Vientos de Invierno - 2 capítulos de Arianne Martell

The Winds of Winter

Vientos de Invierno (The Winds of Winter)

Libro 6

Canción de Hielo y Fuego

A Song of Ice and Fire


2 Capítulos de
Arianne Martell


Spoilers!)

Arianne Martell

Reseña del Capítulo.  (Leer el Capítulo completo aquí:)

ARIANNE I


Arianne Martell, la heredera de Dorne, parte de Lanza del Sol con el pergamino que había enviado Lord Jon Connington al Príncipe de Dorne, Doran Martell. 
"El destino de Dorne va contigo, mi hija", él dijo, cuando presionó el pergamino en su mano. No me atrevo a actuar hasta que conozca con certeza lo que está pasando."
La carta dice lo siguiente.

Al Príncipe Doran de la Casa Martell, 
..................Usted me recordará, yo rezo. Yo conocí bien a su hermana, 
..................y era el leal sirviente de su cuñado. Me aflijo 
..................por ellos igual que usted. Yo no he muerto, no más que 
..................el hijo de su hermana. Para salvar su vida
..................nosotros lo mantuvimos oculto, 
..................pero el tiempo de ocultarlo finalizó. 
..................Un dragón ha vuelto a Westeros para exigir su 
..................primogenitura y buscar la venganza por su padre, 
..................y por la princesa Elia, su madre. 
..................En su nombre yo me dirijo a Dorne. No nos desampare. 
.......................................................Jon Connington 
.......................................................Señor del Nido de Grifo 
.......................................................La Mano del Verdadero Rey

«Un dragón ha vuelto a Westeros, pero no el dragón que mi padre estaba esperando.» En ninguna parte había una mención de Daenerys... ni del Príncipe Quentyn, su hermano, que había sido enviado a buscar a la reina del dragón.

"Él viene con los mercenarios, pero ningún dragón", el Príncipe Doran le había dicho, la noche que llegó el cuervo. "La Compañía Dorada es la mejor y más grande de las compañías libres, pero diez mil mercenarios no pueden esperar ganar los Siete Reinos. El hijo de Elia... yo lloraría de alegría si una parte de mi hermana hubiera sobrevivido, ¿pero qué prueba tenemos de que es Aegon?"

Siete salieron juntos en siete corceles dornenianos de arena. Desde Bondadivina vino Ser Daemon Arena, el bastardo. Desde Lanza del Sol dos valientes caballeros jóvenes, Joss Hood y Garibald Shells. Desde los Jardines de Agua siete cuervos y un alto chaval para cuidarlos. Su nombre era Nate, pero todos lo llamaban Plumas. Y su compañía también incluyó a la bonita Jayne Ladybright y a la salvaje Elia Arena, doncella de catorce años.
Cabalgaron hacia la Colina Fantasma, la fortaleza de la Casa Toland, dónde los esperaba un barco que los llevaría por el Mar de Dorne. 
Durante el viaje Arianne recuerda su fallido y estúpido complot de secuestrar y coronar a Myrcella Baratheon, que costó la vida de Ser Arys Oakheart y la oreja de Myrcella. Y de la traición de Ser Gerold Estrellaoscura. Darkstar. Obara Arena, una de las hijas mayores de Oberyn Martell y Areo Hotah fueron enviados a buscar y matar a Estrellaoscura. 

Mientras tanto, en Sendahueso y Paso del Príncipe, dos ejércitos de Dorne habían acampado esperando una palabra de Arianne para marchar. La palabra clave sería «dragón

Daemon Arena piensa que Jon Connington está bien muerto. Y que éste nuevo Connington o es su hijo o simplemente algún mercenario listo que ha asumido el nombre de un hombre muerto.
"Gregor Clegane arrancó a Aegon de los brazos de Elia y destrozó su cabeza contra una pared", dijo Ser Daemon. "Si el príncipe de Lord Connington tiene el cráneo aplastado, yo creeré que Aegon Targaryen ha vuelto de la tumba. De otro modo, no. Éste es algún chico falso, no más. La táctica de un mercenario para ganar el apoyo."
Luego él cuenta la historia de Lord Jon Connington, el mas fiel amigo del Príncipe Rhaegar. Que fue desterrado por el enfurecido Rey Loco por haber dejado escapar al rebelde Robert Baratheon.
Pero lo que desea saber Arianne es si Connington tenía amantes. Daemon dice que no había oído nada de eso, y ella se huele que no puede jugar con ese hombre igual que con Ser Arys Oakheart.

Cuando la comitiva llega al castillo de Colina Fantasma, Lady Toland y sus hijas les cuentan sobre Jon Connington y la Compañía Dorada y los elefantes; que la isla Tarth fue invadida y que en el  Brazo Roto los krakens estan saliendo debajo de las galeras zozobradas. "La sangre los atrae a la superficie, afirma nuestro maestre. Hay cuerpos en el agua. Unos han llegado a nuestras orillas. Y eso no es ni la mitad del asunto. Un nuevo rey pirata se ha asentado en el Verdugo Profundo. Se hace llamar el Señor de los Mares. Este tiene buques de guerra reales, tres galeras monstruosamente grandes."
También comentan sobre velas extrañas y piratas de todo el mundo inundando el mar y que temen por su seguridad.
Cuando Arianne pregunta si no han oído sobre dragones, la hija menor dice que soñó con dragones y que están viniendo. "Ellos estaban bailando. En mi sueño. Y dondequiera que los dragones bailaban las personas morían." 

Finalmente Arianne le pregunta a Daemon Arena si Viserys era guapo y cómo pudo Daenerys permitir que su marido Dothraki asesinara a su hermano, su propia sangre. Daemon opina que "Los Dothraki son un pueblo salvaje. ¿Quién puede saber por qué matan? Quizás Viserys limpió su culo con la mano equivocada."
«Quizás,» pensó Arianne, «o quizás Daenerys comprendió que una vez su hermano fuese coronado y se casaría conmigo, ella se condenaría por el resto de su vida durmiendo en una tienda y oliendo como un caballo.» 
"Ella es la hija del Rey Loco," dijo la princesa. "¿Cómo podemos saber...?"
"No podemos saber", dijo Ser Daemon. "Sólo podemos esperar." 

Leer el Capítulo completo aquí:
 

ARIANNE II

A lo largo de toda la Costa Sur del Cabo de la Ira había desmoronadas atalayas de piedra, alzadas en tiempos pasados para avisar de los asaltantes dornienses que cruzaban el Mar. Pueblos habían crecido alrededor de las torres. Algunos pocos se habían convertido en ciudades. El Peregrino había hecho puerto en una de ellas, Torrellorosa, donde el cuerpo del Joven Dragón había reposado tres días en su viaje de vuelta desde Dorne. Los estandartes que ondeaban en las vigorosas murallas de madera mostraban aún el león y el astado del Rey Tommen sugiriendo que allí al menos seguía dominando el mandato del Trono de Hierro. Arianne avisó a su compañía cuando desembarcaban: “Guardad vuestras lenguas”. “Sería mejor si Desembarco del Rey nunca supiera que pasamos por aquí.”. Si la rebelión de Lord Connington era erradicada, les vendría mal si se supiera que Doran le había enviado a ella a tratar con él y con su pretendiente. Esa era otra de las lecciones que su padre se había esforzado en enseñarle. Elige con cuidado tu bando y solo si tienes opción de ganar.
Torrellorosa era lo suficientemente grande como como para que no tuvieran problemas en comprar caballos, aunque el coste era cinco veces mayor de lo que había sido hace un año.

“Son viejos pero buenos” dijo el vendedor. “Y no vais a encontrar otros mejores a este lado de Bastión de Tormentas. Los hombres del Grifo capturan cada caballo y mula que se encuentran. Bueyes también. Algunos hacen una marca en un papel si les pides que te paguen. Pero otros te cortarían el estómago y te pagarían con un puñado de tus propias tripas. Si os acercáis a alguno de ellos, guardad la lengua; guardad la lengua y entregad vuestros caballos.”
La ciudad era lo suficientemente grande como para albergar tres posadas y en todas sus salas comunes abundaban los rumores. Arianne mandó hombres a cada una de ellas para escuchar lo que se decía. En El Escudo Roto, a Daemon Arena le dijeron que el Gran Septo en Mitad de Hombre había sido quemado y saqueado por asaltantes que vinieron del mar y un centenar de jóvenes novicias de la Casa Madre en la Isla de la Doncella habían sido hechas esclavas. En El Telar, Joss Hood habría descubierto que medio centenar de hombres y chicos de Torrellorosa había marchado al norte a unirse a Jon Connington en Nido del Grifo, incluyendo el joven Ser Addam, el hijo del anciano Lord Whitehead y su heredero. Pero en el bien denominado El Dorniense Borracho, Plumas escuchó a algunos hombres musitar que el Grifo había matado al hermano de Ronnet el Rojo y violado a su hermana que aún era doncella. El mismo Ronnet se decía que estaba marchando al sur a vengar la muerte de su hermano y la deshonra de su hermana. Esa noche, Arianne mandó el primero de sus cuervos a Dorne, informando a su padre de lo que había visto y oído.

La siguiente mañana la compañía se dirigió a Niebla cuando los primeros rayos del sol naciente pasaban a través de los picudos techos y retorcidos callejones de Torrellorosa. Para media mañana, una ligera lluvia empezó a caer mientras se dirigían al norte a través de tierras de verdes campos y pequeñas aldeas. Hasta ese momento no habían visto signos de lucha, pero todos los demás viajeros parecían ir en dirección contraria. Y todas las mujeres en las villas les miraban con ojos inexpresivos y mantenían a sus hijos cerca.
Más al norte, los campos daban paso a colinas rodantes y espesas arboledas de viejos bosques. El camino se convirtió en sendero y los pueblos se volvieron menos comunes. El crepúsculo les encontró en los márgenes de La Selva, un mundo verde y mojado donde arroyos y ríos marchaban a través de árboles oscuros y la tierra estaba hecha de barro y hojas podridas. Grandes sauces crecían a lo largo de los márgenes del río, más grandes que cualquier otro que Arianne hubiera visto, con sus grandes troncos tan nudosos y retorcidos como el rostro de un anciano y engalanados con barbas de musgo plateado. Los árboles se mantenían cercanos tapando casi por completo el sol. Abetos y cedros rojos, robles blancos, pinos soldados que se mantenían tan altos y rectos como torres, colosales centinelas, arces de grandes hojas, secuoyas, incluso por aquí y por allá, un arciano salvaje. Bajo sus enredadas ramas, helechos y flores crecían en abundancia: helechos espada, helechos dama, cordones de gaitero, estrellas de la tarde y besos envenenados, hierba de hígado, hierba de pulmón, antocerotes…Los hongos brotaban bajo las raíces de los árboles y de sus troncos también. Como manos pálidas y moteadas capturaban la lluvia. Otros árboles estaban forrados de musgo, verde o gris o rojizo y uno de brillante morado. Líquenes cubrían cada roca y piedra, y renacuajos se alimentaban bajo maderas podridas. El propio aire parecía verde. Arianne había oído una vez a su padre y al maestre Kelion discutir con un septón por qué los lados sur y norte del Mar de Dorne eran tan distintos. El septón pensaba que era porque Durran Pesardedioses, el primer Rey Tormenta, había secuestrado a la hija del Dios del Mar y la Diosa del Viento y ganado su eterna enemistad. El príncipe Doran y el maestre se inclinaban más hacía el viento y el agua y cómo las grandes tormentas que se formaban en el Mar del Verano llevaban semillas y humedad al norte hasta llegar al Cabo de la Ira.

“Por alguna razón, las tormentas nunca parecían golpear a Dorne” ella recordaba a su padre decir.
“Sé la razón” había respondido el septón “ningún dorniense jamás secuestró la hija de dos dioses.”

La marcha era mucho más lenta aquí de lo que había sido en Dorne. En lugar de caminos, cabalgaron a través de curvas y recodos que se cruzaban por aquí y por allí, a través de grietas en rocas cubiertas de musgo y descendiendo desfiladeros llenos de zarzas de moras. Algunas veces el sendero desaparecía totalmente hundiéndose en la niebla o desapareciendo entre los helechos, dejando a Arianne y sus acompañantes a su suerte para encontrar un camino entre los árboles mudos. La lluvia seguía cayendo, fiel y firme. El sonido de la humedad deslizándose a través de las hojas les rodeaba y en cada milla el sonido de otra pequeña cascada se hacía oír. El bosque también estaba lleno de cuevas. La primera noche se refugiaron en una de ellas para protegerse del agua. En Dorne, habían viajado con frecuencia en la oscuridad cuando la luz de la luna convertía las ráfagas de arena en plata. Pero la Selva estaba demasiado llena de pantanos, barrancos y agujeros bajo los árboles cuando la luna era solo una memoria. Plumas hizo un fuego y cocinó un puñado de liebres que Ser Garibald había cogido algunos ajos salvajes y setas que había encontrado en el camino. Después de comer, Elia Arena convirtió un palo y algún musgo seco en una antorcha y se fue a explorar lo más profundo de la cueva.

“No vayas demasiado lejos” Arianne le dijo, “algunas de esas cuevas llegan muy profundo, es fácil perderse”. La princesa perdió otro juego de sitrang contra Daemon Arena, ganó uno a Joss Hood y se retiró cuando los dos empezaron a enseñar las reglas a Jayne Ladybright.
Estaba cansada de esos juegos. Nym y Tyene podrían haber alcanzado ya Desembarco del Rey, musitó, mientras se sentaba con las piernas cruzadas en la boca de la cueva para ver caer la lluvia. Si no, llegarían pronto. Trescientas lanzas veteranas habían ido con ellas por el Sendahueso, pasado las ruinas de Refugio Estival y directas al Camino Real. Si los Lannister habían intentado desarrollar su pequeña trampa en el Bosque Real, Lady Nym haría que terminara en desastre. Ningún asesino del bosque habría encontrado su presa. El príncipe Trystane había permanecido a salvo en Lanza del Sol tras una despedida llena de lágrimas de la princesa Myrcella. Eso vale para un hermano, pensó Arianne. ¿Pero dónde está Quentyn? No con el Grifo. ¿Se habría casado con la reina dragón? ¿Rey Quentyn? Seguía sonando estúpido. Esta nueva Daenerys Targaryen era más joven que Arianne por media docena de años. ¿Qué querría una doncella de su edad de su aburrido y chupatintas hermano? Las chicas jóvenes soñaban con rampantes caballeros con pícaras sonrisas y no con chicos solemnes que siempre hacían su deber. Ella aun así seguía queriendo Dorne. Si ella esperaba sentarse en el Trono de Hierro, debía tener Lanza del Sol. Si Quentyn era el precio por ello, esta reina dragón lo pagaría. ¿Y qué pasaría si ella estaba con Quentyn en Nido del Grifo con Connington y toda esta historia sobre otro Targaryen no era más que una sutil farsa? Su hermano bien podría estar con él. ¿Rey Quentyn, me debo arrodillar ante él? Ah, ningún bien vendría de preguntarse acerca de ello. Quentyn sería rey o no lo sería. Rezo para que Daenerys le trate mejor que ella trataba a su hermano.

Era hora de dormir. Tenía un largo camino que cabalgar mañana. Solo cuando se estaba acomodando Arianne se dio cuenta de Elia Arena no había vuelto de sus exploraciones. Sus hermanas le matarían de siete maneras distintas si algo le pasaba. Lady Jayne Ladybrugh juró que la chica nunca había dejado la cueva mientras ella estaba en algún sitio rondando por la oscuridad. Cuando los gritos no la trajeron de vuelta, no había otra opción más que encender antorchas e ir en su búsqueda.
La cueva demostró ser mucho más profunda de lo que cualquiera habría sospechado. Más allá de la boca de piedra donde su compañía había acampado y guardado los caballos, una serie de retorcidos pasajes conducían más y más abajo, mientras negros agujeros se asomaban a cada lado. Más dentro aún, los muros se abrieron de nuevo y los buscadores se encontraron en una vasta caverna de caliza, más grande que el gran salón de un castillo. Sus gritos turbaron a un nido de murciélagos que aletearon sobre ellos ruidosamente, pero solo distantes ecos les devolvieron sus voces. Un pequeño circuito en el salón reveló tres pequeños pasajes, uno tan pequeño que les requeriría ir de rodillas.

“Probaremos los otros primero” dijo la princesa. “Dameon vendrá conmigo. Geribald, Joss, probad el otro.”
El pasaje que Arianne escogió se volvió empinado y mojado a los cien pies. Pero ella podía ver la antorcha de Ser Daemon más adelante y llamar a Elia, así que siguió adelante. Y así se encontraron en otra caverna, cinco veces más grande que la anterior, rodeados de un bosque de columnas de piedra. Daemon Arena se movió a su lado y alzó la antorcha.
“Mira como las piedras han sido dado forma. Esas columnas en aquel muro. ¿Las ves?”.
“Caras” dijo Arianne. Tantos ojos tristes, mirando. “Este lugar perteneció a los Hijos del Bosque. Hace un millar de años.” Arianne giró la cabeza: “Escucha, ¿es ése Joss?”.
Lo era. Los otros buscadores habían encontrado a Elia, y ella y Daemon se enteraron mientras volvían por la resbaladiza pendiente hasta el último agujero. Su pasaje les llevó a una tranquila y negra poza donde descubrieron a la chica metida hasta la cintura en el agua, capturando peces ciegos y blancos con sus manos desnudas, con su antorcha ardiendo roja y llameante donde la había plantado.
“¡Podrías haber muerto!” Arianne le dijo, cuando oyó su historia. Cogió a Elia del brazo y la sacudió. “Si esa antorcha se hubiera apagado te habrías quedado sola en la oscuridad, como si estuvieras ciega. ¿Qué crees que estabas haciendo?”.
“He cogido dos peces” dijo Elia Arena.
“¡Podrías haber muerto!” dijo Arianne de nuevo. Las palabras hicieron eco en los muros de la cueva: Muerto…muerto…muerto…

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