LA DOCTRINA FUNDAMENTAL DE BUDA

Bhikku Bodhi

El monje theravada Bhikku Bodhi presenta aquí un sumario sorprendentemente conciso y preciso de lo más esencial de las enseñanzas theravadas que discutimos en la introducción a la Parte Segunda. Observemos que él divide el camino óctuple en shila, samadhi y prajna, que tradujo por «moralidad», «concentración» y «sabiduría» (y que también pueden ser traducidos de modo divergente como «disciplina)>, «meditación» y «conocimiento»). En los últimos meses de la vida de Buda, cuando llegó el momento de fijar con exactitud los puntos esenciales de su doctrina en la mente de sus seguidores, Buda repitió una y otra vez —en ocasiones más de una vez al día— una corta charla explicando cómo esos tres elementos de entrenamiento para la senda espiritual se apoyaban unos a otros y tenían que ser inseparables. Si esos tres elementos eran aplicados concertadamente, aseguró repetidas veces a sus oyentes, la iluminación seguiría rápidamente.

 

La enseñanza de Buda llamada el Dharma, es la doctrina de la salvación que él mismo descubrió mediante la Iluminación y proclamó como base de su propia clara comprensión de la realidad. La más concisa expresión del Dharma, su armazón unificador, es la enseñanza de las Cuatro Nobles Verdades: el sufrimiento, su origen, su desaparición y el camino que conduce a esa cesación. Ésta fue la gran comprensión que se abrió en la mente de Buda cuando estaba sentado en meditación bajó el Árbol de Bo después de seis duros años de afanosos esfuerzos. No es sólo la formulación del contenido de su Iluminación, sino que es también el permanente significado de su mensaje, que establece las verdades cruciales y no engañosas de las cuales depende toda posibilidad de salvación.

Las Cuatro Nobles Verdades giran en torno al reconocimiento del sufrimiento (duhkha) como el problema central de la existencia humana; en su Primera Verdad Buda lo enumera en diversas formas:

¿Cuál es la Noble Verdad del sufrimiento? Nacimiento es sufrimiento; decadencia es sufrimiento; muerte es sufrimiento; tristeza, lamentación, dolor, pesar y desesperación son sufrimiento; no conseguir lo que se quiere es sufrimiento. En resumen: los cinco componentes o agregados del apego, del deseo, son sufrimiento.

Esta última cláusula —referente a un quíntuple agrupamiento de todos los factores de la existencia— implica una profunda dimensión de sufrimiento que es cubierta por nuestras ideas normales sobre el dolor, el pesar y el abatimiento. Lo que esto indica, como significado fundamental de la Primera Noble Verdad, es lo insatisfactorio y lo radicalmente inadecuado de todo condicionamiento debido al hecho de que todo lo condicionado es transitorio y está definitivamente llamado a perecer. Este aspecto del sufrimiento sale a la luz con su mayor claridad en las más comprensibles manifestaciones de transitoriedad ‘y peligro: la rueda de encarnaciones, que no tuvo principio y en la cual estamos metidos todos los seres vivos, la samsara. Así, para valorar la Primera Noble Verdad, en toda su profundidad y amplitud, no es suficiente considerar, simplemente, el sufrimiento de una sola vida. Hay que tomar en consideración la eterna rueda de las existencias renovadas, siempre con sus mismas fases repetidas de nacimiento, envejecimiento, enfermedad muerte.

En la Segunda Noble Verdad, Buda sigue al sufrimiento hasta su origen o causa, que él identifica con el anhelo, con el deseo.

¿Ahora, cuál es la Noble Verdad del origen del sufrimiento? Es el anhelo, enlazado con el placer y la lujuria, lo que da lugar a que se produzca esa repetición de la existencia que siempre busca renovado disfrute por todas partes, el anhelo sensual, el anhelo por la existencia y por la no-existencia.

En sí mismo producto de la ignorancia, la falta de conciencia de la verdadera naturaleza de las cosas busca y se deja arrastrar por el anhelo de toda fuente de placer y goce siempre y allí donde existe la posibilidad de ello, lo que trae consigo una diversidad de corrupción mental responsable de tanta miseria humana: de la avaricia y de la ambición, del odio y la cólera, del egoísmo y la envidia, del disimulo, la vanidad y el orgullo.

El deseo hace nacer el sufrimiento no sólo porque engendra el inmediato dolor del querer, la sensación de que falta algo, sino de modo más especifico, en el contexto de las Cuatro

Verdades, porque genera la reencarnación y de ese modo nos mantiene atados al samsara. El proceso de la reencarnación desde el punto de vista budista, no se refiere a la transmigración de un ser o un alma, sino que su tesis de que todo está en flujo permanente, excluye la existencia de una entidad duradera que pasa de vida en vida. La continuidad mediante la secuencia de reencarnaciones se mantiene no por un yo, un yo siempre idéntico que subsiste mediante el cambio, sino por la transmisión de impresiones y tendencias a lo largo del «continuum mental», o corriente de consciencia de la cual surge. La dirección que ese continuum toma de vida en vida está regida por una fuerza llamada karma, una palabra que significa «acción volitiva». De acuerdo con la doctrina del karma, son nuestras propias acciones voluntarias, corporales, verbales y mentales las que determinan la forma de existencia que tomaremos en nuestras sucesivas «estancias» por medio del samsara. La ley que conecta las dos es esencialmente moral en su forma de operar: las buenas acciones llevan a la felicidad y a una forma de reencarnación más elevada; las malas acciones por su parte, llevan a la desdicha y a una forma de reencarnación más baja, inferior. Pero tanto si nuestro destino se mueve en una como en otra dirección, en tanto que en lo más profundo de la mente persistan el anhelo y la ignorancia, la rueda imparable de nacimiento y muerte, la gran rueda del sufrimiento, seguirá girando.

Sin embargo, este ciclo no tiene que prolongarse eternamente y en la Tercera Noble Verdad el Buda anuncia la clave para detenerla:

Ahora, ¿cuál es la Noble Verdad de la supresión del sufrimiento? E el desvanecerse por completo y el cese del anhelo, es la renuncia y el abandono, la liberación y el separarse de ella.

Dado que el sufrimiento surge del anhelo, del deseo, con su destrucción el sufrimiento tiene que cesar: una relación tan estrecha e inevitable como una ley de la lógica. El estado que sobrevive a esto, la meta de todos los esfuerzos y luchas del budismo theravada, es el nirvana, la paz incondicional, inmortal imperecedera, que está más allá de la rueda del nacimiento y la muerte. El logro del nirvana se produce en dos fases. La primera es el «elemento nirvana con un residuo restante», la liberación de la mente que se consigue cuando todas las corrupciones han sido extinguidas pero la combinación mente-cuerpo, que adquirió existencia con el nacimiento, continúa viviendo hasta que se termina el período de duración de la vida. La segunda es el «nirvana sin residuo restante», la liberación de la propia existencia, la cesación del volver a ser y se consigue cuando el liberado muere.

En la Cuarta Verdad Noble, Buda enseña el camino que lleva al nirvana, «el camino que lleva al cese del sufrimiento». Éste es el Noble Camino Óctuple, con sus ocho factores alineados en tres grupos:

1. La recta visión o comprensión ] III. Sabiduría (prajna)

2. La recta decisión

3. La recta palabra

4. La recta acción ] I. Moralidad (shila)

5. La recta forma de vida

6. El recto esfuerzo

7. La recta atención ]II. Concentración (samadhi)

8. La recta concentración

El camino comienza con un grado mínimo de comprensión correcta y con la correcta forma de pensar para comenzar la preparación y, después, se despliega mediante sus tres grupos en una estrategia sistemática, diseñada para desarraigar las corrupciones que generan sufrimiento. La moralidad restringe las corrupciones en sus formas más corrientes, su efusión en acciones incompletas; la concentración remueve sus manifestaciones más refinadas como pensamientos aturdidos e inquietos; y el conocimiento erradica sus tendencias sutiles latentes permeándolas con la directa penetración psicológica de los tres hechos básicos de la existencia, resumidos por Buda en las tres características de transitoriedad, sufrimiento y ausencia del yo.

A cada una de las Cuatro Nobles Verdades Buda le asigna una función específica, una tarea que debe ser dominada por la disciplina del adiestramiento. La verdad del sufrimiento tiene que ser plenamente comprendida, el anhelo y las corrupciones que el sufrimiento origina tienen que ser abandonados, el nirvana como liberación del sufrimiento tiene que ser realizado y desarrollado con el Noble Camino Óctuple que conduce a la salvación. El individuo que ha cumplido estas cuatro funciones es la figura ideal del budismo theravada. Es el arhat, el liberado que ha roto todos los lazos que lo atan a la rueda del volver a ser y vive y experimenta la libertad del nirvana.

elcaminanteuy@hotmail.com

ICQ 2954378

Escultura gigante de Buda en Japón

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