EXÓTICA
– Mauricio Kagel
Máscaras de la identidad. Reflexiones sobre Exótica de Mauricio Kagel.
Pelinski
Este
artículo de Pelinski es una invitación a cuestionarnos lo lícito de las
representaciones que se escapan de nuestra historia, de nuestro ser, en
definitiva, las representaciones del Otro, que ha nacido bajo un influjo de
motivaciones, creencias, ... completamente distintas a las nuestras. ¿Cómo
puedo representar eso que no es mío? Exótica reflexiona sobre la música no
Occidental, la que se escapa a nuestras bases, la que, desde siglos ha, sigue un
camino, ni mejor ni peor, simplemente distinto al nuestro, al llamado
Occidental.
La
escritura musical ha abierto nuevos horizontes gracias a la crisis de este siglo
XX, en el que los compositores no encontraban en la escritura tradicional forma
de reflejar los nuevos sonidos que surgían de sus cabezas. Por otra parte,
muchos etnomusicólogos veían que nuestro sistema notacional no permitía
transcribir muchas de las canciones populares de fuera de nuestro continente.
Mauricio Kagel recurrió por momentos a una escritura novedosa que le permitiera
representar, lo más fiel posible, lo que pretendía con cierta música foránea.
No transcribió al pie ciertas canciones del Perú, Congo, Amazonas, ... sino
que intentó unificarlas para transmitir el sentido de “lejano”. Aquí ya no
es al estilo de Rimsky-Korsakov con su Capricho español, que compone en un
maravilloso ejercicio de orquestación inspirado en temas españoles. Porque, ¿es
realmente música española el Capricho español?. No, claro que no. Sin embargo
para Rimsky eso era tan exótico como para Kagel su Exótica. ¿Qué ha cambiado
entonces? Que Kagel no ha adaptado ese exotismo a los oídos acostumbrados a la
tónica, sino que lo ha representado conservando todo su sentido de foráneo,
tal cual; eso es exotismo puro. Incluso intenta mostrar la no profesionalización
de los músicos haciéndoles tocar multitud de instrumentos que no dominan. La
aleatoriedad en el comienzo de los temas puede llegar incluso a superponerlos,
lo que da gran libertad al intérprete (¿no la tiene también el labrador del
Perú cuando canta durante su faena?). Kagel ha entendido esto como una crítica
hacia las representaciones “imaginarias” del Otro que han abundado durante
el transcurso de la historia.
Pero
a parte de las formas en que utiliza Kagel los instrumentos, las melodías, los
músicos, etc, hay un fondo detrás de toda esta obra maestra. Kagel pretende
establecer una imagen del otro (foráneo) para quizás encontrarse él mismo,
estableciendo una relación de afinidad entre Europa y los demás continentes.
Pelinski nos comenta que esta práctica ya nació en tiempos de Debussy, y han
sido muchos los compositores que se han proyectado en músicas “lejanas”
para intentar reflejarse, o ver simplemente si las diferencias entre ese Otro y
Yo son tan grandes.
Desde
el nivel estésico, como oyente, esta música, que con razón Pelinski alude a
un “no lugar”, me hace cuestionarme si la grandiosidad de la música va en
función de su complejidad. Parece que la música occidental ha entendido la
evolución como complejidad (rítmica, armónica), por lo menos hasta el
postromanticismo. Pero uno piensa en cómo la música ha evolucionado en otras
tierras, y sobre todo, como entienden sus habitantes esa música, y se maravilla
de la pureza con que conservan su sentido, muchísimo mejor que los
occidentales, sin duda alguna. Digamos que de los elementos que conforman una
obra de arte musical ellos le dan una supremacía absoluta al significado. El
significante es muy variable, y de hecho en culturas que creen en la reencarnación
no hay dos representaciones idénticas, y por ello les es innecesario escribir
la música. Por contra la cultura occidental adolece, en general, de
significado, y se detiene muchísimo en el Cómo en vez de en el Qué. Parece
que la música ha perdido mucho de su sentido gracias a nuestro sentimiento de
superioridad. Kagel parece que nos echa todo esto en cara con su Exótica. Por
eso la he recibido como una obligada reflexión de quiénes somos realmente.
Este caso de verse uno mismo al proyectarse en frente del Otro me recuerda el
sentimiento que le invade a uno cuando viaja al extranjero: ¿no es verdad que
en la medida que conoces otros pueblos, otras costumbres, otra forma de vida,
otra forma de entender esa vida, en definitiva a ese Otro, valoras más lo
propio, que no digo mejor, sino que te sirve para enfocar tu existencia desde
otro ángulo y ves cosas de ti y de tu pueblo que nunca antes habías visto?. Es
un ejemplo que me ha resultado muy similar al escuchar Exótica.
También
hay que reconocer que Kagel ha “jugado” aún con las mentes cultas europeas.
Hemos sabido catalogar de exótico todo aquello lejano, que nos llama la atención
por lo distinto, y no hemos caído es que su Exótica no es de ningún lugar;
aunque toma diseños melódicos de lugares recónditos de todo el mundo, los
emplea de manera que hasta para alguien de uno de esos lugares le resulte lejana
esa música. Quizás como en otras muchas cosas al ser humano le atraiga lo que
no domina, lo que no puede predecir por donde va a transcurrir, y así etiqueta
de exótico todo aquello que está fuera de uno.
Julio
Costa Madriñán