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Poema de los dos minutos
De par en par sus ojos,
de par en par sus manos,
un par de minutos bastaron
para tocar las dos columnas de su
engranaje.
Todavía ahora me toca,
incrédula por la celeridad de mis
muñecas, que rodearon despacio las
suyas,
que temen y aún temen herirla,
que ya no valdrán para otra cosa,
más que para recordar que abrieron
dos minutos, de par en par, sus ventanas.

De dos en dos
Y ella creía que no, que era imposible,
que no daría abasto, que no iría a por
agua más que una vez... pero no, me
trajo dos cubos y le canté canciones por
eso.

La trampa
Cuando dieron las cuatro me pidió cuatro
poemas y yo que no sé contar, solo pude
darle cuatro besos: dos en los ojos, uno
en los labios, y el tercero en...
no sé donde.

La floja
Se puso a brillar el pavimento, anduvo
descalza por Granada, me cameló para que
me quedara en Murcia, le brillaba la
cara frente a la Catedral , y me avergonzó
cuando me dijo:
"ven".

Quién
¿Quién verá estas líneas sacadas de mis
manos? ¿Quien dudará de mi cordura al
leerlas? ¿Quien desconfiará de tanta
verborrea? ¿Quien me envidiará por haber
escrito un día sobre su pelo de canela?

R. A. 21.08.03
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