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Desde la muerte de Kafka, en 1924, y muy especialmente tras la segunda guerra mundial, resulta abrumadora la cantidad de tinta que ha llegado a verterse sobre Kafka. Quizá sobre ningún otro autor ha llegado a hablarse tanto, a reflexionarse, a discutirse tanto como en relación al autor checo. En el ámbito de nuestro idioma, quizá sólo Borges se le acerque en este sentido. Respecto de la obra del judío praguense se han hecho interpretaciones de todo tipo, llegando a lo contradictorio, a anularse, a excluirse entre ellas (y ello a pesar de su solvencia)...han abundado, por ejemplo, las interpretaciones teológicas. En ocasiones sus escritos han sido vistos como alegorías de significado enigmático, aunque preciso...pero reducir la obra kafkiana a condición de alegoría sería infravalorarla. Kafka es mucho más que eso...

En general, ha habido consenso crítico sobre el gran valor literario de las ficciones kafkianas. Aunque ha habido excepciones, como la intelectualidad comunista, que tardó en sumarse a la valoración de Kafka como gran artista, habiendo llegado a considerarlo despreciativamente como "pequeño burgués angustiado".

En la sala del Castillo en la que nos encontramos, pretendo incluir aquellos artículos sobre el autor checo que vaya encontrando en mis viajes por el mar internáutico y que considere de especial interés para divulgar a Kafka en el ámbito cultural hispánico, el objetivo prioritario de estas páginas...

La lista, en principio breve, irá creciendo con el tiempo. Al menos eso pretendo. Sumerjámonos en este universo enigmático, circular, infinito, algo tenebroso (en ocasiones pesadillesco), pero siempre fascinante. El universo de uno de los mayores artesanos literarios del alucinante siglo XX.

Pasad la mano sobre una página de Kafka...la retirareis humedecida de sangre...

La visión sobre Kafka de algunos de los más importantes intelectuales del siglo:

Walter Benjamin

"Como el Greco, Kafka abre con cada gesto el cielo, pero también como en el Greco —que era el santo patrono de los expresionistas—, el elemento decisivo, el centro de la cuestión sigue siendo en él el gesto... Kafka quería contarse entre los hombres comunes. El límite de la comprensión se le planteaba a cada paso que intentaba dar. Y ama presentárselo también a otros. A menudo, parece no lejos de decir, con el Gran Inquisidor de Dostoievski: «Pero si es así, hay aquí un misterio y nosotros no podemos comprenderlo. Y si hay un misterio, nosotros tenemos el derecho de predicar el misterio y de enseñar a los hombres que lo que importa no es la libre decisión de sus corazones, no es el amor sino el misterio, al que están obligados a someterse ciegamente y por lo tanto independientemente de su conciencia".

Georges Bataille

"La actitud de Kafka ante la autoridad del padre no tiene más sentido que el de la autoridad general que se desprende de la actividad eficaz. Aparentemente, la actividad eficaz elevada al rigor de un sistema fundado en la razón, como en el comunismo, es la solución a todos los problemas, pero no puede ni condenar absolutamente, ni tolerar en la práctica la actitud propiamente soberana... Esta dificultad es grande para un partido que sólo respeta la razón, que no advierte nada en los valores irracionales, en donde la vida lujosa, inútil, y el infantilismo se iluminan... La única actitud soberana admitida en el cuadro del comunismo es la del niño, pero en cuanto es una forma menor. Es concedida a los niños que no pueden elevarse a la seriedad de los adultos. El adulto, si da un sentido mayor al infantilismo, si ejerce la literatura con el sentimiento de alcanzar el valor soberano, no tiene sitio en la sociedad comunista. En un mundo del que está expulsada la individualidad burguesa, y el humor inexplicable y pueril del adulto, Kafka no puede ser defendido. El comunismo es en principio, la negación plena, lo contrario de la significación de Kafka".

Adorno

Klaus Mann ha llamado la atención sobre las analogías existentes entre el mundo de Kafka y el Tercer Reich. La alusión política es, en verdad, totalmente ajena a su obra... pero, en todo caso, el contenido de esa obra apunta más al nacionalsocialismo que al oculto dominio de Dios... Igual que su compatriota Gustav Mahler, Kafka se pasa a los desertores. En lugar de la dignidad del hombre, supremo concepto burgués, aparece en él la salvadora meditación y recuerdo de la semejanza con el animal, semejanza de la que se nutre todo un estrato de su narrativa... Kafka no glorifica el mundo sometiéndose a él, sino que resiste a él mediante la no-violencia. Ante ésta, el poder debe confesar ser lo que es; en esto se basa Kafka".

Max Brod

Max Brod, el albacea literario de Kafka y amigo íntimo, habla sobre el autor checo:

"En la conversación íntima se le soltaba asombrosamente la lengua, llegando a entusiasmarse, a ser encantador. las bromas y las risas no tenían fin; reía a gusto y cordialmente y sabía hacer reír a sus amigos".

"Quiero señalar lo que se olvida fácilmente cuando se contempla la obra de Kafka: su pliegue de alegría del mundo y de la vida".

"Tal humorismo se hacía particularmente claro cuando era Kafka mismo quien leía sus obras. Por ejemplo, nosotros los amigos estallamos en risas cuando nos hizo conocer el primer capítulo de "El Proceso". Y él mismo reía tanto que por momentos no podía continuar leyendo. Bastante asombroso si se piensa en la terrible seriedad de ese capítulo. Pero sucedía así".

"Aún las escenas más crudas de la obra de Kafka ("Colonia Penitenciaria", "Apaleadores", etc.) se ubican bajo una rara media luz entre el interés analítico y la moderna ironía. Ese humor, ingrediente esencial de la creación y de la vida kafkiana, señala precisamente, a través de la malla de la realidad, una realidad más alta".

"Lo que él decía —recuerda Brod— lo decía de una manera que con el correr de los años iría haciéndose más y más espontánea: era una valiosa expresión de su idiosincrasia totalmente peculiar, paciente, vitalista, irónicamente indulgente con las estupideces del mundo y, de allí, humorística, aunque sin descuidar jamás el meollo, lo indestructible de un asunto y, por lo tanto, apartada siempre de lo fatuo o cínico. Sí, así era él".

"Su lenguaje es claro como el cristal y en su superficie no se nota más que la aspiración de expresar el objeto correcto y nítidamente. Sin embargo, bajo el vivaz fuego de este límpido arroyo idiomático, fluyen sueños y visiones de profundidad insondable".

NOTA FINAL DE LA PRIMERA EDICION ALEMANA

Original y profundo como en todas sus manifestaciones vitales, Franz Kafka adoptaba también una posición singular respecto a su propia obra y a su publicación. No es posible desestimar la importancia de los problemas que esta circunstancia plantea a quien se propone publicar las obras que nos ha legado. Sirva por lo menos para ayudar a juzgar a este respecto lo siguiente:

Casi todo lo que Kafka publicó tuve que arrancárselo a fuerza de astucia y de elocuencia. Sin embargo, esta circunstancia no desmiente el hecho de que a veces, en largos períodos de su vida, se sintiera dichoso a causa de lo que escribía (cierto es que él siempre hablaba sólo de "garabateos"). Los que tuvieron el privilegio de formar parte de un pequeño círculo ante el cual Kafka leía su propia prosa con ardoroso fuego y con un ritmo cuya vivacidad ningún actor podrá nunca alcanzar, percibieron también directamente aquella alegría de crear y aquella pasión que había detrás de esta obra. El hecho de que a pesar de todo Kafka la haya rechazado se debe en primer lugar a ciertas experiencias tristes de su vida que le llevaron a sabotearse a sí mismo y a aniquilar su propia obra; pero independientemente, también a que quería (aunque nunca lo haya dicho expresamente) que esta obra correspondiera a la altura de sus preocupaciones religiosas, ideal que no pudo ser alcanzado porque fue concebida en medio de múltiples confusiones espirituales. El hecho de que a pesar de todo su obra pudiera constituir un poderoso auxiliar para aquellos que aspiraban a la fe, a la naturaleza y a una perfecta salud del alma, no le preocupaba en modo alguno, pues buscaba para sí mismo con implacable seriedad el buen camino y quería mas aconsejarse a sí mismo que aconsejar a los demás.

Por lo menos así interpreto yo la actitud negativa de Kafka frente a su propia obra. A menudo hablaba de "manos falsas que se tendían hacia el que escribe"; además decía que lo que ya había escrito y lo que estaba publicado perjudicaba su trabajo ulterior. Era preciso vencer muchas resistencias antes de lograr que publicara un volumen. No por ello dejaba de sentir verdadera alegría ante sus hermosos libros terminados y también ante el efecto que pudieran producir. Hubo también épocas en que se contemplaba a sí mismo y a su obra con mirada igualmente bondadosa, aunque nunca exenta del todo de ironía, ironía sin embargo cordial, con esa ironía que oculta el formidable pathos de aquel que aspira a la suprema grandeza sin concesiones.

Entre los papeles dejados por Franz Kafka no se ha encontrado ningún testamento. En su escritorio, entre muchos otros papeles, se halló una nota, doblada y escrita con tinta, dirigida a mí. Esta nota tiene el siguiente contenido:

Queridísimo Max, he aquí mi último ruego:

"Todo lo que se encuentre al morir yo (en cajones de libros, en armarios, en el escritorio, ya sea en mi casa o en la oficina o en cualquier otro lugar en que se te ocurra que pudiera haber papeles), me refiero a diarios, manuscritos, cartas, ya sean ajenas o propias, esbozos y toda cosa de este género, debe ser quemado sin leerse; también todos los escritos o notas que tú u otros tengan en su poder deben seguir el mismo camino; en cuanto a los que otras personas posean tendrás que reclamárselos en mi nombre. Si no quieren devolverte cartas mías, por lo menos procura que te prometan que han de quemarlas. Tu

FRANZ KAFKA"

Búsquedas más minuciosas revelaron la existencia de una hoja de papel amarillenta, visiblemente vieja y escrita a lápiz. Su contenido es el siguiente:

Querido Max:

"Quizá ya esta vez no me levante. Después de este mes de fiebre pulmonar es muy probable que sobrevenga una inflamación seria de los pulmones; por más que lo escriba, ello no podrá evitarla, aunque sin embargo pueda ejercer cierta influencia.

He aquí pues mi última voluntad respecto de todo lo que escribí para el caso de que se produzca lo que preveo: de todo cuanto he escrito pueden conservarse sólo las siguientes obras: La condena, El proceso, La metamorfosis, En la colonia penitenciaria, Un médico rural, y el relato Artista del hambre. Los pocos ejemplares de Contemplación pueden también conservarse; no quiero dar a nadie el trabajo de destruirlos, mas no han de imprimirse de nuevo. Al decir que pueden conservarse esos cinco libros y el relato no quiero significar que tenga el deseo de que vuelvan a imprimirse para ser trasmitidos a la posteridad; por el contrario, si se perdieran por completo, ello respondería a mi verdadero deseo. Sólo que no puedo impedir a nadie, puesto que ya existen, que los conserve si así le place.

Pero todo lo demás escrito por mí (publicado en revistas, contenido en manuscritos o en cartas) sin excepción alguna, en la medida en que puedas obtenerlo mediante ruegos a las personas que lo poseen (tú conoces a la mayor parte de ellas; en general se trata de.. . ; no te olvides sobre todo de aquellos dos cuadernos que tiene ... ), todo esto, sin excepción, y preferiría que sin leer (sin embargo no te impido que lo hojees, aunque en verdad preferiría que no lo hicieras; en todo caso nadie más tiene derecho a mirarlos), ha de ser destruido y te ruego que lo hagas cuanto antes.

FRANZ".

Si a pesar de estas disposiciones tan categóricamente expresadas me negué a cumplir la erostrática acción que me exigía mi amigo, existen poderosas razones que justifican mi proceder.

Algunas de ellas no pueden ser discutidas públicamente. Pero otras que sí puedo comunicar explican por entero mi resolución.

He aquí la fundamental: cuando en 1921 cambié de profesión, comuniqué a mi amigo que había escrito mi testamento, en el que le rogaba que destruyera tal o cual cosa y que conservara otras. Entonces Kafka, mostrándome la esquela escrita con tinta que hubo de encontrarse posteriormente en su escritorio, me dijo:

—Mi testamento será muy sencillo. En él te pido que lo quemes todo.

Todavía recuerdo exactamente lo que le respondí en aquella ocasión:

—Si me encargas seriamente eso, te digo desde ahora que no cumpliré tu ruego.

Toda la conversación se llevó a cabo en el tono de broma que nos era habitual, pero, sin embargo, con esa secreta seriedad que siempre estaba supuesta entre nosotros. Si Franz hubiera estado verdaderamente persuadido de que me negaría a cumplir su voluntad y si hubiera tomado esas disposiciones verdaderamente en serio y con un carácter definitivo, habría designado otro ejecutor testamentario.

No le agradezco el que me haya colocado en este conflicto de conciencia que tenía que haber previsto, pues Kafka conocía la veneración fanática que yo tenía por cada una de sus palabras y que en los veinte afios de nuestra amistad nunca turbada me impidió tirar ni la menor nota, ni una simple tarjeta postal suya. ¡Por lo demás, es menester no interpretar mal las palabras: "No le agradezco"! ¡Qué puede importar un conflicto de conciencia, por gravoso que sea, frente a la dicha infinita de que soy deudor a mi amigo, que fue el verdadero sostén de toda mi existencia espiritual!

 

Fragmentos de Praga Mágica (Capítulo I), de Angelo Maria Ripellino (1923-1978), novelista y poeta: (Transcrito de la revista Nexos)

Mapa kafkiano de Praga

Entrevista a Ángel Flores, especialista en el mundo de Franz Kafka: En busca de Kafka. Tomado de la revista cultural mexicana Nexos

 

Artículos sobre K. (enlaces externos)

Lo judío en Kafka por Gustavo D. Perednik. Tomado de Hagshamá

El proceso de Kafka como crítica de la modernidad. Coradino de la Vega Castilla.

Kafka en Senegal. Oscar Portela. Tomado de la página personal de Oscar Portela


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