![]() Así deben ser las familias, pensaba Jenny Fields. Sentía que, si alguna vez tenía hijos, los amaría igual a los 20 que a los 2 años; de hecho, pueden necesitarte más a los 20, pensaba. (El
mundo según Garp. John Irving. )
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![]() CRISIS DE LOS 25 AÑOS: Período de hundimiento mental que se produce después de los 20 años, normalmente provocado por la incapacidad para vivir fuera del mundo de la enseñanza o de los ambiente estructurados, acompañado del descubrimiento de la propia soledad en el mundo. A menudo supone la iniciación en el ritual del consumo de fármacos. (Generación X. Douglas Coupland.)
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La realidad nos ofrece
algunos resortes para
provocar una o varias renovaciones vitales a lo largo de la existencia.
Sin duda, ser agraciado por un premio millonario, haber estado a las
puertas de la muerte - por un infarto, un accidente de tráfico o
una
enfermedad grave- o incluso un fracaso profesional estrepitoso que
conduzca a la ruina, pueden ser factores decisivos para plantearse la
vida de otra forma, incluido un posible cambio más o menos
drástico.
Sin embargo, el camino más difícil es el que resulta de
una simple
catarsis existencial. La famosa crisis de los 40 constituye una referencia inevitable en este sentido. De producirse ésta, normalmente responde, grosso modo, al convencimiento de haberse equivocado de camino o, en todo caso, de no haber conducido los proyectos vitales por el sendero idóneo. Y es posible que, entonces más que nunca, el individuo se plantee muy seriamente dar un giro radical. |
En
otros tiempos no me inquietaba por los ancianos;
los tomaba por muertos cuyas piernas aún caminan; ahora los veo:
hombres, mujeres, apenas un poco más viejos que yo. ¿Volvería a asaltarme la angustia de envejecer? No mirar demasiado lejos. A lo lejos estaban los horrores de la muerte y de los adioses; estaban los postizos, las ciáticas, las invalideces, la esterilidad mental, la soledad en un mundo extraño que ya no comprendemos y que continuará su curso sin nosotros ¿Lograré no alzar mi vista hacia esos horizontes? ¿O aprenderé a percibirlos sin espanto? (La mujer rota. La edad de la discrección. Simone de
Beauvoir.)
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Qué extranjera
raza la de los adultos, la de
los hombres y las
mujeres. Qué extranjeros y absurdos, nosotros. Qué fuera
del mundo y hasta del tiempo. Ya no éramos niños. De pronto ya no sabíamos lo que éramos. (Primera memoria. Ana Mª Matute.)
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