La Química, la Guerra y la Paz.  

La Química del siglo XX 

Rolando Delgado Castillo


Tampoco se vieron inmunizados los químicos a la tentación de poner los adelantos de su ciencia al servicio de la lógica de la espiral armamentista. Siempre se recuerda a los promotores de esta loca carrera.

 

Las primeras armas químicas salieron en forma de gases tóxicos de los laboratorios del Instituto Kaiser Guillermo y correspondió al famoso químico Fritz Haber (1868 – 1934),  Premio Nobel en 1919 por la síntesis del amoníaco,  supervisar en los propios campos de batalla la utilización de los gases letales. En vísperas de la primera utilización del gas contra las tropas aliadas en 1915, su esposa atormentada por la horrorosa contribución de su marido a la guerra se suicidó [1]. 

 

Un  l0 de marzo de este año, el ejército alemán comenzó la operación de situar cilindros de gas cloro a lo largo de la línea de trincheras de Ypres, en Bélgica. Poco más de un mes después, las crónicas de guerra reconocen que aprovechando la orientación de un viento fuerte hacia el oeste dejaron escapar unas 150 toneladas del gas letal. El mando alemán había provocado la muerte por envenenamiento de unos cinco mil efectivos y la intoxicación grave de otros diez mil, en total las  cifras del parte militar estimaban las bajas en unos quince mil hombres. La otra parte no lamentó ninguna pérdida, como tampoco fueron destruidos materialmente los objetivos de la guerra [2].    

 

Estimaciones conservadoras indican que entre 1915 y 1918 se liberaron 125 000 toneladas de gases tóxicos, causando más de 90 000 víctimas y más de un millón de bajas. Los productos químicos más empleados fueron el cloro, el fosgeno (un gas asfixiante y casi siempre letal), el gas mostaza (un compuesto que causa graves quemaduras) y los gases lacrimógenos. En 1925, se firmó un Protocolo Internacional para la prohibición del empleo del arma química conocido como el Tratado de Versalles [3]. 

 

El empeño  de los químicos por sintetizar nuevos insecticidas puso en manos de los hombres un arma de nuevo tipo: los agentes neurotóxicos y neuroparalizantes. Entre estos científicos pasa a la posteridad con el triste calificativo de padre de los agentes químicos el alemán Gerhard Schrader (1903 –1990). Schrader es el arquitecto en el laboratorio de insecticidas muy efectivos como el Bladan (el primer insecticida por contacto totalmente sintético)  y el Parathion. En 1936, mientras trabajaba en los laboratorios de “IG Farben”  estuvo investigando una nueva clase de compuestos fosfato-orgánicos que aniquilaban los insectos por contacto ante la inmovilización del sistema nervioso. Se afirma que enfrascado en este propósito descubre de manera casual la primera arma neurotóxica: el tabún. Ya en plena II Guerra Mundial, trabajando para el régimen nazi, el equipo del Dr. Schrader descubrió tres nuevos agentes neurotóxicos: sarín, soman y ciclosarin [4].


Fritz Haber,  Premio Nóbel en 1919 por la síntesis del amoníaco,  contribuyó como director del Instituto Kaiser Wilhelm, durante la primera Guerra Mundial, al desarrollo de armas químicas. 

En vísperas de la primera utilización del gas contra las tropas aliadas en 1915, su esposa atormentada por la horrorosa contribución de su marido a la guerra se suicidó.   Irónicamente,  con el arribo de los nazis al poder, por el origen judío de Haber, fue desplazado de la universidad y se refugió en Inglaterra. Murió poco tiempo después, en la miseria.

Imagen : © The Nobel Foundation


Un programa para la producción industrial del tabún, con el código nominal de Trilon-83,  para el servicio de inteligencia estadounidense German Agent A (GA), fue desarrollado por la maquinaria bélica del fascismo alemán y una planta fue levantada con este propósito en la localidad actualmente polaca de Brzeg Dolny. Afortunadamente, la fábrica confrontó problemas operacionales derivados de la corrosividad de los materiales implicados, y sólo produjo en 1942 unas 12 mil toneladas del producto, una mezcla de tabún – clorobenceno en proporciones 95:5 y 80:20. El avance de las tropas soviéticas provocó el desmantelamiento de la planta e impidió el uso de estas armas. Los soviéticos al igual que los otros gobiernos aliados destruyeron los productos, bombeándolos a las profundidades del mar.[4b] 

 

El compuesto GA representa el compuesto  neurotóxico que se produce con mayor facilidad, sin exigir de una alta tecnología y esta realidad es fuente de desconfianza en las relaciones entre estados con latentes conflictos. En particular durante la guerra fraticida entre Irán e Irak se acusa a ambas partes del empleo del arma química, sin que pueda precisarse si estas acusaciones no se insertan en la campaña  de descrédito y odio hacia el mundo árabe.  

 

La humanidad conoció con horror los desastres ecológicos que representaron para Indochina la utilización de las armas químicas incendiarias por el ejército interventor estadounidense con el propósito de eliminar la ruta Ho Chi Minh [5]. Mientras tanto, Naciones Unidas ha definido a las armas químicas como armas de exterminio masivo según la Resolución 687, y la Convención sobre las Armas Químicas en 1993 proclamaron como ilegal la producción o conservación de las armas químicas por los Estados o Corporaciones.[6]

 

El Zyclon-B no entra en la categoría de las armas químicas y no fue descubierto en el laboratorio para ese propósito. Ingresó en el arsenal de insecticidas poderosos que desarrollaban los laboratorios alemanes, y no fue empleado en el escenario bélico. En verdad no puede imaginarse un empleo más diabólico para un producto químico que el ideado para el Zyclon- B por la horda nazifascista. Se conoció que dos empresas alemanas, Tesch/Stabenow y Degesch, producían gas Zyklon B tras adquirir la patente de Farben y lo suministraban a los campos de concentración nazis. Al finalizar la guerra,  los directores de las empresas insistieron una y otra vez en que habían vendido sus productos para que se emplearan en fumigaciones y en que no sabían que se hubieran usado con personas. Pero los fiscales encontraron cartas de Tesch comprometedoras. Las declaraciones que hizo el Comandante del campo de Auschwitz Rudolf Hoss no dejaron espacio a la duda  sobre qué uso se le daba al zyclon B  porque, según afirmó,  le vendieron suficiente como para aniquilar a dos millones de personas. Dos socios de Tesch fueron condenados a muerte en 1946 y ahorcados. El director de Degesch fue condenado a cinco años de prisión. Aunque parezca difícil de creer han aparecido los negadores del holocausto. [7]    


En el sexagésimo aniversario del triunfo aliado sobre la coalición fascista, se proyecta la conclusión de un área monumental en recuerdo a las víctimas del holocausto, en un lugar cercano al ocupado en 1945 por el bunker en que se suicidó ese abominable engendro llamado Adolfo Hitler, al lado de la Puerta de Brandeburgo, en la capital berlinesa. 

No hagamos que descansen en paz los caídos, ellos deben estar a nuestro lado en la lucha contra los que se arropan con un peligroso neofascismo.


La lógica de la espiral armamentista funcionó también en el campo de los aliados y personalidades reconocidas, alimentados con el propósito de neutralizar la infernal maquinaria belicista germana, no escaparon a la tentación de nuevos desarrollos del arma química. Así durante la II Guerra Mundial, Alexander Robertus Todd (1907-1997), químico escocés célebre por su contribuciones a la estructura de los nucleótidos constituyentes del ADN, galardonado con el Premio Nobel de Química en 1957, encabezó los estudios dirigidos al desarrollo y la producción de agentes destinados a la guerra química, uno de los cuales fue el difenilaminocloroarsina, o adamsita, un gas estornutatorio, similar al gas lacrimógeno, que obliga a estornudar por irritación de la nariz y de las fosas nasales. También fundó una fábrica para elaborar armas que utilizaran gas mostaza, un grupo de compuestos químicos que abrasan la piel y dañan el sistema respiratorio. Por sus servicios a la Corona Británica recibió el título de Sir de manos de la Reina.[8]

 

En el peligroso polo del desarrollo de las armas nucleares también se vieron envueltos eminentes químicos. Científicos de diferentes generaciones y países concurrieron a la convocatoria del Proyecto Manhattan para producir el arma atómica antes de que el eje nazifascista pudiera obtenerla. El profundo carácter humanista y la inteligente pupila de la mayoría de estos científicos quedaron reveladas por la firme oposición mostrada al finalizar la guerra a la continuación de las investigaciones en el arma nuclear.  

 

Una comunidad científica que creció alrededor del Colegio de Química y del Laboratorio de Radiación de la Universidad de California en Berkeley, jugó un papel extraordinario en el descubrimiento de radioisótopos y elementos transuránicos, su aplicación en nuevos dominios de la ciencia y la técnica y  lamentablemente también en el desarrollo del arma nuclear. 


La contribución de Glenn Seaborg al desarrollo de la radioquímica ha sido impresionante. Su equipo participó en el descubrimiento de 10 elementos transuránicos, entre ellos el plutonio, elemento esencial en la fisión nuclear.  Compartió en 1951 el Premio Nobel de Química con el físico estadounidense Edwin McMillan. Una amplia variedad de radionúclidos empleados en la lucha contra el cáncer y otros fines médicos como el yodo-131 y el cobalto -60 fueron también "fabricados" bajo su dirección [9]. Narra Seaborg en su autobiografía que una satisfacción adicional recibió cuando su propia madre prolongó su vida durante varios años al recibir el tratamiento con yodo- 131.

 Los descubridores del elemento 106 propusieron nombrarlo Seaborgium (Sg) y en 1997 la IUPAC anunció su aprobación.

 Imagen: www.atomicarchive.com/Bios/SeaborgPhoto.shtml


En la década del 30 un impresionante staff de físicos y químicos se agrupaban en torno al entonces decano del Colegio de Química de Berkeley, famoso por su teoría del enlace covalente Gilbert Newton Lewis (1875 –1946),  y al joven eminente director del Laboratorio de Radiación de esta Universidad, inventor del ciclotrón, Ernest O. Lawrence (1901-1958) [10]. Entre ellos pasaremos revista a las aportaciones de Glenn Seaborg  (1912 – 1999),  Willard F. Libby (1908-1980), Martín D. Kamen (1913-2002)  y Samuel Ruben (1913-1943). Los cuatro hicieron contribuciones sobresalientes para las ciencias en los años que precedieron a la entrada de los EU en la II Guerra Mundial, los cuatro vieron sus planes inmediatos postergados por su enrolamiento en investigaciones para los servicios de la guerra, dos de ellos a partir de estos momentos sufrieron una verdadera tragedia.  

 

Un año antes de defender su doctorado y recibir la oferta de Lewis en 1937 de quedarse en Berkeley como su asistente, Seaborg fue encargado de identificar los radioisótopos producidos por un “blanco caliente” bombardeado desde el ciclotrón de 37 pulgadas. Se inició así una labor de investigación que durante cinco años  condujo al descubrimiento de radioisótopos que tuvieron utilidad para exploraciones biológicas y aplicaciones médicas. Entre estos isótopos se encuentran el yodo –131, el hierro-59 y el cobalto-60. En febrero de 1941, continuó los estudios sobre la fusión nuclear iniciados por Edwin McMillan (1907 – 1991), reclamado en ese momento para investigaciones relacionadas con la guerra, en el nuevo ciclotrón del laboratorio de radiación y descubrió que el bombardeo del uranio con deuterones acelerados producía un nuevo elemento cuyo número atómico era 94. Este elemento fue llamado Plutonio recordando al último planeta de nuestro sistema solar. Poco mas de un mes después del descubrimiento del Plutonio-239 a partir del bombardeo del uranio con neutrones, fue demostrado que este isótopo es fisionable con neutrones lentos producidos en el ciclotrón de 37 pulgadas. Esto demostraba la utilidad del plutonio como componente explosivo en el arma nuclear y lo más importante abría paso al uso del uranio como combustible nuclear para reactores generadores de la energía necesitada por el mundo.[11]

 

Durante el período en que se desarrolló el proyecto Mahattan, Seaborg era ya uno de los más brillantes radioquímicos de la época, y dirigió el colectivo que desde el laboratorio de Metalurgia de la Universidad de Chicago se enfrascó con éxito en  la obtención del material nuclear fisionable.


© The Nobel Foundation

El físico y químico alemán, naturalizado en EU,  James Franck (1882- 1964), es en los años del esplendor de Gotinga como plaza fuerte de la Física Cuántica, mentor que inspiró a un círculo de colaboradores entre los que se encontraban: Patrick J. Blackett (1897- 1974), Julios R. Oppenheimer (1904 –1967) y Eugene Rabinovitch (1903 -1973). En 1925, comparte el premio Nobel con Gustav Hertz (1887-1975) por sus investigaciones conjuntas que significaron una prueba experimental de la teoría atómica desarrollada por Bohr. El profesor Franck fue uno de los primeros que se manifestó abiertamente contra las leyes raciales en Alemania y renunció a su cátedra en la Universidad de Gotinga en 1933 como una protesta contra el régimen nazi [26].

 Más tarde en 1945 se unió a un grupo de científicos del Proyecto Manhattan  para preparar el renombrado Franck Report dirigido al Departamento de la Guerra, urgiendo a que EU no lanzara la bomba atómica contra Japón, y denunciando la peligrosa carrera armamentista que se desataría a partir de este momento [12].


Casi veinte años más tarde Seaborg intervino de forma relevante en la redacción del Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares de 1963, cuyo fin era prohibir los ensayos nucleares en el espacio, la atmósfera o bajo las aguas.

 

Pero apenas a dos meses antes del lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima el secretario de la guerra de EU recibió un documento firmado por científicos de las investigaciones conducidas en el Laboratorio de Metalurgia de la Universidad de Chicago, que pasó a la historia como “Franck Report”. Entre los firmantes se encontraba Seaborg, y lo encabeza el jefe de la división de Química, el físico y químico alemán, naturalizado en los EU, James Franck (1882- 1964).

 

El copioso documento intenta frenar el lanzamiento de la bomba atómica de forma unilateral por los EU. Su sumario parece redactado más que por científicos por políticos profundos y sensatos que comprendieron, amén de la tragedia que le tocaría vivir a las víctimas de semejante engendro destructivo, el espectro de la guerra fría y el clima de recelos mutuos que se entronizarían en las relaciones internacionales a partir de este momento. Leamos a continuación los convincentes argumentos sintetizados en los últimos párrafos del reporte [13]:

 

“Nosotros creemos que estas consideraciones hacen el uso de las bombas nucleares inadmisible si antes no se anuncia el terrible poder destructivo de esta arma, que con menos de una tonelada, es capaz de arrasar un área urbana de más de 10 millas cuadradas y cuyos efectos a largo plazo no conoce la humanidad.

 

Si los EU fueran los primeros en lanzar este nuevo medio de indiscriminada destrucción sobre el género humano, con seguridad estaríamos sacrificando el apoyo público internacional, precipitaríamos la carrera armamentista y perjudicaría la posibilidad de alcanzar un acuerdo internacional sobre el control futuro de tales armas.

 

Si el gobierno decidiera a favor de una demostración previa de las armas nucleares, entonces tendría la posibilidad de tomar en cuenta la opinión pública de este país y de otras naciones antes de decidir si estas armas deben ser usadas contra el Japón. De esta manera otras naciones podrían compartir la responsabilidad de tan fatal decisión.


La historia profesional de Samuel Ruben se entrelaza con la de su compañero Martin D. Kamen.  A partir de 1937 una alianza productiva se establece entre estos dos jóvenes investigadores de áreas complementarias en Berkeley.  En 1940 anuncian el descubrimiento del isótopo del carbono –14 que prometía, por su tiempo de vida medio, una nueva época como trazador radioactivo. A la entrada de los E.U. en la II Guerra Mundial, son reclamados por diferentes laboratorios para investigaciones relacionadas con la guerra y sus vidas profesionales se separan. Ya no volverían a encontrarse. Ruben muere trágicamente en un accidente de laboratorio que lo hace inhalar una dosis letal de fosgeno apenas con 30 años, Kamen se ve involucrado en acusaciones de filtraciones de información sensible a los soviéticos que le frenan su desarrollo en el momento más fértil de su trayectoria científica.  En la imagen: S. Ruben 


Nosotros urgimos que el uso de las bombas nucleares en esta guerra sea considerada como un problema de la política nacional estratégica mas que una decisión evaluada desde posiciones militares y que esta política sea dirigida al alcance de un acuerdo que permita un control internacional efectivo de los medios de la guerra nuclear”.

 

Este proyecto aunque no alcanza su objetivo principal, ya que en junio de este mismo año la humanidad se despierta aterrorizada ante el holocausto de Hiroshima,  queda como un monumento testimonial del rechazo de los científicos al uso de la ciencia para la destrucción e intimidación en los asuntos políticos.

 

El paralelismo en las vidas de Samuel Ruben y Martin Kamen supera el marco profesional. Ambos nacieron en 1913. Kamen había nacido en Toronto de padres inmigrantes, la madre de la región del Báltico, el padre de Bielorrusia. Los padres de Ruben eran polacos. En 1936, Kamen había defendido su grado de doctor en Química en la temática de la interacción  protones-neutrones en la Universidad de Chicago. Ruben, dos años, después recibió el doctorado en Química por la Universidad de California, Berkeley, y el tema central de su disertación estuvo vinculado con el empleo del fósforo radioactivo como trazador para estudiar procesos biológicos. 

La razón de su posterior alianza productiva se puede encontrar en los temas hacia dónde dirigieron sus esfuerzos iniciales en la investigación. En 1937, Ed McMillan traslada a esta pareja de jóvenes talentosos de dos áreas complementarias de Berkeley, un encargo de comprobación experimental solicitado por el propio Lawrence. A partir de entonces una tácita división del trabajo opera entre ellos: la producción y caracterización de los isótopos producidos en el ciclotrón sería una responsabilidad de Kamen, mientras su aplicación en la investigación química debía ser tarea de Ruben.

 

En febrero de 1940, se anunciaba, en ocasión de la ceremonia de entrega oficial del premio Nobel de Física (1939) a E.O. Lawrence por el cónsul sueco en el Salón Wheeler de Berkeley, el descubrimiento del carbono-14. La valoración del significado trascendental del hallazgo nos llega en el discurso pronunciado por el jefe del Departamento de Física, Raymond T Birge: “tengo el privilegio de transmitirle una noticia de gran importancia..., el Dr S. Ruben, instructor en química y el Dr M.D. Kamen, investigador asociado en el Laboratorio de Radiación han encontrado por medio del ciclotrón, una nueva forma radioactiva del carbono, probablemente de masa 14 y tiempo de vida media del orden de magnitud de algunos años. Sobre la base de su potencial utilidad es la más importante sustancia radioactiva que haya sido creada.”[14]. Tenían entonces ambos 27 años. Pronto intervendría EU en la Guerra, y sería reclamada la participación de ellos en estudios relacionados con la actividad bélica.[14]. Tenían entonces ambos 27 años. Pronto intervendría EU en la Guerra, y sería reclamada la participación de ellos en estudios relacionados con la actividad bélica.

 

Ruben fue solicitado por el Comité Nacional de Defensa para un proyecto que se proponía desarrollar métodos para la determinación de la concentración de gases en el ambiente y durante la manipulación de una ampolleta  de vidrio defectuosa cargada con fósgeno escapó el gas, inhalando Ruben una dosis mortal del mismo. Un día después, en el otoño  de 1943 murió en el Hospital en que fuera internado. 

 

En este año de la muerte de Ruben, fue enrolado Kamen  en las investigaciones  del Laboratorio Nacional de Oak Ridge en el marco del Proyecto Manhattan.


El químico estadounidense Martín D. Kamen conocido por su codescubrimiento del carbono –14 en el Laboratorio de Radiación de Lawrence, junto con su colega del Departamento de Química de Berkeley,  Samuel Ruben, sufrió las presiones de la cacería de brujas que le hicieron perder su empleo en Berkeley, afectaron gravemente su prestigio personal por la campaña de la prensa amarilla, y lo llevaron a tal depresión que incluso atentó contra su vida. Perdió años fértiles de su carrera, le prohibieron el intercambio necesario con colegas del extranjero al retirarle el  pasaporte y debió resistir todo tipo de presiones. Kamen cerró sus estudios nucleares en 1947, y realizó importantes contribuciones a la bioquímica de la fotosíntesis con el empleo de radiotrazadores. En 1996 recibió el premio Enrico Fermi por el Departamento de Energía de los EU, tenía entonces 83 años. [15]

Imagen: imglib.lbl.gov/ImgLib/COLLECTIONS/BERKELEY-LAB/SEABORG-ARCHIVE/Images/97401411.lowres.jpg


Poco después es separado de Oak Ridge cuando, sorprendido por el aspecto púrpura brillante de una muestra de sodio que debió emplear en cierto experimento, Kamen especula con sus colegas sobre la existencia de un reactor nuclear en las dependencias de este complejo  y esta información, sumamente sensible, llega a los agentes de seguridad del proyecto siendo interpretada como una intromisión de Kamen y una inclinación por datos de la seguridad, decidiendo no sólo su separación del proyecto sino también someterlo a chequeo personal.

 

Un nuevo incidente se crea al reincorporarse a Berkeley. En el transcurso de una velada musical organizada por su amigo el músico Isaac Stern, al cual acompaña en la viola, conoce a dos oficiales rusos, uno de los cuales le pide a Kamen averigüe sobre como puede un compañero aquejado de leucemia  acceder a la nueva terapia radioquímica. Los agentes del FBI lo chequeaban y esta “relación” con oficiales rusos es de nuevo interpretada como un motivo para levantar un expediente de investigación. Kamen es despedido de su trabajo en Berkeley.  El despido de Kamen fue seguido por un año de negaciones a ofertas de trabajo tanto en puestos académicos como de la Industria. Es díficil imaginar las ideas perdidas tras la muerte de Ruben y la suerte corrida por Kamen.

 

En la primavera de 1945 el premio Nobel de Física (1923) Arthur H. Compton (1892 - 1962) lo invita a trabajar en la Escuela de Medicina de la Universidad Washington para conducir el programa del ciclotrón. Sin embargo la enseñanza de la metodología del trazador radioactivo a los profesores y la preparación de materiales radioactivos marcadores para sus investigaciones clínicas, desplazaron el interés de la investigación desde la física nuclear y la radioquímica hacia la bioquímica. Con la publicación en 1947 de su aclamado texto  “Radioactive tracers in Biology”, Kamen concluyó su trabajo sobre el carbono –14. 

 

Kamen debió perder tiempo y energía en estos años para reclamar la concesión de su pasaporte puesto que la negativa del Departamento de Estado le impedía su participación en las conferencias internacionales a las cuales era invitado en calidad de pionero en el trabajo con trazadores radioactivos. Semejante prohibición se extendió desde 1947 hasta 1955. En 1948, renacieron las sospechas sobre su actividad y el Comité de Actividades Antiamericanas lo llamó para testificar ante la  posibilidad de que  hubiera filtrado secretos atómicos a los rusos mientras trabajaba en el proyecto Manhattan. La insostenibilidad de los cargos obligó al Comité a revocarlos pero la marca de espía atómico debió llevarla Kamen aún varios años.


© The Nobel Foundation

Al concluir la guerra, el profesor del Departamento de Química de Berkeley, Willard Libby se traslada al Instituto de Estudios Nucleares de la Universidad de Chicago y allí descubre en 1947 “el reloj radioactivo” del carbono-14. Su técnica de datación de lapsos grandes es una de las aplicaciones más sobresalientes del isótopo de Kamen-Ruben. Libby reconoce que un organismo vivo mantiene un intercambio permanente con el medio y por tanto la concentración del C-14 en su constitución se mantiene constante. Sin embargo al morir, el C-14 se desintegra a una velocidad constante de acuerdo con su período de vida media de 5730 años. La intensidad pues de la radiación emitida por el fósil será una medida de “su edad”. Una verdadera revolución en la arqueología, antropología y geología deviene de la confiabilidad de esta técnica de datación. [16]


En 1951, según recoge en su autobiografía,  Radiant Science, Dark Politics, comenzó un litigio legal contra la Compañía  Tribuna cuyos periódicos en Chicago y Washington D.C en Julio 7 de 1951 lo identificó, en sus páginas de historias, como un científico atómico espía y traidor. Al final, como con su pasaporte, Kamen triunfó, obteniendo como reparación de los daños $7,500 en el juicio contra Tribune Co. Pero su rehabilitación ante la historia vino tardíamente ya a los 86 años cuando el Departamento de Energía le confirió el Premio “Enrico Fermi”, una de las más altas condecoraciones dadas a los científicos atómicos por el gobierno de los EU.[17]   

Mientras unos tomaban el camino del exilio, y otros detenían sus más caras aspiraciones para contribuir con sus investigaciones al servicio de la defensa contra el eje fascista, millones de jóvenes aceptaban el heroico desafío de luchar por la liberación de la patria. Entre ellos se encontraban dos franceses que más tarde los hermana la historia.

Uno tenía entonces 30 años y estaba terminando de prepararse para defender su doctorado en Ciencias y el otro, con apenas 20 años cursaba el segundo año en la Facultad de Medicina parisina con la intención de hacerse cirujano. El primero se llamó Jacques Lucien Monod (1910 – 1976) y participó activamente en la heroica Resistencia Nacional francesa, siendo merecedor de la condecoración de la Cruz de la Guerra. En 1941 obtuvo su doctorado en Ciencias Naturales y luego de la liberación ingresó en el Instituto Pasteur como Director de Laboratorio en el Departamento de Fisiología Microbiana,  fundado en 1938 por André Lwoff (1902-1994), y en 1954 fue nombrado responsable del departamento de Química Celular. Lwoff fue uno de los fundadores del estudio de los virus. De 1959 a 1967 dio clases en la Universidad de París. En 1971 se hizo cargo de la dirección del Instituto Pasteur [18].

El aspirante a médico llevaba por nombre François Jacob (1920- ) y tan pronto se produce la ocupación germana cruza el Canal de la Mancha para unirse con la Fuerzas Francesas Libres, respondiendo al llamamiento del general Charles de Gaulle (1890 – 1970). Jacob formó parte de las tropas aliadas que desembarcaron en número superior a los 250 mil efectivos por las playas de Normandía en junio de 1944, abriendo el segundo frente occidental de la guerra conducente a la liberación de París.   En el fallido contraataque de las tropas alemanes Jacob cae gravemente herido y es internado por más de siete meses en un hospital militar. Después de la Guerra, Jacob completa sus estudios médicos y defiende su tesis doctoral en París en 1947. Ante las secuelas de las heridas de guerra Jacob se ve obligado a abandonar la práctica de la cirugía y reorienta su actividad profesional hacia los estudios biológicos obteniendo su doctorado en ciencias en 1954 en la Sorbona con una tesis sobre la bacteria lisogénica y el concepto de provirus. En 1950 se incorpora a las investigaciones del Departamento dirigido por Lwoff  en el Instituto Pasteur, y una década después encabeza el Departamento de Genética Celular de reciente creación en esta institución parisina [19]. 

Hacia 1958 convergen las líneas de investigación de François Jacob (1920- ) y Jacques Lucien Monod (1910 – 1976)  y ambos se encargan de estudiar los mecanismos de transferencia de la información genética así como las vías de regulación por las cuales en la célula bacteriana se controla la actividad y la síntesis de las de las macromoléculas. A partir de estos análisis, Jacob y Monod proponen una serie de nuevos conceptos, como los de ARN mensajeros, genes reguladores, operones, promotores y represores. En 1965 la Academia Nobel le confería Premio de Fisiología y Medicina, a los investigadores del Instituto Pasteur, Lwoff, Jacob y Monod  por sus descubrimientos de las actividades reguladoras de los genes.


Francois Jacob es un estudiante de Medicina cuando en el verano de 1940 ocurre la invasión hitleriana a Francia que termina con la ocupación alemana  y la instauración del gobierno colaboracionista de Vichy. Asume el sagrado deber de luchar por la liberación de su patria. Cruza el Canal de la Mancha, se incorpora a las Fuerzas de la Francia Libre, participa en el desembarco de Normandía y es gravemente herido en agosto del 44, en víspera de la liberación de París. Una década más tarde en el Instituto Pasteur es protagonista junto a otro héroe de la Guerra, Jacques Monod, de relevantes descubrimientos en el mecanismo de transferencia de la información genética.

Imagen: © The Nobel Foundation


La figura paradigmática de los químicos a favor de la paz y  la comprensión entre los pueblos es el estadounidense Linus Pauling (1901- ) [20]. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en varios proyectos “para la seguridad nacional” como lo hizo cada investigador del Instituto Tecnológico de California, a cuyo staff profesoral perteneció desde 1927 hasta 1964.  Fue un consultante de la división de explosivos de la Comisión de Investigación para la Defensa Nacional y su trabajó abarcó desde propulsores de cohetes hasta un sustituto para el suero humano en el tratamiento de los heridos de guerra. Por este tiempo su esposa Ava Helen Miller (1903-1981) se implicaba en organizaciones pacifistas llegando a ser miembro de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad. Ella se interesó primero que Pauling por los temas de los derechos humanos, la paz y la prohibición de los ensayos nucleares.[21]

 

Pero el lanzamiento de la bomba atómica al final de la Guerra y sus terribles consecuencias sirvieron de detonante fundamental para el giro de Pauling hacia una nueva dirección.  Como era ya un profundo conocedor de la estructura de las moléculas,  de su comportamiento en el cuerpo humano, y de su transmisión a través de la herencia,  los efectos potenciales malignos de las emisiones nucleares sobre las estructuras de las moléculas humanas despertaron en él una honda preocupación. 

 

Desde fines de los cuarenta, Pauling, se afilió al Comité de  Emergencia organizado por Einstein entre los científicos atómicos, y sirvió como activista de apoyo de muchas organizaciones por la paz. Intentó demostrar con cálculos la probabilidad de las deformaciones congénitas en las futuras generaciones resultantes de los productos de la fisión nuclear emitidos por las pruebas nucleares, y los publicó; protestó por la producción de la bomba de hidrógeno, abogó por la prevención de la proliferación de las armas nucleares;   y promovió la suspensión de las pruebas de armas nucleares, como un primer paso hacia el desarme multilateral.


http://www.pugwash.org/about/

manifesto.htm

El Manifiesto de Einstein-Russell, una urgente convocatoria en plena guerra fría a la comunidad científica, para definir las estrategias a seguir con el propósito de librar al planeta del espectro de las armas nucleares, encuentra en Pauling uno de los firmantes junto a Max Born, Percy Bridgman, Leopold Infeld, Frederic Joliot-Curie, Herman Muller, Cecil Powell, Hideki Yukawa y Joseph Rotblat. Al hacerlo desafiaba a los influyentes políticos maccartistas que lo acusaban de prosoviético y procomunista, cargos que rechazó siempre enérgicamente al tiempo que continuaba su infatigable labor pacifista. [22] 


No pudo ser más oportuno el aldabonazo de Einstein y Russell pero diversas circunstancias no hicieron posible el encuentro hasta 1957, en que el filántropo estadounidense Cyrus Eaton ofreció la villa de Pugwash en Nova Scotia, Canada, como sede del evento que pasó a la historia como Primera Conferencia del Pugwash [23]. A partir de entonces se inauguró un movimiento a favor de la solución pacífica de los litigios entre naciones que ha tenido una creciente capacidad de convocatoria entre la comunidad científica con el propósito de examinar los problemas más candentes que aquejan a la especie humana. Entre los 22 eminentes científicos participantes en esta primera conferencia figura un químico estadounidense entonces joven Paul M. Doty. Desde entonces Doty comparte su fecunda vida profesional con los esfuerzos por forjar un mundo más seguro y hoy aparece entre los fundadores de la Union of  Concerned Scientits.[24]     


En 1958, Pauling presentó  en Naciones Unidas la petición firmada por más de diez mil científicos de muchas naciones de suspender las pruebas nucleares.  Por esto debió rendir cuentas al Comité Senatorial de Seguridad Interna que deseaba obtener los nombres de los científicos firmantes de esta petición. Su rotunda negativa a ofrecer otros nombres como no fueran los tres reconocidos organizadores de la campaña entre los cuales figuraba él provocó una ovación cerrada desde la galería. 

 

En el mismo 1958 publicó “No more war!” un libro que documenta la necesidad de abandonar los ensayos nucleares y dar los pasos para la destrucción del arsenal atómico. Para conseguir esto propone el establecimiento de una Organización de Investigación para la Paz Mundial dentro de la estructura de la ONU para abordar el problema de preservar la paz. 

 

Su posición intelectual se resume en una comunicación publicada en el Magazín de Harper en 1963: “He dicho que mis principios éticos me han llevado a la conclusión de que el Diablo de la Guerra debe ser sepultado, pero mi conclusión de que la Guerra debe ser abolida si la especie humana ha de sobrevivir no está basada en principios éticos sino en un cuidadoso y pormenorizado análisis de los asuntos internacionales,  de los hechos sobre los cambios que han tenido lugar en el mundo en años recientes, especialmente con relación a la naturaleza de la Guerra” [25]. 

 

Se ejemplifica su postura invariable con su participación a los sesenta y dos años junto a su esposa en una demostración por la paz al frente de la Casa Blanca, justamente el día que fueran invitados a un banquete organizado por la oficina del Presidente en honor a los premios Nobel del hemisferio occidental. Pauling sólo dejó a los manifestantes a la hora justa de entrar en el recinto oval y al final de la jornada bailaba con Mrs. Kennedy.


http://lpi.oregonstate.edu/

ss01/avpauling.html

A lo largo de su vida tuvo Linus Pauling en su compañera Ava Helen fuente de inspiración y apoyo. Trabajaron juntos e independientemente por el desarme nuclear, por el chequeo de la no proliferación de las armas atómicas, y por prevenir todo tipo de pruebas que afectaran nuestra atmósfera o mares. Cuando en 1962 la Academia Nobel le confirió el Premio de la Paz, su segundo premio Nobel no compartido, Pauling al igual que mucha gente pensó que Ava mereció ser declarada coganadora porque jugó un rol igualmente importante. En un Congreso Internacional de Químicos  declaró sin ambages: “El único enlace más importante que el enlace de hidrógeno es el enlace humano”.  


Los hombres de ciencia y su actividad de investigación no escaparon de las realidades impuestas por las dos guerras mundiales que azotaron al planeta. Fueron marcados como científicos por la interrupción de sus planes durante dos intervalos productivos de sus vidas profesionales, y lo que es más importante, como seres humanos conocieron y sufrieron lo horrores de la guerra. Embarcados en la espiral armamentista y en un estrecho chovinismo algunos representantes como individuos e instituciones contribuyeron al desarrollo de dos de las armas más horribles: la química y la biológica. Pero la mayoría de los químicos, y algunos aún antes del lanzamiento de la bomba atómica, comprendieron los desafíos impuestos a la humanidad por la era nuclear y lucharon decididamente por el cese del desarrollo de las armas atómicas.  

 


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