Este año los dos escipiónes decidieron dividir sus fuerzas y de esta manera uno de ellos se hizo cargo de la flota (Cneo Escipión) y el otro de las operaciones terrestres (P. Escipión). Asdrúbal, quien se mantenía a distancia de los romanos y que solicitaba ya hace tiempo refuerzos a Carthago, recibió de esta 4.000 infantes y 500 jinetes, por lo que, ya mas seguro de sus fuerzas, se acerco a los romanos al tiempo que aprestaba una nueva flota de combate, pero cual fue su sorpresa cuando se vio sorprendido por la deserción de sus filas de los marinos procedentes de la zona de la Andalucía atlántica, gentes de gran importancia cuantitativa dentro de la flota púnica en Hispania. La deserción de estas unidades (habían sido duramente amonestadas por Asdrúbal tras la batalla naval habida en la desembocadura del Ebro y que termino en desastre para las armas cartaginesas) que ya desde el año precedente se habían mostrado menos leales y dispuestas a los cartagineses (a causa precisamente de la dura amonestación por Asdrúbal), habían llegado ya a, no solo desertar del lado cartaginés, si no a promover en la baja Turdetania una rebelión abierta contra Carthago, tanto es así, que al poco recibía Asdrúbal las nuevas de que la rebelión se ha propagado con éxito e incluso que los sublevados han tomado ya una ciudad al asalto. El barcida, que decidió no dejar este peligroso foco rebelde a sus espaldas, concentro sus fuerzas contra estos dejando a un lado a los romanos. De esta manera, y utilizando la ciudad de Ascua (Asta??) como base de operaciones, sentó sus reales frente a la ciudad recientemente perdida ante los rebeldes ya que estos acampaban allí mismo también.

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