JULIO DOMINGUEZ ARJONA
Sevilla 16 de Abril de 2007
Don Victor Jose Gonzalez Ramallo , nos envia
como siempre esta interesante entrega
El artículo de ayer sobre la reconvertida
Venta de Antequera nos ha traído al recuerdo otra venta de los arrabales
sevillanos de ambiente también muy taurino, la Venta de Eritaña.
De ella no queda nada en la Sevilla actual, salvo su toponímico
en el nomenclátor, y se hallaba enclavada junto al Parque de María
Luisa, aproximadamente en lo que hoy es Glorieta de México.
Para ilustrar nuestro breve comentario hemos
seleccionado unas fotografías de finales del siglo XIX que nos llamaron
la atención por su exotismo y de las que, a primera vista, es difícil
suponer se encuentren localizadas en nuestra tierra.
Nuestra primera fotografía es una panorámica general de la
Venta en la que nos llama la atención lo abundante y agreste de
la vegetación enmarcada en un ambiente invernal. Entre esta espesa
vegetación se vislumbran varios pequeños pabellones en el
primero de los cuales un grupo de personas que bien pudieran ser los propietarios,
la familia Vázquez, mira a una cámara situada en lo alto.

Detrás de este merendero de planta ochavada vemos otro rectangular
sobreelevado que podemos contemplar mejor en nuestra segunda fotografía
que nos da el primer motivo local sevillano. Este es pabellón se
conocía como el “Merendero del Puente de Triana” ya que la estructura
que lo sustentaba estaba inspirada en nuestro Puente de Isabel II, no faltando
en la réplica ni las antiguas farolas de gas que lo iluminaban en
aquella época.

Otro motivo sevillano es el que vemos en la tercera imagen que corresponde
al “Merendero de la Torre del Oro” a cuya terraza asistían con asiduidad
durante la temporada taurina matadores como Guerrita para disfrutar de
las templadas noches regadas de manzanilla entre el trasminar del azahar
o de la dama de noche.

En las fechas en las que están tomadas estas fotografías,
1899, acababa de ser inaugurado el conocido como “Merendero rústico”,
obra inclasificable del tallista José Moguer con decorados de José
Macías con un aspecto de pagoda adornada con motivos árabes
y desde la que posa nuevamente Manuel Vázquez Sobrino rodeado de
su familia y del personal a su cargo. Manolito Vázquez, supo gracias
a su simpatía y eficacia crear un pequeño imperio, controlando
aparte de la Venta, un restaurante en la céntrica calle Santa María
de Gracia y los servicios de lo que hoy denominamos “catering” para las
carreras de caballos y la exposición de ganados. En los años
veinte, la Venta de Eritaña, junto con su rival la Venta de Antequera,
fueron el centro de la vida social, celebrándose en ella comidas-homenaje
a numerosas personalidades como el escritor Armando Palacio Valdés
o D. Miguel Bravo-Ferrer. Desde finales del XIX era el lugar de reunión
de toreros y aficionados que se acercaban a la vecina Dehesa de Tablada
para admirar los toros antes de su lidia en la Maestranza. Con los años
ambas ventas adquirieron un ambiente noctámbulo siendo testigos
de interminables juergas flamencas (y otras no tan flamencas) que arruinaron
su reputación ante la buena sociedad y alejaron a las élites,
al menos oficialmente, de ellas. Tras pasar por muchas manos, la Venta
de Eritaña cerró sus puertas en los años sesenta siendo
regentada entonces por Pérez Saturnino.
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