ALIMENTOS TRANSGENICOS

 

 

 

ALGUNAS PREGUNTAS FRECUENTES SOBRE ALIMENTOS MODIFICADOS GENETICAMENTE

Ante el gran interes que está despertando la cuestión de los alimentos modificados genéticamente, he considerado interesante reunir algunos datos para que cualquier persona pueda formarse su opinión personal sobre le tema.

En esta página puede encontrarse a continuació una pequeña revisión desde un punto de vista científico. Puesto que puede resultar un poco árida para personas sin conocimientos de bioquímica, he preparado tambiŽn una serie de "preguntas frecuentes" y respuestas (FAQ), un sistema clasico en Internet.

Por supuesto, estaré encantado de recibir comentarios, nuevas preguntas para contestar, ampliaciones de datos, etc.

 

FAQ

 

 

ALIMENTOS TRASNGENICOS. ESTADO ACTUAL

Algunos enzimas y aditivos utilizados en el procesado de los alimentos se obtienen desde hace años mediante técnicas de DNA recombinante. La quimosina, por ejemplo, enzima empleada en la fabricación del queso y obtenida originalmente del estómago de terneros, se produce ahora utilizando microrganismos en los que se ha introducido el gen correspondiente. Sin embargo, la era de los denominados "alimentos transgénicos" para el consumo humano directo se abrió el 18 de mayo de 1994, cuando la Food and Drug Administration de Estados Unidos autorizó la comercialización del primer alimento con un gen "extraño", el tomate "Flavr-Savr", obtenido por la empresa Calgene. A partir de este momento, se han obtenido cerca del centenar de vegetales con genes ajenos insertados, que se encuentran en distintas etapas de su comrecialización, desde los que representan ya un porcentaje importante de la producción total en algunos países hasta los que están pendientes de autorización.

Existen diferentes posibilidades de mejora vegetal mediante la utilización de la ingeniería genética. En el caso de los vegetales con genes antisentido, el gen insertado produce un mRNA que es complementario del mRNA del enzima cuya síntesis se quiere inhibir. Al hibridarse ambos, mRNA del enzima no produce su síntesis. En el caso de los tomates "Flavr -Savr" en enzima cuya síntesis se inhibe es la poligalacturonasa, responsable del ablandamiento y senescencia del fruto maduro. Al no ser activo, este proceso es muy lento, y los tomates pueden recogerse ya maduros y comercializarse directamente. Los tomates normales se recogen verdes y se maduran artificialmente antes de su venta con etileno, por lo que su aroma y sabor son inferiores a los madurados de forma natural. En este caso, el alimento no contiene ninguna proteína nueva. La misma técnica se ha utilizado para conseguir una soja con un aceite con alto contenido en ácido oleico (80 % o más, frente al 24% de la soja normal), inhibiendo la síntesis del enzima oleato desaturasa.

 

La inclusión de genes vegetales, animales o bacterianos da lugar a la síntesis de proteínas específicas. La soja resistente al herbicida glifosato, conocida con el nombre de "Roundup Ready" y producida por la empresa Monsanto contiene un gen bacteriano que codifica el enzima 5-enolpiruvil-shikimato-3-fosfato sintetasa. Este enzima participa en la síntesis de los aminoácidos aromáticos, y el propio del vegetal es inhibido por el glifosato; de ahí su acción herbicida. El bacteriano no es inhibido.

 

El maiz resistente al ataque de insectos contienen un gen que codifica una proteína da Bacillus thuringiensis, que tiene acción insecticida al ser capaz de unirse a receptores específicos en el tubo digestivo de deterionados insectos, interfiriendo con su proceso de alimentación y causando su muerte. la toxina no tienen ningún efecto sobre las personas ni sobre otros animales. La utilización de plantas con genes de resistencia a insectos y herbicidas permite reducir la utilización de plaguicidas y conseguir un mayor rendimiento. también se ha obtenido una colza con un aceite de elevado contenido en ácido laúrico, mediante la inserción del gen que codifica una tioesterasa de cierta especie de laurel. Los vegetales resistentes a virus se consiguen haciendo que síntetizen una proteína vírica que interfiere con la propagación normal del agente infecioso. Estos vegetales contieen proteína vírica, pero menos de la que contienen los normales cuando están severamente infectados.

 

Los vegetales transgénicos mas importantes para la industria alimentaria son, por el momento, la soja resistente al herbicida glifosato y el maiz resistente al taladro, un insecto. Aunque se utilice en algunos casos la harina, la utilización fundamental del maiz en relación con la alimentación humana es la obtención del almidón, y a partir de este de glucosa y de fructosa. La soja está destinada a la producción de aceite, lecitina y proteína.

 

Puesto que la harina de maiz, la proteína de soja y los productos elaborados con ellas contienen DNA y proteínas diferentes a la de las otras variedades de maiz, en la Unión Europea (no en los Estados Unidos) existe la obligación de mencionar su presencia en el etiquetado de los alimentos. Aunque no se ha detectado ningún caso, sería concebible la existencia de personas alérgicas a las nuevas proteínas. No obstante, en el caso de la proteína de B. thuringiensis, su amplio uso como plaguicida en agricultura ecológica permite asegurar su falta de alergenicidad.

 

El aceite de soja transgénica y la glucosa y la fructosa obtenidas del almidón de maiz transgenico no contienen ningún material distintinto a los que contienen cuando se obtienen a partir de los vegetales convencionales. En la mayoría de los casos, ni siquiera las técnicas de PCR, que como se sabe tienen una sensibilidad extrema, son capaces de detectar material genético extraño, por lo que no existe ninguna obligación de etiquetado diferencial.

 

En el caso de los alimentos completos, o de partes que incluyan la proteína extraña, como podría ser la proteína de soja o la harina de maiz, hay que considerar el riesgo de la aparición de alergias a la nueva proteína. Este es el caso de la soja a la que se le había introducido el gen de una proteína de la nuez del brasil para aumentar el contenido de aminoácidos azufrados de sus proteínas y por ende su valor nutricional. La nueva proteína resulto ser alergenica, y esta soja no ha llegado a salir al mercado (47). Sin embargo, esto es absotutamente excepcional, y no existe ninguna evidencia de que las proteínas introducidas por medio de la ingeniería genética sean mas alergénicas que las naturales.

 

En el caso de la utilización de materiales procesados exentos de proteínas, como el aceite de soja o la glucosa obtenida a partir del almidón del maiz, no existe ningún material que no se encuentre en el producto convencional, y consecuentemente no existe ningún riesgo, ni siquiera hipotético, atribuible a la manipulación genética. Incluso en los casos en que existe alergia a una proteína de la semilla oleaginosa (convencional o transgenica), un aceite procesado no produce respuesta.

 

 

Son nuevos los alimentos modificados genéticamente?

 

Para que se obtienen vegetales transgénicos?

Cuantos alimentos transgénicos existen?

De donde se obtienen los genes que se introducen en los vegetales transgénicos?

Pueden producir alergias los productos transgénicos?

Son los productos transgénicos peligrosos para el medio ambiente?

Cuando consumimos alimentos modificados geneticamente?

Por que los fabricantes se oponen al etiquetado de los productos transgenicos?

Pueden los alimentos modificados geneticamente hacer que las bacterias se vuelvan resistentes a los antibióticos?

 

Son nuevos los vegetales modificados genéticamente?

El hombre lleva varios miles de años modificando los vegetales que utiliza como alimento. Por ejemplo, las coles de bruselas, la coliflor, el broculi y el colinabo son variedades artificiales de la misma planta (aunque no lo parezcan) . Lo mismo se puede decir de las decenas de variedades de manzanas, maiz, patatas, trigo, etc. etc. Los antecedentes salvajes de muchas de estas plantas, cuando existen, son tan poco parecidas que no serían reconocidos como tales por alguien que no fuera experto.

 

En cuanto a la "mezcla de especies", el triticale, un híbrido de trigo y centeno, lleva décadas prosperando en terrenos de mala calidad (útiles para centeno, pero no para trigo), pero con algunas buenas propiedades del trigo, lo que lo hace mucho mas valioso para alimentación humana.

 

Sin embargo, la ingeniería genética permite ahora llevar a cabo, en pocos años y de forma controlada, lo que antes podía costar décadas o siglos, o conseguir efectos que sólo estaban en los sueños de los agricultores, pero que eran imposibles con las viejas técnicas de cruce y selección.

 

La ingeniería genética se utilizó inicialmente (por su alto coste) para producir sustancias de usos farmacéutico, como la insulina, modificando genéticamente microrganismos. Con los posteriores desarrollos, se obtuvieron también enzimas para uso industrial, como la quimosina recombinante, utilizada, al igual que la obtenida de estómagos de terneros jóvenes (su fuente original, el "cuajo"), para elaborar el queso.

 

Posteriormente se han obtenido vegetales (y animales) modificados genéticamente para mejorar sus propiedes.

 

 

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Para que se obtienen vegetales transgénicos?

Actualmente existen, comercializados o en proceso avanzado de desarrollo, vegetales modificados para:

 

- Que tengan una vida comercial mas larga.

 

- Resistan condiciones ambientales agresivas, como heladas, sequías y suelos salinos.

 

-ÊResistan herbicidas.

 

- Resistan plagas de insectos.

 

- Resistan enfermedades - Tengan mejores cualidades nutritivas

 

La modificación mas interesante en animales sería conseguir vacas que incluyeran en la leche proteínas de la leche humana con efecto protector, como la lactoferrina.

Cuantos alimentos transgénicos existen?

Depende de a lo que se llame "alimentos transgénicos". Podemos considerar los siguientes grupos:

1. Sustancias empleadas en tratamientos de animales para mejorar la producci—n. Científicamente hablando, no deberían incluirse aquí, aunque sus detractores lo hacen. El mejor ejemplo es la hormona de crecimiento bovina recombinante utilizada para aumentar la producci—n de leche. Se utiliza en Estados Unidos, pero no en la Unión Europea.

 

2. Sustancias empleadas en la industria alimentaria, obtenidas en microrganismos por tecnicas de DNA recombinante. Por ejemplo, la quimosina (cuajo) recombinante. Usada ya en la UE para fabricar queso. Tiene problemas burocr‡ticos (denominaciones de origen) pero no us una fuente de problemas ecologicos, ni tiene riesgos para el consumidor.

 

3. Animales transgénicos que segreguen en su leche una proteina humana, o que tengan un contenido menor de lactosa, etc. No existen todaví a nivel comercial.

 

Debe hacerse notar que en estos tres casos no se liberan organismos al medio ambiente. Una vaca no es un organismo que pueda "polinizar" sin control a nadie, y en los otros casos solamente se comercializan las sustancias puras obtenidas. No hay que considerar pues aspectos realacionados con la ecolog’a, como transferencias de genes de resistencia, etc. Unicamente son importantes los aspectos relacionados con la seguridad de los consumidores, fáciles de examinar además en estos casos.

 

En este momento solamente se utilizan unos cuantos vegetales modificados genéticamente, que serían los autenticos "alimentos transgénicos"

 

1. El primer alimento disponible para el consumo producido por ingenieria genetica fue el tomate "Flavr Svr". Este tomate había sido modificado para que resistiera mas tiempo después de madurar, evitando que produjera un enzima esencial en el proceso de senescencia ("apochamiento")

 

2. Otro producto importante es la soja transgénica. En este caso, lo que se ha hecho es introducir un gen que la hace resistente a un herbicida, el glifosato, conocido por su nombre comercial de Roundup (Monsanto).

 

3. El maiz transgénico se ha obtenido para que sea resistente a un insecto, el taladro del maiz, y a un herbicida, el glufosinato. Por lo que respecta al herbicida, vale lo dicho para la soja. En cuanto a la resistencia contra el insecto, se obtiene insertando en el maiz el gen de una proteina insecticida de una bacteria.

Esta proteina insecticida es perfectamente inocua, y su utilización está autorizada incluso en la llamada "agricultura ecológica"

 

Las perspectivas de esta tecnología son muy amplias. ya existen varias docenas de plantas mas a punto de comercializarse, y en los póximos años su numero ascendera a centenares

 

4. Aunque todav’a no existen, estan ya en desarrollo los vegetales con un gen extra–o para consumo alimentario directo. Ser’an patatas, frutas, etc, con genes que les confirieran resistencia a insectos, heladas, salinidad, etc. Estos productos exigirian un examen minucioso en cuanto a seguridad (toxicidads a cotrto y largo plazo, alergias) antes de su comercializacion.

 

Tambien se pueden desarrollar bacterias, levaduras, etc, utilizables en la fabricaci—n de alimentos (pan, cerveza, yogur etc.), modificando el genoma de las convencionales, introduciendo el gen de un enzima de otro microrganismo o induciendo la sobreexpresión de un gen propio. Es un campo muy prometedor, donde estan empezando a obtenerse resultados. Tambien es uno de los campos en los que hay mayor porcentaje de investigacion publica.

 

 

 

 

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De donde se obtienen los genes que se introducen en los vegetales transgenicos?

En el caso de querer conseguir una vida comercial mas larga, por ejemplo, en el tomate "Flavr Svr", no se introduce un gen de otro ser vivo, sino un gen "antisentido", artificial, que evita que se sintetice una proteina responsable de la senescencia (digamos, del "apochamiento") del tomate.

 

En los demás casos, se introducen genes que codifican la síntesis de proteinas especiales. El gen que hace a la soja resistente al glifosato (un enzima que no es afectado por este herbicida) procede de una bacteria comœn del suelo. El que codifica la resistencia a insectos se obtiene de una bacteria patógena para los insectos, pero totalmente inocua para los animales superiores

 

 

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Pueden producir alergias los productos transgénicos?

La alergia es la reacción exagerada del organismo contra una sustancia (normalmente una proteina) extraña a él. La soja (o cualquier vegetal) tiene miles de proteinas extrañas para el hombre, por lo que existen bastantes personas alérgicas a la soja, al cacahuete, a las fresas, etc. La soja transgénica tiene una proteina mas entre esos miles, por lo que el aumento del riesgo es minúsculo. Y naturalmente, el riesgo desaparece por completo cuando la soja se procesa para obtener aceite, lecitina, etc.

 

 

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Son los productos transgénicos peligrosos para el medio ambiente?

Efectos sobre el medio ambiente

 

Efectos potenciales de la resistencia a herbicidas

 

Inconvenientes potenciales:

Uso exagerado de herbicidas por parte de los agricultores, afectando al medio ambiente.

 

Ventajas potenciales:

El glifosato es un herbicida relativamente poco tóxico y biodegradable, pero no es selectivo, por lo que no puede utilizarse con cultivos de soja "normal"

Evita la utilización de herbicidas mas agresivos para el medio ambiente, pero mas selectivos, en los cultivos de soja.

 

Efectos de la resistencia a insectos.

 

Inconvenientes potenciales:

educción de la población de insectos, afectando a animales insectívoros (aves, murciélagos) al privarles de sus presas. Es un efecto muy poco importante, ya que solamente mata a aquellos insectos que pretenden alimentarse a expensas de la cosecha. Ventajas potenciales:

Reduce el uso de insecticidas. Solamente afecta a los insectos perjudiciales para la planta concreta.

 

 

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Cuando consumimos alimentos transgenicos?

La utilización de la soja como alimento, como tal soja, es puramente anecdótica. La soja se utiliza como materia prima para obtener aceite, que luego es procesado quimicamente por hidrogenación, y lecitina. Ninguno de estos dos productos contienen la proteina que ha sido introducida para inducir la resistencia. Son por tanto identicos en todas sus propiedades físicas, químicas, biológicas, nutricionales y toxicológicas , procedan de soja "normal" o de soja "transgénica".

 

Casi lo mismo puede decirse del maiz. Sus aplicaciones fundamentales son la obtención de almidón y de glucosa a partir de ese almidón. Ninguno de estos dos productos contiene DNA ni proteinas, ni "normales" ni "transgénicas"

 

 

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Por que los fabricantes se oponen al etiquetado de los productos transgenicos?

En el caso de productos como el tomate, es posible el etiquetado diferencial. De hecho, los tomates Flavr Svr suelen etiquetarse uno por uno. La compañía ganó en Estados Unidos el juicio contra los que querían obligarle al etiquetado individual. Pero después de esto, decidió libremente etiquetarlos, ya que consideraba (con razón) que su superior calidad debía quedar evidente para los consumidores.

 

En el caso de la soja, el etiquetado es casi imposible. La soja se manipula a granel, en cantidades enormes, y ya muchas granjas mezclan las distintas variedades nada mas cosecharlas. En los silos y barcos de transporte se mezcla todavía mas. Además, en el caso de la soja que no se come como tal (casi, cas, casi toda) esto no tiene la menor importancia, ya que como se ha dicho, el aceite que se obtiene no contienen material genetico

 

En el caso del maiz transgenico, si se utiliza directamente su harina en la fabricaci—n de alimentos, el etiquetado es obligatorio, ya que es, en cierta forma, diferente del habitual, al contener la proteina de Bt. Si el maiz se utiliza para obtener almidón, con el que luiego se fabrica glucosa o fructosa, pretender el etiquetado de estos productos finales es absurdo, ya que son ABSOLUTAMENTE IGUALES, e indistinguibles por cualquier sistema, de los obtenidos del maiz "no transgenico".

 

 

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Pueden los alimentos transgenicos hacer que las bacterias se vuelvan resistentes a los antibióticos?

Para modificar el genoma de la planta se utiliza el gen que se quiere insertar y otros genes auxiliares. Algunos de estos genes auxiliares confieren resistencia frente a determinados antibióticos, para poder seleccionar las células modificadas. Así, el maiz modificado geneticamente tiene también el gen de la beta-lactamasa, que confiere resistencia al antibiótico ampicilina.

 

Para que una bacteria patógena se volviera resistente a este antibiótico sería necesario:

 

-Que el gen de resistencia al antibiótico se mantuviera intacto. El procesado de los alimentos destruye el DNA. Consecuentemente sería necesario comer el maiz crudo. Esto descarta el problema en el caso humano, y lo reduce a los animales cuando se utiliza este maiz como pienso

 

-Que el gen pudiera transferirse a una bacteria. Aunque originalmente el gen de resistencia al antibiótico procede de bacterias, su situación actual dentro del genoma vegetal hace esto extremadamente improbable. Sería muchísimo mas probable que adquiriera ese gen de otra bacteria de las muchas presentes en el tubo digestivo.

 

- Que existiera una presión selectiva a favor de la bacteria que ha adquirido el gen de resistencia, es decir, que el animal estuviera siendo tratado en ese momento con el antibiótico.

 

Como precaución adicional, no se utilizan generalmente genes de resistencia a antibióticos importantes en clínica humana o frenbte a antibióticos nuevos que pudieran tenerla en el futuro. En todo caso, puesto que el gen de resistencia al antibiotico no juega ya ningun papel en la planta trangenica, si se considerara un riesgo, podría eliminarse.

Puesto que "mas vale prevenir que lamentar", la petición de esta eliminación es bastante razonable

 

 

Posiciones encontradas

El primer logro: todas partes interesadas en el tema de los alimentos transgénicos participan del debate en Escocia.

Los que defienden los alimentos transgénicos afirman que esta nueva tecnología puede abaratar los alimentos, resolver problemas de nutrición y alimentación en el mundo y favorecer al medio ambiente.

Sus detractores, por el contrario, afirman que no se sabe qué riesgos traen para la salud los alimentos transgénicos, que son un verdadero peligro para el medio ambiente y que debería haber una moratoria hasta que se tengan datos más concluyentes o, por lo menos, que los productos genéticamente modificados estén claramente etiquetados para la seguridad del consumidor.

La ciencia no puede, por sí misma, ofrecer todas las respuestas que buscamos.

Donald Johnsto, secretario general de la OCDE, en referencia a los alimentos transgénicos.

La tarea no es fácil, y ahora se deberá trabajar sobre la base establecida recientemente en Montreal, Canadá, que define ciertas áreas de responsabilidad en el manejo de este tipo de alimentos.


¿Todos presentes?

La conferencia de tres días es el primer foro internacional en el que participan científicos, reguladores y ambientalistas.

Sin embargo, los grupos ecologistas -que realizaron manifestaciones de protesta durante la inauguración del foro- han denunciado que la conferencia es "una farsa", porque el 95 por ciento de los asistentes representa en realidad a las empresas interesadas en promover los alimentos transgénicos.


Necesidad de consenso

Los ecologistas llevaron su protesta ante las misma puerta del Primer Ministro británico.

De una u otra forma, los delegados tienen claro que es necesario encontrar un consenso, como lo señaló el secretario general de la OCDE, Donald Johnston.

"La ciencia no puede, por sí misma, ofrecer todas las respuestas que buscamos. Las decisiones deben tomarse sobre la base de consideraciones más amplias y deben incluir a muchos sectores sociales", añadió.

Las conclusiones de la conferencia serán presentadas en la cumbre del G-8, los siete países más industrializados y Rusia, el próximo julio en Japón.

Los pros de los vegetales transgénicos

La promoción de los vegetales transgénicos por parte de les multinacionales del sector se basa esencialmente en dos ideas: una mayor productividad y la posibilidad de acabar con el hambre en el mundo.

Mayor productividad

La incorporación del insecticida a la planta hace que éste sea más eficiente en la lucha contra determinados parásitos como el taladro del maíz, que no se combaten de forma eficaz con la distribución de insecticidas por vía externa.

Esto conlleva una mayor productividad. La experiencia actual de los agricultores norteamericanos sitúa el incremento de producción en un 9%, según las empresas productoras.

Más ecológico

Esta nueva técnica de distribución del insecticida representa un uso mucho más localizado del mismo. Así se evita su dispersión en el medio ambiente.

El fin del hambre en el mundo

Una de las campañas de las empresas productoras de vegetales transgénicos ha estado diciendo que estos pueden hacer que termine el hambre en el mundo. No es necesario reiterar que el problema del hambre no es un problema de recursos sino de distribución de los mismos.

Los riesgos de los alimentos transgénicos

Entre las distintas objeciones que se ponen a los alimentos transgénicos hay las siguientes:

Falta de información y transparencia

Algunos vegetales transgénicos como la soja y el maíz, se están usando mezclados y de forma indistinta con los cereales no modificados. Esto, junto a la falta de legislación sobre control y etiquetado de estos productos, hace que el consumidor no tenga derecho a saber que come ni a escoger si desea o no consumir alimentos modificados.

Además, estos se usan para alimentación animal. Es muy difícil saber como han sido alimentados los animales que consumimos.

Falta de seguridad para la salud

La introducción de un nuevo compuesto dentro de una célula, como es el caso del plásmido que contiene la nueva información genética, puede alterar los equilibrios metabólicos de las células del vegetal huésped, generándose nuevos compuestos o variando el contenido nutritivo del alimento modificado.

Alteraciones de este tipo han sido observadas en algunos experimentos de ingeniería genética.

Esto hace que la modificación genética mantenga en sus efectos una cierta imprevisibilidad de la que carecen los alimentos convencionales y que debe ser controlada.

Falta de justificación ética y política

Otro bloque de críticas a los alimentos transgénicos se refiere a la falta de necesidad y por tanto a la falta de sentido ético de la manipulación genética.

Por otro lado, algunas actitudes políticas indican que se siguen más los intereses de ciertas empresas que el beneficio de la población.

Riesgos medioambientales

Cada vez hay más observaciones que indican que la ingeniería genética supone nuevos riesgos para el medio ambiente, sobre todo por lo que respecta a los efectos sobre la biodiversidad y a la contaminación genética.

Una reducción en el número de especies cultivadas y la expansión de especies tóxicas para determinados organismos ejemplifican los riesgos para la conservación de la biodiversidad.

Por otro lado, la información genética introducida en los vegetales transgénicos tiene una remota posibilidad de migrar como si se tratará de un virus, e instalarse en otros organismos. Esto puede provocar la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos utilizados para la selección de los organismos modificados, así como nuevas plagas resistentes a los mismos insecticidas y/o herbicidas que las plantas cultivadas.

Una última idea es el sentido del gen de resistencia a herbicidas. Este permite el incremento de la dosificación de herbicida en el cultivo de forma que aumenta el aporte de sustancias extrañas al medio (contaminación).

Control económico

Distintas prácticas de las empresas productoras de semillas transgénicas marcan una tendencia que puede establecer una nueva dependencia del Sur al Norte y del mundo entero respecto a estas multinacionales:

— Prácticas discutibles en la realización de patentes.

— Adquisición de empresas de semillas convencionales para sacarlas del mercado o utilizarlas como distribuidoras de sus semillas modificadas.

— Obligación a los compradores de semillas a la firma de contratos que incluyen la prohibición de reservar parte de las semillas, la obligación de utilizar herbicidas de la misma casa comercial...

— La investigación en tecnología para la esterilización de las semillas de forma que su reserva no sea posible y deban comprarse de nuevo al año siguiente.

Conclusiones

Un aumento de la productividad no necesariamente significa un mayor beneficio, debe valorarse también como se han modificado los costes para obtener esa mayor productividad (semillas más caras, mayor consumo de herbicidas...).

¿Para qué queremos más producción si las reglas del mercado nos obligan a tirar alimentos para mantener los precios o a limitar la producción para no superar las cuotas marcadas desde la UE?

Los alimentos transgénicos conllevan ciertos riesgos ambientales y para la salud, riesgos que quizá podríamos asumir, pero ¿a cambio de qué? Seguro que no a cambio de nada.

En el camino, se han aprendido nuevas técnicas. La humanidad sabrá encontrarles la utilidad.

El mayor riesgo es seguramente el control económico en el que el mundo podría llegarse a encontrar. Podría llegar el día en el que los frutos de la tierra fueran de otros y ni tan sólo tuviésemos ya derecho a alimentarnos. El riesgo es demasiado grande...

Los alimentos transgénicos son un avance para la Humanidad»

 

Expertos de EEUU promocionan estos productos en Europa

 

GUSTAVO CATALAN DEUS

 

MADRID.- Lester M. Crawford y C. S. Prakash son dos científicos vinculados a las universidades norteamericanas de Georgetown y de Tuskegee que, comisionados por el Departamento de Agricultura de EEUU, promocionaron en ocho países europeos los alimentos transgénicos.

Durante su visita a España, se entrevistaron con la Administración y representantes de la industria de la biotecnología. EEUU promueve la biotecnología con patente USA, porque entre otras consecuencias han dejado de vender a Europa casi una decena de millones de toneladas de maíz, precisamente por estar genéticamente manipuladas.

Según ellos, el Protocolo de Bioseguridad que se firmó en mayo en Nairobi entre más de 120 países, para preservar la biodiversidad frente a los organismos genéticamente modificados (OGM), tiene defectos. El arma básica de este protocolo es el principio de precaución que pueden adoptar los países para evitar que los OGM traspasen sus fronteras.

«Este principio es útil si va junto a una evaluación de riesgo, si no es así, no ayuda a administrar la situación. No estoy a favor de este principio», afirma Crawford. De esta manera, defienden las tesis de EEUU, que hizo todo lo posible para evitar que se llegara a un acuerdo global en Montreal.

EEUU intervino en aquellas negociaciones pese a que no es firmante del Convenio de Biodiversidad de la ONU, en el marco del cual se inscribe el acuerdo de enero pasado en Canadá y que después se firmó en Nairobi.

Según ellos, el nuevo movimiento surgido entre los norteamericanos en contra de los alimentos transgénicos no es igual al de Europa. «Los europeos quieren parar la tecnología, los norteamericanos sólo quieren evaluar la tecnología», declara Crawford, quien no entiende por qué los europeos están en contra de los OGM.

«Son un avance para la Humanidad. Mejoran las cosechas. Impiden utilizar elevadas cantidades de pesticidas. Pueden acabar con el hambre. Y además, son los mejor estudiados y evaluados. Los cultivos transgénicos son completamente seguros», asevera Prakash. Sin embargo, no puede citar ningún informe científico asumido por la comunidad científica acerca de la inocuidad de los transgénicos o de su dispersión en el medio ambiente. Tan sólo cita un manifiesto favorable firmado por 2.300 científicos.

Crawford es director del Centro de Política Alimentaria y Nutritiva de la Universidad de Georgetown desde 1997. Anteriormente ocupó cargos políticos en la Administración central norteamericana. Prakash, por su parte, es un experto en biotecnología y ha desarrollado varios organismos transgénicos en sus investigaciones, financiadas por la industria privada con hasta cuatro millones de dólares.

Ambos científicos también son partidarios de otra manipulación de los alimentos que se realiza en EEUU y que apenas se utiliza en Europa: la irradiación. Consiste en someter a los alimentos a ciertas radiaciones para matar a los gérmenes y evitar que se pudran antes. «La irradiación es segura y es muy eficaz», asegura Crawford.

Pero en Europa eso de bombardear los alimentos con emisiones alfa no está bien visto. Los consumidores no lo aceptan. Con la excepción de Francia, ningún país europeo ha transigido con esta técnica. «Creo que hay un nivel de miedo sin sentido. Ocurre lo mismo con la biotecnología. Sin embargo son métodos precisos; no van a traer riesgos singulares...», añade este experto que en su día colaboró con la poderosa Agencia Federal de Alimentos y Drogas, que ha permitido que EEUU se convierta en el país donde más alimentos transgénicos se consumen.

Alimentos transgénicos 
Reina la confusión   
 

Biotecnología: del cereal a la clonación 
Aplicaciones potenciales de la biotecnología para obtener plantas con características mejoradas

  
Biotecnología, ya en el neolítico. Aunque el término “biotecnología” se viene utilizando ampliamente, su definición no está bien ajustada. Una posible acepción es: “conjunto de técnicas aplicadas a los organismos vivos, o a parte de ellos, destinados a la producción alimentaria y no alimentaria”. Así pues, la biotecnología no es nueva, se inició cuando los primeros cazadores-recolectores se asentaron y se aseguraron el sustento mediante el cultivo de plantas y la cría de animales. Sirva como dato que de las cuatro especies salvajes de gallina que inicialmente se conocían, hoy disponemos de más de 40 razas diferentes, todas ellas fruto de sucesivos cruces, selecciones y mejoras. Sin embargo, estos procedimientos se basaban en el ensayo y el error, y no fue hasta mediados del siglo XIX, con los trabajos de Pasteur, cuando se sientan las bases de un método sistemático para establecer los mecanismos que controlan los fenómenos biológicos. Otro hito en la historia de la biotecnología fue el nacimiento de la genética, gracias a los estudios de Mendel. Los conocimientos científicos hasta entonces obtenidos tenían su aplicación en la agricultura y la ganadería. Estos antiguos métodos biotecnológicos, que aún hoy se emplean, los acepta el consumidor sin problemas (nectarinas, manzanas con sabor a peras, u otros híbridos). 

ADN, el primer carné de identidad. A mediados del presente siglo, se comprobó que la herencia estaba ligada al hoy casi familiar ácido desoxirribonucleico o ADN, componente fundamental de los cromosomas. También se descubrió que la información contenida en el ADN está codificada. Y que sus “claves”, comunes a todos los seres vivos, son el “código genético” (esta codificación es análoga a la de una cinta de vídeo: con ayuda de un televisor y un magnetoscopio se interpretará la información contenida en ella). En los años 50 comienzan los avances más espectaculares de la biología molecular, una ciencia más precisa en el control de los riesgos. Ahora es posible unir dos fragmentos de ADN de diferente origen (ADN recombinante) o generar copias exactas del ADN (clonación). Más aún, se puede tomar un fragmento de ADN de una especie e insertarlo en el ADN de otra especie y obtener un “organismo transgénico”, que contiene la información hereditaria de otro. La ingeniería genética es esta nueva ciencia que permite transferir la información genética de un organismo a otro. 

La ingeniería genética y los alimentos. Aunque las técnicas agrícolas y ganaderas han evolucionado mucho, no se han resuelto todavía graves problemas de ámbito mundial, como el de hacer sostenible el desarrollo económico, desterrar el hambre o reducir el impacto sobre el medio ambiente. Algunos expertos estiman que la biotecnología, y en particular la ingeniería genética, podría contribuir a resolver estos endémicos problemas, pues se podría pasar de una ganadería y una agricultura cuantitativas a otras más cualitativas, se obtendrían especies vegetales y animales mejor adaptadas al entorno y quizá se reduciría el impacto en el medio natural (por mejor aprovechamiento de abonos y menor necesidad de pesticidas). Otros, más críticos, creen que aún quedan grandes lagunas de conocimiento sobre el funcionamiento de la planta o animal que se manipula en laboratorio, y plantean, entre otras, estas dudas : ¿cómo influye el gen introducido en el organismo modificado en el funcionamiento del resto del genoma? ¿causarán procesos alérgicos? ¿se alterarán las propiedades nutritivas de los alimentos? 
Los primeros trabajos experimentales consistían en la transferencia de un gen que convierte un compuesto de los herbicidas en otro no tóxico, con lo que se aumenta la resistencia de las plantas (soja, achicoria y colza) a dichos herbicidas. En posteriores estudios, se logró incorporar con éxito un gen para que remolacha, patata, tabaco, tomate y maíz sinteticen una molécula con toxicidad exclusiva para las larvas de insectos. Otros ensayos modificaban características de las plantas para mejorar su valor nutritivo y aumentar la consistencia (mantener constante la tersura del tomate tras su recolección o reducir los efectos de las heladas sobre algunas plantas) o, incluso, obtener nuevas variedades de flores (petunias de color bronce insertando un gen de maíz o rosas azules introduciendo un gen de petunia). No todos estos trabajos tienen garantizados sus logros. Por ejemplo, hasta el momento, han fracasado los intentos por obtener semillas de soja sin proteínas causantes de alergias. 

Dolly, el berrido clónico. Quizá sea en la explotación de animales con interés económico donde el desarrollo es menor, aunque se obtengan resultados espectaculares (clonación de ovejas). De hecho, los primeros experimentos llevados a cabo con cerdos eran poco satisfactorios (se obtenían animales enfermos), e incluso otros, como los destinados a aumentar la producción láctea de la vaca, se han abandonado, por diversas causas. Los últimos estudios se dirigen a conocer aspectos básicos que permitan utilizar genes relacionados con el crecimiento, la eficiencia alimentaria, la resistencia a enfermedades o la adaptación a las condiciones ambientales (la aplicación de la biotecnología a las especies piscícolas permitiría una gestión más racional de los recursos marinos, por ejemplo). 
El número de productos alimenticios modificados genéticamente disponibles en el mercado es todavía muy reducido. La ingeniería genética es, no lo olvidemos, una ciencia incipiente, que debe madurar mucho. El proceso para diseñar, desarrollar y comercializar los productos transgénicos es largo y costoso, los riesgos potenciales para el entorno no son del todo controlables, el marco legal para este tipo de productos es aún muy limitado y, finalmente, no suscitan mucha aceptación social. 

Deben atenerse a la legislación. Los productos transgénicos deben cumplir los criterios de una Directiva europea de 1997: que sea necesario y útil,  seguro para la salud humana y el medio ambiente, y que sus características sean las declaradas y que, además, se mantengan en el tiempo. El apartado más discutido por las asociaciones de consumidores es el etiquetado, sobre el que existen dos posiciones. Una  demanda un etiquetado detallado y la otra considera que especificar si el producto está modificado genéticamente, a menos que existan motivos de seguridad que lo justifiquen, no suministra información útil al consumidor. De cualquier modo, somos nosotros, los consumidores quienes debemos valorar los límites éticos y legales de las nuevas tecnologías. Para ello, no estaría de más propiciar amplios debates sociales, con la incorporación de científicos, técnicos, empresarios, juristas y políticos, que permitan alcanzar un consenso sobre los usos y aplicaciones de la biotecnología. 
  

Biotecnología: del cereal a la clonación   La biotecnología, como conjunto de herramientas obtenidas del conocimiento de los fenómenos biológicos, nació cuando el hombre manipuló microorganismos, plantas y animales para su propia alimentación: 
 
Hacia el 7000 a.C. Se cultivaban cereales. 
 
Hacia el 6000 a.C. Se fabrica la cerveza en la región de Mesopotamia. 
 
Hacia el 3000 a.C. Los cereales se trituraban para obtener harinas. 
 
Hacia el 2000 a.C. Se elabora el queso en Europa. 
 
1857.  L. Pasteur enuncia la teoría biológica de la fermentación. 
 
1856 - 1863.  J.G. Mendel efectúa ensayos sobre la transmisión de caracteres en guisantes. 
 
1893.  E. Büchner realiza estudios sobre extractos de levadura: las enzimas. 
 
A partir de 1940: Se inicia la producción de penicilina y otros antibióticos a partir de cultivos de microorganismos. 
 
1953. J.D. Watson y F.H.C. Crick proponen la estructura del ADN. 
 
Finales de 1970: Insertando un gen en microorganismos, se sintetiza insulina humana para diabéticos. 
 
Inicios de 1980: Introduciendo un gen en una bacteria, se obtiene una hormona de crecimiento (la somatotropina bovina). 
 
A partir de 1990: Se inician estudios para insertar genes en animales y plantas con fines alimenticios. 

 

  

  

Aplicaciones potenciales de la biotecnología para obtener plantas con características mejoradas 

Alimento 

Aplicación

Apio - zanahoria 

Prolongar el carácter crujiente en el momento de corte.

Achicoria

Incrementar el sabor dulce

Café

Mejorar la resistencia a los insectos. 
Mejorar su rendimiento. 
Mejorar el aroma. 
Disminuir el contenido en cafeína.

Colza 

Modificar la composición en aceites, para incrementar la proporción de grasas insaturadas. Incrementar su resistencia a las plagas.

Maíz

Mejorar la resistencia a insectos.

Melón

Ampliar la vida media del fruto (más duradero).

Patata

Mejorar resistencia a virus. 
Aumentar resistencia a insectos. 
Disminuir su capacidad de absorber aceite durante la fritura. 
Obtener variedades más dulces.

Soja

Disminuir su requerimiento en fertilizantes. 
Favorecer su resistencia a herbicidas más selectivos. 
Mejorar su valor nutritivo modificando su     composición proteica. 
Eliminar los componentes causantes de alergias.

Tomate 

Incrementar la resistencia a enfermedades de origen vírico. 
Mejorar el rendimiento con un menor tratamiento químico. 
Aumentar el contenido en materia sólida (menor cocción para productos envasados). 
Modificar el proceso de maduración: desarrollo del aroma , y resistencia a la putrefacción. 
Obtención de variedades más dulces.

Uva

Conseguir nuevas variedades, sin pepitas.

 

  

 
 

 

 

 

NUTRICIÓN Y BIOTECNOLOGÍA
Los alimentos transgénicos

DANIEL RAMÓN VIDAL

EL PAÍS, sábado 20 de diciembre de 1997

Para el autor, hay un enfrentamiento abierto entre las multinacionales productoras y las multinacionales ecológicas.

 

En las últimas semanas hemos asistido a un resurgir de las campañas de diversos colectivos ecologistas contra los llamados alimentos transgénicos. La línea argumental es común: son peligrosos de comer, provocan problenas en el medio ambiente y sólo benefician a las transnacionales que los producen. ¿Qué hay de cierto? Hay que entender primero qué son esos alimentos: productos biotecnológicos en cuya obtención se han utilizado técnicas de ingenieria genética. Desde el punto de vista conceptual nada nuevo en la tecnología de alimentos, ya que desde los albores de la historia ha venido haciendo uso de una burda herramienta genética, el cruce sexual y la posterior selección. Técnicamente, algo muy distinto, ya que con la ingeniería genética podemos modificar un único gen del genoma de un animal o una planta comestible.

¿Son seguros para la salud? Si nos atenemos a criterios científicos son tan seguros, si no más, que cualquiera del supermercado. Dada la tecnología genética, conocemos mejor los cambios introducidos en una patata transgénica que en una variedad tradicional de este vegetal obtenida por mejora clásica. Pero además, para poder ser comercializada esa patata transgénica debe superar largas pruebas de laboratorio encaminadas a delimitar su composición y demostrar su falta de toxicidad. Sólo entonces podrá ser vendida. No son pruebas rutinarias o triviales. En el caso del tomate MacGregor, el primer alimentos transgénico comercializado, la empresa productora tuvo que hacer decenas de ensayos más de cuatro años hasta tener el permiso. Y lo más importante para el consumidor español; así será con todos los que se comercialicen, ya que tras la entrada en vigor del Reglamento de la CE se están creando comités de científicos independientes que supervisarán su bondad higiénico-sanitaria. Frente a este control exhaustivo recordamos que todo alimento tradicional obtenido por mejora clásica no precisa estas pruebas, y sin embargo nadie alza la voz, aunque no sepamos cuántas plazas de su patrimonio genético hemos cambiado. Exijamos como consumidores el mismo nivel de control para todos los alimentos, sean transgénicos o no.

¿Son los transgénicos un riesgo para la naturaleza? Sus detractores así lo piensan, sobre todo los vegetales transgénicos. Por un lado argumentan que puede produciras una transferencia del gen modificado desde la variedad transgénica a especies salvajes, con la consiguiente ruptura del equilibrio ecológico. Estos fenómenos de transferencia se pueden producir en la naturaleza con una frecuencia extraordinariamente baja, pero no nula. Por ello se precisa un control sobre la liberación de esas especise transgénicas.
Pero el lector debe saber que ese contros se hace, y que cualquier liberación al ambiente de plantas transgénicas implica una solicitud previa evaluada y seguida por un comité de expertos. Por otro lado son varios los grupos ecologistas que opinan que usar variedades vegetales transgénicas puede amenazar la biodiversidad. Si repasamos la historia veremos que los mayores atentados contra la biodiversidad alimenticia los cometemos los consumidores cada día.

 

 

Hace 300 años el Lleida había dos docenas de variedades comestibles de manzanas. Hoy solo dos, y sin haber aplicado técnicas de ingeniería genética. Los motivos slon claros; el consumidor ha exigido un determinado patrón organoléptico de manzana y el productor ha sesgado sus cultivos para satisfacerle. ¿Son los transgénicos un factor adicional que pueda incrementar esta tendencia?

No hay motivo racional que lo indique, pero no debemos bajar la guardia. El problema de la biodiversidad es de todos, y sobre todo incumbe a los científicos. Por ello, y no por la producción de transgenicos, debemos concienciar a los ciudadanos de la preservación de la biodiversidad, y favorecer crear y mantener colecciones de cultivo y bancos de germoplasma, labor en la que muchas veces se echa en falta el apoyo de determinados grupos ecologistas.

Es claro que las compañias productoras de transgénicos buscan un beneficio por su venta. Algunas comentaron en su día que los transgénicos solucionarian el hambre en el mundo. Sun duda una torpe campaña publicitaria, ya que es evidente que el problema tiene solución sin ingeniería genética, simplemente con un mejor reparto de los excedentes alimentarios. En el otro flanco, los opositores a los transgénicos exponen que el mercado de semillas transgénicas estará en manos de unas pocas transnacionales, con el consiguiente riesgo de monopolios. ¿Saben en manos de cuántas compañías está la venta de semillas no transgénicas? En manos de las mismas que han tenido la capacidad y el atrevimiento de invertir en I+D. Como en el caso de los automóviles, no más de dos docenas de compañias. En resumen, es evidente que las repercusiones económicas de los transgénicos, como las de todo desarrollo tecnológico, son importantes y en cierto modo impredecibles. Pero es importante finalizar esta reflexión económica indicando al consumidor que no todo el desarrollo de transgénicos se hace en laboratorios privados. Hay centros públicos, con financiación pública, que investigan en esa producción. El Consejo Superior de Onvestigaciones Científicas (CSIC) es un claro ejemplo. En sus labvoratorios se han deasattollado alimentos trasngéicos que solventan problemas para agricultores y ganaderos. Valga como botón de muestra una levadura panadera trasgenica que evite problemas de siergenicidad al sector. Quienes en centros públicos investigamos la producción de transgénicos aisitimos a un enfrentamiento entre dos grupos; las multinacionales productoras y las de la ecología. Nuestro deber como funcionarios públicos es explicar al consumodor que paga nuestro sueldo la realidad científica, para que decida. Por desgracia en España es fácil de decir pero no de hacer. ¿Qué vende más, una noticia sobre una campaña publicitaria de oposición a un producto o un juicio científico razonado?

 

Réplica sobre los alimentos transgénicos

DANIEL RAMÓN VIDAL

EL PAÍS, lunes 20 de abril de 1998

El autor responde en este artículo a las críticas vertidas por Jorge Riechmann y Gregorio Álvaro a un escrito suyo anterior sobre los alimentos transgénicos y sus posibles consecuencias.

 

Jorge Riechman y Gregorio Alvaro publicaron un artículo con matices técnicos titulado MAS VALE PREVENIR QUE CURAR (El País 4 de febrero), en respuesta a un artículo mío (LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS, El País, 20 de diciembre de 1997). Como científico no creo que la mejor forma de entablar un debate sobre temas técnicos sea a través de un periódico, pero los señores Riechmann y Alvaro hacen al caomienzo de dicho artículo una alusión a mi quehacer profesional que me obliga a responderles. Los científicos vivimos de nuestra credibilidad, por ello considero que dichos autores, al opinar que mi artículo está lleno de "importantes imprecisiones y omisiones científicas" sin enumerarlas cometen una falta de rigor. Por el contrario yo afirmo que el artículo MAS VALE PREVENIR QUE CURAR está lleno de errores, pero a diferencia de ellos voy a enumerar y comentar a continuación.

De entrada conviene aclarar que un alimento transgénico no es lo que ellos afirman. Los alimentos transgénicos no sólo son aquellos en los que se ha introducido un gen proveniente de otra especie por medio de la ingeniería genética, porque existen casos descritos el la literatura donde lo que se ha hecho es silenciar o cambiar la expresión de genes del organismo modificado sin añadir DNA de otra especie. La falta de información que los autores tienen sobre lo que es un alimento transgénico se acrecienta a medida que se profundiza en la lectura de su artículo. Así, el decir que para construir alimentos trangenicos se utilizan "vectores de transformación parásitos genéticos a menudo inductores de tumores y enfermedades, como sarcomas y leucemias " es incorrecto, a pesar de que unas pocas líneas después se intente matizar con la frase "aunque normalmente se mutilan en el laboratorio".

EL lector debe saber que ninguno de los alimentos transgénicos comercializados hasta la fecha contiene un gen que cause o esté de algún modo ligado a leucemias o sarcomas. ES cierto que algunos de ellos contienen fragmentos de un plásmido que produce un crecimiento tumoral en plantas denominado el tuor de la agalla des cuello, una enfermedad exclusivamente vegetal. Por cierto, que cuando comemos algún vegetal con esta enfermedad, cosa muy frecuente, ingerimos varios millones de copias de este plásmido sin que por supuesto desarrollemos un cáncer, ya que no tienen efecto en los animales. Pero es que además, y como ellos matizan, en los alimentos transgenicos todos los genes responsables de este fenotipo han sido eliminados y, por tanto, es imposible que se desarrolle la enfermedad vegetal.

Capítulo aparte merece la reflexión sobre las resistencias a antibióticos. Los autores del artículo pintan un panorama desolador por el que al ingerir un alimento con un gen de resistencia a un antibiótico, la flora de nuestro estómago se volverá inmediatamente resistente al mismo con el consiguiente problema de salud pública. No hablamos de aparición de resistencias por toma inadecuada de antibióticos, sino de aparición de las mismas por transferencia de genes entre especies. Pues bien, a pesar de los muchos estudios realizados, los científicos aún no hemos podido demostrar la transferencia de dichos genes entre bacterias en el estómago, mucho menos desde un trozo de alimento en digestión a una bacteria.

Algo más: los autores apelan a la Organización Mundial de la Salud para dar idea de la gravedad del problema de las resistencias a antibióticos. Se olvidan, o desconocen, algo: la OMS celebró en el año 1993 un seminario de expertos para estudiar el problema de los genes marcadores de resistencia en alimentos transgénicos. Entre las conclusiones de dicho encuentro se puede leer la siguiente: "La presencia de genes marcadores PER SE en alimentos no constituye un problema de salud" (Unidad de Salud Alimentaria de la OMS página 17). No obstante, los últimos desarrollos de alimentos transgénicos, gracias a la aplicación de nuevas técnicas, tienden a eliminar los marcadores de resistencia, otro aspecto no comentado en el artículo que analizamos.

Se podrían enumerar muchas más imprecisiones , pero la brevedad manda. Es de especial relevancia el comentar que no hay un solo dato experimental que indique que los 27 muertos y los 1500 enfermos del síndrome de eosinofilia-mialgia al que los autores hacen referencia se deba no ya a los alimentos transgénicos, sino tan siquiera a la ingeniería genética. Todo lo contrario, los datos apuntan a una impureza química no eliminada en la purificación del triptófano.

Claman los autores por un debate social como también lo hacemos los científicos. Pero el punto de arranque des mismo debe ser la realidad científica y un respeto hacia los razonamientos y la profesionalidad de los demás. Me consta la actitud abierta a dicho debate por parte del señor Riechmann y reitero desde estas líneas mi ofrecimiento personal a cualquier iniciativa que en este sentido se lleve a cabo.






Daniel Ramón Vidal es coordinador nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos del CSIC.

 

GENÉTICA Y ALIMENTOS
Más vale prevenir que curar

GREGORIA ÁLVARO CAMPOS Y JORGE RIECHMANN

EL PAÍS, miércoles 4 de febrero de 1998

Los autores defienden la necesidad de promover en España un amplio debate social acerca de los alimentos transgénicos

 

El coordinador nacional de Ciencia y Tecnología de los alimentos del CSIC, Daniel Ramón Vidal, es su artículo Los alimentos transgénicos (EL PAIS, 20 de diciembre de 1997) realiza una encendida defensa de los alimentos manipulados genéticamente intntando convencernos de que son "científicamente seguros". Este texto no es sólo una réplica al articulo de Ramón Vidal que contiene lo que a nuestro juicio son importantes imprecisiones y omisiones científicas, sino que también expone las razones por las que diferentes sectores de la sociedad (científicos, consumidores, ecologistas, sindicalistas, agricultores...) creemos que los alimentos obtenidos por manipulación genética hoy por hoy están muy lejos de ser seguros.

Alimentos obtenidos por manipulación genética (transgénicos o reconvinantes) son aquellos que proceden de organismos en los que se han introducido genes de otras especies por medio de la ingeniería genética. Para la introducción de genes foráneos en en la planta o en el animal comestibles es necesario utilizar como herramienta lo que en ingeniría genética se llama un vector de transformación: "parásitos genéticos" como plásmidos y virus, a menudo inductores de tumores y otras enfermedades como sarcomas, leucemias ... Aunque normalmente estos vectores se "mutilan"en el laboratorio para eliminar sus propiedades patógenas, se ha descrito la habilidad de estos vectores mutilados para reactivarse, pudiendo generar nuevos patógenos. Además tales vectores llevan muchas veces genes marcadores que confieren resistencia a antibióticos como la kanamicina (gen presente en el tomate transgénico de Novartis), resistencias que se pueden incorporar a las poblaciones bacterianas (en nuestros intestinos, en el agua o en el suelo). La aparición de más cepas bacterianas patógenas resistentes a antibióticos (un problema sobre el que la OMS no deja de alertar)es un peligro para la salud publica imposible de exagerar.

Si bien la ingeniería genética es una herramienta potentísima para la manipulacion de los genes, actualmente existe un gran vacío de conocimiento sobre el funcionamiento genéstico de la planta o animal que se va a manipular. ¿Qué genes se activan y desactivan a lo largo del ciclo vital del organismo, cómo y por qué lo hacen ¿¿Cómo influye el nuevo gen introducido en el funcionamiento de resto del genoma? ¿Cómo altera el entorno el encendido o el apagado de los genes de la planta cultivada? Actualmente, todas estas preguntas se encuentran, en gran medida sin respuesta. La introducción de genes nuevos en el genoma del organismo manipulado provoca alteraciones impredecibles de su funcionamiento genético y de su metabolismo celular, y esto puede acarrear: a) la producción de proteínas extrañas causantes de procesos alérgicos en los consumidores (estudios sobre la soja transgénica de Pioneer demostraron que provocaba reacciones alérgicas , no encontradas en la soja no manipulada); b) la producción de sustancias tóxicas que no estás presentes en el alimento no manipulado (en EEUU, la ingestión del aminoácido triptófano, producido por una bacteria modificada genéticamente, dio como resultado 27 personas muertas y mas de 1500 afectadas) , y c) alteraciones de las propiedades nutritivas (proporción de azúcares, grasas, proteínas, vitaminas...)

Los peligros para el medio ambiente son incluso más preocupantes que los riesgos sanitarios. La extensión de cultivos transgénicos pone en peligro la biodiversidad, estimula la erosión y la contaminación genética, y potencia el uso de herbicidas. Según un informe de la OCDE, el 66% de las experimentaciones de campo con cultivos transgénicos que se realizaron en años recientes estuvieron encaminadas a la creación de plantas resistentes a herbicidas.

Tal es el caso de la soja transgénica de Monsanto, resistente al herbicida Roundrup, que produce la misma multinacional. La Agencia de Medio Ambiente de EEUU considera que este herbicida de amplio espectro ha puesto al borde de la extinción una gran variedad de especies vegetales de EEUU; también se le considera uno de lao herbicidas más tóxicos para microorganismos del suelo, como hongos, actinomicetos y levaduras. Otra de las preocupaciones fundadas acerca de los cultivos trasngénicos es el posible escape de los genes transferidos hacia poblaciones de plantoas silvestres relacionadas con estos cultivos mediante el flujo de polen: ya han sido bien documentadas numerosas hibridaciones entre casi todos los cultivos y sus antepasados naturales. La introducción de plantas transgénicas resistentes a plaguicidas y herbicidas en los campos de cultivo conlleva un elevado riesgo de que estos genes de resistenciapasen, por polinización cruzada, a malas hierbas silvestres emparentadas creándose así malísimas hierbas" capaces de causar graves daños en cultivos y ecosistemas naturales. A su vez, esta plantas transgénicas, con caradctreisticas nuevas, pueden desplazar a especies autóctonas de sus nichos ecológicos. La liberacióon de organismos modificados genéticamente al medio ambiente tiene consecuencias a menudo imprevisibles e incontrolables.

Hay demasiados peligros reales para afirmar que estos alimentos son seguros. Hoy por hoy, la comercialización de alimentos transgénicos es un acto irresponsable que convierte a los consumidores en coballas humanos, y a nuestra insustituible biosfera en un laboratorio de alto riesgo. En Europa, el debate está abierto. En diciembre de 1996 llegó a Barcelona el primer cargamento de soja trangénica procedente de EEUU, entre las portestas de los grupos ecologistas. Encuestas realizadas en numerosos países han revelado un rechazo generalizado al consumo de alimentos trangénicos por parte de la población. Las autoridades de la UE están sufriendo un a enorme presión por parte del gobierno de EEUU y de las multinacionales agroquímicas para conseguir una legislación laxa que no ponga ningún tipo de restricción a los cultivos y los alimentos transgénicos.

Se intenta que países como Luxemburgo, Italia y Austria, que habían prohibido el maíz transgénico de Novartis, vuelvan a atrás sobre su decisión. Los vegetales transénicos se comercializan mezclados con los normales, y además las compañías se niegan al etiquetado distintivo con los que el ciudadano está indefenso y si posibilidad de elección. EL interés crematístico y monopolístico de las multinacionales agroquímicas no es la mejor garantía para nuestra seguridad alimentaria, nuestra salud ni la habitabilidad de la biosfera.

Desde el movimiento ecologista y las organizaciones sindicales creemos necesario promover un amplio debate social acerca de los alimentos transgénicos. Las multinacionales agroquímicas, con el beneplácito de los respectivos gobiernos eluden el debate y aplican la violencia de los hechos consumados cuando se adoptan -sin participación democrática- las decisiones que introducen estos alimentos en nuestros mercados, nuestras cocinas y nuestros estómagos, sin nuestro consentimiento. Demasiadas grandes opciones tecnológicas han demostrado en el pasado reciente su potencial de catástrofe (DDT, vacas locas, Chernóbil...) como para permitirnos ninguna ingenuidad. Las tristes experiencias pasadas aconsejan prudencia extrema para que no pueda ocurrir ningún "Chernobil biotecnológico" . No lo decimos animados por ninguna intención anticientífica, queremos ciencia pero con prudencia, y sobre todo, más democracia, también para decidir sobre las políticas científicas y tecnológicas.

 

Gregorio Álvaro Campos es biotecnólogo, profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UCM y miembro de Aedenat. Jorge Riechmann es politicólogo, profesor de la Universidad de Barcelona y miembro del Departamento Confederal de Medio Ambiente de CC OO.

 

 

 

 

Argumentos Económicos a favor y en contra de Derechos de Propiedad Intelectual (DPI) en los Países en Desarrollo

A FAVOR

EN CONTRA

El crecimiento y la mejora del nivel de vida se consiguen mediante tecnologías, estimuladas por los DPI.

El "factor decisivo" para el desarrollo de normativa sobre DPI no han sido las compensaciones económicas que los países en desarrollo esperaban conseguir, sino el "chantaje político" puro y duro ejercido por los países industriales, en particular por EEUU. A finales de los años 70 y principios de los 80, el gobierno de EEUU había reconocido que estaba abriéndose una brecha tecnológica entre su economía y la de Japón. En consecuencia, toda su política se encaminó a congelar agresivamente esta ventaja artificial de la industria Americana, mediante una política de DPI expansiva en el extranjero, acompañada de medidas débiles anti-monopolísticas y una política de defensa de la competencia muy enérgica

Estimulan la inversión.

Las compañías biotecnológicas vienen gastando del orden de 7.500 millones de dólares anuales en I+D, y sólo en 1995 se invirtieron más de 12.000 millones de dólares en este sector, a pesar de que la protección de patentes en muchos de los mercados mundiales más grandes -incuyendo la UE- es muy débil o incierta. La directiva de patentes biotecnológicas europea ni siquiera ha entrado en vigor, y actualmente ha sido recusada ante el Tribunal de Justicia Europeo. El aliciente de posibles ganancias, sin aderezarlo con DPI, parece que es muy eficaz por sí solo, incluso en un sector de la I+D de alta tecnología y alto riesgo. Un buen ejemplo que ilustra las observaciones de los economistas de que no existe una correlación entre inversiones y DPI, al igual que no se ha podido confirmar una correlación entre inversiones en I+D y crecimiento económico.

Atraen inversión directa extranjera (IDE).

Casi toda la IDE se concentra en manos de un número reducido de compañías y se mueve de un país a otro sin salir de los cauces internos de las propias compañías. Diez países en desarrollo absorben un 80% de todos los movimientos de IDE con destino al Sur. Esto ha de sopesarse con la sangría que suponen los pagos de licencias y regalías por parte de los países en desarrollo a los titulares extranjeros de DPI, que les roba unas reservas que les son preciosas.

Estimulan la transferencia de tecnología de Norte a Sur.

Se ha calculado que un 70% de los pagos globales de regalías y tarifas por tecnología (que son la prueba directa de transferencia de tecnología) corresponden a transacciones entre la casa matríz de una CTN y sus filiales extranjeras. El acuerdo TRIPs exige que la importación de productos o procesos patentados al Sur equivalga a la explotación efectiva de la invención objeto de una patente en el país comprador, con lo que se crea la ilusión de una una transferencia de tecnología.

Estimulan la investigación y la innovación

La relación entre monopolios e innovación es muy incierta. La función de los DPI es crear unos límites territoriales en torno a las tecnologías y las invenciones para asegurar a las firmas mayores ingresos (maximizar ganancias). No hay una relación intrínseca entre patentes e I+D.

... permitiendo a los inversores recuperar los costes de I+D.

Los datos disponibles indican que en los países desarrollados, la industria recupera del 15-20% de los costes de I+D a través de las patentes, mientras que en países como la India, esta cantidad se reduce a un 0,5-2% para los inventores nacionales. A menudo se argumenta que esto ocurre porque las invenciones en la India suelen tener un carácter adaptativo, lo que implica que el mecanismo para rentabilizar los gastos en I+D no sería el de unos derechos de patente amplios. En el sector público en EEUU, la investigación financiada por el gobierno en los centros universitarios superó los 82.000 millones de dólares en 1995, generando 20.000 solicitudes de patentes y 1.500 millones de dólares en concepto de regalías -un parco 2% de rentabilidad sobre la inversión. Este argumento se suele emplear para afirmar que los gobiernos no debieran invertir en investigación académica, dada la rentabilidad tan baja incluso cuando las universidades adoptan una política de DPI agresiva.

Es un sistema democrático no discriminatorio, abierto a la participación publica.

Lo opuesto es la verdad: es un sistema caro y elitista. Una patente ha de ser defendida por su propietario, no por el gobierno. El típico proceso legal sobre una reinvindicación de una invención cuesta, en la actualidad, entre 25.000 y 200.00 dólares en EEUU. Los litigios sobre violaciones de patentes cuestan alrededor de 1 millón de dólares en EEUU, y unos 600.000 dólares en Europa.

El beneficio público de desvelar una invención compensa los costes de la existencia de monopolios artificiales en el mercado.

Este argumento es insostenible. La existencia de DPI no garantiza información pública. El secreto comercial es el método preferido por 43 industrias de diferentes sectores económicos americanos para proteger la innovación, sobre todo si se trata de tecnologías de la información y biotecnología. En la industria biotecnológica, la descripción técnica escrita ha sido sustituida por un depósito de muestras, y estas muestras no son accesibles al público. Las empresas despliegan enormes esfuerzos para evitar revelar sus carteras de patentes. En los EEUU, las solicitudes de patente rechazadas, es decir el grueso de los archivos- se mantienen en secreto. Incluso si una solicitud rechazada tiene interés técnico, los investigadores sólo pueden acceder a una parte mínima de la información tecnológica que la oficina de patentes considera que merece atención. Además, un sistema de DPI muy amplio puede dar lugar a una duplicación enormemente costosa de las inversiones en I+D, o a una carrera por la obtención de patentes, que conlleva unos costes de protección y ejecución muy elevados.

Genera tecnología, contribuyendo al bienestar económico nacional

Un estudio reciente en EEUU descarta esta afirmación. Más del 80% de las compañías encuestadas indicaban que el motivo primordial de una patente era el de "bloquear sectores técnicos", sin intención de reproducir el invento. Se habla de las patentes en términos de "triunfos" para negociar licencias. En otras palabras, el sistema de patentes regula la competencia. No estimula necesariamente la generación de tecnología, y mucho menos su difusión.

DPI es una condición esencial para la existencia de un mercado libre.

Los DPI constituyen una distorsión del mercado: se trata de un monopolio y una subvención avalados por el gobierno. En mercados abiertos, los DPI constituyen un mecanismo que regula la competencia entre las empresas, pero no contribuye a levantar las barreras comerciales; se trata, por definición, de una barrera al mercado. A largo plazo, un sistema muy amplio de DPI puede dar lugar a discriminación en los precios, dependiendo de la elasticidad de la demanda. Los abanicos de patentes, ventas amarradas, licencias cruzadas, denegación de licencias, restricciones territoriales y muchas otras conductas que distorsionan el mercado son práctica común en países con sistemas de DPI amplios. Si son introducidos sin las protecciones apropiadas en cuanto a la competencia y garantias anti-monopolísitcas, los DPI facilitan un excesivo control del mercado por parte de las corporaciones.

·        DPI - Derechos de Propiedad Intelectual

·        TRIPs - Aspectos Relacionados con el Comercio de los Derechos de Propiedad Intelectual (del inglés: Trade Related Aspects of Intellectual Property Rights)

·        CTNs - Compañías Transnacionales

·        I+D - Investigación y Desarrollo

·        CDB - Convenio de Diversidad Biológica

·        IDE - Inversiones Directas Extranjeras

 

Apoya el Gobierno producir transgénicos


El Gobierno foxista impulsará la producción transgénica de alimentos porque de ello depende la seguridad alimentaria del país, anunció Víctor Manuel Villalobos Arámbula, subsecretario de Agricultura, quien acusó de "terroristas ambientales" a quienes, encabezados por la organización ecologista Greenpeace, se oponen a la modificación genética de alimentos.

"Si los que se dicen ambientalistas fueran ambientalistas puros, estarían pidiendo casi de favor el uso de transgénicos, pero las resistencias se deben no a motivos ambientales, sino a implicaciones económicas.

"Estas organizaciones que protestan viven de vender terrorismo ecológico y, entonces, si se les acaba el atún y la ballena, se lanzan en contra de los transgénicos", afirmó.

Entrevistado en sus oficinas de la Sagarpa, Villalobos aseguró que los motivos del rechazo a la transformación genética de los alimentos responde a una guerra económica entre Estados Unidos y Europa.

"Estados Unidos es un país protransgénico y le está sacando beneficio a la investigación, pero Europa está en contra porque nunca desarrolló una empresa al nivel de las norteamericanas; a diferencia de los transgénicos en salud humana que desarrollaron los europeos y que, esos sí, van directamente a los vasos sanguíneos. Es una guerra económica fuertísima", explicó.

México, afirmó el ex subsecretario de Recursos Naturales de la Secretaría de Medio Ambiente, no se puede quedar a la saga de la innovación tecnológica, aunque aclaró que el proceso se realizará con un "espíritu precautorio" para lograr una incorporación gradual de los materiales genéticos.

Con respecto a los productores, Villalobos garantizó que no hay resistencias pues, en la medida en que evalúan el beneficio económico y ambiental, ellos mismos son quienes solicitan el acceso a las semillas transgénicas.

De no promover esta transformación, advirtió, el riesgo a largo plazo es la destrucción del equilibrio de la agricultura, sobre todo en México, con una población que va en crecimiento.

"Si seguimos con los métodos agrícolas actuales, sostener la demanda alimenticia de la población nos costará la destrucción de los suelos, una lucha por el agua y en suma, el agotamiento de los recursos naturales", dijo.

"Aquí la posición del Gobierno es clara", añadió, "tenemos que buscar oportunidades y donde no tengamos la plena seguridad de que los transgénicos no afectan la salud no lo haremos, pero no podemos bajarnos del tren de la innovación, sería un gran riesgo".

Explicó que actualmente en el país se experimentan transformaciones genéticas en 25 especies --de maíz, papa, algodón, calabaza, soya, papaya, tomate, piña y tabaco, entre otras--, aunque a nivel semicomercial sólo están sembradas 70 mil hectáreas de algodón.

México, explicó, está reconocido mundialmente como un país líder en ingeniería genética de plantas, pues el primer científico que logró demostrar que un gen de un organismo podía trasladarse a otro fue el mexicano Luis Herrera Estrella, quien ahora trabaja en la transformación genética del maíz a fin de hacerlo resistente al aluminio.

Villalobos advierte que México ha seguido una política de cautela con los transgénicos por ser uno de los centros de origen de diversidad genética más ricos.

"Entonces tenemos que ser cautos, puede haber riesgos por hacer un transgénico y que lo liberes en donde estén los parientes silvestres; como es una ciencia joven tenemos que hacerlo con cierta cautela.

"No podemos adoptar los mecanismos de bioseguridad que establece Estados Unidos porque desde el punto de vista ecológico somos muy diferentes; tenemos que irnos más lentos y con más análisis de riesgo y responder a la preocupación de la sociedad, que se pregunta si lo que se está comiendo le hace daño", explicó.

Aunque, aclaró, "está absolutamente demostrado que los transgénicos son inocuos, por lo que nuestras precauciones se dan más bien en un contexto ambiental".


Fuente:

Reforma

México, D. F. - 28/08/2001