borges

Principal Artículos Kafka y Borges Textos de Kafka Bibliografia Cronología contada Familiares y amigos Lecturas Álbum de fotos Enlaces

Kafka y Borges

 

Kafka y Borges

Franz Kafka y su obra no escapó a la atención de Jorge Luis Borges, que lo comentó, lo prologó y lo tradujo. El checo figuraba entre las predilecciones literarias del argentino. Además, entre la obra de ambos autores hay no pocos contactos. Pueden encontrarse perfectamente ciertos ecos kafkianos en la obra de Borges. Esta sección se compondrá de textos cuyo tema es la relación entre Kafka y Borges. También incluiré las palabras del propio autor argentino, en las que se declara discípulo de Kafka.

Uno de los artículos se centra en la famosa traducción castellana de 1938, de la metamorfosis, tradicionalmente atribuida a Borges. Fue la primera traducción del texto kafkiano a una lengua extranjera (*), a tan sólo 14 años de la muerte de su autor. Al castellano le cupo, pues, el honor de ser la primera lengua a la que fue vertida desde el alemán la pesadilla de Gregor Samsa (muchos años antes de que los intelectuales franceses de la segunda posguerra decretaran el alto valor literario de los garabatos de Kafka). Durante muchos años, la traducción fue adjudicada a Borges, aunque su estilo no es en absoluto borgeano y como Sorrentino indica, es claramente obra de un traductor español y no argentino. La confusión ha llegado a tal extremo que incluso un experto en Kafka como Ángel Flores (en la entrevista que incluyo en la sección Artículos, En busca de Kafka) abunda en el error. La traducción, en realidad es archiconocida y es la que todos tenemos en mente: "Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda...". Sí, se trata de la clásica traducción de Alianza Editorial...pero no es de Borges.

(*) Aquí se está hablando (o se va a hablar) de una atribución errónea, de un error, pero yo mismo cometo uno. El texto de 1938 atribuido a Borges no fue la primera traducción al castellano de La metamorfosis. Ya existían otras traducciones a nuestra lengua desde 1925. No obstante, lo que sí parece cierto es el hecho de que el castellano fue la primera lengua extranjera a la que se tradujo el más célebre relato de Kafka. Gracias a Fernando Sorrentino por hacerme notar la metedura de pata.

 

Artículos sobre Kafka y Borges (enlaces externos)

Intertextualidad de Franz Kafka en Jorge Luis Borges Artículo de Cristina Pestaña Castro. Tomado de la revista La máquina del tiempo.

El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo. Fernando Sorrentino. Tomado de la revista Estigma 

 

Escritos de Borges sobre Kafka

Kafka y sus precursores

Borges habla sobre el mundo de Franz Kafka   

Habla un discípulo de Kafka, un tardío discípulo de Kafka, pero que sigue sintiéndolo y agradeciendo lo mucho que él le ha dado y lo poco que él ha podido hacer con ese espléndido regalo de su obra.

Quiero examinar aquí dos temas de Kafka, el "laberinto" y la "empresa imposible", pero antes quiero decir unas palabras sobre el modus operandi de Kafka, sobre lo que los escolásticos llamaron el "regregresus in infinitum" y que es un proceso intelectual bastante común tratándose de etiología o metafísica, pero raro tratándose de literatura y podríamos decir que fuera de algunos precursores, que de algún modo fueron inventados por él, fue inaugurado por Kafka.

Y quiero recordar a mi amigo Carlos Mastronardi, el gran poeta de Entre Ríos, ¿por qué de Entre Ríos? El gran poeta de la patria y del mundo. Yo recuerdo que él había iniciado la lectura de El proceso y me dijo lacónicamente: "Franz Kafka, Zenón de Elea". Y ahora se preguntarán ustedes qué es el "regresus in infinitum", para mí una de las grandes innovaciones de Kafka: es un proceso lógico, conocido por los escolásticos. Comenzaré por uno de los ejemplos más amenos de este método y tema de Kafka. El "regresus in infinitum" puede ilustrarse, creo que del modo más vívido posible, mediante las paradojas de Zenón de Elea, que dijo que si creíamos en la realidad del tiempo como hecho de instantes y la del espacio como hecho de puntos, el transcurso del tiempo y el movimiento son imposibles, e ilustra esto mediante varias paradojas que fueron refutadas por Aristóteles y comentadas por toda la filosofía después, pero recordaré dos simplemente, ya que en ellas se ve claramente cuál es el modo de Kafka y me permite recordar a mi padre.

Mi padre —yo tendría 9 o 10 años entonces—, en una casa por las orillas de Palermo una noche después de comer me mostró el tablero de ajedrez y me dijo, señalándome las casillas: Vamos a poner a una persona que está en esta casilla -y me señaló la casilla de la torre, la de la izquierda y quiere ir a la casilla de la derecha. Pues bien, tendría que pasar antes por la casilla de la reina. Yo dije, naturalmente, que sí. Y él me dijo: Pero antes tendrá que pasar por la casilla del caballo. Yo afirmé nuevamente. Y él me dijo: Bueno, aquí tenemos 8 casillas, ya que se trata de 64 casillas, que forman el tablero. Supongamos un tablero más largo, con un número indefinido de casillas. Para llegar de la primera a la última habrá que pasar por todas las casillas intermedias. Dije que sí y él me dijo: Muy bien, pero entonces, antes de llegar a la meta habrá que pasar por la casilla del medio, antes por la del medio del medio, antes por la del medio del medio del medio y así sucesivamente, es decir, que no se llegará nunca de una casilla a otra. Y no mencionó el nombre de Zenón de Elea, no me dijo que estaba exponiendo la ilustre paradoja de la filosofía griega, porque mi padre era profesor de psicología y sabía que son más importantes los hechos que las fechas y los nombres de quienes los inventaron. De modo que me dejó con esa perplejidad y luego de unas noches me preguntó si había oído la historia de la carrera de Aquiles y la tortuga. Dije que no, y me divirtió la idea de una carrera entre Aquiles, el de los pies ligeros, símbolo de rapidez y la tortuga, la morosa tortuga, símbolo de lentitud, y dije que me gustaría oír eso. Bueno, dijo, una vez corrieron una carrera Aquiles y la tortuga. Aquiles le dio a la tortuga 100 metros de ventaja, lo cual es justo, dado lo moroso de la tortuga y lo lento de sus hábitos. Muy bien, Aquiles recorre los 100 metros mientras la tortuga recorre 1 metro. Me preguntó si la cuenta estaba bien sacada, él sabía que lo estaba y le dije que sí. Muy bien, me dijo, recorre ese metro en tanto que la tortuga recorre 1 centímetro. Yo dije que sí, si Aquiles corre cien veces más ligero que la tortuga. Desde luego, me dijo, Aquiles recorre entonces ese centímetro, y la tortuga mientras tanto ha recorrido un milímetro. Y así siguen, de modo que Aquiles nunca podrá alcanzar a la tortuga. Pues bien, esto ha sido discutido después por Poincaré, por Bergson, por Bertrand Russell, por Stuart Mill, antes por Aristóteles, antes quizás por todos los filósofos y es realmente un argumento serio contra el hecho de que si el tiempo se compone de instantes y el espacio está hecho de puntos, una cantidad cualquiera no puede agotarse. Ese argumento lo aplicó William James. En sus Elementos de Psicología James dice: Vamos a suponer un cuarto de hora. Pero antes de que un cuarto de hora pase, tienen que pasar siete minutos y medio, pero antes tienen que pasar tres minutos y una fracción, y antes de que pase la fracción tiene que pasar otra, pero como el número de fracciones es infinito resulta que se saca como consecuencia que no puede pasar nunca un cuarto de hora. Pero curiosamente, cuando Zenón de Elea formulaba esas paradojas en Grecia cinco siglos antes de la era cristiana, un pensador chino, Lie Tsu la formulaba en China bajo la forma de una leyenda, una forma que hubiera complacido más a Kafka. Lie Tsu habla del cetro de los reyes de Liang y supone que ese cetro es heredado por cada sucesor de la dinastía. Cada uno tiene que cortar la mitad del cetro, que no es excesivamente largo, pero como nunca se llegará a la mitad de la mitad de la mitad de algo la dinastía es infinita, es decir, exactamente el mismo procedimiento de Aquiles y la tortuga y de aquella otra del tablero, que muestra la imposibilidad de que un móvil llegue a la meta. Ahora bien, ese procedimiento que se llama "regresus in infinitum" fue aplicado para refutar pensamientos, muchas veces lógicamente, pero Kafka fue el primero, o uno de los primeros, que lo aplicó a la literatura.

Prólogo a América, relatos breves, de Franz Kafka. Biblioteca Personal, 1986. Por Jorge Luis Borges.

1883, 1924. Esas dos fechas delimitan la vida de Franz Kafka. Nadie puede ignorar que incluyen acontecimientos famosos: la primera guerra europea, la invasión de Bélgica, las derrotas y las victorias, el bloqueo de los imperios centrales por la flota británica, los años de hambre, la revolución rusa, que fue al principio una generosa esperanza y es ahora el zarismo, el derrumbamiento, el tratado de Brest-Litovsk y el tratado de Versalles, que engendraría la segunda guerra mundial. Incluye asimismo los hechos íntimos que registra la biografía de Max Brod:la desavenecia con el padre, la soledad, los estudios jurídicos, los horarios de una oficina, la profusión de manuscritos, la tuberculosis. También las vasta aventuras barrocas de la literatura: el expresionismo alemán, las hazañas verbales de Johannes Becher, de Yeats y de James Joyce.

El destino de Kafka fue transmutar las circunstancias y las agonías en fabulas. Redacto sórdidas pesadillas en un estilo límpido. No en vano era lector de las Escrituras y devoto de Flaubert, de Goethe y de Swift. Era judío, pero la palabra judío no figura, que yo recuerde, en su obra. Esta es intemporal y tal vez eterna.

Kafka es el gran escritor clásico de nuestro atormentado y extraño siglo.

 

Sueños de Kafka

Diarios, 30 de agosto de 1912.

"Esta tarde, mientras estaba acostado en la cama, alguien hizo girar rápidamente una llave en la cerradura; durante un instante tuve cerraduras por todo el cuerpo, como en un baile de disfraz; aquí y allá, con breves intervalos, abrían o cerraban una de las cerraduras".

Carta a Felice Bauer del 17 de noviembre de 1912.

"La otra noche te soñé, es la segunda vez. Un cartero me traía dos certificadas tuyas y me entregaba una en cada mano con un movimiento magníficamente preciso de los brazos que saltaban como émbolos de una máquina a vapor. Eran cartas mágicas. Podía extraer cuantas hojas quisiera sin que los sobres jamás se vaciaran. Me encontraba a mitad de una escalera y estaba obligado, no te ofendas, a tirar sobre los escalones las hojas ya leídas si quería extraer más de los sobres. Toda la escalera de arriba a abajo estaba cubierta de manojos de hojas y el papel elástico, ligeramente sobrepuesto, enviaba un fuerte murmullo".

Carta a Felice Bauer del 28 de marzo de 1913.

"La ventana estaba abierta y en mi fantasía inconexa cada cuarto de hora yo saltaba por la ventana, continuamente, luego llegaba el tren y un vagón después de otro pasaba sobre mi cuerpo tendido en los durmientes y profundizaba y ensanchaba mis dos tajos: en el cuello y en las piernas".

Carta a Felice Bauer del 6 de agosto de 1913.

"Tuve durante la noche un verdadero ataque de locura, no lograba dominar mis ideas, todo se disolvía hasta que en medio de mi máxima angustia vino en mi ayuda la figura de un sombrero negro como de comandante napoleónico, que se apoyó sobre mi conciencia y la mantuvo apretada con fuerza. Mientras tanto el corazón me latía magníficamente, luego tiré la frazada, aun cuando la ventana estuviera abierta de par en par y la noche estuviese bastante fresca".

Kafka en Manhattan

El escritor barcelonés Enrique Vila-Matas publicó un revelador artículo en el Babelia de El Pais, el 22 de Septiembre de 2001, en que nos hablaba de Kafka, o mejor, de un sueño de Kafka. El 11 de Septiembre Vila-Matas se encontraba en Lisboa, cuando se enteró de la tragedia del World Trade Center. Aquel mismo dia, al regresar a Barcelona, abrió Los Diarios por la página correspondiente al 11 de septiembre de 1911; ahí, Franz Kafka relataba prolijamente la colisión que presenció entre un automóvil y un triciclo. Y en la entrada correspondiente a un año más tarde (11 de septiembre de 1912), el autor checo soñó....con el puerto de Nueva York.

"(...) Al lector le corresponde decidir dónde empieza y dónde acaba la realidad o, si lo prefiere, la ficción de cuanto vamos viviendo en este mundo que no cambia o tal vez cambia con una vertiginosa sucesión de imágenes.

Por curiosidad, acabé mirando qué le había sucedido a Kafka un año después, el 11 de septiembre de 1912. Ese día, el escritor soñó. Se encontraba en una lengua de tierra construida con piedras de sillería que se adentraba bastante en el mar. Al principio, el soñador no sabe realmente dónde está, sólo cuando por casualidad se alza una vez ve a la izquierda delante de él y a la derecha detrás de él el vasto mar claramente circunscrito, con muchos navíos de guerra alineados y firmemente anclados. Y dice el escritor que sueña, dice Kafka: "A la derecha se veía Nueva York, estábamos en el puerto de Nueva York". Enrique Vila-Matas

 


Los libros y la noche: Una página sobre Borges

Borges: cuentos íntegros, conferencias, entrevistas...

 


Principal Artículos Kafka y Borges Textos de Kafka Bibliografia Cronología contada Familiares y amigos Lecturas Álbum de fotos Enlaces