Sobre los intérpretes
Este es uno de esos temas que nunca parece que se pueda llegar a una conclusión clara
En la relación que se establece entre Intérprete-Música-Oyente los músicos parecemos nunca estar de acuerdo, debido a las múltiples maneras de dar importancia a cada uno de los miembros de esta relación.
Hay quien piensa que el intérprete se debe limitar a tocar lo que está escrito en la partitura, o interpretar en el mejor de los casos, pero que debe pasar lo más desapercibido posible para que la única atención del espectador esté puesta en la propia música. Pero... cual es la música? la que está escrita en el papel o la que sale del instrumento del intérprete ?. En términos gastronómicos, lo que nos vamos a comer en un concierto, qué debe ser ?: 90% de partitura y 10% de interpretación, 50% y 50%, ... aquí es donde no nos ponemos de acuerdo.
Un pedagogo francés de este siglo, Edward Willems, decía que la música no está en las notas, sino entre ellas. No creo que haya que recurrir a las matemáticas para hallar proporciones de importancia, nada de eso; para mi un intérprete debe tratar de transmitir lo que, después de un concienzudo y honesto estudio, crea que quería transmitir el compositor. Pero esto que parece tan simple encierra otro problema: si pasado el tiempo es imposible transmitir eso que quería el compositor con esa música, hasta dónde podemos, y debemos, adaptar esa música a nuestro público para que entienda el mensaje del compositor, que de buen seguro que no era simplemente que escuchasen las notas escritas en la partitura ?.
Qué difícil se hace todo, sobre todo porque a veces pienso que ese esfuerzo de los intérpretes por transmitir ese sentimiento original lleva, inevitablemente, a formar oyentes vagos y pasivos. Como oyentes, ¿ no deberíamos luchar más por intentar comprender esos mensajes que no entendemos y no conformarnos con valorar una interpretación por el hecho de que hemos recibido el mensaje ?. ¿ Qué es mejor, que nos molestemos en aprender chino para leer la carta que nos ha escrito un gran amigo desde allá, o que alguien se tome la molestia por nosotros de traducirla y así entenderla ? De esta última manera, ¿no perdemos parte de la esencia de esa carta? Ciertamente es este un tema en el que no logro situarme y en el que no se donde está el punto medio, el mejor, si es que lo hay.
Uno de los “arreglistas”, o “des-arreglistas”, en el que no sabría si alabar o menospreciar su trabajo es Luis Cobos. Hoy día tengo que decir que ese hombre ridiculiza la música clásica reduciéndola a ritmo de batería. Pero no puedo olvidar que esa música entró en mi por esa misma batería y esas extrañas orquestaciones, despertando una curiosidad por la música clásica como nada antas lo había hecho. Este valor didáctico-pedagógico ¿puede justificar tales arreglos? La música tiene un fin, y es el oyente el que escoge la música que quiere oír para lograr uno u otro fin, así, una pésima composición puede ser un excelente trabajo si deseamos enseñar a unos alumnos cómo no se debe componer. Con esto caemos en un relativismo tal, que parece despegarnos del suelo para poder mantener un criterio sólido a la hora de “criticar” una composición.
Y aunque a veces alabo a esos grupos que modifican lo original para que lo pueda entender, otras veces me culpo de no luchar por intentar llegar a vibrar con la música sin modificar (versiones puristas). Supongo que será imposible sentir lo mismo al escuchar un concierto de Bach que un espectador de la época, pero en la medida en que trate de sentir lo que me quería decir Bach, con los mismos instrumentos que usaba él, con la misma técnica, ... creo que ayudaré a respetar y entender las obras de arte tal y como fueron concebidas, aunque se que es un camino imposible. Por eso en ese camino en el que cada vez nos acercamos más a ese imposible son necesarios los que nos adaptan (con una u otra medida) esa música y ese mensaje.
Julio Costa Madriñán