Vientos de Invierno

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Vientos de Invierno
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En ésta página he colgado 1 reseña y 1 capítulo de TYRION

(Spoilers, obviamente)



TYRION I (Reseña)

Tyrion Lannister juega al juego de cyvasse con Ben Plumm el Moreno (el capitán de la compañía de mercenarios "Los Segundos Hijos"), mientras todos esperan que el ejército de "Ser Abuelo" (Baristan Selmy) inicie el ataque e intente romper el asedio de Meereen. Ambos bromean con otros oficiales de Ben Plumm sobre que la peor cosa es esperar el inicio de la batalla, puntualmente por oír los sonidos de las catapultas cuando arrojan más cadáveres de la plaga en Meereen. Ben el Moreno reflexiona sobre que los dos dragones son piezas salvajes que podrían atacar desde cualquier lado durante la batalla. Asumen que Dany volverá montando sobre el tercer dragón y especulan sobre rescatar y liberar a los tres rehenes: Daario Naharis, (capitán de los mercenarios "Cuervos de Tormenta"), Héroe, (el eunuco Inmaculado) y Jhogo (el jinete dothraki de los caballos) y entregarlos a Daenerys en Meereen, y de este modo cambiar de bando en el segundo tiempo de batalla; pero afirmando que ellos sólo pretendieron cambiar de bando antes de conocer los planes de los Yunkis. A Ben le preocupa que Dany no le crea y lo mate, y también por la llegada de la flota de Volantis.
Tyrion piensa con algún escepticismo sobre si esto pesará más que la gratitud por haber asesinado al enemigo más peligroso de Dany: Tywin Lannister.
Penny, la enana, está con ellos, pero durmiendo.
Son interrumpidos por un "Segundo Hijo" que les dice que hay una flota en la bahía y que probablemente deben ir a ver, pero Ben el Moreno despide al mercenario diciendo que probablemente es la flota de Volantis.
Y justo cuando Tyrion está a punto de ganarle a Ben la partida de cyvasse, llega Jorah Mormont con las noticias de velas negras en la bahía (las naves de Victarion Greyjoy y los nacidos de hierro) enarbolando los estandartes de krakens.



TYRION II

Este capítulo fue publicado el 20 de Marzo 2014, en la aplicación app del nuevo libro de George R.R. Martin: "El Mundo de Hielo y Fuego"

En algún lugar en la distancia, un hombre moribundo llamaba a su madre. "¡A los caballos!" Un hombre estaba gritando en Ghiscari, en el próximo campamento de los Segundos Hijos, al norte. "¡A los caballos! ¡A los caballos!" Alta y estridente, su voz se alzaba en el aire de la mañana, mucho más allá de su propio campamento. Tyrion sabía lo suficiente de Ghiscari para entender esas palabras, pero el miedo en su voz hubiera sido evidente en cualquier lengua. «Yo sé cómo se siente.»

Supo que era tiempo de encontrar a su propio caballo. Tiempo de ponerse la armadura de algún chico muerto, abrochar una espada y daga, resbalar el yelmo sobre su cabeza.
El alba había despuntado, y una astilla del sol naciente era visible detrás de los Muros y torres de la ciudad, deslumbrantemente luminosa. Al oeste las estrellas languidecían, una tras otra. Las trompetas sonaban a lo largo de Skahazadhan, los cuernos de guerra respondían desde los muros de Meereen. Un barco en llamas estaba hundiéndose en la boca del río. Los cadáveres y dragones se desplazaban por el cielo, mientras los buques de guerra chocaban y naufragaban en la Bahía de los Esclavos. Tyrion no podría verles desde aquí, pero podría oír los sonidos: el crujido de casco contra el casco, cuando los barcos colisionaban; el profundo sonido de los cuernos de guerra de los hombres de hierro y los curiosos estridentes silbidos de Qarth; los remos astillándose, los gritos y lamentos de la batalla; el crujir del hacha en la armadura, la espada contra el escudo; todo mezclado con los chillidos de los heridos. Muchos de los barcos todavía estaban lejos en la bahía, por lo que los sonidos sonaban débiles y lejanos, pero él los conocía a todos. «La música de la matanza.»

Trescientas yardas mas allá de dónde se hallaba, se elevaba la Hermana Mala, su largo brazo girando con un embrague de cadáveres, —chunk—THUMPP— y allí volaron, desnudos e hinchados, pálidos pájaros muertos girando deshuesados a través del aire. Los campamentos del asedio brillaban débilmente en una llamativa niebla rosada y dorada, pero las famosas escaleras de las pirámides de Meereen eran negras contra la intensa luz. El vio que algo se movía encima de una de ellas. «¿Un dragón, pero cuál?» A esta distancia, fácilmente podría ser un águila. «Un águila enorme.»

Después de pasar varios días oculto dentro de las mohosas tiendas de los Segundos Hijos, el aire externo olía fresco y limpio. Aunque no podía ver la bahía desde dónde estaba, el sabor salado le indicó que estaba cerca. Tyrion llenó sus pulmones. «Un buen día para la batalla.»
Desde el este el sonido de tambores rodó por la reseca llanura. Una columna de hombres montados apareció más allá de la Bruja, haciendo volar los estandartes azules de los Hijos del Viento.
Un hombre más joven podría haber encontrado todo esto estimulante. Un hombre más necio podría haber pensado que era impresionante y glorioso, justo en el momento cuando algunos soldados esclavos culos-sucios de los Yunkai'i con anillos en sus pezones le plantasen un hacha entre los ojos.
Tyrion Larmister era más sabio. «Los dioses no me formaron para blandir una espada», pensó, «¿entonces por qué siguen poniéndome en medio de las batallas?»
Nadie le oyó. Nadie le respondió. A nadie le importó.

Tyrion se encontró recordando su primera batalla. Shae había sido la primera en despertarse, oyendo las trompetas de su padre. La dulce puta que le dio placer durante la mitad de la noche había temblado desnuda en sus brazos igual una niña asustada. «¿O todo era una mentira también, una táctica para hacerme sentir valiente e inteligente? ¡Qué comediante ella podría haber sido!» Cuando Tyrion había llamado a Podrick Payne para que le ayudara con su armadura, encontró al chico dormido y roncando. «No era el chaval más listo que he conocido, pero un escudero decente al final. Espero que él encuentre a un buen hombre a quien servir.»
Era curioso, pero Tyrion recordaba el Forca Verde mucho mejor que el Aguasnegras. «Fue mi primera vez. Uno nunca olvida su primera vez.»
Recordaba la niebla flotando desde del río, surgiendo a través de las cañas igual blancos y pálidos dedos. Y la belleza del amanecer, recordaba eso también: las estrellas regadas por un cielo purpúreo, la hierba reluciente como el cristal por el rocío de la mañana, el esplendor rojo en el este. Recordaba el toque de los dedos de Shae cuando ella ayudó a Pod con la disímil armadura de Tyrion. «Ese maldito yelmo. Como un cubo con una púa.» Esa púa le había salvado, sin embargo, le había ganado su primera victoria; pero Groat y Penny nunca debieron parecer ni la mitad de ridículos que como él debía lucir aquel día. Shae lo había llamado «temible» cuando le vio en su acero, imagínate. «¿Cómo pude haber sido tan ciego, tan sordo, tan estúpido? Yo tendría que haber sabido mejor que estaba pensando con mi pene.»

Los Segundos Hijos estaban ensillando sus caballos. Lo hacían serenamente, pausadamente, eficazmente; era algo que habían hecho cien veces antes. Algunos estaban pasando un pellejo de vino de mano en mano, sin embargo no podía asegurar si era vino o agua. Bokkoko estaba besando a su amante, sobando las nalgas del chico con una de sus grandes manos, y la otra descaradamente enredada en su pelo. Tras ellos, Ser Garibald estaba cepillando la melena de su gran capón. Kem estaba sentado en una roca, con la mirada fija en la tierra… recordando a su hermano muerto, quizás, o soñando con ese amigo en Desembarco del Rey. Martillo y Clavo se movían entre los hombres, verificando las lanzas y espadas, ajustando las armaduras, afilando cualquier hoja que lo necesitaba. Snatch masticaba sus hojas amargas, bromeando y rascándose las pelotas con su mano del garfio. Algo en su manera de ser hizo que Tyrion recordara a Bronn. «Ser Bronn de Aguasnegras ahora, salvo que mi hermana le haya matado. Eso podría no ser tan simple como ella piensa.»
Se preguntó cuántas batallas estos Segundos Hijos habían lidiado. «¿Cuántas escaramuzas, cuántas incursiones? ¿Cuántas ciudades han atacado, a cuántos hermanos han enterrado o han dejado atrás pudriéndose?» Comparado con ellos, Tyrion era un chico verde, todavía inexperto, aunque contaba con más años que la mitad de los hombres de la compañía.
Ésta sería su tercera batalla. «Experimentado y ensangrentado, timbrado y sellado, un guerrero probado, ese seré yo. He matado a algunos hombres y herido a otros, fui herido y viví para contarlo. He llevado el liderazgo, oí a los hombres gritar mi nombre, reduje a hombres más grandes y bien, incluso saboreé un poco de gloria… ¿y no era ese un rico vino para los héroes, y no querría yo probarlo de nuevo?» Todavía, a pesar de todo lo que había hecho, y todo lo que había visto, la perspectiva de otra batalla le helaba la sangre. Él había viajado por medio mundo vía palanquín, barcaza y cerdo; navegó en buques de eslavistas y galeras comerciales, había montado putas y caballos; y durante todo ese tiempo no le importó si vivía o moría… sólo para descubrir que le importaba y mucho después de todo.
El Desconocido había montado su yegua pálida y se dirigía hacia ellos con su espada en la mano, pero Tyrion Lannister no deseaba encontrarse de nuevo con él. No ahora. No todavía. No este día. «¡Qué fraude eres, Gnomo! Permitiste a cien guardias violar a tu esposa, mataste a tu padre con un dardo a través de la barriga, retorciste una cadena dorada alrededor de la garganta de tu amante hasta que su cara se pusiera negra, y todavía, de algún modo, piensas que mereces vivir.»

Penny ya tenía puesta su armadura cuando Tyrion se resbaló en el interior de la tienda que compartían. Ella había usado la armadura de madera durante años en sus presentaciones; la armadura real y cota de malla no eran tan diferentes, una vez que uno ha dominado todos los cierres y hebillas. Y si el acero de la compañía estaba abollado aquí y oxidado allí, raspado y manchado y descolorido, no importaba. Aún debería ser lo suficientemente bueno como para detener a una espada.
La única pieza que ella no se había puesto era su yelmo. Cuando él entró, ella lo miró. "Todavía no te has puesto la armadura. ¿Qué está pasando?"
"Lo habitual. Barro y sangre y heroísmo, muertos y agonizantes. Hay una batalla en la bahía, otra bajo los muros de la ciudad. No existe ningún modo de que los Yunkai'i retrocedan, ellos tienen un enemigo detrás. La batalla más cercana todavía se encuentra a una milla, pero pronto estaremos dentro." «En un lado u otro.» Los Segundos Hijos estaban maduros para otro cambio de amos, Tyrion estaba casi seguro de eso… aunque había un gran abismo entre «seguro» y «casi seguro.» «Si he juzgado mal a mi hombre, todos estamos perdidos.» "Ponte el yelmo y asegúrate de que los pasadores están cerrados. Yo me quité el mío una vez para no ahogarme, y me costó la nariz." Tyrion rascó su cicatriz.
"Primero necesitamos ponerte la armadura."
"Si quieres. El justillo primero. El cuero, con los montantes de hierro. Cota de malla anillada encima de eso, luego la gola." Echó una mirada alrededor. "¿Hay vino?"
"No."
"Teníamos media jarra de la cena."
"Un cuarto de jarra, y te la bebiste."
Él suspiró. "Yo vendería a mi hermana por una jarra de vino."
"Venderías a tu hermana por una jarra de meada de caballo."
Eso era tan inesperado que le hizo lanzar una carcajada. "¿Mi apego por meada de caballo es tan famoso, o conociste a mi hermana?"
"Yo sólo la vi un momento, cuando nosotros justamos para el niño rey. Groat pensó que ella era bonita."
«Groat era un enano achaparrado con un nombre tonto.» "Sólo un necio entra en la batalla sobrio. Plumm tendrá un poco de vino. ¿Qué si él se muere en la batalla? Sería un crimen desperdiciarlo."
"Cállate. Necesito atar este justillo."
Tyrion lo intentó, pero le parecía que los sonidos de la matanza se habían vuelto más ruidosos, y no podría contener su lengua.
"Cara de Flan quiere usar la compañía para arrojar a los nacidos de hierro de regreso al mar", se escuchó contarle a Penny mientras ella le vestía. "Lo que tendría que haber hecho es enviar a todos sus caballos contra los eunucos, un ataque completo, antes de que ellos se acercasen a diez pasos de sus puertas. Enviar a los Gatos desde la izquierda, a nosotros y los Hijos del Viento por el flanco derecho, rasgando ambos extremos. Hombre a hombre, los Inmaculados no son mejores o peores que cualquier otro lancero. Es su disciplina que los hace peligrosos, pero si ellos no pueden formarse en un muro de la lanzas… "
"Alza los brazos", dijo Penny. "Así, eso está mejor. Quizá deberías comandar a los hombres Yunkai'i."
"Ellos usan soldados esclavos, ¿por qué no comandantes esclavos? Sin embargo eso arruinaría la contienda. Éste es simplemente un juego de sitrang para los Sabios Amos. Nosotros somos las piezas." Tyrion movió su cabeza a un lado, considerando. "Ellos tienen eso en común con mi señor padre, estos mercaderes de esclavos".
"¿Tu padre? ¿Qué quieres decir? "
"Yo justo estaba recordando mi primera batalla. El Forca Verde. Nosotros luchamos entre un río y un camino. Cuando vi desplegarse el ejército de mi padre, recuerdo haber pensado que era muy bonito. Como una flor abriendo sus pétalos al sol. Una rosa carmesí con espinas férricas. Y mi padre, ah, él nunca había parecido tan resplandeciente. Llevaba la armadura carmesí, con esa gran capa hecha de paño dorado. Un par de leones de oro en sus hombros, otro en su yelmo. Su semental era magnífico. Su señoría observó toda la batalla desde lo alto de ese caballo y nunca se acercó ni a cien yardas de ningún enemigo. Él nunca se movió, nunca sonrió, nunca sudó, aunque miles morían a sus pies. Me imagino a mi mismo sentado en un taburete del campamento, observando un tablero de sitrang. Nosotros podríamos ser casi gemelos… si yo tuviera un caballo, una armadura carmesí, y una gran capa de paño dorado. Él era más alto. Yo tengo más pelo."
Penny le besó.

Ella se movió tan rápido que él no tuvo tiempo para pensar. Ella se lanzó como un pájaro y apretó sus labios a los suyos. Y rápidamente había terminado. «¿Qué fue eso?» Casi preguntó, pero él supo el porqué. «Gracias», podría haber dicho, pero ella podría percibirlo como licencia para hacerlo de nuevo. «Chiquilla, no deseo hacerte daño», podría argüir, pero Penny no era una niña, y sus anhelos no mitigarían el rechazo. Por primera vez en mucho tiempo Tyrion Lannister se había quedado sin palabras.
«Se ve tan joven», pensó. «Una cría, es lo que es. Una chica y casi bonita si uno pudiera olvidar que es una enana.» Su pelo era de un castaño cálido, espeso y rizado, y sus ojos eran grandes y confiados. «Tan confiados.»
"¿Oyes ese sonido? " dijo Tyrion.
Ella escuchó. "¿Qué es? ", dijo, mientras aseguraba un par de grebas desiguales en sus piernas achaparradas.
"La guerra. En ambos lados y no más lejos de una legua. Es una carnicería, Penny. Es hombres tropezando a través del barro con sus entrañas colgando por fuera. Es la desunión de miembros y huesos rotos y charcos de sangre. ¿Sabes cómo los gusanos salen después de una intensa lluvia? Yo oí que hacen lo mismo después de una gran batalla si bastante sangre empapó la tierra. Es cuando viene El Desconocido, Penny. La Cabra Negra, el Niño Pálido, Él de Muchas Caras, llámalo como quieras. Eso es la muerte."
"Estás asustándome."
"¿Sí? Bien. Deberías asustarte. Tenemos a los hombres de hierro pululando en tierra y Ser Barristan y sus Inmaculados vertiéndose a través de las puertas de la ciudad, y nosotros en el medio, luchando en el maldito lado equivocado. Yo estoy aterrado."
"Dices eso, pero todavía haces chistes."
"Los chistes son una manera de alejar el miedo. El vino es la otra."
"Tú eres valiente. La gente pequeña puede ser valiente."
«Mi gigante de Lannister», escuchó él. «Se está burlando de mí.» Casi la abofeteó de nuevo. Su cabeza le estaba martilleando.
"Yo nunca quise hacerte enfadar", dijo Penny "Perdóname. Estoy asustada, es todo." Ella tocó su mano.
Tyrion la apartó. «Estoy asustada.» Eran las mismas palabras que había usado Shae. «Sus ojos eran grandes como huevos, y me los tragué enteros. Yo sabía qué era. Le dije a Bronn que encontrara una mujer para mí y él me trajo a Shae.» Sus manos formaron puños, y la sonriente cara de Shae flotó ante él. Luego la cadena estaba apretando su garganta, las manos doradas excavando profundamente en su carne, mientras sus manos aleteaban ante su cara con toda la fuerza de las mariposas. Si él hubiera tenido una cadena a mano… si hubiera tenido una ballesta, una daga, algo, él tendría… él podría… él…

Justo entonces Tyrion oyó los gritos. Estaba perdido en una furia negra, ahogándose en un mar de recuerdos, pero el griterío le devolvió al mundo real rápidamente. Abrió sus manos, tomó aliento y se alejó de Penny. "Algo está pasando." Salió para divisar que era.

Dragones.

La bestia verde estaba volando en círculos sobre la bahía, sobre los barcos vikingos y galeras zozobradas y quemadas, pero era el dragón blanco al que los mercenarios miraban con las bocas abiertas. A trescientas yardas la Hermana Mala giró su brazo, —chunk—THUMPP— , y seis cadáveres volaron bailando a través del cielo. Arriba se alzaban, arriba y arriba. Entonces dos estallaron en llamas.
El dragón cogió un cadáver ardiente justo cuando empezó a caer, haciéndolo crujir entre sus mandíbulas, mientras las llamas pálidas corrían por sus dientes. Las alas blancas crujieron en el aire matinal, y la bestia comenzó a elevarse de nuevo. El segundo cadáver cayó de una garra extendida y se zambulló, aterrizando entre los jinetes Yunkai'i. Algunos cogieron el fuego también. Un caballo se encabritó y arrojó a su jinete. Los otros corrieron, intentando alejarse de las llamas y abanicándolas, en cambio. Tyrion Lannister casi podría saborear el pánico que se extendía por el campamento. El olor punzante, familiar de orina llenó el aire. El enano miró alrededor y vio que era Tintas quien se había meado, no él.
"Sera mejor que te cambies los calzones", le dijo Tyrion. "Y mientras lo haces, deberías cambiar tu capa."
El pagador palideció, pero no se movió.

Él se detuvo allí, mirando como el dragón cogía los cadáveres en el aire, cuando llegó el mensajero. «Un maldito oficial», supo Tyrion en seguida. Tenía puesta una armadura dorada y montaba un caballo dorado. Estridentemente anunció que era el emisario del comandante supremo de los Yunkai'i, el noble y poderoso Gorzhak zo Eraz.
"Lord Gorzhak envía sus cumplidos a Capitán Plumm y demanda que lleve a su compañía a la ribera de la bahía. Nuestros barcos están siendo atacados."
«Vuestros barcos están hundiéndose, ardiendo, huyendo», pensó Tyrion. «Vuestros barcos están siendo abordadas, vuestros hombres pasados por la espada.» Él era un Lannister de Roca Casterly, cerca de las Islas de Hierro; las incursiones de los nacidos de hierro no eran extrañas en sus costas. Durante siglos habían quemado al menos tres veces Lannisport y habían hecho incursiones otras dos docenas de veces. El hombre del oeste era muy consciente de la clase de salvajismo que los hombres de hierro eran capaces; algo que estos esclavistas justamente estaban aprendiendo.
"El capitán no se encuentra aquí ahora", le dijo Tintas al mensajero. "Ha ido a ver a la Chica General."
El jinete apuntó al sol. "Lady Malazza comandó hasta la salida del sol. Seguid las instrucciones de Lord Gorzhak."
"¿Quiere decir que debemos atacar los barcos de los calamares? ¿Aquellos allí en el mar?" El pagador frunció el entrecejo. "Yo no veo cómo, pero cuando Ben el Moreno regrese le transmitiré los deseos de Gorzhak."
"Yo le di una orden. Debéis actuar ahora".
"Nosotros recibimos las órdenes de nuestro capitán", dijo Tintas en su usual tono moderado. "Le dije que él no está aquí."
Tyrion podría ver que el mensajero había perdido su paciencia. "La batalla ha empezado. Vuestro comandante debe estar con vosotros."
"Quizás sí, quizás no. La chica envió a por él. Él se fue."
El mensajero se volvió del color púrpura. "¡Debéis llevar a cabo su orden!"
Snatch escupió un tapón de hojas amargas bien masticado por el borde izquierdo de su boca. "Ruego me disculpe", le dijo al jinete Yunkai'i, "pero todos somos jinetes aquí, igual que milord. Ahora, un caballo de guerra bien entrenado enfrentará una pared, o las lanzas. Algunos brincarán sobre una cuneta de fuego. Pero no he visto nunca a un caballo correr en el agua."
"Los barcos están descargando hombres", gritó el señorito Yunkai'i. "Ellos han bloqueado la boca del Skahazadhan con un barco en llamas, y a cada instante que estamos aquí hablando otro centenar de espadas viene a través de los bajíos. ¡Reunid a vuestros hombres y llevadlos al mar! ¡En seguida! ¡Gorzhak lo ordena! "
"¿Cuál Gorzhak?" Kem preguntó. "¿El Conejo?"
"Cara de Flan", dijo Tintas. "El Conejo no es tan necio como para enviar a los caballos contra los barcos vikingos."
El jinete había oído suficiente. "Yo informaré a Gorzhak zo Eraz que rechazáis cumplir sus órdenes", dijo altivamente. Entonces hizo girar su caballo dorado y galopó por donde había venido, seguido por un ventarrón de carcajadas de los mercenarios.

Tintas fue el primero en dejar de reír. "Suficiente", dijo, repentinamente solemne. "Volvamos a lo nuestro. Ensillad los caballos, quiero que cada hombre esté listo para cabalgar cuando Ben vuelva con las órdenes adecuadas. Y apagad esa lumbre. Podréis quitaros el apetito cuando la batalla esté terminada si vivís lo suficiente." Su mirada cayó en Tyrion. "¿De qué te ríes? Te ves un poco estúpido en esa armadura, Mediohombre."
"Mejor lucir como un estúpido que ser uno", contestó el enano. "Nosotros estamos en el lado perdedor."
"El Mediohombre tiene razón", dijo Jorah Mormont. "No debemos estar luchando para los mercaderes de esclavos cuando vuelva Daenerys… y ella lo hará, no os equivoquéis. Atacar ahora y atacar duramente, y la reina no lo olvidará. Encontrar a sus rehenes y liberarlos. Y yo juraría por el honor de mi casa que éste era el plan de Ben el Moreno desde el principio."
Fuera, en las aguas de Bahía de los Esclavos, otra de las galeras de Qarth ardió con un súbito estampido de fuego. Tyrion podía oír las trompetas de los elefantes en el este. Los brazos de las seis hermanas subían y bajaban, arrojando los cadáveres. Los golpes de escudo contra escudo, cuando dos murallas de lanzas se unieron bajo los muros de Meereen. Dragones rodando sobre las cabezas, sus sombras posándose igualmente en los rostros aturdidos de amigos y enemigos.
Tintas alzó sus manos. "Yo me ocupo de los libros. Custodio nuestro oro. Preparo nuestros contratos, recaudo nuestros sueldos, para que tengamos monedas suficientes para comprar los comestibles. No decido con quién luchamos, o cuando. Eso lo decidirá Ben el Moreno. Comentadlo con él cuando vuelva."

Cuando Plumm y sus compañeros regresaron galopando del campamento de la Chica General, el dragón blanco había volado de regreso a su yacija sobre Meereen. El verde todavía rondaba, volando en anchos círculos sobre la ciudad y la bahía con sus grandes alas verdes.
Ben Plumm el Moreno llevaba un peto de malla y coraza encima del cuero. La capa de seda que colgaba de sus hombros era la única concesión a la vanidad: ondulaba cuando se movía, cambiando el color del violeta pálido a púrpura oscuro. Bajó de su yegua y se lo dio a un mozo de cuadra, y le dijo a Snatch que convocara a sus capitanes.
"Diles que se den prisa", añadió Kasporio el Astuto.
Tyrion ni siquiera era un sargento, pero sus juegos de sitrang le habían hecho familiar en la tienda de Ben el Moreno, y nadie intentó detenerle cuando entró con el resto. Además Kasporio y Tintas, Uhlan y Bokkoko estaban entre los convocados. El enano se sorprendió al ver allí también a Ser Jorah Mormont.
"Nos ordenan que defendamos a la Hermana Mala", les informó Ben el Moreno.
Los otros hombres intercambiaron miradas inquietas. Nadie parecía querer hablar hasta que Ser Jorah preguntara "¿Bajo qué autoridad?"
"De la chica. Ser Abuelo va hacia La Bruja, pero ella tiene miedo de que él vaya después hacia la siguiente Hermana Mala. El Fantasma ya cayó. Los libertos de Marselen quebraron a las Lanzas Largas como un palo podrido y los arrastraron en cadenas. La chica se figura que Selmy quiere derrumbar todas las catapultas."
"Es lo que yo haría en su lugar", dijo Ser Jorah. "Sólo que lo habría hecho antes."
"¿Por qué la chica está dando las órdenes todavía?" Tintas parecía confundido. "El alba ha venido y se ha ido. ¿No puede ver el sol? Ella está comportándose como si todavía fuese el comandante supremo."
"Si fueses ella y supieras que Cara de Flan está a punto de asumir el mando, tú también seguirías dando órdenes", dijo Mormont.
"Uno no es mejor que el otro", Kasporio insistió.
"Cierto", dijo Tyrion, "pero Malazza tiene mejores tetas".
"Las ballestas son las que cuidan a la Hermana Mala", dijo Tintas. "Los escorpiones. Mangostas. Eso es lo que necesita. No usarías a los hombres montados para defender una posición fija. ¿La chica quiere decir que nosotros debemos apearnos? En ese caso, ¿por qué no usa a sus lanzas o a los que arrojan hondas? "

Kem introdujo su pálida cabeza rubia dentro de la tienda.
"Perdón por interrumpir, m'lords, pero ha venido otro jinete. Dice que tiene nuevas órdenes del comandante supremo."
Ben el Moreno echó una mirada a Tyrion, luego se encogió de hombros. "Mándale aquí."
"¿Aquí?" Kem preguntó, desconcertado.
"Aquí es donde estoy", dijo Plumm con un rastro de irritación. "Si él va a otra parte, no me encontrará."
Kem salió.
Cuando regresó, sostuvo el ala flexible de la tienda para un noble Yunkai'i con una capa de seda amarilla y pantalones al tono. El aceitoso pelo negro del hombre había sido retorcido, trenzado y lacado de tal forma, que parecía como si cien diminutas rosas estuvieran brotando de su cabeza. En su coraza figuraba una escena de tal deliciosa depravación, que Tyrion percibió un espíritu afín.

"Los Inmaculados están avanzando hacia la Hija de la Arpía", anunció el mensajero. "Barba de Sangre y dos legiones Ghiscari se alzan ante ellos. Mientras guardan la línea, debéis aparecer por detrás de los eunucos y atacarles desde la retaguardia y matarles sin apiadarse de ninguno. Esta es la orden del más noble y poderoso Morghar zo Zherzyn, comandante supremo de Yunkai'i."
"¿Morghar?" Kasporio frunció el seño. "No, hoy comanda Gorzhak."
"Gorzhak zo Eraz fue asesinado, abatido por la alevosía del Pentoshi. El cambiacapas que se llama el Príncipe Desharrapado morirá gritando por esta infamia, el noble Morghar lo jura."
Ben el Moreno se rascó la barba. "¿Los Hijos del Viento han cambiado de bando?" Dijo, en un tono de moderado interés.
Tyrion rió ahogadamente. "Y nosotros hemos transado a Cara de Flan  por el Conquistador Borracho. Es una maravilla que él pudo arrastrarse de la jarra el tiempo suficiente para dar una orden medianamente sensata."
El Yunkish miró al enano. "Cuida tu lengua, pequeño infecto..." Su réplica se marchitó. "Este enano insolente es un esclavo fugado", declaró, sobresaltado. "Él es la propiedad del noble Yezzan zo Qaggaz, bendita su memoria."
"Se equivoca. Es mi hermano-en-armas. Un hombre libre y un Segundo Hijo. Los esclavos de Yezzan llevan collares dorados." Ben el Moreno mostró su sonrisa más amable. "Collares dorados, con campanillas pequeñas. ¿Oye las campanillas? Yo no las oigo."
"Los collares pueden quitarse. Exijo que el enano sea entregado en seguida para recibir el castigo.
"Eso me parece cruel. ¿Jorah, qué piensas?"
"Esto."
La espada de Mormont estaba en su mano. Cuando el jinete se volvió, Ser Jorah la clavó en su garganta. La punta salió por detrás del cuello del emisario Yunkai'i, roja y mojada. La sangre burbujeó de sus labios y bajó por su mentón. El hombre dio dos pasos tambaleantes y cayó sobre el tablero de sitrang, esparciendo los ejércitos de madera por todas partes. Él se sacudió bruscamente unos instantes más, asiendo la hoja de la espada de Mormont con una mano y con la otra arañando débilmente la mesa volcada. Sólo entonces el noble Yunkai'i pareció comprender que estaba muerto. Se derrumbó boca abajo en la alfombra en un reguero de sangre roja y grasientas rosas negras. Ser Jorah tiró de su espada liberándola del cuello del muerto. La sangre corrió en abundancia.

El dragón blanco de sitrang aterrizó a los pies de Tyrion. Él lo cogió de la alfombra y lo limpió en su manga, pero algo de la sangre del Yunkai'i había penetrado en las finas ranuras de la talla, por lo que en la madera pálida aparecieron vetas rojas.
"Todos aclamamos a nuestra querida reina, Daenerys." «Viva o muerta.» Él echó el dragón ensangrentado por el aire, lo cogió, sonrió.
"Siempre hemos sido los hombres de la reina", anunció Ben Plumm el Moreno. "Unirse a los Yunkai'i fue simplemente una táctica."
"Y fue una táctica hábil." Tyrion le dio un empujón al cadáver con su bota. "Si esa coraza me queda, yo la quiero."




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