Durante todo
el tiempo de que se tiene noticia,
probablemente desde fines del periodo neolítico, ha habido en el
mundo 3 clases de personas: los Altos,
los Medianos y los Bajos. Se han
subdividido de muchos modos, han llevado muy diversos nombres y su
número relativo, así como la actitud que han guardado
unos hacia otros, han variado de época en época, pero la
estructura esencial de la sociedad nunca ha cambiado. Incluso
después de enormes conmociones y de cambios que parecían
irrevocables, la misma estructura ha vuelto a imponerse igual que un
giroscopio vuelve siempre a la posición de equilibrio por mucho
que lo empujemos en un sentido o en otro.
Los fines de estos
3 grupos son inconciliables. Los
Altos quieren quedarse donde están. Los Medianos tratan de
arrebatarles sus puestos a los Altos. La finalidad de los Bajos, cuando
la tienen -porque su principal característica es hallarse
aplastados por las exigencias de la vida cotidiana-, consiste en abolir
todas las distinciones y crear una sociedad en que todas las personas
sean iguales. Así, vuelve a presentarse continuamente la misma
lucha social.
De los 3 grupos,
solamente los Bajos no logran sus objetivos ni siquiera
transitoriamente. Sería exagerado afirmar que en toda la
Historia no ha habido progreso material. Aun hoy, en un periodo de
decadencia, el ser humano se encuentra mejor que hace unos cuantos
siglos. Pero ninguna reforma ni revolución alguna han conseguido
acercarse ni un milímetro a la igualdad
humana. Desde el punto
de vista de los Bajos, ningún cambio histórico ha
significado mucho más que un cambio en el nombre de sus amos.
A fines del siglo
XIX eran muchos los que
habían visto claro este juego. De ahí que surgieran
escuelas del pensamiento que interpretaban la Historia como un proceso
cíclico y aseguraban que la desigualdad era la ley inalterable
de la vida humana. Desde luego, esta doctrina ha tenido siempre sus
partidarios, pero se había introducido un cambio significativo.
En el pasado, la necesidad de una norma jerárquica de la
sociedad había sido la doctrina privativa de los Altos. Fue
defendida por reyes, aristócratas, jurisconsultos, etc. Los
Medianos, mientras luchaban por el poder, utilizaban términos
como "libertad", "justicia" y "fraternidad".
Sin embargo, el
concepto de la fraternidad humana
empezó a ser atacado por individuos que todavía no
estaban en el Poder, pero que esperaban estarlo pronto. En el pasado,
los Medianos hicieron revoluciones bajo la bandera de la igualdad, pero
se limitaron a imponer una nueva tiranía apenas desaparecida la
anterior.