercio mercantil y la explotación de los recursos de otras regiones geográficas. 

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