Como respuesta de la Disney a la moda de las películas del espacio,
se emprendió una producción dirigida por Gary Nelson con un reparto
magnífico: Maximilian Schell, Anthony Perkins, Ernest Borgnine y Robert Forster, entre otros.
El film obtuvo un par de candidaturas técnicas a los Oscars debido a los efectos,
y un pobre resultado de crítica y público. En el aspecto musical, los resultados
son realmente magníficos.
Con la genial "Overture" comienza un apasionante viaje sinfónico surgido del talento del autor
de la mejor música para la saga de James Bond.
Afortunadamente el autor se aleja bastante de su sonido bondiano y compone una
de sus mejores obras. Si bien esta partitura data del mísmo año que "Moonraker"
hay que destacar que son scores totalmente diferentes, aunque ambos esten
destinados a escenas espaciales.
En este trabajo hay algunos tímidos toques de sintetizador, muy
"disimulados" con la orquesta, al contrario que en
la genial música para "Star Crash" en la que los sonidos sintetizados
resaltaban de modo especial sobre los sonidos orquestales.
La citada Overtura es arrolladora, un tema entre lo heróico y lo victorioso de
pasajes muy majestuosos. Es la excepción en una partitura, por lo general,
muy dramática, fatalísta y catastrofísta.
Arrollador "Main Title", tema que también aparece en "Zero Gravity"
es uno de los temas mas admirados por los fans de autor.
En "The Door Opens" la música es dramática, apocalíptica.
Un trabajo sinfónico de primera. Un nuevo tema se introduce en el corte "Six Robots".
La muerte de Durant se describe musicalmente en el único tema que, en algunos
momentos puede tener cierto aire a James Bond: "Durant is Dead".
En el corte "Laser" se introduce de nuevo la overtura, dando paso a "Into the
Hole", quizás el mejor y más espectacular corte del album, cuya
conclusion es realmente bella y grandiosa.
En definitiva: un score de un notable dramatísmo, exceptuando su vibrante "Overtura", y que
es ideal para todo aquel que desee descubrir la
obra no romántica de Barry, y otra asignatura pendiente para las
discográficas, cuya falta de iniciativa a la hora de editar
clásicos de Barry como este, es inexplicable.